Capítulo 3: El fin justifica los medios

Levantó la vista de la hoja que acababa de firmar, Levi analizó la gran cantidad de papeleo restante que tendía que abordar con un desdén apenas disimulado. Debería pensar dos veces antes de tomarse un tiempo para la formación de Eren, siendo que su itinerario es demasiado abultado. Sin embargo, su cuerpo había reaccionado antes que su mente; cuando Petra había pedido un voluntario para ayudar a Eren en su entrenamiento, se ofreció espontáneamente.

Hanji le concedió una sonrisa cómplice en el momento (recompensada con una patada), sin embargo el daño ya estaba hecho. Aun así, cuando Levi pensó en lo feliz que Eren lo había mirado después de realizar la rotación con éxito, y la forma en que sus ojos glaucos como un par de malditas esmeraldas, Levi descubrió que no podría lamentar su iniciativa.

Obviamente, las consecuencias de dicha acción fueron lejos de ser agradables, —aquí Levi lanzó otra mirada molesta a sus papeles— aunque si pasar más tiempo con Eren ayudó al mocoso de mierda, el cual poseía unos ojos demasiados expresivos, a actuar tan jodidamente vehemente; Levi podría soportar la carga de horas extras cualquier día.

Un suave golpe sonó en su puerta, tirando a Levi de sus pensamientos.

—¿Quién es? —Levi ni se molestó en disimular la irritación en su voz.

La puerta fue abierta por el objeto de sus pensamientos. Eren entró en la oficina, vacilante, con una taza de té en sus manos. Inconscientemente éste se mordió el labio inferior mientras le dirigía una mirada llena de culpa al Cabo.

«Nota mental: Matar a la anteojuda de mierda en la mayor brevedad posible», pensó Levi.

—Siento interrumpir su trabajo, Cabo —comenzó Eren—. Me preguntaba si habría algo que pudiera hacer por usted. Ah, y le he traído un poco de té, también, si lo desea.

Eren dejó la taza con un tintineo suave, antes de retroceder, sin dejar de mirar a Levi con la misma mirada en sus ojos.

Levi odiaba ver así de asustadizo al más joven.

—Eren, deja de mirarme así.

Eren pareció sorprendido por la reprimenda.

—¿Así cómo, señor?

—Como siempre, eres una mierda cuando se trata de ocultar emociones —declaró Levi, mientras dejó escapar un suspiro imperceptible—. Fue mi decisión la de asistirte en el entrenamiento de ayer, así que deja de torturarte con eso.

—¡Pero por mi causa se ha atrasado en su trabajo, Cabo! —dijo Eren con evidente angustia—. Hanji me comentó que tenía un montón de papeleo con el cual ponerse al día, debido al entrenamiento —Una abatida mirada se colaba con su autocritica voz—. Si yo fuera más fuerte, no sería una carga para usted, Cabo.

—No te atrevas a decir eso.

Eren se estremeció ante el tono áspero. Al notar esto, Levi trato de suavizar un poco su voz, pero conservando su firmeza.

—No quiero oírte decir tal cosa, Eren. Llevas el peso de la esperanza de toda la humanidad sobre tus hombros. No eres en absoluto una carga, grábatelo en ese insignificante cerebro.

—Gracias, señor.

Las mejillas enrojecidas de Eren iban de acuerdo a la alabanza recibida. Apartó su mirada, incapaz de sostener la de superior por más tiempo.

—Eh… si usted no desea té, señor, me encantaría poder ofrecerle algo más.

—¿Hm? Oh, así está bien. Déjalo.

Oprimido por la mirada aprensiva de Eren, Levi no tuvo más remedio que acercarse la taza a sus labios. Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando un sabor freso y un agradable aroma estimuló sus sentidos.

—Esta no es mi mezcla habitual de té.

—No, señor. Este té es de manzanilla con té verde. Son conocidos por sus propiedades calmantes, y se cree que ayuda a disminuir el estrés —Eren jugueteaba nerviosamente—. Si no le gusta, puedo traer su mezcla habitual.

—Esto está bien.

«Incluso más que bien», por lo que Levi dio otro sorbo. «El chico sabe de té. ¿Quién lo hubiera imaginado?»

—Eren, ¿cuántas mezclas de té sabes?

Eren se animó ante la pregunta.

—¡Un buen número, señor! Mi padre era médico, por lo que he aprendido mucho acerca de hierbas y mezclas, gracias a él.

—Bien. Espero que haga mi té de aquí en adelante.

Levi dejó la taza de té vacía y tomó otra pieza de papeleo de la pila. La incredulidad fue escrita en el rostro de Eren.

—¿Lo dice en serio, Cabo?

—¿Ya tienes problema de oído a tu edad? —preguntó impaciente Levi—. Sin pelos en la lengua, mocoso. Otrora, fuiste tú el que pidió de hacer algo útil, ¿no?

Por el rabillo del ojo, el Cabo vislumbró una gran sonrisa iluminando el rostro de Eren.

—¡Sí, señor! —exclamó Eren alegremente—. Pero ¿está seguro de que no hay nada que pueda hacer por usted en este momento?

Levi dejó su pluma y miró a Eren con una expresión indescifrable en sus ojos.

—Ya que eres tan condenadamente insistente, te voy a dar algo que hacer: Siéntate en el sofá.

Si bien obedeció, Eren parecía confundido.

—¿Así está bien, señor? —Dio un respingo cuando apreció un cálido peso instalarse en su regazo. Descendió la mirada y se sonrojo de inmediato—. ¿¡C-Cabo!?

Levi se tumbó en el sofá de manera que su cabeza descasara en el regazo de Eren, y sus piernas en el reposabrazos opuesto. Bajó el papel que había traído con él y, tan impasible como siempre, miró al nervioso Cadete.

—¿Algo está mal, Eren?

—N-No, en absoluto, señor.

Eren se sentó rígidamente y mantuvo sus manos firmes en puño contra los lados de sus muslos, mientras el rubor continuó viajando hasta la punta de sus orejas.

Levi notó la rigidez del Cadete.

—¿Esto te hace sentir incómodo, Eren?

—¡No! —dijo apresuradamente Eren. A pesar del rubor evidente en su rostro, el tono era genuino—. Está bien, siempre y cuando usted se sienta cómodo, Cabo.

—Ya veo…

Los minutos siguientes fueron silenciosos, solo interrumpidos por el sonido de las páginas que Levi iba manipulando.

Tan pronto como Eren mantuvo su vergüenza bajo control, se obligó a centrarse en la situación en cuestión. Se atrevió una rápida mirada hacia el Cabo; acostado sobre su regazo e imbuido en la lectura de sus papeles, Levi parecía completamente sin vigilancia y relativamente en paz, por primera vez. Eren experimentó un ligero estremecimiento adentrarse en sí cuando se percató de que Levi confiaba en él de tal manera.

Un mechón de pelo cayó en sus ojos cuando la posición de Levi cambió y Eren resistió el impulso de un cepillo en la cara. Tras una observación más cercana, estimó que el azabache pelo de Levi se veía tan sedoso y fino, su curiosidad picaba por saber si se sentía tan suave como parecía. Contra su mejor juicio, Eren se acercó con los dedos ligeramente temblorosos.

Levi estaba tan profundamente inmerso en su trabajo, que tuvo un ligero sobresalto cuando de pronto notó los dedos suaves trazándose por su cabello. Su sorpresa debe haberse registrado en su rostro porque los dedos detuvieron abruptamente su caricia y una seria de disculpas de inmediato siguió.

—¡Yo-yo lo siento, Cabo Levi, señor! —se disculpó profusamente Eren— ¡No pude contenerme! Se veía tan tranquilo, acostado así y su pelo tan suave, y yo…

Levi levantó una mano y Eren se estremeció por instinto, creyendo que iba a ser castigado por pisar el otro lado de la línea. Los ojos de Eren se abrieron en estado de shock cuando en lugar del golpe que esperaba, sintió los dedos callosos que tiernamente acariciaban la curva se su mejilla.

—¿Cabo? —preguntó Eren, depositando su mirada sorpresa ante su superior.

—No cambies nunca, Eren. Eso es todo lo que pido —murmuró sin dejar de acariciar el rostro de Eren con la misma dulzura. Una emoción indescifrable brilló en sus ojos grises por una fracción de segundo antes de desaparecer tan rápido como había llegado.

El breve momento de ternura terminó cuando Levi bajo la mano, casi a regañadientes, por su atención al papeleo.

—No me importa, de todos modos.

—¿Eh? —Eren todavía estaba procesando todo lo que acababa de ocurrir.

—Sigue así y realmente voy a creer que tienes problemas auditivos —farfulló Levi—. Dije que no me importa si quieres tocar mi cabello.

—¿R-Realmente? Quiero decir… ¿está seguro?

Levi hizo un ruido impaciente.

—Si hubiese algo que no me agradara, lo habría dejado muy claro.

—Está bien…

Vacilante Eren hundió sus dedos en el pelo de Levi. Cuando vio que realmente no iría a alejarlo, se volvió más audaz con sus acciones y pronto fue cardado los dedos por el cabello negro azabache con un ritmo mesurado. Un suave y satisfecho suspiro —tan diminuto que Eren estaba seguro de haber oído mal escapado de los labios de Levi—, lo hizo continuar más animado con su menester.

Los minutos pasaron en un silencio apacible. Eren comenzó a sentir una profunda sensación de confort; en el sofá entre el calor de Levi en su regazo, el ritmo de sus caricias en el pelo del Cabo y la temperatura agradable del ambiente. Sin darse cuenta, empezó a cerrar los ojos.

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«Tan cálido», pensó Eren. Adormilado, frotó sus ojos. Alzó los brazos para estirarse perezosamente mientras inspeccionaba su entorno con una lánguida mirada. «¿Dónde estoy? Esta no es mi habitación». La confusión aumentaba por no reconocer rápidamente el entorno.

Eren luchó para conseguir que su cerebro funcionase correctamente de nuevo, tardíamente se dio cuenta de que había un cálido peso en su pecho. La fuente de calor, como pronto descubrió Eren, era una capa de la Legión de Reconocimiento envuelta cuidadosamente sobre él. Recogió el manto con curiosidad. «No se trata de mi capa. Pero ¿de quién?...»

Los últimos vestigios de sueño inmediatamente desaparecieron cuando una inundación de memorias regresó. «¡Yo estaba en la oficina del Cabo! Y después de que estuviéramos en el sofá, yo... Oh, Dios». Eren saltó del sofá y se volvió tan bruscamente al escritorio de Levi tan rápido que se sorprendió de no recibir un latigazo cervical.

—¡Cabo Levi! ¡Señor! Yo…

Eren quedó sin aliento ante la vista de Levi, que lo observaba con una mirada particularmente intensa. De pronto pareció darse cuenta que el joven también lo miraba y se recompuso una vez retomando su aire impertérrito.

—Parece que la Bella Durmiente, finalmente ha decidido volver entre nosotros.

Con el acuerdo de esas palabras, Eren apresuró a inclinarse y se disculpó afligidamente.

—¡Lo siento mucho, Cabo! No tenía la intención de quedarme dormido así.

—No hay nada de malo en dormir cuando estás cansado —dijo Levi, volviendo su atención al papeleo—. Aunque has perdido un demasiado tiempo con esta siesta. Debes cuidar lo que tienes que hacer.

—Muy bien, señor, lo haré. Eh…

Eren tomó la cálida capa que ofició de manta improvisada.

—¿No sería de usted, por casualidad?

Levi ni siquiera levantó la vista de su trabajo.

—Déjala en el sofá.

—De acuerdo…

Eren dobló cuidadosamente la prenda y la apoyó suavemente en el asiento.

—También quería decir simplemente, eh… muchas gracias, Cabo.

Eren se inclinó por última vez antes de apresurarse fuera de la habitación.

Este fue sin duda un efecto de su imaginación, pero podría jurar haber sentido la mirada penétrate del Cabo en su espalda cuando salía de la oficina.

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Desde el incidente en la oficina de Levi, Eren no sabía que pensar. Había pasado la noche dando vueltas en la cama, mientras su mente estaba recordando la escena en varias ocasiones. De hecho, meditó mucho y apenas logró dormir. Su falta de sueño se había registrado en su cara, grandes ojeras oscureciendo sus ojos, por lo que durante el día, Eren era vagamente consiente de las miradas preocupadas siendo arrojadas hacia él.

Armin esperó la hora de la cena para expresar su preocupación.

—¿Estás bien, Eren? No has sido tú mismo últimamente.

—¿Has estado durmiendo lo suficiente? Ese maldito enano no está haciéndote trabajar muy duro, ¿verdad? —preguntó Mikasa.

Eren despidió sus preocupaciones.

—Estoy bien —suspiró y puso su cabeza entre sus manos—. Solo un poco confundido acerca de algunas cosas.

—¿Algo en lo cual podamos ayudar? —interrogó inmediatamente Mikasa—. Sabes que puedes hablar con nosotros sobre cualquier cosa.

—Sí, pero no creo que…

—Se trata del Cabo Levi, ¿no es así? —dijo Armin.

Eren escupió el sorbo de agua que acababa de tomar y se quedó mirando a Armin con ojos asustados.

—¿C-Cómo lo supiste?

—Es muy obvio para casi todo el mundo con ojos —interrumpió Jean—. Maldita sea, así que apresúrense en saltearse algunos pasos o algo. Estamos cansados de ver a los dos bailar alrededor del otro.

—Jean tiene razón —concordó Connie, asistiendo con la cabeza—. Al principio fue bastante divertido, pero ahora es simplemente aburrido.

—Pero ¿de qué diablos están hablando? —exigió Eren, más frustrado por el lenguaje críptico.

—Estas tan atascado que ni siquiera puedes entender tus propios sentimientos. Parece que eres más estúpido de lo que había imaginado —se burló Jean.

—¿Quieres repetirlo?

Eren se levantó de su asiento y agarró la parte delantera de la camisa de Jean.

—Voy a decirlo todas las veces que sea necesario, pero eso no quiere decir que vaya a entrar en esa obtusa cabeza tuya.

—¡Maldito seas!

—¡Basta, cálmense, ustedes dos! — gritó Armin, interfiriendo entre los dos chicos que parecían a punto de empezar a luchar de un segundo a otro.

—Mikasa, sujeta a Jean. Eren, ven conmigo.

Armin tomó a Eren por el brazo y lo sacó de la habitación

—Buena suerte tratando de razonar con ese idiota —dijo Jean, mientras reajustaba su camisa. Hizo una pausa—. Yo todavía gano la apuesta si Eren se da cuenta de sus sentimientos con Armin, ¿no es así?

—¡Ni en sueños! —intervino Connie—. Todos acordamos que no valía ninguna intervención del exterior, ¿no?

—Técnicamente, su pequeña discusión con Eren viola nuestra política de no intervención, ya que lo dices, Jean —señaló Ymir, con una sonrisa—. Esto significa que estas descalificado oficialmente de la competición.

—Pero Armin…

—Él nunca acepto realmente el participar en la apuesta, por lo que su intervención no cuenta.

—Maldita sea —gruñó Jean. No es justo.

Ymir se encogió de hombros indiferente.

—Nunca nadie dijo que teníamos que jugar limpio. Así que, Christa —ronroneó, cubriendo con un brazo a la pequeña rubia—. ¿Qué te gustaría hacer con nuestras ganancias?

—¡No estés tan segura de ti misma! —reclamó Connie—. No has ganado todavía. ¡Eren podría no darse cuenta de sus sentimientos hasta pasado mañana!

Connie parecía más como si estuviera tratando de conversarse a sí mismo que a los otros.

—¡Sí! —añadió Sasha—. ¡Connie y yo todavía tenemos una oportunidad de ganar!

Ymir no parecía perturbada.

—¿Eren sin comprender sus sentimientos después de una conversación con Armin? Nadie es tan estúpido. Ni siquiera él. Ah, y lo siento muchachos —dijo dirigiéndose a abordar con una sonrisa burlona a Reiner y Bertholdt—. No es mi culpa si ustedes dieron una estimación demasiado pronta.

—Maldito Eren y su ceguera —se quejó Reiner—. Yo estaba muy seguro de que alguno de ellos habría saltado sobre el otro antes de hoy.

—Solo espero que el Cabo Levi y Eren puedan estar pronto juntos —dijo Christa sinceramente, sus ojos brillantes de emoción.

—Realmente eres una diosa, Christa —suspiró Ymir mientras le revolvía a la otra el cabello en un gesto cariñosa—. Pero no te preocupes más de lo necesario. Si mi suposición es correcta, y estoy bastante segura de que lo es, estaremos viendo una nueva pareja antes de que termine el día…

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Eren comenzó a protestar cuando Armin lo llevó a un pasillo desierto.

—¿A dónde vamos, Armin? ¡No había terminado aún con él!

Armin dejó caer su brazo y se volvió hacia él.

—Para ser perfectamente sincero contigo, Eren, debo decir que estoy bastante de acuerdo con lo que Jean dijo antes.

¿Qué? ¿Estás diciendo que concuerdas con cara de caballo?

—Bueno, él tiene razón —concedió Armin—. Eren, no comprendes tus propios sentimientos, ¿no?

—¿De qué estás hablando? —preguntó impaciente Eren—. Sigues hablando de mis sentimientos y cosas por el estilo. Pero de todos modos, ¿Qué significa todo esto al final?

—El Cabo Levi.

Armin examinó con interés la reacción de su amigo ante el nombre.

—¿Qué? ¿Qué tiene que ver el Cabo Levi con todo esto?

Como era de esperar, Eren parecía preocupado y ajeno al rubor que comenzó a difundir sus mejillas.

—Todo, Eren —dijo Armin hablando lentamente, como si estuviera explicando un concepto particularmente complicado para un niño—. Dime, Eren, ¿qué piensas del Cabo Levi?

—¡Tengo un gran respeto por él! —respondió inmediatamente Eren—. El cabo es realmente una persona muy fuerte y yo daría cualquier cosa por ser como él. También es muy sincero, y aun cuando no lo parezca, es muy amable, atento y considerado, y me gustaría saber más acerca de él, y ser alguien en quien pueda confiar y pasar todo mi tiempo con él y…

Eren se apagó como si acabara de darse cuenta de lo que estaba diciendo.

—Mierda —exhaló. Los ojos de Eren se abrieron y se veían absolutamente impresionados por su súbita revelación—. Yo… me gusta el Cabo Levi —se detuvo un momento y repitió—: Me gusta el Cabo Levi —recalcó las palabras como si esta segunda vez fueran más fáciles de creer.

Eren oyó murmurar a Armin algo que sonaba sospechosamente como «Tomó bastante tiempo», pero estaba demasiado concentrado en su propio pánico creciendo mientras tomaba nota de todo.

—¿Qué hago, Armin? —dijo mientras sujetó los hombros del rubio con fuerza—. ¿Cómo se supone que debo actuar ante él ahora?

—Eren, está bien —dijo Armin con dulzura— Todo va a estar bien…

—¡No, no, no va a estar bien! ¿Cómo se supone que voy a comportarme normalmente frente a él ahora? Maldición, él va a pensar que soy un idiota y…

—¡Eren! —Armin cortó su diatriba, levantando ligeramente la voz—. Todo va a estar bien, te lo prometo.

—¿Cómo lo sabes? —inquirió Eren, todavía medio enloquecido.

—Debido a que tus sentimientos por el Cabo Levi son recíprocos.

Silencio.

—Es una broma, ¿verdad? Mira, sé que lo estás haciendo para animarme, pero…

Armin soltó un fuerte suspiro, con una expresión exasperada muy clara en su rostro.

—¡Dios mío, Eren, eres mi mejor amigo, pero es increíble lo ciego que estas a veces! ¡Al Cabo Levi le gustas! ¡Hace un buen rato ya!

Ante las palabras firmes de Armin, Eren ya no podía dudar.

—¿De verdad? —susurró con incredulidad—. Pero ¿cómo lo sabes?

—Ha sido descaradamente obvio, para la mayoría de nosotros, que el Cabo te trata de diferente manera desde hace tiempo. Y si no fuera suficiente evidencia, sus recientes intentos de cortejo definitivamente lo confirmó.

—¿Él me ha estado cortejando? —repitió Eren, incrédulo.

—Sí, Eren. Ha sido durante los últimos días.

Eren pensó en los acontecimientos recientes: la atención extra, los toques deliberados, las miradas llenas de un calor extraño.

Eren emitió una exclamación de sorpresa para luego continuar;

—Pero no… no estoy… —Eren tomó un momento para sí mismo—. Es solo que… todavía no estoy seguro s de si el Cabo siente lo mismo por mí. Quiero decir, ¿y si te equivocas?

—Escucha, si aún dudas de los sentimientos del Cabo, ¿por qué no vas a preguntárselo tú mismo? —sugirió Armin— Esa es la mejor manera de confirmarlo, ¿no?

—¿Sabes qué? Creo que lo haré —Con una mirada determinada en sus ojos, Eren se alejó yendo en dirección a la oficina de Levi. Se detuvo en mitad de un paso de dar la vuelta y añadió— Ah, y gracias, Armin.

—No es ningún problema, Eren —Armin le concedió una sincera sonrisa—. Buena suerte.

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Le había parecido una buena idea en ese momento, pero ahora, de pie delante de la puerta de Levi, la duda se deslizó de nuevo en él. «¡No, Eren!», sacudió la cabeza para eliminar físicamente sus pensamientos negativos. Había venido hasta aquí para descubrir la verdad y él no iba a quedarse sin una respuesta.

Respiró hondo, y se armó de coraje antes de llamar a la puerta.

—Entre.

La ansiedad se apoderó de él al entrar en la oficina.

—Cabo Levi, señor —dijo a modo de saludo.

Levi levantó la vista de sus papeles.

—Así que eres tú, una vez más, Eren. ¿Qué ocurre ahora?

—Cabo… —Eren parecía extrañamente nervioso—. Tengo algo importante que debo preguntarle.

Levi hizo un gesto de impaciencia con la mano.

—¿Y bien? Escúpelo.

Eren rebuscó una última vez en sus reservas de valor antes de finalmente hacer la pregunta que le corroía.

—¿Qué siente usted por mí, señor?

Ante la falta de respuesta de Levi, el cual estaba dirigiéndole una mirada intensa, Eren adivinó un caluroso rubor avergonzando sus mejillas.

—Yo… Es que yo… realmente usted me gusta, Cabo Levi, señor —Aquí Eren desvió su mirada, incapaz de mantener la penetrante de Levi por más tiempo—. Pero no sé cómo se siente y yo…

Eren se apagó cuando Levi se levantó de su silla y se acercó a él con pasos decididamente lentos. Se detuvo justo frente a él y lo observó por un momento. Eren se sonrojo aún más mientras sentía los evaluadores ojos del Cabo sobre él.

—¿Tu querías saber lo que siento por ti?

Eren grito de sorpresa cuando Levi de repente le tiró hacia abajo para un breve, pero ardiente beso que no dejó ninguna duda sobre la naturaleza de sus sentimientos. Eren gimió cuando sintió a Levi mordiéndole el labio inferior para luego acariciarlo con su lengua.

—¿Eso responde a tu pregunta, mocoso de mierda?

Eren se compuso como pudo, con sus mejillas carmesí y los labios enrojecidos por el beso.

—¡Sí, señor! —dijo un poco sin aliento. Pasó su lengua contemplativa por sus labios antes de añadir—: Pero Cabo, no estoy seguro de haber entendido completamente. ¿Puedo pedir otra demostración?

Levi suspiró, pero Eren podía ver las comisuras de sus labios alzadas por la diversión.

—Eres un mocoso de mierda, Eren.

—Pero soy tu mocoso de mierda, ¿no es así, Cabo? —añadió Eren con descaro.

En respuesta, Levi tomó posesión de su boca de nuevo, y Eren percibió —más que vio— la sonrisa del otro.

—Por lo menos has entendido eso.


N. de A.: Waah, no puedo creer que esté terminado! Levi, Heichou finalmente ha alcanzado su final feliz después de una larga y ardua lucha. Bondad, Eren era tan ciego! Afortunadamente él es muy lindo para compensar.

De todos modos yo solo quería decir una vez más: MUCHAS GRACIAS a todos por seguir y apoyar esta historia hasta ahora! Espero que les haya parecido un final satisfactorio. Deseo escribir más de esta parejita y del fandom Snk en el futuro.