Perdonen el tiempo que no vine, los PAs son tan escasos que me tiraba del cabello. Finalmente pude llegar al diálogo de Lysandro (de nuevo) y guardar la conversación para traerles este pequeño escrito. Ya estamos casi en el fin, un chico más y termina, espero les haya gustado leerlo tanto como a mí me gustó escribirlo.

ADVERTENCIA: Diálogo del episodio 8, mi Sucrette eligió hablar con Lysandre con un lov'o'metro de 88, no sé cuál es el mínimo para que aparezca, algunos me dicen que 65 y otros que 85. Referencias a capítulos futuros, aunque casi son inexistentes y a menos de que los hayas jugado no puedes verlas. Los datos proporcionados de Lysandre son oficiales de ChiNoMiko.


Vi a Castiel debajo del árbol del patio, como casi todos los días desde que le conozco. En ese momento recordé la letra que recién acababa de escribir y decidí enseñársela, sin embargo, al buscar entre mis cosas no pude hallar mi libreta. Suspiré ante ello. Sé que debería estar estudiando ante los próximos exámenes, pero realmente no podía pensar en ellos y tampoco es algo que me preocupe en demasía. Lo que ahora ocupaba enteramente mis pensamientos era recordar dónde pude haberla dejado. Quizá por el invernadero, había ido allí a escribir un poco… o tal vez se me cayera en los pasillos… pensándolo bien, habíamos ensayado la tarde anterior y puede que le dejara en el sótano.

Me quedé reflexionando acerca de esto, ¿dónde pude haberla dejado?, no pienso dar de vueltas por todo el instituto sin indicio alguno de su paradero. Volteé hacia la ventana, topándome con un cielo azul sin nube alguna… parecía demasiado tranquilo, casi como si se tratara de un mar en el cual lentamente me sumergía. Realmente es muy relajante el quedarse quieto por un instante, sobre todo con los exámenes tan cerca, aunque realmente no hay motivos para estresarse al respecto.

La puerta se abrió en ese instante y Ámber entró por la misma, no le presté atención alguna creyendo que iría por sus apuntes para repasar, además, tampoco es alguien que me agrade en demasía. Sin embargo, en contra de todo lo esperado, tomó la silla del asiento delante del mío y le dio media vuelta, quedando justo frente a mí.

–¡Hola, Lysandro! –me dijo con esa voz chillona que tanto me desespera.

–Ahhh… hola… –devolví no deseando ser descortés con ella.

Comenzó a hablar de cosas sin sentido mientras yo trataba no ser especialmente incorrecto al referirme a ella y notificarle que sus problemas no me incumbían. ¿No estaba haciendo algo antes de que llegara? El cielo… sí, pensaba en el cielo… ¿Y antes de eso? Los exámenes… no, eso fue después…

–¡…ella es realmente desesperante! –le escuché decir.

Le contemplé un momento para no hacerle ver que realmente no le había puesto atención, acababa de recordar que buscaba mi libreta, volví a repasar mentalmente los lugares donde estaría cuando le escuché nombrar a la chica nueva… es curioso… nunca ha sido de su agrado, seguramente se ha enfadado nuevamente con ella…

Sonreí… mis pensamientos se fueron en ese instante, volando muy lejos.

¿Qué tiene esa chica que parece llevarse con Castiel y Nathaniel? Son como el día y la noche y, a pesar de ello, parece unirlos en algunas ocasiones. Si tan solo pudiesen dejar atrás sus diferencias, notarían que tienen más en común de lo que se imaginan, aunque dudo que pase algún día mientras Castiel le guarde rencor al rubio.

Pero, realmente… ¿qué tiene de especial esa chica? Que parece agradarle a Rosalya cuando ella no se relaciona con el resto de las alumnas del Sweet Amoris… ¿Qué tiene de especial esa chica? Que me descubro hablando de ella aun sin motivo alguno, incluso Leigh se ha dado cuenta de eso, cuando por las noches mientras prepara la cena, le platico ciertos de sus gestos… ¿Qué tiene de especial esa chica? Que me hace recordar su rostro por las noches, mientras escribo nuevas letras, que se mete en ellas como si fuese mi Musa perfecta. ¿Qué tiene de especial? Que me hace sonreír más de lo que recuerdo, que me saca las palabras sin dificultades, que me hace reír más veces que incluso Castiel. ¿Qué tiene de especial? Que me descubro volteando a verla en el salón de clases mientras toma apuntes de la materia del Señor Farrés. ¿Qué tiene de especial? Que me ruborizo aun sin quererlo, cuando clava sus ojos fijamente en los míos mientras me dedica una sonrisa tan clara con el cristal. Sí, ¿qué tiene de especial?

No lo sé…

Lo ignoro…

Ignoro qué secretos oculta, qué sueños tiene, qué miedos carga, qué obstáculos le detienen… y aún así, un magnetismo parece atraerme hasta ella, cada vez más fuerte…

–Ahora ya lo sabes, ¿acaso no es patética? –sonríe de manera extraña Ámber.

–Ahhh… ajá… –intento no parecer descortés.

Vuelve a regocijarse, como si especialmente mis palabras fueran lo que deseaba oír y sale del sitio. Me quita un peso de encima al hacer eso, no es una de mis personas favoritas para charlar, ni siquiera para estar en silencio, aunque eso no es especialmente su fuerte. Noto que desde hace un rato tengo un lápiz en los dedos, jugando con él; mi libro abierto frente a mí de repente me tienta, a pesar de que nunca lo he rayado… y me descubro escribiendo pequeñas estrofas que vienen a mi mente cuando ella está presente.

She calls me "friend",
She doesn't know
About how I feel myself
It's so painful
… I know that…
So please listen to me
Listen my song, my voice, my true voice

Recargué el rostro en mi mano izquierda, suspirando, Shakespeare hablaba de esto en sus obras, las he leído demasiadas veces como para no notarlo. Pero es muy pronto para decirlo en voz alta, no creo que sea lo mismo experimentado por los Capuleto y Montesco, ¿o sí? No, no es verdad… ella no puede ser tan importante para mí en el poco tiempo que llevamos de conocernos… ¿o acaso he sido hechizado como Romeo al ver a Julieta en ese baile? ¿Se puede lograr eso en apenas un instante?

Le vi entrar, casi como invocada por mí y mis pensamientos, ella evitaba mirarme a los ojos, jugando con la manga de su camisa mientras parecía reunir el valor para decirme cosa alguna.

–¿Algo no va bien? –pregunté confundido.

–No… bueno, sí, quería hablar contigo de lo que te ha dicho Ámber.

–¿Eihn? Ella vino a verme sí, pero no le hice caso, yo estaba tratando de recordar dónde puse mi libreta. Y pocas veces he visto a esa chica decir algo interesante –le fui sincero, no es un secreto que la hermana de Nathaniel y yo no nos llevamos particularmente bien.

–¿Qué?… ¿No escuchaste nada?

–Como ella te aprecia muy poco, cuando dijo tu nombre pensé que iba a tratar de desacreditarte. Entonces no. Ámber también me parece muy desagradable. No tenía ganas de hablar con ella.

–Ahm… Aún mejor.

–¿Por qué querías hablarme de eso? ¿Tendría que haberla escuchado? –pregunté, quizás sí debí fijarme más en las palabras de la rubia.

–¡No! ¡Ni pensarlo!

Sonrió y suspiró aliviada, quizás Ámber habíase inventado un rumor suyo, con ella nunca se sabe y, ya que ella frustró algunos de sus planes, es perfectamente creíble que quiera lastimarla. Salió presurosa, diciéndome que aún debía encontrar un lugar para estudiar, sin darme tiempo a ofrecerle la sala. Me quedé en mi asiento, releyendo las estrofas escritas, taché unas palabras y compuse nuevamente.

She calls me "friend",
She doesn't know
About how I feel myself
It's time now
… I know that…
Listen, pretty girl, listen to me
This is my song, my soul, my voice

Contemplé mi trabajo terminado, realmente me había gustado, aunque ahora sólo tenía un pensamiento en mente…

Tenía que encontrar mi libreta rápido, debía escribirle una canción a mi Musa.