– Hola – Dijo una extraña voz.

– ¿Quién eres?

– Me llamo Ethan Barthlomaus.

– Ah… – Dije con precaución.

– Y tú… ¿Se supone que eres Elizabeth Hasse VanLuthor?

– Uhm… ¿Cómo sabes todo eso?

– Al parecer en Boston no hay total confidencialidad con los datos de los alumnos.

– ¡¿Qué rayos hiciste?! – Dije con impotencia.

– Tenemos mucho que hablar, sé lo que eres y yo sé quien es el responsable de esto – Dijo con seriedad mientras yo abría los ojos como platos.

– ¡¿Quién?!

– Yo

– ¡¿Qué?!

– Sí, yo fui quien te convirtió y quien te advirtió que si seguías a los neófitos acabarías mal.

Estaba confundida, ¿Cómo podría haberme convertido para un ejército de neófitos y luego salvar mi "vida"?

– Cuando te adentraste en el bosque; te tropezaste y rodaste por más de 200 metros en la pradera, haciéndote perder mucha sangre. Estabas agonizando, no podía dejarte así como así.

Yo seguía aturdida pero poco a poco fui saliendo de mi estado de shock.

– ¿Pero… cómo?

– Cuando te vi fue algo extraño, porque inconscientemente no te podía dejar allí… No te podía dejar ir.

– ¿Por qué te hacías presente en mis sueños?

– Porque no quería separarme de ti.

– Todo es tan confuso.

– Te entiendo… También sé que Phanie ya sabe de tu estado vampírico, pero no te cree del todo al igual que Clyo – Continuó con un poco más de dulzura

– ¿Qué tengo que hacer?

– Tienes que seguir al pie de la letra todo lo que te diga – Contestó mientras sacaba su móvil del bolsillo de sus vaqueros. – ¿Qué pasa?, Oh… claro, cuenta conmigo – Contestaba mientras asentía con la cabeza – Sí, también… no te preocupes que yo me encargo de todo – Continuaba mientras yo lo esperaba ansiosa – ¿Puede?...¡Oh claro!... muchas gracias – Terminó la llamada y guardó el móvil.

– ¿Qué pasa? – Dije con intriga.

– Nada muy importante.

– Dime

– Es como mi superior, es el jefe de nuestra familia –Dijo con sinceridad.

– ¿Y qué dijo? – Dije expectante.

– Que puedes unirte a nuestra familia, sólo si quieres.

–Ah… – Dije un poco decepcionada.

– En nuestra familia sólo cazamos animales al igual que tú…supongo.

– Uhm – Contesté mientras asentía con la cabeza.

– Sería bueno que te unieras a nosotros, somos cinco; Kathleen, Gaspard, Caroline y Jared… Ah y por supuesto yo.

–Uhm… interesante.

– ¿Te interesa?

– No lo sé; yo tengo una familia, ya estoy acostumbrada a vivir junto a los humanos, a comer como humanos… – Contesté desesperada. No podía dejar a mi familia, con la que había vivido toda mi vida y mis dos años como vampiro.

– Piénsalo, ahora me tengo que ir.

– Adiós – Contesté.

Esa noche fue la peor de todas, no pude dejar de pensar en la propuesta hecha por Ethan, tampoco pude abstraerme del mundo por lo que el tiempo parecía que no avanzaba pero luego de un larguísimo momento, amaneció. Sentí que tocaron a mi puerta y abrí la cama y me desordené el pelo, me saqué los zapatos y los vaqueros.

– ¿Quién es?

– Mamá, querida – Dijo Christina con suma dulzura.

– Oh… pasa mamá – Contesté con un bostezo, a veces hacer el papel de humana me resultaba muy fácil.

– Buenos días.

– Buenos días – Le dije con un estirón de cuerpo entero.

– ¿Que tal estuvo esta primera noche?

– Uhm… Bien creo.

– ¿Qué ha pasado?, ¿La cama, el frío? – Dijo preocupada.

– No, soñé demasiado.

– Ah…Bueno; querida, tu desayuno está servido.

– Gracias, bajo en un momento.

– Te espero – Dijo mientras se dirigía a la salida y cerraba la puerta.

Desde la madrugada que siento voces en mi mente y ya me tenían mareada. Ahora siento la voz de mi madre a pesar que no está conmigo, también la de Clyo y Thoumas, realmente me comienza a preocupar. Después de pensar en eso de las voces, tomé una ducha rápida; me cambié la ropa, el disfraz y bajé. Mi desayuno estaba en la mesa; era un cuenco de cereales con leche y unas tostadas, lo comí mientras conversábamos con mi madre y escuchábamos la televisión cuando de repente mi móvil comienza a vibrar en el bolsillo de mis vaqueros, era un número desconocido por lo que contesté desconcertada.

– ¿Diga?

– ¿Elizabeth Hasse VanLuthor?

– Si

– Hola; Soy Ethan, estuve en la madrugada contigo en tu casa, ¿Me recuerdas?

– Oh…si claro, dime que pasa.

– Elizabeth, necesito verte… ¿Puedo aparecerme en tu casa en unos minutos?

– Uhm… Okey – Contesté algo dudosa.

– Entonces, nos vemos.

– Adiós – Me despedí mientras guardaba mi móvil.

Terminé mi desayuno y subí a lavar mis dientes y esperé impaciente en mi cuarto jugueteando con mi pelo. ¿Qué será lo que quiere Ethan?, ¿Será él realmente quien me dejó en este estado?, ¿Quién es realmente Ethan?. Durante un largo momento me cuestioné bastante a Ethan y su existencia. Miré el reloj de la mesita de noche y marcaba las 10:30 y justo en ese momento siento unos golpecitos en mi puerta, era Christina.

– Liz, abajo te espera un muchacho, creo que se llama Ethan.

¿Por qué decidió hacerse presente de esa forma?, ¿Era realmente vampiro?

– Voy enseguida, gracias Chris.

– De nada.

Me tomé un momento para retocar mi maquillaje y cambiarme los lentes de contacto, luego bajé y ahí estaba él. A la luz del día era realmente perfecto tanto así que quedé perpleja. Bajé las escaleras y cuando me dirigía a abandonar la casa, me di cuenta que me faltaba algo importantísimo, algo que si no lo llevaba puesto dejaría ver quien realmente soy, algo que sin lugar a dudas no podría dejar pasar.

Al percatarme oportunamente de mi error casi fatal, me devolví corriendo a mi cuarto a buscar y ponerme la tan preciada pieza; una pequeña cruz egipcia con algunos brillantes incrustados, algo de lo que jamás me había desprendido ya que, primero era muy bonita y segundo guardaba mi secreto. Aquella cruz la había encontrado enlazada en mi cuello al momento de despertar en el bosque y cuando un día me la saqué; me di cuenta que mi piel reflejaba los rayos del sol igual como si tuviera brillantes en mi piel, por suerte esa vez estaba sola. Desde aquel momento que no me desprendía de ella.

Luego de enlazarla en mi cuello, bajé nuevamente a recibir a Ethan, quien aún estaba pacientemente esperando. Salimos de casa y me llevó a un lugar muy lindo, un jardín muy aromático lleno de flores y pajaritos, y allí nos sentamos. El sol nos impactaba de lleno en la cara y Ethan, de pronto comenzó a hablar.

– Elizabeth, necesito decirte la verdad.

Estaba desconcertada, pero realmente su voz sonaba sincera así que no tuve otra opción que asentir.

– Cuando te vi en Boston me causaste una especie de shock y desde ese momento, no te he podido dejar ir.

– ¿Qué me quieres decir Ethan? – Contesté desconcertada.

– La verdad.

– ¿De qué estás hablando? – Dije aún más confundida.

– No puedo vivir tranquilo sabiendo que no tienes idea quien soy realmente.

La situación ya se estaba poniendo complicada; lo de las voces se había calmado un poco, pero ahora sentía la de Ethan que decía "¡Como le digo esto!" y sinceramente tenía ganas de salir corriendo. También no me había percatado del buen olor que emanaba su piel, ¿es que no era vampiro como él decía?, ¿a qué verdad se refería?

Ya no aguantaba las ganas de probar su sangre así que eso respondía un poco mi primera interrogante, pero necesitaba saberlo de su propia boca, por lo que esperé.

– Elizabeth…

– ¿Si?

– Yo no…

– ¿Uhm?

De repente salió corriendo y yo aún perpleja, lo dejé ir. Durante unos minutos me quedé ahí pensando; pero luego me dirigí a casa, ahí llamé a Ethan quien me pidió que lo disculpara y que me vendría a ver en la noche. ¿Qué era lo tan importante y complicado que tenía que decirme?