Disclaimer: Propiedad de Rumiko Takahashi
Capítulo 3: Trabajar no es fácil
No era complicado decir que con el señor Taisho era diciendo y haciendo, una vez que Kagome aceptó, la madre habló al día siguiente con su nuevo vecino, el mayor de los Taisho se alegró inmensamente que la pelinegra accediera a ser la niñera de su sobrino, y porque estaba muy seguro de que la descripción de la muchacha le aseguraría que su hijo menor no lograría seducirla, y más por ganar la apuesta, deseaba que InuYasha dejara los malos pasos en los que estaba, tenía que aprender a no ser tan desvergonzado, aunque debía de aceptar que desde que salía con Kikyo, no era tan mujeriego como antes.
La casa de los Taisho estaba en completa tranquilidad, el día había transcurrido con normalidad, bueno, no había nadie en casa, el padre acababa de llegar a la vivienda con Shippo, y faltaban algunas horas para que el horario escolar llegara a su fin, por lo que debía esperar a que Kagome llegara del colegio y de una vez a cuidar al pequeño.
Las clases llegaron a su fin, y la pelinegra guardaba con mucha efusividad sus cuadernos en la maleta, una castaña con mirada preocupada se acercó sigilosa a su amiga.
-¿Kagome? ¿Por qué tan feliz? – Inquirió la castaña, curiosa.
-Sango, ¡Es que ya tengo trabajo! Podremos terminar de decorar mi cuarto y salir con más tranquilidad. – Respondió canturreando.
-¿Y eso? ¿En donde trabajaras? – Preguntó con interés, Kagome descendió el rostro algo avergonzada.
-En la casa de InuYasha como niñera. – Contestó con el tono de voz bajo.
-¡¿Qué?! – Exclamó estupefacta, no podía creer que su amiga partiera al lado oscuro. – Tu, InuYasha, en una casa, ¿Segura que está bien?
Kagome suspiró con resignación.
-Como sea, por lo que sé, él ni se la pasa en la casa, es al frente de la mía, y me pagarán bien. – Argumentó. – Además ni que me interesara lo que pase con él.
-Como quieras Kagome. – Dijo Sango. – Yo sé que no te interesa ni un poco, pero en serio ten cuidado con él. – Sonrió levemente.
-¿De qué se supone que debería tener cuidado? – Preguntó arqueando una ceja mientras cerraba su maleta, Sango suspiró y se sentó pesadamente en el asiento.
-Kagome, tal vez no lo parezca, pero… - Se pausó mientras miraba a la pelinegra con preocupación. – InuYasha se ha acostado con medio instituto, incluso durante lo que ha estado con Kikyo, aunque ya no se oye mucho de eso… El que es, no deja de ser.
-¿Y tú crees que yo me dejaría calentar el oído por él? – Preguntó levantando más la ceja, si se podía, y cruzando los brazos.
-No estoy diciendo eso Kagome, sólo quiero que sepas.
Kagome suspiró con frustración, decidieron caminar hasta la casa, hasta que llegaron a la cuadra de la azabache, durante el camino no mencionaron nada acerca de InuYasha y sus malas costumbres, Sango se despidió y siguió con el camino a su vivienda, Kagome entró a su casa y anunció su llegada mientras se descalzaba los zapatos.
-Kagome, hija. – Saludó la madre cargando una maleta amarilla para luego entregársela. – Tienes que ir ya a cuidar al niño, aquí hay ropa de cambio, el señor Inu dejó muy en claro que a penas llegaras del colegio debías ir a su casa.
-Gracias mamá, ¿te dijo cuánto me pagará?
-Dijo que lo hablaría contigo.
-Está bien. – Suspiró por enésima vez la azabache. – Nos vemos en la noche.
Sin más salió de la casa para dirigirse a la del frente, timbró una vez, su estómago sonaba del hambre, ya era hora del almuerzo y ni había tenido tiempo de comer en casa, unos instantes después apareció el imponente hombre indicándole a seguir.
-Buenas tardes. – Saludó mientras descendía la cabeza.
-Pasa Kagome. – Indicó Inu Taisho.
Se acomodaron en la sala en donde estaba el pequeño niño de cabello naranja mirando entretenidamente la televisión.
-El es Shippo, mi sobrino, lo cuidarás las próximas tres semanas.
-Mucho gusto Shippo, soy Kagome. – Saludó la pelinegra sonriente, que suerte que le gustaran tanto los niños.
El niño inmediatamente sonrió entusiasmado y antes de que la pelinegra lo advirtiera el pequeño estaba sentado en su regazo mientras se acurrucaba en ella y seguía mirando la televisión. Kagome sonrió.
-Bueno Kagome, dejo a Shippo en tus manos, confío en que si pasa algo me llamarás, el número está en la nevera. – Dijo Taisho, se colocaba su abrigo y se disponía a salir cuando en la entrada se encontró con alguien familiar. – InuYasha, ¿Y eso que llegas tan temprano?
-¿No puedo llegar temprano? – Atravesó la puerta. – Además no tenía ganas de estar con Kikyo porque…- Se frenó en seco al ver a cierta pelinegra sentada en SU sofá. - ¿Y ella que hace aquí?
-Ah, ella será la niñera de Shippo. – InuYasha hizo una cara queriendo decir algo como: ¡¿Qué diablos?! Inu sonrió con satisfacción. - ¿Por qué? ¿Algún problema?
Kagome giró su rostro para dedicarle una mirada no muy agradable al albino, este sólo bufo molesto.
-No, por nada, me iré a caminar.
-Espera InuYasha, es que Kagome acaba de llegar y no conoce la casa, ¿Se la podrías mostrar? Yo ya me voy.
Antes de poder pronunciar palabra alguna, el padre ya había abandonado la casa, InuYasha se sentó en otro sofá con la única intención de que cuando su padre estuviera lo suficientemente lejos el también se largaría, no quería estar con esa molesta, Kagome lo miraba expectante, algo como, ¿Por qué no me muestras la casa? ¿Qué esperas? Unos minutos de silencio, y el pequeño pelinaranja solo miraba de un lado a otro, con confusión.
-InuYasha, ¿No le mostrarás la casa a Kagome?
-¿No lo puedes hacer tu? Pequeño molesto…
-¡Qué no soy pequeño! – Gritó el niño. – Además, Kagome es muy bonita, ¿no crees?
Kagome se puso de todos los colores mientras un InuYasha con un sonrojo imperceptible giraba el rostro.
-Me voy. – Dijo por fin.
InuYasha salió de la casa sin decir una palabra y Shippo miraba expectante a la pelinegra, ella suspiró mientras el rubor abandonaba las mejillas.
-No le pongas cuidado, el es un idiota. – Dijo el pequeño y si no hubiera sido por su tono tan infantil e inocente, Kagome le hubiera reprendido por sus palabras.
-Shippo, ¿Quién te enseñó a hablar así?
-InuYasha. – Respondió el niño con obviedad.
Kagome suspiró profundamente, serían las tres semanas más largas de su vida. Todo sea por la paga…y ni siquiera había acordado cuanto ganaría.
Cerca de su casa había un parque al que solía ir frecuentemente, cuando todos pensaban que estaba por algún lugar quien sabe qué haciendo, en realidad sólo estaba sentado por horas mirar la gente pasar. ¿Por qué? ¿Por qué esa chiquilla?
Casi gritaba mientras se golpeaba con la mano en la frente, un niño con un perro que pasaba por su lado le preguntó la hora, y él al ser interrumpido levantó su rostro mostrándose al niño con el ceño completamente fruncido y los ojos dorados que ardían en fuego. -¡¿Yo qué voy a saber, enano?!- Espetó molesto mientras el niño con una cara de terror se alejaba corriendo buscando el refugio de su madre. La señora lo miró de manera reprobatoria, mientras tomaba de la mano a su hijo y se alejaba del parque. Maldito mi padre por contratarla a ella, ahora, ¿qué haré? Se preguntaba molesto, lo había decidido, si hubiera sido otra, con todo el gusto, pero con Kagome no quería nada, y prefería decir que se rendía a al menos intentar conquistarla.
Ya eran cerca de las once de la noche, la pelinegra estaba mirando televisión, hacia un par de horas había acostado al niño y este se quedó dormido después de toda una tarde de juegos, estaba agotada, quería irse a su casa a dormir, sólo esperaba que Inu Taisho llegara.
-¿Me tardé mucho? – Saludó el hombre ingresando a su vivienda. - ¿Cómo te fue?
-Buenas noches. – Respondió desperezándose. – Bien, si señor, Shippo es como una fuente inagotable de energía, pero me fue bien.
-Me alegro Kagome. – Dejó el maletín en una repisa al lado de la entrada, tomó asiento frente a la pelinegra. – Ahora hablemos de negocios. – Sonrió.
-¿Negocios? – Rió Kagome mientras se acomodaba. – Suena como si fuera adulta.
-Si negocios. – Rió el hombre también. - ¿Te parece bien 25 dólares la hora?
-¿25 dólares? – Kagome se atragantó con el aire, eso era mucho. - ¿Está bromeando?
-Lo digo en serio, ¿es muy poco? – Inu preguntó preocupado.
Estaba claro que no sabía nada acerca de tarifas de niñeras.
-Es mucho… - Susurró. – Pero si a usted le parece bien. – Era dinero después de todo.
-Por eso te pregunto, si te parece bien, por mí no hay problema. – Dijo como si esa cantidad de dinero no fuera problema.
-Bueno es que… - Determinada al siguiente día exploraría la casa, y visitaría el patio trasero para cerciorarse de que hubiera un árbol de billetes para justificar la cantidad que ofrecía por sus servicios de niñera.
-Creo que eres la indicada para el trabajo, por eso quiero pagarte bien. – Dijo el hombre, Kagome asintió. – Por cierto, ¿InuYasha está? –Negó con la cabeza. – Bueno, entonces mañana nos vemos, fueron 8 horas de trabajo, son 200. – Extendió un par de billetes a la pelinegra que no cabía del asombro.
Kagome salió de la casa aún shockeada por la cantidad de dinero que acababa de recibir, en el largo camino de la casa de los Taisho al suyo no se encontró con InuYasha, eso le preocupó, en toda la tarde no fue a dar a la casa, y ni mencionar que ya era bastante tarde, Sango tenía razón, el peliplateado era un sin vergüenza, mejor mantenerse alejada de él, y que mientras ella estuviera en casa que ni se lo tuviera que encontrar. Entró a su habitación somnolienta, se tumbó pesadamente a la cama y se durmió, no se supo más de Kagome Higurashi hasta la mañana siguiente.
El peliplata entraba sigilosamente a la casa, sin hacer ruido, no contaba con que su padre estuviera en la sala leyendo, y su hermano andara por la casa buscando algo que necesitaba.
-Bonitas horas de llegar.
Bufó, estaba molesto, no podía creer que su padre le hubiera buscado a la pelinegra que más le molestaba, estaba seguro que su progenitor tendría alguna idea de lo mucho que no la soportaba, lo curioso era que ni sabía por qué la odiaba, sólo sentía un ridículo resentimiento sin razón, o bueno eso creía.
-¿Estás satisfecho? – Dijo mirándolo enfurecido. – Vale, pierdo la apuesta, no quiero tener que conquistar a Kagome.
-¿Tan fácil te rindes? – Sonrió, no era lo que esperaba, quería que su hijo aprendiera pero se había rendido el primer día.
-Es patético, lógico que lo haría. – Espetó Sesshomaru acomodándose en el sillón.
-Tenía más expectativas contigo hijo mío, pero ya que te rindes, deberás pagarme.
-Ni lo intentó, es un cobarde. – Dijo el hermano mayor y se marchó.
-¡Sesshomaru!
-Cálmate InuYasha, pero ¿estás seguro que desistes? Kagome es muy linda, no entiendo porqué te rindes.
-Es una molestia, no me agrada, estoy bien con Kikyo.
-No pareciera que fueras mi hijo. – Dijo el hombre con cierta melancolía. – Si yo tuviera tu edad no desaprovecharía esta oportunidad.
-¡Viejo pervertido! No quiero nada con Kagome, NADA.
-Sólo digo, perderás más que la apuesta, tu orgullo del que tanto alardeas. – El hijo se limitó a fulminarlo con la mirada, el padre se incorporó de su asiento, le dio unas palmadas en el hombro. – Piénsalo, es mucho lo que pierdes.
Bufó, para seguir detrás de su padre y llegar a su habitación, serían tres largas semanas, pero ahora se habían metido con su orgullo, conquistaría a Kagome, incluso haría más, sólo por demostrarles que no lo debían subestimar, sonrió maliciosamente, sería difícil con esa fastidiosa, pero lo haría, no ha nacido la chica que se resista a InuYasha Taisho, además, tenían razón, la maldita tenía un punto a su favor, era linda.
Pasó la semana más rápido de lo que se esperaba, y el fin de semana estaba a la vuelta de la esquina, bueno realmente sólo pasaron tres días, y ya era viernes, ¡Viernes por fin! Kagome poco se había encontrado con InuYasha, no asistía a mitad de las clases, y en casa ni se la pasaba, era un alivio, pero agotador.
-Kagome… - Decía la castaña posando una mano sobre el hombro de su amiga para darle la vuelta, se frenó al verla.
-¿Qué pasa? – Preguntó Kagome con un tono de ultratumba y enormes bolsas bajo sus ojos.
-¿Qué te pasó? Estas… ¡Pareces un zombie! – Exclamó Sango horrorizada.
-No dormí bien anoche, tenía que adelantar las tareas y no he tenido tiempo.
-Ese trabajo te va a matar.
-Sango, en dos días ya tengo 400 dólares, un par de semanas más y listo.
-Como digas Higurashi.
Sango sonrió con preocupación, ese trabajo no le hacía bien a su amiga, haciendo caso omiso a sus ansiedades, caminó con la pelinegra hacia el patio, debían comer onces, se sentaron al lado de las tres amigas del otro curso.
-¡Kagome! ¿Qué diablos te pasó? – Preguntó Eri bastante horrorizada.
-Trabajo. – Dijo la castaña. - ¿Cómo han estado chicas?
Sango no era la misma tímida de hace unos días, ahora socializaba con las amigas del otro salón y de vez en cuando charlaban, hoy era el día de hacerlo, hablaron mientras comían.
-Kagome, así no podrás conquistar a nadie, debemos hacer algo al respecto. – Dijo Yuka tocando el pelo algo enmarañado de la azabache.
-No es que me interese.
-Pero Hojo, un chico de nuestro salón nos ha preguntado por ti, debes de interesarle. – Dijo Yuka bastante animada.
-¿Por qué no se meten en sus asuntos? No me interesa. – Dijo encolerizada, si, la falta de sueño la tenía de muy mal humor.
-Cálmate Kagome, deberíamos salir hoy. – Dijo Ayumi tratando de tranquilizarla.
-No puedo, trabajo.
-¿Pero en qué estás trabajando que te esclaviza tanto? – Indagó Eri.
-De niñera de InuYasha. – Respondió medio dormida.
-¡¿Qué?! – Gritaron las tres al unísono.
-Digo, digo. – Corrigió despertándose por el grito de las chicas. – En la casa de InuYasha, no de él, pero no se preocupen, ni está cuando yo estoy, como tanto le preocupa a Sango.
-¿Estás bien con eso Kagome? Estar en la casa de InuYasha no es que sea tan… seguro.
-¿Por qué? ¿Por qué es un mujeriego? – Preguntó con monotonía. – No ha intentado nada conmigo, incluso me odia, y yo a él, no hay rollo.
-Y rebelde... Hablando de mujeriegos… - Dijo Yuka mirando hacia la silueta de un chico que se acercaba a ellas.
-¡Sanguito! ¡Kagome! – Saludó el muchacho. - ¿Cómo están señoritas?
-Bien, hasta que llegaste Miroku. – Dijo la castaña con pesadez.
-No digas eso, venía a proponerles algo.
-¿Qué es? – Indagó Kagome con una cara de no-he-dormido-di-lo-que-tengas-que-decir-y-lárgate. El pelinegro dio un respingo mientras alzaba sus brazos en señal de rendición.
-Lo siento Kagome, no creí que estuvieras tan sensible… - La azabache le fulminó con la mirada, tragó saliva. Nervioso. – Venía a avisarles que mañana habrá una fiesta organizada por un chico de último año, quería saber si les gustaría venir conmigo.
En la frente de Kagome apareció una venita, mientras que la castaña bajó la cabeza con resignación.
-¡Ah es cierto! – Exclamó Eri. – Nosotras queríamos contarles que íbamos a ir también.
-¿En serio Eri? – Preguntó Kagome tratando de disimular su enojo con un tic en la ceja. - ¿No nos ves? No somos exactamente "Populares" – Dijo haciendo una seña con las manos. – No creo que ir a una fiesta sea una buena idea.
-De acuerdo con eso. – Apoyó Sango, Miroku se sentó a su lado mientras le acariciaba la espalda.
-Pero Sanguito, sería bueno ir un rato, igual no es que toque llevar invitación. – Añadió Houshi antes de sentir una bofetada en su mejilla.
-¡No iremos! – Exclamó Kagome. – Posiblemente nos encontremos con gente que no deseo ver…
-Y a esa gente te refieres a… - Pronunció Ayumi.
-InuYasha. – Soltó Sango, todos asintieron resignados.
-No creo que lo encuentres, él no suele asistir a fiestas. – Intervino Miroku. – Bueno, ya no lo hace.
-Eso no me da más ánimos.
-Una cosa no tiene que ver con la otra. – Dijo Sango. – Además no me molestaría salir alguna vez. – Admitió avergonzada.
-Bien, entonces primero paso por Sango, y luego pasaremos por ti. – Propuso Miroku con entusiasmo. - ¿Ustedes tres también quieren que las lleve? – Se dirigió a Yuka, Eri y Ayumi, ellas negaron con la cabeza, el pelinegro sonrió.
-Espera, que no voy a ir…
Antes de decir algo más, Houshi las abandonó, Kagome estaba preocupada mientras las otras cuatro cuchicheaban con alegría, suspiró derrotada tratando de aceptar que la obligarían ir a la fiesta quisiera o no. No tanto por que estuviera su vecino, simplemente no sentía que las fiestas fueran lo suyo, con decir que sólo había asistido a un par, y una de ellas era familiar.
La rutina era simple, salía rápido del colegio e inmediatamente se dirigía a la casa de los Taisho, en su maleta llevaba ropa de cambio, y mientras le daba algo de comer al pequeño Shippo se cambiaba en el baño de visitantes. El uniforme del colegio no le agradaba mucho por lo que se cambiaba con algo de rapidez, entrecerró la puerta mientras se quitaba la camisa y quedaba sólo en sujetador.
InuYasha los viernes dormía toda la tarde y generalmente salía en la noche, si bien salía con Kikyo o con unos amigos que tenía con los cuales se dedicaba a jugar billar o beber de vez en cuando, entró sin saludar a su casa, era su casa, y el enano que tenía de primo no le iba a molestar, avanzó con algo de urgencia al baño, necesitaba entrar, empujó con violencia la puerta mientras una estupefacta Kagome se giraba con el sujetador en las manos y sin pensarlo asestaba una bofetada en la mejilla del peliplata.
-¡¿Qué diablos te pasa?! – Gritó. -¿Por qué me pegas?
-¿Te parece poco? – Exclamó mientras se cubría con una toalla el pecho, sonrojada, y no solo de la rabia.
-Eres una tonta. Es tu culpa por dejar la puerta abierta.
Kagome sintió que se le coloreaba todo el rostro.
-¡Ah! ¡Mi culpa! ¡Lárgate!
Empujó a InuYasha fuera y le cerró la puerta en la cara mientras aún trataba de asimilar lo que acababa de pasar, InuYasha la acababa de ver semidesnuda, no saldría de ese baño. Jamás. Y si lo hacía no volvería a esa casa, se mudaría lejos para no tener que volver a ver a ese estúpido imprudente. Se dejó caer al suelo mientras terminaba muy dificultosamente de vestirse. Tal vez estaba siendo muy dramática, ignoraría lo que acababa de pasar, no cambiaría su vida sólo porque InuYasha la vió en paños menores.
Salió del baño con un leve rubor en las mejillas, en el transcurso del baño a la cocina no hizo contacto visual con nada, Inu le había autorizado preparar su almuerzo, onces y comida si era necesario, incluso le dijo: Estas en casa. Tarareando alguna canción se acomodó un delantal y se dispuso a preparar una merienda. Se sentó al lado de Shippo a comer un poco de arroz mientras el niño jugaba con un carrito.
-¿No me darás comida? – Preguntó el de ojos dorados.
-¿Perdón? – Inquirió molesta.
-Sí, tú estás comiendo, yo tengo hambre.
-¿Y pretendes que yo te dé de comer? – Preguntó enojada. – Ni que fuera tu empleada.
-Keh, esto no funciona. – Masculló para si mismo mientras se levantaba del asiento.
-Por cierto, ¿Qué haces acá? Pensé que saldrías con Kikyo o algo. – Dijo con amargura, le molestaba su mera presencia.
-Los viernes no salgo. – Dijo suavemente, Kagome soltó una sonora carcajada. – Bueno no en la tarde. – Añadió sonriendo maliciosamente.
-Bah, no me interesa, si quieres puedes servirte, que quedó arroz.
-Está bien, ¿me puedes mostrar?
-¿Hasta eso? – Preguntó sobre exaltada, pero cayó en cuenta de que estaba siendo algo grosera, por primera vez tenía una conversación con InuYasha más larga que sólo un par de palabras. –Sígueme te muestro. – Añadió esta vez con la voz más suave.
Avanzaron hasta la cocina, Kagome se acercó al mesón en donde yacía una olla con algo de arroz, la pelinegra le pidió que le pasara un plato, ella le serviría, mientras InuYasha daba la vuelta y buscaba la vajilla solicitada, la chica no pudo percibir la sonrisa de satisfacción que tuvo el peliplata cuando ella accedió a servirle. Una vez con el plato en la mano lo dejó al lado de Kagome quien parecía muy entretenida sacando arroz, se acercó muy lentamente hasta la pelinegra mientras disimuladamente aspiró su aroma, era delicioso, exquisito, sin poderlo evitar llevó su mano a la estrecha cintura de la chica, acercando su nariz al cuello de esta, ella se exaltó abruptamente.
-¿Qué crees que haces? – Gritó completamente enojada y colorada, él sólo se aparto mientras trataba de reprimir una sonrisa ladina que se escapaba.
-Lo siento, yo… - Su voz sonaba tan masculina, incluso para un muchacho de dieciséis años. – No pude evitarlo.
-¿No pudiste evitarlo? – Preguntó indignada. – A ver si puedes evitar esta.
Y la cuchara con la que servía el arroz voló por los aires, justo en dirección del albino, quien ágilmente la esquivó. Se alejó con esa sonrisa burlona dejando a una estupefacta Kagome. Si, sabía que la había descolocado, y eso era exactamente lo que quería, y aunque sintió un increíble impulso de besarle el cuello, se reprimió, recordándose que era una chica difícil de tratar. Todo a su tiempo InuYasha, todo a su tiempo. Y abandonó la vivienda.
Hola!
Bueno, este capítulo estuvo un poco más largo que los anteriores, y sólo centrado en InuYasha y Kagome, en el próximo habrá un poco más de otras parejas :3 Espero que les haya gustado este capítulo.
P0pul4ar gracias por tu review! Me alegra mucho que te guste lo que va del fic ^^
Recuerden que recibo sugerencias, opiniones y críticas con mucho gusto, así que si quieren decirme algo siéntanse libre de hacerlo :3
Gracias por la lectura, nos leemos en la próxima actualización.
