[[Este fic participa en "¡Quiero un regalo de cumpleaños!" del foro "El triángulo, dónde tres, están unidos".]]


Todo lo que serás


Disclaimer: los personajes pertenecen a J. K. Rowling y sus respectivos dueños, yo sólo los tomo un rato para compartirles la historia que diseñé, la cual, es un regalo para una gran persona a la que aprecio mucho; la trama tiene influencia en A Christmas Carrol, de Charles Dickens. Espero que el personaje no me haya salido muy OOC, puse mucho empeño en evitarlo.

Este es un regalo para Black Phoenix92


Cuando las sombras finalmente se disiparon, Tom Ryddle volvía a encontrarse solo entre la nieve, en el pueblo de Hogsmeade. Respiró hondo y se rió de sí mismo, pensando que todo aquello debía de haber sido sólo una tontería. El problema es que ya sabía demasiado como para saber que no era así...

—¿Qué? ¿Pensaste que ya te habías librado de mí? —Habló la voz de Francis a sus espaldas.

—No —respondió él dando un resoplido—, no esperaba tener tanta suerte.

—¿Te parece si caminamos, Tom? Según creía te dirigías hacia acá cuando te intercepté.

—No, gracias. Según creo yo, ya va siendo hora de que te vayas a dónde sea que debas estar y me dejes en paz.

—¿Ah, qué habías dicho? ¿Que estabas encantado de dar un paseo conmigo a Cabeza de Puerco? —Preguntó Francis sabiendo que no era cierto—. Perfecto, Tom, póngamos en marcha.

Ryddle avanzó de mala gana, meditando qué sucedería si se negaba a caminar y permanecía ahí, entre la nieve, hasta que el hechizo acabara y pudiera ir a reunirse él solo con sus mortífagos.

Caminaron por las vacías calles del pueblo, hasta entrar en el desangelado pub. Ahí, efectivamente, se encontraban las personas con que había acordado reunirse: Nott, Dolohov, Malfoy, Zabini... Por mencionar algunos. Todos bebían algo diferente oara matar el tiempo y no hablaban mucho, si acaso un susurro o una mirada para preguntar la hora o ver si les quedaban galeones para otra ronda de bebidas.

—¿Por qué crees que están ellos aquí, Tom?

—Porque yo se los ordené.

—¡Ah¡ ¿Así que ya les ordenas cosas a la gente, eh? No sé por qué querrías conformarte en ordenarle cosas a un puñado de alumnos si puedes tener las mentes y las formas de pensar de magos mucho más experimentados y productivos que ellos.

—Enseñar a nuevas mentes siempre es importante.

—Sí claro, cómo no —habló el otro con sarcasmo—. Y detrás del hecho de que les ordenaste venir aquí (y a uno que otro lo amenazaste, tengo entendido) ¿por qué crees que todos ellos te siguen?

—Porque creen en lo mismo que yo ¿será? —Habló Tom levantando las cejas y hartándose del juego de las preguntas.

—Sí, y tú eres el líder alrededor del cual se reunen. Cuando eras más joven, aprendiste a obedecer, aún cuando después apuñalaras poe la espalda a esa persona; ahora, sabes mandar, y conoces las palabras exactas para que la gente te siga. Ambas son grandes cualidades en un líder... —Francis asentía, dando énfasis a sus palabras—, Aunque no de un tirano, Tom. Ellos te tienen miedo, saben lo impredecible que puedes llegar a ser, y tengo la teoría de que creen que hay algo más detrás de esos ojos que solían ser de otro color, antes de tener esa sombra roja.

—Las apariencias engañan, siempre puede haber algo mucho mejor detrás de una primera impresión... —Habló Ryddle sintiéndose halagado.

—Supongo que sí, pero ¿qué pasaría si alguno de ellos te traiciona?

—Lo mato.

—¿Perdón?

—Sí ¿qué más quieres? Una persona desleal no le sirve a este mundo, hasta le estoy trayendo un bien a la sociedad.

—No, ¿qué dije?

—Que qué pasaría si alguno me...

—No, después —al ver el rostro de incomprensión de Tom, Francis decidió ir directo al punto—. Dije "perdón". ¿Nunca has considerado perdonar a las personas?

—No todos merecen el perdón.

—Sí, pero ellos (y muchos hombres y mujeres más) sí, Tom. Han sido personas que han errado en sus caminos (igual que tú) y de esa misma manera merecen una segunda oportunidad, como la que yo te estoy ofreciendo en este momento. Juntos podrían lograr grandes cosas, formar firmes lazos de amistad, y llegar más allá en los campos de la magia que la oscuridad nunca alcanzará a entender.

Ryddle no tuvo tiempo de responder. Antes de poder pensar su siguiente movimiento, las sombras volvieron a nublarle la vista, y volvió a caer en lo que parecía un sueño oscuro.