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~No te quedes callado~

Capítulo 3: Desintoxicada

"Pero al fin desperté

De ese sueño que me hizo dormir".

Desintoxicada. –OV7

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Desde que Valka se puso el anillo que Alvin le dio, todo en la isla empezó a cambiar.

En un tronar de dedos, Valka siguió a Alvin a todas partes, como si no pudiera estar lejos de él, como si lo necesitara para todo, como si lo amara.

-¿Entones la ceremonia de compromiso será esta noche? –preguntó Gylda, terminando de trenzar el cabello de Valka en su habitación.

-Sí. –comentó insegura y apurada.

-Te he visto mucho más… amable con Alvin. Me da gusto que le hayas dado una oportunidad. –siguió mientras se sentaba a su lado.

-Sí… es diferente. –confesó mientras se llevaba una mano a su cabeza y la sobaba ligeramente.

Gylda notó eso. Gothi le había enseñado a ser curandera, tanto ella como Valka ayudaba a algunos de vez en cuando, con cosas básicas, pero ver esa actitud.

-¿Te sientes bien? –preguntó su amiga.

-Sí… -mencionó a duras penas. –Sólo me duele la cabeza.

La rubia entendió, pero notó algo en el anillo.

-¿Es el que te dio Alvin?

Valka asintió.

-Es increíble, se ve costoso. –comentó ilusionada. –Ojala alguien me dé un algún día.

LA castaña sonrió.

-Claro que alguien te dará uno.

Gylda se mordió el labio.

-Espero con todo mi corazón. –dijo, tomó la mano de Valka y le pidió el anillo para jugar un poco.

-Imagínate, que un anillo como este esté en mi mano. –ella se lo puso de repente y sintió un dolor de cabeza, pero se lo quitó de inmediato, eso le pasaba por usar joyas que no le correspondían. Lo regresó pero notó algo inusual en la mano de la chica.

-¡Valka! ¡Tu mano!

La mencionada se miró donde su amiga indicaba y se asustó, pues veía alrededor de su dedo anular, justo en el lugar donde posaba el anillo, estaba todo de un color verduzco y muy desagradable.

-¿Qué pasó? –se preguntó.

Gylda, con su vocación por ayudar a los demás, comentó sus suposiciones.

-Tal vez eres alérgica.

-¿Al oro? –preguntó extrañada.

-O tal vez ese anillo no es de oro. –comentó Gylda. –Alvin te ha engañado. –dijo asustada.

Valka empezó a juntar las piezas que había por decir, una cosa era ser alérgica al anillo y otra muy diferente era que el anillo tuviera algo que le hiciera daño.

-¿Me puedes acompañar con Gothi?

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El galeón atracó, un montón de gente se preparó en el muelle.

-Con ustedes, el jefe de Berk, la montaña humana, Estoico El vasto. –presentó un vikingo berkiano.

El jefe bajó del barco, recibiendo aplausos y ovaciones, hasta que él le hizo una indicación a su súbdito, señalando con sus ojos a quien venía detrás de él.

-Lo acompaña, el mejor amo de dragones que el archipiélago Luk Tuk haya conocido, el inmortal, el único, el valiente, el heredero al trono…

-Basta Erick, no es necesario alarmar. –dijo el castaño detrás de su padre.

-Es cierto. –se aclaró la garganta y habló. –Hipo Abadejo, el amo de dragones.

Sin decir nada más, los presentes esperaron a que apareciera el gran hombre que el vikingo había mencionado, pero en cuanto Estoico se movió, sólo apareció el chico, rascándose la cabeza por tal presentación.

Le aplaudieron por saber que él era el chico, a decir verdad hasta hace años Hipo no era conocido en el archipiélago, pero poco a poco se fue cambiando las cosas.

Estoico le puso una mano sobre el hombro derecho de Hipo caminó junto a él por el muelle.

Sin embargo, una espada filosa pasó por el cuello del chico, arrancando brevemente los pocos pelitos de barba que le crecían.

-¡Ay dioses! –exclamó con apuro.

-¿Me quitarás a mi hija? –preguntó el hombre de cabello y barba negra.

Hipo lo miró sin saber a qué se refería.

-¡Papá! –reprochó la chica, tratando de bajar el arma. –Disculpe a mi padre, joven Hipo. Anda alarmado porque muchos hombres han venido a tratar de pedir mi mano.

El heredero se hizo hacia atrás. –No, no, yo sólo… vine a acompañar a mi padre.

El jefe de la isla Escalofrío se hizo para atrás.

-Entonces eso lo hubieras dicho, chico. Casi te corto la cabeza. –comentó Argus, guardando sus espada.

-Siempre tan exagerado. –regañó su esposa. –Bienvenido, Estoico, bienvenido Hipo.

El joven sólo hizo una leve reverencia.

-Argus, Brenda. Como siempre es un placer. –saludó Estoico, con ánimo.

Sin decir nada más, los jefes se encaminaron hasta el Gran Salón donde los demás jefes estaban.

Hipo iba detrás de él, acompañado de Chimuelo.

-¿En serio es tu amigo? –preguntó la chica, asombrada por ver al Furia Nocturna.

Hipo sonrió, de cierta forma ella le recordaba la primera vez que conoció a Heather.

-Sí, es mi mejor amigo.

La muchacha estaba por decir algo más, pero le llamaron.

-¡Annek!

La chica se asustó.

-Ya voy. –gritó en voz fuerte. –Debo irme, nos veremos en la cena. Los hijos de los jefes nos sentamos en otra parte.

Hipo le sonrió y se quedó risueño viendo cómo corría, hasta que Chimuelo le pegó con una de sus orejas.

-¿Qué? –regañó ligeramente ofendido.

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Valka salió hecha una furia de la casa de Gothi, persona que la veía, intuía que podía asesinarla con sólo ver su mirada.

-¡Amiga! –la detuvo Gylda.

Valka se paró de abrupto, respirando con fuerza.

-Alvin quería asegurarte en su vida, no pienses que él…

-Él estaba usándome como títere. –masculló fuertemente.

Habían entrado al bosque, justo donde Valka había dejado la madera un par de semanas atrás. Decidida empezó a reacomodar la madera para su galeón.

La rubia la veía asustada.

-Valky… entiende. Tal vez Alvin no sabía que la pintura del anillo estaba hecha con un veneno que le ponen a los esclavos y sirvientes para modificar la voluntad de ellos y servir… a… sus amos.

Valka la miró con incredulidad y una mirada incriminatoria.

-Está bien, eso no fue correcto. –la futura esposa de Finn Hofferson reconoció su error.

-Gothi me dijo que esa sustancia se la ponen a los animales también para que obedezcan a sus dueños… Alvin intentó tratarme como un…

-Intentó enamorarte. –comentó tratando de entender al chico.

Valka rio con cinismo.

-Pues no lo hubiera intentado de esa forma. –dijo mientras afiló el cuchillo para cortar la madera. –Ahora vete, vete si no piensas ayudarme a terminar esto. –comentó furiosa.

Gylda pensó que lo mejor era dejarla sola por un momento, pero no lo hizo, tomo asiento al lado de Valka, quitándole de sus manos el arma filosa.

La castaña apretó ese anillo, hermoso por fuera pero intoxicante por dentro.

Se sentó y trató de aguantar el llanto.

-Ahora entiendo por qué hacía todo lo que él me pedía, por qué pensaba que lo necesitaba… pensaba en él, quería estar con él… llegué a confundirlo con el amor, pero sólo estaba confundida por ese veneno. –asumió escondiendo su cara entre las rodillas.

La rubia sólo le puso una mano en su espalda.

-No me imagino cómo te puedes sentir, pero Valky… piénsalo bien. Ya tienes, bueno, tenemos 21. La mayoría de las mujeres a nuestra edad se casan antes de esta edad y quienes no, ya están comprometidas.

La castaña alzó su vista y confundida volteó a ver a su amiga.

-¿Qué intentas decir?

Gylda humedeció sus labios.

-Tal vez es tu oportunidad para casarte. Yo daría lo que fuera porque alguien se fije así en mí. Pon algo de tu parte, Alvin te ama, sólo déjate querer.

Esas palabras le parecieron una aberración.

-Prefiero quedarme sola a estar con un hombre que sólo piensa en él. Si de verdad me amara, querría que fuera feliz. Pero con lo que hizo, sólo me demuestra que es menos hombre de lo que yo había pensado.

Gylda tragó duro, era claro que ella tenía razón, pero no tragó duro por ella, sino por las personas que aparecieron detrás de ella.

-Hola, Valquiria… ¿cómo estás? –preguntó Alvin.

Con escuchar la voz de él, Valka se giró a verlo.

Por primera vez en su vida, Estoico tuvo miedo de la mirada de una mujer. Él volteó a ver a Alvin que lucía complacido, al parecer eso no iba a resultar como él deseaba.

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Durante la cena se sintió bastante incómodo, no por la ausencia de Chimuelo, sino por todas las miradas que le daban a él, claro, miradas de las chicas.

-Vaya, tú hijo tiene mucha facilidad de conquista. –opinó Argus.

Estoico le dio un sorbo a la bebida, sonriendo y orgullo.

-Creo que eso lo sacó a mí.

-Mmm, y supongo que el carisma de Valka no tiene nada qué ver. –bromeó Brenda, pero se arrepintió de inmediato.

Con sólo escuchar ese nombre, una nostalgia se apoderó de él.

-Lamento hacerte recordar momentos difíciles. –se disculpó la pelirroja.

Estoico le restó importancia moviendo su mano.

-La recuerdo todos los días.

-¡Qué masoquista eres, Estoico! –regañó el jefe de la Isla Escalofrío.

-¡Oye!, No es eso, el hombre recuerda a Valka sólo con ver a ese chico, es igual a ella. –defendió Bocón mientras se picaba los dientes con una astilla de la mesa.

Estoico rio con diversión, volteando a ver a su vástago, pero se alarmó mientras veía que él se paraba por petición de una chica, la hija del jefe y más por salir del Gran Salón. El viudo se levantó también, pero Argus lo detuvo.

-Tranquilo, de seguro Annek le va a mostrar las caballerizas.

Estoico asintió, es sólo que no quería perder de vista a su hijo.

-Lo siento, de repente me sale lo padre protector. –se disculpó, dando una mordida fuerte a la pieza de cordero que le habían servido.

-Te entiendo, más si es el único heredero. –comentó Brenda.

Su conyugue asintió.

-Al menos Brenda y yo tenemos tres. –dijo divertido.

-Es cierto, a propósito, no he visto a tu hijo el mayor, Fass. –recordó Estoico, pues para ser el hijo de jefe de la casa huésped, no era normal que no estuviera allí.

Los padres del mencionado sólo se miraron.

-Seguramente anda en su caballo. No piensa en otra cosa más que en cabalgar. –se quejó Argus.

-¿A quién me recuerda? –ironizó Bocón.

-Conocieron a Annek, ella es más centrada, pero loca por los chicos y aunque su hermana Gala, de diecisiete es igual de loca, Fass es el único varón, el heredero por derecho. –argumentó Brenda, preocupada.

-Descuida, tiene veinte años… -

-Veinticuatro para ser exactos, los acaba de cumplir. –recordó la mujer.

-Ya se le pasará, deja que goce su libertad. –tranquilizó el jefe de Berk, mientras por la puerta entreabierta veía que su hijo iniciaba unas carreras con el heredero de la isla Escalofrío entre el caballo de él y Chimuelo.

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-¿Me extrañaste? –preguntó Alvin, tratando de abrazar a Valka

La chica, escurridiza como siempre se alejó.

En posición de guerra se detuvo.

-¿Qué es esto? –preguntó Valka, mostrando la argolla.

El traidor se extrañó.

-El anillo que te di. –comentó con simpleza encogiéndose de hombros.

La castaña lo miró desafiante.

-¿Te lo podrías poner, amor? –preguntó, pero Alvin se hizo hacia atrás.

-Supongo que no me queda. –se mofó.

Estoico estaba interesado por esa petición.

-¿Por qué le pediste eso Valka? –preguntó interesado.

Gylda trató de intervenir.

-Ella está jugando.

-No, no estoy jugando. –corrigió. –Ponte este estúpido anillo.

La firmeza con la que Valka pidió hizo a Alvin preocuparse, pero él sabía cómo controlarla.

-Valquiria… recuerda que sólo haces algo si te lo pido yo. –habló sutilmente.

Valka tambaleó, sintiéndose débil y vulnerable, pero dentro de ella sólo pensaba en el manejo que él le daba a ella.

-¡No! –impidió con todas sus fuerzas, haciendo que Alvin dejara de hablar. –Ya no me harás daño, no haré lo que me pidas.

Alvin dio un paso para atrás mientras que Gylda la sostenía, Estoico infirió que hacía un gran esfuerzo.

-No sé cómo conseguiste ese veneno, pero ya me di cuenta de tu trampa. No me casaré contigo. –habló fuerte y lo más claro que pudo, sintiendo cómo su sangre corría más rápido. –Eres muy poco hombre por obligarme y chantajearme así, pero al fin desperté, y ya estoy desintoxicada de esa cosa que le pusiste al anillo para que te obedeciera, ya no. Desintoxicada de cada palabra que tú me diste para que te obedeciera. Eres un… un…

-Un traidor. –finalizó Estoico, volteando a verlo con odio.

Alvin se fue haciendo hacia atrás.

-¡Nunca encontrarás a nadie como yo! ¿Oiste? –dijo mientras se alejaba furioso.

Valka lo miró con más ira, le aventó el anillo y le calló en la barba.

-¡Esa es la idea!

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Publicado: 17 de julio de 2015

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