Capítulo 3

A los 14 sabía con total seguridad qué quería en mi vida. Vocación quizás, pero vocación sentimental. Por eso me rodeaba de chicas hermosas a las que les parecía hermosa.


―Shizuru, buenas noches.

―¿Te tocó turno, Tomoe? ―Sonreí a la chica detrás de la barra. Varios rumores había acerca de esta chica, rumores como que casualmente siempre trabajaba los días que yo vendría al bar.

―Sí, una larga historia ―me contestó como siempre.

―Siempre es así. ―A veces no la entendía. Nunca la entendía. Si quería algo conmigo solo tenía que decírmelo. No es que yo fuera difícil, más cuando se trataba de una chica hermosa como Tomoe. Aunque seguramente estuviera loca. Bajó su mirada por un momento, ignorando mi comentario.― ¿Mai llegó?

―Sí, la jefa está en su oficina. Pero está acompañada ―agregó al ver que me levantaba con vaso en mano―. Una chiquita de pelo negro la vino a buscar hace unos minutos, me dijo específicamente que no las interrumpiera. No sé qué se cree… ―dijo con desdén. Por supuesto, Tomoe no era buena recibiendo órdenes de cualquiera.

―Tranquila, no debe ser tan grave. Es su cuñada, probablemente. ―Tomoe me miró con desconfianza.

―No, no lo creo.

Seguí tomando de mi trago fluorescente por la luz del bar. Mai había tenido muy buena intuición al instalar un bar lésbico en el centro de la ciudad.

Había sido tres años antes, estábamos en un bar con amigos y como siempre, en medio de la multitud algún hombre se acercaba a nosotras invitándonos un trago, piropeándonos o pasándose de la raya, pese a que ambas estábamos notoriamente juntas. Incluso llegamos a tener que salir del bar juntas por no cumplir con las reglas del establecimiento.

En un instante de lucidez Mai dijo «pondré un bar gay friendly, estoy harta». Y dos años después su idea se volvió físicamente real.

Y le estaba yendo muy bien.

Habíamos juntado dinero durante esos dos años para poder abrir con cierta soltura por si la inversión era un fracaso. Por eso tenía tragos y entrada gratis.

―Shizuru ―me nombró Mai sentándose a mi lado con una sonrisa―, te presento a Mikoto. Me está ayudando con el establecimiento. Su hermano es Reito, ¿te acuerdas de él?

―Mikoto, mucho gusto. ¿Reito Minagi? ―pregunté y vi como Mikoto asentía― Claro, lo recuerdo, siempre andaba detrás de mí. Por suerte se le pasó con el tiempo.

―Sí, porque empezó a perseguirme a mí ―agregó la pelirroja con una sonrisa―. Me costó bastante que entendiera que no me iban los de su género.

―Reito es bastante lento con esas cosas ―habló por primera vez Mikoto, por suerte aún estaba bastante vacío, su voz era muy suave―, todavía no está nada contento con que las mujeres a su alrededor, por alguna razón, se hayan desviado del camino de la heterosexualidad.

―¿Tú también? ―pregunté sabiendo la respuesta, era notorio el vínculo entre mi amiga y la pequeña morocha.

―Yo también ―contestó con una sonrisa―, debo marchar ya. Hay un montón de libros esperándome. ―Se despidió con un gesto y caminó hacia la puerta, abriéndose paso entre la poca gente que ya estaba entrando para iniciar su noche de fiesta.

―¿Ella es tu nueva conquista? ¡Es una niña, Mai!

―No, Shizuru. Es una mujer, y tampoco es mi conquista. Solo me estaba ayudando con una nueva idea.

―¿Cuál? ―Me parecía que era más excusa que realidad, pero igual tenía la clásica curiosidad de mi profesión, aunque solo fuera la fotógrafa.

―Tener un día, o más si todo va bien, de música en vivo. También me gustaría una noche de karaoke, pero eso hay que verlo. ―Mi amiga miraba el local desde su posición, podía imaginarme que estaba visualizando todo en su mente―.

―El karaoke sería más para ti que para las clientas. ―Recordaba perfectamente los espectaculos que podía dar mi amiga.― Me parece bien igual, ambas. ¿Y Mikoto cómo te está ayudando?

―Tiene un grupo de música, hacen covers y canciones propias. Además, conoce gente del ámbito.

―Creo que tengo un par de contactos también ―le dije pensativa.

―Que no sean ex, por favor.

―Uh, eso limita mucho las cosas ―contesté con un mohín. Más para divertimento que porque fuera la verdad.

Había pasado más tiempo en el bar del que planeaba, así que, dejando mi vaso sobre la barra, me despedí de Mai y le guiñé un ojo a la cobarde de Tomoe, quien se sonrojó curiosamente.

Poco después de salir vi a mi jefa y mi última fotografiada, Nao no-se-qué, haciendo cola para entrar al bar.

Había muchas cosas que no cuadraban ahí.

Como que Natsuki estaba casada.

Como que la cantante había criticado varias veces a la comunidad gay.

Lamentablemente tengo una falla. La hipocresía me parece desquiciante.

―Ann ―saludé al celular al escuchar que mi llamada era atendida―, creo que debes venir al Orphan… Sí, el bar gay… No, no encontré a nadie para ti, pero sí una buena noticia… Está la cantante Nao… sí, esa, Yuuki, con una mujer… De acuerdo, no te emociones tanto. Ven… Adiós.

Ann se mostró bastante emocionada, era el alma de la prensa rosa de la ciudad y esta era una noticia única.

Hay que saber aprovechar.

Esperaba que Natsuki no saliera jodida en esta redada, y si no, no era mi problema.

―¿O sí? ―le susurré al camino, de vuelta a mi solitario apartamento.


Hola, gente!

No estoy muy contenta con este capítulo, pero creo que es necesario para darle un poco de sustancia a la historia. Poco a poco podemos ver la personalidad de Shizuru. También van apareciendo personajes importantes (soy muy fan de Mikoto también).

En fin, gracias por sus comentarios, voy respondiéndolos cuando el tiempo aparece, y a los nuevos followers.

Hasta la próxima!