-UNA VACA ENAMORADA-

Manzanilla

"No creas todo lo que piensas."

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No tuvo que tomarse la molestia de despertar temprano, Eren y su madre generaban el suficiente ruido para levantar a un hurón muerto. Seguramente atareados en la cocina.

El Hexágono invernal* brillaba con fuerza en el cielo azulado con pinceladas de amanecer. Levi Ackerman sintió los ojos pesados cuando despertó, recordando que, por primera vez, su crónico insomnio fue derrotado por el largo y cansador viaje.

Aún así, tiró las mantas a un lado de la cama para levantarse.

La habitación de madera lustrada, con una alfombra peluda de esquina a esquina, tenía un aspecto acogedor. Alguien, seguramente Carla Jaeger, había puesto una palangana junto a una jarra de agua en la mecedora. Su ropa estaba doblada sobre la silla orejona con bordes barnizados en cera y sus zapatos de cuero reposan cerca de la puerta.

Un gato fugitivo maulló desde el alfeizar de la ventana y al verse descubierto se lanzó al vacío para huir con agilidad felina.

Levi terminó el aseo de su rostro antes de vestir sus pantalones oscuros, una simple camisa de franela y su chaqueta con solapas favorita.

Toda su vestimenta era la misma, austera, rígida y oscura.

Sus maletas y equipaje habían sido enviados a la posada de los Reis, donde viviría durante todo el invierno, hasta la boda.

Recordó que su amigo equino poseía un gran hotel donde anteriormente pensaba pasar sus tres meses de estancia en el pueblo, pero el lugar había sido vendido cuando se casó con Carla Jaeger. Ahora tenían una plantación de vides enorme. Las plantas previamente podadas, reposarían hasta el siguiente año.

Una verdadera pena.

Levi amaba ese hotel, las plantas no eran lo suyo.

Cuando contrajera matrimonio con Eren, compraría una casa lejos del barullo de los animales y ruidos serpenteantes de las uvas contra el viento.

Esbozó un intento de sonrisa al recordar a Eren, Eren y sus gordas ubres rosadas colgando del vientre sin pudor alguno.

Fue muy descortés de su parte molestarlo por debajo de la mesa mientras Erwin y Carla cenaban sin inmutarse por lo sucedido.

Como siempre, tenía un don para romper cualquiera de los puentes que lo conectaban con las otras personas. Excepto con Erwin, él pudo entender su modo de ver la vida y soportar toda la mierda hiriente que soltaba de vez en cuando. Aquel casamiento estrecharía sus lazos familiares aún más y el cejotas se libraría de la carga que representaba Eren.

Porque el mocoso era eso, una carga. Aunque no tuviera la culpa de haber nacido con ese cuerpo, seguiría siendo la manzana de la discordia y un blanco perfecto para las burlas. Testarudo y maleducado, sus padres se esforzaban en sacar lo mejor de él, pero sólo conseguían que el mocoso fuera más testarudo.

Solo era un niño egoísta con el que nadie, excepto él, querría casarse.

Quizá estaa siendo demasiado cruel.

Levi nunca camuflaba la verdad, le doliera a quien le doliera. Por eso estaba solo.

Tal vez ellos dos fueran el complemento perfecto. Un niño repudiado por el mundo y un hombre de quien todos se alejaban.

También era un mocoso atractivo, a excepción de la parte de vaca que tenía y que Levi veía como otro animal unilateral al cuerpo de Eren, uno a quien se le daban palmaditas en la espalda y se introduce terrones de azúcar en la boca.

Le gustó que Eren no se negara al matrimonio como algunas solían hacerlo para imitar sus relatos favoritos.

—Buenos días, mamá quiere que vayas al comedor —Eren interrumpió su monólogo de la mañana, aferrándose al umbral de la puerta abierta para que no se le vieran las patas.

Y también es un humano, recordó Levi, uno con quien se casaría en primavera.

—Voy contigo —respondió.

Eren tenía una camisa de lana color caqui con tiras ajustables en el cuello. Ningún adorno en el pelo o la cola.

Caminaba delante y parecía nervioso.

Por primera vez, Levi pudo verle el trasero. Idéntico al de una vaca común, pero el pelaje blanco parecía suave y tenía una mancha negra en la nalga derecha. Bajó un poco más la vista, fija en esa cosa rosada cubierta por una larga y bonita cola.

Indecente.

Bastante indecente.

A pesar de ser un chico, Eren tenía rosados órganos femeninos de...vaca.

¿Tendría que meter su polla por ese lugar?

¿Aquello contaba como zoofilia?

¿Sus hijos serían vacas o seres humanos?

¿Su leche era potable?

Mil preguntas pasaron por su mente. Millones de preguntas que bombardearon su moral y buen gusto.

Pensó que tarde o temprano lo haría, follaría con Eren, cuando lo amara tanto que aquellas diferencias pasarían a un segundo plano. Tal vez no ahora, ni en diez o veinte años. Pero tenía necesidades de hombre y recaer en el adulterio le parecía indignante.

No era el momento para pensar en eso.

No ahora.

No en el desayuno.

Y por más que quisiera tocar la manchita negra de la limpia nalga derecha, se contuvo.

—¿Dormiste bien?

Carla señaló la silla de anoche para que tomara asiento y puso un plato de porcelana fina frente a él.

Su futura suegra utilizaba su mejor vajilla para atraparlo.

—Si, el lugar es cómodo —dijo cortésmente.

Eren se sentó a su lado, con las piernas cerradas.

La madre del mocoso trajo varios recipientes con jamón, tocino crocante, pan tostado y huevos revueltos. Una ensalada para su hijo, jugo de fruta para Levi.

—Erwin tuvo que salir temprano —comentó ella, sirviendo una porción en su plato. Levi hizo lo mismo—. Las vides necesitan una nueva poda y la mayoría de los trabajadores se van cuando llega el invierno.

Levi miró el tazón de Eren.

—¿Solo comes verduras?

Carla y Eren miraron al de pelo negro.

—Mi organismo es como el de un humano. pero detesto la carne por cuestiones de ética y empatía —declaró Eren— ¿Algún problema?

—A ti te gusta todo ¿Verdad, Levi? —interrumpió Carla, sintiendo que era hora de tutear a su futuro yerno.

—Me gusta el pan de carne —afirmó—, las galletas de jengibre y la carne de vaca, sobretodo asada.

—Eso es bueno —Carla trató de romper la tensión, su hijo estaba furioso— tienes una buena alimentación.

Levi asintió en silencio.

Terminó de comer y le dio las gracias a Carla, prometiendo cortejar a su hijo adecuadamente.

Vendría esa misma noche.

Se despidió de Eren que se mostraba reticente, mirando al vacío.

Molesto, tomó su mano con fuerza para darle un ligero y nada exagerado beso en los nudillos, como el caballero que la gente esperara que fuera.

Todo el mundo hacía eso con sus prometidas, era normal y el brillo de los ojos de Eren era hermoso, al igual que las ligeras marcas rosas que s formaron en sus mejillas.

Ya no estaría solo.

•(εïз).•*´¨`* •εïз•*´¨`*•.(εïз)•

Los mitad hombre siempre le causaban intriga. Una vida complicada y misteriosa, eso veía en ellos.

Todo el mundo los trataba como sus iguales, acostumbrados a su precencia, su tío se había casado con una mitad ciervo. En cierta forma estaba acostumbrado, pero desde pequeño siempre le costó un esfuerzo extra el no ver un animal en ellos.

Tendría que sacrificar aquella perspectiva rara, por Eren y por él mismo.

Su noble meta era amar a su prometido,eso lo llevó a enumerar los pro y los contra del mocoso.

Las mujeres con el torso bajo de animal llevaban faldas o telas que cubrían sus partes nobles. Los hombres no. Al ser una vaca, el mocoso debería cumplir con esa norma. Ir con las ubres colgando por la vida, era indecente. Sin embargo Eren no vestía como niña, porque también era hombre y utilizar una falda rompería su susodicha masculinidad.

Testarudo.

Eso le gustaba.

Llegó a la posada de los Reis, una gran casa amarilla de tres pisos, con el jardín desyerbado cubierto de flores invernales y un matorral de manzanillas. Bastante acogedora.

—¿El señor Ackerman? —le preguntó un chiquillo rubio que parado en la puerta de entrada sostenía unas llaves.

—Si.

El niño le entregó las llaves antes de decirle que su madre, la señora Reis, había apartado un cuarto solo para él. Luego escapó con sus amiguitos para recolectar hielo congelado de los tejados.

Levi entró por la puerta roja.

La planta baja servía de comedor y taberna. Varios hombres jugaban a las cartas y las mujeres cuchicheaban entre ellas.

Ya tendría tiempo de conocerlos a todos, en especial a los problemáticos.

Cruzó el lugar con rapidez, las escaleras al segundo piso estaban cerca, subió directamente hacia su habitación. Un pequeño lugar bien amueblado con roperos empotrados, sillas con cojines coloridos, un tocador de caoba y una cama de cobertores gruesos.

Nada mal.

Sus preciadas maletas robustas, con armazón de madera y con asas y trabillas en piel de vaca -algo sarcástico- lo aguardaban sobre la mullida cama.

También la gran caja de madera blanca, donde trajo sus valiosas posesiones, descansaba junto a una pequeña mujer humana con el pelo dorado atado alrededor de una elaborada peineta, un corsé blanco ajustado y falda violeta con encajes.

Ella trastabilló al verlo.

—Solo estaba limpiando —explicó con rapidez para evitar malos entendidos—. Soy Historia Reis, hija del antiguo alguacil.

—Levi Ackerman.

—¿El nuevo alguacil? —preguntó con los ojos azules bien abiertos.

—¿Conoces a otro Levi Ackerman en este pueblo? —encaró el de pelo negro. Indiferente a la sorpresa de la mujer, le ordenó que saliera y comenzó a vaciar las maletas para colgar la ropa.

Cuando terminó con la última prenda, tocaron la puerta tres veces.

Era la misma rubia.

—Me preguntaba si usted ya desayunó —le dijo.

—Si.

—Mi madre y yo hicimos pastelitos —seguía insistiendo.

Levi chasqueó la lengua con molestia.

—¿Conoces la comisaría?

—Puedo darle un recorrido —ofreció ella.

El de pelo negro no dudó en aceptar.

La plaza del pueblo estaba vacía, según Historia Reis, todo el mundo estaba ocupado, preparándose para el invierno.

Fueron a la comisaría donde Keith Shadis, un mitad hombre, arregló los papeles de traspaso con Levi y dio algunas instrucciones para su estancia antes de largarse de manera violenta.

Historia explicó que el señor Keith odiaba dejar su puesto de instrucción en invierno. Levi dijo que no le importaba. O más bien, le importaba una mierda.

Guardó los papeles con los nombres de los nuevos reclutas y fueron a recorrer el pueblo a pedido de Historia quien de manera amable le enseñó las tiendas y bazares de todo el pueblo además de personas con quien no era buena idea entrometerse.

Al mediodía almorzaron en la posada de enormes ventanas esmaltadas, donde conoció a la señora Reis, mitad yegua, rubia y amable.

Levi preguntó algo acerca del matorral de manzanillas que había visto en su jardín. La señora Reis le dijo que podía tomar las flores que quisiera y ordenó a su hija que armara un ramillete.

Luego de eso volvió a su habitación para transcribir los insípidos papeles, a mano. Esa tarea le costó cuatro odiosas horas, guardó la pluma y cerró el tintero.

Sacó su reloj de bolsillo.

Anochecía.

Recogió su ramo de manzanillas y fue a terminar el otro deber que le aguardaba en casa de Erwin Smith.

El mocoso estaba esperándolo en la sala de estar, sentado y cubriendo sus partes nobles -a pedido de su madre- con una mantita. Levi sintió una punzada en la frente, todo el trabajo de la tarde comenzaba a cobrar venganza. Aún así se sentó en uno de los sillones, cortejar a ese mocoso no sería fácil.

Las visitas nocturnas, después de tanto estrés, no le agradaban.

Extendió el ramo frente al chico, preparado para cualquier tipo de reacción.

—Ten.

Para su sorpresa, Eren recibió las flores.

—Gracias —agradeció con sinceridad.

Algo había cambiado.

Su calidez le otorgó un poco de paciencia y decidió iniciar algún tipo de conversación.

—Tu madre dijo que te gustan las flores.

Eren asintió, cabizbajo y satisfecho, incluso olía a limpio.

—Crecen en cualquier parte —respondió.

—Como la mala yerba.

Las palabras salían de la boca de Levi, incluso antes de pensarlas. A este paso el mocoso intuiría que estaba de mal humor.

—¿No te gustan? —pregunto con sus brillantes ojos verdes mirandolo de forma despectiva. .

—No.

Eren frunció las cejas.

—Las pondré en un bonito florero —siseó con mofa—. Donde mi amable y viejo prometido pueda verlas todas las noches mientras viene a platicar conmigo.

Los ojos grises se encontraron con las desafiantes esmeraldas de Eren.

Una tensa sonrisa de victoria esbozaba sus labios.

—Se pudrirán y apestaran la sala —le recordó. Tratando de pinchar su orgullo.

—No me importa —Eren acarició sus manzanillas—. Traerás más —alardeó sin pensarlo dos veces, luego se dio cuenta de su error— ...si quieres.

Divertido, Levi se permitió relajarse.

—De acuerdo. Se hará lo que tu digas, niño.

Un tenso silencio los separó por minutos.

Eren se disculpó y fue a la cocina para traer algún bocadillo. Galletas de jengibre y té negro junto a un pote de porcelana con terrones de azúcar cuadrados.

—¿Cómo es la guardia? —le preguntó de pronto el menor.

Levi bebió su té, sujetando el borde con los dedos y no por el asa.

—Como cualquier otra.

Eren mordisqueaba una galleta.

—El reclutamiento debe ser interesante...

—¿Donde quieres vivir? —de repente el mayor cambió el tema.

Eren se puso tenso.

—Donde tu quieras —logró decir—. Pero si insistes, hay una casa sobre la colina que siempre me gustó mucho. Jean y yo fuimos una vez.

—Lo pensaré.

—¿En verdad te casarás conmigo?

—¿Estaríamos manteniendo esta patética conversación de no ser así?

La cola de Eren se movió de derecha a izquierda. Cómo un péndulo.

—La edad te volvió amargado —bufó con rabia.

—Tu madre me comentó que quieres ser reclutado en la guardia —dijo el mayor, dejando su taza vacía sobre el platillo—. Le dije que podrás hacerlo, como mi asistente.

Los ojos de gato de Eren se abrieron, exuberantes.

—¿Cuando comienza el entrenamiento?

—Mañana.

—Genial —exclamó— podré ver a los demás y ser parte de la guardia.

—Te equivocas —cortó Levi—. Dije asistente, no recluta.

—Señor...

—Solo Levi —corrigió— llámame por mi nombre.

—Levi —respiró dos veces— ¿Que se supone que hace un asistente?

—Limpiar, servir, quedarse en un rincón hasta que se le ordene lo contrario.

Eren parecía echar humo por la cara. Demasiado gracioso.

—¡Ese es el trabajo de las mujeres voluntarias!

Su primera discusión, que lindo, pensó el mayor, con verdadero sarcasmo.

—Tienes un coeficiente limitado mocoso —mencionó—, tú solo traerás el almuerzo.

—No cocinaré para nadie —se negó el menor.

—Solo mi almuerzo —recalcó Levi.

—Seré la burla de todos —protestó el menor.

—Creí que estabas acostumbrado —no había ni una pizca de condescendencia en su voz.

—¿Porque te empeñas en humillarme? —exigió saber Eren.

—El amor es así, te humilla y luego te consuela —concluyó el de pelo negro, poniéndose de pie. Dando por terminada la "cita" y conversación.

—Ni siquiera me conoces.

—Pero lo haré —le recordó— y tu también —antes de que la vaca protestara, Levi se inclinó para depositar un beso en su tersa mejilla morena—. Hasta mañana. Espero que la velada haya sido de tu agrado, querido.

Eren agachó la cabeza.

—¿Te vas?

—Eres como una espina clavada en la bota—replicó, tocando, sin poder evitar, el labio inferior del mitad vaca—. Despídeme de tus padres.

Una extraña sensación revoloteaba en su estómago.

Hace muchos años que nunca se había sentido tan reconfortado. Sentía una cierta atracción hacia Eren y algo más que con un poco de esfuerzo podría descubrir. No le molestaba en lo absoluto, todo su hermetismo se disolvía junto a Eren. Las palabras rebotaban como una pelota de cuero que Eren atrapaba para lanzarlas de nuevo en su dirección.

Era eso lo que necesitaba.

—Llega tarde.

Se sobresaltó internamente al oír la aguda voz que surgía de entre las sombras.

Ahí, con un chal sobre sus hombros, la chica rubia de antes parecía esperarlo.

Levi mantuvo la hermética y desinteresada actitud de siempre.

—Visité a mi prometido.

Historia Reis se atragantó con sus palabras.

—¿...prometido? —titubeó con la voz pendida de un fino hilo de incertidumbre.

—Eren Jaeger —corroboró el mayor, ignorándola como hacía con todos—. Hasta mañana.

Pasó de largo para entrar, tenía trabajo pendiente y una larga noche por delante.

La calma siempre precedía a la tormenta.

Continuará...


Gracias por sus review.

Preguntaron porque Erwin y Carla no hicieron nada cuando Levi manoseó las ubres de Eren. No hicieron mada porque todo eso sucedía debajo de la mesa. Fue un momento íntimo entre los dos(?) También preguntaron que significa "Las vacas dan leche y queso, tú solo eres una molestia con patas", frase que Levi le dice a Eren cuando lo conoce. :3 Levi trataba de decirle que las vacas eran útiles y Eren es un inútil a pesar de ser medio vaca.

Me gustan las cosas bizarras, por eso escribí el fic.

TABLA DE AGRADECIMIENTOS DEL SEGUNDO CAPÍTULO:

(No tengo compu para responderles de manera extensa pero muchas gracias. Mañana voy al ciber cafe, internet o como se llame a contestarlos todos )

Guest

Charly Land

KIRYUU-SENSEI

Kirakishou3

Mizuki Psyche

Drau Neko933

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