Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Tenshirogi.

Aclaración: la estructura que presento de las "vestales" y las "sacerdotisas" son enteramente mías para efectos del fic, así como la historia de Adara, la Rep. De Venecia y su desaparición, los dux de Venecia, etc.


Los primeros rayos del sol comenzaban a surcar el cielo. Era una mañana fresca, tranquila, y hermosamente amenizada por el dulce canto de las aves.

Adara ya había despertado desde hacía mucho tiempo. Había decidido ir a ver a la Vestale Maxima ese día, mas era imposible que una parte de sí misma le reclamara por la mala decisión que estaba tomando. Haciendo un esfuerzo sobrehumano se levanto de la deliciosa cama y se dirigió al cuarto de baño a asearse y a prepararse. Una vez lista emprendió su camino al templo de Vesta, rogando internamente por no encontrarse con Manigoldo.

Prácticamente arrastraba los pies, mientras se deshacía en suspiros silenciosos. Tan sumida estaba en si misma que no se percato cuando tropezó con alguien en su errante andar.

-¡Lo siento mucho, no era mi intención…!- sus palabras fueron acalladas ante la magnificencia de su belleza. Si no quería ver a Manigoldo, mucho menos quería verlo a él. Albafika le observaba atentamente sin mediar palabras. Sus orbes azul cobalto le traspasaban hasta lo más profundo de su ser. Era como si una mirada de el bastara para que su alma quedara desnuda.

-Adara… no te preocupes- fue la corta respuesta del pisciano, sin dejar de mirar a la chica. Cuando ella se hubo estabilizado para no caer, delicadamente marco la distancia habitual entre ellos. No era algo personal contra ella, era algo que hacía con todos, incluso con Manigoldo. Mas la situación con Adara era especial, sentía que si se acercaba demasiado perdería el control total de sí mismo y establecería un contacto demasiado peligroso para ella y que de seguro el jamás se perdonaría.

-Disculpa mi falta de atención… con tu permiso me retiro…

-Espera un momento, necesito hablar contigo…-justo cuando Adara reactivaba su andar, las suaves manos de Albafika la detuvieron. Ese ligero contacto le erizo la piel, mas él se limito a cortarlo al instante. – Quisiera hacerte una pregunta, si no hay ningún inconveniente…

-Adelante… pregunta lo que gustes…-Adara con la mirada en el piso y conteniendo las lagrimas aguardaba a la interrogante del hermoso caballero. ¿Por qué tenía ganas de llorar? A veces ni siquiera ella misma se entendía.

-Es referente a lo de ser vestal… quisiera saber si estas tomando semejante decisión guiada por lo ocurrido entre nosotros hace unos meses… Manigoldo me conto sobre el pasado de ustedes dos y no creo que sea justo que entierres el legado de tu familia por algo como… como eso…

-¡¿Crees… crees que estoy haciendo esto solo por ti?! Pues… ¡pues te equivocas!-gritó Adara provocando una sorpresa en Albafika quien jamás imagino que reaccionaria de esa manera. En ese momento sintió algo muy diferente al dolor… sintió enojo, rabia… ¡¿Quién se creía para darse tal importancia?!

Adara levanto la mirada y observó las orbes azul cobalto que tanto amaba, con pequeñas lágrimas en sus ojos contemplo a Albafika. Era cierto que él era una de las principales razones por las que si se le presentaba la oportunidad de ser vestal la aceptaría; mas no la única. Quería olvidar todo su pasado, todo ese dolor… anhelaba borrar de su cabeza la imagen de su padre asesinado, de su pueblo arrasado… Deseaba acabar con esa herencia de desgracia… su abuelo muerto por la peste negra… su padre asesinado por Hades… ¿Qué podría traspasar ella a su próxima generación? Nada bueno… por lo que lo mejor sería acabar con el problema de raíz. Dejar el mundo de las emociones y los sentimientos y dedicarse únicamente al servicio de la diosa Vesta y a disfrutar de una vida frívola y material.

-No voy a negar mis sentimientos por ti Albafika, pero me he dado cuenta que lo que tengo por delante me conviene más que vivir a la espera de alguien que solo se aleja de mi. Ya no quiero seguir sufriendo por cosas que no tienen sentido, y por el pasado que quedo atrás; iré a ver a la Vestale Maxima y si me invita a unirme al proceso de selección lo haré…

-Adara perdóname por la forma en la que te respondí cuando me confesaste lo que sientes por mí, no quise ser tan descortés, es solo que es peligroso que te acerques a mi por causa de mi veneno; además, la excesiva soledad a la que estoy sometido ha desmejorado mi capacidad de socializar con personas del sexo opuesto; no pretendo que esto sirva de excusa para mi actitud hacia ti, pero espero que sirva para aclarar las cosas entre nosotros… por favor piensa en Manigoldo, en tu familia y en tu pueblo antes de tomar una decisión… lo nuestro tiene arreglo, solo dame tiempo, puede que pronto te dé una buena noticia…

-No me des falsas esperanzas Albafika… ya he tomado una decisión y no voy a discutirla… Ahora con tu permiso me retiro, doy por terminada esta charla…

Y así, dejando a Albafika con la palabra en la boca se alejo y siguió su camino, reclamándose a sí misma por la forma en que había tratado al chico de ojos azul cobalto. Pero, ¿Qué mas podría hacer? Había estado pensando toda la noche y decidió que ya era tiempo de dejar de llorar y ser fuerte.

Albafika la vio alejarse rápidamente y maldijo la hora en la que se permitió contestarle a la chica de la manera en la que lo había hecho, y maldijo también el momento en el que la Vestale Maxima había puesto sus ojos en Adara. Esperaba sinceramente que el plan de Manigoldo fuera lo suficientemente bueno como para detener toda esa locura, sino, no solo Manigoldo se quedaría con un futuro sin sentido, vacio y solitario. Alguien como Albafika solo amaba una vez. No podía perder su única oportunidad de ser feliz.

*Mientras tanto, Yomotzu Hirasaka*

Manigoldo se hallaba esperando sentado en una roca, había convocado el alma de un viejo amigo y mentor, por lo que aguardaba pacientemente a su llegada. Escasos minutos pasaron cuando lo vio acercarse.

-Hola, siento interrumpir tu descanso…

-No te preocupes, ¿A qué se debe el motivo de tu llamado? He de decir que me sorprendió muchísimo. Me alegra ver que estas bien.

-Gracias mi Señor… la razón por la que le llame es simple, se trata de ella…

-¿Aun no has podido doblegar su rebeldía?

-Yo no lo llamaría rebeldía, sino más bien estupidez… a veces no logro entenderla, pero supongo que cada uno tiene su manera de procesar el dolor…

-Entiendo… ustedes no han tenido una vida fácil, en realidad, ninguno la tuvimos, pero lo importante es vivir al máximo y disfrutar nuestro tiempo…

-Sí, eso es algo que he aprendido con el pasar de los años… pero necesito tu ayuda, ella está a punto de tomar una mala decisión, y esta vez no puedo imponerle mi voluntad, necesito que ella misma recapacite y entienda que no es lo correcto…

-Bien Gian Marco, necesito detalles de la situación entonces…

Y así pasaron horas Manigoldo y su visitante conversando. Cuando hubieron terminado, se despidió y partió de aquel lugar. No le traía muy gratos recuerdos después de todo.

El plan de Manigoldo marchaba a la perfección. Ya todo estaba dispuesto. Solo había que esperar al momento indicado.

*Templo de Vesta*

-Buenos días Srta. Amalia…- el corazón de Adara latía rápidamente denotando su nerviosismo. Era la primera vez que visitaba el despacho de la Vestale Maxima. Todo allí infundía grandeza, magnificencia, poder, posición…

-Buenos días Adara, me alegra muchísimo que hayas venido a verme, toma asiento, te serviré algo de beber.- la hermosa pero altiva mujer se puso de pie y sirvió dos tazas de té. Le tendió una a Adara y volvió a sentarse, esto sin dejar de observar a la joven sacerdotisa. Sin duda ella sería una gran vestal, su belleza y personalidad pacifica la convertían justamente en lo que necesitaban. La situación de las vestales era algo crítica en Grecia, y solo el consejo sabía que estaban al borde de la extinción. Necesitaban a alguien que reavivara su imagen, que provocara el deseo en las jóvenes griegas de dejar las obligaciones con la sociedad y consagrarse al servicio de la diosa del hogar; y Adara era exactamente lo que necesitaban.

-Muchas gracias por recibirme… vine para atender el llamado que me hizo ayer…-replicó Adara en tono inocente, sin saber las verdades pretensiones de la Vestale Maxima.

-Sí, te pedí que vinieras porque tengo una importante noticia que darte.- Amalia ya podía sentir su victoria. No permitiría que se le arrebatara su posición, poder, y alcurnia. ¿Y qué mejor manera de lograrlo que nombrando una nueva vestal, joven, hermosa, única heredera de una monarquía extinta, a quien siempre veían acompañada de los tan admirados caballeros dorados? Era la candidata perfecta. Cualquiera querría ser vestal luego de aquello. Después de todo algo especial debería tener el ser vestal para que alguien como Adara tomara la decisión de convertirse en una dejando de lado todo lo demás. Solo había un pequeño inconveniente, el caballero dorado de Cáncer, quien pasaba demasiado tiempo cerca de Adara y que seguramente se opondría a aquello.

Adara respiraba lentamente, rogando que la Vestale Maxima hablara rápido. Estaba nerviosa y quería confirmar sus dudas de una vez por todas.

-Como sabrás Adara, el proceso de selección de vestales ha sido abierto nuevamente y esta vez incluimos a las sacerdotisas de ultimo año. Como te dije, he observado tu proceso y tu rendimiento, y es por esto que me atrevo a hacerte esta invitación. Deseo que te unas al proceso de selección de la próxima vestal. Puedes tener la plena seguridad de que contaras con mi total apoyo una vez se reúna el consejo para evaluar a las candidatas. Estoy segura que en tus años de aprendizaje te enseñaron que esto solo ha ocurrido unas tres veces en nuestra historia, y tú podrías ser parte de ella, dejando una huella entre las vestales y sacerdotisas de tu generación. – el tono en la voz de Amalia era seductor, es como si Kardia estuviera haciéndole una propuesta indecente al oído; sonaba dulce y embriagador.

-Muchas gracias por tan grande honor Vestale Maxima, estoy muy consciente de lo afortunada que soy al haber sido elegida en mi tercer año de servicio de ejecución para formar parte del proceso de selección de la próxima vestal.- Adara hablo lo más calmada que pudo. Aun sentía la culpabilidad en su corazón, pero por un momento deseaba disfrutar de la alegría que una noticia como aquella le provocaría a cualquier sacerdotisa.

-Y bien Adara, ¿Cuento contigo? ¿O me tendré que ver en la penosa situación de escoger a otra?- aquello lo dijo acercándose a la joven quedando frente a frente. Pudo escuchar los latidos desbocados del corazón de Adara, y entonces supo que no tendría que preocuparse por su respuesta.

-Eh… bueno… -Adara dudó por un momento, estaba imaginándose el rostro de Manigoldo cuando se enterara que se había inscrito en el proceso de selección y que la misma Vestale Maxima prometió darle su apoyo, sacudió su cabeza para quitarse dicha imagen de su mente y respondió. -¡Claro que puede contar conmigo, me inscribiré!

-¡Excelente decisión Adara! Yo misma llevare tu solicitud ante el consejo. No tienes que preocuparte por nada, enviare a un mensajero al Santuario para notificarte la fecha exacta de la ceremonia de selección. – misión cumplida, Amalia celebraba en su interior, ya solo era cuestión de disuadir al consejo de que era ella lo que necesitaban, y realizar la ceremonia lo más pronto posible. No quería darle tiempo al caballero de Cáncer de convencer de nada a su próxima vestal.- Bien Adara, eso es todo por hoy, puedes regresar a tus obligaciones en el Santuario, yo me encargare de arreglar todo acá.

-¡Muy bien, muchísimas gracias Srta. Amalia! ¡En verdad le agradezco el seleccionarme para tan grande honor!-Adara hizo una pequeña reverencia y se dirigió a la salida del despacho.

-Solo una cosa más Adara, mantente firme en tu decisión, muchas veces las apariencias engañan, y detrás de supuestas buenas intenciones, solo hay fines puramente egoístas…

Adara no entendió aquella frase, pero le agradeció las palabras. Se despidió y salió del despacho de la Vestale Maxima y se encamino de regreso al Santuario. Estaba hecha una maraña de sentimientos. Por el momento iría con Berenike a contarle lo sucedido. Más tarde pensaría en alguna manera de convencer a Manigoldo de que tomo la mejor decisión y encontraría alguna manera de llegar a un acuerdo con él.


¡Y hasta aquí llega el tercer capítulo, algo corto, pero es algo que desgraciadamente aprendi de Dan Brown (Los capitulos de sus libros son extremadamente cortos, pero permiten un mejor manejo de la historia al escribir)!

Espero que haya sido de su agrado y que lo hayan disfrutado tanto como yo al escribirlo. Gracias de antemano por leer la historia!

Por favor no olviden dejar sus reviews, realmente eso es lo que me anima a seguir escribiendo.

¡Nos vemos en la próxima!

XOXO