Daya-chan! Me debes mis capítulos! T.T


Miré los vestidos de mi desconocida hermana, sentí envidia de ella ya que tenía el armario que toda chica quiere, una habitación entera llena de preciosas telas ordenadas por color y marca. ¿¡Cuánto le pagan en la mafia!? Era una suerte que ella y yo tuviéramos tallas similares, en cuanto volviera de su misión le preguntaría si es que podía prestarme unas cuantas prendas.

En vista de que tenía un clóset notablemente amplio, saqué la deducción de que mi hermana era alguien que se preocupaba por verse bien, asique intenté combinar lo mejor posible un vestido floreado y... bueno, no habían sandalias, asique tuve que ponerme unos botines que encontré. A partir de hoy mis pies iban a tener que acostumbrarse al calor.

Ayer había realizado la primera inspección a mi nuevo cuarto, partiendo por la cama: un colchón suave y almohadas de pluma, que me ayudaron a reponerme del viaje. Hoy miré con más detalle el lujoso cuarto.

En cierto modo me sentí mal por estar tomando cosas que no me pertenecían, yo era una invasora aquí, aunque fuese por una buena causa.

Había algo que me llamaba particularmente la atención, Yami no tenía fotos o recuerdos en su habitación, a excepción de una imagen cuidadosamente enmarcada en su escritorio. A simple vista cualquiera pensaría que es una foto de ella, considerando el parecido, pero yo sabía que no era así, quizás el rostro era el mismo, pero yo conocía el uniforme de mi escuela.

Esa foto me la tomó alguien de sorpresa, y yo ni me di cuenta ese día, ahora la imagen descansaba encima de la mesa de mi hermana, para que ella pudiera verme todos los días. Realmente no sabía cómo interpretar eso.

Alguien tocó la puerta y me sacó de mis pensamientos.

¡Cierto! Hoy Hibari me iba a dar un recorrido por la mansión Vongola a pedido de Tsuna, él no se puso muy contento ante la orden, y yo en realidad no quería que alguien tan peligroso me odiara, pero a ninguno de los dos le quedó otra opción. Aunque Tsuna fuera a simple vista muy amable, era un jefe autoritario, por lo que podía ver.

Luego del recorrido, almorzaría con los subordinados de confianza de Tsuna, o algo así, para que pudieran ser presentados formalmente... o algo así.

El azabache me observó con su fría mirada gris, era tan profunda que me sentí intimidada, hasta que me di cuenta que no intentaba asustarme, sino que me estaba examinando de pies a cabeza, como si me evaluara.

-¿Qué?-pregunté nerviosa, quería que volteara y siguiéramos nuestro camino.

-Nada-respondió, haciendo que un escalofrío me recorriera.

La presencia de Hibari a mi lado me cohibía, de vez en cuando lo miraba de reojo mientras él me enseñaba los cuartos, sus explicaciones se limitaban a un: Aquí puedes entrar, y un aquí no puedes entrar. Por fortuna, tenía la amabilidad de abrir cada puerta para que yo misma adivinara dónde me encontraba.

Pero hubo un pasillo en el que se detuvo en seco.

-Ahí no puedes entrar-ordenó.

El corredor no era muy distinto al resto, quedaba justamente un piso arriba de donde estaba mi cuarto, supuse que eran más habitaciones.

-¿Usted duerme ahí?-pregunté.

-Yo no duermo con el resto de los herbívoros-respondió.

Herbívoros. Él constantemente usaba esa palabra para referirse a la gente. Aunque algo me dijo que esos no eran herbívoros comunes y corrientes.

-¿Son peligrosos?-inquirí.

En ese momento, una de las puertas se abrió. Inmediatamente retrocedí y me escondí detrás de Hibari, con miedo a los herbívoros que dormían en ese pasillo.

Un hombre alto, masomenos de la edad de Tsuna y Hibari me miró con cara de pocos amigos, tenía el cabello de un color plateado que nunca antes había visto, le llegaba hasta la altura de los hombros aproximadamente.

Ni Hibari ni él se saludaron, pero tampoco se dedicaron miradas de odio, en mi mente intenté descifrar qué clase de relación tenían esos dos.

Justo antes de que continuáramos el recorrido, un grito me sobresaltó.

-¡YAMI!-me volteé y me encontré con un hombre que corría directo hacia mí.

-¡Kya!-grité al ver que iba tan rápido que no alcanzaría a detenerse.

Entonces me di cuenta, esa persona me acababa de confundir con mi hermana. ¡Oh no! ¿Qué clase de relación tenía mi hermana con él? Por su reacción, supuse que era cercana, pero no estaba segura, no podía echarlo a perder.

Y antes de que su abrazo me llegara, Hibari lo detuvo, interponiendo una de sus tonfas.

-¡Hibari! ¡Déjame saludar a Yami AL EXTREMO!-gritó, y luego me miró a mi-. Volviste pronto, ¡al extremo! Estaba esperandote para tener nuestro duelo Extremo.

En ese momento solo comprendí dos cosas. Primero, la persona frente a mí era "extrema" y segundo, estaba en un serio aprieto. ¿¡Qué es eso de duelo extremo!?

-¡Estúpida cabeza de césped!-esta vez el grito vino por parte del hombre que acababa de salir del dormitorio-. Ella aún no vuelve, es su hermana, el Décimo la trajo.

El señor extremo me miró confundido, yo simplemente asentí con la cabeza.

-El parecido es increíble-observó.

-Por que son gemelas, ¡cabeza de césped! Te lo expliqué un montón de veces-el chico del cuarto se veía molesto.

-Pero... un momento, ¿no que Yami era hija única?

Estaba intentando comprender qué pasaba, cuando Hibari apartó su tonfa y me empujó para continuar el recorrido.

-Hacen mucho ruido-dijo mientras tiraba de mi.

Escuché que señor extremo me llamaba por el nombre de mi hermana, mientras el otro discutía con él. Quizás por eso Hibari me pidió que no me acercara... discusiones, duelos extremos; demasiadas cosas que no entendía.