Ellos detuvieron la guerra…
Siglos atrás cuando Crystalia estuvo sumida en la oscuridad, un grupo de valientes tomaron la decisión que cambiaría el transcurso de la historia. Aseguraron que la magia prevaleciera y que los inocentes no sufrieran.
Ahora una nueva batalla se está formando…
Mikan Yukihara ha vivido gran parte de su vida en la tierra, ha visto y experimentado horrores que nadie a su corta edad de veinticuatro años debería haber pasado. Su vida se ha visto oscurecida por la ambición y codicia convirtiéndola en lo que siempre ha temido. Pero ahora que es capaz de regresar a su mundo lo último que quiere es llamar la atención, sin embargo cuando la aterrorizada cara de un niño aparece en el mágico folleto todos sus planes e intenciones quedan en el olvido.
Incapaz de ignorar las injusticias de Crystalia, se enlista en los dos torneos más importantes del año, sin prestar atención al hecho de que todos los habitantes del mundo van verla. Con su identidad descubierta Mikan se enfrenta a una nueva clase de persecución, nuevos horrores asechan en su mente y nuevos miedos entran en sus pesadillas.
Y es el deber de alguien detenerla…
El agujero negro que era su vida pronto se ve convertido en un campo de batalla. Ella es la pieza clave que todos necesitan y es su elección participar en este nuevo juego por el poder.
Los personajes de GA no me pertenecen. La historia es una adaptación del libro que estoy escribiendo, si gustan pueden leerlo en Wattpad
Capítulo 3
Mikan se despertó bien entrada la mañana, sus cortes habían sanado completamente y el dolor de sus costillas rotas se había reducido a una simple molestia. Una suave brisa alborotó su cabello y cerrando los ojos se permitió disfrutar de aquel instante de tranquilidad, las hojas de los árboles se movían sobre ella al ritmo del viento y cada una de sus terminaciones nerviosas vibraba con la energía del ambiente. Por increíble que pareciera estaba segura que aquella brisa contaba una historia.
Este es el cuento de una flor de mil colores
Que en invierno florecía sin falta
Deslumbrando al mundo con su vibrante luz.
Cierra tus ojos y abre tu mente
Que te mostraremos un mundo de paz y color
Donde las historias abundan y la magia persiste.
Poco a poco abrió los ojos a medida que las palabras dejaban de ser entendibles y pronto solo pudo escuchar el susurro de las hojas. Suspirando con resignación se levantó y comenzó su caminata por el bosque. Lo primero sería encontrar comida, una que no tuviera plumas ni orejas de gato.
Vagó por un rato hasta encontrar un gran árbol lleno de frutas extrañas. Trepando a una de las ramas cogió el irregular fruto y lo olfateó, un ácido aroma llenó sus sentidos invitándola a probarlo. Con curiosidad uso una de sus garras para atravesar la dura cascara y lo abrió por la mitad, la pulpa quedó inmediatamente a la vista. Era de color morado con pequeñas semillas rojas, el aroma se intensificó y cautelosa probó un poco. Al contrario de lo que esperaba, un dulce sabor parecido a la fresa inundo su paladar en el instante en que lo saboreó pero luego notó un leve sabor ácido. Decidiendo que le gustaba terminó de comerse el fruto y cogió más del árbol.
Sintiéndose satisfecha decidió buscar agua y siguiendo a sus sentidos camino por el bosque hasta llegar a un riachuelo. Agachándose en la orilla bebió de la cristalina agua y mojó su cara para refrescarse. Una idea surgió en su mente y asegurándose que no hubiera nadie, se quitó la ropa y entró en el agua fría.
Pese que la noche en que llegó había nevado, el agua no estaba en temperaturas cerca de la congelación, de hecho estaba casi tibia lo que causó curiosidad en Mikan. De haber estado en la tierra en esos momentos estaría tiritando de frio, lo que le hacía preguntarse porque en Crystalia eso no sucedía. Allí todo era extraño y funcionaba de una manera diferente a la que estaba acostumbrada pero no podía negar que le gustaba estar allí.
Hundiéndose en el agua nadó un poco, disfrutando de la relajante sensación. Siempre había amado el agua y cuando sus instintos felinos llegaron eso simplemente aumentó. Deteniéndose en una parte profunda salió a tomar aire y una vez más se aseguró que nadie hubiera entrado en la zona mientras nadaba, apartó uno de los plateados mechones de su cabello mayormente rojizo y observó el azul cielo. Algo chapoteó junto a ella y nerviosa volteó a mirar que era, varios peces nadaban allí pero no explicaban el ruido. Justo cuando decidió salir del río —solo por precaución—, uno de los dorados peces saltó pasando por encima de su cabeza y aterrizando al otro lado. Más peces lo siguieron y durante los siguientes minutos se la pasaron saltando.
Divertida intentó atrapar varios mientras estaban en el aire, pero estos cambiaban de dirección cada vez que estaba por cogerlos; si era por miedo o por juego ella no lo sabía, pero ciertamente los animales sintieron sus intenciones por que pronto varios comenzaron a golpearle la cola con sus aletas momentos antes de que saltaran lejos de su alcance.
Un lejano crujido llamó la atención de Mikan terminando con su juego y alertándola de inmediato. Olfateando el aire maldijo cuando sintió un aroma diferente al del bosque y rápidamente salió del agua y se vistió. Trepando uno de los árboles se ocultó en su abundante follaje y cambió de forma para que su olor no fuera percibido tan fácilmente. Varios minutos pasaron antes de que una pequeña niña saliera de los arbustos y riendo se acercara al agua.
Pertenecía a la raza de los veldelm, creaturas muy similares a los humanos a diferencia de los múltiples colores de su cabello y los poderes que poseen. La misma raza a la que ella había pertenecido en su nacimiento.
Frunciendo el ceño observó como la niña se inclinaba demasiado sobre el río, justo en la parte profunda donde había jugado con los peces. Una de sus pequeñas manos se estiró para agarrar algo pero su pie se deslizó y terminó cayendo al agua. Bufando Mikan se inclinó más sobre la rama y vio como la pequeña salía por unos segundos antes de volverse a hundir, sus brazos se agitaban frenéticamente y pequeños sollozos aterrados cortaban el aire cada vez que podía subir a la superficie. Intentando escuchar más allá de los gritos de la niña, Mikan buscó alguna señal de que alguien viniera en su rescate, pero no había ningún ruido y los dos aromas que recogió provenían de muy lejos.
Gruñendo saltó del árbol y se adentró en el agua. La pequeña al verla abrió mucho los ojos y dio un grito ahogado, lo que hizo que más agua entrara en su garganta; rodando los ojos agarró con cuidado el borde de su camisa con los dientes y la arrastro hasta la orilla. Una vez que logró sacarla de río la alejó del borde.
Observó por unos momentos a la niña que tosía fuertemente buscándole alguna herida, al no encontrarla dio media vuelta y se alejó corriendo de allí antes de que alguien más la viera.
El suave golpe en la puerta llamó la atención de los tres hombres en el interior de la oficina. Como todas las veces que tenían algo que discutir, los tres centinelas se habían reunido allí para hablar sobre los últimos acontecimientos de su trabajo, decidiendo como lidiar con la información que habían recopilado.
Natsume, el líder del grupo, había terminado la noche anterior con el interrogatorio y pronto tendrían que mostrar las grabaciones a Bronte y su equipo, sin embargo aún había vacíos en la historia que le preocupaban y por esa razón había decidido hablar con sus dos amigos y compañeros de trabajo, con la esperanza de que estando allí nadie los interrumpiría ya que todos sabían las continuas reuniones que hacían. Y por esa razón es que todos se extrañaron ante el llamado, sabiendo que algo importante había sucedido o de lo contrario no serían interrumpidos.
Guardando los papeles y grabaciones en uno de los cajones del escritorio de madera oscura, Natsume dio la orden de que entraran. La puerta se abrió revelando a Nayra, la ayudante de su hermana, quien al notar la seriedad del ambiente, palideció y entró en la habitación evitando mirar a alguno de los tres. Natsume bloqueó el cajón al mismo tiempo que Ruka sonreía cálidamente a la recién llegada.
—¿Qué sucede, Nayra? —preguntó Natsume calmadamente.
Apretando las manos frente a su regazo la joven kelter alzó la vista hacia el centinela intentando determinar su estado de ánimo, sin embargo no pudo detectar nada en su impasible rostro. Respirando profundamente, dijo:
—Ha habido un cambio en la joven hada —Esperó unos momentos por si alguno respondía pero cuando no sucedió se apresuró a continuar—. Despertó hace varios minutos, parece un poco desorientada pero por lo demás luce bien. La doctora Aoi está con ella en estos momentos.
Natsume asintió en agradecimiento. Entendiendo la indirecta Nyra se apresuró a salir de la habitación.
—¿Vamos a visitarla? —le preguntó Ruka a su amigo una vez estuvieron solos.
—Sí. Necesitamos saber que está sucediendo y hasta el momento ella es la única que tiene respuestas —Natsume se pasó la mano por su cabello negro—. Espero que lidiar con esto sea más fácil que tratar con la basura de las drogas.
Youichi bufó sabiendo que aquello sería imposible.
—Lo dudo.
—Tiene razón —dijo Ruka haciendo una mueca ante el pensamiento—. Con todos los cadáveres y moribundos que hemos encontrado estoy pensando que esto va a ser más grande que toda la basura de Bronte.
Natsume suspiró.
—Eso es justo lo que me temo.
