Disclaimer: Nada de esto me pertenece. Todo es propiedad de Marvel
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Frío despertar
Angerboda recorría los pasillos de palacio a gran velocidad y oculta a los ojos de los guardias que se topaban en su camino, así como de la mirada omnipresente de Heimdall, lo cual le daba ventaja. Dio vuelta a la izquierda al final de un pasillo, hallando un callejón sin salida. Se aproximó a la pared y presionó con su palma extendida la superficie. Murmuró un par de conjuros y su mano atravesó la pared de oro sólido. Dio unos pasos al frente, traspasando la barrera. Al instante, el aire frío de la noche le golpeó el rostro. Su mirada viajó por el sitio. Era un pequeño jardín, de los tantos localizados a lo largo y ancho del palacio dorado de Asgard. Un enorme árbol se alzaba en una de las esquinas superiores, sus raíces casi rozando el minúsculo lago a su derecha. El resto del jardín se hallaba adornado con verdes arbustos y flores de diversos colores y orígenes.
El jardín privado de Loki. Su guarida en el palacio. El lugar en que, siendo el Dios del Engaño aún joven, solía esconderse tras perpetrar sus conocidas travesuras. Odín y los guardias habían desperdiciado siglos buscándolo sin éxito. Ella misma no había podido dar con él hasta que Loki se dejó caer del Bifrost, hasta que sus hechizos de protección comenzaron a debilitarse. No sólo el camino para hallarlo era intrincado, casi como un laberinto, sino también los conjuros para atravesar la verja que lo protegía eran impenetrables. Había tardado más tiempo en elaborar un hechizo para romper la defensa que en ubicar su exacta localización.
Sacó una diminuta bolsa de piel de la solapa de su manga, la abrió y vertió su contenido, un fino polvo dorado, en la palma de su mano izquierda. Lo sopló y lo observó esparcirse en el aire. Transcurrieron varios minutos antes de que cada partícula de polvo se reagrupara, creando una esfera perfecta arriba de uno de los tantos arbustos que circundaban el patio. Marchó determinada hacia el punto y, estando a un metro de distancia, alzó su mano derecha y lanzó una bola de fuego al arbusto. Este se consumió en cuestión de segundos dejando un parche de tierra quemada al descubierto. Angerboda se aproximó, se hincó e hizo un ademán en la mano para que la tierra se apartara, formando un hoyo. Una sonrisa triunfal se formó en sus labios cuando los bordes de un dorado objeto se vislumbraron entre la oscura tierra. Metió su mano y arrancó del suelo el objeto. Lo contempló fascinada. Era una de las afamadas Manzanas de Oro que otorgaban la inmortalidad a los dioses de Asgard.
La anécdota era conocida en Asgard y fuera de ella. Con tal de escapar del gigante Thiassi, Loki había intercambiado las manzanas y a su protectora, la diosa Idunn, por su libertad. Una vez de regreso en Asgard, Odín lo obligó a recuperar a la diosa y a las manzanas, travesía exitosa gracias a la ayuda del Padre de Todo. Nunca nadie pensó que el Dios del Engaño se habría quedado con un pequeño recuerdo del evento.
Angerboda se irguió, sacando una daga de entre los pliegues de su túnica. Levantó el cuchillo en lo alto y atravesó con él la manzana. Sus labios se separaron y uno a uno pronunció conjuros antiguos, de magia negra ya olvidada. Y con cada palabra, el color oro se opacaba de la fruta y manchas negras se extendían sobre ella cubriéndola.
El leal vigilante de Asgard y protector del Bifrost no se inmutó al ver a Angerboda acercarse hacia él por el puente. La esperaba. La mujer llevaba meses escondiéndose de su vista, lo cual sólo podía significar que planeaba algo. Y, conociéndola, no sería nada bueno.
- ¿Qué la trae por aquí, Lady Angerboda, a tan altas horas de la noche? – preguntó Heimdall, listo para cualquier movimiento que la experimentada hechicera realizará. La mujer inhaló profundamente sonriendo con malicia.
- Curiosidad – respondió Angerboda – Dime, Heimdall, ¿qué se siente poder verlo todo y ser incapaz de mover un dedo?
El guardián sintió como su cuerpo era drenado de energía paulatinamente por una fuerza exterior.
- Supondré que su pregunta no es retórica – habló Heimdall manteniendo su estoico semblante, negándose a mostrar su debilidad frente a la hechicera.
- No realmente – asintió Angerboda mostrándole una negra manzana que reposaba sobre la palma de su mano. Heimdall abrió los ojos desorbitados, cayendo de rodillas falto de energía.
- Eso es… - comenzó el guardián.
- ¿El final de Asgard como lo conocemos? – inquirió la mujer agachándose para quedar a la misma altura – Me temo que si – volteó a ver a la manzana – Dime, Heimdall, ¿cuántas personas en el universo saben cómo revertir esta magia en particular? - el aludido se quedó callado, apoyando todo su peso sobre su espada y sin quitar su ojos de la abominable mujer. Era magia negra muy antigua, apenas conocida por el Padre de Todo, y sólo un nombre cruzó por su cabeza – Bueno, creo que mejor me deshago de él antes de que venga al rescate, ¿no?
Heimdall cayó al suelo inconsciente, soltando su espada. Angerboda asió el objeto del mango, se levantó e ingresó al observatorio.
El espectáculo acababa de empezar.
Un potente rugido rompió el silencio de la tranquila noche. Frigga se incorporó de su sueño al instante y giró su cabeza hacia su esposo. Odín ya cargaba en su mano a Gungnir de pie a un lado de la cama. Otro rugido, gritos, golpes, todos provenientes del pasillo que encaminaba a sus aposentos. La reina de Asgard se paró de la cama y tomó la espada de su esposo de su funda al pie de la cama. Las puertas se abrieron de golpe dejando ver a una conocida cara, flanqueada por dos elfos oscuros.
- ¿Angerboda? – dijo Frigga sorprendida.
- Buenas noches, sus majestades – saludó la hechicera.
- ¿Qué has hecho, mujer? – cuestionó Odín apuntándola con su báculo.
- Esa es una curiosa pregunta – habló Angerboda lanzando la negra manzana al aire y atrapándola en su caída – Porque usted sabe exactamente qué he hecho.
Presionó la manzana en la palma de su mano y Odín cayó al suelo de rodillas. Frigga se aproximó a él de inmediato, hincándose a su lado.
- Llévenlos a la sala del trono – ordenó Angerboda – Los reyes de Asgard se merecen el mejor puesto de todos.
Se dio la media vuelta y empezó su camino lejos del sitio.
- Estás lidiando con fuerzas que no conoces – le advirtió Odín. Angerboda se giró, encarándolo divertida.
- ¿Cuántas personas le dijeron lo mismo al verlo regresar ensangrentado de la batalla con un asqueroso bebe jotun entre sus brazos? – preguntó Angerboda – Porque, en perspectiva, si no lo hubiera hecho, esto no estaría pasando.
Les dedicó una última sonrisa y prosiguió con su camino.
Tras ver como los elfos oscuros dejaban inconsciente a su madre de un golpe, Sigyn paró de luchar contra su agarre. Estaba sujeta de pies y manos por dos elfos del doble de su tamaño y si Freya, la diosa del amor, líder de las Valquirias, no había sido capaz de vencerlos, ella no tenía ninguna oportunidad. Escuchaba cerca la voz de Idunn siendo arrastrada, gritando y exigiendo que la soltaran, preguntando por su marido. Posó su vista en el inconsciente Bragi, que era transportado por uno de los elfos, delante de ella, como si se tratara de un saco de patatas. Atrás, en el ala del palacio que le pertenecía a su familia, los pasillos estaban repletos de cuerpos sin vida de guardias, elfos oscuros y jotun.
Gritos diferentes alcanzaron sus oídos al dar vuelta en uno de los pasillos principales y su comitiva se detuvo. Movió su cabeza para poder ver mejor. Sif y los Tres Guerreros combatían contra un grupo de elfos oscuros y, a juzgar por los cuerpos tendidos de sus enemigos, estaban ganando. Sin embargo, la ventaja pronto desapreció cuando una larga y respingada mujer apareció de la nada. Sigyn frunció su ceño. Angerboda. Gracias a la distancia entre ellos, no pudo escuchar las palabras que intercambiaron, mas observó a Sif caer al suelo desmayada y a sus tres compañeros hincarse para ayudarla. Angerboda le hizo una seña a los elfos que permanecían de pie y estos escoltaron a la fuerza a los más fuertes guerreros de Asgard al interior de la sala del trono. La hechicera entró tras ellos y la comitiva que la llevaba a ella y su familia continuó en su marcha, introduciéndose también a la inmensa cámara.
Pegadas a las paredes había un gran número de jaulas de barrotes negros como la noche, en las que eran encarcelados los Aesir, uno por cada jaula. Los ojos de la diosa de la fidelidad se abrieron incrédulos al ver que en la jaula más cercana al trono se hallaban los reyes, Odín y Frigga, encerrados. Su mirada viajó a su derecha al oír un grito. Idunn había logrado zafarse de sus captores, sin embargo ahora se hallaba tendida en el suelo, retorciéndose de dolor. Angerboda se acercó a ella y balanceó sobre ella un objeto negro y circular que sujetaba en su mano.
- ¡¿Cómo conseguiste una de mis manzanas, perra?! – escupió Idunn tirada en el suelo. Angerboda oprimió la mencionada manzana en su mano y la Diosa de la Inmortalidad profirió otro alarido.
- La pregunta aquí es, ¿cómo pudiste perder una de tus manzanas, mi querida Idunn? – señaló Angerboda entretenida. Giró su cabeza hacia los elfos oscuros – Enciérrenla en su celda.
La hechicera giró sobre sí misma, una perversa sonrisa en sus labios. Y entonces, sus ojos se posaron en ella. Su sonrisa disminuyó y la miró con una extraña emoción en sus ojos. Sigyn tragó saliva. Para nadie era un misterio que ninguna de las dos se toleraba. La mujer podía apostar lo que fuera a que la mataría en ese mismo momento.
- Suéltenla – ordenó Angerboda.
Sus manos y pies se vieron libres al momento y Sigyn se tambaleó, casi tropezando con sus propios pies. Volvió su vista a Angerboda, quien se acercaba a ella con la gracia de un animal a punto de comer a su presa. La rubia se detuvo a unos centímetros de ella.
- Lamento que mis aliados te hayan tratado de tan mala manera – se disculpó Angerboda - Tú te mereces el mejor trato de todos, Sigyn.
- ¿De qué hablas? – inquirió Sigyn confundida.
- Nos haré justicia, querida – indicó Angerboda dándole la espalda y dirigiendo sus pasos al trono de Odín.
- ¿Justicia? – repitió Sigyn sin moverse, sus ojos examinando cada rincón de la sala, viendo a cada guerrero y miembro de la corte luchando por su libertad contra los elfos y los jotun.
- Por supuesto – soltó Angerboda festiva, sentándose en el trono – Tú verás de primera mano como hago pedazos a nuestro amado Loki.
Sigyn la volteó a ver pasmada, mientras Angerboda jugaba con Gungnir en una mano y con la otra lanzaba la oscura manzana en el aire.
La habitación era una zona de desastre. En su furia había destruido todo cuanto se puso en su camino. Ahora, desprovisto de más cosas que romper y cansado de gritar, Loki estaba sentado en el suelo al pie de la cama con la mirada perdida en la pared. Por más que intentaba comprender la inadvertida decisión de Darcy, su lógica no lograba explicarla. Lo único que entendía era que la muchacha estaba enojada con él, dolida incluso, y probablemente su respuesta a la pregunta de la noche anterior había sido la gota que derramó el vaso. La razón detrás del enojo de la castaña era lo que se hallaba fuera de su comprensión. Posó su frente sobre la palma de su mano. ¿Darcy en verdad no quería que la volviera a buscar? ¿En verdad no deseaba volverlo a ver? ¿Qué demonios había hecho para llegar a ese maldito punto?
Gruñó furioso, lanzando uno de los pedazos del televisor al otro lado del cuarto. Necesitaba pensar en algo, lo que fuera, para arreglar la situación. ¿Y si en verdad no quería verlo de nuevo? ¿Y si no existía una forma de arreglarlo? ¿Y si la había perdido para siempre? Se tapó el rostro con ambas manos. No. No. No. No. Se negaba a aceptarlo. No podía perder a Darcy. No a ella. Había perdido tantas cosas en los últimos años y Darcy no sería parte de la larga lista. Iba a arreglarlo. Todo volvería a la normalidad. Darcy lo perdonaría y si la única manera de ganar su perdón era siendo sólo amigos, lo serían. Si la muchacha no quería otro tipo de relación, no la tendrían. Serían sólo amigos. Como antes. Todo sería como antes. Darcy sonreiría, reiría y haría bromas. Hablaría de incoherencias y discutirían sobre tonterías. Verían la televisión mientras cenaban, con Darcy gritándole a la pantalla. Todo sería como antes. Todo estaría bien. Todo. Absolutamente todo.
Abrió sus ojos, incapaz de evadir un minuto más los rayos de sol que caían sobre su cara. Se mantuvo un largo rato ahí, tendida en su cama, abrazando una almohada y viendo al vacío. Se sentía exhausta, drenada. Se sentó, poniendo la almohada sobre su regazo, y talló sus ojos para alejar el sueño de ellos. Instintivamente, llevó una de sus manos a su pecho y se alarmó al no hallar la piedra de su collar. Pasó una mano por su cuello, descubriendo que no llevaba puesta la cadena. Fue en ese momento que los recuerdos regresaron a su cabeza en forma de cascada. La plática con Loki. El muy claro "No tengo ningún interés en ser tu amigo, Darcy". Su huida a su departamento. Su llanto. Darcy cubrió su cara con ambas manos. Demonios.
El sonido del timbre de su celular la hizo saltar asustada. Ladeó su cabeza hacia la puerta de su habitación, suspiró, se puso de pie y salió de esta. Se internó en su sala de estar y buscó con la mirada el sitio donde había quedado su bolsa. La ubicó cerca del sillón tirada. Se aproximó a ella, la recogió, la abrió y buscó el aparato que no paraba de sonar. Una vez en sus manos, revisó la pantalla. El nombre de Loki se leía a la perfección. Observó la pantalla hasta que el celular se calló y mostraba el conocido mensaje de "Llamada perdida". Lo que la impresionó fue el número de llamadas perdidas. 36. Oprimió uno de los botones para revisar quien la había llamado tantas veces. Su sorpresa fue más grande al ver que todas eran llamadas del asgardiano.
Se recargó en el respaldo del sillón, viendo el celular en su mano. ¿Por qué le llamaba? ¿Acaso quería arreglar las cosas? 36 llamadas eran demasiado. Resopló cansada. Maldito el día en que decidió enamorarse de un loco demente como Loki. Pero, si en verdad quería arreglar la situación, ¿por qué no darle una oportunidad? ¿Otra oportunidad? El muy idiota había dejado muy en claro que no le interesaba ser su amigo. Debía de ser congruente; no podía cambiar de opinión a la primera y perdonarlo por haberla tratado como una cualquiera por más de un mes.
Soltó su celular en el sillón e hizo el ademan de volver a su habitación, mas un sonido la detuvo no bien dio dos pasos. Era el timbre amortiguado de un celular que no era el suyo. Giró su cabeza en busca del objeto y su vista se paró en seco sobre la puerta del departamento. El ruido se silencio, sin embargo no tardó en reiniciarse. Alguien estaba afuera de su casa. Se acercó a la puerta y observó por la mirilla. El peso de un kilo de metal se posó en su estomago al ver que se trataba de Loki. El Dios del Engaño tenía su mirada pegada en su teléfono y maldecía por lo bajo. Darcy dio unos pasos hacia atrás. Loki estaba afuera de su casa y sólo los separaba un pedazo de madera. Diablos.
Thor. Otra vez. ¿Cuántas veces lo llamaría antes de comprender que no le contestaría? Bufó molesto, acallando al fastidioso objeto. ¿Cómo había conseguido Thor su número en primer lugar? Stark era la única respuesta plausible. Cerró sus ojos, inhaló y exhaló un par de veces para tranquilizarse. Volvió su atención a la puerta blanca frente a él y alzó de nuevo su puño para tocarla.
Su celular comenzó a sonar de nuevo. Gruñó audiblemente. En cuanto arreglara la situación con Darcy, le haría una agradable visita al Dios del Trueno, cambiaría su número telefónico y amenazaría claramente a Stark para que no volviera a abrir su inepta boca. Sacó el objeto del bolsillo de su pantalón con la intención de apagarlo, pero se contuvo al leer el nombre de Tony Stark en la pantalla. Perfecta oportunidad para comenzar a aterrorizarlo. Oprimió el botón para responder la llamada y colocó la bocina del aparato en su oreja.
- Muy bien, Sta... - inició Loki
- ¡No me cuelgues y escúchame! - pidió Stark. A juzgar por el ruido de fondo, el billonario debía encontrarse dentro de su armadura - ¡Tenemos problemas en Boston! ¡Está bajo ataque!
- Permíteme fingir que me importa - habló Loki con sarcasmo, para después añadir en tono peligroso - Estoy en medio de algo importante, Stark. No me interesa en lo más mínimo si una de sus tantas ciudades se vuelve cenizas.
- Hielo - corrigió Tony - Se está convirtiendo en la Antártica. Nos atacan Gigantes de Hielo...
El cerebro de Loki se desconectó. ¿Gigantes de hielo? ¿Jotuns? ¿En Midgard? ¿Cómo? Eso explicaba las múltiples llamadas de Thor. Eran los únicos en ese reino que alguna vez se habían enfrentado a ese enemigo. Lo más seguro es que Thor quisiera que los apoyara. ¿Y por qué lo haría?
Sus ojos se abrieron como platos. Los jotuns no lo guardaban en su más alta estima, sobre todo después de matar a su rey e intentar borrarlos de la faz del universo. ¿Y si sabían que residía ahí? ¿Y si se enteraban de Darcy? ¿Y si trataban de lastimarla? Quitó el celular de su oreja y concluyó la conversación. Su plática con Darcy tendría que esperar. Echando un último vistazo a la puerta, se teletransportó a la actual localización de Thor.
Lo que anteriormente fuera una típica calle citadina, seguramente una de las principales de la ciudad, ahora estaba cubierta por una gruesa capa de hielo. Los coches, buzones y postes de luz habían corrido con la misma suerte y el hielo subía por los edificios como una enredadera.
Volvió su cabeza a la izquierda al escuchar el característico sonido de Mjolnir chocando contra el enemigo. Thor acababa de tirar al suelo a un jotun. Su martillo volvió a su mano y lo volteó a ver. Su semblante se suavizó y una ligera sonrisa se formó en sus labios.
- Hermano, sabía que vendrías - lo recibió Thor aproximándose a él. A lo lejos se oyó el rugido de Hulk y Loki vio por el rabillo de su ojo la resplandeciente armadura de Iron Man sobrevolar la zona.
- ¿Puedes explicarme esto? - exigió Loki.
- No realmente - respondió Thor adoptando su pose de batalla. Cuatro jotuns se acercaban a ellos a gran velocidad. Loki materializó su armadura y el báculo del Tesseract en un parpadeó - No utilizaron el Bifrost, eso es un hecho. Y no parecen tener un líder. Atacan sin orden alguno.
- Lo tienen, que no haya aparecido hasta ahora es diferente - puntualizó Loki antes de lanzar un rayo azul a uno de los gigantes.
Darcy regresó a su cuarto tras cerciorarse de que Loki se había marchado. Ahora estaba en el suelo, a cuatro patas, buscando el collar que deliberadamente tiró en medio de su furia la noche anterior. Ya había recorrido el suelo de su habitación tres veces y la pequeña piedra daba indicios de haber desaparecido por acto de magia. Maldijo internamente. Bueno, si ella y Loki solucionaban sus problemas, pasaría un agradable tiempo explicándole cómo había perdido su collar.
Se puso de pie y fue hacia su cama. Iba a tirarse sobre ella cuando su teléfono empezó a chillar desde su sala de estar. Corrió fuera de su cuarto, cogió el objeto entre sus manos, inhaló, exhaló y respondió, anhelando oír la aterciopelada voz del Dios del Engaño.
- Bueno - dijo con voz tranquila.
- ¡Darcy! ¡¿No estás viendo las noticias?! - le contesto la frenética voz de Jane del otro lado de la línea.
- ¿Noticias? - repitió Darcy. Cogió el control remoto que reposaba sobre la mesa de centro y encendió el televisor - Acabo de despertar, Jane.
- ¡Están atacando Boston! ¡Thor y los Vengadores están ahí! - informó Jane, mientras Darcy pasaba los canales en busca de un noticiero. No tardó mucho. Su boca se entreabrió y sus ojos se entornaron al ver la avenida principal de Boston congelada. La voz de una reportera narraba el evento y la cámara iba de un lado al otro enfocando a cada uno de los Vengadores. La imagen se detuvo un momento en Hulk, quien despedazaba a un grupo de alienígenas o al menos eso creía Darcy que eran. De piel azul grisácea, con extrañas runas marcadas. Iban vestidos con ropas muy rudimentarias. Por alguna inexplicable razón, esos entes humanoides le resultaban conocidos.
- ¿Qué son esas cosas Jane? - preguntó Darcy sentándose en el sillón. La imagen había cambiado a la del Capitán América y la Viuda Negra disparando a distancia a los enemigos.
- Gigantes de hielo - indicó Jane.
Gigantes de hielo. Piel azul marcada con runas, ojos rojos. Loki.
Y, como si una fuerza superior hubiera leído sus pensamientos, en la pantalla aparecieron Thor y Loki enfrentándose a un grupo de gigantes. Darcy se puso de pie de golpe, sintiendo como si alguien la hubiera electrocutado. Loki estaba ahí. Estaba peleando. A lado de Thor. Por eso se fue. Tiró el teléfono sin preocuparse por Jane, subió todo el sonido del televisor y corrió a su habitación. Se vistió en tiempo record, agarró su bolsa, tomó su celular, apagó la televisión y abandonó su apartamento. En menos de diez minutos estuvo en el lobby de la Torre Stark. Subió por el elevador hasta el penthouse donde encontró a Pepper y Jane encaramadas al sofá, observando estáticas la enorme pantalla de plasma que transmitía en vivo la pelea en Boston.
La muchacha tomó asiento a lado de Jane, rogando a todas las divinidades existentes que Loki saliera ileso de ahí. Tenía un mal presentimiento y la opresión en su pecho la inquietaba aún más.
Sigyn entró a la sala del trono con una bandeja de comida en sus brazos y escoltada por dos imponentes elfos oscuros. Apresuró sus pasos al vislumbrar a su madre despierta en una de las incontables celdas. Freya le sonrió al verla.
- No me permitieron traer mucho, sin embargo, un poco es mejor que nada - señaló Sigyn hincándose delante de la celda y posando la bandeja sobre el suelo. Tomó el tazón de agua entre sus manos y se lo ofreció a la Diosa del Amor. Esta negó con la cabeza.
- Yo estoy bien, cariño - aseguró Freya - Llévale esos alimentos al Padre de Todo. Él los necesita más que nadie.
Sigyn volvió su cabeza hacía Idunn, quien habitaba la celda a su derecha. Esta asintió en apoyo, con su mano entrelazada, a través de los barrotes, a la de Bragi.
La Diosa de la Fidelidad recogió la bandeja y se puso de pie. Pasó las celdas de los Tres Guerreros (Fandral y Volstagg arremetían contra las paredes de sus celdas en un intento de romperlas, al tiempo que Hogun estaba sentado en el suelo pensativo), la de Sif (quien lucía un mejor semblante, aunque un tanto pálido) y se hincó ante la prisión que encarcelaba a sus dos reyes. Odín se hallaba tendido en el suelo, con su cabeza recargada en el regazo de su esposa. Frigga le dedicó una sonrisa y Sigyn se la devolvió, pasándole el tazón de agua a través de las rejas. La reina lo cogió con una mano y a continuación ayudó a su esposo a beberlo.
- ¿Qué hago? - cuestionó Sigyn desesperada - Debe haber algo que pueda hacer para ayudarlos. Sólo díganmelo.
Frigga negó con la cabeza.
- No hay nada que puedas hacer - negó la reina - El poder que Angerboda posee en este momento está fuera de nuestro control. Es magia negra, oscura, muy antigua. Un conjuro creado en las más oscuras horas de Asgard.
- Esa desgraciada ahora tiene poder sobre cualquiera que haya probado una de mis manzanas – manifestó Idunn colérica.
- ¿Cómo? - preguntó Fandral confuso, deteniéndose por un momento, evidentemente exhausto.
- Ni Angerboda misma entiende lo que está haciendo - intervino el Padre de Todo sentándose con ayuda de la reina - Ese hechizo fue olvidado y enterrado por obvias razones. Al utilizarlo, se compromete la misma existencia de Yggdrasil y la subsistencia de las Manzanas de Oro. Cualquier error de su parte podría adelantar el Ragnarok.
- Hay que actuar, no podemos quedarnos sin mover un solo dedo - habló Sif poniéndose de pie.
- Mira lo que te hizo y sin siquiera tocarte - tomó la palabra Hogun sentado en el suelo de su celda. Sif frunció el ceño furiosa – No tenemos oportunidad.
- ¿Entonces? - preguntó Sigyn.
- Haz lo que ella te diga - aconsejó su madre - Con revelarte sólo ganarás ser encerrada como nosotros. Mantente tranquila, obediente y comunícanos cualquier noticia relevante.
- A todo esto, ¿por qué tú estás libre? - inquirió Sif suspicaz.
- No lo sé - respondió Sigyn negando con la cabeza - Lo que ella me dijo no tiene ningún sentido. Habló de un espectáculo, de hacernos justicia, de Loki...
- ¿Loki? ¿Qué dijo sobre mi hijo? - saltó Frigga preocupada.
- Que lo haría pedazos - expuso Sigyn insegura. Frigga se llevó una mano a la boca.
- Eso no es noticia, Angerboda odia a Loki desde que terminaron su relación - indicó Fandral, apoyado en las rejas de su prisión con los brazos cruzados - Era lógico que quisiera vengarse ahora que tiene la oportunidad y los medios.
- No puede matarlo - estableció Idunn alarmada. Todos giraron su cabeza en su dirección a pesar de que no pudieran verla - Si lo hace, estaremos perdidos.
- ¿De qué hablas? - preguntó Sif.
- Es magia muy antigua y oscura, del tiempo de los padres primordiales - expuso Idunn alzándose - Ni el Padre de Todo, ni yo sabemos exactamente cómo funciona, pero alguien con acceso al conocimiento del universo podría desentrañarla y revertirla.
- El Tesseract - pronunció Hogun.
- Espera un minuto, ¿me estas queriendo decir que en este momento dependemos de Loki? - habló Volstagg incrédulo.
- Si - estableció Idunn secamente.
- Pero él también es vulnerable al conjuro de Angerboda - indicó Sif - Él ha comido de las manzanas por siglos.
- Mas no las ha probado en los últimos cinco años - señaló Idunn caminando en círculos por su celda - Los efectos de las manzanas desaparecen paulatinamente si no las ingieres cada determinado tiempo. Cinco años no es mucho, mas es suficiente para que Loki pierda muchos de los atributos que le confieren. Probablemente el hechizo no lo afecté tanto como al resto de nosotros.
- Y, por otra parte, será más fácil matarlo - apuntó Fandral.
Un silencio sepulcral se extendió en las celdas.
- Parece ser que estamos condenados – rompió el silencio Volstagg sentándose en el suelo.
El Dios del Engaño atravesó con su cetro al último jotun de pie y lo vio caer al suelo con un golpe sordo. Levantó su mirada en busca de Thor. El Dios del Trueno combatía contra otros dos gigantes de hielo a pocos metros de él. Dio un paso al frente en dicha dirección, sin embargo una esfera de energía cayó a sus pies deteniéndolo. Volvió su cabeza a su izquierda, de donde había emergido el ataque. La palabra incredulidad se posesionó de cada una de sus facciones.
- ¿Laufey? – pronunció Loki sin dar crédito a lo que sus ojos veían.
- Cuanto tiempo sin vernos, hijo de Odín – lo saludó la áspera y gruesa voz del fallecido rey de los jotuns, de pie a pocos metros de él y sonriendo con sorna. Loki lo apuntó con su báculo.
- Yo te mate – declaró Loki - ¿Quién eres en verdad?
Una traviesa y familiar sonrisa adornó la boca del gigante.
- ¿Por qué no lo averiguas por ti mismo? – propuso Laufey.
En un pestañeo, el gigante apareció frente a él, golpeándolo de lleno en el estomago y lanzándolo varios metros en el aire. Loki se levantó en el acto, listo para atacar, sin embargo su enemigo fue más veloz, propinándole un certero golpe en la cara que lo mandó al suelo de nuevo aturdido. Sin darle tiempo a que reaccionara, Laufey lo jaló de su capa y lo tomó del cuello por la parte de atrás. A continuación, lo pateó con fuerza en la espalda, haciéndolo volar por los aires otra vez.
Falto de aire y completamente atónito, Loki trató de levantarse. Algo estaba fuera de lugar. Ningún gigante de hielo era tan veloz, ni tan fuerte. Sin contar que incomprensiblemente se sentía físicamente débil. ¿Qué, en el nombre de los Nueve Reinos, estaba ocurriendo? Una bola de energía cayó sobre su espalda, seguida de otra contundente patada de su adversario en su costado. El Dios del Engaño rodó un par de metros, quedando tendido sobre su espalda, exhausto y adolorido. Notó que en algún punto de la batalla había soltado su cetro y materializó una de sus confiables dagas entre sus manos. Se sentó y la arrojó a Laufey, mas este la congeló con la mirada a centímetros de su rostro. El gigante se teletransportó de nuevo ante él con el puño en lo alto y en dirección a su cara. Loki se desvaneció del sitio, justo al mismo tiempo que un rayo sacudía al jotun. De pie a corta distancia, el Dios del Engaño volteó a ver a Thor, quien se acercaba rápidamente al imitador de Laufey blandiendo a Mjolnir en su mano.
Laufey señaló a Thor con su mano y el Dios del Trueno se paralizó a medio camino. Loki abrió la boca sorprendido, contemplando como Thor luchaba contra las invisibles ataduras que obstaculizaban sus movimientos. Otra esfera le dio en el pecho y Loki casi pudo oír el crujido de sus costillas al caer una vez más al suelo sin aire. Parpadeó con rapidez, su cerebro trabajando a mil por hora. Esto no era normal. Estaba siendo superado de manera risible. Se notaba fatigado, agotado.
Sintió como lo jalaban de los pies, lo alzaban en el aire y lo azotaban contra el suelo. El dolor que se propagó por su cuerpo le hizo emitir un alarido. La mano del fallecido rey de los jotuns se cerró sobre su cuello y lo levantó con gran facilidad, aproximando su cara peligrosamente a la suya. Y, antes de que Loki pudiera hacer cualquier movimiento, lo apuñaló en el estomago con una daga, su daga. El Dios del Engaño ahogó un grito, mientras su enemigo enterraba el arma en su piel.
Una sensación abrumadora embargó el cuerpo del Dios del Caos. Como si toda la energía en su cuerpo fuera drenada de golpe. Como si lo estuvieran partiendo a la mitad y quemando una parte de él. Varios puntos comenzaron a nublar su visión y un frío helado atravesó su piel hasta tocar sus huesos.
Ante él ya no se encontraba Laufey. Ahora le sonreía con crueldad una mujer. Cabello rubio y ojos verdes repletos de triunfo.
- Anger… boda – tartamudeó Loki. La mujer le enseñó todo los dientes y giró la daga dentro de él. Esta vez el asgardiano no pudo evitar gritar de dolor.
- Siglos, Loki. Siglos – habló Angerboda con sádico deleite – Y ahora sólo tengo que sentarme y disfrutar de tu sufrimiento – giró otra vez la daga – Y aguardar el dulce momento en que comiences a suplicar por tu muerte.
Sacó el arma de él y Loki cayó al suelo de rodillas, llevando sus manos a la herida en su abdomen. Sus ojos se entornaron atónitos al ver que su piel se había teñido de su color azul de nacimiento.
- No puedo creer que haya estado en la cama con un asqueroso jotun como tú – escupió Angerboda con desprecio.
Lo pateó en el costado y Loki se desplomó en el suelo retorciéndose. La hechicera le dedicó una cruel sonrisa y desapareció de su vista.
La mirada del Dios del Engaño iba y venía, su cuerpo se convulsionaba de dolor y sus oídos zumbaban. Aún así, el rostro de Thor era claro frente a él y podía sentir sus manos tratando de detener la hemorragia en su estomago. Escuchaba su voz a lo lejos, mas no la entendía. Pronto se le unieron más voces y en su corto rango visual apareció Tony Stark enfundado en su armadura y con la cara descubierta. El respirar se le hizo difícil y arqueó el cuello antes de vomitar sangre. Un extraño ruido retumbó en sus oídos y sintió la mano de Thor en su cuello. Su hermano hablaba, le hablaba viéndolo a los ojos, pero él no comprendía sus palabras. De repente, el suelo desapareció y el brillante sol se apagó.
Pepper caminaba de un lado al otro del penthouse mordiéndose las uñas, Jane hacía ejercicios de respiración y Darcy buscaba agitada algún noticiero que siguiera televisando la batalla. Hacía diez minutos que la transmisión había sido interrumpida por el ejército, el cual habían sacado del campo de batalla a todo valiente reportero que merodeara por ahí. Los helicópteros también habían sido restringidos y ahora las tres mujeres estaban en medio de la incertidumbre.
El celular de Pepper empezó a sonar, mandando la atención de las otras dos mujeres a la presidente de Stark Industries. La pelirroja oprimió uno de los botones del aparato que apretaba en su mano y puso la bocina sobre su oreja.
- ¡Tony! – exclamó Pepper aliviada. El alivio de la cara de la empresaria pronto se transfiguró en alarma y preocupación. Darcy se puso de pie con una mano en el estomago. Se sentía enferma, muy enferma – De acuerdo, yo me encargo.
Concluyó la llamada y posó su vista sombría en sus acompañantes.
- ¿Qué pasó? ¿Están bien? – interrogó Jane parándose.
- Todos están bien… casi todos – respondió Pepper – Loki resultó herido. Tony no me quiso decir que tan grave es. Sólo me dijo que lo están transportando al cuartel de S.H.I.E.L.D. y…
La muchacha no necesitó escuchar nada más. Salió en estampida al elevador, sin prestar atención a Jane o a Pepper. Bajó golpeando con desesperación el botón del lobby en un ilógico intento de que se apresurara y, una vez que las puertas del ascensor se abrieron, corrió hacia la salida, donde fue atajada por Happy. El hombre le indicó que subiera a uno de los coches de Tony, convenientemente estacionado frente al edificio. Darcy cedió ante la petición del hombre y entró al automóvil. Fue cuestión de segundos para que Pepper y Jane aparecieran en el umbral de la puerta y subieran al auto en el asiento trasero junto a ella. Las tres, con Happy al volante, recorrieron las calles de Manhattan a una velocidad impresionante y pasándose una considerable cantidad de semáforos en rojo. Al arribar al edificio conocido como el cuartel de S.H.I.E.L.D., Darcy abandonó el automóvil e ingresó al complejo sin mirar atrás. Recorrió los pasillos, subió ascensores y escaleras sin ser detenida, pero recibiendo incontables miradas de extrañeza. Había estado una o dos veces en el hangar de S.H.I.E.L.D. y, considerando su pésima memoria, se sorprendió al alcanzar el techo del edificio sin ningún problema. El lugar estaba repleto de agentes y un grupo médico con camilla incluida se encontraba a su derecha. Nick Fury giró sobre sus talones, clavando su único ojo en ella con severidad. La agente Hill avisó que el Quinjet estaba menos de cinco minutos y Darcy levantó su mirada al cielo para ver si lograba vislumbrar algo. Un punto negro volaba en dirección a ellos.
El tiempo le resultó eterno a la muchacha aguardando a que la nave aterrizará y, cuando al fin lo hizo, tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no salir corriendo de nuevo hacia la avioneta. El equipo médico se aproximó rápidamente, mientras la puerta se abría. Vio descender de la nave a Tony, seguido de cerca por Thor, quien cargaba indudablemente a Loki en sus brazos. El billonario explicó la situación a los médicos, al tiempo que Thor recostaba al Dios del Engaño en la camilla. Sin poderlo soportar más, Darcy corrió al sitio, mas esta vez un gente de S.H.I.E.L.D. la sujetó de la cintura impidiéndole moverse. La muchacha peleó con el hombre y sus gritos debieron alcanzar los oídos de Thor, pues el Dios del Trueno exigió que la soltaran. El equipo médico con Thor y Tony a cada lado de la camilla ya estaban dentro del ascensor y el rubio sujetaba la puerta haciéndole señas para que entrara. Darcy se apresuró a alcanzarlos y se introdujo en el elevador. Volvió su vista a Loki y por poco se desmaya de la impresión. El hombre lucía su apariencia jotun, con un tono de azul extremadamente pálido. Se convulsionaba, escupía sangre y se quejaba audiblemente. Sin embargo, lo más impactante era la visible herida en su abdomen, de la que brotaba una gran cantidad de sangre sin ningún tipo de restricción más que un par de paños y lo que parecía ser la capa de Thor.
La opresión en su pecho aumentó dolorosamente y sus ojos empezaron a escocerle. Escuchaba a lo lejos las voces de los doctores, de Thor y de Tony, sin prestarles realmente atención. Cerró la distancia entre ella y la camilla y posó sus manos sobre las botas de Loki. Los desorbitados ojos rojos del Dios del Caos se clavaron en ella y Darcy trató curvar sus labios en una sonrisa. Loki levantó su temblorosa mano derecha en su dirección intentando hablar, mas sus palabras se convertían en toses y sangre. Darcy empujó a Tony a un lado con el objeto de asir la mano de Loki. Dios, estaba frío; como hielo.
- Vas a estar bien – aseguró Darcy con lágrimas en los ojos – Todo va a estar bien.
Loki quiso hablar una vez más, sin éxito.
Las puertas del ascensor se abrieron y los paramédicos empujaron la camilla fuera de él. Darcy tomó con fuerza la mano de Loki moviéndose lo más rápido que podía para ir a la misma velocidad de la camilla.
- Vas a estar bien – aseveró Darcy en tono tranquilizador, los ojos de Loki destilando terror – Y hablaremos, y arreglaremos todo, y todo estará bien.
Sintió dos fuertes brazos rodearla por la cintura y, emitiendo un grito ahogado, soltó la mano de Loki. Vio al grupo médico con Thor detrás de ellos atravesar una puerta y perderse de su vista. Ladeó su cabeza hacia atrás con la intención de golpear a quien fuera el imbécil que la había separado de Loki, mas la atribulada expresión de Tony Stark, la paró en seco. Devolvió su vista al frente exhausta, sin aliento y con las rodillas temblorosas.
- ¡AQUÍ VOY A ESTAR, LOKI! – gritó Darcy, las lágrimas recorriendo sus mejillas – No me voy a mover de aquí.
Y aquí está un capítulo más que espero haya sido de su agrado. Ahora, es el tiempo de las explicaciones/disculpas:
1.- En teoría, esta era la primera parte de un solo capítulo, sin embargo, viendo en perspectiva, me di cuenta de que sería kilométrico y con muchas cosas. Así que me disculpó por prometer un capítulo largo y darles sólo uno de seis mil palabras.
2.- A todos los que les prometí más sobre la relación de Loki y Krista, no se preocupen, estará en el siguiente capítulo.
3.- Como todos sabrán (o la mayoría), no sé absolutamente nada sobre los comics que no esté en Wikipedia o sitios de fans en el internet (en verdad tengo que empezar a leerlos), así que pido perdón y aceptaré posibles correcciones en cuanto a cualquier personaje asgardiano. Traté de leer todas las fuentes posibles y agradezco a lolerfreezer por la ayuda. En cuanto a lo de la manzana de Idunn y como llegó a manos de Loki, me basé enteramente en la mitología. Y lo que hizo Angerboda con ella, lo saqué de mi querida cabeza. No sé si sea imposible o posible, pero tómenlo como una licencia poética para fines de esta historia.
4.- Y por último, esperaré a las turbas enardecidas que vendrán a vengarse por haber cortado el capítulo aquí. Lo lamento; era necesario.
Quiero agradecer a Yiyukimo-ak, a faaa, a kukavendetta, a RemyStrawberry, a Corazón De Piedra Verde, a mokona. mabel, a susan-black7, a danielabv (no, no tengo twitter y realmente sería genial poder responder a tus comentarios), a FlowerChain, a Caolinet Black, a anakaren. romosoto y a Helle 'Uchiha por sus comentarios; este capítulo es para ustedes.
Adiós ;)
