Habían pasado varias horas desde que el hombre del arco y la mujer pelirroja se fueron. Galen estaba intentando que la cama se sujetara, pero después de la caída se había partido una pata y ya no se sostenía sola.

-Si quieres te podemos traer una nueva – Galen se giró y vio a la mujer pelirroja, esta vez sola y sonriendo un poco. No le costó mucho a Galen saber que intentaría seducirlo para sacar información.

-No es necesario.

-Ponte junto a esa pared, voy a entrar.

Galen hizo lo que dijo y una vez se puso junto a la pared, vio cómo la puerta se abría y ella entraba, llevando una bandeja de comida. La dejó en el suelo y volvió a salir.

-¿Qué es esto? – preguntó acercándose a la bandeja.

-Supuse que tendrías hambre, tranquilo, no está envenenada –dijo ante la desconfiada mirada de Galen hacia la comida.

Aun así, Galen no tocó la comida, pensó que podrían tomar como un signo de debilidad si aceptaba su comida.

Galen se quedó ahí, de pie a unos metros del cristal, desde el que la mujer pelirroja le miraba, tan inmóvil como él.

-¿Qué quiere realmente? – dijo Galen sin andarse con rodeos.

-¿Sabes usar esa espada con la que te encontramos?

-Pues claro.

-¿Cuáles son tus intenciones aquí? - ¿Sus intenciones aquí? Pero si ni si quiera sabía dónde estaba.

-No sé, ¿dónde es aquí?

-No está en mi mano decírtelo.

-Entonces es el hombre del parche el que está al mando – pensó.

-¿Quién es Vader? – preguntó de repente la mujer.

-¿Cómo sabes ese nombre?

-Preguntaste por él y por ese emperador cuando apareciste.

Galen intentaba buscar un motivo para no decirle quién era Vader, pero por desgracia no encontró ninguno.

-Es el hombre que me entrenó desde pequeño.

-¿A qué edad comenzaste tu entrenamiento?

-A los 5 creo. ¿Tú?

-A los 6. ¿Cómo una explosión pudo transportarte a otra dimensión según tú?

-En mi mundo, algunas personas podemos usar la Fuerza – ante la extrañada mirada de aquella mujer, decidió explicarlo de forma sencilla -. Algo así como la magia.

-Ya veo, ¿y por qué gritabas el nombre de tu mentor?

-Porque tengo que matarlo.

-¿Por qué quieres matarlo? – Mentalmente, Natasha estaba sonriendo, estaba consiguiendo mucha información solo el primer día y Galen sintió ese pequeño pico de felicidad en ella.

-Suficiente por hoy – dijo el Jedi y se tumbó, dándole la espalda al cristal.

-Volveré mañana, ¿me dirás por qué lo querías matar?

Galen simplemente miró por encima del hombro y volvió a su posición anterior, sin contestar. Natasha esperó unos segundos más, hasta que se cansó de esperar una respuesta y volvió a la sala de reuniones, dejando a Galen tumbado en el suelo de su celda, con la bandeja aún en el centro.

Galen no entendía porque le había dicho todo eso. Tal vez, sea lo mejor, no sentía mal en aquellas personas, al menos no la clase de mal por la que hay que preocuparse. Sabía que no le mintieron cuando le dijeron que si decía la verdad le soltarían, pero aun así, ¿cómo reaccionarían si supieran todo lo que ha hecho, todo lo que han hecho con él?

Siguió pensando en todo aquello hasta que cayó en un profundo sueño, llevaba días sin dormir ya que técnicamente con la meditación descansaba pero no era lo mismo.

Sala de reuniones

-¿Habéis oído todo eso? – preguntó Natasha cuando entró en la sala.

-Sí, lo has hecho bien – le dijo Clint.

-Entonces tenemos a un mago que tiene una espada que no sigue ninguna de las leyes de la física y que ha destrozado toda su habitación sin moverse solo porque ha tenido una pesadilla encerrado abajo. ¿Me he dejado algo? – preguntó Tony.

-No, creo que es más o menos eso – dijo Banner.

-Mañana bajaré y seguiré hablando con él a ver si puedo sacarle algo más.

-¿Qué hacemos si dice la verdad? – Preguntó Steve – No podemos dejarlo ahí encerrado para siempre y si le dejamos salir podría causar algún accidente, si no es de esta dimensión no sabrá cómo se hacen las cosas aquí.

-¿Esta sugiriendo que se una a los Vengadores? – preguntó la agente Hill.

-Es solo una opción, pero si tiene poderes y habilidades, tal vez quiera usarlas para un bien mayor.

-¿Y si el mago no quiere unirse? – preguntó Thor.

-No nos adelantemos a los acontecimientos. Primero nos tendrá que contar lo que queremos saber – dijo Furia -. Agente Romanoff, descanse esta noche, mañana volverá a hablar con él.

Todos los Vengadores salieron de la sala y se subieron al Quinjet para volver a la torre. En cuanto llegaron, todos se fueron a dormir, sin darse cuenta, habían estado en el Triskelion hasta las 2 de la madrugada.