Disclaimer: Hetalia no me pertenece, es obra del maravilloso Himaruya Hidekaz. La idea de los Horóscopos tampoco me pertenece, son maravillosa idea de Anniih~
[Cᴏϻpαтɪɓɪlɪɗαɗ]
La naturaleza afectuosa de Tauro logra descongelar la timidez inherente a Virgo.
Andrea se había tensado tanto que Arthur temía que de alguna manera pudiese hacerse daño. Era comprensible, porque era muy normal que uno se sintiese incómodo cuando todos los miembros de la ONU se le quedaban viendo fijamente, con una expresión divertida e interrogativa en el rostro. Algunos con algo de enfado y otros claramente desconcertados.
La mexicana volteó para verle con reproche. Con una de esas miradas que claramente indicaban "Esto es tú culpa, Inglaterra. Ahora tú me sacas de éste jodido lío". El inglés no pudo hacer más que suspirar, y desvió la mirada al instante. ¡No era cierto, no era su culpa! Él lo único que había intentado era tomarle la mano con delicadeza por debajo de la mesa. Fue el idiota de Francis el que se había encargado personalmente de joderle el intento a Arthur haciendo públicas sus intenciones.
— ¡Andreita! ¿Por qué no me dijiste nada? —Dramatizaba Antonio, con expresión de cachorrito sufrido y mojado bajo la lluvia. Andrea esquivaba su mirada olímpicamente al igual que con todos, con el rostro intensamente ruborizado—Andreiitaaa~
—Ya cállate, idiota. Deja de hacer tanto drama, maldición. Aunque… tienes razón, pudo haberse tomado la molestia de comentarnos algo—Incluso Lovino observaba con los ojos entrecerrados a la mexicana. No es que le molestase tanto, pero… ¿Por qué con Inglaterra? ¿Qué no sabía lo mucho que él odiaba al inglés? ¡Por supuesto que lo sabía! Él mismo se había encargado de informárselo cuando eran más pequeños…y ahora que eran grandes también.
—Yo creo que deberían dejar de molestar tanto a Andrea… ¿Qué no ven que la pobre se está deshaciendo?-Señaló Hungría, observando comprensiva cómo la chica se deslizaba sobre su lugar hasta casi tocar el suelo, intentando esconderse. La mexicana le sonrío en agradecimiento, pero continuó con su proceso de "ser tragada por la tierra".
—Nadie estaba molestándola, Elizaveta…no creo que voltear a verla se considere una molestia. Bueno, al menos tú no reaccionabas así cuando nos veían y estábamos cas…-Roderich no acabó la oración, simplemente observó con algo de desaprobación a México —De cualquier manera, debería de dejar de tratarnos cómo indecentes. Es ella la que necesita disciplina, pequeña indecente…
— ¡Dos petits juntos! ¡Oh! ¡Tío Francis está tan tan feliz! Me siento…me siento… ¡Tan orgulloso de ambos! —El francés mordía un pañuelo con dramatismo, con lagrimones en los ojos. —Pareciese que fue ayer cuando el idiota de Inglaterra era tan pequeño y lloraba por todo…y cuando mon petit Mexique venía conmigo para que le hiciese sus trencitas. ¡Oh, eran tan lindos!
Alfred observaba con los ojos entrecerrados a México, aunque tenía una sonrisita divertida en el rostro y reía con su característica risa cada cierto tiempo. Cualquiera diría que era evidente que se encontraba ligeramente celoso porque su mejor amiga de la infancia estaba con su queridísimo ex-tutor. Sin embargo, todo rastro de resentimiento desapareció cuando llegó el repartidor del McDonald's y le entregó su montaña de hamburguesas, junto con su cajita feliz. De ahí todo fue mucho mejor para el estadounidense.
Arthur suspiró al notar que todos comenzaban a charlar animadamente, olvidando definitivamente el motivo de aquella reunión [la cual ya ni él mismo recordaba] así que simplemente se dejó "tragar por la tierra" hasta llegar por debajo de la mesa para hacerle compañía a la mexicana, sentándose junto a ella. Ésta tenía el rostro escondido entre ambas manos. Arthur sabía muy bien que el problema radicaba en la timidez de Andrea, que no soportaba que se le quedasen viendo.
La observó fijamente por unos minutos, y luego le acomodó el flequillo por detrás de la oreja con mucho tacto y ternura, logrando que ésta alzara la mirada para verlo. Su rostro estaba rojo de la vergüenza.
—P-Perdón Arthur, en serio… ¡Es sólo que verdaderamente no sé por qué no soporto que la gente se quede mirándome fijamente!-Se excusó, haciendo un pequeño puchero infantil y extendiendo los brazos para abrazarse al inglés, que la recibió gustoso y con una pequeña sonrisa en los labios. —Te prometo que voy a intentar acostumbrarme… ¿Sí?
—No te preocupes, Andrea. Comprendo que no te agrade mucho que se te queden viendo fijamente…—Arthur ensanchó un poco más su sonrisa, besando con suavidad la mejilla de la mexicana—No tienes que fijarte en cómo te ven los demás. Si te sirve de algo, sólo debes quedarte viéndome a mí.
La chica suspiró y asintió con la cabeza.
—D-De acuerdo…lo intentaré.
El inglés sonrió aún más, victorioso, y comenzó a incorporarse con lentitud junto con la chica, cuyo rubor iba aumentando conforme se iban dejando expuestos de nuevo a las demás naciones. Una pequeña mueca de cabreo se había dibujado en el rostro de Andrea, cómo era costumbre en ella cuando estaba nerviosa. Y, cómo era de esperarse, todas las miradas volvieron a centrarse de golpe en ellos, y la mexicana desvió la mirada al instante, pare ver fijamente al inglés.
Éste le devolvió una sonrisa y una mirada cargada de afecto, una mirada que pudo tranquilizarla casi instantáneamente. Relajando sus músculos y suspirando, la mexicana pasó olímpicamente de las miradas que estaban posados sobre ambos y observaban tan expectantes. Poco a poco, extendió una de sus manos, vacilante y temblorosa. Incluso estuvo a punto de contraerla, pero no lo hizo. Inhaló profundamente y, encontrando aquella valentía tan característica suya, estiró su mano para tantear tímidamente hasta encontrarse con el roce de la mano de Arthur, tan cálido y afectuoso. Entrelazó su mano con la de él y éste le correspondió el gesto, sin dejar de sonreír.
A partir de ese momento, para todos los presentes la reunión transcurrió de la manera más normal del mundo. La mexicana logrando ignorar las miradas y cuchicheos [muchos de desaprobación] y simplemente concentrándose en recostar su cabeza en el hombro del inglés, dispuesta a dormirse cómo tan acostumbrada estaba en las reuniones. Y Arthur masajeándose las sienes con algo de frustración, pero con una leve sonrisa en los labios.
Virgo, con su vivaz intelecto, logra abrir la mente de Tauro en muchas y diversas aventuras mentales. Ésta es una combinación encantadora, donde casi no existen fricciones.
Arthur pasaba con rapidez las páginas del libro, con el ceño fruncido y una ceja levemente arqueada. De vez en cuando alzaba la vista para ver a Andrea, quién le observaba expectante, para luego volver a la lectura y leer en voz baja de manera rápida y atropellada. Finalmente chasqueó la lengua y suspiró, frunciendo los labios y cerrando el libro de golpe.
—Es inútil, Andrea. Por más que intento entender éste libro, no lo logro. Lo siento, a pesar de que estoy tan acostumbrado a los cuentos de hadas…—El inglés suspiró y se rascó una mejilla con nerviosismo, para luego volver la vista a la mexicana, que había hecho un pequeño puchero de reproche y tenía las manos en la cintura.
—Oh, vamos, Arthur. Los libros de mi país son igual de imaginativos, sólo que no tienen que ver todos con hadas y duendes y cosas así. Son muy lindos y emocionantes, y esperaba que tú te dieras cuenta de eso—Espetó, enfurruñada, mientras se cruzaba de brazos y desviaba la mirada. Soltó un gruñidito por lo bajo y Arthur volvió a suspirar, abriendo de nuevo el libro y hojeándolo rápidamente con una ceja arqueada.
—Estoy muy cansado ahora…no logro concentrarme, I am sorry—Se rindió, finalmente. Dejó el libro a un lado y se masajeó las sienes, mirando con expresión de disculpa a la menor. Era la verdad, ese día había trabajado mucho y lo primero que quería hacer en ese momento era dormir. Sin embargo, por alguna razón, esa tarea la estaba costando bastante en ese momento. Por eso Andrea se había ofrecido a prestarle un libro que le ayudara a dormir.
—Pero si verdaderamente está muy interesante…—Murmuró por lo bajo la morena, inflando levemente las mejillas y cruzándose de brazos. Sin embargo, poco después, esbozó una gran sonrisa y tomó el libro en sus manos— ¡Ya sé! Yo te lo leeré. Necesitas ponerle emoción a las palabras, y usar toda tu imaginación. Es fácil, Arthur, tú sólo cierra los ojos—Aseguró, sonriendo, mientras se levantaba y se acomodaba en el mismo sofá en el que estaba Arthur, acurrucándose contra él y abriendo el libro.
El inglés sonrió levemente y también se removió un poco hasta encontrar la posición más cómoda. Luego, obedeció a la mexicana y cerró los ojos. Sentía cómo la cabeza le palpitaba del cansancio, y verdaderamente esperaba que la idea de México fuese efectiva.
—Bien, entonces comenzaré a leer. Había una vez…—La voz de la mexicana resultaba cómo un arrullo cuando la utilizaba en voz baja. Normalmente era estridente e irritante cómo la de Alfred, pero en esos momentos podía notarse lo mucho que se esforzaba la chica por utilizar un tono de voz tranquilizante. El inglés volvió a esbozar una pequeña sonrisa, y se dejó hacer por la mexicana.
Arthur poco a poco comenzó a sentir cómo todo su cuerpo se relajaba y cómo su mente comenzaba a volar. Imágenes de todo tipo comenzaron a avanzar por su cabeza, cómo una película, conforme la menor narraba la historia. Los tonos de voz, algunos ademanes, los dulces cariños que Andrea le hacía en el cabello y lo emocionante que era el libro comenzaban a arrullar al inglés de la misma manera efectiva en que una madre arrulla a su niño. Arthur comenzaba a comprender lo agradable que debía de ser la hora del cuento para Alfred cuando era pequeño.
A pesar de que quería escuchar el final de la historia, el sueño era demasiado y le impedía quedarse despierto por mucho más. Pronto se quedó profundamente dormido, casi al final del libro. Después de leer unas cuantas líneas más, con una sonrisa victoriosa y un "colorín colorado", Andrea finalmente se quedó dormida también.
Sin embargo, Tauro puede encontrar bastante agotador el deseo de Virgo de analizarlo todo hasta el más mínimo detalle.
—Y entonces el Tío Francis y Gilbert comenzaron a meterle cangrejos en el traje de baño. Fue una broma bastante pesada, ¡Pero me dio tanta risa! Recuerdo que Antonio saltaba de un lado a otro tan desesperado por quitárselos—Andrea reía fuertemente, completamente divertida, sin preocuparse en lo más mínimo por la expresión de irritación que el inglés tenía.
—Ah… ¿En serio? —Arthur se masajeaba las sienes de vez en cuando, cuando la mexicana no le veía, mientras intentaba concentrarse en su trabajo. Nunca antes en su vida había avanzado tan lento, acabaría de madrugada todo el trabajo que tenía que hacer. Le había pedido a la chica, al entrar, que guardara silencio. Incluso había intentado recordárselo a la menor desde hacía rato, pero se veía tan feliz…y además, por la Reina, no dejaba de hablar ni un segundo. Las mexicanas sí que eran muy habladoras, por no decir parlanchinas.
— ¿Sabes algo? Se supone que le guarde rencor a Antonio por lo que me hizo antes, pero…bueno, no lo sé. El idiota siempre es tan sobre protector conmigo aún, y eso me molesta. Pero siento que no podría llegar a odiarlo—Andrea suspiró y le dio una mordida a la manzana que se había llevado, la cual estaba espolvoreada con un poco de "chamoy en polvo" que a la mexicana le encantaba ponerle a las frutas. —Y al Tío Francis también le quiero tanto…aunque haya intentado conquistarme. Lo mismo intentó el tonto de Alfredo, y aún así no nos llevamos tan mal…bueno, sí, pero no nos odiamos.
—A-Andrea…—Intentó llamar el inglés, que comenzaba a tener una jaqueca gigantesca—Andrea, please…—Volvió a llamar, sin éxito alguno. La mexicana continuaba hablando animadamente, apenas y haciendo pausas para tomar aire. Arthur no podía creer que alguien pudiese hablar tanto en tan poco tiempo— ¡ANDREA HERNÁNDEZ!
No había sido precisamente un grito, pero sí una alzada de voz. Una alzada de voz que había dejado a Andrea con una expresión de incredulidad e indignación bastante grandes. La chica infló levemente las mejillas con reproche y se llevó las manos a la cintura.
—Óyeme, cabrón. Luego me regañas a mí porque dices que es de mala educación interrumpir así a la gente…eres un maleducado, Arthur.
El inglés no se esforzó ésta vez por disimular que se masajeaba las sienes con mucha frustración, con toda su paciencia agotada. Se llevó una mano al rostro y gruñó, señalando con su otra mano los montones de papeles frente a él.
— Silence! ¡Silencio! ¡Es lo único que te pido! Tengo mucho trabajo y realmente es difícil concentrarse cuando tu irritante voz está hable y hable sin parar y….
—…Dijiste… ¿Mi irritante voz?
— ¡Sí, es completamente irritante! ¡Es cómo la del yankee! Hablas y hablas sin parar, sin tener consideración alguna, ¡Pareciese que no te das cuenta de que tengo mucho trabajo qué hacer! —Arthur respiraba agitado, estaba verdaderamente muy estresado. Sentía el cuello rígido y todos los músculos tensos, la cabeza le palpitaba y la voz de la mexicana no le ayudaba ni un poco. Sin embargo, cuando Andrea bajó la mirada y apretó con fuerza los puños, comenzó a preguntarse si se había pasado un poco.
La mexicana se levantó con brusquedad de su asiento y se dio la media vuelta, dirigiéndose hacia la salida. Sólo volteó a ver una vez a Arthur para fulminarlo con la mirada.
— Bien, ¡Pues púdrete solo, grandísimo imbécil!
Continuación abajo
Por su parte, Virgo es más perfeccionista que Tauro y también es más absorbente, por lo que se puede sentir herida cuando Tauro quiera tiempo para estar solo o momentos de silencio.
Arthur suspiró y se levantó de su silla de golpe, aún un tanto enfadado, pero aún así sin poder disimular su preocupación por la mexicana. La siguió incluso cuando ésta le cerró la puerta en el rostro de manera descarada, soltando un pequeño gruñido de exasperación. Le siguió por los pasillos a paso rápido, pero sin correr, mientras que la otra simplemente no se dignaba a voltear a verlo y aceleraba el paso.
— ¡Espera, Andrea! —Intentó llamarla, sin éxito alguno. La chica continuaba caminando muy apresuradamente, sin siquiera dirigirle la palabra o una mirada. Arthur se dio cuenta de que la chica estaba más que ofendida y algo herida por lo que le había dicho, y comenzó a sentirse un poco culpable. Aunque le fue inevitable pensar que de cierta manera también había sido culpa de la mexicana por no haberlo escuchado antes. Aún así, lo único que quería era arreglar las cosas.
La pequeña persecución tardó un par de minutos más, en los que ambos miembros de la pareja soltaban varios gruñidos y Arthur intentaba llamar la atención de la menor, aún sin éxito. Finalmente, Andrea se vio obligada a detenerse cuando se encontró acorralada por el balcón del enorme hogar de Arthur, soltando un bufido de exasperación y apoyándose contra el barandal, de brazos cruzados y ceño fruncido, se negó a dirigirle palabra alguna aún.
—Andrea, please, escúchame. Bloody Hell —Pidió el inglés, suspirando y finalmente alcanzando a la morena. Ésta no se movió ni un centímetro, y permaneció con su mirada clavada en la fresca noche frente a ella, en el cielo estrellado. Arthur volvió a suspirar, mordiéndose el labio inferior—Sé que probablemente me comporté cómo un idiota allá atrás, pero…b-bueno, es sólo que me duele la cabeza y en verdad quería…—Desvió la mirada, frustrado. Le era difícil disculparse cuando Andrea esquivaba su mirada con tanto empeño.
—Cállate de una puta vez, idiota.
Arthur volvió la mirada hacia la mexicana, esperanzado. Bien, su mirada seguía negándose rotundamente a encontrarse con la suya, pero por lo menos le había dirigido la palabra. Eso era un avance. Pensando en qué debería hacer a continuación, Arthur se acercó con lentitud a Andrea y la envolvió con lentitud entre sus brazos, con afecto. Notó al instante cómo la menor se tensaba y oponía resistencia al principio, pero finalmente se dejaba hacer.
— I am sorry, my lady. Yo solo quería terminar hoy mi trabajo—Se excusó, besándole con ternura la cabeza. Andrea mantenía sus manos aferradas a los brazos de Arthur, cómo si en cualquier momento planeara alejarlo de golpe, pero aún así permanecía quieta.
—Ah, y mi irritante voz te lo impedía. ¿Qué solución más perfecta que gritarme con la misma autoridad que una madre y hacérmelo saber de aquella manera? Eres un cabrón, Arthur—El inglés no pudo evitar esbozar una sonrisa avergonzada, y se inclinó para besarle la mejilla a la menor.
—Bueno, en cuanto a eso me parece que no soy el único que debería disculparse. —Escuchó el sonidito de indignación que Andrea emitía, y se imaginó que de seguro había inflado las mejillas—Andrea, intenté decírtelo de buena manera muchas veces. Pero la cabeza comenzaba a dolerme demasiado y me temo que perdí el control. Aún así, no te habría gritado así si me hubieses escuchado antes.
La mexicana volvió a emitir un sonidito parecido al anterior y chasqueó la lengua, alzando la mirada por primera vez para encontrarse con la mirada esmeralda de Arthur. Una expresión infantil de reproche y cabreo se había dibujado en su rostro, y Arthur arqueó levemente una ceja, pero aún así permaneció sonriendo muy levemente.
—Sigo pensando que eres un grandísimo cabrón, Arthur—Espetó enfurruñada, volviendo a desviar la mirada y ruborizándose repentinamente. El inglés notó cómo se volvía a tensar y observó curioso a la menor, preguntándose por qué de pronto se había puesto tan nerviosa—Y-Yo…yo… ¡Lo siento! ¿De acuerdo? Ya, perdón. No era mi intención causarte dolor de cabeza.
La sonrisa de Arthur se ensanchó.
—I know, Andrea. Tampoco era mi intención gritarte de esa manera, I am so sorry—Alegre de que las cosas se hubiesen arreglado, el inglés acarició con suavidad los cabellos de la mexicana. Ésta poco a poco fue relajándose en brazos del mayor, y recostó la cabeza contra su pecho.
—Sí sabes que no dejas de ser un cabrón. ¿Verdad, Artie? —La mexicana también sonrió levemente, alzando la mirada de nuevo para encontrarse con aquella mirada verde jade que tanto le gustaba. El inglés le devolvió la mirada y la sonrisa, pensando que sería divertido seguirle el juego.
—Y tú no dejas de ser chiquitita, sweetheart—Contraatacó, sin poder contener una pequeña risa al escuchar el gruñidito de Andrea. Luego se inclinó y unió sus labios con los de ella con dulzura, dando por terminada aquella discusión.
En su relación no faltará dedicación y lealtad.
—Vamos, mon maîtresse, yo sé lo mucho que te gusta el helado~ El tío Francis quiere llevarte por uno—Canturreó el francés en el oído de la mexicana, que se estremeció y mantuvo la mirada desviada, incómoda. — ¿Qué pasa, petit? No me digas que el idiota de Inglaterra ya te contagió el mal gusto y ya no te gusta el helado—Dramatizó mientras acariciaba el cabello de Andrea, quién estaba envuelta en un poderoso e incómodo abrazo. Ésta negó rotundamente con la cabeza.
—L-Lo siento, Tío Francis…Arthur me prohibió acompañarte a cualquier lado. En serio me gustaría, pero…-Se mordió levemente el labio inferior, riendo nerviosa e intentando parecer burlona también—Ya lo conoces, es tan celoso cómo una cabra. El muy idiota piensa que lo voy a engañar con el primero que se me pase en frente.
Francis se mostró decepcionado cuando la menor se mostró reacia a acompañarlo, pero luego una sonrisa divertida se dibujó en su rostro.
—Oh, comprendo, maîtresse, estaría muy mal que estuvieses engañando a tu novio. Non, non, non. Tío Francis está orgulloso de ti, porque estás siguiendo muy bien sus consejos~—Ronroneó el mayor, sonriendo y separándose de Andrea, cómo ésta había estado deseando desde hace rato. La mexicana suspiró de alivio, pero luego observó confundida la sonrisa un tanto burlona de Francis. —Claro que…debo decirte, mon amour, que se me hace un tanto injusto que Arthur no siga las mismas reglas.
Andrea arqueó una ceja visiblemente confundida y un tanto alterada, sin comprender nada. Por un momento observó desconcertada el dedo de Francis, que señalaba a una dirección detrás de ella. Se giró con lentitud y…bueno, lo que vio no le agradó ni un poquito.
—H-Hahaha, gracias, Lady, pero…S-Sí, es muy lindo de su parte pero…—Arthur sostenía dos vasos llenos de fresco jugo de naranja y tenía una sonrisa nerviosa en el rostro, claramente incómoda. Frente a él estaba una esbelta y alta señorita muy atractiva con un delantal de la juguería. Ésta se había tomado la molestia de salir de detrás del mostrador para atender a su atractivo cliente mientras retorcía uno de sus rubios y sedosos rizos con uno de sus dedos, observando con una sonrisa coqueta al inglés. —N-No, en serio, no puedo…n-no me gustaría…
Los ojos de Andrea estaban abiertos cómo los de un pez, y Francis negaba con la cabeza mientras canturreaba "Non Non Non" con una sonrisita burlona en los labios. La mexicana no cabía de sí de la indignación. ¿Estaba esa arroz al revés tomando de la corbata a SU novio y lo estaba acorralando contra la pared del lugar, así de indecente frente a una enorme cantidad de gente?
¡Y para colmo, había hecho sonrojar a su Arthur! El pobre se notaba tan nervioso y cohibido, además de incómodo, se notaba que quería salir corriendo de ahí. Sí, Andrea supo desde ese momento y comenzó a pensar en la madriza que le iba a dar a ese inglés en cuantolo tuviera al alcance de sus manos. Indignada, la chica comenzó a caminar a pasos pesados y con una mirada asesina hasta dónde SU novio, con los puños fuertemente apretados.
—Oh, vamos señor~ yo sé que usted no quiere dejar a ésta vulnerable dama yendo sola en la noche a un bar—Puchereó la chica, jalando aún más la corbata del joven. Arthur quería ser tragado por la tierra en ese momento ¿Y si Andrea lo veía? O peor, ¿Y sí descuidaba por mucho tiempo a Andrea y ella veía a otro hombre?
El inglés tragó duro saliva. La mexicana podía llegar a ser tan torpe que podría lastimarse si la dejaba sola, tan sólo caminando. Era tan ingenua que cualquier mafioso o vago podía llevársela con la tentativa invitación de ir por algo de comer. Era tan agresiva que podía terminar agarrándose a golpes con cualquiera en la calle. ¿Qué iba a ser de su novia si la dejaba así de solita por tanto tiempo?
Así que, cómo buen caballero que era, puso fin a eso al instante. Colocó una de sus manos sobre los hombros de la chica frente a él con firmeza y la apartó de un leve empujón, con mucha seriedad en la mirada.
—Lo siento, Lady, pero tengo Novia—Fueron las únicas palabras que pronunció, ante la indignada chica frente a él, antes de escuchar el grito indignado de otra personita que conocía muy bien.
— ¡ARTHUR KIRKLAND, Hijo de…!
Continuación abajo
Para Virgo una pareja Tauro es una influencia que transmite calma y, de hecho, este es uno de los pocos signos astrales capaz de relajar a una Virgo muy nerviosa.
— ¡ARTHUR KIRKLAND, Hijo de…! ¡ERES EL IDIOTA MÁS GRANDE DEL UNIVERSO!
— ¿A-Andrea? —El pobre joven, confundido, sólo atinó a voltear a ver desconcertado hacia un lado. Sólo para recibir una amorosa bofetada y una patada en la rodilla. Se vio obligado a soltar ambos vasos de jugo de naranja al instante, dejando que se escurrieran por el suelo.
Adolorido y cojeando, con una mano en la mejilla, observó a la mexicana sin entender. Luego de unos segundos de procesar información, se dio cuenta de la situación— A-Andrea! ¡No es lo que parece! Y-Yo definitivamente no estaba… —A pesar de estar enojado por aquellos repentinos golpes, Arthur no podía evitar sentirse avergonzado. Sus mejillas habían adquirido un intenso carmesí.
— ¡A callar, Arthur! —Ordenó la menor, entrecerrando los ojos y apretando con fuerza los puños, fulminando con la mirada a la chica frente a ella. Ésta, sin duda alguna, lucía mayor que lo que aparentaban ella y Arthur. Y también era más alta que ella. Pero eso no le importaba, su fiera mirada indicaba que en cualquier momento podría lanzarse contra ella.
—P-Pero qué chica más…—Murmuró la vendedora, frunciendo el ceño y sin poder evitar sentir algo de miedo— ¡F-Fuera, fuera! —Le hizo un gesto con la mano para que se alejara de ella, como si le estuviese hablando a algún animalito. Esto sólo logró enfadar aún más a Andrea, y a hacer entrar en preocupación a Arthur.
—Tú, grandísima idiota e indecente…—Murmuró la chica, apretando con fuerza los dientes. —¡Eres una maldita acosadora, chingada madre! ¡Nadie puede tratar así a mi novio! ¿Entiendes? ¡Nadie!
— ¿É-El es tu novio? —La chica no pudo evitar sonreir burlonamente — ¡Oh, por favor! ¿Cómo alguien tan guapo podría hacer pareja con alguien como tú?
Y esa fue la gota que derramó el vaso. Andrea se habría lanzado sobre aquella chica y le habría dado unos tirones de cabello y unos cuantos golpes que la habrían dejado fuera de combate al instante de no ser porque un par de firmes y fuertes brazos la habían tomado por la cintura, abrazándola con fuerza y deteniéndola. Arthur no había perdido tiempo, él sabía perfectamente por la mirada de la menor cuándo ésta estaba a punto de cometer alguna impertinencia.
— ¡Andrea, detente ahora! S-Sweetheart…—Arthur intentaba tranquilizarla, pero la chica se removía con fuerza en un intento por zafarse de su agarre. Mientras tanto, la vendedora observaba horrorizada ambos.
—N-No puedo creerlo… ¿En verdad son novios?
Arthur no pudo evitar enfadarse también en ese momento. Así que detuvo su intento por tranquilizar a Andrea para alzar la mirada y fulminar con ella a la rubia, entrecerrando los ojos. La mexicana por fin detuvo sus intentos por zafarse, jadeando, y alzó la mirada para ver a Arthur, ligeramente sorprendida.
— ¡Sí, sí lo somos! ¿Hay algún problema con eso? —No gritó ni mucho menos, pero si habló con una voz fuerte y clara, seria y severa. La chica dio un respingo y negó enérgicamente con la cabeza, volviendo detrás del mostrador al instante, escondiéndose tras éste. Arthur suspiró y se masajeó las sienes con frustración— W-Well, i am sorry. Sí, somos novios. —Arthur bajó la mirada para ver a Andrea, quién permanecía quieta pero esquivando su mirada. Se quedó viéndola fijamente, y esbozó una leve sonrisa— Y yo la amo, más de lo que cualquiera se imagina.
Las mejillas de la mexicana se tornaron de un intenso carmesí. Y ésta alzó la mirada, sorprendida, para encontrarse con la mirada del joven, quién le sonreía con ternura.
— No tiene por qué enojarte una estupidez así, Andrea. You know it—Y, ante los ojos incrédulos de la vendedora, Arthur se inclinó y besó con dulzura a la mexicana.
Por fiiiiiin logré terminarlo!~ ;A; I'm sorry por la tardanza, mi inspiración andaba de malas conmigo. Pero ahora me ha venido un golpe de inspiración que asadasa~ debo aprovechar x'DD. Agradezco mucho y loveo a las lindas personitas que me dejaron review, así cómo a las que leyeron y a las que enviaron el fanfic a favoritos~ Very thank you! c: Espero que mi fanfic no haya sido tan fail ni les haya quitado tiempo importante éueU y espero pasarme pronto con nuevos fanfics 8D See you~
¿Reviews?~ ¡Una foto paparazzi de los personajes de hetalia en sus momentos más vergonzosos por cada review que dejen! c;(?)~
