HOLA! HOLA! HAY ALGUIEN?!
ESPERO QUE NO HAYA DEMORADO MUCHO EN ACTUALIZAR, TUVE UNA SEMANA LLENA DE EXAMENES ASI QUE NO PUDE TOMARME MUCHO TIEMPO PARA ESCRIBIR EL CAP, PERO AQUÍ ESTA. YA SABEN QUE TRATO DE HACERLO LARGO POR SI ACASO NO LLEGARA ACTUALIZAR PRONTO.
BUENO, BASTA DE BLA BLA BLA Y AQUÍ LES DEJO EL CAP. DISFRUTEN Y NUEVAMENTE GRACIAS POR LOS COMENTARIOS. ESPERO HABER CONTESTADO A TODOS POR INBOX Y A LOS QUE NO LO SIENTO, PERO AUN ASI SE LOS AGRADEZCO.
BESOS!
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Capítulo 3: ¡¿Tendremos un concurso?!
La muchosidad es una sensación indescriptible, así que gastaría palabras y aun así no podría describirla. Se presenta en diversas sensaciones, millones en realidad. Sientes que te llena por completo, que hay descargas eléctricas que recorren tu espina dorsal de abajo hacia arriba y luego se aloja en el corazón donde lo aprieta y sientes que explotara y no te deja respirar ya que te llena con alegría y emociones que jamás pensaste tener, incluso, nos hace tener pensamientos imposibles que podríamos considerarlo locura. Te obliga a saltar, a bailar, a cantar, a gritar y cientos de otras cosas. ¿Cómo lo sé? Pues todos lo hemos sentido alguna vez, solo que no sabemos que eso se llama muchosidad.
Pues eso que se llama muchosidad, justo eso, era lo que no sentía el sombrerero en ese momento. Es más, sentía que la muchosidad que tenía lo había abandonado en ese preciso momento en que la Reina Blanca abrió la boca para darle la nueva noticia a Alicia.
-¿Un concurso? ¿En serio? – Comento la campeona. Estaban todos reunidos en la larga mesa del desayuno y Mirana comento la "loca" idea de un concurso para buscarle un novio a Alicia. SU ALICIA.
- No es mala idea, con tu madre lo discutimos y creemos que podría ser divertido.
- ¡No! ¿Es una broma? Porque si lo es, es de muy mal gusto… ¿Alguien más sabia de esto? –Pregunto evidentemente molesta al resto de comensales. Todos agacharon la cabeza y decidieron mantenerse en silencio. Algunos negaron. La liebre opto por esconderse bajo la mesa junto con los Tweddles y Chess decidió desaparecer de la mesa antes de que las cosas se pusieran feas.
- Alicia…
- ¡Dios! ¡Esto no está pasando! – Se levantó bruscamente de la mesa y se retiró. Algunos presentes también se levantaron, entre ellos estaba el sombrerero que grito el nombre de la rubia pero esta no podía escucharlo.
-¡Alicia! ¡Alicia! ¡HIJA! ¡Espera! - Gritó su madre siguiéndola por la puerta. Mirana se disculpó con todos, les pidió que siguieran desayunando y fue tras las dos extranjeras. Cuando las localizó, las encontró en una muy acalorada discusión madre e hija.
- Mira, entiendo que quieras ayudarme, pero esto no es la forma ¿Si? Estas yendo muy lejos, mamá. - Exclamo la rubia, evidentemente herida en su orgullo.
- Hija... Por favor, si le dieras una oportunidad.
- ¡No! ¡No lo hare! Madre, hiciste esto sin pensar en cómo me sentiría. Las dos lo hicieron... Yo me sentó bien, no quiero a nadie que no sea James ¿De acuerdo?
- Alicia, querida, por favor no...
- Perdóneme, Su Majestad - La cortó enojada - Pero esta vez fueron muy lejos.
Se dio la vuelta y desapareció corriendo por los pasillos, Mirana poso su mano sobre el hombro de la destrozada Helen. Era mejor dejar sola a la chica hasta que se le pasara el enojo.
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Habían pasado dos días. Dos días en los cuales la joven campeona había evitado a dos personas. A Mirana y a Helen. Cada vez que se las encontraba al voltear por un pasillo hacia lo imposible y desparecía. Se sentaba al otro extremo de la mesa durante las comidas y decidió que le dejaría su habitación a su madre hasta que se le pasara el enojo, así que nadie sabía que la campeona Alicia Kingsleigh dormía en los establos con el Bandersnatch.
Ahora, Alicia se encontraba en el patio de entrenamiento de los soldados blancos. El ejército de la Reina Blanca estaba conformado por dos tupos de guerreros. Los humanos, que generalmente ocupaban los cargos de Oficial, General, Sargento, etc. Los que trabajaban en equipo de centinelas y expediciones. Y luego estaban los soldados piezas de Ajedrez, quienes eran creados para vivir y morir por la corona.
Alicia desenvainaba su espada y esperaba que el sombrerero se le uniera para empezar su entrenamiento. Deseaba poder olvidar todo con un poco de ejercicio. Generalmente hacia yoga pero en esos momentos, necesitaba algo más fuerte que simples estiramientos de rutina.
-¡Alicia! - El sombrerero se apareció por una esquina acompañado de Mally y un caballero blanco. Él era alto, fornido y al igual que todos los habitantes de Marmoreal, era blanco de pies a cabeza. Se acercaron y saludaron.
- Alicia, él es Kilian Fothen. Es uno de los cuatro líderes del ejército.
- Es un placer, My Lady - Besó con delicadeza la mano de la chica y se detuvo hipnotizado al verla. No era muy común ver a mujercitas hermosas con ropas ajustadas y con espadas para un entrenamiento. – Bien, usted y el sombrerero pueden practicar en el segundo recuadro, el de allá – El patio de entrenamiento estaba dividido en 12 rectángulos largos, 6 arriba, 6 abajo. Al parecer entrenaban por turnos.
- Muchas gracias, Sr. Fothen. – Ambos se quedaron mirando durante un corto tiempo. La mirada amatista de Kilian se concentró en la avellanada de Alicia y ella fue alejada de él por el sombrerero quien la llevo a buscar sus armaduras.
… Tiempo después…
-Ah, estoy cansada – Exclamo la rubia dejándose caer sobre el suelo con las piernas acalambradas y la frente sudada. Ambos estaban sucios y bañados de sudor. Tarrant dejó escapar una risa nerviosa y loca y le tendió la mano para ayudarla a levantarse.
- Lo mejor será que nos demos un baño… ¡Eh! ¡NO! O sea, tú te iras a tu cuarto y yo al mío y nos bañaremos en nuestros propios baños – Se apresuró a decir que fue un milagro que aún se le pudiese entender – Porque yo no podría bañarme con usted, mi querida Alicia, me moriría de la vergüenza y a puesto que también usted y obviamente porque no somos nada, o sea, si, somos amigos pero nada más…
- ¡SOMBRERERO!
- ¡Fez! – Chillo y sacudió la cabeza después de recobrar el aliento – Lo siento.
- Mejor vamos a guardas las armaduras. - Cogidos de la mano, se dirigieron hacia detrás del patio en donde los soldados tenían sus vestidores dentro de uno de las construcciones del castillo. Dejaron las armaduras y las guardaron para volver a sus cuartos cuando…
- ¡Olvide mi espada! Tengo que entregarla a Mirana.
- Algún soldado podría llevarla.
- No, debo llevarla yo. Ya vuelvo, no tardo. La deje sobre una banca – Regreso corriendo por donde vino y busco con la vista hasta encontrarla. ¡Ahí estaba! Se acercó a ella y la tomo con delicadeza. Pero se congelo cuando los soldados llegaron en multitud para entrar a sus vestidores.
Trató de no desviar la mirada. En serio lo intento. ¡Alicia no voltees! ¡Te convertirás en piedra! Gritaba su subconsciente que daba pisotones en su mente para distraer a la chica y que no cayera en la tentación.
¡Hazlo! ¡Tienes derecho a ver!
¡No lo hagas! ¿Qué clase de dama serias si los vieras?
¡Hazlo! ¿Cuándo te ha importado lo que piense el resto?
¡Piensa en James!
¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!
Finalmente las voces de su cabeza ganaron y alzo la vista. Lo que tuvo adelante de ella, la dejó impactada.
Siempre pensó que James tenía un ben físico, pero los soldados del ejército de la Reina Blanca lo superaban y por muchos. Dioses griegos con piel del más puro mármol perfectamente tallado estaban dándoles las espaldas. ¿Acaso había muerto y había llegado al cielo? Alicia se sonrojo. Estaban con los torsos desnudos y secándose el sudor con toallas. Se mojaban la cabeza y el agua les corría por los bien tonificados músculos.
Sí que era una dama despreciable. Pero valía la pena rompe las reglas sintió que su boca se secaba así como las piernas le flaqueaban. Temblaba como gelatina y dejo caer la espada haciendo un ruido que todos los soldados voltearon.
-¿Encontraste la espada? ¿Alicia? - El sombrerero llego en su rescate y la vio inmóvil y pasmada delante de los soldados humanos. ¿Qué tanto les miraba? - ¡Oh! - Exclamo al darse cuenta. Lo rodeo por atrás, le tapo los ojos con una mano y la saco arrastrando del patio de entrenamiento. Escuchó las risas de los soldados mientras era arrastrada por los brazos fuertes de su loco amigo.
- ¿Qué paso?
- ¿Qué viste? – Pregunto abanicándola con su sombrero. - ¿Estas bien?
- Yo… Sí… Me siento algo avergonzada. Llévame a otro lado. – Dijo tratando de sacar de su mente a los dioses griegos del patio de entrenamiento. Dios bendiga a esos soldados.
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Alicia se acomodó mejor el Bonnet victoriano y trato de que no la reconocieran. Había salido un rato a pasear por el pueblo, para poder disfrutar de una linda tarde sin tener que preocuparse por huir de Mirana y su madre, ambas, forzándola a aceptar aquella locura del concurso.
Tuvo que esquivar a un par de niños jugando y se detuvo para mirar al bebe de alguna mujer que paseaba con su carriola. Se maravilló con el delicioso olor de la panadería cuyos hornos cocinaban el pan para la tarde. Algunas personas la reconocían, pero cuando ya se habían acercado para verla, ella ya se había ido. Se pasó la mayor parte de la tarde mirando los aparadores. Las prendas, los chocolates, los juguetes, los muebles, todo lo que veía, llamaban su atención. ¿Sería porque eran muy exóticos? ¿O es que verdaderamente necesitaba distraer su mente?
Un grupo de niños se quedó mirándolas, tal vez era porque ella era LA Alicia. La campeona del Submundo, asesina del Jabberwocky, ladrona y restauradora del Tiempo y personaje más importante en la última edición de los libros de historia de Infratierra…
O tal vez era que su Bonnet había sido arrastrado por el viento y Alicia lo perseguía por la calle.
Cuando al fin la alcanzo, ya estaba muy sucia, cubierta de polvo. No solo la sacudió y la sostuvo, no se la pondría, estaba arruinada… Tal vez en el castillo podría lavarla. Giro sobre sus talones para tal vez regresar a la dulcería o algún salón de té. Pero noto que alguien se acercaba.
¡Era su madre! Helen estaba acompañada con algunas damas de la corte y una escolta pequeña. Al parecer hacían compras en las boutiques de alta costura que estaban más arriba, casi al final de la calle.
Se dio la vuelta lentamente y siguió avanzando, rogando al cielo y a Dios de que su madre no se diera cuenta de que ella estaba por ahí. ¡Oh! No se detenían. Ella tendría que seguir avanzando hasta las calles de casas de moda. ¡Dios! ¡No! ¡No! Miro hacia su izquierda.
Había un gran letrero con letras doradas y algo espiraladas que decían "HIGHTOPP´S" al lado de esas, un letrero en forma de sombrero. La tienda era de color verde con blanco, y algunos detalles en naranja y marrón. Pero por dentro, detrás de aquel vidrio que era de aparador, se veía muy estilizado, más que la fachada.
Su madre se acercaba. Era momento de pedir asilo en la tienda de la familia Hightopp.
Al pasar por la puerta, una campanilla sonó anunciando la entrada de un nuevo cliente.
- ¡Ya voy! ¡Aguarde un segundo! - Grito una voz femenina desde otro lado. Alicia se tomó un tiempo para ver la tienda del sombrerero. Era grande. Al lado izquierdo, que era el más espacioso, tenía muchos estantes con sombreros de diversos tipos así como vestidos para damas en los escaparates, también había ropa de caballeros. A la derecha, estaba el mostrador y unos estantes pequeños. El lugar era dominado por los colores melocotón y azul pasteles.
Hattie salió por una puerta detrás del mostrador. Sus ojos verdes grisáceos se posaron en los de Alicia y sonrió.
- ¡Alicia! ¡Que sorpresa! No pensé tenerte por aquí - Se acercó a abrazarla y la rubia respondió al gesto. Se apartó de ella y la ofreció a sentarse en una de las sillas de la boutique.
Alicia había conocido a Hattie antes, pero no había tenido la oportunidad de ver mejor a esta chica. Hattie no era muy alta, media casi igual que ella. Tenía la piel blanca y tersa, grandes y expresivos ojos como los de su madre, el cabello pelirrojo, rizado y corto. Tenía un par de mechones que enmarcaban su rostro puntiagudo y el resto estaba recogido desordenadamente por un prendedor. Sobre su cabeza, descansaba un pequeño sombrero de copa color celeste y su bien desarrollado cuerpo era cubierto por un vestido de verano blanco en la parte del torso y con muchos estampados y patrones en la falda. Alicia pensó en ellos como en los parches de las mantas cosidas por ella y su madre.
- De haber sabido que vendrías te tendría preparado algo de té. Lamento decir que no tengo nada que ofrecerte, pero si deseas puedo poner una tetera a hervir y hacemos té.
- No te preocupes. - La campeona admiro los vestidos, los sombreros y los demás adornos que tenía esta boutique como cuadros de diseños y espejos con marco labrado. - ¿Tu hiciste los vestidos?
- Oh, pues sí. La boutique es compartida, aunque Tarrant es el verdadero propietario - Dijo jugando con sus manos. - El vende aquí sus sombreros que fabrica en el taller del palacio y yo ocupo el taller de arriba con mis vestidos y los vendo aquí también.
- ¿No haces sombreros como los demás Hightopp? - Pregunto curiosa. Hattie se sonrojo.
- Pues, sí, sé hacer sombreros. Pero me gusta más coser ropa, ser modista. Tengo más creatividad para eso que para hacer sombreros. Además son papá y Tarrant los talentosos para eso... Al menos así lo pienso. Pero algún día tendré mi propio taller de alta costura, y así le devolveré su lugar de trabajo a mi hermano.
- No creo que al sombrerero le moleste que estés aquí.
- Oh, claro que no. Es más, él está contento de tenerme administrando el negocio ya que él está ocupado en el castillo con sus pedidos que casi no tiene tiempo de quedarse aquí para atender a los clientes. Así que mamá y yo y a veces la tía Bugmalig nos encargamos de la tienda.
- ¿Ustedes eligieron los colores? - Preguntó señalando el lugar.
- Si - Respondió con una gran sonrisa - Me gusta, creo que le da más luz al lugar. - Hattie le contó de algunos detalles de cómo había sido volver a la sociedad después de ser liberados y Alicia no pudo ser más feliz. Había hecho las cosas correctas y esta vez no parecía tener alguna mala consecuencia para nadie. Estaba feliz de haber unido a una familia.
- Oye, ¿es cierto eso de que la Reina Blanca quiere buscarte un pretendiente? - Interrogo de repente, cambiando radicalmente de tema.
- Pues... Sí. - Suspiro cansada de ese tema. - Pero no estoy segura de que deba aceptarlo.
- ¿Por qué no? Yo estaría contenta de que me ayudaran a buscar al mejor de todo el reino. Papá ni siquiera me deja hablar por más de cinco minutos con el chico de la panadería, el aprendiz. - Soltó una risa contagiosa y ambas terminaron riendo apoyadas encima de la otra.
- Mi padre también era así, pero él decía que nadie era digno para merecerme – Rio Alicia secándose una lagrima.
- Mi padre dice que le romperá los huesos, pero él es tan tierno – Dijo. – Pero lo hace porque me quiere. Papá siempre fue muy sobreprotector, aunque a veces, Tarrant y yo creíamos que era cruel. Nunca nos dejó salir con nadie, en especial a Tarrant. Así que él nunca tuvo novia.
- ¿No? – Pregunto curiosa como siempre.
- No, mi hermano de por si es muy cobarde cuando de mujeres se trata. Siempre puede ser el mejor amigo, pero al momento de pedir una cita, siempre es muy divertirlo verlo prepararse y luego arrepentirse a último momento - Hattie se sujetaba el estómago por la risa. – Pero es muy tierno… Recuerdo una vez que quiso pedirle salir a una chica para uno de los tantos bailes de los antiguos reyes. Al final fue conmigo y Pallo fue quien invito a salir a Emily, creo que así se llamaba.
- ¿Y el Sr. Hightopp ahora es menos severo?
- Ahora sí. Pues, sigue siendo sobreprotector conmigo pero ya no molesta a Tarrant.
- Humm…
- Deberías aceptar, puede ser divertido. Imagínate, cientos de hombres peleándose por la oportunidad de pasar una linda y romántica tarde contigo - Dijo ensimismada. Alicia comprendió que Hattie era una romántica empedernida.
- Si quieres acepto pero tú puedes ocupar mi lugar.
- Estaría más que encantada. – Volvió a reír. - Pero por lo que escuche de algunas damas de la corte, que puede ser que hasta los nobles compitan por ti. Ojala sea Sir George de Druit. Ese hombre es el sueño de toda mujer. Es un Vizconde, su cabello tan hermoso, sus ojos, su porte. Él es perfecto. Tiene una voz que es hummm – Suspiro. Alicia no pudo evitar reír. – Y dicen que sabe cómo tratar a una mujer.
Ambos mujeres se sonrojaron y rieron. La campanilla de la puerta sonó.
-¡Ay, pequeña Hattie! No me digas que de nuevo estás hablando del Vizconde de Druit – Pallo entro en la tienda junto con Pimlick. Ambos traían bolsas y rollos de telas nuevos entre las manos.
- Callate, Pallo. ¿Trajeron las telas?
- Si y no fue fácil. Están más caras que la otra vez – Respondió Pimlick dejando las telas y bolsas sobre el mostrador y después dirigirse al perchero para colgar su saco.
- ¿Son mis ojos los que me engañan o es que la mismísima Alicia está aquí? - Pallo puso su mejor sonrisa y se acercó pícaramente a la campeona. – Es todo un placer, My Lady, recibirla en esta humilde boutique que está a su completa disposición para cualquier prenda que necesite – Besó delicadamente las manos de Alicia y ella sonrió divertida.
- Ya, Pallo, no molestes a la Srta. Kingsleigh. Perdone a mi hermano, My Lady. Él es un tonto – Aparto a su mellizo y besó la mano de Alicia.
- No te preocupes, Pimlick. Y díganme Alicia. Eso de "My Lady" me tiene cansada, no he escuchado otra cosa que no sea eso. – Alicia poso su mirada en los dos Hightopp, primos del sombrerero. Eran muy parecidos, misma altura, misma contextura, mismo color de cabello, mismos ojos y hasta el mismo pequeño lunar en el pómulo izquierdo. La diferencia era que Pimlick vestía mucho más arreglado, en un orden perfecto. Su cabello lo llevaba bien peinado, controlando sus rizos rojizos y unos lentes con montura negra protegían a sus ojos verdes grisáceos. Pallo, por el contrario, parecía descuidado y travieso. Sus ropas estaban algo arrugadas, pero igual vestía bien. Llevaba el cabello despeinado y una argolla de plata pequeña en la oreja derecha. Parecía vivir cada momento al máximo y sus manos callosas le aseguraron a Alicia de que tal vez tocaba guitarra o algún otro instrumento de cuerdas.
- Yo solo trato de promocionar la tienda, hermano. - Se quejó, dejándose caer en una de las tantas butacas.- Muy bien, Alicia, ¿Qué la trae por aquí? ¿Algún pedido en el que te podamos ayudar? ¿Hattie te atendió bien?
- Por supuesto que sí. Pero en realidad vine a pasar el rato. Estar sola en el castillo puede ser un poco aburrido. En especial cuando quieren obligarte a aceptar un tonto concurso.
- No es tonto, yo quiero participar – Pallo se acercó y se arrodillo delante de Alicia. - ¿Le gustaría, mi señora, salir conmigo? – Hattie no aguanto la risa cuando Pimlick golpeo a su hermano en la cabeza con un libro.
- Ella no saldría contigo. Te devolvería por idiota.
- Al menos se divertirá y no tendrá que salir con el estirado Vizconde George – Pallo hizo algunos pasos elegantes como pavo real imitando el caminar del mencionado. Hattie solo le reprocho sus infantiles actitudes.
-Hattie cree que el Vizconde es el mejor partido para todas. – Susurro Pimlick a la rubia.
La campanilla volvió a sonar y Tyvia, Bugamlig y Bim Hightopp entraron. Bim comía un trozo de chocolate y las dos señoras se quitaban los gorros para colgarlos en el perchero. Ambas mujeres se sorprendieron de ver a la campeona de Infratierra ahí. Saludaron con una reverencia no necesaria y hablaron hasta que se hizo de noche.
-Entonces, ¿Aceptaras el concurso, Alicia? – Pregunto tía Bugmalig que cargaba al ya no tan pequeño Bim en sus piernas. El pequeño no dejaba de mirar a la joven rubia.
-No lo sé. No estoy segura de que sea una buena idea - Dijo algo incomoda.
- Pues yo que tu aceptaría. Eres joven, diviértete. Hay muy buenos partidos aquí, tenemos mucho talento. Será un gran evento.
- Mi madre dice casi lo mismo, pero no me gusta tanto escándalo… Y no quiero que nadie piense que no puedo encontrar pareja.
- No será tu pareja oficial, solo tendrán una cita.
- Yo si quisiera participar – interrumpió Bim y todos rieron.
- Y yo te elegiría, pero eres muy pequeño aun - Respondió. Después de muchos intentos por convencerla, la joven campeona pensó en la idea. Tal vez no era tan mala.
Alicia salió de la tienda contenta y decidida a lo que haría cuando llegara al castillo. Mientras, una parte de la familia Hightopp salía de la tienda y miraron a la rubia alejarse corriendo entre la multitud en las calles del pueblo.
-¿Creen que Tarrant se atreva a participar en el concurso y pedirle una cita? - Pregunto la hermana del sombrero.
En unísono, el resto de la familia respondió.
-¡No!
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-¿Para qué es esto? – Pregunto la joven campeona que sujetaba un tazón con una especie de mezcla viscosa color palo rosa. Mirana se acomodó un rulero en su blanco cabello y se frotaba las manos con crema humectante.
- ¿Eso? Es para la mascarilla, según lo que dicen, es muy buena para la piel. La aclara y la nutre.
- ¿Quieres ser más blanca de lo que eres? – Preguntó burlona. – Esto huele a leche…
- Y también contiene limón. – Agarro una brochita y le paso la sustancia blanca y fría por la cara hasta cubrirla totalmente. A continuación, Alicia hizo lo mismo con la cara de la Reina.
- Sabes, siempre quise hacer esto con alguien. A Racie no le gusta y mis damas no son la mejor compañía para una pijamada. Ahora me siento como una persona normal… Sin el rigor de ser la Reina perfecta para todos.
- Yo tampoco pude, no tenía muchas amigas y a Margaret nunca le gusto pasar mucho tiempo conmigo. Salud por eso – Dijo levantando su vaso de limonada fría y chocándolo con el de Mirana. Había mucho calor esa noche de verano, así que habían decidido tomar limonada y algunos bocadillos para una noche de chicas.
- ¿Y ya tienes la respuesta? ¿Sobre el concurso? – Pregunto llevándose un pastelillo a la boca.
- Pues sí. Lo estuve pensando y creo que no sería tan mala idea conocer a otras personas… ¿Pero y si no son lo que yo busco? – Pregunto Alicia preocupada.
- Pues, para eso pasaremos un filtro, lo que buscas en un hombre y a los finalistas del concurso les haremos una entrevista para asegurarnos. Y luego, vendrán las citas. Tú supervisaras todo eso. Pero estoy tan contenta de que hayas aceptado. Te lo prometo, te divertirás. Ya quisiera yo poder salir con alguien.
- Pero eres la Reina – Intervino la chica. - ¿No deberías tener lo que quieres?
- La familia real se casa entre familia real o nobles. Y teniendo en cuenta de que soy la Reina y la que debe dar un heredero a la corona, es un poco difícil encontrar a alguien adecuado. No quiero a un príncipe azul, solo quiero a alguien que me quiera – Dijo abrazando una de las almohadas.
- Ojala encontráramos a alguien así. Tal vez también puedes ser premio en el concurso. – Ambas mujeres saltaron sobre la cama, bailaron, rieron y por un momento, olvidaron que eran la perfecta Reina Blanca y la temeraria Alicia Kingsleigh.
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-Muy bien, querida. ¿Qué buscas en un hombre? – Preguntó Mirana. Estaban en la oficina privada de la Reina, en donde ella se sentaba por las tardes y trataba los asuntos políticos y administrativos de su reino. A su lado, estaba una mujer delgada, otra dama de la Corte Blanca, la cual tenía en sus manos una libreta y una pluma de pavo real con la que apuntaba todo lo que la Reina le indicaba.
- Pues… No lo sé. – Respondió mirando por la ventana. Esto era incómodo.
- No podemos descartar pretendientes si no tenemos las características que buscas en un hombre, Alicia – Dijo su madre, llevándose la taza de té caliente a sus rosados labios.
- Tu madre tiene razón, deberías escucharla, niña tonta – La voz chillona de Mally se hizo oír desde lo alto de un estante, en donde la lirona estaba acurrucada escuchando todo. Ella no entendía el porqué de tanto escándalo por conseguirle pareja a la rubia.
- Mally – Reprendió la monarca. Iracebeth, quien pensaba igual que Mallykum, solo jugaba con un mechón de su cabello apoyada en el gran ventanal de la oficina.
- ¿Buscas un hombre fuerte? – Preguntó por fin rompiendo su silencio desde que la reunión de féminas había empezado hace diez minutos. Sus pequeños orbes se enfocaron en lo de Alicia, quien no pudo evitar un pequeño escalofrió cuando sus miradas se conectaron.
- Pues… Sí – Respondió dubitativa. James tenía un buen físico. Una vez habían ido a la playa y pudo admirar ese buen cuerpo que tenía. Alicia se sonrojo.
Lo que ninguna de todas las mujeres presentes en el estudio de la Reina pensaban era que detrás de las puertas blancas, había un hombre sentado en el suelo de mármol con el oído apegado a las puertas para escuchar cada palabra que salía de los labios de la campeona. Tarrant sabía de buena fuente que en esa reunión, Alicia describiría al hombre de sus sueños. Así que esperaba reunir todas las cualidades que ella solicitaba.
-¡Bien! Entonces sal con un guardia o uno de los caballeros del ejército – Respondió la antigua Reina Roja – Además, tienen un físico de ensueño. Son muy… atléticos – Dijo sonrojándose y logrando que las demás también lo hieran. Alicia había visto a los chicos en entrenamiento… Pues sí que eran musculosos, atléticos y están muy buenos pero… No lo sabía.
Al otro lado de la puerta, Tarrant escuchaba atentamente. ¿A Alicia le gustaban los chicos de buen físico? Pues había estado mirando a todos cuando estaban entrenando y tal vez miro a más de uno cuando se desnudaron el torso para secarse el sudor, pero no significaba que le gustasen… ¿O sí? Hizo memoria de su cuerpo. Él no estaba mal. También tenía buen físico, no tanto como los soldados, Tarrant era muy delgado, pero no estaba mal, tal vez como un par de horas más de entrenamiento podría mejorar.
-Alicia no solo tiene que fijarse en el buen físico, Racie – Dijo Mirana – También debe preocuparse por la inteligencia. ¿O quieres salir con un descerebrado? – Preguntó.
- Pues… no. – Respondió. Algo que amaba de James era su inteligencia y la habilidad que tenía para resolverlos, como cualquier buen abogado.
- Entonces puedes salir con uno de los sabios del reino, o los profesores de la Universidad del Submundo, o con… - Iracebeth gestos de aburrimientos y Mirana puso los ojos en blanco.
- Alicia no saldrá con cerebritos aburridos.
- Tú no lo decides – Respondió la Reina. – ¿Y qué dices?
- Pues, sería interesante, además me caen muy bien - El sombrerero escuchó atentamente cada palabra que la campeona dijo. Él era inteligente. Había tenido las mejores notas en… Había tenido buenas notas… Había… De acuerdo, de acuerdo, se dijo a sí mismo, tal vez no había tenido las más sobresalientes notas en el colegio, de hecho apenas superaban las expectativas, algunas veces habían sido aceptables. Nunca había sido muy bueno para las matemáticas, política o ciencias, pero si en letras, literaturas y arte, fue el mejor en costura… Lástima que ese no era un curso que llevaban los varones en la escuela.
- Pero no puedes salir solo con cerebritos, también debe ser valiente. ¿No es así? – Pregunto Mally alzando la cabeza.
- Pues… Si – James era un hombre inteligente y muy valiente. Después de todo, solo alguien o muy loco o muy valiente deja toda una vida segura y hecha en Londres para unirse a una empresa loca dirigida por una mujer y viajar por el mundo para ser perseguidos por piratas y aristócratas.
- Pues entonces sal con los exploradores, con domadores de animales y esas cosas. Ellos son muy divertidos y valientes. Son los que proveen al pueblo de lo que necesita y son expertos en botánica y zoología.
Tarrant también era valiente. Había sido líder de la resistencia en la época oscura de Infratierra. Eso debía contar ¿Verdad?
-Pero también debe tener habilidad y sentido del arte, un artista o un músico que le de sazón a la vida. – Intervino Hattie. ¿Ella también estaba ahí? Lo que me faltaba, pensó Tarrant. – Los artistas son personas increíbles y siempre tienen un tema interesante de conversación. A mí me encantaría ¿Y a ti?
- Pues… Si – James sabia tocar el piano, la flauta y en el último viaje había aprendido (O había tratado aprender) el violín. En la pintura no era bueno, pero si en la poesía y tenía unos excelentes gustos literarios.
Tarrant casi mando a Hattie a ya ustedes saben dónde, pero recordó que era su hermana. ¿Por qué le había esto ella? Tarrant no sabía tocar instrumentos, a menos que "tocar" significara desafinar y producir maullidos de un gato en celo. Pintando y dibujando era bueno, después de todo, él hacia sus propios diseños. Tal vez podría defenderse en pintura.
-Pero los artistas son tan extraños, yo creo que Alicia debe salir con alguien con clase, de buena familia, un poco más cercano al círculo que ella frecuente – Intervino Helen.
- Pues… Sabes que no me importa mucho. – James no era un Lord, un Conde, un Vizconde y mucho menos un noble. Pero tenía mucho prestigio y era reconocido por personas importantes, así que sí, James tenía clase y era de buena familia londinense.
- Aun así es importante. – Ahora sí que no podría calificar. Él no era un noble, era un simple y humilde sombrerero, pero era importante. Estaba seguro de que su nombre figuraba en alguna parte de los libros de historia en la parte de la resistencia en la época de la Reina Roja, además su negocio iba bien, podría conseguir rodearse de personas importantes así como el resto de los pomposos condes y vizcondes.
- Pero también es importante el talento, no solo musical, también hay talento en la cocina, en la costura, en el baile, en el deporte y en cientos de otras cosas más – La voz que sonó en ese momento le devolvió la esperanza al sombrerero. Tyvia había mencionado todo lo que él sabía hacer. Era bueno en el baile, una vez había ganado un concurso. Era bueno en la cocina, se defendía en eso. Era bueno en la costura, era sombrerero y modista. Era bueno en el deporte, en especial en el polo. Gracias, madre.
- Pues… si, tiene razón, Sra. Hightopp.
- Bien, entonces esas serán las expectativas de los candidatos, deben cumplir por lo menos con una de ellas. ¿Apuntaste todo? – Preguntó Mirana dando por terminada aquella reunión.
- Si, Majestad. Lo mandare para que la imprenta lo publique en los diarios y que se haga el anuncio.
- Muchas gracias. – Tarrant escucho pasos acercándose a la puerta y corrió lejos para no ser descubierto. Tendría que practicar mucho, pero estaba decidido a cumplir por lo menos con una de las expectativas de Alicia. Su Alicia.
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El sombrerero se levantó de su asiento dejando delicadamente el libro de confección sobre la mesilla a su lado. Había estado revisando los últimos detalles de algunos pedidos de sombreros para las damas de Marmoreal que llevaban retrasados un poco más de lo previsto.
Se dirigió a la puerta y miró por la ventanilla. Su rostro dibujó una sonrisa y abrió la puerta totalmente para dejar pasar a la persona que estaba al otro lado.
- Traje chocolate... ¿Me das asilo? - Preguntó levantando una bolsa de papel que contenía, lo que él supuso, chocolate.
- Por supuesto. Pasa, pasa - Se hizo a un lado para que la campeona entrara en la casa. Cerró la puerta detrás de él y miro la estancia.
Estaba un poco desordenada.
- Perdón, me siento un poco avergonzado, Alicia, no esperaba visitas... Y menos a esta hora - Respondió nervioso mientras juntaba con sus manos algunas telas y bocetos y los acumulaba sobre el escritorio de caoba.
- No te preocupes. Deberías ver mi estudio, eso sí es caos. - Rio mientras ayudaba a Tarrant a poner algo de orden. Sus manos se rozaron por un segundo y se apartaron rápidamente.
- ¿Quieres té? - Preguntó nervioso, pero ni siquiera le dio tiempo de responder porque el sombrerero había desparecido por una puertecita que conducía a una cocina pequeña en donde puso la tetera en la estufa.
- No te molesta que me quede esta noche ¿Verdad? - El sombrerero casi rompe el juego de tazas dejándolos caer cuando escucho las palabras de la rubia. ¿Dormir? ¿Aquí?
- Eh, no. Tranquila, te daré asilo esta noche. - Respondió evidentemente nervioso. Le daba la espalda a la joven y puso toda su atención en preparar el té. Alicia abrazo por la espalda al sombrerero y este sintió la sonrisa de ella.
"Por favor, Tarrant. ¡No hagas algo estúpido!" Gritaron las voces en su cabeza.
Alicia volvió a la salita y se sentó delante de una estufa de hierro que hacia las de chimenea y mantenía caliente el hogar del sombrerero. Tarrant puso el juego de té delante de ellos en la alfombra y se sentó junto a la rubia.
- Odio abusar de tu hospitalidad, pero no podía quedarme... Estoy muy nerviosa. - Susurró. Hightopp sitio el té en la porcelana azul y se la tendió a Alicia quien agradeció con una sonrisa y aspiró el olor embriagante de la infusión.
- No es problema... ¿Estas segura de esto? ¿Sobre el concurso? - Hizo lo mismo con la segunda taza y se la llevo a sus labios.
- No lo sé... Todo esto es tan repentino y creo que es una falta de respeto por parte de ellas y por parte mía. - Respondió mirando las llamas a través de la puertilla de la estufa.
- No logro entender - Respondió con sus típicos seseos.
- Pues, por parte de ellas por meterse en mi vida amorosa sin consentimiento. Y mía porque creo que no espere lo suficiente para buscar a una nueva pareja - Sin duda, ella parecía muy angustiada por sus decisiones.
- Pero no es que vayas a empezar a tener una relación con el ganador o ganadores ¿verdad? Son solo citas
- Pues sí, pero... Es difícil lo que quiero decir, sombrerero - Sus avellanados ojos se posaron en los verdes de él.
- ¿Aun amas al tal James Harcout?
Alicia se tomó un tiempo en responder esa pregunta. Un tiempo en el que Tarrant rogaba con todas sus fuerzas que ella dijera que no porque sabía muy en el fondo que jamás podría competir con el tal James perfecto Harcout. Ese hombre se había ganado el corazón de su Alicia y sería muy difícil sacarlo de ahí.
- No lo sé. Estos dos meses fueron difíciles. Lo extrañaba. Pero creo que pude analizar mejor mi antigua relación... Lo habíamos perdido. Habíamos perdido ese no seque que nos mantenida tan unidos como pareja. La llama se apagó. - Las brasas de la estufa se reflejaban en sus ojos. Tomó otro sorbo y se llevó un chocolate a la boca.
Amó el sabor.
- Creo que ninguno quería admitirlo, pero había momentos en donde creo que Janes se avergonzaba de mí, mis actitudes frente a los demás o mis ideas locas al principio no le tome importancia porque pensé que tal vez estaba de verdad haciendo el ridículo o no eran muy buenas. Pero luego se volvió más constante, no tanto para ser un problema pero el ya no poseía esa muchosidad como al principio. El negocio iba creciendo y con eso la responsabilidad y ya no había tanto tiempo para pasar juntos - Alicia se dejó caer sobre el hombro del sombrerero y suspiro. - Creo que ambos lo echamos a perder.
- Pero eso no debe detenerte a iniciar de nuevo. Con alguien que te quiera tal como eres y que no importe si te ve solo una vez al día, con tal de haber pasado tiempo contigo - Y él calificaba en ese papel. Después de todo, la había esperado durante años y seguía enamorado.
- Lo sé y es exactamente lo que él me dijo hace unos días... Bueno, supongo que allá fue hace unas horas. Supongo que Tiempo trabaja diferente allá.
- Si. Supongo. - Alicia se acomodó en el pecho del sombrerero y se llevó otro chocolate a la boca. - Sabes, esto es un secreto, pero... Ahora que te estoy confesando todosiento que tengo la obligación de decírtelo.
- Espero que no sea nada malo - Soltó chillido nervioso y con las manos temblorosas acaricio el suave cabello de la chica.
- No, no es nada malo. Bueno, depende como lo tomes... No, ¿sabes qué? Mejor ya no te lo digo - Se ocultó la cara entre las manos y solo las retiró cuando el sombrerero le hizo cosquillas.
- Dime, Alicia, o te prometo que no parare de hacerte cosquillas - Alicia estaba tirada encima de la alfombra y el sombrerero sobre ella arrodillado, inmovilizándola.
- De acuerdo, pero no te vayas a enojar... O ponerte incomodo ¿Lo prometes? - Se reincorporó y sus avellanados ojos soñadores se encontraron con los enormes y saltones verdes de Tarrant.
- Por mi honor - Siseó.
- Bien... - Se acomodó el cabello y lo trenzo desviando la mirada hacia la estufa y veía como sus llamas seguían bailando. - Cuando era más joven, te hablo de la segunda vez que vine, cuando el Jabberwocky aun existía, yo... Yo empezaba a sentir algo hacia ti, creo que me gustabas - Dijo completamente sonrojada.
El sombrerero había tenido cientos de sorpresas durante su larga vida. Estaba, por ejemplo, esa vez en que vio por primera vez a Hattie recién nacida, la vez en que su padre rechazo su primer sombrero. La vez en que Iracebeth perdió el control en su coronación, cuando vencieron al Jabberwocky o la vez en que se enteró que sus padres estaban vivos. Pero esta, esta sorpresa, superaba a todas las demás.
- ¿En serio? - Se maldijo a si mismo por tener una mente tan tonta que no podía formular una frase más apropiada.
- Si... Yo te encontraba atractivo sentimentalmente. - Se giró para encontrarlo, sus mejillas aún estaban sonrojadas. - Pero eso fue hace mucho tiempo, yo tenía 19 y estaba un poco confundida. Cuando empecé a navegar, aun seguía sintiendo cosas hasta que finalmente desaparecieron. Eres mi amigo, sombrerero, y te quiero, no quiero que eso cambie. - Ella lo abrazo por la cintura y acomodo su cabeza en el regazo del pelirrojo.
- Pues, me siento halagado de que La Alicia se haya fijado en mi - Dijo decepcionado (Muy decepcionado) - ¿Aun me encuentras atractivo?
- Sí, eres guapo - Aun recostada, levanto y estuvo sus brazos y pasó las manos sobre el rostro del sombrerero, jugando con sus mejillas y labios y recorriendo con cuidado la nariz. - Pero lo que más me gusta de ti, es que siempre estarás cuando te necesite ¿verdad? - Él sujetó una de sus pequeñas ambos y la posiciono sobre su pecho. Sus latidos se aceleraron.
- Mientras mi corazón siga latiendo, yo estaré siempre contigo - Ella sonrió y tomó otro chocolate.
- Te quiero, sombrerero.
- Y yo a ti, Alicia.
Porque para eso, el estaría ahí. Porque por eso, él era su amigo. El mejor amigo. Pero eso estaba por cambiar, solo esperaba que los dioses lo ayudaran y que la frase "Donde hubo fuego, cenizas quedan" fuese cierta.
- ¿Quieres que te cuente cuando nos persiguieron los piratas en Malasia? - Pregunto acomodándose en el regazo del sombrerero quien acaricia el cabello de su Alicia.
- ¿Piratas? Tienes unas ideas un poco locas de diversión, mi querida Alicia. Tal vez estas demente.
- Las mejores personas lo están.
Alicia se quedó dormida en esa posición cuando el reloj dio las doce. El fuego ya se había apagado y la única luz provenía de la ventana que dejaba entrar el brillo de la luna, dándole un color azul a todo lo que tocaba. Tarrant poso sus cansados ojos verdes en el rostro angelical de su amada y deposito un delicado y casto beso en su frente para no despertarla.
- Como me gustaría que fueras mi Alicia de 19 años, así te quedarías conmigo. Pero te prometo que hare lo que sea que hice tu segunda vez aquí, así te volverás a enamorar de mí.
La cargó con cuidado y subió las escaleras sujetándola para que no se cayera. La recostó en su cama, le quitó los zapatos y la cubrió con las sabanas. Alicia, aun dormida, sujeto por inercia la mano izquierda del sombrerero. Este, al no querer soltarse del agarre, arrastro una silla y se sentó junto a la cama, y así, ambos se quedaron dormidos hasta el día siguiente.
REVIEWS?
ESO ES TODO POR HOY, ESPERO QUE HAYA SIDO DE SU AGRADO Y ESPERO VOLVER A ACTUALIZAR Y QUE ESTA VEZ NO ME DEMORE MAS DE LO PREVISTO. QUISIERA SABER QUE OPINAN Y CUALES PODRIAN SER OTRAS CUALIDADES QUE NECESITA UN PRETENDIENTE DE ALICIA, DEJENMELO EN LOS COMENTARIOS.
BESOS!
