Capítulo 3
DAISUKE iba a pasar la noche con Tenten. Sakura volvió nerviosa a La Hacienda a esperar la llegada de Sasuke. Nada más entrar se vio reflejada en el espejo del vestíbulo. De pronto deseó tener más dinero y haberse comprado un vestido de noche. Llevaba un viejo vestido marrón, ligeramente ancho en las caderas, que le quedaba por debajo de las rodillas. El escote, diseñado especialmente para disimular la escasez de sus pechos, estaba pasado de moda. Estaba más cómoda con pantalones, nunca había tenido demasiado tino a la hora de elegir un vestuario que le sentara bien y disimulara su menuda figura.
Al fondo del armario seguía colgado el vestido verde de noche, el que Ino le había regalado tres años antes con zapatos y bolso a juego. Ino había dejado de ser su amiga, y ella no había vuelto a mirar el vestido desde el viaje a Venecia. No. necesitaba recordar aquella explosiva noche de pasión en brazos de un extraño. No obstante nunca se había sentido capaz de deshacerse del vestido que, milagrosamente, le había hecho creer por una noche en la ilusión de su belleza.
El timbre de la puerta sonó rasgando el silencio y despertando a Sakura de un pasado aún doloroso. Abrió la pesada puerta y se quedó boquiabierta. Sasuke llevaba una elegante chaqueta de etiqueta. Era increíble porque no se había atrevido a preguntarle si tenía alguna. Y sin embargo estaba allí, orgulloso y confiado, con una mano en el bolsillo. Su aspecto era tan sofisticado y atractivo que Sakura sintió que se le cortaba el aliento.
- ¡Dios, pero si has alquilado un traje! - musitó. - ¿Crees que voy demasiado bien vestido? - No, no, claro que no - respondió Sakura ruborizándose, comprendiendo que él la examinaba. De pronto se fijó en el Porsche aparcado junto al viejo Land Rover -. ¿De dónde diablos has sacado ese coche?
- Es de alquiler.
Sakura sacudió la cabeza. Era una locura aparecer con ese coche y fingir una situación financiera imposible. Tayuya les haría miles de preguntas y descubriría la verdad en un abrir y cerrar de ojos. Y entonces Sasuke, que evidentemente había alquilado el coche en beneficio suyo, cosa que no podía dejar de emocionaría, acabaría por molestarse.
- Me encantaría ir en el Porsche, pero creo que es más inteligente que vayamos en el Land Rover - comentó desilusionada.
- Dio mío... estás de guasa, ¿verdad? - inquirió Sasuke incrédulo -. ¡Pero si es un trasto!
Sakura abrió la puerta del Land Rover.
- Sé de qué estoy hablando, Sasuke - advirtió Sakura -. Si aparecemos con el Porsche mi madrastra lo interpretará todo al revés y creerá que estás podrido de dinero. Y si mentimos acabaremos mal. Hay que mezclarse con la gente, no llamar la atención e instigar el chismorreo. Y ese coche debe de valer al menos treinta mil...
- Setenta mil...
- ¿Setenta mil libras? - lo interrumpió Sakura incrédula. - Y pico - añadió Sasuke.
- ¡Ojalá tuviera yo un amigo dispuesto a prestarme un coche como ese! Aparcaremos lejos - prometió Sakura mirando el reloj y subiendo al asiento del conductor -. Te dejaría conducir, pero este coche es muy particular.
- Esto es ridículo - objetó Sasuke sentándose reacio al lado de ella.
Sakura miró de reojo su perfil y decidió que cuando se enfadaba resultaba más humano. Porque definitivamente estaba enfadado, cosa que no le importaba. Era solo una cuestión de Porsches y egos masculinos. Hasta ella era capaz de comprenderlo.
- Créeme, bastante revuelo vas a causar ya esta noche. Tienes muy buen aspecto...
- ¿En serio? - inquirió Sasuke con sencillez.
- ¡Oh, vamos, déjate de falsa modestia! Apuesto a que eres todo un conquistador.
- Eres muy franca.
- Pero si parece que vienes de rodar una película. ¿Crees que podrás fingir que estás interesado por mí? No... no, no contestes - añadió Sakura riendo cohibida -. Te aseguro que no hay nadie, más suspicaz que Tayuya o Karin, y desde luego no esperan a alguien como tú.
- ¿Pues qué esperan?
- Un tipo cualquiera, alguien aburrido que trabaje en un banco.
- ¿Y de dónde te has sacado la idea de que la gente que trabaja en los bancos es aburrida?
- El banquero que me atiende a mí podría aburrir a toda Gran Bretaña. Cada vez que entro en su oficina actúa como si fuera a robarle. Es un pesimista. Cuando me dice cuánto dinero les debo me lee hasta el último penique...
- ¿Debes dinero?
- No es tan terrible como parece. Cuando nos casemos le daré una buena noticia... al menos eso espero que piense, necesito que me de un poco de rienda suelta - contestó Sakura mirándolo de reojo -. No te preocupes, si ocurre lo peor siempre puedo vender algo. He hecho un trato contigo, no te voy a fallar.
- Estoy impresionado. Cuéntame, ¿has pensado ya en alguna historia que sirva de tapadera para esta noche? - inquirió Sasuke satírico.
- ¿Tapadera?
- Dónde y cómo nos conocimos, etc...
- Por supuesto - respondió Sakura sorprendida -. Diremos que nos conocimos en Londres. Yo llevo un año sin ir por allí, pero ellos no lo saben. Quiero darles la impresión de que fue uno de esos romances repentinos, así cuando nos divorciemos nadie se extrañará.
- Veo que llevas anillo.
- Es prestado, igual que el Porsche. No podemos fingir un compromiso sin anillo.
- ¿Y no crees que deberías de contarme unos cuantos detalles sobre tu familia? Yo solo tengo una hermana pequeña - reveló Sasuke -. Es estudiante.
- Ah... sí. Mi madrastra, Tayuya, se casó primero con un hombre de negocios muy rico que tenía un pie en la tumba. Tuvieron una hija, Karin, que es modelo - comenzó Sakura, a decir -. Tayuya se casó después con mi padre por su posición social. Mi padre solo deseaba tener un hijo. Papá siempre andaba mal de dinero, pero Tayuya y Karin sabían cómo exprimir un limón seco. Él fue extremadamente generoso con ellas... y esa es una de las razones por las que la propiedad se encuentra ahora en semejante estado financiero... Yo heredé la casa con hipoteca y todo.
- Buen resumen - comentó Sasuke.
- Tayuya y Karin son unas esnobs. Pasan el verano en Truro y el resto del año en Londres. A Tayuya no le gusto; a ella le encanta celebrar fiestas, y siempre tiene muy presente el qué dirán.
- ¿Y tú no?
- ¡Por Dios, no! No podría permitirme el lujo siendo madre soltera.
- Creo que al menos debería de saber el nombre del padre, ¿no crees? - recalcó Sasuke.
El silencio que se hizo entonces en el coche estaba cargado de electricidad. Sakura aceleró y se aferró al volante.
- En ese punto me temo que no voy a satisfacer nunca la curiosidad de nadie - respondió tensa.
Tras esas palabras los dos permanecieron en silencio el resto del camino. Sakura aparcó el vehículo a cierta distancia de la casa de su madrastra.
- Me parece que va a haber más gente de la que esperaba a juzgar por los coches aparcados. Si alguien te hace demasiadas preguntas finge que no dominas el inglés - advirtió ella nerviosa.
- Creo que me manejaré bien - la tranquilizó Sasuke poniendo una mano sobre su espalda.
Bajo la fina tela de su vestido Sakura sintió que temblaba. Él inclinó su cabeza morena hasta ponerse a su nivel y ella inhaló una débil fragancia a limón. Entonces, respirando apenas, los ojos de Sakura se encontraron con una mirada brillante y negra que la sobresaltó y la hizo estremecerse.
- Per meraviglia... - respiró Sasuke impaciente -. ¿Podrías tratar de sonreír fingiendo que estás contenta? Y deja de encogerte de hombros de ese modo. ¡Camina con la espalda recta!
Sakura, ruborizada, hubiera respondido de no haber abierto la puerta entonces el ama de llaves de Tayuya.
Hicieron una gran entrada. Tayuya y Karin estaban en el vestíbulo charlando con un grupo de gente. Las miradas de ambas volaron hacia Sakura para trasladarse de inmediato hacia el imponente hombre a su lado. Sus ojos quedaron sencillamente clavados en él, atónitos. De pronto Sakura sonrió divertida. Sasuke era más que presentable. Era una dulce sorpresa encontrarse con que había sorprendido a ambas mujeres después de sus críticas constantes. Sasuke la hizo entrar.
- Sakura.. Sasuke - saludó Tayuya afectadamente.
Tras esperar inútilmente a que Sakura hiciera las presentaciones, Sasuke alargó una mano y murmuró con calma:
- Sasuke Uchiha, señora Haruno... Estoy encantado de conocerla.
- Llámame Tayuya, por favor.
Karin permaneció inmóvil con su diminuto vestido y su sonrisa forzada en los labios. Sus ojos azules no dejaban de observar al hombre que acababa de entrar como si fuera de su propiedad.
- Me sorprende... no te pareces en nada a Kiba - señaló. Estaba convencida de que serías enérgico y extrovertido, a Sakura le gustan los tipos así.
- ¿Kiba? - inquirió Sasuke.
- ¡Oh, Dios! Espero no haber cometido una indiscreción - murmuró Karin fingiendo un desmayo -. Lo siento, pero naturalmente he supuesto que sabrías que Sakura ya ha estado comprometida...
- Y la dejaron plantada en el altar. Fue terrible. Por eso es por lo que nos alegramos tanto de veros juntos - añadió Tayuya.
Sakura se ruborizó y amilanó como si se hubiera quedado desnuda en público, incapaz de mirar a Sasuke ni de observar cómo se tomaba la humillación. Su madrastra aprovechó el desconcierto para poner una mano sobre el brazo de Sasuke e interponerse entre los dos.
- ¡Oh, déjame ver tu anillo! - comentó Karin.
Sakura extendió la mano. Entonces se escuchó un coro de falsas felicitaciones. Entraron en el abarrotado salón. La gente, elegantemente vestida, charlaba. Tayuya se volvió para señalarle confidencialmente a Sasuke: - Estoy deseando que Sakura se case y se olvide de ese montón de ladrillos viejos por los que siente tanto afecto. ¿Qué piensas tú de la Hacienda Haruno, Sasuke?
- Es la casa de Sakura, y evidentemente tiene un interés histórico innegable...
- Pero es una fuente constante de gastos, una responsabilidad demasiado grande, en realidad. Pronto lo descubrirás - aseguró Tayuya -. La preocupación se llevó a mi pobre marido a la tumba, siempre ocurre igual con esas viejas familias. Mucho terreno y pocos fondos. Su padre era casi tan testarudo como Sakura, pero no creo que nunca soñara con que su hija iba a llevar las cosas tan lejos con tal de conservar la propiedad...
- No me parece que este sea el lugar adecuado para discutir eso - la interrumpió Sakura tensa.
- Tengo que decir lo que pienso, cariño, y él es ahora parte de la familia - señaló la madrastra -. Después de todo lo único que me preocupa es vuestro futuro, y Sasuke tiene derecho a saber dónde se está metiendo. Sin duda tú le has dado tu versión de color de rosa, y eso no es justo...
- En absoluto, tengo una excelente comprensión de cómo están las cosas en lo relativo a la propiedad - aseguró Sasuke con una tranquila sonrisa mientras se soltaba de Tayuya y alargaba un brazo hacia Sakura para acercarla a él como si no pudiera soportar la distancia.
- Es cierto, trabajas en temas financieros - comentó Karin divertida -. No puedo creer que seas un empleado de la banca...
- No. Pero Sakura.. ¿qué le has contado a tu familia? - le reprochó Sasuke riendo divertido -. Tenía tanta presión en el trabajo que finalmente, opté por tomarme lo que vosotros llamaríais aquí, en el Reino Unido, un año sabático. Y por si fuera poco he tenido la suerte de conocer a Sakura.
- ¿Cómo diablos os conocisteis?
- No sé si debería contarlo... - respondió Sasuke medio bromeando.
- Tranquilo, eres libre - lo animó Sakura atónita ante la locuacidad y facilidad con que Sasuke manejaba a su madrastra y hermanastra.
Con ella, sin embargo, se había mostrado muy reservado. ¿Pero por qué la sorprendía? Sasuke tenía a dos adorables y bellas mujeres que lo escuchaban admiradas. Era natural que charlara abiertamente con ellas y que no se aburriera o impacientara como con ella.
- Está bien. Ocurrió en Londres. Ella golpeó mi coche y salió y se puso a chillar. ¡Y es que a mí me encantan las mujeres con temperamento! - rió Sasuke mientras Sakura levantaba la cabeza atónita -. Vas tan deprisa cuando vas al volante, ¿verdad, cara mía? Primero sentí deseos de estrangularla, y después de besarla...
- ¿Y cuál de las dos cosas hiciste? - soltó Sakura.
- Algunas cosas deben de mantenerse en privado... - contestó Sasuke en un murmullo sugerente y sensual mientras acariciaba su mejilla con un dedo.
Sakura levantó la vista ruborizado. Todo su cuerpo despertó a aquella sencilla caricia, excitándose al reconocer su poder masculino.
- Y pensar que siempre había creído que mi hermanastra era tímida... - respiró Karin fascinada y envidiosa.
- Eso me cuesta creerlo cuando es la madre de una traviesa niña - comentó Tayuya -. ¿Te gustan los niños, Sasuke?
- Los adoro - respondió él con fervor.
- ¡Qué encanto! - exclamó Tayuya irónica tras haber soltado su última reserva de veneno y ver que no lo afectaba en absoluto -. Te presentaré a mis invitados, Sasuke. No seas tan posesiva, Sakura. ¡Deja al pobre hombre en paz un momento!
Sakura soltó la manga de Sasuke. Ni siquiera se había dado cuenta de que lo agarraba. Desorientada, observó cómo Sasuke tomaba una copa de champán que le ofrecía un camarero.
Contempló sus manos, los largos dedos de cuidadas uñas. Recordó la suavidad de su dedo contra la mejilla, los estremecimientos que la habían recorrido bajo el hipnotizante contacto de su mano en la espalda. Y por una décima de segundo, mientras sus ojos se encontraban con la mirada negra y dorada de él, no hubo nadie más en toda la sala para ella.
- No te estás esforzando mucho, ¿no crees? - preguntó Sasuke al oído más tarde.
- Nunca desafío a Tayuya si puedo evitarlo - susurró ella en respuesta -. Siempre arremete contra mí recordándome los momentos más humillantes de mi vida, aprendí la lección hace mucho tiempo.
- Es extraño... no tienes aspecto de ser una persona que se deje insultar.
- Disculpa - respondió Sakura molesta apresurándose a salir de la abarrotada habitación.
- No vas a retenerlo durante demasiado tiempo - presagió entonces una voz femenina que Sakura escuchó al entrar en otra estancia -. No puedo comprender qué ve él en ti, pero pronto descubrirá que no ha sido más que una alucinación.
Sakura se dio la vuelta y se enfrentó a su hermanastra.
- El tiempo nos sacará de dudas.
- Sasuke no es tu tipo - soltó Karin resentida -. ¿Cuánto tiempo crees que puedes mantenerlo alejado de las demás mujeres? Además, no parece tan pobre. Sé de ropa, y lo que él viste no proviene de la caridad.
- A Sasuke le gusta vestirse bien - contestó Sakura encogiéndose de hombros.
- ¿Un pavo real tras la estela de una aburrida e insignificante pava? Pronto comenzará a buscar un entretenimiento mejor. No, si hay algo de lo que estoy convencida ahora que lo he visto es de que está haciendo un doble juego. Trata de conseguir un pasaporte inglés porque, si no, ¿para qué iba a casarse contigo?
¿Para qué?, se preguntó Sakura en silencio mientras Karin abandonaba la estancia. Cómo se reirían Tayuya y Karin si descubrieran que había contratado a Sasuke. Las palabras de su hermanastra eran certeras. En circunstancias normales un hombre como Sasuke nunca se hubiera fijado en ella.
- Sakura... - la llamó Sasuke a cierta distancia, sonriendo y luciendo sus sensuales labios -. Me preguntaba dónde estabas.
Sasuke sabía fingir. Y por Dios que lo hacía bien, estuvo pensando Sakura durante el resto de la fiesta. Sasuke se mantuvo junto a ella, la arrastró a intervenir en la conversación y le prestó toda su atención. Y Sakura comenzó a prestarle también toda su atención. En vano trató de recordar su imagen de pobre diablo con la ropa rasgada. Sasuke Uchiha era un camaleón. Con chaqueta de etiqueta asumía otra personalidad.
De pronto veía en él a un hombre con un asombroso nivel de sofisticación y un comportamiento absolutamente natural en un círculo social elegante. Era muy hábil desviándose de preguntas excesivamente personales. Frío como el hielo extremadamente inteligente... astuto, incluso. Era evidente que otras personas estaban tan impresionadas como Sakura. Sasuke era el centro de atención. Lejos de pasar desapercibido destacaba entre la gente.
A la una de la madrugada Sasuke la llevó al invernadero, donde bailaban varias parejas, y se quejó:
- Estás increíblemente callada.
- ¿Te sorprende? - inquirió Sakura dando un paso atrás y levantando la vista. A la escasa luz de la noche su rostro moreno tenía un aspecto casi siniestro. Sus ojos brillantes se clavaban en ella cómo rayos láser -. Eres como el doctor Jekyll y Hyde. Siento como si no te conociera en absoluto...
- Y no me conoces - convino Sasuke.
- Y sin embargo aquí tampoco terminas de encajar - murmuró Sakura indecisa, pensando en voz alta -. - Destacas demasiado.
- Eso es producto de tu imaginación - aseguró Sasuke riendo mientras la tomaba en sus brazos.
Sasuke posó la palma de la mano en la base de su espalda y la atrajo hacia sí. Sus pechos rozaron la camisa de él. Una corriente de calor comenzó a recorrería mientras sus pezones se tensaban y se hacían prominentes. Sakura trató de enderezarse incómoda.
- Relájate - la urgió él -. Tayuya nos está mirando. Se supone que somos novios, no extraños...
La indefinible fragancia de Sasuke la envolvía. Nítida, cálida, muy masculina. Sakura se estremeció y trató de relajar los tensos músculos, de olvidar su timidez mientras seguía consciente de cada uno de los movimientos de él. Deseaba hundirse en su masculinidad, pero se resistía. Y al hacerlo perdió el paso. Para compensarlo él la atrajo aún más hacia él.
- No bailo muy bien - musitó ella mortificada, a modo de disculpa.
- ¡Dios mío... si eres como el aire en mis brazos! - la contradijo él.
Y era cierto. En sus brazos era como el aire, se sentía absorbida por la gracia y el ritmo natural con que él se movía por la pista. Era como volar, pensó ensoñadora. Aquella idea no podía sino recordarle a un cuento de hadas, a la noche en que bailó en un alto balcón junto al Gran Canal de Venecia. Sin pasos en falso, sin incomodidades, ni siquiera había hecho falta la conversación, solo la felicidad de balancearse en perfecta sincronía con la música.
- Bailas como en un sueño - susurró ella sin aliento un instante después, de que terminara la música.
De pronto no quería despertar de aquel sueño, se había acoplado a cada uno de los músculos del cuerpo de él. De algún modo lo había rodeado con los brazos por el cuello, y sus dedos jugueteaban deliciosamente con el sedoso cabello negro. Sakura levantó la vista. Sus ojos eran enormes pozos verdes de confusión. Y los de él, negros, resultaban alucinantes. Incluso medio cerrados, ocultos tras espesas pestañas negras, tenían un impacto directo, salvaje y sensual sobre ella.
Sakura sintió que el aliento le fallaba al ver cómo él inclinaba la cabeza. Y seguía atónita cuando Sasuke, de hecho, la besó. Él la hizo abrir los labios con los suyos y tomó su dulce boca con una seguridad aplastante y salvaje que la dejó helada, que inmovilizó todos los átomos de su cuerpo con magnífica eficacia. Sakura soltó sus cabellos negros y se abrazó a él, se estrechó contra él y se mantuvo firme, con los pies vagamente sobre la tierra, inconsciente de su existencia.
Una ola de calor invadió su cuerpo hambriento, hinchó sus pechos, enervó sus pezones y envió una corriente de sangre cosquilleante entre sus piernas. Mientras la lengua de Sasuke recorría cada recoveco de su boca buscando los puntos más sensibles, una cruda excitación de alta intensidad comenzó a recorrería convenciéndola de que estaba a punto de abrasarse.
Sasuke separó las caderas de Sakura de las de él, observó su expresión y le dirigió una mirada curiosamente dura y divertida.
- Ya es hora de que nos marchemos - dijo con voz pesada -. Creo que hemos interpretado nuestro papel a plena satisfacción.
Sasuke la hizo girarse bajo su posesivo brazo y la guió fuera de la pista. Sakura sufría un shock. Sentía como si no le respondieran las piernas, trataba de respirar con normalidad. Tras aquel apasionado beso su mente era una pura confusión. Poderosas y locas ideas contradictorias la poseían, y la peor de todas ellas era la convicción de que Sasuke y el padre de Daisuke eran uno y el mismo hombre.
¿Cómo podía estar tan trastornada? La respuesta era fácil. Sasuke besaba igual que el padre de Daisuke. Era pura fuerza de seducción. Suave como el cristal, rápido y certero. Se sentía hundida ante la indefectible forma en que se había rendido, sorda por completo a todo a causa de la sensación de familiaridad, de la paranoica idea de que aquello ya lo había vivido... déjá vu...
Porque su amante veneciano no sabía nada de ella, jamás habría podido descubrir su paradero ni su identidad. Su secretismo aquella noche había, sido algo más que un juego, Sakura había sentido un sincero miedo a que la verdad pudiera romper la magia. Después de todo él se había sentido atraído hacia una mujer que ni siquiera existía, y su falta de interés en un contacto ulterior era evidente: Sakura había estado esperándolo en el Ponte del la Guerra al día siguiente.
No obstante solo él y Sasuke habían sabido causar en ella ese efecto, despertando una lujuria instantánea y sin vergüenza que ponía en marcha cada una de sus terminaciones nerviosas y hormonas sin el menor control ni freno moral. Sakura respiró hondo.
Quizá los italianos aprendieran a besar así en su juventud, quizá ella resultara provocativa a sus ojos. O quizá el hecho de vivir como una monja, sin prestar la menor atención a sus necesidades físicas, hacía de ella una presa fácil para hombres experimentados.
¿Pero qué era la técnica, la experiencia, sin química? Resultaba patético tratar de negar que se sentía loca y peligrosamente atraída por Sasuke Uchiha, porque lo que su orgullo se negaba a admitir lo confesaba su cuerpo con mortificante prontitud.
Sasuke agradeció a Tayuya su fiesta y esta miró a su hijastra con frialdad. Karin observaba la escena y a su hermanastra como si acabara de ser testigo del brutal asalto de un pobre hombre por parte de una mujer salvaje y sexualmente hambrienta. Sakura se despidió brevemente.
El aire de la noche golpeó su rostro como si se tratara de agua fría. «Hemos interpretado nuestro papel a plena satisfacción», había dicho él. Aquel recuerdo era como una bofetada.
Por supuesto, aquel beso no había sido sino parte de la farsa. Sasuke había estado fingiendo. Fingir que se sentía atraído hacia ella, que estaba enamorado de ella, a punto de casarse con ella. ¿Lo habría adivinado? ¿Habría sospechado Sasuke, aunque hubiera sido solo por un instante, que ella no había estado actuando? ¿Cuántas cosas podían adivinarse con un simple beso? Su respuesta física había sido demasiado entusiasta, y eso la mortificaba.
- Todo ha ido bien - comentó Sasuke satisfecho.
- Sí, has estado perfecto - convino Sakura tratando de aparentar naturalidad -. Y el beso ha sido la puntilla. ¡Creo que podrías hacer fortuna como gigoló! - exclamó con una sonrisa forzada.
- Dilo otra vez...
Sakura se detuvo y soltó otra risita poco convincente. - Bueno, lo tienes todo en ese sentido - continuó de buen humor -. Buen aspecto, encanto, estilo... hasta técnica en cuestión de besos. Si yo hubiera sido una mujer rica y solitaria me habría sentido arrebatada en el acto.
Una poderosa mano tiró de Sakura sin previo aviso forzándola a volverse y a enfrentarse a él. Atónita, contempló sus ojos airados.
- ¡Porca miseria! - gritó Sasuke molesto -. ¿Me estás comparando con un gigoló?
Acobardada ante semejante reacción, Sakura lo observó. Y entonces comprendió. Recordó el aspecto económico del acuerdo al que habían llegado y cayó en la cuenta de su falta de tacto.
- Oh, no, no, nunca he pensado que... es decir, en el fondo nunca he pensado que...
- ¿Que me vendiera por dinero? - terminó Sasuke la frase por ella con un tono de voz crudo e incisivo que demostraba su severidad.
- Lo siento, Sasuke... de verdad, solo trataba de ser divertida...
- ¡Ha... ha! - soltó él -. Dame las llaves del coche.
- ¿Qué ... ?
- Tú has bebido demasiado champán.
Solo había tomado una copa, sin embargo, su falta de tacto la obligó a mostrarse complaciente y a acceder. Sasuke se sentó en el lugar del conductor.
- Necesitarás que te guíe.
- Recuerdo perfectamente el camino, y no conduces bien.
Sakura dejó pasar aquel comentario. Conducía deprisa, era cierto. En tres días se casarían. Por primera vez sentía cierto alivio al saber que no sería sino una farsa. Sasuke no tenía ningún sentido del humor, y sí tenía en cambio mal carácter. Miró de reojo su perfil... ¡Dios, seguía resultando terriblemente guapo!
Sakura apartó la vista de él avergonzada de su propia reacción. Sentía en su interior una pecaminosa excitación. Sasuke le recordaba al padre de Daisuke... eso era todo. ¿Dónde estaba el problema? Sacudió la cabeza y se miró las manos tensas sobre el regazo, pero a pesar de intentarlo no consiguió apartar de sí aquella corriente de calor..
Tres años atrás, al cambiar Kiba de opinión, Sakura había decidido aprovechar ella sola el viaje de luna de miel. Por supuesto había sido un desastre. Ciega ante las gloriosas vistas había vagado por Venecia como una pordiosera mientras trataba de superar el dolor que el rechazo de Kiba le había producido. Y, de pronto, una mañana, había sido testigo de la llegada de una barca de remos a la Piazza San Marco con dos amantes. Ella había tirado una carta que había ido a parar a los pies de Sakura mientras ambos amantes se alejaban por senderos opuestos. Aquella carta era una invitación a un baile de máscaras en uno de los más maravillosos palacios del Grand Canal.
Dos días después Sakura se rebelaba contra su propio aburrimiento y soledad. Compró una máscara y se puso su maravilloso vestido verde de noche. Se sentía transformada, excitantemente diferente, femenina. En aquellos días no llevaba lentes de contacto, y como las gafas combinan mal con la melena decidió quitárselas y enfrentarse a su miopía. Además estaba resfriada, debido a lo cual había tomado una fuerte dosis de medicamentos. Por desgracia no leyó el prospecto en el que se señalaba la intolerancia que producía el medicamento al alcohol.
Al llegar y ver el vasto palacio de luces doradas se puso nerviosa, pero los invitados que llegaron tras ella la obligaron a seguir adelante. Subió por las enormes escaleras de mármol y entró en el extraordinario salón cubierto de espejos y repleto de gente exquisitamente vestida y enjoyada. En cualquier momento alguien se daría cuenta de que se había colado.
Tras deambular de un lado a otro tratando de no resultar sospechosa, se deslizó lentamente por detrás de unas cortinas y salió a un balcón. Alejada de la muchedumbre y a buen recaudo contempló a la gente bailando y charlando.
Cuando un hombre enmascarado de chaqueta blanca salió al balcón con una bandeja y una única copa para ofrecerle una bebida en italiano, Sakura supuso que se trataba de un camarero.
- Grazie - había respondido fingiendo que había salido a tomar el aire después del ajetreo del baile, tomando la copa. Pero aquel hombre volvió a hablar -. No hablo italiano...
- Era español - dijo entonces él en inglés -. Pensé que eras española. Ese vestido con ese color tan vivo es precioso - Sakura permaneció en silencio y se encogió de hombros sin prestarle atención -. Parece que estás sola. - Lo estaba - indicó ella -. Y me gustaba.
El hombre dejó la bandeja sobre la balaustrada e inclinó la cabeza morena. Sus rasgos eran borrosos a aquella distancia, Sakura solo veía claramente la chaqueta blanca.
- Eres una persona difícil.
- No pretendía ser difícil, sino antipática. Directa y grosera.
- ¿Y eso es una disculpa? - inquirió él.
- No, dejaba clara mi posición. ¿Es que no tienes más bebidas que ofrecer por ahí?
El hombre se quedó inmóvil, inexpresivo, y de pronto se echó a reír lanzando sensuales carcajadas que la hicieron estremecerse.
- Por ahora no.
- No sé de qué te ríes, yo no estoy tan contenta - comentó ella.
- Yo te pondré de buen humor.
- ¿Que me pondrás de buen humor? Ni siquiera dices que lo intentarás - recalcó ella en voz alta -. Estás muy seguro de ti mismo.
- ¿Y tú no?
En aquel instante Sakura sintió que su confianza en sí misma fallaba. Echó la cabeza atrás con desesperado orgullo y contestó en un murmullo:
- Siempre... siempre.
El hombre dio un paso adelante y entonces la suave luz de los candelabros de la sala recayó sobre su rostro mostrándole a Sakura unas facciones duras y atractivas, un pelo negro y unos ojos oscuros y brillantes. Su corazón dio un vuelco.
- Baila conmigo - urgió él en voz baja.
Sakura rió halagada. Solo ella podía colarse en una fiesta de máscaras de la alta sociedad para acabar siendo abordada por uno de los camareros.
- ¿No tienes miedo de que te vea alguien y pierdas tu empleo?
- No si nos quedamos aquí...
- Pero solo un baile, luego me marcharé.
- ¿Es que la fiesta no merece tu aprobación? - inquirió él mientras la tomaba en sus brazos con tal sutileza y suavidad que Sakura se encontró de pronto mecida como si fuera una pieza de cristal.
- Tanta formalidad es sofocante, esta noche me apetece algo distinto - musitó ella con sinceridad -. En realidad me apetece hacer el salvaje...
- Pues no dejes que yo te inhiba - murmuró él. Sakura se echó a reír -. ¿Con quién has venido?
- Con nadie... me he colado - confesó ella. - ¿Te has colado?
- Parece que te extraña...
- Sí, aquí suele haber fuertes medidas de seguridad. - No si entras al mismo tiempo que un grupo de gente que requiere una atenta ceremonia.
- Pero tendrás invitación, ¿no?
- Sí, la invitación cayó a mis pies en la Piazza San Marco. Una guapa morena la tiró. Pensé que me habías pedido que bailáramos - se quejó Sakura -. ¿O es que acaso estás planeando echarme?
- Por el momento no - le confió él estrechándola más cerca y mirándola a los ojos -. Eres una mujer muy poco convencional.
- Sí, lo soy - convino Sakura contenta, tomándoselo a modo de halago.
- ¿Cómo te llamas?
- Sin nombres... nada de convencionalismos - suspiró ella -. Los barcos vienen y van, ya sabes...
- Yo quisiera atracar..
- No puede ser. Yo no soy mi nombre... mi nombre ni siquiera fue elegido para mí - respondió Sakura reprimiendo su amargura, pues su nombre de pila era masculino -. Esta noche quisiera ser otra persona.
- Eso es poco habitual. Incluso algo irritante - respiró él.
- Soy una mujer muy segura de mí misma, mucho. Y una mujer así siempre resulta irritante - respondió divertida, libre en el anonimato para ser lo que deseara.
Y así bailaron sobre el Grand Canal mientras las luces brillaban en los ojos de Sakura y ella los cerró y se dejó llevar por un maravilloso sueño...
