Y llegó el III capítulo, qué emoción.
Espero que les guste, porque… a mí parecer, el segundo chap no gustó mucho… considerando la baja desmedida de reviews… quizás no les gusta el fic.
En fin… les recuerdo que se metan al Blog PPC: tenemos una campaña interesante en proceso.
Y los invito a mi Blog (en Homepage), donde podré noticias de mi libro original y escritos locos….
Un beso desde Nunca Jamás.
Ember.
Capítulo III: Hierro y Miel.
Hermione desvió su mirada al ver como el chico de cabello rubio se acercaba a ella. Sus mejillas se sonrojaron de inmediato, sin ninguna justificada razón, y su corazón comenzó a latir más fuerte, como dominado por una fuerza salvaje que a ella se le estaba complicando dominar.
Las pisadas de él eran elegantes, calculadas. Un mechón rebelde y platinado tapó sus ojos mientras avanzaba, y en su rostro se dibujaba aquella sonrisa galante que era evocadora de millones de suspiros por donde se viese.
De una cucharada, Hermione engulló lo que quedaba de verdura en su plato. Y pronto posó su mirada en Lavender, quien seguía emocionada hablándole sobre un pasante nuevo en un departamento que ella no alcanzó a escuchar.
Pero no le interesaba saber de qué hablaba Lavender ni mucho menos a quién se estaba refiriendo; sus ojos se iban disimuladamente hacia el hombre que se acercaba a ellas… y casi se atora cuando vio que alguien más se unió a ese encuentro extraño.
- Buenas tardes- saludó Blaise, alcanzando a Draco justo cuando éste llegaba a la mesa de la castaña-. ¿Quieres sentarte acá?- le preguntó, mirando con una ceja alzada a Lavender y a Hermione… y deteniendo su mirada un poco más de lo recomendable en ambas chicas.
Draco esbozó una leve sonrisa y asintió. Su amigo entendió al instante qué era lo que planeaba… o por lo menos eso pensaba.
Ambos jóvenes elegantes se sentaron en la mesa. Blaise junto a Lavender, con total tranquilidad, y Draco junto a cierta castaña, sonriéndole.
- Buenos días- saludó Blaise, tomando la carta que había sobre la mesa-. ¿Qué tal la reforma, Brown?-.
Lavender se sobresaltó al ver a ambos sentados ahí, junto a ellas, pero pronto recuperó la compostura, aunque aún se podía distinguir un rastro de sonrojo en sus mejillas.
- Perfecta, Zabinni- le respondió, entre ansiosa y desinteresada-. Pero eso tú ya lo sabes… supongo que le echaste un ojo al informe que te mandé por la mañana-.
El joven asintió.
- Sí, aunque le tuve que corregir unas faltas de ortografía. ¿De dónde sacaste que individuo es con "b"?- la pregunta fue hecha con un dejo de burla…- claro que no me puedo esperar más de un Gryffindor…-.
Hermione se sobresaltó con aquel comentario, aunque debía reconocer que las faltas de ortografías eran inaceptables para alguien con un puesto medianamente importante en el Ministerio; pero, de todas formas, ningún Slytherin iba a hablar mal de su casa.
- Olvidas quién falló en su EXTASIS de Transformaciones- comentó Hermione, mirando al moreno con su ceño fruncido.
- Hablo la sabelotodo- interrumpió Draco, arrastrando las palabras. Blaise lo miró y le hizo un leve asentimiento, aceptando que su amigo lo defendiera.
Hace tantos años que Hermione no escuchaba esas palabras arrastradas que se sorprendió, mas, por alguna extraña razón, no le molestaron… sino que le brindaron un sublime recuerdo de algo que no pudo comprender.
Con su ceño fruncido se volteó hacia el rubio….
… y la miel hirvió, endulzando el hierro líquido.
- Lo siento, su alteza Malfoy… casi olvido que te superé durante los sietes años de Hogwarts- sus palabras fueron duras, aunque con un leve tintineo de diversión.
Draco alzó el mentón aireado, y una sonrisa jocosa complementó sus ojos brillosos, emocionados por la lucha de palabras.
- Como también olvidas que eres subordinada mía en este momento, ¿no, Granger?-.
La castaña se mordió el labio para evitar mandarle una cachetada, pero es que ese hurón albino seguía siendo insoportable. Si ella estaba entrando recién al ministerio a trabajar, era porque había preferido especializarse y escalar de a poco, no usar aquellos contactos que iban en desmedro de la sana competencia.
- Por lo menos el puesto que tengo me lo he ganado. No como tú que lo compraste coimeando a cuanto ser corrupto hay- le reprochó, apretando sus puños y advirtiendo la gracia que le producía su enojo al rubio.
Él sonrió. No sabía porqué, pero Granger le parecía adorable con su rostro compuesto por la rabia. Sus mechones castaños cubriendo sus mejillas sonrosadas, y sus ojos otoñales centellantes.
- El fin justifica los medios, Granger- le murmuró, eligiendo entremedio el plato que iba a almorzar-. Nunca lo olvides… el fin es lo más importante-.
Por un segundo Hermione no supo qué responder. Le impresionaba que Draco conociera las palabras de Maquiavelo, aunque fueran bastantes distintas a su propia visión. Pero más que ello era cómo había dicho aquella frase, con aquella seguridad, aquel coraje… lo que hizo que su corazón latiera un poco más rápido de lo usual.
Lavender y Blaise seguían hablando frente a ella. La muchacha le sonreía al moreno con coquetería, mientras él estaba muy concentrado en mirarle a los ojos y hablarle con un susurro seco, seductor.
Cómo cambian las cosas, pensó la castaña. A su lado Draco Malfoy almorzaba perdido en sus propios pensamientos, pero sin ninguna mirada de asco ni de desdén, como aquellas que antes le solía dirigir. Sus ojos estaban concentrados en un punto difuso del final del comedor, y tragaba con tranquilidad.
Ella misma estaba junto a él sin la intención de ahorcarlo ni mucho menos. De hecho, le impresionaba que él no le hubiera dicho "sangre sucia" o algo similar. Pensó que eso sería algo que él jamás cambiaría.
La evocación de su nombre la sacó de sus cavilaciones, y contrariada miró a Lavender, quien sonreía aún.
- Hermione, ya me tengo que ir a trabajar de vuelta- le avisó, poniéndose de pie y enrollándose un mechón de cabello en un dedo, nerviosa-. ¿Vienes conmigo?-.
Hermione asintió y se puso de pie, alisando los pliegues de aquella túnica grisácea que a cada momento le molestaba menos. Miró a Blaise y se despidió, para luego mirar al rubio a su lado… y quedar hechizada con aquella sonrisa de película que él le dirigía.
De manera tímida se sonrojó, sintiéndose absurda con ese gesto tan adolescente. Y sólo avanzó porque Lavender la jaló de un brazo, obligándola a desviar la mirada y caminar.
- Granger- la llamó entonces esa voz arrastrada, sexy. Ella se detuvo y giró su cabeza, enfocando sus ojos miel en él-. Nos vemos-.
Y con una nueva sonrisa… ella siguió su camino hacia su despacho.
OoOoOoOoO
La luz blanca bañaba su perfil, proyectando en sus ojos aquella redonda luna que se veía entre las rendijas de la celda. Su cabello pelirrojo se revolvía sucio sobre su nuca, y sus puños apretados no hallaban qué más destruir, después de dejar la única silla que antes había hecha añicos contra la muralla de piedra.
No sabía dónde estaba, tampoco sabía quién lo había capturado… y, lo peor, es que no sabía si Pansy estaba bien.
Se limpió la mancha de sangre seca que aún estaba al borde de su nariz, e intentó respirar aquel aire nauseabundo que se colaba por sus orificios nasales.
Lo habían golpeado duro para lograr calmarlo. Probablemente quien lo capturó sabía que con varita era un vencedor, así que prefirió cambiar de estrategia: tres hombres encapuchados contra él… el resultado era obvio.
Sentía las puntas de los zapatos negros aún enterrándose en su costado. Los combos bien dados en su mandíbula casi desencajada, y su propio puño lastimado al dejar a uno fuera de combate. Había sido una sesión destructiva, pero no tenía nada roto… o por lo menos nada fundamental.
Con sumo esfuerzo se puso de pie, suspirando sin emitir quejido alguno.
De pie… impresionante- murmuró una voz aguda, acercándose a él desde un costado tras la reja.
Charlie alzó una ceja y miró aquella figura espigada, de menudo tamaño. Un vestido escarlata cubría su piel cetrina, y una máscara oscura, concho de vino, escondía su rostro.
- ¿Quién eres?, ¿qué quieres?- preguntó de golpe, acercándose a la reja y tomando las varas con las manos-. ¿Dónde estoy?... ¡Responde!-.
La mujer asintió, pero se alejó de la reja, dejando el espacio suficiente para no ser atrapada por esas manos fuertes.
- No te importa quién soy. Pero te puedo decir que estarás aquí un tiempo considerable… así que acostúmbrate- sus palabras fueron frías, impersonales.
El pelirrojo sintió la ira bullir por sus venas, y zarandeó la reja con la clara intención de romperla. Sus nudillos se blanquearon por la presión ejercida, y la mujer dio otro paso más hacia atrás.
- ¿Acostúmbrate?... ¡¿Acostúmbrate?!- le gritó, enajenado… cual león enjaulado.- ¡Dime qué quieres de mí, quién eres y para quién trabajas!-.
La mujer enmascarada se dio media vuelta, sin responder. Su pelo rubio y ondulado se movió con ella al girar sobre sus pies, y sin nada más que decir desapareció por donde llegó… escuchando al cerrar la puerta las últimas palabras de su prisionero.
- Saldré de aquí… ¡lo juro!-.
OoOoOoOoO
No podía creer que había aceptado, pero no encontraba ninguna otra salida posible a su situación.
Con sus manos limpias, sus mejillas pálidas, y su ropa sucia intercambiada por un vestido negro que le habían pasado, Pansy caminó por el pasillo que le había mandado a cruzar.
Estaba en algún tipo de Mansión muy bien cuidada. Los marcos de los cuadros brillaban de tanto ser limpiados, y las mesas laterales estaban sacudidas, sin rastro de polvo o tierra. El sol se colaba por las ventanas que daban a un patio extenso, de árboles frutales y jardines de rosas. Le recordaba a su propio hogar… cuando su madre estaba con vida.
Atravesó el corredor y llegó a una doble puerta blanca. Tal como le habían dicho, giró el pomo dorado y lo empujó, escuchando de inmediato una risa que se le era muy conocida.
En el centro de una habitación ovalada una cabecita rubia elevó su vista hacia ella. Sus ojos azul claro se encontraron con aquellos grises que brillaban con intensidad. Y una sonrisa sincera cursó por su rostro, justo cuando el pequeño corría con sus brazos extendidos hacia ella.
- ¡Tía Pansy!- exclamó, aferrándose a sus piernas.
Abraxas hundía su pálido rostro en los pliegues de su vestido, tomando las telas con sus puñitos y jalándolas para que ella quedara a su altura. Con una risa alegre envolvió el cuello de la muchacha cuando ella se agachó, y le regaló un beso sonoro en su mejilla.
Pansy rápidamente lo tomó en brazos y lo estrechó contra sí. A pesar que sólo habían pasado como tres semanas desde que no lo veía, le parecía que el tiempo había corrido demasiado lento. Abri se veía más grande en ese trajecito azul oscuro que llevaba, y su cabello más largo le tapaba los ojos.
Una lágrima traviesa se le escapó de su lagrimal al racionalizar el significado de que Abri estuviera ahí, sin Draco o Hermione a su lado. Un mal presentimiento le embargó el corazón, y abrazó a Abri con aún más fuerza contra su pecho.
- Tía Pansy, ¿mi mamá y mi papá dónde están?- la pregunta fue hecha con ingenuidad, con toda la ingenuidad que posee un niño de tres años.
Ella intentó sonreír, enfundándole seguridad, y lo dejó de pie en el suelo, a la vez que ella misma se agachaba para estar a su altura.
- Fueron de paseo, amor- le respondió, sintiéndose culpable al mentirle, aunque no se le ocurría qué más decir-. Pero me mandaron a mí a cuidarte, ¿divertido, no?-.
El pequeño arrugó el ceño por una milésima de segundo, en un gesto tan parecido al de Hermione que Pansy se asombró. Y luego una sonrisa invadió sus mejillas redondeadas.
- Está bien- afirmó, tomando una escoba de juguete que había en el piso y mostrándosela a su tía-. ¿Quieres jugar tú con esa?-.
Pansy asintió, tomando la mínima escoba entre sus manos y sentándose en el suelo, sin importarle lo incómodo que resultaba ese vestido para aquel tipo de situaciones. Abri se sentó a su lado y tomó otra escoba, sentando a un jugador de plástico en su mango.
- Mira, tía, mi papá me enseñó ayer el amago de Wrrrrronskiiiii- le explicó, haciendo que la escoba pequeña diera una voltereta en su mano.
La muchacha le sonrió y lo imitó.
¿Su misión consistía en cuidar a Abri?.¿Para qué?.
OoOoOoOoO
Firmando una escritura más de las tantas que se habían acumulado en su escritorio, Hermione bostezaba con una taza vacía de café a un lado de los expedientes. Estaba cansada, sin ánimo, y esperando que un baño con agua tibia y sus sábanas abrigadas le proporcionaran un buen dormir.
Durante la tarde había trabajado distrayéndose a cada momento. Por alguna extraña razón su mente repetía una y otra vez lo sucedido a la hora de almuerzo, y una sonrisa boba se colaba en sus gestos cuando pensaba en la mirada que Malfoy le dirigió.
Un suspiro se escapó de sus labios y se perdió en el silencio del cubículo que era su oficina. Sus manos atraparon un bostezo que hizo que abriera su boca con exageración, y volvió a postrar su vista en los papeles que tenía al frente.
De pronto un memorándum cayó encima su mesa. Hermione se sobresaltó y tomó el papel, ansiosa por abrir el primer memorándum que le llegaba.
Herms:
En cinco minutos más te paso a buscar para que nos vayamos a tomar algo, así que ponte un poco de lápiz labial y péinate.
Lav.
PD: ¡Ah!, se me olvidaba decirte, Zabinni y Malfoy van con nosotros… Zabinni nos invitó.
La castaña abrió ambos ojos impresionada, y pronto se puso de pie, mirando desesperada los papeles, la tinta, sus manos manchadas, y su pelo absolutamente despeinado. De haber sabido que iba a salir habría llevado una poción alisadora o algo, pero, claramente, ella jamás pensó que Malfoy y Zabinni las pudieran convidar a salir.
Su corazón se agitó al pensar que tenía una cita doble. Jamás había ido a una, y no dejaba de sonar emocionante. Pero su razón chocaba con ese pensamiento, y no podía dejar de decir… ¿Qué voy a hacer yo en una cita con Malfoy?.
Miles de ideas cruzaron su mente, desde aquellas que planeaban un rápido plan de huida, hasta las que imaginaban con qué tuvo que chantajear Zabinni al Hurón para que lo acompañara.
Seguramente él asistiría por obligación, o por alguna otra causa desconocida… ya que no había lugar en el mundo para que él y ella se pudieran atraer, ¿no?.
Indagó en su bolso en busca del labial rosa que usaba siempre. Tomó la barra y buscó un pequeño espejo con el que pudiera cuidar de no quedar como payaso o algo así. Sus manos tiritaban nerviosas ante la expectativa… y no entendía por qué, a qué se debía esas reacciones estúpidas y descontroladas.
Ordenó los papeles en sus respectivas carpetas, cuidando no mezclarlos unos con otros, y los guardó en uno de los armarios que había pegado a la pared. Se volvió a alisar el traje sin conseguir mayor resultado, y tomó su cabello vándalo en una coleta.
Escuchó entonces un leve carraspeo que le pareció conocido… y sin alcanzar a darse vuelta enrojeció.
Su corazón se volcó en su pecho.
&
Muuuchas dudas, ¿no creen?.
Bueno, ya tenemos el primer encuentro… tierno, ¿no?. O sea, siguen peleando como el perro y el gato (o el león y la serpiente), pero hay algo más.
Ya vemos de qué trata- en parte- la misión de Pansy. ¿Para qué quieren a Abri?, ¿Por qué ella?.
¿Qué sucederá en la cita?, ¿Con qué intención será?, ¿Qué dirán Harry y Ron cuando se enteren?.
Pobre Charlie… ¿quién es la mujer rubia?, ¿estará encerrado cerca de Pansy?.
Ya veremos qué sucede…
Y se viene más misterio, más Abri… y más Dramione!
Besos.
Ember.
