Capítulo 3
Él, El Director y Yo

- ¿Qué diablos haces aquí? – al fin pude articular.
- ¿No, Que haces Tú aquí? – me enfrentó.

- Para TU información, este es MI cuarto – dije entre dientes.
Como si ya lo supiera antes que yo, rodó los ojos, resopló y se acostó en su cama poniendo las manos en su cara en gesto de desespero.
Yo me senté en mi cama y me pregunte: ¿Por qué a mi?
Una pregunta de telenovela, pero era necesaria.
¿A quién en el mundo le cabe en la cabeza que en un internado pueda haber un hombre y una mujer conviviendo en el mismo cuarto? Al parecer pronto tendría la respuesta.

Bajé de mala manera hacia la oficina del director siendo secundada por el chico de cabellos cobrizos. Habíamos, en un tono no tan civilizado, acordado que iríamos a ver al director para que nos cambiara lo antes posible.
Nuestras energías desde un inicio habían chocado de la manera más feroz y esto no era beneficioso ni para mi genio ni mis nervios.
Al llegar a la oficina, tuvimos que quedarnos a lo sumo 45 minutos, porque: "El director está en una reunión muy importante" había dicho la secretaria regordeta que atendía las visitas de éste mismo.
Me paré del asiento cuando un hombre se paró frente a nosotros. El señor era alto, con el cabello largo pero echado hacia atrás con gel, con una sonrisa socarrona que lo hacía ver bastante malo. Miré al chico por el rabillo del ojo y éste estaba con el mismo aspecto. Un pie encima del asiento y jugando con un puzzle.
¡Que grosero! – pensé.

El director no hizo amago de regañar al chico, simplemente estiró su mano y nos indicó que pasáramos a la oficina.

Su oficina, como todo el colegio, era totalmente rara.

En la mitad, justo atrás de su imponente silla, se encontraba un cuadro que destacaba con intensidad. No logré diferenciar si era una fotografía o una pintura. Estaba ambientado con un lugar que parecía ser un castillo del medio evo. Era simple, se veía un tanto rústico pero no le quitaba la belleza. Tres hombres se encontraban en un balcón entre ellos estaba el hombre que estaba sentado frente a mí esperando que le prestara atención.

Me envaré en mi asiento y le di unas disculpas que no llegaron a salir de mis labios. Él sonrió, se volteó tres cuartos y miró fijamente la escena.

- Volterra, siglo XVI – dio un suspiro – Velázquez. Buen pintor ¿eh? – dejó de ver la pintura y como si hubiese vuelto de un viaje en el tiempo, nos miró fijamente.

Sí que era buen pintor, pero no entendí el porqué de la cara de nostalgia del director. Y definitivamente quien lo hubiese pintado o editado debía ser bastante bueno.

Seguí mirando la obra de arte hasta que una voz me hizo sobresaltar y sonrojarme.

- Parece que te atrae la historia y el arte…y vaya que tu historial académico lo confirma – exclamó mirando unas hojas encima de su escritorio que supuse era mis archivos académicos.

Me sonrojé y sonó un carraspeo a mi lado.

- Tengo práctica y no deseo perderla, ¿podríamos arreglar esto de una vez por todas?

- Bien, Cullen. ¿Por qué no empieza usted por decirme el motivo de su visita?

Me miró, volteo los ojos y volvió su vista al director. Este esperaba pacientemente que el chico Cullen le hablase del problema.

- De acuerdo.

Empezó a relatar desde el suceso de la cafetería, a lo cual respondí con un sonrojo y con un tartamudeo alegando que fue su culpa, hasta el momento que él se disponía a dormir y según él, llegó un ser que le dañó el sueño el cual parecía ser un ogro gruñón. Respondí justamente con un gruñido inconsciente y él se carcajeó con mofa reafirmando su teoría.

El director, Aro Vulturi como decía su inscripción en su escritorio, se reía mientras yo trataba de no decirles sus cuantas palabras a la cara.

Minutos después decidió que era hora de dejar de reírse a mi costa y dar paso a mi declaración.

Le conté todo como pensé y sabía que era. Primero el vergonzoso accidente en la cafetería, "el cual fue culpa de Cullen" alegué nuevamente, y seguidamente cuando entré a la habitación y me llevé la NO grata sorpresa de que debía convivir con un muchacho cuando las reglas nos habían quedado claras a Alice y a mí que "Bajo ninguna condición un chico y una chica quedarán juntos" en el momento en que a Alice se le iluminaron los ojos.

Al terminar de contar el director se carcajeó un poco y después su cara tomó un matiz escalofriante. Era como si las risas de antaño fuesen solamente una máscara sarcástica y como película de terror, éste fuese asesino de la bella y rubia protagonista.

Al parecer mi cara delató mi pequeño temor porque Cullen se reía.

Rodé los ojos y respiré profundo quitándome las ideas locas de mi cabeza.

- Isabella Swan, Edward Cullen. La cuestión es la siguiente: Primero, ninguno va a ir a un cuarto diferente, con mucha lástima uno de nuestros estudiantes se retiró forzosamente de la Institución y al no quedar más cuartos disponibles y teniendo en cuenta el artículo que estipula que "los estudiantes se repartirán de manera equitativa en cada habitación. Sin ninguna excepción" ustedes se quedarán así – Terminó el primer punto el director – Segundo y último punto. No quiero, bajo ninguna circunstancia, enterarme que entre ustedes dos ha ocurrido algún incidente. Si algo llego a saber, el trabajo social será especial para ustedes y yo mismo lo elegiré. ¿Entendido?

Quizás había pegamento o una goma de mascar en mi silla, porque al momento de pararme algo me lo impedía. Mi voz no encontraba la manera de salir y el único gesto que pude hacer fue mover mi cabeza de arriba abajo.

Sin errores, sin titubeos, con toda la seguridad que podría tener una persona Aro Vulturi sentenció a dos jóvenes a un año de condena.

- Bien chicos. Es agradable hablar con ustedes pero tengo algunos asuntos que resolver de suprema urgencia.

De nuevo la cara amable y aparentemente comprensiva. Sentí que mis ojos se abrían de manera extrema. Incliné mi cabeza, como despidiéndome y salí de aquel lugar con sólo la imagen de la pintura en mi cabeza. No quería pensar en más.

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Es un capítulo corto. Aparente spam, pero de alguna manera ya verán que forma parte casi fundamental de ésta historia.

Pido incontables disculpas por la tardanza. Como siempre digo, excusas válidas no hay.

Gracias a todos los lectores que dejan alertas, reviews.

Espero sus opiniones. Son bastante importantes y espero que le haya gustado.

¡Hasta la próxima!

Marcela Salamanca