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ADVERTENCIA: Esto es un Universo Alternativo/Alternative Universe (UA/AU), es muy diferente a lo que se da en ambas películas (más en el caso de Frozen que Rise of Guardians), y los personajes demuestran su lado más oscuro que el infantil, por lo cual advierto que es una historia bastante diferente a lo que se vio.

Disclaimer: Frozen ni Rise of Guardians me pertenecen, si no que a sus compañías Disney y Dreamworks respectivamente.

¡Inspiration, come here!

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Rise Above Yourself

Capítulo II

"Pequeños copos de nieve"

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"No, no Jack lo estás haciendo mal", su amigo pelirrubio lo interrumpió, quitándole el mapa de las manos. "Esto indica hacia el norte y para allá es el sur, lo tenías al revés"

"En tu brújula sale que es el este", miró aquel objeto con cierta duda, no entendía las herramientas que tenía. "Aun así no veo aquel castillo"

"Está en la montaña, ni si quiera hemos llegado a ella", ayudó a Jack a subir la roca. Este se quejó, y se sentó de brazos cruzados.

"¿Y si no existe? Llevamos buscándola durante días, y nunca llegamos más allá de dónde sacan hielo", suspiró, sacando de su mochila un bocadillo. "¿Quieres?"

"No, subamos un poco más, la entrada debe estar por aquí", miró hacia el horizonte, dejando ver a todo Stanford en su mayor resplandor.

"Bah, Jimmy, es lo mismo desde el martes", cerró su mochila y se la acomodó en la espalda.

"Te dije que con esa actitud ella no nos querrá ver", Jack se disculpó, encogiéndose de hombros. "Además piénsalo, estar con ella, verla, ver sus poderes, incluso quizá esté la princesa Anna con ella"

"Crees mucho en ella, ¿Eh?", cuestionó, levantando una ceja.

"¿Tú no?", contradijo, mirándole.

"Sí, sabes que la quiero ver, pero hemos estado dando vueltas y ya me surgen las primeras dudas", confesó, abrazándose a si mismo. "Mmh, parece que va a nevar, ¿Quieres quedarte aquí?"

"Eso estaba pensando, pero si ocurre algo más fuera de nuestro alcance no tenemos a quién pedirle ayuda", ambos quedaron en un silencio algo incómodo. "¿Bajemos?"

Frost asintió, ambos muchachos descendieron de la roca, subieron una parte empinada el cerro y siguieron el camino marcado en el mapa. Jack estaba aburrido, no negaba que no dudaba de la inteligencia de su amigo, él sabía mucho más de la reina que él, su historia, por qué la mataron, por qué se convirtió en una leyenda para bebés; sí, aquello que ella se llevaba a los niños más o menos de su edad ninguno de los dos lo creerían, es más, tenían en fe una versión distinta, más mágica.

"¡Mira!", el grito de Jimmy lo sobresaltó. Siguió su andar hasta toparse con una tela rota en las puntas, color morado.

"¿Es…?", su amigo miró los extremos y vio dos broches de oro intactos. Ambos se miraron, pero la sonrisa se presentó en la cara del hijo de Helena. "Epa, no, Jimmy no sabemos si usaba capa"

"¿Crees que alguien, aparte de la familia de Rapunzel sea capaz de pagar estos broches?", le preguntó, mostrándoselos. "Ni si quiera nuestro corrupto consejo lo haría", seguía viendo la duda en la cara de su mejor amigo. "Jack, piénsalo, esta es la única pista después de cuatro días que tenemos de la Reina de las Nieves, es, bueno, era su capa, no sé porque todavía está aquí, pero si la encontramos es por algo: ella quiere vernos"

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Su corazón se apretaba cada segundo, revisó la casa de muñecas pero se hallaba vacía, subió los peldaños para la casa, gritando su nombre cada vez que terminaba de recuperar el aliento. No escuchaba a su hermana, tampoco la veía entre las tablas. Alcanzó a llegar al penúltimo escalón para ver el libro de cuentos allí, abierto y cubierto de nieve.

"¡Pattie", gritó, tratando de mirar hacia el horizonte.

Se bajó de un salto, corriendo hacia su casa. Debía salir a buscarla, pero a pesar de tener toda la preocupación y tensión encima, el frío era más potente, provocándose una sensación de dolor en las articulaciones. No vio a su madre, tampoco le tomó atención, sólo sacó su chaqueta y cambió sus pantuflas por zapatos. Tenía miedo, pero no sabía de qué. En su interior no estaba la idea de que su hermana fue secuestrada por la bruja, es más, no se le cruzaba esa idea, si no que alguien la raptó, o fue a la casa de una de sus amigas sin aviso. Tomó las llaves de la casa y antes de salir vio las fotos de su hermana, las cuales de la misma manera que estaban desde que salió a buscarla a la casa del árbol, rayándose lentamente sin plena explicación, se encontraba ahora. Apresuró su paso, azotando la puerta detrás suyo y corriendo hacia la calle.

Estaban desiertas y creaban una pequeña neblina densa, la cual era producida por las chimeneas. Corría, mirando hacia todos lados, aguantándose las ganas de gritar el nombre de su hermana menor. No quería ocasionar un evento quizá absurdo, por lo que fue a la casa de Alexandra, la hermana de Rapunzel(1) y mejor amiga de Pattie. Ella estaba allí, esperándole el reto por no avisar, eso se convencía él. Cruzó la avenida principal, miedo y angustia, no sentía nada más, y en su mente las palabras de la reina Elsa iba siendo escuchada poco a poco.

Al llegar, tocó la puerta algo violento. Esperó, impaciente, golpeando nuevamente al sólo pasar dos segundos.

"¿Jack?", la persona que menos quería ver en ese momento le recibió. "¿Qué haces aquí?"

"¿Está aquí?", su amiga rubia le miró extrañado, este no aguantó y pasó al lado de ella entrando a su hogar. "¡Pattie!"

"Jack baja la voz que Alex está durmiendo", ordenó molesta y extrañada por la actitud de su amigo. "Y no, Pattie no ha venido desde el almuerzo"

Le miro dolido por aquellas palabras, el miedo y la angustia cada vez aumentaban, y las posibilidades de volver a ver a su hermana disminuían lentamente.

"¿Qué sucede Frost-?", no alcanzó a formular su pregunta, la pequeña rubia bajaba las escaleras adormitada.

"¿Punzie?", cuestionó, bostezando. "Hola Jack"

"¿Pattie no te ha llamado ahora, Alex?", preguntó el pelicastaño con voz dura. Rapunzel lo miraba con recelo, sentía la agresividad nacer desde su interior.

"No, desde tú la viniste a buscar no he sabido nada de ella, ¿Po-?", dejó a la niña con la palabra en la boca.

Se dispuso a correr, pero su amiga rubia lo detuvo.

"Jack", pronunció su nombre con duda, ella sabía lo que él quería ignorar.

No esperó a que siguiera, pasó al lado de ella empujándola levemente para volver a correr a las calles. El miedo evolucionó a paranoia, mientras que la tristeza aumentaba creando un caos emocional en su interior. No aguantó más, gritó el nombre de su hermana a la vez que corría y aprisionaba lágrimas rebeldes en sus ojos color cielo.

"¡Pattie!", gritó, cruzando una de las tantas calles que quizá su hermana no volvería a cruzar en el futuro. "¡Pattie, Pattie!", la gente veía por la ventana al hermano que buscada desesperado a la niña.

Muchos apagaron la luz, cerraron sus ventanas y se escondieron de la noche, otros escondían a los niños bajos sus camas, haciéndoles creer que algún Guardián mágico había llegado, y sólo unos pocos adultos, salieron de sus casas, armados, tratando de acercarse al muchacho.

"¿Dónde la viste la última vez?", preguntó uno.

"¿Cómo la dejaste ir?"

"¿Por qué la sacaron a la calle?"

"Irresponsable"

Lentamente se vio envuelto en un mar de preguntas con personas que sólo le alteraban los nervios, hasta que una mano fina y firme lo sacó del interrogatorio, abrazándolo. Este sólo por su aroma a fresas lo distinguió de inmediato, correspondiendo inmediatamente; no lloraría, puesto que no había nada por qué lamentarse, su hermana estaba viva, no sabía dónde, pero lo estaba.

"¿Dónde estaba?", cuestionó Eugene, tratando de sonar lo más sereno.

"Mi madre la dejó salir a la casa del árbol antes de que llegara, después de que llegué vi una rosa creándose sola de hielo en la foto de Pattie, y su cara estaba siendo rallada lentamente, ¡sin que nadie lo hiciera!", respondió todo tan rápido, desesperado. "La fui a buscar y no estaba, Dios, no quiero pensar que la maldita leyenda sea ahora realidad, esa bruja no puede ser verdad"

"Tranquilo Jack, tranquilo", Mavis tomó su cara en sus manos, sonriéndole. "Nos separaremos y buscaremos en cada rincón de Stanford, no creo que haya salido muy lejos"

"¿Crees que-?", Rapunzel interrumpió.

"No Jack, la bruja no existe, así que cálmate y concéntrate, que la encontraremos", ella le sonrió, tomándole de la mano.

"Calma hermano, quizá sólo debió haber tenido ganas de dar un paseo", Eugene intentó calmar un poco los nervios, que, no negaba, a él también lo dominaban.

De un momento a otro, las luces se apagaron, provocando un susto hasta en el grupo de los adultos. Se miraron, las calles estaban oscuras y sus nervios aumentaban. Jack no había visto a su madre desde que salió, pero sentía que también tenía ese mismo vacío por el desconocido paradero de Pattie. Varios gritos calles más apartadas se dejaron oír, la desesperación y el miedo empezaba a nacer entre los pobladores, se sentía en el aire, el ambiente estaba tenso, ahora la gente tomaba valor y en grupos se esparcían para empezar una cacería.

"Ahora se nos hará más difícil", Eugene con los demás sacaron sus celulares.

"Demonos prisa, si la encontramos nos comunicamos", finalizó Mavis, todos asintieron y se fueron por los puntos cardinales, rodeando Stanford.

Lentamente la luna brillaba en su más esplendor, iluminando principalmente la plaza que daba entrada hacia el bosque, estos, a las montañas, al mismo tiempo que el trofeo iba siendo hipnotizada para ser consumida en un acto de manipulación.

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A pesar de sentirse alegre, tenía una sensación de miedo, la cual hacía dudar un poco la gran sonrisa que demostraba. Lo más extraño de todo que al lado del muñeco de nieve, no sentía frío como debería. No nevaba intensamente pero al estar todo el tiempo que ha estado lejos de su casa, ya los primeros síntomas de hipotermia deberían presentarse, lo cuál hacía admirarlos aún más. Recordaba los comentarios de sus compañeros, e inclusive, de su profesora. Miro hacia el piso, ¿Por qué hablaban de ella así si jamás la habían visto? ¿Por qué la reina Elsa tenía una reputación tan mala ante la belleza que realizaba?

"..cuando lleguemos Nieves tiene ropa para que te cambies, ¿no te gusta la idea?", miró a Olaf, el cual todo el camino no le soltó la mano.

"Ah, sí", vio en los ojos del muñeco que la descubrió. "Perdón Olaf, pero tengo muchas dudas respecto a", calló, deteniendo su camino. Olaf la miro curioso. "¿Sabes quién es Mónica?"

"No, ¿Quién es ella? ¿Tú amiga?", cuestionó, intentando sonar convincente.

"Ella desapareció hace dos meses", Olaf bajo la mirada, no le gustaba hacer esto. "¿Se fueron contigo, cierto? Todos aquellos niños"

Olaf mantuvo silencio. Tenía razón, lamentablemente su creadora lo usaba como carnada; él mismo sabía que ningún niño crecido y literalmente adiestrado al mundo real, sin magia, todo lo que pasaba era lógico, se iba a rehusar o ignorar seguir a un muñeco de nieve con vida propia, por que era verdad, ¿Alguien vería a un muñeco de nieve todos los días que se mueva, cante, baile, y de abrazos? No, y ellos lo entendían el por qué se escondía, si ya mataron a la última reina por su herejía y monstruosidad, siendo desentendida ante tanta belleza que pudo haber creado, que el reino pudo haber prosperado y pudo llegar al nivel que reinaron sus abuelos, pero no, no la dejaron, la escondieron, humillaron, prohibieron, y si Olaf, siendo un pequeño muñeco de nieve sin poderes y con una caminata lenta, ¿Qué le esperaría? No alcanzaría ni alcanzar una buena ventaja para esconderse entre la tormenta de nieve y poner a salvo su vida.

"Eres bastante inteligente para tu edad, ¿Qué te hizo cambiar?", le preguntó, sonriendo.

"Digamos que con Elsa tuvieron una buena idea de llevarse a la gran parte de mis amigos", el rostro de Olaf se apagó. "Jamás creí en ustedes, hasta ahora que entiendo más o menos cuál es tu técnica"

Hubo un silencio bastante incómodo, la niña había acertado en puntos delicados y ciertos que hacían exitoso el plan, el cual resultaba después de tantas décadas empleándolo, engañando a las distintas seguridad que se tomaban, provocondo más sentimientos de angustia y venganza entre los pobladores. Ambos sabían que cualquier signo extraño que involucre a la persona culpable, la reina Elsa, y este afirme su existencia más su localización el pueblo entero se iría en una venganza unida exponiéndose a un final aleatorio, sin saber con exactitud cuales eran las probabilidades de sobrevivir a un ser malévolo que debió morir.

"Si sabes todo Pattie...", pausó unos segundos, mirando a la luna. "¿Por qué no te has ido?"

Ella soltó una risa, ocultando su nerviosismo y tiritando levemente, sorprendiéndola. Se miró las manos y estas empezaron a ponerse lentamente rojas, al mismo tiempo que no sentía la punta de la nariz.

"¿Por qué mi temperatura está bajando?", susurró, mirando a Olaf.

"Porque estás dejando de creer y convirtiéndote en una más del montón", indicó con dureza. Las palabras le empañaron los ojos. "No crezcas tan rápido como los otros, Pattie"

"Olaf", musitó, temblando.

"No la asustes, Olaf, ella sólo tiene dolor por perder a sus amigos", en su pecho creció un vacío, un dolor del corazón apretado.

Sus ojos estaban abiertos, el miedo floreció y la desesperación de tener esa cobardía para no darse vuelta le confundían la mente. No habló, no se movió, aún debatía mentalmente si encarar a la persona que le quitó amigos, que realizaba cosas tan asombrosas, que fue juzgada inocentemente sólo por ser diferente. El frío desapareció por completo, teniéndola en un estado de trance. Cerca de ella no existía nada más que su dulce y dura voz, el ambiente congelándose lentamente por la baja temperatura que debía estar si el arbusto que se encontraba al lado se congeló tan sólo al escuchar su voz. Quería, necesitaba verla, por lo que se dio vuelta tomándose su tiempo, para ocultar el miedo, sacar esa rabia y frustración al no poder ver más a sus amigos, al no poder disfrutar de una niñez algo normal sin tener que estar ocultándose por una ridícula -en ese tiempo-, leyenda.

"Gusto en conocerte, Pattie Frost", se estremeció al escuchar su voz, tan dura, dulce, dolorosa.

"Reina Elsa de Arendell", susurró apenas, volviendo a sus temblores pero no por el frio, si no por tanta sorpresa en solos unos segundos.

Excéntrica, era la única palabra que más se hizo notar en su confusa mente. Rubia platinada, amarrado por una trenza que caía relajada en su lado derecho, unos hermosos ojos celestes grandes, deliniados apenas y con expresiones duras, frías como el hielo. Su vestido era hermoso, azul como el brillo de paredes congeladas ante la luz del sol, con toques livianos de blanco y celeste, figura bien definida, apenas podía creer que tenía dieciocho años hace cincuenta años. Aún se mantenía, a pesar de todo, la reina de las nieves era tan hermosa como muchos la describían.

"¿Caminamos?", le ofreció su mano, con una sonrisa estremecedora.

¿Pensarlo? No estaba en sus planes, ni meditó ni tampoco aparecía en su cabeza que el pueblo la buscaba. Cuando la tocó, sintió lo helado de su piel, y por ende, una pequeña electricidad nació en su interior, haciéndose notar en su pecho. No se quejó, ni lo expresó, quería permanecer fuerte ante su majestad. No obstante, en su pelo aparecían pequeñas líneas verticales blancas, decorando su café chocolate natural. El silencio sonrió, la brisa trataba de detenerla y la luna brillaba cada vez más.

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Su garganta estaba seca, cada vez que clamaba el nombre gritaba aún más fuerte, desgarrando las cuerdas vocales pero sin llegar a importarle. Vapor salía de su boca cada vez que hablaba, de un momento a otro dejó de sentir frio, no se dio cuenta, puesto que la corrida por las calles más de seis veces lo tenían exhausto. Todo el pueblo estaba a oscuras, sólo la luna le reflejaba el camino, y la pequeña linterna de su celular que ya dejó de funcionar hace unos diez minutos atrás debido a la baja batería. Miedo y desesperación eran cada vez más grandes, cada respiro, exhalación, paso, copo de nieve que caía, cada grito, palabra e incluso pensamiento eran segundos perdidos, segundos en que no volvería a ver a su hermana. Se detuvo en una esquina, mirando a su alrededor, encontrando lo mismo que en todas las cuadras: soledad. Corrió por la avenida, pero a la mitad del camino cayó, raspándose los brazos para evitar el golpe de su cara. Maldijo lentamente, ¿Con qué había tropezado? ¿Una piedra? ¿Sus pies chocaron? Sacudió la cabeza y miró hacia atrás, sorprendiéndose.

"Un caballo negro", susurró, impresionado.

¿Existían? Claro que sí, era común pero... ¿Con esta temperatura en la calle? ¿Dónde estaba su dueño? ¿Por qué tenía algo parecido a una armadura? Lo miró desconfiado, algo le decía en su interior que debía correr, que no era seguro seguir mirando sus intensos ojos color, ¿Rojos? Una sensación de amargura lo rodeó, tan extraño y tan hermoso.

"No puede ser", se quería levantar pero algo le impedía, hasta que el caballo empezó a mover sus patas, relinchando.

Empezó a correr parándose torpemente, pero el caballo fue más rápido y lo tenía para su juego, puesto que hizo de alguna manera obligarlo a subirse encima de él. Jack gimió de sorpresa ante tal acción, se movía muy rápido y era demasiado agresivo, no podía controlarlo y su cuerpo saltaba ante la corrida del animal.

"¡Detente!", exclamó algo desesperado, pero lo único que obtuvo fue la respuesta del animal chocando contra uno de los postes, golpeándolo.

Tomó parte de su pelo que era decorado por trenzas negras, pero se extrañó tanto al sentir olor a muerte, oscuridad, incluyendo que al tomar aquellas trenzas fueron desvanecidas sólo al tacto, volviéndose a formar pero al sólo tocarlas volvían a desaparecer. Volvió a ser golpeado, tratando de alguna forma afirmarse ante tal agresivo caballo. No entendía cómo la gente no escuchaba sus gritos de súplica para que el descontrolado corcel lo baje o se calme; tampoco sabía dónde lo llevaba, es más, hasta se desorientó por tanto golpe en sus extremidades.

"¡Quédate tranquilo animal!", sus últimos esfuerzos de cordura se desvanecieron ante tal grito, pensando que no lo escucharía, que error.

Frenó de forma repentina, mandando a volar a Frost unos metros y golpeándolo con la puerta de un auto. Gritó de dolor, cayendo al pavimento helado. Sacudió su mareada cabeza e intentó pensar qué demonios estaba sucediendo, tomó aire y miró al caballo, el cual permanecía inmóvil mirándolo en forma amenazante. No tuvo que volver a pasar por el mismo error, ya que sólo al ver cómo el equino movía sus pezuñas volvió a echarse a correr, levantándose otra vez torpemente. Pidió que no lo volviera a subir, esta vez le acertó, sin embargo pasó con tanta fuerza al lado de él que le empujó hacia el lado, botándolo y siguiendo su camino.

Maldijo internamente, tocándose su hombro izquierdo, alzó la mirada y sintió la burla del animal, puesto que relinchó en forma graciosa. Soltó una risa, se sentía bastante estúpido, un caballo negro con armadura y cosas raras lo tenía en su juego. Lo miró, hasta que el miedo y escalofrío invadió su ser al ver cómo lentamente iba desapareciendo dejando una sombra desvanecida. Su rostro era serio, sorprendido. ¿Qué había pasado? ¿Era posible eso? ¿Qué secretos ocultaba Stanford? ¿Cuánta gente como la bruja de las nieves había pasado antes?

Su miedo fue borrado rápidamente por la alegría al escuchar la risa de su hermana, miró hacia atrás, dejando ver una pequeña pendiente de cerro. Se levantó rápidamente y miró hacia abajo. Bingo, era su hermana... ¿Tomada de la mano de un muñeco de nieve, y al lado de esta una mujer?

"Reina de las nieves", susurró sorprendido.

Después de todos los pensamientos y palabras elogiadoras que había pensado decirle hace muchos años atrás, se habían quedado en el limbo, debido a que el riesgo de perder a Pattie, como paso con Jimmy inundó sus sentidos y pensar. Bajó la pendiente sin problemas, y con una corrida pesada alcanzó al sector que caminaba su hermana. Con vista enojada, una adrenalina que poco a poco iba sobrepasando la emoción de ver a la mítica reina, no se iba a llevar a su hermana. El juego de las escondidas había terminado para la bruja.

"¡Pattie!", gritó. La nombrada miró junto con el muñeco de nieve.

La primera le sonrió alegre, el segundo sorprendido, soltándole la mano a la niña. Pattie empezó a caminar hacia su hermano, pero él cada vez que su corrida lo iba acercando y gracias a la iluminación que brindaba la luna notó lo pálida que se encontraba, como su gracioso pelo corto ex-castaño era reemplazado por un blanco congelado. Tan sólo pensarlo le hirvió la sangre, la rabia, el dolor, los recuerdos y amargura llenaron sus últimas gotas de razonamiento. La bruja se podría llevar a cualquier muchacho, pero no a la hija Frost. No a ella.

"Pattie, ¿A dónde vas?", la voz tan cínica de la rubia le hizo detener su corrida y caminar hacia ellas. Tan sólo le quedaban unos metros.

El vacío se volvió a ser presente al ver cómo la niña le hacía caso.

"No, no, ¡No la escuches!", exclamó enojado. "¡Qué es lo que quieres! ¡A ella no te la vas a llevar! ¿Oíste?", siguió su camino, aún no la veía bien, era hermosa, eso no lo negaba pero la mezcla negativa de pensamientos no le hacían admirarle nada. "¡Vuelve dónde perteneces bruja!"

"Jack", la niña susurró temblorosa, regresando lentamente hacia la reina, mientras que la nombrada reía relajada.

"El pequeño ingenuo Frost a sacado voz", respondió. Avanzó lentamente, moviéndose con elegancia y orgullo. "¿Cómo está Jimmy?", Elsa estaba jugando una técnica común en quién osaba interrumpirle su plan. "Recuerdo que él mencionó que tú tenías algo mío"

Sacó entre su capa unida al vestido un broche de oro, tan brillante y puro. Sabía a lo que se refería, era uno de los broches que junto a su ex mejor amigo de la infancia encontraron en una de sus miles de excursiones en busca de tan cruel ser.

"¡Cállate bruja!", interrumpió con voz dolida. "Pattie ven aquí, aléjate de ella"

"No la limitarás más", Elsa se puso delante de la menor. "Estará bien conmigo, con Mónica, con todos", la niña sonrió esperanzada.

"¡Cállate! ¡Deja de manipularla, estás enferma!", estaba desesperado, el cabello de su hermana se estaba volviendo cada vez más blanco y el frío se hacía notar. "¡Pattie ven acá ahora! ¡Te está envenenando la mente hermana!"

"Pudiste haber venido conmigo, Jack", ella lo miró con mirada coqueta, él sintió sus mejillas colorarse un toque de rojo cereza. "Solos somos unos simples copos de nieve, pero juntos...", pausó, él trató de calmar su respiración. "...somos una avalancha"

"No bruja, yo no caeré en tu maldito juego", se sintió ofendida, a pesar de toda la obsesión que demostró por ella nunca pensó que en el momento de su encuentro él reaccionara tan distante y defensivo. "Lárgate, ¡deja a mi hermana en paz!"

Ya no eran palabras de miedo, si no de pánico. Tener a la leyenda al frente de él, lo que le causaba un escalofrío e incomodidad como nunca antes se lo hubiese imaginado. Tampoco razonaba el pedir ayuda, quería despertar de alguna manera de aquel sueño que jamás pensó hacerse realidad, menos de esa manera. Jack la miraba con rabia, tenía resentimiento ante muchas amistades que cuando niño desaparecieron, y al mismo tiempo, los hermanos de su entorno se iban sin aviso, desapareciendo con el viento para nunca más saber de ellos.

"Te llevaste a mis amigos, Jimmy, Hanna, Isabella, Talon, Stephan", musitó con furia, apretaba los puños y bajó la mirada frunciendo el ceño. "Hiciste sufrir a los que conocí después, llevándote sin siquiera avisar a sus hermanos", pausó, tomando aire. "¡No te llevarás a mi hermana, Elsa!", gritó, corriendo hacia ellas. "¡Yo si soy capaz de cuidarla, no como tú que dejaste morir a Anna!"

Dos segundos fueron de diferencia para sentir la desaparición del suelo y caer ante agua congelada. Miles de clavadas en todo su sistema nervioso hizo que de cierta manera se retorciera bajo el agua, no se podía mover, no reaccionaba, las estocadas eran más fuertes que su propio dolor ante perder a su hermana. Pidió, rogó y clamó ante la única alma presente de su martirio, a la luna, que se le diera otra oportunidad.

Que aún tenía una venganza que cobrar.

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¡Hola gente! Después de muucho tiempo, al fin terminé el estresante capítulo. Muchos terminarán con una referencia de Elsa malvada, ¡pero no todo es así! Tiempo, tranquilos que de a poco se van revelando lentamente los detalles. ¡Disfruten!

Saludos,

Deeestiny'