Capitulo 3. Recuerdos dolorosos
Las próximas semanas Karim siguió a Mahad insinuándole sobre los acontecimientos que sucedieron cerca de la fuente, pero él no iba a soltar ni una palabra, lo único que hacía era sonreír de una manera misteriosa y no decir nada. Esta forma de actuar por parte del mago estaba volviendo loco a Karim, pero si quería saber que había pasado el tenía que ser más astuto a la hora de preguntar.
En ese momento caminaban a través de los muchos pasillos del palacio. Ambos habían acabado de comer y decidieron tomar un paseo. El príncipe Atem iba con ellos. A ninguno de los dos le molestaba la presencia del príncipe; les agradaba hablar con el príncipe.
-Les digo que demasiado estudio es muy aburrido.- Atem insistió. -Debo aprender cómo proteger a mi gente contra el peligro, no matemáticas.-
-Mi príncipe,- Mahad habló suavemente.-"Cuando los impuestos se pagan, usted necesitaría saber la cantidad que tiene como ocuparla de forma provechosa para el bienestar del reino. El dinero es un asunto muy delicado."
-¿No puede alguno de ustedes hacerlo?- Él preguntó de manera curiosa.
Mahad se rió por eso.
-No creo que sea buena idea dejar a Karim a cargo del dinero. Él tendría al reino en ruinas en menos de 2 días.- Él dijo con una sonrisa boba en su cara
-¡Sí, eso correcto! ¡Hey! Eso no es verdad!- Karim gritó a la defensiva al darse cuenta de lo que había dicho Mahad.
Mahad y Atem rieron abiertamente al ver la cara de Karim. Karim tenía una pequeña mirada en la que se podía ver su felicidad, aunque tuviera una expresión molesta.
-Esta bien, esto se quedara así por ahora, pero ya llegara el momento.- Él dijo de una manera misteriosa.
-Bien.- Mahad comentó con una voz escéptica.
-No tengo gusto de ese tono. ¿Usted lo piensa que es sabio amenazarme abiertamente?-Atem comentó con una molestia fingida. -A menos que usted esté pensando en traicionarnos, podría tener su cabeza por eso.-
Karim tragó saliva y levantó una mano para frotar su cuello lentamente.
-Um, no gracias mi príncipe. Me gusta mi cabeza en mi cuello.-
Atem sonrió y le guiño un ojo a Karim que temblaba. Mahad se rió por el miedo de su amigo.
-¿Qué hicieron mientras yo no estaba?- pregunto una voz curiosa detrás de ellos.
Los tres dieron la vuelta para mirar a Isis con una sonrisa. Mahad sonrió cuando la vio allí.
-Nada especial. Solo nos estamos riendo de Karim otra vez.- El príncipe explicó.
-¡Oh usted debió haberme llamado!" Ella dijo tristemente. -El reírse de Karim es la cosa más divertida que hacer!-
-Hey! Tu también Isis.-
Mientras decía eso Isis miraba a Mahad. Ella le dio un pequeño guiño, lo que hizo ruborizarse. Para suerte de Mahad, Karim no se percato de esto.
-Bien mejor me voy. Tengo una reunión importante en la cual participar.-El príncipe dijo repentinamente. Se despidio de todos y se fue.
-Lo espero a la hora de la lección!- Isis le grito.
Los tres pudieron ver su estremecimiento al escuchar la palabra lección. Mahad y Karim se rieron por eso, pero a Isis no le hizo mucha gracia. Mahad notó esto y puso una mano en su hombro.
-Él no tiene gusto de las lecciones. Pero el está muy encariñado contigo.- Él la tranquilizó con una sonrisa.
Ella sonrió y puso su mano en la suya.
-Sí, lo sé. Acabo de actuar algo paranoica.-
Mahad sonrió de nuevo y quitó su mano. Desafortunadamente, Karim notó este momento entre los dos. Una mueca astuta apareció en su cara mientras que él pensaba lo que haría con los dos. Él sabía que necesitaba encontrar una manera para que los dos vieran sus sentimientos.
-Bien me he divertido bastante. Sin embargo, me tengo que ir. Tengo algo que hacer con Shada.-Karim dijo antes de que él se fuera, dejándolos solos.
Cuando él estaba fuera de vista, los dos sacerdotes se miraron.
-¿Qué hacemos ahora?- Isis preguntó.
Mahad miraba abajo del vestíbulo.
-Tomemos una caminata.- Él sugirió.
Ella sonrió y cabeceó de forma afirmativa. Los dos estaban muy callados durante su caminata. Era un silencio inusual porque ni uno ni otro sabía qué decir. Isis miraba a Mahad al lado de ella y suspiró. Ella decidió hacer lo que siempre cuando ella estaba tensa. Ella comenzó a tararear una canción. El sonido dibujo una sonrisa en la cara de Mahad.
-¿Donde aprendiste a cantar?- Él pregunto curiosamente.
-¡Pues, es algo natural! Todos pueden cantar.-
-Yo no puedo cantar.- Mahad bromeó.
-Si tú puedes hablar entonces puedes cantar. Tal vez no seas el mejor, pero si puedes cantar.-
Él sonrió. La manera en que ella hablaba así que una simple frase sonara poético. Él podría decir que era algo que ella cuidaba mucho. Está hecho le trajo una pregunta importante.
-Estoy de acuerdo contigo. Pero si tu eres tan buen cantante, ¿porqué te convertiste en sacerdotisa?- Él pidió, sus ojos nunca se desconectaron de los de ella.
Esa pregunta tan simple, alejo su sonrisa y ella agacho su cabeza con tristeza. Él podría deducir rápidamente que éste era un asunto delicado, que él toco y se sintió inmediatamente culpable. Tomando una de sus manos y con su otra mano tocó suavemente su brazo.
-Lo siento. No debí haber preguntado.-Él se disculpó. Ella sacudió su cabeza y comenzó el discurso, contándole su historia.
-Vengo de una larga familia de adivinadores. Cada mujer de la familia consigue ese don, así que recibí los míos de mi madre. Si una mujer con estas energías no ensambla una línea de trabajo que fue fijado para ellas son marcadas como brujas y las matan.- Isis explicó bajando la cabeza.
Ella levantó su cabeza y Mahad estaba sorprendido al ver sus ojos azules llenos de lágrimas. Él alzo su mano a sus limpiando las lagrimas de sus ojos y mejillas. La mano ahuecó su mejilla y se quedo allí. Las emociones comenzaron a llenar su corazón mientras que él vio que por una cierta razón él quería ser la persona que le quitara esa tristeza de sus ojos.
-Mi madre…- Ella comenzó a hablar otra vez. -Ella era una adivinadora muy conocida. La mejor adivinadora que la aldea tuvo. Sin embargo, cuando nací ella decidió dejar esa profesión y cuidarme. Incluso con las consecuencias ella se fue, y la ciudad la llamó una bruja…
Ella se detuvo brevemente y miraba hacia fuera de la ventana. (Recuerden que estaban en el vestíbulo)
-Cuando tenía solamente siete…una noche normal… la gente de la ciudad llegó a nuestra casa. ¡Y tomaron a mi madre, Mahad, yo tuvo que mirar a esa gente colgar a mi madre!-
Con eso, ella estalló y empezó a llorar. Mahad estaba confundido no sabía que hacer en esta circunstancia, pero sus sentidos morales lo hizo reaccionar para abrazarla. Ella continuó sollozando en su pecho como él froto su cabello mientras le decía palabras calmantes.
-Me habrían matado igualmente si no accedía a ser adivinadora. Ahora usted lo ve, no importa cuánto ame cantar, yo no podría ser algo más. No puedo encolerizar a los dioses, y así fue que mi destino fue fijado.-
-Lo siento.- Mahad susurró, reclinando su barbilla en su cabeza.
Los dos se quedaron abrazados por algún tiempo. Mahad pasaba sus dedos a través de su pelo mientras ella lloraba en su pecho. Él podría sentir sus manos agarrar el frente de sus trajes firmemente y sentirlos mojados por las lagrimas de Isis, pero era algo que no le molestaba.
Después los sollozos se fueron calmando hasta que finalmente paro. Su apretón se aflojo. Mahad podía mirar fijamente sus ojos que aunque estuviera hinchados y rojos, a él le parecían los más hermosos.
-¿Estás bien?"-Él pidió.
Ella le dio un pequeño cabeceo y una sonrisa.
-Lo siento.- Ella susurró.
-¿Por qué? Si fue mi culpa .No debí haber preguntado. No era…-
Él fue callado cuando el dedo de Isis que tocó suavemente sus labios.
-Si no quisiera que tú supieras no te habría dicho. Pero cuando tú me preguntaste…- Ella se detuvo brevemente y quitó su dedo. Ella se dio vuelta y caminó hacia la ventana. Las manos las reclinó sobre el travesaño mientras ella miraba hacia fuera.
-¿Isis?- Él dijo en voz alta.
Ella dejo de ver el paisaje y miro sus ojos grises.
-Cuando estoy contigo yo me siento… feliz. Sé que puedo confiar en ti totalmente, incluso si no te conociera. ¿Extraño? Hemos hablado apenas por un día y ya me siento de esta manera.-
Él sonrió por esto y sacudió su cabeza. Caminando hacia ella, él tomó su lugar al lado de ella y puso su mano en la suya. El calor que ella sentía de su mano la hizo sonreír.
-Por favor no les digas nada de lo que te dije quiero que sea un secreto. No quisiera que los otros se preocuparan por mí.- Ella dijo.
-Como desees. No le diré a ninguna persona.- Él lo prometió.
-¿Incluso a Karim?
-Incluso a ese tirón de cuello.- Él contestó fácilmente con una sonrisa boba.
Ella rió nerviosamente. Los dos se miraban hasta que una voz alta salió detrás de ellos.
-¿Qué es lo que ustedes hacen?- Una voz pregunto, pero de esas voces que te hacen temblar de solo escucharlas. (Si nunca lo han sentido, que bueno a mí siempre me pasa cuando hago alguna pequeña travesura)
