Disclaimer: Pokémon no me pertenece, todos los derechos están reservados por Satoshi Tajiri y NINTENDO.
Aclaración: Basado en una historia real.
Publicación original: 4 de Octubre del 2015
Re-edición: 26 de Julio del 2018
Autora: Suki90
Título: Revelando secretos
Serie: Pokémon
Capítulo 3: ¿Por qué? – Parte 2
El esperado día finalmente llegó, la fecha en la que Aron, su primogénito, vería la luz del día, o al menos… eso es lo que tanto sus padres como los doctores esperaban con fuerza. Al final todos eran humanos, y por más entrenados que estuviesen los médicos, ver nacer a un bebé muerto siempre causaba un gran impacto.
Las contracciones de la pelirroja cada vez eran más fuertes, lo que indicaba que la hora de nacimiento se aproximaba a pasos agigantados. Pero como toda mujer, soportó esos dolores, hizo todo lo que pudo para contener un poco más las ganas de comenzar a pujar.
Su corazón latió a mil por hora, estaba nerviosa. Tenía miedo de que llegado el momento no pudiese escuchar el llanto de su bebé como siempre soñó, de no verlo aunque sea unos pocos minutos.
De pronto, una fuerte contracción le vino a la pelirroja— ¡Ugh…!
— ¡Pikachu, Pikachupi…! (¡Aguanta, Misty…!) —pidió Pikachu, quien en ese momento se encontraba en la cama junto a la mujer que, al igual que su entrenador, consideraba un tesoro.
— ¡Azu, Azumarill Azu, Rill…! (¡Sí, saldrá bien, mamá!) —apoyó Azumarill, quien por su tamaño se encontraba en el suelo a un lado de Ash, quien no dejaba de sostener la mano de su esposa.
El entrenador observó con una sonrisa a Pikachu y Azumarill. Daba gracias a Dios haberse topado con tan esplendidos amigos. Si bien todos sus Pokémon eran excepcionales, ya que siempre los ayudaban en cualquier cosa que necesitaran, el apoyo de los roedores era muy significativo.
Pikachu para Ash era su mejor amigo, y han estado juntos desde que el niño comenzó su viaje Pokémon. Siempre han estado ahí para el otro, en las buenas y en las malas.
Azumarill, por otro lado, fue quien llegó a la vida de Misty para llenar de nueva cuenta ese vacío que quedó tras la liberación de Togepi en la región Hoenn. Ese roedor Pokémon trajo a la pelirroja una sensación de nostalgia, pero sobre todo felicidad. Esa soledad que de pronto sentía ahora ya no existía tras su llegada. Era como si su bebé hubiese vuelto a su lado. Lo mejor de todo fue que Azurill jamás intentó ni planeó suplantar el lugar del Pokémon que su madre liberó, lo único que hizo fue devolver todo el amor que ella le brindó desde el momento en el que eclosionó y la vio por primera vez.
La pelirroja era como su madre también, y Azumarill estaba segura de que Togepi habría hecho y sentido lo mismo de estar en su lugar.
Habiéndose calmado un poco, y tras mejorar su respiración, la mujer de ojos aguamarina posicionó su mirada sobre sus pequeños amigos— Muchas gracias, Pikachu… Azumarill. Todo saldrá bien —y les sonrió, gesto que los Pokémon regresaron.
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El momento más difícil finalmente llegó y, la verdad fuera dicha, todos se encontraban algo tensos. La situación era crítica…, si querían que el bebé y su mamá se conocieran, el niño debía salir lo más pronto posible. Con esas indicaciones, a Misty no le quedó más remedio que pujar con todas sus fuerzas desde el inicio.
Ash, por su parte, sugirió mejor una cesárea, así la vida de su hijo no correría tanto riesgo… pero Misty se negó rotundamente a eso. Tenía miedo que alguna herramienta médica lo llegase a tocar o que algo saliese mucho peor de lo que ya con el parto natural se preveía, por lo que al Ketchum no le quedó más opción que seguir con la decisión de su mujer.
— ¡Ugh, Ash…, tengo miedo…! —soltó la pelirroja tras haber pujado por vayan ustedes a saber cuántas veces. Su respiración estaba algo alterada.
— Resiste Misty, ¡ya falta poco…! ¡Todo saldrá bien! —le respondió, no moviéndose ni un sólo centímetro de su lado.
— Señora Ketchum, trate de respirar lo más calmado que pueda —le ordenó la doctora que atendía el parto. Misty, entonces, intentó seguir sus indicaciones—. Eso es, tranquila, todo estará bien. Ahora, necesito que puje una vez más, ¿de acuerdo? Tres… dos… uno… ¡AHORA!
Necesitando que ya todo terminara, la joven pelirroja sujetó con más fuerza la mano de Ash y tras eso se dedicó a pujar lo más fuerte que su cuerpo y energía le permitieran. Tenía que ser la última, ya no podía más… Quería ver a su bebé, tenerlo en brazos, admirarlo, contemplarlo… No deseaba nada más.
Tras el último grito que la pelirroja soltó, la doctora finalmente pronunció lo que todos querían escuchar— ¡Ya está aquí! —exclamó con emoción— ¡Está precioso! —le dijo a la pareja.
Seguidamente una de las enfermeras se acercó a donde estaba ella, cortó el cordón umbilical y tomó al recién nacido entre sus brazos para ir a limpiarlo— Vamos nene, más vale que llores para que te oigan tus papás —pidió ella antes de darle unos pequeños golpecitos.
Al instante, el sonido más hermoso para Ash y Misty se produjo. Era el llanto de su bebé, su niño había sobrevivido al parto; estaba ahí, con ellos.
Otra de las enfermeras se acercó entonces a la ex-líder de gimnasio— Aquí tiene, señora Ketchum, ¡felicidades!
— Oh, Dios mío… —susurró Misty al recibir a su pequeño pedazo de cielo, el cual no dejaba de llorar a la vez que emitía ciertos sonidos un poco extraños, los cuales señalaban que tenía un poquito de problemas para respirar. Aún así, la pelirroja lo acarició con delicadeza—. Ya estás aquí, mi amor…
— Sí, finalmente está aquí… Aunque parece que le cuesta respirar… —comentó Ash al ver a su hijo. El niño parecía tener fusionadas la nariz y la boca, por lo que era probablemente eso lo que dificultaba la circulación del oxigeno, pero fuera de eso parecía estar bien.
Con una sonrisa cansada, Misty se giró hacia su esposo— Eso está bien, suena a como cuando tú roncas —le aclaró, para después volver a posar su mirada sobre su bebé.
— Creo que sólo por esta ocasión, eso me lo tomaré cómo un cumplido —le respondió él, acercándose a ella y dándole un beso en la frente antes de acariciar la manita de su heredero—. No puedo creer lo hermoso que es… —susurró con lágrimas en los ojos.
— Ni yo, Ash… —respondió, admirando a su primer hijo—. Simplemente es precioso…
Tras ese parto tan pesado, los doctores finalmente trasladaron a Misty a la habitación en la que estuvieron varias horas antes del nacimiento. Los Ketchum habrían de quedarse durante algún tiempo en el hospital en lo que tanto la madre como el hijo se recuperaban de todo el proceso. Así mismo, los médicos querían observar la evolución del niño, estimar cuánto tiempo podría vivir y sobre todo cómo reaccionaba.
Tras salir de la habitación del hospital donde dejaron a Misty descansando, Ash se encontró con su madre, las hermanas de la pelirroja, una de sus sobrinas y sus Pokémon.
— Cariño —llamó Delia de pronto, acercándose a Ash y abrazándolo con fuerza—. Felicidades, mi amor —dijo en susurros—. Independientemente de las circunstancias, te has convertido en padre. Estoy muy, de verdad, muy orgullosa de ti.
Ash devolvió el gesto de su madre con un poco más de fuerza— Gracias, mamá… —respondió el entrenador antes de separarse de su progenitora. Segundos después, posó su mirada sobre Pikachu y Azumarill, que tuvieron que quedarse con Delia. Con una sonrisa, el Maestro se hincó hacia ellos y los acarició a cada uno en la cabeza—. No se preocupen, todo salió bien.
Dejándose consentir por el esposo de su dueña, la coneja de agua asintió con tranquilidad— ¡Zurill…! (¡Excelente…!)
— Pikachu… (Qué bueno…) —respondió aliviado el roedor eléctrico.
Ash los miró a los dos con cariño, y tras pasar unas veces más sus manos por sobre sus cabezas, éste se puso de pie y observó a su madre y sus cuñadas. Todas tenían una mirada preocupada.
— ¿Y, tipo, cómo está la feita? —preguntó Violet primero.
— ¿Está despierta? —siguió Lily.
Con una sonrisa cansada, el Maestro Pokémon negó con la cabeza— Está bien —respondió Ash, fijando su vista en la puerta por la que acababa de salir—. Pero por ahora se encuentra durmiendo.
— Ya veo —dijeron las hermanas de cabello azul y rosado a la vez, viéndose entre sí al final.
Fue en ese momento que la mayor de las hermanas sensacionales, junto a su pequeña hija, se acercó a su cuñado y le dio un pequeño abrazo como lo hizo su madre; gesto que fue correspondido al instante— Muchas felicidades, Ash. Nos alegra que todo haya salido bien.
— Gracias Daisy. Afortunadamente, Aron nació bien, dentro de lo que se puede decir —respondió el morocho a su cuñada, antes de sentir cómo una pequeña manita lo jalaba del pantalón. Cuando bajó la mirada, se encontró con una tierna niña de 3 años de cabello verde—. Hey, Zamara, ¿cómo estás, princesa?
— Bien, ¿y tú? —respondió la hija mayor de Daisy, quien aún tenía sus manitas detrás de su espalda.
Con una sonrisa, Ash se hincó y le acarició su cabeza— Yo muy bien, un poquito cansado, pero nada más —contestó—. Y dígame, señorita, ¿qué trae escondido ahí atrás?
— Vamos tesoro, dáselo —incitó la rubia de ojos aguamarina a su hija, al ver que esta dudaba un poquito en si sacar o no sus manos de su escondite.
Al final, la pequeña dejó de esconder sus manos y le extendió a Ash una hoja y unas poquitas flores— Son pada tía Mi'ty y pada ti —declaró la de cabellos verdes, viendo con seriedad a su tío.
— Vamos a ver~… —el entrenador tomó los regalos que su sobrina le extendió, abrió el dibujo y ahí pudo verlos a ellos con un pequeño bebé, todos felices— Gracias Mar. Está precioso —susurró.
Pikachu, quien finalmente se posó sobre el hombro de su entrenador, también sonrió ante lo que vio— ¡Pika~…! (¡Bonito!)
— ¡Estoy seguro de que a tu tía le va a encantar! —expresó el moreno, viendo a su sobrina con mucho cariño.
La niña tan sólo sonrió animada, dejando ver un pequeño sonrojo en sus mejillas.
Tras regresarle una última sonrisa, el joven adulto se puso de pie y se dirigió a Daisy— Oye Daisy, ¿dónde están Tracey y Jaden? —cuestionó con genuina curiosidad.
— Tracey se quedó en el gimnasio con Jaden, cuidando a los Pokémon —comentó Daisy, cargando a su hija—. Le hubiera gustado venir, pero varios retadores llegaron para reclamar una medalla, así que…
— Oh, ya veo —susurró Ash—. Debe ser un poco pesado, siendo que Jaden es aún más pequeño que Zamara —comentó.
Daisy sonrió— No te preocupes Ash, Tracey y sus Pokémon sabrán apañárselas bien para cuidar a mi Jaden —comentó la rubia—. También me dijo que si lograba terminar temprano vendría para acompañarlos.
— Ya veo, muchas gracias —respondió el morocho, sonriéndole a su cuñada antes de volver a posar su mirada en el dibujo que su sobrina le entregó recién, deseando que en alguna otra dimensión, algún mundo paralelo… Misty y él puedan disfrutar a su bebé.
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Al día siguiente, las enfermeras llevaron temprano a Aron con sus padres, los cuales lo esperaban ansiosos. La pareja aprovechó cada segundo, minuto y hora que las enfermeras les dejaban estar con su niño, ya que de tanto en tanto estas venían para ver que todo estuviese bien con el primogénito de los adultos.
La joven pareja aprovechaba cada instante.
En una de esas ocasiones, mientras Ash cargaba a su hijo por un rato para que Misty descansase, el pequeño Aron sorprendió a su padre con una serie de estornudos continuos.
— ¡Ow, eso fue directo a mi boca…! —y así vino un nuevo estornudo— ¡Uy, ahora en mi cara...! —y uno más— ¡Ahora en mi nariz! —dijo el morocho entre risas mientras observaba a su pequeño, el cual no paró de moverse una y otra vez.
— Pi Pikachu~… (Está feliz~)
Azumarill sonrió también— ¡Azu! (¡Sí!)
Ash observó a su Pokémon, el cual estaba parado sobre el sillón reclinable junto a la coneja de agua, quien tras haber estado a lado de Misty decidió darle algo de espacio para descansar— ¿Ustedes creen?
— ¡Pika! (¡Sip!) —respondió el roedor eléctrico.
— ¡Azumarill, Azu Azu, Ma! (¡Sí, porque está con su papá!)
El Maestro Pokémon no hizo más que sonreír por los comentarios que Pikachu y Azumarill hicieron. Eso esperaba el morocho, en realidad, que a pesar de todo, su hijo pudiese sentir el amor tan grande que tanto él como su esposa le tenían desde que supieron de su existencia. Era lo único que deseaba.
La joven pareja estuvo tan absorta en su pequeño retoño, y en las eventuales visitas que sus amigos les brindaban, donde Delia aprovechó para tomar muchísimas fotos de todos, que los Ketchum no se dieron cuenta en qué momento pasaron de la mañana a la media tarde. Estaba comenzando a ponerse el sol, lo que indicaba que la hora de visitas no tardaba en concluir.
A la larga, las únicas personas que quedaron en la habitación fueron Ash, Misty, Aron y Delia, así como Pikachu y Azumarill. Las hermanas de Misty y Tracey fueron de los últimos en irse.
— Bueno, ya me voy, corazón —le dijo Delia a Misty, acercándose a darle un beso en la frente.
— Gracias por acompañarnos, suegra —agradeció la pelirroja.
Delia le sonrió como siempre— No hay de qué, cielo —y se alejó de su nuera, para entonces dirigirse a su hijo, quien aún tenía en brazos a su nieto—. Los veo mañana, cariño…
— Hasta mañana, mamá. Gracias por venir —agradeció el morocho, sosteniendo a su hijo con un solo brazo y abrazando con suavidad a su madre. Tras unos segundos, se separan— ¿Traes las llaves? —cuestionó.
Tan sonriente como siempre, la mujer oriunda de Paleta le dio unos golpecitos su bolsa con — Si cariño, aquí las traigo… ¡Aún recuerdo donde dejo las cosas! Está bien que ya soy abuela, pero tampoco soy una anciana senil.
— Ay mamá… —negó Ash con la cabeza, entre risas, al igual que Misty antes de ver a Delia finalmente salir de la habitación y despedirse con un "Nos vemos" antes de cerrar la puerta y llevarse a los Pokémon de la pareja, ya que estos no tenían permitido quedarse ahí.
Eran las 9:00 pm, y la familia Ketchum finalmente se encontró sola.
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— Veo que el pequeño Aron tiene mucha energía —comentó la doctora que entró a revisar a sus pacientes por última vez en el día una media hora después de la partida de Delia Ketchum
La pelirroja asintió por dicho comentario— Sí, y nos hace bien saber qué está mejor de lo que se suponía —comentó Misty—. Digo, sé que no tendremos mucho tiempo… pero de verdad está mucho mejor de lo que se pensaba. Para nosotros cada segundo, cada minuto y hora cuenta… —expresó la de cabellos anaranjados mientras dejaba que Ash lo cargara durante algunos minutos para ver si él podía dormirlo, ya que estaba parado y se podía mover mejor que ella en ese momento.
— No puedo más que darte la razón, y me alegra que aprovechen cada momento con él —les dijo la doctora con una sonrisa sincera—. Bueno, me paso a retirar. No duden en llamar a las enfermeras por cualquier cosa que se presente.
Tras dicha afirmación, la doctora salió de la habitación de la pareja, y nuevamente se quedaron solos. Misty vio el reloj y se percató de que eran las 9:45 de la noche. En unos 15 minutos más, o quizás menos, las enfermeras vendrían a recoger a su pequeño bebé y lo llevarían al área de cuidados intensivos para tenerlo monitoreado toda la noche.
Le dolía tener que separarse de su hijo toda la noche, pero era lo mejor. Era por su bien.
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Después de que pasaron 53 horas desde el nacimiento del pequeño Ketchum, la familia completa finalmente fue dada de alta. Aron podría ir a casa con sus padres. Sería mentira afirmar que ninguno de los dos estaba nervioso por esto, ya que ahora la vida de su hijo dependería completamente de ellos.
Pero estaría bien, si estaban juntos no había nada que no pudieran hacer.
Una vez estando fuera del hospital, la joven pareja divisó a todos sus amigos esperándolos; desde los chicos de la región de Kanto, hasta sus queridos compañeros de la bella Kalos. Incluso Drew y Kenny estaban ahí. El matrimonio no pudo evitar soltar unas cuantas lágrimas de felicidad… ¡Hacía años que no se reunían todos!
— ¿Cómo estás, Ashy-boy? —saludó Gary de pronto, quien estaba siendo acompañado por Sienna.
— Gary, muchachos —expresó Ash, viendo a todos y cada uno de sus amigos.
— Tu mamá nos comentó que hoy saldrían del hospital, así que todos nos pusimos de acuerdo para estar aquí —comentó Brock, quien en ese momento se encontraba a lado de su esposa Lucy, una de las cerebro de frontera. Este se acercó a Ash y lo abrazó con fuerza, dándole unas cuantas palmadas a su espalda—. Me alegro mucho de que por fin puedan ir a casa.
Agradecido por sus palabras, el morocho regresó el gesto de su amigo antes de separarse de él— Gracias hermano.
— ¡Ah… qué alegría! —expresó Delia, quien tenía lágrimas en sus ojos— Después de varios días, mi pequeño nieto finalmente podrá ir a casa…
— Todos estamos muy contentos por ustedes, chicos —expresó Tracey, quien traía en sus brazos a su hijo menor, mientras que Daisy cargaba a Zamara. A lado de la familia Sketchit estaban las otras hermanas mayores de Misty, las cuales al poco rato se acercaron a la menor para poder ver a su sobrino.
Tanto Ash como Misty asintieron y sonrieron— Se los agradecemos, chicos —respondió Misty—. La verdad es que no esperábamos encontrarlos a todos aquí.
— ¿Pero qué cosas dices, feita? —cuestionaron tanto Lily como Violeta al mismo tiempo.
— ¿Cómo crees que nos perderíamos este día? —cuestionó May, quien se acercó a su amiga para ver al nene.
— Somos amigos —comenzó Dawn con una sonrisa—, y si bien por vivir en regiones diferentes se nos complicó un poco venir los días que estuvieron aquí, ¡todos queríamos conocer a este pedacito de cielo que traes en tus brazos Misty!
Todos los demás asintieron ante la afirmación de la oriunda de Sinnoh. Y es que estaba demás decirlo, todos los apreciaban demasiado, y aunque estuvieran lejos siempre harían lo que fuera por dos personas que aprecian. Algunos no podían hacer mucho, como era el caso de Máx y Bonnie, al ser los más pequeños del grupo y no tener suficientes recursos individualmente como para apoyar de alguna otra manera, pero eso a los Ketchum no les importaba, con tal de tenerlos ahí era más que suficiente.
La amistad que existía entre ellos siempre sería la mayor bendición para la pareja.
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Finalmente los Ketchum llegaron a su casa, y nada más pisaron de nuevo su hogar fueron a acomodar todo lo que los médicos y las enfermeras les proveyeron para poder atender a su hijo, siguiendo al pie de la letra cada una de las indicaciones. A veces era Ash quien lo vigilaba, a veces era Misty y en otras eran ambos. Incluso en ocasiones contaban con la ayuda de sus más confiables Pokémon.
Hubo ocasiones en las que, cuando Ash mecía a su hijo, este se ponía a ver todo lo que arreglaría, si se pudiera, para darle una mejor calidad de vida a su primogénito. Por favor que no se malentienda, el morocho amaba a su hijo tal y como era, pero era su padre… no podía evitar pensar en todas las posibles alternativas que Aron pudiese llegar a tener si se corregían especialmente los problemas que tenían su cerebro y su corazón…
Pero Aron era demasiado pequeño para esas operaciones… y el Trisomía 13 seguiría presente.
— Lamentablemente nuestras opciones se limitan a lo que tenemos ahora, bebé… —susurró Ash, jugando con uno de los dedos de su hijo.
Pikachu tan sólo se dedicó a observar con tristeza el semblante de su entrenador.
Más tarde, en una de las ocasiones en las que le tocó a Misty cuidar de su pequeño, esta llegó a notar algo en su bebé.
— ¡Ash…! —llamó ella de pronto con fuerza, captando la atención de su esposo, así como las de Pikachu y Azumarill— Aron no está haciendo mucho ruido —explicó al tiempo en que sostuvo la medicina de su bebé.
Llegando a donde estaban su esposa y su hijo, Ash posó su mano cerca de la boquita de Aron— Ay no… —susurró mientras se disponía a cargarlo. En ese instante, Pikachu bajó del hombro de su entrenador y se quedó observando desde el suelo junto a la coneja de agua.
— Ponlo en tu hombro… —sugirió Misty tras pasárselo a su marido—. Recárgalo ahí mientras lo llevamos a la cama; no está respirando bien… —fue lo que susurró la pelirroja apresurada.
Pikachu tan sólo bajo sus puntiagudas orejas ante la escenas.
— Azu… (Pobre…) —pronunció la de color azul con blanco, quedándose justo en donde estaban. Ambos Pokémon decidieron que lo mejor era darles espacio a sus entrenadores.
A pasos apresurados, la pareja se dirigió a su habitación para atender a su hijo. Mientras Misty fue por las herramientas necesarias, Ash se encargó de recostarlo en la cama y ver porque pudiese respirar con normalidad. Al momento de hacerlo, el pequeño Aron comenzó a soltar varios quejidos, logrando así que el corazón de su padre volviese a latir.
— Si, eso es lo que quiero escuchar —comentó Ash viendo al bebé—, eso es lo que quiero oír Aron. Eso es… —expresó mientras se recostaba en la cama con él y lo dejaba llorar.
Unos segundos después llegó Misty con el respirador especial y se lo pasó a Ash para que se lo pusiera al bebé.
— Aquí tienes, papá… —comentó la pelirroja, subiéndose a la cama—. Toma, también ponle una frazada para que esté cómodo…
— Sí, ya voy… —respondía Ash mientras colocaba el respirador a su hijo y al mismo tiempo le ponía una manta para que no tuviera mucho frío.
Y una vez que el respirador comenzó a hacer su trabajo, los jóvenes padres se dedicaron a observar a su pequeño. Les dolía verlo así, les carcomía el alma saber que no podían hacer nada más que esto… pero a pesar de todo ello, no se arrepintieron de la decisión que tomaron.
Aunque tuvieran miedo de decir adiós, no tenían remordimientos.
El tener a Aron de su lado era una bendición para ellos, ya que les dio la oportunidad de experimentar eventos que muy seguramente no todos podrían vivir. Muchos pensaban que una vez que todo pase lo mejor será cerrar el capítulo y olvidarse de él, pretender ante todos que jamás ocurrió…
Pero eso era algo que definitivamente ninguno de los dos tenía planeado hacer.
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Un día más pasó para la familia. Señales de vida llegaban y se iban del pequeño cuerpo de Aron. Tanto Ash como Misty fueron testigos de cómo el corazón de su bebé dejó de latir varias veces y sus pulmones fallaban una y otra vez de forma consecutiva.
— Haz cambiado mi vida, Aron —susurró Ash, quien se encontraba a un lado de su hijo en la cama al igual que su esposa—. De verdad lo hiciste…
— Tanto aquí… como a donde vayas, siempre… habrá un lugar muy especial para ti en nuestros corazones —expresó Misty quedamente, intentando que su voz no se quebrara más de lo que ya estaba mientras le brindaba caricias a la cabeza de su hijo.
No soportando más la situación, Ash se permitió de nueva cuenta soltar unas cuantas lágrimas antes de depositar varios besos en la cabeza de su hijo, confesando una y otra vez cuánto lo amaba y cuánto le dolía tener que verlo partir a pesar de haberse preparado para eso…
Pero como si la vida hubiese sentido un poco de remordimiento, esta les permitió pasar un poco más de tiempo con Aron, ya que para cuando llegó la noche, el pequeño aún podía respirar.
— Gracias por no dejarnos hoy… —susurró ella, recostada a un lado de su hijo.
— Aún no estábamos preparados para despedirnos de ti… —secundó Ash con calidez mientras escuchaba el pesado respirar de su hijo.
Misty se acercó lentamente a su hijo y depositó un suave beso en la frente— Me diste la oportunidad saber lo que es ser madre, y no sabes lo mucho que te lo agradezco —susurró la pelirroja, permitiendo que una lágrima más se le escapara por el rabillo del ojo.
Pasó una hora más y tanto Ash como Misty continuaron despiertos, velando por su hijo. Y aunque estuviesen muriéndose de sueño no podían dormir, ya que había varias cosas que hacer antes, como por ejemplo darle la medicina a su bebé y ponerle la mascarilla de oxigeno por cierto tiempo.
No obstante, unos cuantos minutos después de quitarle el oxigeno a su hijo…
— Está pasando Ash…
Con la voz un poco apagada, respondió— No está respirando… —concluyó Ash, quien terminó pasando su dedo índice frente a la nariz la y boca de Aron—. Su corazón está bombeando pero no respira… —expresó él antes de darle un beso en la mejilla— "Ya es hora papi y mami…" —susurró el morocho, como si él fuese el niño.
Sin embargo, justo cuando Ash terminó de pronunciar aquellas palabras, Aron respiró lo más fuerte que pudo, haciendo que la cabeza de su padre se dirigiera hacia su pequeño cuerpecito y soltara un leve sollozo.
— Revisa su corazón, Ash… —sugirió Misty, quien había acariciaba su cabeza, en señal de apoyo.
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Cuarenta minutos transcurrieron desde ese episodio y tanto Ash como Misty continuaron a lado de su hijo, comprobando que su corazón siguiese latiendo y este respirara como se suponía debía hacerlo. Pero ambos sabían que estas señales no eran para nada buenas…
— ¿Qué hora es Ash?
— Son las… 10:44 P.M. —respondió, viendo el reloj que traía en su muñeca. Justo en ese momento el pequeño Aron volvió a intentar respirar como 3 veces seguidas, siendo todas muy pesadas para él. Esto, por supuesto, destrozó el corazón de sus progenitores—. Mi pobre niño… —susurró él, no dejando de acariciar a su hijo ni un sólo instante.
Pasados algunos minutos, en los que pareció ser que Aron se normalizó un poco, Misty decidió tomar entre sus brazos a su hijo y acunarlo por lo que podría ser la última vez. Así, su bebé podría escucharla y reaccionar de mejor manera a sus palabras. Después, fue el turno de Ash de cargarlo, y al hacerlo no dejó de repetir: "Mi pobre niño, mi pobre Aron…" sabiendo lo mucho que estaba sufriendo en ese momento, así como ellos.
Unos minutos más tarde, Ash volvió a recostar a su hijo en la cama y se dedicaron a observarlo de nueva cuenta. Por un rato más le pusieron el respirador a su bebé, pero tras un par de minutos tuvieron que quitárselo.
Al poco tiempo…
— Se está yendo… —dijo Misty, con la voz quebrada.
— Sí… se está yendo, definitivamente… —secundó Ash, palmeando con suma delicadeza el pequeño cuerpo de Aron, el cual estaba tomando cada vez en menor medida bocanadas de aire. Les era difícil ver todo eso, pero tenían que estar ahí, no querían dejar a su hijo solo.
Misty, quien tenía la cabeza sobre su almohada, tomó la mano de Ash y la posó cerca del cuerpo de su bebé— Está bien, cariño… —susurró la pelirroja—. Que sea como Dios quiso que fuera…
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Eran las 05:00 A.M. cuando ambos abrieron los ojos. Debido a la obscuridad que cubrió su habitación, los jóvenes tardaron un poco en adaptar su vista, pero lo hicieron cuando se dieron cuenta de que su pequeño ya… ya no respiraba más.
Levantándose como pudo, la pelirroja se acercó a su hijo y lo tomó entre sus manos. Su corazón se paralizó al instante… estaba frío y sobre todo tieso. El sol de sus vidas se fue en el transcurso de la madrugada, y ellos no estuvieron presentes…
Ella siempre supo que ese momento llegaría, pero… jamás pensó que fuera a doler tanto como le estaba doliendo.
— Se fue Ash… —susurró ella, acercándose a su esposo con todo y su hijo en brazos, dejando que su voz se quebrara—. Nuestro bebé se fue…
Ash tan sólo permaneció en silencio y abrazó a su esposa con fuerza, permitiéndose llorar junto a ella por haber perdido a su primer hijo. Por más que ambos hayan estado siempre conscientes de que esto iba a suceder, no pudieron evitar sentir que una parte su corazón les fue arrebatado bruscamente de su cuerpo.
Ambos lloraron en silencio, permitiéndose estar de luto en privado por el momento antes de que tuvieran que hacer público el deceso del pequeño fruto del amor que se tenían desde niños.
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Durante el funeral del pequeño Ketchum, sus padres guardaron absoluto silencio, especialmente mientras observaban como el ataúd de su hijo bajaba lentamente tres metros bajo tierra. Ninguno de los dos derramó lágrima alguna, pues querían demostrarle a su bebé que su presencia y circunstancia los hizo fuertes, y que siempre estarían agradecidos por darles la bendición y la oportunidad de haber sido padres por primera vez.
Los Ketchum sabían que sería un camino difícil, pero tenían la certeza de que a veces las decisiones que más complicadas son de tomar tenían un propósito.
Si habían de ser sinceros, los Ketchum realmente esperaron un milagro médico, y en parte por eso decidieron seguir con su pequeña aventura… aunque dicha fantasía pudiese quebrarse en un solo instante.
Pero a pesar de todo aquello no había remordimientos, estaban agradecidos con su hijo, lo amaban aún cuando ya no estaba a su lado, y siempre tendría un lugar muy especial en su corazón, no importando que por el sólo hecho de recordarlo sintieran un pinchazo similar a un piqute de Beedrill.
El silencio perduró durante algunos minutos en la habitación. Tanto Delia como Misty intentaron controlar las lágrimas que se les escaparon al recordar todo eso. Pero a diferencia de ellas, la pequeña Alyson no podía dejar de llorar… por alguna razón su corazón se comprimió y le dolió horrores.
— Hey… tranquila —dijo Ash, acercándola un poco a él para abrazarla mejor, logrando que así ella se apoyara en su pecho—. Vamos, todo está bien…
— Pero es que… todo lo que mi hermanito pasó… —respondió ella con la voz entrecortada—. Me da tristeza pensar que… yo si pude vivir y él no…
Levantándose de su lugar, Misty se acercó a su familia y tocó la espalda de su hija— Alyson, esas cosas están fuera de nuestro control. Es verdad que tu papá y yo estuvimos muy tristes durante algún tiempo por la pérdida de tu hermanito… Pero, ¿sabes? Después de eso, al cabo de dos años, nuestro hijo regresó a nuestro lado para procurar que tú, su hermanita menor, no tuvieras alguna complicación como la tuvo él.
Cuando Misty dijo eso, Alyson alzó su rostro y vio a su madre— ¿Cómo? ¿Quieres decir que Aron me cuidó…?
— Así es, digamos que es como tu ángel de la guarda… —le respondió Misty con una cálida sonrisa.
— Tu mamá y yo estamos seguros de que eso fue lo que pasó —secundó Ash, llamando la atención de su hija—. De hecho nos pusimos muy nerviosos cuando supimos de ti porque no queríamos que pasaras por lo mismo; desconocíamos si ese problema era hereditario o no… Pero cuando vimos que tu progreso era normal, que crecías sin ninguna complicación… no sé, simplemente pensamos en que era Aron cuidándote.
Habiendo escuchado eso la pequeña Ketchum sonrió levemente, dejando que aún así unas leves lágrimas rodaran por sus mejillas. Su madre las secó con sus dedos y le dijo—Te agradecemos que te sientas así por alguien de quien apenas conoces su existencia…, pero por favor no sientas tristeza por haber sido capaz de vivir…
— Porque no hubiéramos podido soportar perderte a ti también… —expresó Ash, finalmente abrazando a dos de las mujeres más importantes de su vida.
Alyson sencillamente se dejó abrazar, conmovida por las palabras que sus padres le dedicaron. Con su mano libre, sin embargo, tomó la fotografía que su papá tenía en sus manos y observó detenidamente el pequeño bulto que su madre sostenía en esa foto.
— Oye mamá… ¿Crees que luego me puedan enseñar cómo se veía mi hermano? —le preguntó sin dejar de ver el papel.
— Claro, mi amor… Si quieres mañana te enseñamos algunas fotos de Aron —respondió Misty—. Aunque por ahora es mejor que te vayas a dormir, ya es bastante tarde, y no quiero que pasado mañana, el día que empiezas tu entrenamiento, tengas problemas para levantarte como cierta persona que conozco … —dijo la pelirroja viendo a su esposo.
— Disfrutas avergonzándome, ¿verdad? —le preguntó con la voz baja y los ojos entrecerrados.
Molestándolo un poco con su dedo, Misty le respondió— Esa es mi especialidad, amor, ¿tantos años de conocerme y aún no te das cuenta?
— Como bien dijiste en la mañana Misty, para bien o para mal, ese es nuestro Ash… ¿Verdad Pikachu? —preguntó Delia, quien había recibido al pequeño roedor en su regazo una vez que la familia se junto en el sillón.
— ¡Pi Pikachu! (¡Si, ciertamente!).
— Oye, ¿y tú de qué lado se supone que estás, eh, Pikachu? —recriminó el entrenador, para que por respuesta el Pokémon eléctrico se acurrucara más contra el regazo de su madre— Uy, pequeño traidor… ¡Aquí nadie me respeta, caray!
Y con las típicas expresiones aniñadas del Maestro Pokémon, las risas regresaron nuevamente a la residencia Ketchum después de haber entrado durante un largo rato en un estado de silencio y depresión. Ahora la pequeña Alyson conocía la verdad sobre su hermano y la historia de sus padres por completo, por lo que ahora era su responsabilidad el continuar manteniendo una enorme sonrisa en sus seres queridos, especialmente en el rostro de sus progenitores.
— No te preocupes Aron, yo los cuidaré muy bien aquí abajo—pensó para sí misma la pequeña Ketchum mientras observaba de nueva cuenta la foto—. Sólo te los encargo desde allá arriba, ¿sí? —pidió mentalmente con una enorme sonrisa, apegando la fotografía a su corazón.
Suki: Ahora sí, aquí está la segunda parte del capítulo anterior. Sí, la cantidad de hojas es menos, pero al menos fue más llevadero todo. Y pues ahí está el misterio de por qué el pequeño Aron falleció. No sé si ustedes habían escuchado de esas anomalías, yo no lo había hecho… y cuando vi el video no saben cómo lloré. Desde esa vez planee que ese tema sería parte de una historia que creara, pero nunca me di el tiempo. Sin embargo, aquí está… y bueno, espero haber representado bien todos esos momentos de angustia que sintieron Ash y Misty, y la tristeza de Alyson al oír la historia.
Muchas gracias por los reviews y los favoritos. ¡Se los agradezco de corazón! Sin más por el momento, me paso a retirar. ¡Saludos!
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Suki90, presentó.
