Está historia es de mi autoria. Pero los personajes pertenecen al grupo Clamp así que todos los créditos para ellos.

Recuerdos de la juventud

Capítulo 3

La procesión fúnebre había transcurrido tranquila sin grandes complicaciones, aunque jamás imaginé que habrían tantas personas en el cementerio. La familia del abuelo no era muy grande, pero aún así, personas de todas las edades estaban allí presentes para despedirlo. Lloraban tan profusamente que me hacían sentir culpable de ser uno de los pocos que contenía sus sentimientos. No estaba del todo sorprendido de que la muerte del abuelo les doliera tanto, después de todo desde niño había visto como muchas personas lo respetaban y admiraban, de hecho mi madre, aquella mujer tan fuerte, tan firme, aquella que jamás mostraba cansancio, ni dolor, ni angustia lloraba a mi lado como si hubiera muerto su propio padre. Mi abuelo había significado mucho para ella y para muchas personas más.

-Cuando lleguemos a casa Tía Ieran quiero que descanses. Prepararé la cena mientras tanto. Haré unos deliciosos onigiris- Anunció Eriol con una gran sonrisa, sacándome de mis cavilaciones.

-¡¿Onigiris tú?! Querrás decir bolas duras arroz.- Dije en son de burla recordando las veces en que Eriol intentó hacer ese platillo. En la cocina lo único que le salía bien era partir un pan en dos.

-Para tu información. He mejorado muchísimo en eso.- Protestó haciendo un mohin.

-¿En serio? Eso tengo que verlo- Exclamé socarronamente mientras soltaba una carcajada - No te preocupes mamá pediré algo de comida por si no podemos consumir el veneno de Eriol.

-De hecho hijo me encantaría que tu cocinaras esta vez. Te adoro Sobrino pero me encanta el ramen que prepara mi hijo.- Solicitó mi madre mientras se disculpaba con Eriol. Música para mis oídos.

-Claro madre. Probarás el mejor ramen de toda tu vida. Ves, ni mamá puede soportar tu comida. - Celebré triunfal mientras le mostraba la lengua a Eriol. Se suponía que hace años había dejado esas niñadas, pero ¡hey! las oportunidades de molestar a Eriol eran calvas y había que agarrarlas por los pelos.

-Ni creas que harás que me ponga en contra de Tía Ieran. Soy un caballero y se reconocer mi derrota..- afirmó mientras se pintaba una sonrisa burlona en su rostro. Sabía que era demasiado bueno para ser verdad. - Dado que te ofreciste amable y voluntariamente a cocinar, ¿Podrías agregarle maíz al ramen? Amo el maiz.- ¡Rayos! Había caído en su trampa. Su intención fue siempre que yo cocinara.

-Estupido cuatro ojos. Te haré trizas.- Gruñí al caer en cuenta en lo fácil que me había dejado engañar por él. Eriol nunca cambiaría. Escuché una carcajada detrás de mí y noté como mi madre disfrutaba del espectáculo. Mi enojo se disipó al verla tan animada. No recordaba la ultima vez que la vi reír de esa manera.

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Y efectivamente me tocó cocinar. Tenía años que no preparaba nada en aquella cocina y siendo sincero se sentía bien saber que prepararía algo que haría feliz a otros. Aunque no por eso había abandonado mi resolución de vengarme de Eriol. Puse todo sobre la mesa tal y como mi abuelo me había enseñado y mire satisfecho mi creación, sentí como el orgullo se adueñaba de mi ser. Era como si estar en ese lugar me devolviera el amor por la cocina.

-¡Abuelo ven a ver lo que hice!- Exclamé sin meditar en lo que decía. Sentí un dolor punzante en el pecho y ahí caí en cuenta de la realidad. Él ya no estaba, y no volvería.

-Todo se ve muy delicioso. Eres un gran cocinero Shaoran- Escuché decir detrás de mí. Me di la vuelta y ahí estaba Eriol. Sus labios mostraban una gran sonrisa, pero sus ojos se veían cristalizados. Seguramente había escuchado mi llamado.- Avisaré a tía Ieran de que todo está listo. -Dijo para luego perderse por las escaleras. Eriol no había llorado ni aquel día ni el anterior pero sabía que la partida de mi abuelo le dolía a él mas que a cualquiera. Era un hombre fuerte, mucho más fuerte que yo.

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Después de cenar, mamá se fue a dormir casi de inmediato. Había pasado varias noches difíciles así que el cansancio se le había acumulado. Eriol se ofreció a lavar los platos y me había pedido que también descansara, había preparado mi antigua habitación para que me sintiera cómodo.

Con sólo asomarme a la puerta la nostalgia invadió mi ser. Todo estaba tal y como lo había dejado. De hecho, sólo entonces me di cuenta de lo diminuta que era mi cama. ¿En serio era tan pequeño cuando me fui a la universidad? Me acerqué a mi antiguo escritorio y encontré todo tipo de papeles en las gabetas, aparte de objetos que coleccionaba en mi niñez. Abrí la última y encontré mi vieja grabadora junto con algunas cintas que tenía guardadas. Me apresuré a poner una de las cintas en ella. Queria ver si aún funcionaba. Casi salté de alegría al escucharla sonar, jamás pensé que aún estuviera en buenas condiciones. Saqué todo el cajón y lo vacíe sobre el escritorio: quería probar todas las cintas para llevarme a Hong Kong aquellas que aún funcionaban. Es cierto que a estas alturas podía escuchar música y grabar sonidos desde mi celular. Pero los recuerdos que me evocaban esas grabaciones no podían ser remplazadas por ninguna tecnología. Reproduje una a una todas las cintas que pude mientras me perdía en la música. Hice esto por casi una hora hasta que me encontré con una cinta que no recordaba haber visto antes.

"Para Shaoran. De Sakura". Esa era su inscripción. Solo leer el nombre de ella fue suficiente para captar mi total atención, pero el hecho era que no recordarba haber recibido aquella cinta, me perdí en mis pensamientos tratando de recordar pero era inútil. Estaba tan concentrado que no escuché a Eriol entrar en la habitación y sentarse sobre la cama.

-Ah, con que encontraste la vieja grabadora.- Exclamó sin darse cuenta de cuán ensimismado estaba, provocando que me llevara un tremendo susto.

-¡Eriol quieres matarme!- Exclamé furioso mientras lo miraba amenazadoramente, lo que más odiaba en el mundo era que me interrumpieran mientras meditaba.

-Oh. Con que encontraste también la cinta de Sakura.- aseveró mientras ignoraba olímpicamente mis palabras, aunque en aquel momento no me importó. El parecía tener la respuesta a la duda que ahora se había adueñado de mi cabeza.

-¿Sabes cuando me dio esto?- Pregunté completamente intrigado.

-Claro. Te la envío conmigo.- aseveró sin más - Fue cuando estabas estudiando como loco para entrar a la universidad. Intenté dartela, pero lo único que me dijiste fue que la guardara en el cajón junto con las demás. Te dije que hay la olvidarías pero me miraste como un perro rabioso y me echaste de tu cuarto. Es más, la ultima vez que viste a Sakura recuerdo que te preguntó si la habías escuchado y le dijiste que no.

-Si, ya me acordé.- dije rascándome la cabeza un poco apenado- Me dijo que le alegraba que no la hubiera escuchado porque le avergonzaba mucho lo que grabó. Así que no le di importancia.

-¡Por Dios! ¡¿Enserio eres tan idiota?!- Exclamó mirándome como si fuera algún bicho raro.- Debiste haber subido a tu habitación en aquel instante y escucharla. ¡Oh por Dios! La vas a escuchar ahora mismo. -Demandó con el rostro pálido como si hubiera visto un fantasma.

-¡¡No!!- Le grité alejando de él la cinta.- Si me dijo que no la escuchara no lo haré.

-Oh amigo mio. ¡Claro que lo harás!- Exclamó antes de abalanzarse sobre mi. Forcejeamos durante varios minutos hasta que logró quitarme la cinta y la puso a reproducir.

" Hola Shaoran "- Fue lo primero que se escuchó en la grabadora. Sentí como desaparecía mi deseo de no seguir escuchando. Habían pasado 4 años desde la última vez que la oí y aún su voz lograba acelerar mis latidos.

"... quiero decirte que me he sentido muy triste por el distanciamiento que hay entre nosotros después que te dije que me iría a la universidad de Hong Kong. Quiero que sepas que no lo elegí por cuenta propia, es solo que mi tío... bueno... es una larga historia que no me gustaría contarte de esta manera. Solo te diré por ahora que no tuve otra opción.Aquel dia quería explicarte exactamente lo que pasó... pero te fuiste tan rápido... has estado evitandome y no me has dejado hablarte desde entonces... No sabia que más hacer. Por eso decidí grabarte esta cinta para contarte lo que he decidido: No haré el examen. Asi podré quedarme aquí, contigo. Porque no soportaria estar tan lejos de ti Shaoran. Porque tu...... ¡TU ME GUSTAS MUCHO!...Creo que me gustaste desde siempre... Desde que te veía sentado en el parque pingüino después de la escuela. Siempre tomaba esa ruta en mis patines solo porque quería verte, aunque en ese momento no sabía exactamente que sentía por ti. Pero luego cuando nos hicimos amigos. Yo... me di cuenta de que te quería...Bueno ya debo volver. Está a punto de anocher y mi tío llegará pronto a casa. Espero con ansias tu respuesta, aunque me da un poco de miedo saber... bueno... saber si sientes lo mismo que yo. Pero no te preocupes... si no, no importa... quiero que sigamos siendo amigos de todas formas. Quiero... que no nos separemos nunca.Bueno... Adiós... Shaoran."

Me quedé petrificado por unos instantes mientras Eriol me miraba con los ojos como platos. Ella... ¿en serio sentía lo mismo que yo desde que eramos niños?

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Flashback

-¡Shaoran, ya debemos irnos! El abuelo se va a preocupar.- Escuché decir a Eriol nuevamente mientras continuaba con mi vista enfocada en la entrada del parque. - ¡Ya no pasará!- Replicó al ver que continuaba ignorandolo. Lo miré como si se tratara de un fantasma. Ahí estaba él con esa sonrisa sabionda en la cara.

-¿De quien hablas? - Exclamé sobresaltado.

-De la niña de ojos verdes que siempre pasa en patines después de la escuela. Se que sólo vienes aquí para verla.- Me dijo encogiéndose de hombros. El rubor se apoderó de mis mejillas.

-Yo no vengo aquí por eso... Yo...- Traté de replicar al verme descubierto. Ese era un secreto.

-¡Por favor Shaoran! Ya tengo once años, no soy tan tonto. Vienes a este parque, pero jamás te subes al columpio, ni a los toboganes. Solo te sientas en ese banco y miras a la calle. O vienes a verla o eres un idiota. ¿No eres un idiota cierto?- Me preguntó fingiendo estar preocupado por mi. No tenía explicación para eso. Sonrió triunfal al ver que había logrado acorrarlarme.-Tranquilo. Guardaré tu secreto. No se lo diré a nadie... Solo a tía Ieran y al abuelo. Se pondrán como locos cuando lo sepan. ¡El gruñón de Shaoran está enamorado!- Exclamó por fin mientras se daba a la carrera. Sabía que si lo atrapaba lo mataría, pero aún así no podía contenerse de molestarme teniendo tan buena oportunidad. Lo odiaba, lo odiaba por ser tan listo.

Aunque... no dejaba de preguntarme qué le había pasado a la niña de los patines. Esperaba que estuviera bien...