Disclaimer: Las Crónicas de Narnia y sus personajes pertenecen a C. S. Lewis

Capitulo 2 La isla

Edmund se sentó al lado de sus hermanos.

-De nada- dijo irónico

-Lo tenía controlado- exclamó, enfadado, el mayor

Los hermanos Pevensie se encontraban sentados en un andén esperando el tren que los llevaría a la escuela.

Lucy, en medio de sus dos hermanos empezó a regañar a ambos por aquella pelea innecesaria que habían llevado a cabo con otros estudiantes.

-¡Y ahora porque ha sido Peter! -Sin embargo él solo la ignoraba- ¡Peter! -insistió ella.

-Ya déjalo Lucy -Se digno por fin en responder el mayor de los hermanos. La pequeña suspiro.

-Peter por favor -ella lo miro implorante-, deja de inmiscuirte en peleas innecesarias -y suspiro-. No te cuesta nada alejarte y ya -Peter se levanto, furioso viendo a su hermana.

-¿¡Y por qué debo hacerlo!? ¿¡No se cansan de que los traten como si fueran niños!?

-Somos niños -reclamo Edmund apuntando lo obvio.

-Pero no siempre lo fui.

Peter se dio la vuelta sin mirar a sus hermanos, se le notaba frustrado mientras pasaba una mano por su cabello rubio.

-Ya ha pasado un año -dijo de pronto el mayor-. Cuanto tiempo pasara para tener que volver -Todos sabían a qué lugar se refería con tanto anhelo y desespero.

Los tres tenían un mismo pensamiento en ese momento, después de todo, ellos no eran solamente tres, aún faltaba un miembro importante entre ellos. Sin embargo aquella preciada e importante persona había quedado en aquel magnífico lugar..., un lugar donde los animales hablaban..., donde los árboles caminan..., donde habían gobernado con justicia y amabilidad durante quince largos y magníficos años. Narnia, la tierra donde todo puede suceder..., donde aún se encontraba Susan, su querida hermana.

-Peter -Edmund se levanto de su asiento-, ella se encuentra bien.

A pesar de sus frecuentes peleas en los últimos días, los hermanos se llevaban realmente bien, y si había algo donde todos estaban unidos y juntos era en aquellos momentos donde necesitaban consuelo y escuchar de quien fuera que todo estaba bien, que ella estaba bien.

De improviso Lucy se alejó del asiento profiriendo un grito agudo, como alguien a quien ha picado una avispa.

-¿Qué sucede, Lu? -preguntó Edmund; y entonces, de repente, se interrumpió y emitió un ruidito que sonó parecido a "¡Ou!"

De pronto las luces comenzaron a titilar y el tren, al que esperaban, paso de largo sin detenerse haciendo que miles de papeles alzaran vuelo, las personas sin embargo se encontraban como si nada pasara, como si estuvieran congeladas.

-¿Qué diablos...? -empezó a decir Peter. Lucy lo interrumpió

-Parece magia -volteo, emocionada, mirando a sus hermanos.

-¡Pronto! -gritó Peter-. Las manos, sujétense -y velozmente tomó con su mano la de Lucy-. Mantengámonos bien juntos. ¡Rápido! -Ignorando la vacilación de Edmund tomo con su mano libre la de su hermano rápidamente.

El lugar parecía desmoronarse, las paredes, cubiertas de afiches se desgarraban, los azulejos se desprendían, poco quedaba ya del nombre de la estación en la pared.

El tren seguía pasando, pero de pronto los hermanos pudieron ver a través de él un paisaje de arena y agua, No podía verse claramente, la imagen iba y venía velozmente.

De pronto se encontraban en una cueva y una luz se trago al tren dando paso a la vista más bella que habían visto desde hacía mucho tiempo. Se encontraban los tres, uno al lado del otro, contemplando una playa de arena blanca. Unos pocos metros más allá, un mar muy tranquilo lamía la playa con olas tan diminutas que apenas producían ruido. El sol se encontraba donde se suponía que debía estar a las diez de la mañana, y el mar era de un azul deslumbrante. Permanecieron inmóviles olisqueando el mar.

Los tres se acercaron lentamente al agua cristalina. A los cinco minutos todos estaban descalzos remojándose en las frescas y transparentes aguas. Al minuto siguiente Edmund habló.

-¿Dónde creen que estamos?

-¿Dónde crees? -Peter comento riendo como si fuera lo más obvio del mundo. Sin embargo Edmund se encontraba observando los riscos.

-No recuerdo ningunas ruinas en Narnia.

Todos dirigieron la vista donde Edmund miraba.

-No estamos seguros en qué lugar de Narnia estamos -dijo Peter-. Debemos investigar, tenemos que encontrarnos con Susan.

Empezaron a recorrer la orilla con el mar a su izquierda y el bosque a la derecha. A excepción de algunas gaviotas ocasional, era un lugar muy tranquilo. El bosque era tan espeso y enmarañado que apenas conseguían ver su interior; y no se movía nada en él... ni un pájaro, ni siquiera un insecto.

Al rato la playa empezó a describir una curva hacía la derecha. Alrededor de un cuarto de hora más tarde, después de que hubieran atravesado una cresta rocosa que finalizaba en un cabo, la orilla giró bruscamente. A su espalda quedaba entonces el mar que los había recibido al salir de la cueva, y en aquellos momentos, al mirar al frente, podían contemplar a través del mar otra playa, tan densa mente poblada de árboles como la que estaban explorando.

La orilla por la que avanzaban se fue acercando cada vez más a la orilla opuesta, y cada vez rodeaban un promontorio, los Pevensie esperaban encontrar el lugar donde las dos se unían. Sin embargo se llevaron una desilusión. Llegaron a unas rocas a las que tuvieron que trepar y desde lo alto pudieron ver un buen trecho delante de ellos.

-No sirve de nada. No podremos llegar a esos otros bosques. ¡Estamos en una isla!

Era cierto. En aquel punto, el canal entre ellos y la costa opuesta tenía sólo unos veinte o treinta metros de anchura, pero se dieron cuenta de que era el punto en el que resultaba más estrecho. Después de eso, la costa por la que andaban doblaba de nuevo hacia la derecha, y podían ver el mar abierto entre ella y el continente. Resultaba evidente que habían dado la vuelta más de la mitad de la isla.

-¡Miren!- Gritó Lucy de repente -. ¿Qué es eso?

Señalo una especie de larga cinta plateada y sinuosa que discurría por la playa.

-¡Un arroyo!- Gritaron sus hermanos y, cansados como estaban, no perdieron tiempo en descender precipitadamente por entre las rocas y correr en dirección al agua potable. Se arrodillaron junto al primer estanque de rizadas aguas oscuras y bebieron y bebieron, y se sumergieron los rostros en el agua, y luego introdujeron los brazos hasta los codos.

-Tenemos que encontrar el modo de saber dónde estamos y como salir de aquí -dijo Peter.

-Estoy de acuerdo -secundo Lucy-. No se nos ocurre ningún modo de salir de esta isla y, para el momento en que encontremos alguna forma, puede que sea muy tarde. Creo que primordial mente deberíamos buscar algo para comer- En efecto, todos se encontraban muy hambrientos.

-Solo hay una cosa que se puede hacer. Debemos explorar el bosque. Ermitaños, caballeros y gente parecida siempre se las arreglan para sobrevivir si están en un bosque. Encuentran raíces y bayas y cosas.

-Vamos -dijo Peter-, Edmund tiene razón. Y debemos intentar hacer algo.

Todos se pusieron en pie y empezaron a seguir el curso del agua, lo que resulto una tarea muy ardua. Tuvieron que agacharse bajo algunas ramas y pasar por encima de otras, y avanzaron a trompicones por entre grandes masas de plantas parecidas a rododendros. También se desgarraron las ropas y se mojaron los pies en el arroyo. Empezaban a sentirse muy cansados de todo aquello cuando percibieron un aroma delicioso y, a continuación, un destello de color brillante por encima de ellos.

-¡Cielos! -exclamo Lucy-. Estoy segura de que eso es un manzano.

Y lo era. Ascendieron jadeantes la empinada orilla, se abrieron paso por entre unas zarzas, y se encontraron rodeando un viejo árbol cargado de enormes manzanas de un amarillo dorado, tan carnosas y jugosas como cualquiera desearía ver.

-Y este no es el único árbol -indicó Edmund con la boca llena de manzanas- Miren ahí... y ahí.

-Vaya, pero si hay docenas -dijo Lucy, arrojando el corazón de su primera manzana y tomando la segunda-. Esto debía de ser un huerto, hace mucho, mucho tiempo, antes de que el lugar se volviera salvaje y surgiera el bosque.

-Entonces, en el pasado la isla estaba habitada -dijo Peter.

-¿Y qué es eso? -preguntó Lucy, señalando al frente.

-Cielos, es una pared -contestó Peter-. Una vieja pared de piedra.

Abriéndose paso por entre las cargadas ramas llegaron ante el muro. Era muy viejo, y estaba desmoronado en algunos puntos, con musgos y alhelíes creciendo sobre él, pero era más alto que todos los árboles, excepto los más grandes. Y cuando se acercaron lo suficiente descubrieron un gran arco que antiguamente debía de haber tenido una verja, pero que en aquellos momentos estaba casi ocupado por el más grande de los manzanos. Tuvieron que romper algunas de las ramas para poder pasar, y cuando lo consiguieron, todos parpadearon porque la luz del día se tornó repentinamente más brillante. Se hallaban en un amplio espacio abierto rodeado de muros. Allí dentro no había árboles, únicamente un césped uniforme y margaritas, y también enredaderas, y paredes grises.

-Esto no era un jardín -declaró Edmund al cabo de un rato-. Esto era un castillo y aquí debía estar el patio.

Se fijaron bien a su alrededor. Había un tramo de escalera en una esquina de aquellas ruinas a la que Peter se subió mirando por doquier.

-Ya veo lo que quieres decir -dijo Peter-. Sí; eso son los restos de una torre. Y mirad esos otros escalones, los que son anchos y bajos, que ascienden hasta aquella entrada. Eso debía ser la puerta que daba a una sala enorme.

-Hace una eternidad, por lo que parece -apostilló Edmund.

-Me produce una sensación rara -dijo Lucy.

-¿Lo dices en serio, Lu? -inquirió Peter, volviéndose y mirándola con fijeza-. Porque a mí me sucede lo mismo. Me pregunto ¿Quién vivía aquí? -preguntó Peter.

De pronto Lucy vio algo pequeño y brillando en el suelo a la luz del sol. Se agacho a recogerlo. Era un pequeño caballo de ajedrez, normal de tamaño pero extraordinariamente pesado debido a que estaba hecho de oro macizo; y los ojos de la cabeza del animal eran dos diminutos rubíes, mejor dicho, uno lo era, porque el otro había desaparecido.

-Creo que nosotros -susurro Lucy frunciendo el ceño.

-Eso es mío -la pequeña dirigió su mirada a Edmund- de mi juego de ajedrez.

-¿De cuál? -preguntó Peter.

-No tenía un juego de ajedrez de oro en Finchley ¿Verdad? -dijo irónico Edmund.

De pronto Lucy salió corriendo, deteniéndose en un círculo de piedra.

-¿No se dan cuenta?

-¿De qué? -preguntó Peter al alcanzarla.

-Imagínense paredes -dijo su hermana mientras ponía a Peter y Edmund uno al lado del otro- y columnas ahí.- De pronto ella se posiciono un poco más alejada de sus hermanos-. Y un techo de cristal.

-Cair Paravel -susurro Peter.

Todos vieron de pronto aquel espacio que había entre ellos y Lucy.

-N-no puede ser Lucy -dijo el mayor moviéndose de aquella fila- Cair Paravel no puede...- Peter empezó a ver a su alrededor buscando algún indicio de que aquellas ruinas no fueran aquel maravilloso castillo.-No puede ser. Susan... ella.

-Peter... -dijo Lucy.

-¡No! -el mayor de los Pevensie se dio vuelta para mirar a su hermana.

-Peter -esta vez fue Edmund quién hablo-. Éste es Cair Paravel -su hermano se volteo dándoles la espalda.

-¿Dónde está Susan entonces? -preguntó a nadie en específico-. Además, este lugar parece tener siglos en este estado. Y sobre todo, Cair Paravel no estaba en una isla.

-Sí, eso me intriga. Pero estaba en una, como se llamaba, una península. Algo muy parecido a una isla. ¿No podría haberse convertido en una isla desde que estuvimos aquí? Podrían haber excavado un canal.

-Pero ¡espera un momento! -dijo Peter- Acabas de decir "desde que estuvimos aquí". Pero hace solo un año que regresamos de Narnia. Y pretendes que en un año se hayan derrumbado castillos, crecido enormes bosques... es totalmente imposible.

-Una cosa -intervino Lucy-. Si esto es Cair Paravel debería existir una puerta al final de esta tarima. Ya saben; la puerta que descendía a la sala del tesoro. Si quieren estar más seguros...-esto lo dijo mirando especialmente a Peter-... podemos averiguarlo de esta forma.

Todos de dirigieron donde supuesta mente debería estar la sala del tesoro, encontrándose con una pared que era una masa de enredaderas.

-Eso se averigua en seguida -anunció Edmund. Con un palo empezó a golpear la pared de hiedra. Toc, toc, golpeó contra la piedra; y de nuevo, toc, toc; y luego, de repente, bum, bum, con un sonido muy distinto, un sonido hueco de madera.

-Tenemos que quitar todas estas enredaderas -anunció Peter.

Ambos muchachos se pusieron a hurgar en las enredaderas con las manos hasta que está se rompió, y finalmente se descubrió la puerta. Ambos empezaron a romper la madera que se encontraba toda podrida. Todos se quedaron con la vista fija en la fría y oscura abertura que habían hecho.

De pronto Peter agarró una rama gruesa y rompió un pedazo de su uniforme, a continuación sujeto la tela al palo que tenía forma de "y".

-Supongo que no tienes fósforos, ¿o sí? -preguntó Peter a Edmund.

-No pero...-y revolvió en su mochila-... ¿te sirve esto? -y saco una linterna.

-¡Podías haberlo mencionado un poco antes!- comentó riendo su hermano.

Entró Edmund primero, con la luz. Luego paso Lucy, y Peter cerró la marcha. Sin embargo una vez abajo la linterna ya no era necesaria, debido a que en el techo había varias aperturas que dejaban paso a la luz del día.

El lugar era redondo con estatuas de piedra de ellos cuatro de adultos cuando eran reyes y reinas de Narnia, con un cofre a los pies de cada uno. Aquélla era realmente la vieja cámara del tesoro de Cair Paravel.

Acá traigo otro capítulo, que personalmente me gustó mucho escribir :)

Aclaro que a partir de ahora voy a subir un capítulo cada semana a partir de este día por lo que el sábado que viene subiere otro :)