Quiero agradecer a todas las hot girls sus comentarios.
A Diana, por su portada caliente y, además, decirle que hice este capítulo pensando en ella, queriendo hacer realidad su fantasía.
Capítulo beteado por Pichi LG, Beta FFAD www facebook com / groups / betasffadiction
Capítulo 2
Desperté aún con la sensación de haber tenido el mejor sueño de mi puta vida, sentía pesado cada músculo de mi cuerpo, y mi miembro estaba algo sensible.
De repente, todo lo que había vivido con Danny por la noche vino a mi mente, cayendo como un gran peso… todas las sensaciones que me hizo vivir, mi sexo endurecido y palpitante por ella, yo atado y a su disposición; ella me había mostrado toda una nueva perspectiva en cuanto al uso de una cama.
Me metí en el baño y lavé mis dientes, cerraba los ojos mientras hacía unas gárgaras con el enjuague bucal —su boca sobre mi polla—, decidí darme una ducha fría —sus manos en mi piel—, pasé la toalla para secar el agua de mi cuerpo —fue su lengua la que sentí—. ¡Oh, cielos! Danny me había trastornado.
Para dejar de pensar y visualizar mi encuentro con Danny me encaminé hacia la parte inferior de la mansión. Todo estaba en silencio, al parecer no había nadie en ella, cosa que agradecí internamente porque no creía que fuera capaz de verlas a los ojos a todas, sabiendo lo que hice la pasada noche con una de sus hermanas.
Aproveché la ausencia de todas las chicas, que al parecer estaban en clases o algo así, y me puse un bañador, entraría a la piscina y haría unos cuantos largos; necesitaba ejercitar mi cuerpo, y con eso liberaría el estrés y todo el cansancio del fabuloso sexo que había tenido.
En eso estaba, cuando de repente, por el rabillo del ojo, divisé una figura de pie junto a la alberca, era Diana, esa mujer de cabello castaño y ojos marrones, podía perderme en ellos, llevaba un diminuto bikini azul cielo, sus caderas inclinadas hacia un lado y sus largas y esbeltas piernas; me estaba emocionando sólo con verla...
—Pensé que no había nadie en casa.
—Hola, hermoso. Las demás salieron pero yo no tenía nada en mi agenda para esta mañana.
—¿Te gustaría nadar conmigo un rato?
—Me encantaría.
Así fue como ambos estuvimos por más de una hora nadando, nos empujábamos, la dejaba ganar unas veces, y otras no, sentía los roces de sus piernas o sus manos por mi espalda; a veces acercaba su cara a la mía y me tentaba. No quería salir de esta burbuja acuática pero estaba demasiado excitado, ella podía asustarse o acusarme de pervertido si me viera salir con la erección que habitaba entre mis piernas.
—¿Edward, quieres salir ya?
—Ehh… No Diana, preferiría quedarme un rato más en el agua, pero si quieres tú puedes salir, no te preocupes por mí.
—Yo no quiero salir. La verdad me apetece hacer otras cosas aquí adentro.
Ella acortó la distancia que nos separaba y me abrazó, pegando sus senos en mi pecho, su piel irradiando calor a mi cuerpo. La tomé por su cintura pegándola más a mí, quería sentirla cerca, buscar la tan anhelada fricción.
Su boca encontró la mía y nuestras lenguas comenzaron a embestir la cavidad del otro, una danza sin prisas, conociéndonos, explorándonos.
Mientras ese beso arrasaba todo rastro de conciencia, mis manos la acariciaban en toda su extensión, su espalda firme pero suave, los hombros rectos pero elegantes, cuando pasé los dedos por los costados de su pecho, ella gimió, fue un sonido gutural pero expresaba claramente lo que necesitábamos ambos en este momento.
—Diana, ¿estás segura?
—No, Edward, tú eres quien tiene que responder… ¿estás seguro?
—Totalmente, nena.
Desaté el nudo del sujetador de su bikini, liberando esos hermosos y turgentes senos; ella maldecía entre dientes, sus pechos eran exuberantes, sus pezones erguidos ante mi tacto, llevé mi lengua a uno de ellos y lo mordí suavemente, Diana dio un leve salto, su piel a causa de la excitación o del agua, que sé yo, estaba erizada.
—Edward —pidió.
—¿Qué necesitas, nena?
—A ti… quiero sentirte.
No sabía cómo, pero ella me había embrujado, me olvidé de todo, por primera vez en mi vida tendría relaciones en el agua. Seguíamos besándonos, tocándonos, alternaba mis manos entre sus pezones, mi lengua hacía lo mismo con su boca y sus pechos.
Ella fue bajando mi pantalón de baño, gracias a la acción del agua podía usar sus piernas para ayudarse, y yo también aproveché y bajé su bikini, dejándola completamente desnuda y a mi merced.
Lentamente llevé una de mis manos a su sexo, no estaba seguro pero casi podía decir que estaba húmeda, y no gracias al agua, ya que estaba demasiado caliente en su entrepierna. Metí un dedo separando sus pliegues, provocando que Diana jadeara rogando por más, pero quería tomarme mi tiempo, esto nunca lo había hecho, así que… ¿para qué correr?
La tenía a mi merced, su cuerpo temblaba entre mis manos, su respiración agitada me confirmaba lo mucho que le estaba gustando todo lo que estábamos haciendo; para mi escasa experiencia eso solo significaba una cosa, éxito.
Sumé otro dedo al primero y ahora le daba caricias en forma circular a su nudo de nervios, al igual que Danny, ella estaba depilada, cosa que me encantaba en las mujeres, seguí frotándolo mientras Diana gemía casi al punto de querer gritar.
La llevé al borde de la piscina donde había algo de sombra y era más reservado. No paré de acariciar su pezón y chupar su otro pecho mientras mis dedos la estimulaban, seguí embistiéndola ya con tres dedos, Diana estaba con los ojos cerrados, y sus labios formando una perfecta "O"… Había alcanzado su clímax.
Cuando su respiración se calmó un poco, subí sus piernas en mi cintura, coloqué la punta de mi verga en su entrada caliente, la froté lentamente por toda su raja, abriendo sus pliegues, deteniéndome en su clítoris, y haciéndola pedir más, quería sentirla rogar que la penetrara. Diana era una mujer demasiado ardiente y si no iba con cuidado me podía quemar antes de tiempo.
—Edward, por favor….te necesito dentro de mí ¡ahora!
—Calma, nena…todavía falta un poco más.
Pausadamente empecé a entrar en su vagina, y ella me succionaba con cada movimiento. Diana se apretaba aun más a mi polla, tenía un coño bien estrecho, sus caderas se movieron tratando de meterme más rápido, quería que la follara pero si no me contenía me podía llegar de inmediato y quería disfrutar todo de esta nena.
Cuando la penetré completamente me quedé quieto, quería que se acostumbrara a mi intrusión, tenía una verga grande y gruesa, sabía que debía darle tiempo para que no se hiciera daño, pero ella me sorprendió porque casi de inmediato empezó a moverse, sus caderas chocando con las mías, cada movimiento hacía que el agua se meciera, lo que nos excitaba más.
Embestía cada vez más rápido, me movía en círculos o cambiaba a ser recto, la necesitaba, estábamos en un espiral que no tenía vuelta atrás, ambos jadeando y gimiendo con cada estocada que le daba.
Llevé una mano a su culo, y con mi dedo índice empecé a pasarlo por su entrada fruncida pero sin llegar a introducirlo, esto la calentó más, Diana estaba eufórica, sus pechos bailaban al mismo ritmo que nuestras pelvis necesitadas, mi boca lamiendo su cuello y sus dientes hincándose en mi hombro derecho.
—Edward necesito…¡aaahhh!
Sabía lo que necesitaba, así que retiré mi mano de su trasero y con dificultad llevé mis dedos a su clítoris, empecé a frotarlo mientras los movimientos se hacían más fuertes. Diana comenzó a sollozar, estábamos cerca, podía sentir ese calor en mis bolas, queriendo subir por mi verga, mi semen rogando salir.
Aumenté la velocidad de mis estocadas y moví mis caderas en otro sentido llegando aún más profundo y en algún momento toqué algo dentro de su sexo que la volvió más frenética; empezó a gritar muy fuerte mientras yo también me derramaba en su interior cuando alcancé mi propio orgasmo.
Ambos nos quedamos quietos y en silencio mientras nuestras respiraciones se calmaban, abrazados, yo aún dentro de ella. Diana suspiraba en mi cuello, yo tenía los ojos cerrados, no podía creer lo que había sucedido, otra nueva experiencia con una chica diferente. Mis intenciones habían sido descansar y relajarme después de una noche bastante movida.
—Edward, debo salir de la piscina, las chicas están por llegar.
—Lo sé. Gracias por esta mañana Diana, no sabes cuánto lo disfruté.
—No tienes que agradecerlo, yo también lo disfruté pero es hora de que te des una ducha caliente y descanses porque esta noche cenaremos todos juntos y necesitas estar muy atento.
—¿Algún acontecimiento especial?
—Una de las Alfas llega hoy, queremos sorprenderla y sería bueno que estuvieras descansado.
Con esas palabras Diana salió de la piscina dejándome sumido en mis pensamientos… ¿Quién llegaría esta noche a la Fraternidad?
