Inuyasha y sus amiguines(?) no me pertenecen, todos son de Rumiko Takahashi.


Advertencia: Rating "M".


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Descarado Sentimiento

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III

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Con desespero y frustración se arrancó casi de un tirón el hermoso velo que había adornado su cabello durante la nefasta ceremonia. Sentía su corazón latir fuertemente debido al enojo que estaba sintiendo. Estaba casada. Pero no precisamente con el hombre que amaba.

Al recordar la mirada de Inuyasha cuando terminó de firmar el papel que la convertía oficialmente en la señora de Taishō, sintió de nuevo su pecho oprimirse y las lágrimas picar sus ojos. Los orbes dorados estaban cargados de sentimientos palpables sólo por ella; había ira, dolor, tristeza. Se sentía tan mal porque ahora sería mucho más difícil estar a su lado, porque no podría consolarlo, abrazarlo ni cumplir tantas promesas que se habían hecho. Ahora no podría escaparse para verlo como lo hacía antes.

Pero esto no era el final, fuera como fuese, ella no iba a permitir que su vida se volviera un infierno por ese condenado hombre que sólo quería la fortuna y la seguridad que el apellido Higurashi podía darle. No entendía por qué tenía ella que pagar por sus miserables tratos, sin embargo lo que aún no lograba entender del todo era… ¿Por qué ella en específico? ¡Tenía una hermana que era igual de soltera a como era ella hace unas horas! ¿Por qué su propio padre tenía que cuidarle las espaldas al viejo Taishō? Lo peor de todo, era que ahora se arrepentía de no haber luchado más, de no haber gritado y puesto más resistencia en todo el asunto de la boda… pero siempre era Inuyasha quien la detenía, que la animaba a que todo esto pasaría tarde o temprano.

Es difícil, nena, lo sé, pero debes hacerlo, mi padre no dudaría en asesinarte si te opones, a ti y a toda tu familia y… si llegara a tocarte, no sé qué seré capaz de hacer, puedo matarlo con mis propias manos y no me interesa que todo el mundo se entere de lo nuestro.

Las advertencias del oji-dorado fueron acertadas cuando se vio apuntada por un arma directamente en su cabeza hace sólo una hora. La iba a matar sin duda, a ella, a Sesshōmaru y tal vez hasta al mismo Inuyasha, ¡¿Qué acaso ese viejo era un demonio?!

Su madre no había intervenido para nada. Su padre parecía petrificado y a la merced de las órdenes del que ahora era su suegro. Su hermana estaba fuera del país y no estaba enterada de nada. Pero ahora sacaría ventaja de su condición; debía averiguar por qué el empeño de ser precisamente ella quien se casara con el mayor de los hermanos Taishō. Esta historia no era de ellos dos, él no era el hombre de su vida y no se dejaría marchitar en sus manos.

Escuchó a su espalda como la puerta doble de la alcoba se abría. Estaba en la lujosa mansión que ahora sería su hogar junto con su adorado esposo. Sintió arcadas y el nerviosismo se instaló en ella al tener el pensamiento fugaz de que él siquiera osara en acercársele. Estaba dispuesta a defenderse con puños y dientes. Sólo Inuyasha había sido el que la había tocado, sólo él, y no dejaría que la sensación que mantenía en su piel por su tacto se borrara.

—Debemos hablar.

El firme tono la hizo crispar sus puños con molestia. El hombre no tenía la culpa, era una simple pieza de juego igual que lo era ella, pero en esos momentos en su menudo cuerpo sólo cabía la rabia, ningún otro pensamiento coherente podría aflorar de su boca, por lo cual se dispuso a respirar de manera pausada y tratar de calmarse. Si el padre era un matón, estaba segura que Sesshōmaru también lo era.

—Déjame en paz, no quiero hablar contigo. —Le dijo entre dientes la azabache, aún sin girarse.

Los rápidos pasos del hombre resonaron en el fino piso de mármol pulido, llegando rápidamente a la mujer y girándola de manera poco delicada. Con el rostro contraído observó de manera desafiante los castaños ojos de la joven novia y en una mala jugada de su mente, vio a Rin delante de él. Con suavidad soltó su brazo y pasó su mano sobre sus ojos y respirando fuertemente, en un gesto de desespero y cansancio.

—No te pedí tu opinión. Hablaremos, lo quieras o no.

Kagome se sintió disminuida en su lugar. Sesshōmaru Taishō podía ser muy intimidante, educado, eso no podía discutirlo, pero frío y también aterrador.

—Lo único que tengo por decir, es que quiero que te mantengas lo más lejos posible de mí. —Tal vez no estaba controlando su boca, pero al menos dejaría en claro los puntos con ese hombre.

El hombre la miró inexpresivo y una sonrisa algo cínica afloró en sus labios luego de unos segundos. —Hay que tratar de llevarnos bien.

—No quiero ser tu amiga.

—No dije que quería ser tu amigo tampoco. Lo que pase o deje de pasar contigo me tiene sin cuidado.

—Vaya, compartimos el mismo pensamiento. —Le dijo de manera desafiante mientras se quitaba los aretes de diamante y los arrojaba en la mesa de centro junto con el velo.

—Este matrimonio es sólo un contrato, pero tiene cláusulas que debes cumplir.

—Espero que entre esas cláusulas no esté el acostarme contigo, porque prefiero tirarme del balcón y que mi cabeza explote antes que respirar cerca de ti.

Un sonido de desagrado nació en su garganta al escucharla pronunciar esa frase. Si ella supiera que no estaba nada interesado en enredarse en sus sábanas se le bajaría un poco la altanería. —No estoy interesado en relacionarme contigo de ninguna manera, pero si no quieres terminar tirada en una zanja, es mejor que me escuches y hagas caso.

Escucharlo mencionar su posible muerte la hizo cerrar su boca de manera hermética. Si, estaba metida en un gran problema. Hasta hace poco sólo era una chica de veintitrés años, enamorada de un hombre que la volvía loca con sólo una palabra, haciendo planes para un futuro junto a él. Pero todo se fue a la basura cuando le lanzaron en cara un compromiso que no había pedido. Cuando Inuyasha se enteró que su prometido era precisamente su hermano, una bandada de insultos y malas palabras cubrió el lugar. Luego había salido de la habitación que compartían a escondidas en un departamento que estaba a nombre del oji-dorado -cuando podían verse-, estaba hecho una furia, no lo volvió a ver sino hasta una semana después.

Hubo al principio un sentimiento extraño de contradicción entre ellos y él mismo fue quien le explicó el motivo de la boda. Había una deuda muy grande que el viejo Taishō tenía con una banda de criminales y que sólo podía resolver si se unía a los Higurashi. Ni Inuyasha ni ella pudieron oponerse al matrimonio, si lo hacían, se enterarían que ellos dos tenían una relación amorosa y eso no les convenía a ninguno de los dos, no si querían morir ahora que era la prometida del hermano mayor de él. Era por eso que no estaban dispuestos a respetar un matrimonio por conveniencia, prometiéndose el uno al otro que seguirían juntos, pasara lo que pasara. Miró nuevamente al hombre frente a ella. Se parecían, tenían el mismo aire altivo y desobediente, pero… al mismo tiempo eran muy diferentes. En Sesshōmaru había una elegancia innegable, un aire de realeza. Inuyasha era más tosco y arrebatado, pero era eso precisamente lo que más amaba de él.

—Ninguno de los dos queríamos esto. —Habló el hombre y la vio girar sus ojos con molestia. Estaba tan cansado y frustrado y esta niña venía con sus berrinches. —Por eso te propongo un trato.

La atención de Kagome se fijó completamente en el peli-plata. — ¿Qué clase de trato?

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Sacudió violentamente cada uno de los adornos del escritorio, por lo que todos fueron a parar al suelo en un sonido bastante estrepitoso. Estaba molesto, endemoniado definía mejor su estado de ánimo.

No podía explicar con palabras la rabia que le daba el que Kagome tuviera que verse envuelta en la salvación de su padre. Había algo muy claro y eso era que la protegería como fuera, se atravesara quien fuera. Su padre estaba muy feliz ahora que la unión entre los Taishō y los Higurashi estaba completa, lo que aún no tenía claro era por qué precisamente los Higurashi. Él sabía de la amistad que su padre y el padre de Kagome mantenían, en una de las reuniones de élite a las que asistían había conocido a la joven de almendrada mirada, había sido hace dos años y desde entonces, no había podido despegarse de ella.

Aunque habían mantenido todo en secreto, ahora daba gracias al cielo que todo fuera de esa manera. Debía descubrir que era lo que planeaba el viejo de su padre y lo más importante, cuidar que no dañara a Kagome.

Observó todos los objetos que habían estado en el escritorio, ahora en el suelo y la rabia volvió a él. Maldito Sesshōmaru, era mejor que no la tocara o sino dejaría una bala en medio de sus cejas. Si, ellos no tenían buena relación y los Taishō no eran una familia normal. Les atraía el poder, a todos y cada uno de ellos y peleaban contra quien se los pudiera arrebatar. De alguna manera, ellos no eran los buenos del cuento.

La puerta de la biblioteca se abrió y vio la figura de su progenitor ingresar al lugar. Su padre irradiaba liderazgo y también ferocidad. Eran respetados por el simple hecho de ser despiadados con sus enemigos y su padre, Inu No, se había ganado el puesto a pulso. Levantó la barbilla cuando estuvieron frente a frente, los dorados ojos desafiándose aún sin palabras. Que su padre estuviera allí nunca era bueno, no tenía buenos recuerdos con él mucho menos estaban en un buen plano luego de apuntarlo directamente con una pistola.

— ¿Qué quiere?— Le preguntó sin desviar la mirada.

— Necesito que vigiles a la nueva Taishō, quiero saber quién es el hombre con el que andaba antes de casarse con Sesshōmaru y cuando lo descubras… mátalo.

Sin decir más salió de la biblioteca, dejando a Inuyasha con la sensación más extraña que nunca había tenido. Inu No se había enterado de que existía alguien más y si se enteraba que era él, nada bueno pasaría, aunque con ese hombre, nada bueno pasaba nunca.


N/A: Holaa, corazones de frambuesa.

Aparecí luego de haber casi abandonado la faz de la tierra pero, no. Soy más fuerte que el odio. Así que aquí estoy -luego de infinidad de tiempo- con un nuevo capítulo. Aún no sé de qué va esto porque hay muchas ideas en mi cabeza, pero tengo una central así que no se me asusten. Todo seguirá avanzando pero no para mejor jajaja pienso que será bastante enredado y por eso espero sus comentarios que me animan a seguir.

A todos aquellos y aquellas que me han demostrado su preocupación y apoyo por mi salud, muchísimas gracias, para mi vale un montón. Agradezco también a todos aquellos quienes leen, dejan sus comentarios y agregan el fic a favoritos y alertas, igual a los que me agregan a su lista de autores favoritos, salto en un pie cuando recibo la notificación. Ya saben que pueden buscarme por Facebook, estoy como Aranza González, con gusto los y las aceptaré.

INFINITAS GRACIAS a todos. Espero disfruten esta tercera parte.

Nos leemos pronto, besitos.