Al fin llegó el gran día: el cumpleaños del magnífico y fabuloso Magnus Bane, Gran Brujo de Brooklyn. Como no podía ser de otro modo el brujo quiso celebrarlo por todo lo alto: fue una épica fiesta de cumpleaños con un montón de invitados, música, bebidas, toda clase de comida y, evidentemente, regalos. Una gran montaña de regalos apilonados a un lado de la sala.
-¿Qué te ha dicho?- Le preguntó Maia a Alec mientras el chico observaba dicha montaña de regalos.
-Se lo diré esta noche- El cazador de sombras se veía nervioso.
-Y cuéntame ¿Cómo lo harás?- Quiso saber la chica que sin saber el por que también estaba nerviosa y emocionada.
-¿Eh?-
En esos momentos Alec cayó en la cuenta de que se había olvidado de una importante parte de ese plan: decírselo a Magnus. Había estado dándole tantas vueltas al tema del regalo que se le había pasado por alto ese detallito.
-¡Por el Ángel! ¿Cómo voy a decírselo?- De nuevo se sentía agobiado y preocupado- Yo no soy bueno ni hablando en situaciones normales ¿Cómo voy a decirle algo así?-
-Tranquilo- le calmó Maia - Si quieres puedo ayudarte hacer una bonita tarjeta de regalo.-
-¡Es verdad!- Una vez más Maia había dado con la solución y Alec se alegraba de tenerla a su lado.
Los dos amigos se ausentaron unos minutos de la fiesta de cumpleaños para preparar la tarjeta-regalo de Magnus.
Al fin la fiesta finalizó y como no podía ser de otro modo terminó con los dos enamorados haciendo el amor apasionadamente. Estaban tumbados en la cama abrazados y disfrutando de ese contacto de piel contra piel mientras sus pulsaciones volvían a su ritmo normal. Alec pensó que ese era el momento perfecto para darle su regalo a Magnus. El brujo había encendido un par de velas que le daban a la habitación la suficiente luz para que se pudieran ver pero sin poder entrar en detalles sobre expresiones de la cara o si se sonrojaba o no.
-¿Te lo has pasado bien?- Empezó a introducir el tema Alexander.
-Sí, pero sin lugar a dudas esta ha sido la mejor parte de la noche- le piropeó el brujo mientras deslizaba su larga mano por el cuerpo del joven.
-Yo también tengo un regalo para ti-
-Alexander, mi amor, ya te dije que no hacía falta que me compraras nada. Tú eres mi mejor regalo- le dijo el brujo mientras notaba como la piel de su amante se separaba de la suya para ir a buscar algo en el bolsillo de sus pantalones.
Alec volvió a tumbarse junto a Bane mientras le entregaba un sobre.
-¿Qué es?- Sintió curiosidad el subterráneo alargando la mano para llegar al interruptor de la luz.
-No- rápidamente Alec le paró -así a oscuras es más íntimo-.
La verdad era que no quería que su novio viera las diferentes tonalidades de rojo que adquiriría su cara cuando Magnus leyera la tarjeta en voz alta. Le cogió la mano en el aire y sensualmente empezó a mordisquear las puntas de los dedos del brujo. Bane respondió rápidamente a ese estimulo haciendo un ruidito de placer. Al escucharlo Alec dejo de mordisquear para literalmente empezar a lamer a introducirse en la boca el dedo índice del brujo.
-Me vuelves loco Alec- le confesó el brujo agarrando la nuca del nefilim con la mano libre que le quedaba. –No te puedes ni llegar a imaginar lo mucho que me excitas-
Quitó la mano de la boca de su novio y le empezó a besar con desesperación. Alec, que ya sabía como acabaría, frenó los ardientes besos de su novio.
-Tienes que abrir mi regalo- le recordó.
-Tienes razón, perdona- le sonrió el brujo mientras abría el sobre y sacaba la tarjeta de dentro.
Leyó la nota en voz baja y se quedó unos segundos pensativo
-¿Me regalas un intercambio de parejas?- Preguntó dudoso sin saber como reaccionar: no sabía si eso iba en serio o su novio le estaba gastando una broma y en unos segundos sacaría el regalo de verdad.
-Si- Alec agradeció que luz siguiera apagada: notaba la cara ardiendo y el corazón disparado.
-¿Estás seguro que quieres hacer algo así?- Extrañado.
-Sí, claro que sí- comenzó a soltar su discurso ya ensañado- Estoy cansado de ser Alec el modosito, quiero vivir todas esas cosas de las que tú hablas. Quiero nuevas experiencias y tener una noche loca como todo el mundo. Quiero descubrir cosas nuevas contigo-.
-¿Seguro?- Ese repentino cambio de actitud del chico había dejado sin palabras a Magnus.
-Sí… si tú quieres claro…. ¿No te gusta? ¿Te ha molestado que te diera esto?-
La voz de Alec estaba pasando de un exagerado entusiasmo al miedo en cuestión de segundos.
-No, claro que no amor- le tranquilizó rápidamente Magnus- me parece una idea formidable. Ya sabes que yo soy gran amante de estas cosas y me encanta que hayas tenido esa iniciativa. Será una experiencia diferente que seguro que disfrutaremos al máximo. ¿Cuándo vamos hacerlo?-
Continuará en Capitulo 4
