¡Lamento la tardanza! Fue toda una odisea terminar este cap. Sé que me retrasé dos semanas enteras, pero es que mi inspiración (y Sting) estaban en huelga. En fin, disfruten del capítulo.


Pereza

Estaba aburrido. Extremadamente aburrido. Habían pasado 3 meses desde aquél incidente en Los grandes juegos mágicos, ese proyecto Eclipse que tenía como objetivo viajar en el tiempo para… lo que sea, viajes en el tiempo, qué absurdo. No había nada en el pasado para ellos. En fin, de nada servía pensar en lo que pasó hace tanto, ahora estaba ahí, con Lector, Rogue y Frosch, intentando crear un nuevo futuro.

Qué ridículo sonaba aquello, estar durante dos meses en ese gremio le estaba afectando la cabeza, cada vez se parecía más a esas hadas llenas de sentimentalismos. Desde su ingreso, casi forzoso y con trampas, a Fairy Tail, no había tenido misiones interesantes que representaran un reto para su fuerza, se estaba oxidando. Además, sus… camaradas, que raro sonaba eso… se la pasaban haciendo escándalo y destrozadero de cosas por todo el lugar. No le molestaba, era su propiedad después de todo y podían hacer con ella lo que quisieran, Sting había participado en ese desastre en más de una ocasión, pero no dejaba de sentirse extraño, eso no pasaba en Sabertooth.

A su lado, Rogue parecía tener alguna especie de debate mental, porque no prestaba atención alguna al alboroto que ocurría a su alrededor. Eso le daba una excelente idea.

— Rogue —lo llamó y éste sólo lo miró fugazmente para darle a entender que lo escuchaba—. ¿Cómo te va con Yukino?

El pelinegro le lanzó una mirada de reproche y el rubio únicamente sonrió con autosuficiencia. Le encantaban esas sutiles reacciones que podía obtener ocasionalmente de su compañero con alguno de sus comentarios, sobretodo esas miradas de inconformidad o molestia cuando lo testeaba con la maga peliblanca.

— Hace mucho que no viene a visitarte —volvió a hablar con tono de burla—. ¿Se pelearon o algo?

Tuvo que reprimir la carcajada que le provocó aquél destello de disgusto en su compañero, a veces jugar de esa forma con Rogue era como dejar caer una gota de colorante en veinte litros de agua, con suerte podría captar el suave tono hacer figurillas un par de segundos antes de desaparecer por completo en el inquebrantable estoicismo del líquido.

— Ah, ¿será que estás tan callado porque te sientes solo?

El dragonslayer de sombra lo miró fijamente, con una a penas evidente molestia por las insinuaciones, pero después de unos minutos de intensiva contemplación volvió a su común imperturbabilidad para contestar por primera vez.

— No sé de qué hablas.

Y aquí era donde el agua volvía a su estado de estabilidad permanente. Pero Sting no se quedaría conforme con eso, debía obtener algo más.

— Ya que hoy no tenemos nada qué hacer, ¿aprovecharás para visitarla?

Aunque él creyó que esa provocación había sido suficiente para obtener una mirada fulminante, el pelinegro se limitó a mirarlo pasivamente y, con un suspiro indescifrable, contestó.

—Sting, no me hagas tu fuente de entretenimiento.

Demonios. Aborrecía infinitamente esa capacidad que tenía Rogue para saber lo que pasaba por su mente con un par de miradas.

— Aguafiestas —murmuró inclinándose sobre la mesa para descansar su cuerpo.

Ahora que no podía obtener reacciones por parte del otro dragonslayer, no tenía nada con qué divertirse, o entretenerse, o distraerse, o lo que sea. Y no tenía nada de ganas de ir a alguna misión para matar el tiempo, no necesitaba el dinero, no gozaba de los viajes en tren y las misiones locales eran siempre tan aburridas. Sencillamente no tenía ganas de nada.

— ¿A ti cómo te va con Lucy-san? —lo sorprendió la voz de Rogue.

Sting volteó lentamente a dónde estaba el pelinegro, entrecerró los ojos y lo fulminó con la esperanza de reducirlo a cenizas en cuestión de segundos o de provocarle un inesperado infarto. Pero nada de eso pasó. El pelinegro sonreía casi imperceptiblemente, probablemente contenía las ganas de reírse de la expresión del rubio en esos momentos, ¡pero ahí estaba! Podía ver la comisura de sus labios ligeramente curvada. Ese bastardo.

El dragonslayer blanco se levantó de su asiento lo más dignamente que pudo y se alejó de ahí, totalmente consciente de la mirada llena de diversión en el rostro de aquél amigo que había dejado en la mesa de la esquina. Rogue no era idiota, sabía perfectamente desde dónde atacarle y resultaba exitoso cada que lo hacía, el muy maldito…

Sting Eucliffe y Lucy Heartfilia. Lucy H. de Eucliffe. Lucy Eucliffe. Seth Eucliffe H. No, no sonaba lindo de ninguna manera. Además, aunque la maga celestial era bonita y le llamaba un poco la atención, un poco, en realidad casi nada, no tenían nada en común, no se hablaban, ni siquiera se caían del todo bien. También era una mujer débil. Cierto, era amable, inteligente y sensata, pero de nada servía todo eso cuando se convertía en… Y hablando de la pequeña hada, ahí estaba ella en la barra.

Eso le dio otra excelente idea.

— ¡Hey, sexy! —la saludó mientras se acercaba al asiento de al lado.

La chica volteó a verlo sonrojada y molesta por el apodo, él adoraba las protestas de la chica cuando la llamaba así. Era como un conejillo enfurruñado, con el ceño fruncido adorablemente; si la chica quería verse amenazante, lo estaba haciendo fatal.

— Tomaré un Blackberry —le ordenó a la albina encargada de la barra, quien se retiró a regañadientes para cumplir con la petición— ¿Y cómo te va con el carboncito? ¿Algún avance?

Sí, Sting no podía evitar testear a la maga con esas insinuaciones porque le encantaba ver el sonrojo en esas mejillas ante la mención de la inexistente relación con Natsu.

— Deja de llamarlo así —lo miró con reproche y las mejillas rosadas mientras sostenía más fuerte su bebida—. Y sabes que Natsu y yo somos amigos, no hay nada más.

Mirajane regresó con la bebida y se la entregó, sonriendo ampliamente como siempre lo hacía.

— Pero te encantaría que lo hubiera, admítelo —sonrió como sólo él sabía hacerlo.

La chica se enfadó más y su sonrojo creció. Ah, cómo adoraba el apacible aroma de una victoria segura. Sólo por ello merecía un brindis. Tomó la bebida para deleitarse con el dulce sabor de las moras y escupió todo en la cara de la rubia. ¡Eso no era un Blackberry! Fulminó a la bar tender.

— Oops —se tapó la sonrisa traviesa con los dedos—, creo que me equivoqué y te di un Fernet concentrado, este es tu Blackberry —y le entregó otra bebida.

—Tú… —se escuchó amenazante la voz de la rubia y él temió por su vida—. ¡Me escupiste… Stink!

Y sin más avisos, la maga celestial salió del edificio con rumbo desconocido. Él se limitó a mirar inquisitivamente a la otra maga, quién solamente se alejó sonriente y feliz de la vida. Tenía la leve sospecha de que a Mira no le caía del todo bien.

¡Un Fernet! La lengua del rubio aún estaba bañada en el amargo sabor de aquella asquerosa bebida aún después de haber terminado con su Blackberry.

— ¿Y cómo te fue en tu intento de conquista? —comentó Rogue cuando lo vio acercarse de nuevo a la mesa.

— Cállate —siseó.

Aunque no había sido ningún intento de conquista o similar, todo había sido un enorme fiasco.

— Andando —ordenó—, iremos en una misión.

— Tenemos suficientes jewels —dijo el pelinegro, no obstante de igual manera se levantó del asiento.

— No importa —insistió y caminó hacia la mampara con los carteles de misiones.

No le interesó siquiera verlas o analizarlas, siempre eran el mismo tipo de misiones aburridas que se hacían en menos de medio día, así que tomó la primera que estuvo al alcance de su mano.

— Deberías leerla antes —le advirtió Rogue.

— A quién le importa, es sólo una estúpida misión.

Estaba enfadado. Y aburrido. Necesitaba cualquier cosa para entretenerse, podía soportar cualquier misión aburrida con tal de salir de ahí y patear algunos traseros. Pero igualmente leyó.

"El preescolar Sunshine solicita magos dispuestos a compartir una tarde de recreación con los niños del lugar.

Recompensa: 15.000 jewels"

— Esto es una broma —susurró incrédulo.

— Te lo dije.

Hace mucho que los dioses no se ensañaban con él de esa manera. Oficialmente este día apestaba.

— Bien, tomaré otra.

— ¡No puedes! —interrumpió Mirajane repentinamente.

¿De dónde demonios había salido?

— Una vez que tomas una misión del tablero, tienes que efectuarla —dijo la albina con una radiante sonrisa.

Ahora estaba completamente seguro de que Mirajane lo odiaba. O los dioses, que en este punto venía siendo lo mismo.

— ¡Estás loca! —bramó no tan furiosamente como le hubiera gustado—. No voy a realizar esta estúpida misión.

— Son las reglas —contestó sin sentirse amenazada por el tono de voz, con esa sonrisa encantadora que parecía estar pegada permanentemente en su rostro—, no puedes ir contra las reglas, Sting-kun.

Y sin advertencias tomó la solicitud, la selló y se las devolvió para después marcharse a atender la barra nuevamente.

— ¿Iremos a jugar con niños? —preguntó inocentemente Frosch.

— Supongo que no hay opción —soltó Rogue monótonamente.

— No pienso hacer una misión tan absurda —se quejó el rubio.

¿Cómo esperaban que tratara con niños? No, claro que no lo haría. Tenía algo mejor en mente.

— ¿A dónde vas? —lo detuvo su compañero cuando lo vio dirigirse a la salida.

— Tengo cosas que hacer —contestó simplemente y salió de ahí, siguiendo un aroma que reconocía a la perfección.

Rogue sabría apañárselas solo, ahora él tenía que hacer cosas más importantes… como divertirse. Ya lidiaría con la ira de su compañero después.

.

Cuando llegó a su destino, un gran edificio de alquiler frente al canal principal del pueblo, no se molestó en tener algunos modales, entró directamente por la zona de más fácil acceso: la ventana.

— ¡Sexy! —llamó, pero no obtuvo respuesta.

Raro, él podía captar perfectamente ese aroma dulzón en el cuarto, así que sabía perfectamente que no se había equivocado de ventana. Instantes después, el suave olor a lavanda le dio una pista de dónde se encontraba la rubia, después de todo, había sido bañada en una asquerosa mezcla de fernet y saliva.

Actualmente tenía dos opciones, irrumpir en el baño para conmocionarla y arriesgarse a recibir una de las famosas patadas asesinas, o simple y llanamente esperarla y darle una grata sorpresa con su presencia, lo que seguramente le haría obtener otra de sus patadas, pero menos dolorosa. Cualquiera de las opciones sonaba viable, hasta que se recostó en la cama para pensar y… Joder, sí que se estaba cómodo en ese mullido colchón. A la fregada con todo lo demás, no se levantaría de ahí nunca más.

Escuchó pasos aproximándose, pero no hizo amago de levantarse, estaba lo suficientemente cómodo para desatenderse de cualquier otra cosa; inmediatamente sintió otra presencia en la habitación y miró a la chica a medio vestir, ¡que hermoso encaje veía!, secándose el cabello con los ojos cerrados, totalmente abstraída en su propio mundo al grado de no percatarse de su presencia; la fragancia de su shampoo se esparció por el lugar, haciendo que Sting hiciese una mueca, porque prefería la fragancia natural de la maga. Luego que la chica secó su cabello se puso la única prenda que le faltaba, unos shorts cortos, y fue sólo hasta entonces que volteó hacia la cama y descubrió a su inesperado invitado.

— ¡¿Qué rayos haces aquí?! —Gritó con un tono carmesí en sus mejillas creciendo rápidamente— ¡¿Desde cuándo estás aquí, mirón?!

— No grites —contestó fingiendo hastío, aún cuando le divertía la cara sonrojada de la rubia—, escuché del carboncito que cuando se está aburrido lo mejor es visitarte.

Ella hizo una mueca de disgusto ante sus palabras, puso las manos en sus caderas y quiso decir algo, pero Sting no la dejó.

— No sé que tenga de divertido estar aquí, a menos que tengas algún truco especial para mantenerlo entretenido —sonrió burlón—, ¿eh, sexy?

Probablemente recibiría un par de golpes, no importaba, en realidad si se estaba divirtiendo con la cara sumamente sonrojada de Lucy al escuchar la indirecta.

— ¡Quítate de mi cama, pervertido! —Gritó apuntando acusadoramente al dragonslayer—. ¡Y deja de llamarme así, Stink!

— Tú deja de llamarme así —contraatacó un poco molesto—. Y no me quitaré.

La maga se acercó a él para golpearlo o algo, sin embargo se detuvo a medio camino y pareció pensar en alguna otra solución más efectiva, aún con el ceño fruncido adorablemente.

— Hey —él llamó su atención y colocó sus manos detrás de la nuca para estar más cómodo—, en serio, ¿qué hacen el carboncito y tú? Él parecía bastante feliz al decir que se divertía aquí.

— Deja de decirle así —se quejó—, además no te importa—murmuró.

— Bien, pero el aroma del algodón de azúcar se mezcla con el tuyo por toda esta cama.

La sangre no tardó en acumularse en las mejillas de la chica y comprendió que ahí había algo más que simple incomodidad ante una posible insinuación. ¿Quizá un hecho?

— ¡Te atrapé! —la señaló delatoramente—. Así que sí lo entretienes de esa forma —y sonrió ampliamente cuando el nerviosismo se apoderó de ella.

— ¡Te equivocas! —Intentó explicarse, quizá demasiado rápido para el propio bien de su credibilidad—. ¡Él siempre se la pasa metiéndose a mi cama sin permiso!

— Claro —rió totalmente incrédulo.

— ¡Es verdad! Justo como tú lo estás haciendo, pero no quiero que mi cama apeste a ti, Stink, ¡así que quítate!

— No lo haré, intenta sacarme.

Y dicho y hecho, él no se movió, sencillamente cerró sus ojos y esperó pacientemente a que ella intentara hacer algo. No esperó demasiado para sentir sus pequeñas manos agarrando su brazo y jalándolo, sin éxito alguno, por supuesto; lo intentó varias veces, jalaba, maldecía en voz baja, lo empujaba débilmente hacia el otro lado mientras él reía internamente de sus fútiles intentos, descansaba un corto periodo de tiempo y volvía a jalar. Ahora estaban por la cuarta ronda, Lucy jalaba con todas sus fuerzas, pobre chica, a penas era capaz de moverlo un par de centímetros, simplemente no podía con el peso de un hombre de la talla de Sting. Y entonces sintió un fuerte dolor en su nuca que se recorrió hacia la espalda y lo forzó a abrir los ojos, íntegramente sorprendido.

— ¿Qué demonios te pasa, mujer? —bramó.

Desde el suelo observó a Lucy con los brazos cruzados, mirándolo directamente y con una expresión que orgullosamente decía "Lo logré"; después la rubia se echó a reír por la cara de perplejidad que seguramente tenía y él sonrió reconociendo su pequeña victoria.

En algún punto de aquél juego sin sentido se habían liberado de la tensión y ahora podían relajarse en la presencia del otro. O al menos eso creyó él, porque la maga celestial le sonreía amablemente como en pocas ocasiones lo había hecho, quizá era tan huraña con él porque siempre se la pasaba haciendo comentarios burlescos sobre sus amigos, principalmente Natsu.

En fin, eso ya no tenía ninguna importancia; se levantó del suelo aún sonriendo, sacudió el polvo imaginario de sus ropas, miró a la maga con un semblante travieso y, antes que ella pudiera reaccionar a lo que él hacía, volvió a tirarse en la cama. ¡Porque era condenadamente cómoda!

— ¡No es justo! —se quejó ella pateando el suelo.

— La vida no es justa, sexy —pronunció seductoramente la ultima palabra sólo para hacerla sonrojar, pero el tono pasó totalmente desapercibido por ella.

No le gustaba que lo ignorara, aunque hubiese sido accidentalmente, así que se le antojó aprovechar la cercanía de la rubia para tomarla de la muñeca y arrojarla con él al colchón, la abrazó brevemente para amortiguarle el golpe y el peso lo jaló a él también, quedando sobre la confusa muchacha que no esperaba el movimiento, pero inmediatamente se dejó caer a su lado indiferente de la situación.

Permanecieron así unos minutos, en los que ella a penas se movió por temor a hacer un contacto más íntimo, de hecho él se atrevería a pensar que por la misma razón no se aventuraba a salir de la cama, tenía que pasar sobre él y no había manera en que lo hiciera sin rozarlo. Le gustaba la sensación del suave colchón bajo su espalda y el calor de otro cuerpo al lado suyo, Lector no contaba, era demasiado pequeño para brindarle calor por las noches; le agradaba sobremanera el sonido relajante de otra respiración acompasando a la suya, el peso extra en la cama que inclinaba ligeramente su cuerpo hacia el de la otra persona y el aroma de ambas esencias mezclándose, haciendo figuras bicolores y unificándose hasta hacer un tono totalmente nuevo.

— Comienzo a entender por qué a Natsu le gusta este lugar —comentó sin pensarlo realmente.

Lucy lo miró fijamente y él se sintió soberanamente estúpido por hablar en voz alta.

— ¡La cama es fenomenal!—dijo para intentar salvar su orgullo—. Podría quedarme en ella todo el día… y creo que lo haré.

Esperó alguna protesta de la chica a su lado, pero ninguna llegó; pasaron más tiempo así, hasta que ella comenzó a moverse en busca de una posición más grata, aunque la cama era lo suficientemente grande para dos personas, no permitía una libertad de movimiento como el que necesitaban dos "desconocidos" compartiéndola, por lo que a cada movimiento terminaba por rozar accidentalmente al dragonslayer. No le molestaba, estaba demasiado a gusto para moverse y dejarle más espacio, o para reclamar algo; en realidad estaba demasiado a gusto para hacer cualquier cosa, sólo quería quedarse ahí indefinidamente y disfrutar del placer que esa situación le otorgaba.

Tenía pereza, ¿y qué? Una vez en la vida no hacía daño. Con un inmenso regodeo embargándolo, cayó rendido ante el sopor del ambiente y durmió.

No supo cuánto tiempo soñó con un Rogue vistiendo un hilarante traje de grano de café mientras amenazaba con arrebatarle todo lo que Sting amaba en la vida por decirle "emo", pero estaba increíblemente feliz de estar despierto. Cuando intentó moverse descubrió que sostenía algo entre sus brazos y al abrazarlo un poco más fuerte la sensación agradable pero desconcertante le dejó en claro que lo que sea que estaba sosteniendo era sin duda más pequeño, frágil y suave que lo que él quería; el dragonslayer esperaba que no fuese lo que estaba pensando o tendría graves problemas. Para su fortuna, al bajar la mirada únicamente vio una almohada apretujada contra su pecho, ¡se había salvado! Pero ahora quería saber dónde se había metido aquella rubia. Pensó en levantarse y buscarla, pero no se le antojó moverse, mejor esperaría a que apareciera sola, después de todo era su casa, su habitación y su cama.

— ¡Sexy! —hizo el intento, era todo lo que iba a hacer.

Desde otra habitación escuchó un respingo acompañado de un "jódete, Stink"; por el aroma que alcanzaba a captar, podía decir que estaba en la cocina preparando algo, algo con carne, pimienta, sal, laurel, cebolla y mantequilla.

— Huele delicioso —comentó alzando la voz para que pudiera escucharlo—, ¿Qué es?

— ¿Qué importa? —contestó—. Sólo ven a comer.

— No, mejor tráelo acá —no planeaba levantarse de esa cama.

— Muere de hambre entonces, no quiero que ensucies mis sábanas.

Claro que tenía hambre, pero no se movería de ahí porque estaba demasiado cómodo. Trató de pensar en algo para persuadirla amablemente de hacer lo que él quería y no se le ocurría nada hasta que en un rincón de la cama encontró algo que llamó su atención a la par que le daba una excelente idea.

— Si no traes la comida a la cama, le diré a todos en el gremio sobre la bellísima lencería de encaje negro que estás usando.

Lucy se quedó petrificada ante la amenaza, o eso parecía porque él no escuchó ningún ruido desde el comedor.

— Tengo un lindo ejemplar blanco justo aquí —dijo jugueteando con las bragas que acababa de encontrar instantes atrás.

Antes de que pudiese reaccionar, un puño se clavó en su cara y lo hundió de lleno en el colchón. Quien haya dicho que la maga es débil, es porque nunca recibió uno de sus puñetazos, seguro.

— ¿Qué haces con mi ropa interior, pervertido? —le gritó arrebatándole la prenda.

— ¡Estaba en la cama! No es como si quisiera tener tu ropa interior.

Con una mueca de disgusto y un movimiento brusco, Lucy le entregó el plato de comida y se sentó en la orilla de la cama. Los dos comieron silenciosamente, la comida era deliciosa, sí, pero no lo admitiría, prefería disfrutarla silenciosamente; cuando ambos acabaron, Sting volvió a acostarse no mucho antes de que la maga comenzara a golpearlo donde podía para hacerlo levantarse de nuevo.

— Anda, levántate. Vamos al gremio.

— No quiero, vete sola. Además está a punto de anochecer.

— No te dejaré estar aquí mientras no estoy, quién sabe qué cosas sucias puedas hacer mientras no te veo. Y con más razón, ¡no me quedaré contigo a solas en la noche!

— Que escandalosa —murmuró contra la almohada—, bien, igual tengo que ver cómo le fue a Rogue con la misión.

.

El dragonslayer blanco nunca llegó al gremio nuevamente, sabía que no encontraría ahí a quien buscaba ahora, Rogue era de los que preferían salir a caminar en vez de quedarse a escuchar el alboroto, sólo se quedaba si él estaba acompañándolo. No le tomó demasiado tiempo encontrarse con su compañero en una pequeña colina que daba vista a la parte oeste del pueblo, Frosch y Lector lo acompañaban cerca de una gran roca que servía como asiento. El pelinegro no se molestó en mirarlo, aunque él sabía perfectamente que lo había sentido acercarse desde varios metros atrás, probablemente estaba enojado por encargarle toda la misión.

El rubio se colocó a su lado, mirando fijamente el horizonte, quería hacerle esa pregunta, había pensado sobre eso los días anteriores, pero siempre terminaba distraído por alguna otra cosa: Lucy. Todo eso era tan diferente que debía cerciorarse de lo que tendría que hacer después.

— Rogue —lo llamó—. A ti te gusta este gremio, ¿cierto?

El dragonslayer de sombra lo miró interrogante, sin una respuesta concreta; Sting le sostuvo la mirada, sin ningún tipo de burla o presunción, únicamente esperando una respuesta, aunque ya la conocía de antemano. Ah, por supuesto que la conocía, bastante bien además, pero tenía que escucharlo.

Rogue permaneció en completo silencio, con su mirada clavada en los ojos azules del rubio, intentando descubrir algún tipo de trampa en la pregunta o el motivo de tan extraña cuestión, pero al parecer no encontró nada que le impidiera responder y se dispuso a hablar francamente como era su costumbre.

— Sí —comenzó con un leve asentimiento—, me gusta.

Sí, Sting sabía eso, sabía que Rogue estaba a gusto en ese lugar donde no debía preocuparse por las apariencias, sabía que él deseaba permanecer al lado de personas como aquellos extravagantes magos porque se cuidaban unos a otros y podían confiar plenamente entre si y eso a Rogue le gustaba, pero también sabía que si por alguna razón el rubio decía que se iba del gremio, el pelinegro lo seguiría, porque ellos eran el dúo dragón y, aunque ninguno quisiera reconocerlo en voz alta, no podían estar el uno sin el otro.

— Entonces no tengo otra opción —comentó fingiendo resignación.

Quizá no fuera tan aburrido pasar su días en Fairy Tail, tenía a esa maga celestial para pasar el rato, tenía a su compañero para platicar cuando él lo deseara; quizá esa decisión había sido la mejor después de todo.

— Admítelo, no puedes vivir sin mí...

Le tomó un par de segundos procesar las palabras del otro dragonslayer... ¡A la mierda con el dúo dragón! ¡Iba a matar a Rogue!

Y así, con los residuos de un atardecer tras su espalda, un sentimiento de libertad apoderándose de su cuerpo y una alegría que se esparcía como llamas devorando todo a su paso, Sting alcanzó a Rogue, quien sonreía divertido ante su intento de golpearlo sorpresivamente; entonces ambos se permitieron actuar sin fachadas, decidiendo que su futuro estaba ahí. En Fairy Tail.


Notas aclaratorias:

Si quieren saber por qué Mira tiene esa actitud hacia Sting, les recomiendo leer el especial de Broken Inside, escrito por Alinekiryuu ;)

Para los que no estén familiarizados con el inglés, Lucy realiza un juego de palabras con el nombre de Sting y la palabra Stink, que suena casi igual y significa "apestoso" "inútil" o "corrupto" dependiendo del contexto. En este caso Lucy aplica los primeros dos.

Para más información sobre el sueño que tiene Sting sobre Rogue vestido de grano de café amenazándolo y tal, lean el one-shot de Cafeína, escrito por Alinekiryuu.

Sí, esto es publicidad descarada. xD

Respuestas a los reviews de invitados:

Kanakochan01: Tu drabble lo subiré en unas horas junto a los demás. Me alegra que el cap te haya gustado. ^^

Mimitaz: ¡Gracias! Espero que disfrutes los siguientes shots y también espero aportar muchos fics para esta pareja y otras más que necesitan apoyo en español. ;)

byeon the fist: Muchas gracias, espero disfrutes de los demás :).

¡Los drabbles ya están listos para ser publicados! Los podrán encontrar disponibles en unas horas desde mi perfil o en las notas finales de mi próxima publicación: Taciturno, un especial de Halloween, ¡Zercy en toda su gloria!

Estaré contestando reviews por mp, no crean que me olvido de eso ^^

Por favor, socorre a esta humilde autora con un comentario, tú haces posible esta historia.

V

V

V

¡Éxito!