Deborah seguía recostada en su camilla con un ligero dolor de cabeza, se sentía mucho mejor. Se intentó relajar sabía que esa sería la única noche que pasaría en la reserva, cenó y vio la televisión. Jericho la observaba, era linda y parecía una humana común y corriente, justo cuando el primate se iba a marchar a su habitación a dormir oyó algo que lo inquieto, la humana gemía, se asustó, no sabía si ella experimentaba dolor. Entró forzando la puerta y la miró. Ella no parecía sufrir, al contrario, estaba sudando y parecía que se acariciaba en su zona íntima.

-Lo siento, yo escuché ruidos y pensé que- dijo Jericho mientras iba a salir de la habitación. En su camino vio que la humana sujetaba en su mano algo que llamó su atención.

-¿Esa es mi foto?- preguntó Jericho confundido.

Deborah solo lanzó la fotografía lejos completamente sonrojada, estaba casi desnuda y la habían descubierto masturbándose mirando su foto. No pudo responder por unos minutos, vio cómo la especie juntaba la fotografía del piso mirándola con confusión.

-¿Para esto querías mi fotografía?- preguntó Jericho.

-Perdón, me excitaste mucho en la mañana, tus ojos y tu boca, yo sentí ganas de pedirle una fotografía a Jessie pero no para esto, solo para verte, no sé qué decir- dijo Deb mientras se cubría con la sabana, estaba avergonzada.

-Lamento haberte interrumpido cuando saciabas tu deseo- dijo Jericho.

-Está bien- dijo Deborah confundida de que él pareciera tan tranquilo.

-Permíteme verte- dijo Jericho tirando de la sábana y viendo fijamente el cuerpo de Deborah. Ella se sonrojó pero no opuso resistencia, sus pechos parecían suaves y estaban cubiertos en su sudor.

-¿Puedo tocar?- preguntó Jericho mientras seguía mirando sus senos.

Deborah no podía contestar, no salían palabras de su boca, dio un paso al frente mientras lo seguía observando. Jericho tomó uno de sus pechos y lo masajeó, era muy suave. Su pezón estaba hinchado por la excitación y no pudo evitar darle un leve pellizco, ella solo gimió como respuesta. Se acercó lentamente y besó el hermoso pezón rosa, lo succionó apasionadamente. Deborah había dejado de pensar, su excitación la controlaba completamente.

-Muéstrame cómo te tocabas, quiero verte- pidió Jericho mientras la ayudaba a recostarse en la cama.

Deborah se acarició el clítoris e introdujo uno de sus dedos en su vagina pero quería más, lo quería a él.

-¿Quieres que te ayude?- preguntó Jericho.

Deb se sonrojó ante la pregunta y no pudo contestar.

-Puedo ayudar a satisfacerte, pero es todo lo que te ofrezco, pasar un buen rato a tu lado, no puedo permitirme pasar más tiempo a tu lado, sería muy doloroso- dijo Jericho mientras se acercaba a ella y la acariciaba.

-Está bien- dijo dulcemente Deborah mientras lo besaba con pasión.

Sintió como Jericho le tomaba las piernas y comenzaba a lamer su zona íntima, no tardó en llegar a su clímax. Su orgasmo la azotó fuerte, más intenso que cualquier placer que había sentido en su vida. Seguía sintiendo escalofríos a través de su cuerpo, no podía controlar su cuerpo, sintió que las manos de Jericho tomaban su cadera y le daba una vuelta para ponerla de rodillas.

-No te tomaré si no quieres, ¿estás segura de que deseas esto?- preguntó

-Por favor- dijo Deb como pudo.

Jericho se desvistió rápidamente, arrojó su ropa a un costado y se acercó a ella, puso su miembro en la entrada de Deborah y dudó antes de montarla, él no quería a una hembra, qué es lo que pensaba.

-Por favor Jericho, te necesito- pidió Deb ansiosa por sentirlo dentro de ella.

Eso eliminó todas las dudas, comenzó a embestirla suave y lentamente pero rápidamente el cuerpo de Debbie lo iba tomando.

-Más, más rápido- gimió Deb.

Jericho aceleró el ritmo de sus embestidas, pasaron unos minutos antes de poder alcanzar su clímax y sintió cómo ella se corría poco después. Estaba muy cansado, la abrazó y durmieron un poco.