HI!
después de mucho tiempo vuelvo con otra conti :3. como aclaración a la historia, no sé si existirán los fics históricos. de todas formas, podríamos llamar éste así. se ambienta en 1940 en plena Segunda Guerra Mundial en la reducida mafia italiana de, como ya saben, de nuestra isla ficticia de Magnolia.
en un principio pensé que sería corto (lo que dure la canción del fic) pero como me he obsesionado con Reborn!, puede que halla otra parte de la Familia Fairy Tail :D.
muchos son reales y otros son expresamente inventados por mí. si me equivoco ante un suceso (como la Ley Seca n_nU que fue en EEUU varios aos más) o en la invención de algún objeto tecnológico, ruego que me perdonen.
cada vez se integrarán más personajes de FT y se explicará más sucesos.
a propósito, quién quieren que sea el malvado que ha provocado la desgracia de Lucy por el matrimonio fallido (o algo más :3) y que tiene profundos acuerdos con la Familia?
cualquier crítica u opinión, sólo hágamenla ^^, y si les gustó el fic, también :D.
bueno, más allá sólo les dejo el capi ºwº.
BYE Y CUÍDENSE!
comenten por fis C:!
"Quiero encontrar
aquellos besos perdidos
tantos sueños que siguen dormidos
y volver a recordar"
3. La nostra Italia.
"Hoy, 10 de junio, nuestra quería Italia le ha declarado guerra a Francia y al Reino Unido. Debemos unirnos aún más por nuestro país y nuestra nación. ¡Por un país mejor y por un mundo mejor unámonos más, italianos! La nueva era se avecina y tenemos que seguir luchando. ¡POR ITALIA, POR EL DUCE! ¡LA VICTORIA ES NUESTRA!"
Después de otras palabras, se siguió el himno nacional italiano.
Lucy apagó la radio.
Los últimos ecos de "¡VICTORIA!" siguieron resonando a través de las cenicientas paredes de la habitación. Tendió su cama y se aproximó al balcón. Los coches apagados se removían entre las sinuosas callejuelas de Nápoles, el bullicio del gentío se mezclaba con la diversión de los niños y los pitos de los policías, las tiendas acariciaban a su demanda y el sol no había despertado con los albores que debió despertar. Estaba en una ciudad extraña… una vida extraña, con un hombre extraño, en una habitación extraña, en ropas extrañas y en pensamientos extraños…
-Y es mejor así
Sonrió.
La puerta se abrió con un chirrido. Un hombre la traspasó y se miraron. Él le dejó un paquete y dio medio vuelta para irse.
-¡Espera! (Lucy le tomó del brazo), hablemos un poco. Ni siquiera te has cambiado las vendas
Se desasió suavemente de ella.
-No es necesario (Susurró), debemos irnos
-¡Natsu!
El interpelado ladeó su rostro y se sentó en la cama, resignado.
-Haz lo que quieras
Tomó asiento a un lado de él. Contemplándolo noto que seguía con la misma ropa de ayer: una camisa blanca y unos pantalones oscuros, con una chaquetilla marrón. Lo único diferente era una gruesa bufanda blanca que le abrazaba el cuello. Tenía toda la ropa arrugada y su pelo desordenado denotó una noche incómoda y difícil de dormir. Tenía ya un par de ojeras.
-Dame tu mano
Sin decir nada le hizo caso.
Lucy comenzó a desprenderle el vendaje. Las vendas ya no estaban tan sucias y la herida tenía una cicatriz de buen aspecto. Lleno un cuenco con agua y empapó un paño. Luego limpió la herida con este.
-¿Era necesario que te cortaras?
-Sí
-¿Por qué?
Restregó el paño y volvió humedecerlo.
-No quería… que inculparan a otro
-¿A otro…? (Lucy le miró fijamente)
-Apurémonos, por favor
Lucy terminó su labor.
-Allí… (Volvió a hablar Natsu) te dejé algo de ropa para hoy. Tenemos que irnos pronto de aquí
Traspasaba la puerta para ya marcharse.
En eso, algo húmedo pero con todas las fuerzas le golpeó en plena cabeza en donde antes lo había hecho una manopla. Reprimió una maldición e intentó disimular el dolor.
-Si cruzas esa puerta y si sigues sin decirme nada. Te juro… pero te juro que me escapó de aquí y que no volverás a verme nunca más en tu vida
Lucy se percató que sus palabras habían provocado algo en él, pero su respuesta fue corta y clara:
-Escápate
Abrió la puerta y se fue.
Tardó un par de minutos en entender lo que sucedió. Y, a medida que interpretaba, una oleada de cólera la invadió. Desarmó con desquite el paquete y se vistió sin preocuparse qué venía. Entre las ropas había una peluca negra. Amarró su rubia cabellera en un tomate y se apretujó la peluca encima. Se puso un sombrero y unos lentes.
Para cuando cruzaba la calle, Lucy nunca previó lo que le vendría a suceder…
ooOoozoeooOoo
Oía pasos a través del corredor.
Agudizó más el oído, intentando descifrar de quienes eran. Para cuando quiso ignorarlo, penetraron con estrépito dándole sólo el reflejo de ocultarse en las sábanas y fingirse dormido.
-¡Oh, Merry! ¿Está segura que esta era la habitación?
-¡Sí, Molly! Aquí… debería estar
Sintió que los pasos se repartieron por el lugar. Pronto las cortinas de los otros pacientes se movieron suaves.
Y él estaba de los últimos, llegarían y lo verían.
Por suerte, había sufrido heridas leves. Las quemaduras fueron capaces de enviarlo al hospital pero no lo inmovilizaron. Sólo quedaban dos camas para que lo hallasen.
Era ahora o nunca.
Corrió sus sábanas lo más cauteloso posible. Se levantó apretando sus dientes y se encaramó a la ventana. El ruido que hizo alertó a los pasos que rápidamente fueron donde él. Se impulsó con más fuerza, abriendo la ventana de paso. Estaba sólo a unos centímetros de su libertad… tomó un último impulso y se lanzó…
Pero no a tiempo.
Estaba suspendido por dos pares de manos que hacían lo imposible para subirlo. No impuso resistencia, pues como pudo darse cuenta después, estaba en un séptimo piso. Lo sacaron y lo arrastraron hasta la cama que él había abandonado hacía poco.
Y cuando pudo ver a sus salvadoras… sólo sonrió como un gatito atrapado en una travesura.
-¡Hola, chicas! Tanto tiempo que no las veía…
Unas manos lo agarraron y lo zamarrearon.
-¡Tonto! (Lagrimeó la dueña de las manos, Merry) ¿Cómo se te ocurre lanzarte desde un séptimo piso? ¿Qué pretendías? ¿¡Matarte!
Lo soltó y le dio la espalda.
Vash intentó buscar una explicación en los ojos de Molly, pero nada de ahí le hizo deducir la situación. Ella abrazó a su amiga.
-Merry… ya tenemos aquí al señor Vash. Usted lo quería ver, no esté así
Merry se apartó de su amiga y volvió al ataque contra Vash, sólo que sus ojos iban a romper en cualquier momento. Pero ella no se iba a dejar notar.
-Vash… (Tomó aire antes de continuar) Venimos desde Génova hasta aquí a Roma a penas supimos que estabas aquí…
-No es cierto, el director nos mandó
-¡Molly! Ah… como decía… estuviste un tiempo con nosotras en Londres ¿Qué te llevó aquí, a Italia? Esas quemaduras… ¿Qué tienes que ver en el caso Heartphilia? Y lo que es más… ¿aún te siguen…?
El rubio recibió cada pregunta con una pequeña inclinación de cabeza. Para cuando la levantó para enfrentarla con respuestas… sonrió.
-Merry, Merry. (Dijo) No te preocupes, estoy bien. ¿Para qué las envió el director?
-¡Vash! ¡No mientas!
Él atinó a sonreír más embobado.
Molly atrapó por los hombros a su amiga, pues, sabía que esta era muy impulsiva.
-Vash, (Ahora Molly preguntaba) ¿Qué hacías en la mansión de los Heartphilia el día del incendio? (Y agregó) Una comisario nos dijo que estuviste allí y fuiste el único en salir con quemaduras
Directa al grano. Vash hizo una mueca:
-Ah… eso, sólo estuve allí y me quemé un poquito
Pero la mirada de ambas mujeres lo intimidó.
-Yo era el guardaespaldas de la señorita Lucy
La confesión las dejó atónitas.
-¿Cómo qué guardaespaldas? ¡Acaso no ves en qué situación estás!
Vash saltó de su cama y tapó la boca de Merry.
-¡Shhhh! (Puso su dedo índice en su boca) Son las únicas que lo saben aquí. No quiero que se entere…
-Así que eras tú, Vash Estampide
Una mujer corrió las cortinas en toda su magnitud. Su cabello rojizo le tapaba parte del rostro. Mientras que se arreglaba su chaquetón, dijo:
-Ahora mismo me tendrás que dar un testimonio antes que te dejen en prisión preventiva por posible cómplice de secuestro
-¡Señorita! (Vash intentó persuadirla) ¿cómo puede inculparme de algo así?
Sacó una grabadora del bolsillo y se le enseñó.
-Soy Erza, inspectora del Departamento de Policía de Roma y te exijo que me digas la verdad ahora (Y le puso con suma rapidez una esposa en su muñeca a los fierros de la cama) si no lo haces… me temo que tendrás ya que preparar una confesión ante el juez
Vash tragó saliva.
ooOoozoeooOoo
Hacía frío.
Siguió caminando entre las callejuelas, intentando concentrarse en lo que debía hacer antes que el frío le helase los pensamientos. La última transacción le había costado cara (de Roma a Nápoles sus pertenencias) y, aunque llevase su querida bufanda gracias a ello, tenía poco dinero que sólo le serviría a él, pero no a los dos.
Buscaba un trabajo que le diese un buen recaudo para ese día. Entraba en una tienda para salir de otra. Su aspecto no era el mejor y quizás eso despertaba la desconfianza de los empleadores. Pero sabía que tarde o temprano encontraría uno.
Estaba hablando con un vendedor de frutas cuando…
Dejó al comerciante con la palabra en la boca y se adentró en la calle. A lo lejos vio que ella estaba cuidando a un pequeño con su cuerpo como escudo. Unos hombres oscuros le pateaban sin piedad y la tironeaban para que soltara al niño.
Pero ella no aflojaba, seguía protegiéndolo con todas sus fuerzas.
Alrededor, la gente se aglomeró.
Natsu siguió corriendo, empujando a los mirones.
-¡Llévenme a mí! ¡El niño no tiene nada que ver!
Natsu se detuvo en seco.
Ella comenzaba a llorar.
Uno de aquellos oscuros la logró levantar por fin y la apartó del pequeñuelo quien no hizo más que correr. La tenían agarrada de una muñeca hacia lo alto.
Quiso reemprender su carrera pero otro oscuro se entrometió.
-No vallas (Le dijo este) si no quieres que también te llevemos
Natsu se abalanzó contra él, botándolo, y corrió con más fiereza. Ya se la llevaban a rastras cuando sólo le quedaban unos pasos para alcanzarla.
-No sigas… (Ella le habló triste) vete
Pero Natsu seguía insistiendo.
-¡Lárgate! (La desesperación la estaba tomando) ¡sigue tu vida y déjame aquí!
Él le logró tomar un brazo.
-Por favor… sálvate
Un oscuro los apartó y lo tiró al suelo. La voz se le congelaba en su garganta mientras que entre varios lo tomaban. Lo apresaron y se lo llevaron.
-¡Lucy! (Logró gritar cuando ya se había ido de su vista) ¡!
ooOoozoeooOoo
Le soltaron a las pocas horas.
Estaba desesperado, incapaz de saber qué hacer. Nunca los había visto y esta experiencia lo mantuvo en un horror antes de poder comprender en qué situación estaba.
Se la habían llevado y era cuestión de tiempo de que la descubriesen o peor.
Que la matasen.
Cualquiera de esas dos opciones era funesta.
Desde que estalló la Guerra Total, él casi no se había mantenido en Italia y de por sí ya eran pocos los viajes que hacía hacia la península. El carcelero le contó que había tenido suerte, los Camisas Negras no soltaban tan fácilmente a sus presas. Mussolini era estricto y no dejaría suelto a un enemigo de la patria.
Siguió vagando por las calles. Llegó al hotel donde se hospedaban y se dio una ducha fría. Ahora debía hallar una forma de sacarla antes que sea demasiado tarde. Hizo unas llamadas en clave hasta que le contestó una voz masculina.
-¿Aló?
-¡Gray, tienes que ayudarme!
Los minutos pasaron veloces en lo que Natsu intentaba explicarle la situación.
-¿Y quieres que te ayude a sacarla? (Gray gruñó, molesto)
-No, que me informes dónde y cuándo se la llevarán si es que la ejecutan
-Espérame un día
-¡Pero qué dices! ¡Un día es…!
La llamada había sido cortada.
ooOoozoeooOoo
-¿Y bien? ¿Confesarás?
Estaban en una situación incómoda. La repentina aparición de la inspectora había creado un clímax de desconcierto, esa perplejidad de la que no sabes qué contestar ante una autoridad, puesto que, no sabes si cada centímetro de tus movimientos pudo haber roto una ley.
Al menos así se sentían Molly y Merry.
Para Vash, la situación era más compleja. Había escapado de pura suerte de las llamas. Su traje de sol le imposibilitaba hacer sus movimientos más fluidos y, por lo demás, tenía bien ceñida la máscara así que ni se fijó que la llevaba puesta. De ahí que viese poco. Estaba repasando los acontecimientos cuando de pronto olió humo. No le tomó en cuenta al principio. Sólo repasaba cómo podría salvar a la señorita Lucy ante ese asesino sin despertar el pánico entre los invitados. Sospechaba que poco más tendrían que darle un disparo a la puerta y de ahí investigar por cada habitación hasta encontrarlos. La otra opción era derechamente saltar por el ventanal y correr como nunca por los balcones. Y con eso… que le dieran un buen sermón. El ventanal era gigante y costaría unos cuantos para repararlo… y en eso que buscaba una posibilidad, el humo se le hizo más insoportable. Para cuando salió de sus pensamientos, la habitación ya había sido tragada por el fuego y él estaba totalmente rodeado.
Y en esas condiciones… ya no le importaba romper el ventanal…
Penetró contra las llamas y saltó hacia su libertad.
Para cuando topó el fresco césped y la noche oscura lo refrescó se sintió aliviado. Tan aliviado que no se fijó que su traje se quemaba. Un guardia de la mansión se lo hizo notar y Vash corrió gritando en círculos hasta que otro guardia vino y lo apagó con una manguera.
Con esas condiciones, Vash llegó al hospital Rodenseti.
Ahora la inspectora lo enjauló y tenía pocas posibilidades de salir ileso. Intentó buscar las palabras:
-Señorita… (Erza hizo un gesto amenazador) ¡Digo inspectora Erza! ¿Cómo declararía con todo este público…? ¡No, no! No me refiero a las chicas, sino que a los pacientes
-Cuando se te hospitalizó se procuró que no tuvieses compañía
-Por eso había tantas patrullas de policía afuera y ningún paciente aquí…
Erza ignoró a Molly, sólo estaba enfrascada en su presa.
-Habla (Le ordenó al rubio)
-Bueno… eh… jeje, ¿qué quiere que le diga? Era un juego que teníamos con las chicas… yo tenía que decir "Yo era el guardaespaldas de la señorita Lucy" para que ellas se preparasen para cuando entrevistasen al verdadero guardaespaldas…
-Me estás haciendo perder la paciencia (Erza hurgó dentro de su chaquetón). Si no declaras ahora, avisaré a la embajada inglesa a cerca de un proscripto prófugo que está en mis dominios
Le lanzó recortes de diarios y una ficha de prófugo con todos sus datos.
Vash tragó saliva.
-¡Pero cómo sabes que soy yo! Puede ser mi hermano gemelo malvado perdido y que… ¡Ay!
La pelirroja hizo más presión con su Luger P08 en la frente del pistolero.
-No tenías ningún hermano en tus registros. Habla…
-Sssí, señora… ¡Digo inspectora! Eh… eh… ¿Por dónde quiere que hable?
-Sólo el caso Heartphilia, no me interesa lo que hiciste antes de llegar a Italia
-Está bien. Creo que podré confiar en ti, inspectora
Vash respiró profundo y comenzó:
"Llegué a Italia por medio de una carta. Había ido a un bar ese día cuando el mesero me la entregó. En aquella decía que debía estar en el Big Ben a la medianoche si no quería que se promulgase mi fuga. Fui y en él me encontré con el señor Heartphilia. Me dijo que viajaría en una semana más a Italia para que protegiese a su hija."
"Claro, yo lo hallé inusual. ¿Cómo un burgués me pedía proteger a su hija a sabiendas que yo era un proscripto? Respondiéndome, me dijo que era el mejor y que sabía que no lo traicionaría porque era un pacifista renombrado e iluso. Por lo demás, iba a estar protegido en las sombras por sus contactos. Mi pasado sería borrado una vez saliese de la isla anglo. O sea, desde un principio iba a marcharme pero por el lado difícil, por las fronteras de contrabando y esas cosas, pero con la propuesta me fue muchísimo más fácil salir. Ni hablar de mi sueldo que era más de lo que podía tener."
"Si quiere saber qué sucedía con mi trabajo, inspectora, sólo le puedo decir que la señorita Lucy nunca tuvo un contacto mayor conmigo más allá de su frialdad e indiferencia. Yo allí valía menos que un mueble para ella. Pero eso no aminoró mi guardia."
"El señor Heartphilia ideó una fiesta de baile para su hija pensando que así ella podría relajarse. Ahora sólo le quedaba su hija desde que asesinaron a su esposa y quería hacerla feliz. Me decía que no era el mejor padre pero intentaba serlo."
"Estaba consciente de que las amenazas aún seguían con la menor Heartphilia. Así que mi puesto nunca lo abandoné hasta el día de la fiesta. En él me vestí con un traje que me dejaron y procuré estar cerca de la señorita Lucy. Pero nunca preví a la máscara de Dragón…"
-¿Máscara de Dragón? (Le interrumpió Erza)
-Sí, un sujeto de máscara de Dragón
La inspectora le mostró las fotos de los peritos en el suceso del incendio. Y en una estaba…
-¡Sí! (Gritó Vash eufórico) ¡Esa era la máscara! ¿Ya lo atraparon? qué suerte… ¿Cómo está la señorita Lucy…? (Erza volvió a mostrarle su arma y le instó a que siguiera su relato) Oh… ¿dónde quedé? ¡Ah, sí!
"Aquel sujeto parecía un invitado normal, bailaba como todos los demás. Sin embargo, me parecía extraño que insistiese tanto para bailar con la señorita Lucy. Los separé a ambos. Al rato estaba otra vez ese sujeto sosteniéndola. La señorita parecía incómoda y pudo haber sido eso lo que la forzó a irse. Yo bailaba con una dama muy bonita y tuve que dejarla para ver qué ocurría. La señorita Lucy no me recibió como habría querido y antes que pudiéramos hablar más… una pistola cargó detrás de mí."
"Precavido le seguí el juego. Casi lo teníamos controlado con la señorita hasta que mostró un detonador. La señorita se sacrificó por todos y a mí me dejaron encerrado. Ella se fue con él y no supe más de ella."
-Eso es todo
-¿Estás seguro del detonador? ¡Por qué no lo informaste a la policía! (Erza estaba a punto de estallar hasta que recordó una cosa). En el incidente se encontró algo similar a un detonador… pero era una simple caja de juguete…
Vash abrió totalmente sus ojos.
Erza dio media vuelta.
-¡Inspectora! (Merry logró salir de su sorpresa) ¿Qué hará con Vash?
La interpelada los acribilló con la mirada y después añadió:
-Él sabe cuál es su crimen
ooOoozoeooOoo
Escucha bien, Natsu. No te lo volveré a repetir dos veces.
A las afueras de Nápoles, a los pies del volcán Vesubio, se encuentran unas ruinas romanas. Dentro de ellas busca a un perro y, a bajo tierra, se esconde una pequeña base militar. A juzgar por lo que me dijeron, sólo se utiliza para torturar y preparar los prisioneros con ciertas declaraciones antes de llevarlos a un juzgado en donde, como ya sabemos, dirán que son culpables.
De la Familia tenemos un contacto allí. La reconocerás por su cabello azul.
No quiero ser pesimista, Natsu. Pero espero que a tu chica no le laven el cerebro o quien sabe… el cuerpo.
Espero que salgas de esta.
Se vistió con su traje negro. Dejó dentro de su chaqueta una MAB 38, mientras que en su cinturón una M1911 y una Mauser C-96, y en su pierna un pequeño revólver. Y oculto entre sus ropas había un puñal. Se equipó con un par de granadas y de munición antes de desaparecer por la noche napolitana.
ooOoozoeooOoo
-¡Resguarden el área y cambien de personal de turno! Ya es de noche y quiero descansar de una vez
Juvia dio más órdenes antes de terminar su tarea.
-¡Sargento! ¿Qué hacemos con la nueva prisionera?
Un soldado de menor categoría se le pareció. Parecía entusiasmado.
-Hagan lo que quieran (Respondió), no me interesa qué es lo que hagan. Pero si los encuentro haciendo algo indebido… ya saben qué les sucederá
El soldado se fue echando improperios por lo bajo.
En cuanto a Juvia, se apoyó en su mano. Antes de ella había otro sargento que daba una completa libertad a sus subordinados. Ella impuso el orden y ahora todos la odiaban por eso. Aunque para ella eso fuese algo totalmente fútil, para los hombres parecía algo realmente necesario tener sexo con las prisioneras.
-Hombres (Rezongó antes de redactar su informe)
Cuando terminó, releyó todo y lo guardó en una carpeta. Se levantó y comenzó a hacer su ronda ante sus soldados. La gran mayoría estaba haciendo su papel bien. A algunos tuvo que castigarlos y sumergirlos en el agua para que enfriaran su calentura. Es cierto que no podía hacer gran cosa por los cautivos, pero podía dar un buen escarmiento a sus rebeldes soldados.
Después de todos estos castigos, fue conocida como la Mujer Lluvia.
Ahora, esta endemoniada mujer que antes todos era fría y estricta, tenía una misión por hacer e intentaba hacer su rutina lo más normal posible.
Llegó ante un cabo adormilado. Le gritó y reclamó que se fuera a buscar un reemplazo si quería quedarse dormido.
Estaba sola ahora. Dejó un pequeño sobre oculto entre las páginas de una novela que leía el cabo y se fue, haciendo una pequeña sonrisa y cerrando la puerta.
"El señor Gray amará a Juvia después de esto" pensó ilusionada.
ooOoozoeooOoo
De todas las ruinas que encontró, pensó que la que alguna vez sepultó el Vesubio sería la correcta. Penetró en la antigua Pompeya, caminando por las cenizas de lo que alguna vez fue un gran pueblo. Mientras que la luna oscura se inmiscuía con su oscuridad, Natsu buscó sin mucho éxito a un perro correteando por allí. Las calles se alargaban con cada paso que daba, apareciendo de la nada estatuas de faunos, Príapo, ninfas y otras criaturas grecorromanas.
Llegó a un punto que la inquietud lo consumió.
Descartó la idea de un perro vivo y se enfrascó en las esculturas y pinturas. Y así, dentro de una fachada modesta con bellos ornamentos, halló lo que buscaba. La casa tenía dos mostradores de los cuales uno tenía enfrascados la frase Cave Canem con un perro negro sujeto con una cadena en un bello mosaico.
Victorioso, intentó abrir la puerta en vano. Esta estaba cerrada desde el interior. Sacó unos alambres y los usó como ganzúas. Cuando escuchó que se abría, la movió suavemente hasta dejar un pequeño espacio para que pudiera pasar. La cerró sutil y se internó por la oscuridad.
Se guiaba sólo por la luz de las estrellas y caminaba despacio, apretándose bien a las paredes. Chocó contra algo duro y áspero. Rápidamente asimiló que era una pared en perpendicular por lo que concluyó que el camino terminaba allí. La base era bajo tierra así que buscó algo que pudiese conducirlo. Pero la habitación no aportaba otro resquicio que una diminuta oficina de la antigüedad. Palpó las ventanas, los suelos, cada cosa extraña que le podría parecer. Pero nada, aquella habitación estaba tan pulida que había nada que lo ayudase.
Dio un golpe irritado en escritorio, haciendo que este saltase y que botase una estatuilla de Apolo. Alargó sus manos para agarrarlo en el aire, no obstante, la gravedad fue más rápida, haciendo que la estatuilla hiciese un sonido seco.
Extrañado por esta contrariedad, se arrodilló en el piso y dio golpecitos en la piedra. Notó que el sonido era distinto. Apartó el escritorio y vio unas rendijas que conformaban un cuadro. Siguió palpando hasta tocar una especie de anillo. Lo jaló y una puerta trampilla sucumbió ante su fuerza.
-Te encontré
Sonrió antes de internarse en él.
