¡Hola a mis personas favoritas!

Antes que nada, mis disculpas no el atraso, pero ya podemos continuar con el caso.

Como cada semana, muchas gracias por sus fieles comentarios a SuicideFreakWord, Sonyeke, Erisikol, Sof77, SeLu-IV y CuquiLuna3. ¡Ustedes me hacen feliz!

Bien, ahora si… ¡a leer!


Capítulo 3: Karttikeya I

El Dios de la guerra. Hijo de Shiva y Parvati, es quien dirige los Ganas o "huestes" de su padre contra el ejército de los demonios. Su iconografía tradicional lo describe como un hombre de seis cabezas y doce brazos, llevando en sus manos sus armas predilectas, como el arco y flechas, el Vel, el tridente, el cuchillo y la bandera de su ejército, entre otros.

Según las Tamiles o epopeyas de batalla, durante la guerra contra el demonio Surapadma, Karttikeya lo parte en dos con su Vel o lanza con punta en forma de corazón invertido (el cual fue un regalo de su madre Parvati), provocando que las partes del demonio se transformaran en un pavo real y un gallo respectivamente. El primero convirtiéndolo en su cabalgadura y el segundo en el símbolo de su estandarte.

A Karttikeya también se lo relaciona como el Dios de los ladrones y los estafadores.


Cuartel de Aurores, Ministerio de Magia.

A las 4:00 de la madrugada, Harry pasó lista de las siete Divisiones involucradas, aun cuando sabía que todos estaban listos. De hecho, ya antes de las cuatro, los aurores se habían presentado ante sus respectivos jefes. La habitual ansiedad previa a una incursión, podía sentirse en el aire.

De acuerdo a los Protocolos de Preparación para Redadas, lo primero en hacer, fue un rápido ejercicio de comprobación de varitas y varios Lumus iluminaron la habitación. Lo siguiente, fue la comprobación del uso del uniforme negro y los implementos adyacentes: las botas con el correcto hechizo de sigilo, el bolsillo mágico de la pierna derecha del pantalón con la varita escondida y el bolsillo izquierdo con una escoba miniaturizada, así como el cinturón cargando las dos pociones de uso básico: la energizante y la anestesiante. Así también, para esta ocasión los aurores habrían de llevar en los bolsillos ocultos del abrigo: polvos flú y los Nocturnaque Speculum o simplemente llamados Speculum, pequeñas lentes de vidrio fundido, en cuyo interior se podía distinguir un delicado vapor dorado que se movía en toda la superficie y que permitía al portador, ver en la noche.

Los primeros serían vitales para los aurores que ingresaran a la casa en Bracknell y los segundos, para quienes se movieran desde el exterior. Por otro lado, la Division de McGowan tendría a disposición cuerdas mágicas, para la retención de los magos y brujas que intentaran darse a la fuga, de un modo más seguro si el uso de magia se veía comprometido.

Lo siguiente en el plan de preparación, fue Joseph Cobbs repartiendo los trozos de pergamino con el encantamiento de ingreso y salida libre, de la chimenea intervenida y de la zona de incursión. Por otro lado, Warren Bones estableció el encantamiento en red sobre las varitas de los cuarenta y dos aurores involucrados, cada una de las pruebas resulto positiva en la primera oportunidad.

Posteriormente, Demelza Robins acordó con los jefes McGowan y Palomer el tipo de encantamiento de configuración de los portales, los cuales serían instalados sobre el suelo de madera en una casa abandonada, que habían ubicado hacia el sur de Bracknell. Desde ese punto, se abrirían los portales y avanzarían ambos grupos como grupo de defensa.

Por último, los jefes Campodónico y Keller identificaron los cuadrantes que iban a sobrevolar en escoba, mientras esperaban la aparición del Perícullum de Robins. Por suerte Bracknell no era una zona demasiado extensa y seis grupos de dos, podrían abarcar bastante bien las distancias, incluyendo un cerco perimetral que incorporaba cinco kilómetros del borde urbano. Una vez visualizada la señal del Pericullum, sería fácil estructurar un acercamiento convergente de forma circular.

A las 4:35, las siete Divisiones se movilizaron hacia Bracknell, al sur-oeste de Londres.

La primera línea compuesta por las Divisiones 3, 4 y 7, se encontraba en el Salón principal de la Mansión de los Mulciber, en Northchapel, propiedad expropiada por el Ministerio de Magia durante la segunda guerra y actualmente bajo su posesión como patrimonio público. Para las 4:50, Cobbs ya había intervenido y preparado la chimenea para el inicio de la redada y delante de ella, se había posicionado una fila de 18 aurores en pareja, esperando a que dieran las 5:00 de la mañana.

Al mismo tiempo, las Divisiones 9 y 13, habían levantado vuelo a eso de las 4:45. De acuerdo a lo establecido por Campodónico, todos debían mantenerse a una altura suficiente para usar las abundantes nubes de lluvia como una zona donde poder camuflarse o esconderse, de ser necesario.

A las 4:40, las Divisiones 11 y 14, habían tomado una linda pero abandonada casa de dos pisos, de origen muggle y ubicada en Rectory Line. A las 4:50, el piso del living-comedor había sido intervenido con los encantamientos convocadores del portal y los once aurores esperaban en dos grupos a que llegara el momento de la incursión.

De mayor o menor medida, esos veinticinco minutos de preparación en terreno y posterior espera, habían resultado tediosamente lentos.

Harry había tragado duro y apretado la varita en su puño, mirando directamente el interior de la chimenea, a cinco minutos del inicio de todo.

-Todo va a salir bien.- le había susurrado Ron. El moreno sólo había logrado asentir, demasiado tenso para algo más.

-¡Entramos en tres!- anunció el moreno y los otros diecisiete aurores tomaron una posición presta al ingreso. -¡Un minuto!- soltó nuevamente, sintiendo las pulsaciones del tiempo en la ansiedad de su corazón.

Con la presión de ser el Jefe en esa operación, el moreno volvió a tragar duro y entonces miró a Cobbs. Cuando el reloj invocado mágicamente delante de ambos, dio las 4:59:57, el hombre negro activó la chimenea y Harry fue el primero en entrar, junto a Ron. Como fue planeado, le siguieron Seamus con Demelza y Bones con Travers.

Harry Potter ingresó como una exhalación, apenas había sonado un ligero chisporroteo de brazas y dos figuras oscuras, indistinguibles, casi vaporosas habían traspasado el acceso mágico. De algún modo, en la abrupta entrada y con la incertidumbre de lo desconocido, el moreno había logrado protegerse tras un sofá… no sin dejar de percatarse de la presencia de dos magos, tal vez tres, hacia el fondo de la sala… junto a una mesa… Nada que no hubiesen esperado.

Alcanzó a levantar la varita cuando el sintió el nuevo movimiento dentro de la chimenea, debían ser rápidos y silenciosos.

Por eso, con el siguiente chisporroteo de brazas y el consiguiente ingreso de Finnigan y Robins, tanto Harry como Ron lanzaron sendos hechizos, logrando reducir a los dos hombres, que tan sólo habían alcanzado a girarse a mirar.

Unido al sonido sordo de los cuerpos cayendo al suelo, escuchó el susurro -silenciado con un encantamiento de sigilo- de Demelza cruzando una ventana hacia el exterior. Luego más sonidos de brazas y aurores ingresando a la casa… sin otro peligro inmediato a la vista, el moreno hizo un reconocimiento rápido sobre la propiedad: no era la misma arquitectura que ellos habían tomado como base, pero no era muy distinta tampoco. La única diferencia era que el pasillo que conectaba la sala principal con la cocina y el estudio, eran dos caminos distintos.

-Blacksmith…- susurró e indicó hacia la zona del estudio, por allí se llegaba directamente hacia la escalera hacia el segundo piso. Antes de decir algo más, la mujer avanzó con su equipo. –Keller…- llamó e hizo lo propio, señalando hacia las cocinas y el acceso al subterráneo, donde podrían encontrar una posible zona de almacenamiento.

En cuanto giró hacia sus compañeros, pudo distinguir a través de una de las ventanas, el brillo rojo del Pericullum cubriendo el cielo de la casa. La intensidad del reflejo, hacían imposible que pasara desapercibido. Comenzaría la fuga y cuando los magos se dieran cuenta que no había escapatoria, entonces se decidirían por el enfrentamiento directo. Sólo era cuestión de tiempo para que se desatara lo peor y Harry pudiese comprobar la efectividad de su plan estratégico.

-¡Comunicaciones!- anunció Bones, apostado de espaldas contra una de las esquinas de la sala. Desde allí tenía completa visión de las entradas, una perfecta zona para mantener la defensa.

-¡Defensa!- esta vez fue Seamus, quien había avanzado hasta la mesa donde habían reducido a ambos magos. –¡Travers!- llamó.

-Tenemos que movernos…- le apuró el pelirrojo.

-Tenemos que ir por la segunda chimenea… la del estudio…- avisó y ambos comenzaron a avanzar por el pasillo hacia donde se había movido Boudica, espalda contra la pared. Todo parecía seguro aún, pero nunca lo era.

Antes de que ambos salieran, alcanzó a ver a John Travers avanzar hacia Finnigan. La situación era clara: el primer acceso que Travers haría en la arquitectura seguramente sería un enorme forado en una de las paredes hacia el exterior. Por allí ingresarían los hombres de Campodónico y Hölm, de paso desalojando la sala de los dos magos reducidos, entregándolos a McGowan… quienes para esas alturas, con la efectividad con que Demelza había lanzado el Pericullum e invocado los portales, ya habrían instalado una zona de retención y estarían a la espera de las primeras fugas.

"Fugas…", apenas alcanzó a cruzar por su mente, antes de sentir una serie de "¡Crack!" de apariciones reverberando alrededor de la casa y seguramente detenidos por los encantamientos de retención, realizados por la División 11 y entonces vio el brillo de los hechizos en el exterior. Los tonos morados de los paralizadores, los rojos del Desmaius y las sogas mágicas extendiéndose como dedos desde el suelo, atrapando los cuerpos que se aparecían de pronto y a sólo metros de las ventanas superiores. Fue cuando Harry vio los primeros Avada kedrabra, los Reducto y los Relashio, cayendo desde el cielo.

Había iniciado el fuego cruzado.

Ron alcanzó a resguardarse antes, de que una bombarda diera contra una de los ventanales por los cuales iban pasando. De un segundo a otro, el pasillo se había transformado en un acceso directo hacia el costado de la casa, una estrecha franja de pasto en donde vio a Demelza, Schustter, Jones y un par de aurores de la División 14, conteniendo las fugas y defendiendo la entrada de Campodónico a través del salón principal. Encantamientos se alzaban como flechas de colores conocidos y definitivamente menos mortales, que los hechizos con los cuales eran respondidos.

Fue cuando vio un Reducto especialmente poderoso golpear el Protego de Jones… y desviarse directamente hacia Harry.

-¡Oh mierda…!- gritó, antes de lanzarse hacia cualquier lugar, justo antes de que el impacto lanzara trozos de cemento, madera y vidrio sobre ellos. El moreno tuvo que apretar los ojos, cuando sintió un verdadero piedrazo de cemento golpear el costado de su cabeza. –¡Ron!- apenas pudo entre abrir los ojos. El dolor era insoportable… ¡y ni siquiera habían llegado hasta el estudio todavía!

-Mierda Harry…- le agarró de un brazo y tiró de él fuera de la zona abierta. -¿Estas bien?… tenemos que movernos…- dice de nuevo y ambos avanzan como pueden a través del pasillo. -Joder que se están dando palo allá fuera…-

Los "¡Crack!" de las apariciones se hacen cada vez menos perceptibles, pero la violencia de los maleficios y la potencia de los enfrentamientos, eran más recurrente. Como lo había supuesto y con la movilización de los otros grupos de aurores, pronto comenzó a sentir golpes de magia al interior de la casa.

"Tenemos que cerrar esa maldita chimenea", pensó, levantándose y entrando por la primera puerta que encontró. Lamentablemente era la biblioteca.

-¡Por aquí!- gritó el pelirrojo y ambos avanzaron hacia el final del pasillo, sintiendo que la casa se remecía y crujía bajo la fuerza de la lucha.

Alohomora!- grita Harry y la puerta se abre de par en par. El estudio parece vacío, pero un movimiento repentino se desliza hacia la derecha de la habitación.

-La otra entrada…- le susurra Ron y ambos avanzan de espalda contra la pared. Ron sabía por los planos que había investigado, que el estudio conectaba con una segunda habitación, que debía servir como una pequeña sala de esparcimiento, algo cercano a un desayunador o un saloncito del té, para cuando el dueño de casa desee comer algo mientras trabaja. Lo importante allí, es que esa sala tenía su propia puerta de acceso al pasillo. –¡Fermaportus!- grita el hombre, justo antes de que aquella figura vestida de negro logre abrir la puerta lo suficiente para salir. Y permitiéndoles también, el tiempo suficiente para que ambos se movieran hasta la mampara que divide ambos espacios.

-¡Ríndase! ¡Suelte la varita y- es lo único que alcanza a decir Harry, cuando ambos ven que la figura se gira y escuchan una voz de mujer.

Incendio!-

Aguamenti!- lanza el moreno y la enorme llamarada que la bruja lanza hacia ellos, es atravesada por la densidad del agua.

Protego!- el escudo de su compañero hace todo lo demás.

Avada…!

Opugno!- el pelirrojo lanza la mueblería, tan sólo como un medio de distracción. Entonces Harry podría atacar desde otro frente.

Incarcero!-

Impedimenta…!- la mujer lanza, pero sólo logra detener las mesas y sillas… antes de darse cuenta, es atrapada por cuerdas. Pero eso no significaba que no pudiera seguir lanzando maldiciones. -¡Avada…-

Depulso!- el sutil color amarillento del encantamiento vuela con un movimiento curvo, el mismo gesto que hace Ron al lanzarlo, entonces golpea el pecho de la mujer y la lanza violentamente hacia la izquierda, el impulso la hace chocar contra un librero, el que termina cayendo sobre ella.

-Revísala, yo me encargo de la chimenea.- apunta Harry, regresando al estudio.

-Maldita sea, ¿que acaso no saben atacar con nada más que no sea una imperdonable?- gruñe. –Accio varita.- agarra la varita de la mujer en el aire. –Epoxy… con eso se quedará tranquila hasta que todo termine…- comenta caminando hacia su amigo, viendo que la mujer ha quedado adherida al piso de madera gracias al hechizo pegamento.

-Trataba de escapar…- Harry mira el suelo frente a la chimenea, el puñado de polvos flú había caído, seguramente frente a la sorpresa de la intromisión de los dos aurores. –Tal vez todavía esté conectada a su destino.-

-¿A dónde crees que iba?- pregunta al moreno, viendo las brasas verdes y brillantes en la superficie de los ladrillos, preparados para un viaje vía flú. Harry pretendía responder, antes de intentar un rápido diagnóstico de conexión, pero una explosión de vidrios y madera estallando en algún lugar del segundo piso, justo sobre ellos, interrumpió todas sus palabras y movimientos.

-No lo sé… necesitaría tiempo para saberlo.- gruñe y lo único que puede hacer ante la premura de la situación, es instalar un bloqueo leve. Si alguien intentaba entrar o salir, los polvos flú soltarían chispas y siseos de combustión, como si hubiera algún problema con el vínculo de magia, pero todo volvería a la normalidad después del tercer intento. –¡Obturant fumario!-


El ingreso a través del portal fue rápido y eficiente.

Todavía no se había cumplido el primer minuto de incursión, cuando uno de los aurores de Palomer, vio la roja línea del Perícullum ascender hacia el cielo, a unos dos kilómetros de la casa abandonaban donde aguardaban. Segundos después, los ruedos invocantes dibujados en el suelo a lo largo de toda la sala, comenzaron a brillar con un suave tono azulado y en el centro se fueron levantando uno a uno los portales. Tan rápido como lo habían convenido, las dos Divisiones se movilizaron en cuatro grupos de tres, de tal forma de tomar los cuatro puntos alrededor de la casa en Bracknell.

Si bien Draco no estaba de acuerdo en el rol que iba a tomar en la incursión, suspiró fuertemente y se aprestó para el ingreso. Traspasar un pasaje mágico se siente como un balde de agua fría cubriendo todo el cuerpo, penetrando la calidez de la piel y sacudiendo la mente como una bofetada de lucidez, pero sin el remanente de la humedad. Una sensación que va más allá de ser meramente refrescante, es un contacto muy real, muy físico y muy mágico.

Cruzado el portal y después de la helada sensación recorriendo su cuerpo, el rubio se encontró de pronto en el patio trasero de la casa y por lo que veía, los magos en el interior todavía no se daban cuenta de la redada. Observando su entorno, tanto el rubio como Jones y Runcorn, cruzaron una sucia calzada de losetas color terracota y sobre las cuales se disponían descascarados asientos de hierro forjado, rodeando una delicada, pero descuidada fuente de piedra vetada; con sumo sigilo, corrieron y se resguardaron tras unos arbustos mal cuidados y que se habían transformado en una maraña de ramas y hierbas sin ningún orden.

Apenas se ocultaron del ojo directo, los tres comenzaron con la primera fase de lo que se había denominado como Segunda línea de defensa: como una propiedad sangre pura abarcaba una gran envergadura tanto en terreno como en metros construidos, un mago de cada uno de los cuatro grupos y en este caso Runcorn, debía ayudar a levantar los encantamientos para cerrar el perímetro de intervención, protecciones básicas y los repelentes para muggles. Por otro lado, Draco había sido encargado con la misión de buscar maleficios o magia oscura operando defensivamente sobre la casa; mientras Jones se comunicaba con Bones.

-Bones: Malfoy, Runcorn y Jones en posición.- indicó el hombre, luego de conectar con el eje de comunicación. Apenas el rubio hubo terminado con el diagnóstico y el mayor de los tres magos finalizó con los encantamientos, Jones volvió a contactar. –Bones: Protecciones instaladas. No hay magia oscura operativa. Repito: protecciones instaladas. No hay magia oscura operativa.- momentos después sintieron a sus varitas vibrar suavemente, casi como si fuera una respuesta.

-Posiciones aseguradas: interior y exterior. Punto base interior: oeste.- escucharon un susurro muy cerca de sus oídos y salido de ningún lugar. Era la comunicación interna, a cargo de Bones y por lo que se daba a entender, el equipo de Potter tenía todo bajo control y las Divisione estaban comenzando a tomar posesión de la casa. –División 4, avanza desde la zona Oeste hacia Noreste y el segundo nivel. División 7, avanza desde el suroeste, hacia sureste y subterráneo.-

Sin saber en qué posición estaban parados, Jones realizó un encantamiento cardinal: una temblorosa y roja flecha les indicó un norte muy cercano.

-Noreste.- reiteró el mago.

-Boudica y Keller los traerán hacia acá.- esta vez fue Runcorn.

-Posible, pero no seguro.- añadió Draco. –Pueden tratar de aparecerse con destino en cualquier lugar.-

-Campodónico-Hölm: preparar ingreso. McGowan-Palomer: preparar control de fugas.-

Volvió a sonar la voz de Bones y a los pocos segundos, los tres sintieron el primer movimiento dentro de la casa. El sonido sordo de pisotones y golpes contra el suelo de madera, los primeros destellos de hechizos venidos de algún lugar… amarillos, rojos, azules e incluso algunos verdes, entonces repercutieron los primeros crujidos violentos de las desapariciones.

Ya todos habían visto cómo funcionaban los encantamientos perimetrales, al retener magos y brujas en fuga, pero siempre sorprendía el ruido de energía golpeando contra energía. La estela mágica de la huida y la abrupta contención, cuando el cuerpo de los magos choca contra las barreras y la magia sisea y vibra y brilla. Y todo parece hermoso, un encanto visual, aun cuando es el preludio de una batalla encarnizada. Draco sabe lo que viene y por eso se prepara, la varita fuertemente sujeta en su mano derecha, el Desmaius en la punta de la lengua y las cuerdas mágicas previamente ancladas en el suelo a su alrededor.

-Prepárense…- indicó Runcorn. –Hay que atraparlos mientras están arriba, no debemos darles oportunidad de atacar… o esto se transformará en un infierno.-

-Si…- murmuró el rubio, justo antes que comenzaran las apariciones en la barrera mágica sobre ellos.

Jones y Runcorn se lanzaron sobre los primeros tres magos en chocar, hechizos paralizantes, aturdidores, desarmadores, luego un encantamiento Locomotor y los cuerpos eran apilados como verdaderos trozos de leña, en una esquina a sus espaldas. Dos magos más y esta vez fue Draco quien los atrapa. El rubio ha estado en muchas incursiones, en encuentros con fuego cruzado, conteniendo ofensivas, escoltando magos y brujas, realizando operativos de seguridad, evaluando riesgos y movilizando criaturas mágicas. Todas operaciones estándares, pero incluso en la misión mejor planificada suceden cosas inesperadas.

Bracknell se había transformado en una casa sitiada, se lograba sentir en cada rincón: la electrizante sensación de la magia, el zumbido de las barreras, los gritos al pronunciar los encantamientos y los colores que los acompañan. Era evidente lo que estaba sucediendo y todos lo sabían, por eso, luego de los siete magos y brujas que el grupo de Draco había atrapado, las apariciones comenzaron a hacerse menos frecuentes.

Desmaius!…- lanzó Draco, golpeando directamente en la espalda a uno de los magos. Su cuerpo laxo quedó suspendido apenas unos segundos antes de comenzar a caer, pero no era sólo cosa de derribarlos. –¡Carpe retractum!- un enorme garfio de magia en tonos azulados, atrapó al hombre y lo jaló a los pies del rubio. Justo en ese momento se aparecieron dos brujas suspendidas en el aire, pero más cerca del segundo piso de la casa que de la barrera, así que su intención no parecía ser la huida. De la misma forma como los magos que ya habían apresado, vestían abrigos negros con amplias capuchas que les ocultaban el rostro. Por tanto, a Draco le resultaba imposible identificar a cualquiera de ellos. Sin saber lo que encontraría bajo la protección de esas capuchas, prefería no pensar si ellos eran simples desconocidos, amigos de su padre o incluso, alguno de sus compañeros del colegio.

Avada kedabra!- dijeron ambas mujeres al unísono.

Protego!- se defendieron unos, mientras que otros simplemente se lanzaron pecho a tierra, esquivando los maleficios.

En segundos, el infierno que había temido Runcorn se estaba haciendo realidad.

-¡Quieren hacer una fractura!- gritó Draco desde el suelo. Apenas había alcanzado a lanzar a su detenido bajo resguardo, cuando se vio obligado a esquivar la maldición asesina. Desde allí era fácil ver a los tres magos que detrás de las brujas y desde el interior de la casa, lanzaban hechizos desestabilizantes contra la barrera, buscando hacer un agujero por donde escapar.

-¡Cuidado!- esta vez fue Jones, quien advertía de otros dos magos asomándose desde otra ventana.

Bombarda!- lanzaron ambos y casi al mismo instante, se escucharon maleficios asesinos otra vez desde el sector de las brujas.

Impedimenta!- Runcorn lanzó hacia los hombres, provocando que las bombardas rebotaran contra el hechizo y fueran a parar al pasillo exterior del primer piso. -¿Que acaso hay un maldito ejercito allí dentro?-

Apoyando la defensa del hombre, el rubio lanzó un Protego lo suficientemente poderoso para contener las maldiciones asesinas de las dos brujas. Uno de los únicos beneficios de una serie de ataques tan seguidos, es que permitía una franja de tiempo limpia para el movimiento estratégico de los aurores. Era una de las técnicas de ofensiva, que se enseñaban en la Academia de Aurores.

-¡Jones!- gritó Draco, en cuanto se formó ese paréntesis libre de hechizos ofensivos. Dallas Jones no necesitó pensarlo mucho, para saber que lo más seguro era deshacerse primero de las dos brujas: estaban casi completamente expuestas, tenían un gran rango de ataque y eran la línea de protección para el quiebre de la barrera, así que era imperativo deshacerse de ellas.

Por tanto, teniendo apenas ese margen de acción y sin saber si tendrían una segunda oportunidad, salió corriendo desde atrás de los arbustos, apareciendo y desapareciendo en un inesperado zigzag, hasta alcanzar el pasillo externo del primer piso. Obviamente las brujas vieron su vulnerabilidad y pronto comenzaron con otra ronda de maldiciones, moviéndose a lo largo del segundo nivel para tener una mejor posición de tiro.

Desmaius!- Draco lanzó hacia las ventanas donde los magos intentaban quebrar la barrera, justo antes de moverse hacia la izquierda de la loseta y posicionar una nueva línea de cuerdas mágicas por detrás de la banca de metal. El hechizo fue repelido fácilmente por la bruja que se movía entre las ventanas y el balcón de la izquierda; la habilidad con que se movía y la rapidez con que se lanzaba a la ofensiva, lo habían inquietado. –¡Petrificus…!-

Bombarda!- el hechizo fue veloz y poderoso y muy certero, tanto que el rubio apenas logró retroceder lo suficiente como para no ser volado en pedazos, pero el hechizo dio de lleno contra aquella banca, lanzando trozos de metal y cemento por todos lados.

-Hija de…- gruño por lo bajo y sintió que a pesar del golpe, todo su cuerpo se llenaba de una furiosa vitalidad. Apunto hacia una corniza: –¡Reducto! ¡Reducto!- gritó con fuerza, de paso queriendo soltarle unos cuantos insultos. La cornisa había estallado sobre la cabeza de mujer y enormes trozos de la casa le estaban cayendo encima, -¡Oppugno!- esta vez el rubio le lanzó los restos de loseta y del asiento de hierro que habían explotado. En cuanto vio los problemas de la bruja para lidiar con todos esos pedazos de casa volando hacia ella, le lanzó un muy efectivo: -¡Depulso!- el golpe de magia la hicieron chocar contra la fachada de la casa, unido a los trozos de cemento que habían saltado como verdaderos proyectiles o fragmentos de metralla, provocaron que lo único que pudiera balbucear y reconocer, fuera un debilitado encantamiento de protección contra esa persistente y dura lluvia de cascajos.

-Impervius…- su voz tan clara y femenina no dio cuenta de su posición debilitada.

Incarcero!- el hechizo le dio directo en el pecho, en segundos sus brazos y piernas habían quedado atados e imposibilitándole cualquier movilidad o acción. Eso era todo. –Adsequium.- una de las cuerdas mágicas voló directamente hacia ella y la atrajeron en una lazada hacia el suelo.

Draco suspiró, recién dándose cuenta que le dolían el pecho y le ardía el lado derecho de la cara.

Adsequium!- en ese momento Jones hacía lo propio y atrapaba a la bruja de la derecha, mientras Runcorn lidiaba con las imperdonables de los otros dos magos. Con todo, el rubio fue capaz de ver las huellas de fractura en la barrera. Si continuaban así, esos malditos lograrían escapar… ¡y Draco Malfoy sería una total burla!

Protego totalum! ¡Cave inicum!- un haz de luz dorada y arremolinada, ascendió de su varita hacia el punto que estaba siendo atacado desde el interior de la casa. Fue un suave contacto que hizo vibrar la barrera, con un murmullo aterciopelado, constante, revitalizante y lentamente, las delicadas líneas de vulnerabilidad y que indicaban dónde comenzarían a quebrarse las protecciones, fueron desdibujándose, brillando y restituyéndose, completándose, fortaleciéndose y constituyéndose nuevamente… hasta que sintió un golpe paralizarlo y aturdirlo de dolor, un muy conocido y aterrorizante dolor, donde todos los nervios de su cuerpo parecían sometidos bajo el total sufrimiento de aquel daño inimaginable… ardiendo y supurando en lo más profundo de su cuerpo, destrozando lo más interno de su magia.

Crucio!- cuando logró ser nuevamente consciente de sí mismo, se encontró de espaldas en el suelo y todo su cuerpo temblaba bajo el estrés de la tortura.

-¡Malfoy!- escuchó desde algún lugar, pero sus oídos se sentían un poco tapados, o tal vez fuera el agudo silbido que le taladraba la cabeza.

Impedimenta!- esta vez pudo sentir el frescor de la energía a su lado, la relajante cercanía de alguien a quien conocía, alguien en quien confiaba. –Mierda, Malfoy… qué carajo estás haciendo…-

-La barrera…- murmuró.

-¡Muévelo Jones!-

Lo siguiente que supo, es que se movía todo a su alrededor y él sólo era capaz de observar el encapotado cielo nocturno. El dolor persistiendo en sus huesos, temblando en todos sus músculos y aquel silbido que lentamente comenzaba a desaparecer. Entonces sintió que algo viscoso pasaba por su garganta y segundos después, percibía un poco del alivio físico que daba la poción con Esencia de Murtlap y después, algo de la claridad mental que daba el Ennervate.

Pronto supo que estaba recostado junto al sector de retención y fue consciente de los gritos, de la vibración y el choque de la magia, el temblor del suelo cuando era golpeado por las Bombardas. Las cuerdas que sonaban como latigazos al aire, el aire tibio y encerrado bajo las barreras. Demoró un poco, pero al ponerse en pie, pudo ver que la lucha seguía tan encarnizada como momentos antes. De hecho, sus compañeros las estaban viendo verdaderamente negras.

Se permitió un instante de respiraciones profundas, de palabras para infundirse valor. Se permitió un momento de duda, un poco de temor a ser golpeado con otra Imperdonable, el miedo de que la próxima vez, su atrevimiento sea respondido con la muerte y no con la tortura. Pero todos los aurores en esa redada se estaban exponiendo a la muerte. No era una excusa.

Sólo sabía que no se podía permitir un descuido como el anterior.

El rubio habría continuado con sus indecisiones, pero al levantar la mirada, volvió a distinguir una situación que transformó todas sus dudas a un intenso deseo de confrontación.

-Esos…- los magos al interior de la casa continuaban intentando fracturar las protecciones. Después de un Crucio, ya no estaba tan seguro de querer ser amable. Volvió a correr hacia la calzada, esta vez tomando resguardo detrás de la fuente. Desde allí, tenía una excelente visión de esos tres. –¡Reducto!- el marco de la ventana y parte de la pared justo debajo, estalló en pedazos y un montón de astillas volaron por el aire. Antes de darles tiempo a nada más, Draco sacó su escoba, montó en ella y se alzó directamente hacia ellos, en el segundo piso de la casa. -¡Reducto!- otra explosión de cemento, madera, vidrios y teja, dejando un agujero todavía más grande y exponiendo a todos en el interior. Y esos malditos se habían escudado del destrozo, detrás de un sofá.

Avada kedavra!- lanzaron desde el interior, pero el rubio alcanzó a esquivarlo haciendo una rotación con la escoba.

Diffindo! ¡Diffindo!- el tono blanquecino del hechizo partió el mueble en cuatro, -¡Alarte ascendere! ¡Carpe retractum!- entonces hizo volar lejos los trozos del sofá, antes de jalar a los tres magos con su conocido encantamiento de gancho. -¡Jones!-

Adsequium!- el hombre se había movido hasta la loseta y había lanzado las cuerdas mágicas hacia los tres magos que ya iban cayendo, casi como pesos muertos, desde el segundo piso. Lo cierto es que ninguno necesitaba más explicaciones, tanto Draco, como Jones y Runcorn, habían participado en tantas incursiones como unidad, que les era habitual estar pendientes unos de otros y saber qué quería o necesitaba cada uno, en toda situación. Era algo natural.

Pero una cosa eran ellos y otra, cómo procedían las demás Divisiones. Por eso, la aparición inesperada de cuatro aurores del grupo de Boudica, arrastrando con ellos una lucha encarnizada con seis magos con capucha negra, tomó al rubio desprevenido. Alcanzó a retroceder con su escoba, cuando el rebote de un par de hechizos volaron en su dirección.

-Carpe retractum.- se movió solapadamente y con un suave susurro, se llevó a dos magos con capucha fuera del punto de lucha. Con un rápido tirón, los arrastró por el suelo hasta el borde del segundo piso y al ver que forcejeaban, los dejó caer al vacío: uno imposibilitado con un Incarcero y el otro, inconsciente con un Desmaius. Jones se ocupó del resto. Mientras, Runcorn continuaba luchando con los dos magos de la ventana a la derecha y por otro lado, estaba el equipo de Boudica dándose palos como locos, con los encapuchados.

Otra ronda de violentos encantamientos y maleficios, hicieron que el rubio tuviera que realizar verdaderas piruetas en el aire, para esquivarlas. Otro grupo de personas enmascaradas entraron en la habitación, seguidos por el resto de la División 4 y el equipo de Keller al completo. Draco aguantó un jadeo, viendo la magnitud del enfrentamiento. Habían aurores heridos, especialmente uno que tenía la mitad del rostro cubierto de sangre.

Para ese momento, ya no había magos o brujas que quisieran huir de la casa, porque no había forma de hacerlo sin ser atrapados. Por el contrario, la única opción parecía ser la lucha directa y Draco podía verlo en primer plano, la fuerza y lo horribles que podían llegar a ser los maleficios. Aurores que estaban a sólo un Protego de ser despellejados vivos. Y lo peor de todo, es que parecía haber todo un ejército de encapuchados dentro de la maldita casa.

El rubio volvió a intervenir en el enfrentamiento, en el preciso momento en que un grupo de encapuchados lanzaban una serie de Bombardas sobre el suelo y en segundos la cubierta de madera saltó en trozos, el cemento se resquebrajó liberándose de las bases y de pronto vio las vigas del segundo piso… quebrándose con un fuerte estruendo… entonces todo un sector del suelo de la habitación se desprendió y cayó al piso inferior… llevándose encapuchados y aurores consigo.

Cubriéndose la nariz, Draco se alejó lo suficiente para evitar que la cortina de tierra y polvo nublara su visión y de paso, previniendo cualquier ataque traicionero, como el par de rayos azules y verdes que pasaron a su lado, casi rozando su hombro. Con una nueva situación en mente, el rubio descendió y se reunió con sus compañeros detrás de los arbustos.

-Tenemos que obligarlos a salir.- miró a los hombres y ambos asintieron.


Apenas habían dejado el estudio cuando sintieron que la casa temblaba sobre sus cimientos y repercutía aquel descomunal estruendo, levantando polvo, trozos de madera y por segundos eternos, acallando todo sonido adyacente. Fue un "¡Wuuuum!" de ultratumba, tan fuerte y violento, que por un momento Harry pensó que la casa les caería sobre la cabeza. Por eso, antes de ver qué estaba sucediendo, Ron y él se pusieron bajo cubierto dentro de un pequeño estante de escobas.

Al abrir nuevamente la puerta, la visibilidad del pasillo estaba tapada en polvo. "¿Qué demonios…?", pero al asomar la cabeza, el silencio se transformó rápidamente en gritos de maldiciones, encantamientos y bramidos de pelea. Tenían que salir y Ron lo alentó con un golpe en el hombro.

Avanzaron de regreso al estudio, con la espalda contra la pared, sintiendo el choque de los hechizos golpear en todas direcciones, despedazando, cortando, estallando, mutilando, volando… en amarillos, verdes, rojos, violetas, azules, grises, celestes…

-Tenemos que deshacernos de este polvo si queremos ver algo…- se quejó el pelirrojo.

Aerem!- un suave vapor celeste salió desde la punta de su varita y fue limpiando la polvareda que el moreno tenía delante. Con algo de suerte, pudieron regresar a la salida adyacente al estudio y mirar el caos en el interior: la mampara que separaba ambos espacios había caído bajo el peso de la loza de cemento y madera, que antes había sido el cielo raso de la habitación. En su lugar, ahora sólo había un enorme agujero que dejaba ver el techo y parte de las habitaciones del segundo piso. La mitad de una vidriera llena de copas, tacitas y platillos, pendía al borde del abismo, lista para caer. Fue en medio de ese desastre que Harry vio al equipo de Boudica combatir contra un grupo de encapuchados. Y de algún escalofriante modo, esos largos abrigos negros y capuchas, le recordaron las túnicas y las máscaras de los mortífagos.

Habiendo pisado esas habitaciones con anterioridad y estando todavía ocultos a los ojos de los magos encapuchados, Harry y Ron se movieron sigilosamente por detrás de la mesita de té y por delante de la puerta que ocultaba un pequeño bar, que lamentablemente ya no tenía nada que ofrecer, además de las copas y un par de botellas medio vacías. Como era propio de un atrincheramiento, Ron volcó un diván de costado y le aplicó un encantamiento de protección. De tal modo que desde allí tenían una vista privilegiada, estaban parcialmente protegidos y lo que era mejor, tenían total libertad de acción.

Impedimenta!- el moreno interceptó un Crucio que iba directamente a un muy maltrecho Montero. La mano derecha de Boudica, parecía estar todavía en pie por pura fuerza de voluntad.

Incarcero!- por otro lado Ron, trataba de apuntar a los encapuchados, sin golpear a los demás aurores. Aunque con la velocidad y la destreza de sus movimientos, resultaba bastante difícil. -¡Incarcero!-

Depulso!- golpeó dos encapuchados que estaban acorralando a uno de los aurores de Keller, pero para ello tuvo que salir de su escondite y de pronto estaba fuera de cubierto, completamente expuesto.

-¡Harry…!- escuchó la voz de su compañero, luego sintió el brillo intenso de los encantamientos, el calor y la presencia de la magia justo a su espalda. El moreno había movido su brazo derecho hacia un costado y por puro instinto, lanzó un Protego. Cubrió su cabeza y se inclinó hacia la pared, haciéndose un blanco más pequeño para quien lo tuviera en la mira. Segundos después, dos hechizos volvieron a golpear sus defensas y por suerte, sólo sintió pequeños trozos de vidrio impactar su abrigo.

No había alcanzado a alzar su vista, cuando una nueva serie de hechizos fueron dirigidos hacia él, acompañados de los furiosos gritos de: "¡Es Potter… es Potter!". Así de fácil pasaba de pertenecer a la ofensiva, a estar a merced de aquel asalto, aquel feroz intento de ser eliminado. Podía ver los rayos de magia provenir de todos lados, atravesando descuidadamente la zona de fuego cruzado, como encantadores ases de casual muerte. Dolor manifiesto con colores hermosos, haciendo parábolas ondulantes y moviéndose con esas formas, que no podían ser más que terriblemente fascinantes.

El moreno podía ver los hechizos y las maldiciones, a través del grueso muro semi transparente que era el Protego. Un poco difuso, un poco nublado, por el dorado traslúcido de las protecciones; mientras que su mano tiembla y la magia susurra, vibra con los impactos del enfrentamiento. Era difícil estar en el punto de mira, al mismo tiempo que tratar de reducir a los dos encapuchados que había atacado previamente; pero con esfuerzo, lanzaba Impedimentas y Desmaius, intercalados con los Protegos que mantenían su posición a salvo.

-¡Harry…!- escuchó de nuevo a su compañero, como si el pelirrojo quisiera decirle algo más, pero todo lo que seguían a sus palabras, eran los hechizos que trataban de evitar esa ofensiva brutal. Lidiando entre los encapuchados que querían matar a su amigo y los que estaban destrozando a los equipos de Boudica y Keller.

Fue en una de esas ocasiones, que Ron vio a uno de los aurores de la División 7, salir volando desde el otro lado de la habitación con un Depulso especialmente poderoso. El pelirrojo se había ocultado detrás de las protecciones del diván, cuando el hombre golpeo la muralla cerca de la puerta de acceso hacia el pasillo. El auror parecía inconsciente… tal vez muerto. El problema es que habían demasiados encapuchados en posiciones de ventaja estratégica. Por eso se movió hacia el borde del diván y con cuidado, arrastró mágicamente el cuerpo del hombre hacia una zona segura.

-Ennervate…- el hombre trata de pestañear y entonces Ron opta por un: -Episkey.- antes de otro encantamiento de sanación. Esta vez el hombre abre los ojos, pero parece aturdido. El pelirrojo lo revisa superficialmente y no parece estar herido, a menos que sea algún daño interno. –Quédate abajo…- le susurra y espera porque el auror le comprenda. -Estás en medio de la lucha…- entonces frunce sus cejas y regresa su atención hacia su amigo y jefe de División.

Expelliarmus! ¡Protego!- Harry lanzó rápidamente, antes de fortalecer el Protego que lo cubría. -¡Depulso! ¡Protego!- a través de las veladas protecciones, vio que el encantamiento golpeó el pecho de uno de los encapuchados y lo empujó contra el escritorio del estudio, un alto de pergaminos y libros cayeron al suelo con él. Fue entonces que vio, justo por sobre el cuerpo caído, que un hombre lo observaba desde el quicio de una puerta. No alcanzó a pensar nada más, salvo en el brazo que se levantaba y una maldición asesina que se desprendía de su varita y avanzaba hacia su posición. Harry fortaleció el Protego, moviéndose detrás de la barrera para esquivarlo y esperó embate lo mejor posible. Era una acción mecánica, mil veces practicada durante sus años de formación: instinto que ya no tenía fallas, todas las medidas y los resguardos tomados.

Por eso, mientras su mente esperaba el golpe entre sus magias, sus ojos fueron instantáneamente atraídos por el hombre, otra vez. Algo distinto, algo particular que lo diferenciaba de los demás: dos ojos intensamente negros lo observaron directo, sin sombras, sin ocultamientos, cejas fruncidas y el asco dibujando una mueca en las abundantes líneas de su rostro, al mismo tiempo en que aquellos labios se movían en un balbuceo afónico.

No había una capucha escondiendo sus rasgos y Harry podía reconocer el rostro que lo atravesaba con su mirada: Antonin Dolohov, el mortífago que había asesinado al profesor Remus Lupin y a Fred Weasley, durante la Batalla de Hogwarts.

-Mierda…- gruñó, mitad por el impacto de la maldición haciendo vibrar y resquebrajando sus protecciones y mitad preocupado, ante la idea de que Ron reconociera a ese hijo de puta.

-¡Sal de ahí, Harry! ¿Qué carajos estás haciendo?- lo escucha a su derecha, desde detrás del diván, pero también escucha los gritos furiosos amenazando la existencia del Niño-que-vivió-dos-veces. "¡Es Potter… es Potter!" y vuelan las maldiciones imperdonables.

Entonces el moreno trata de evitarlo, de borrar aquel conocimiento de su mente, pero no puede escapar a la urgencia, ni al brillo mortal de ese otro Avada kedabra. Harry mira a Dolohov y desea que pase desapercibido, quizás la puerta lo oculte lo suficiente, pero la maldición asesina es suficiente provocación para el alma protectora de su amigo, porque busca al desgraciado entre el caos de la sala y casi automáticamente, lanza un Expelliarmus en su dirección. Segundos después Ron lo reconoce y la sorpresa da paso al horror y luego, a la ira más profunda.

La muerte de su hermano nunca tuvo castigo, porque Dolohov había logrado escapar, esquivando el cerco de aurores que habían tomado posesión de Hogwarts, después de la última Batalla. Miserable impunidad. Palabras que intentaban justicia, pero que no habían consolado las heridas.

Ahora Ronald Weasley tenía a su más secreto y pretérito enemigo, delante de sus ojos.

Sin importar maldiciones, sin importar el fuego cruzado y sin importar la posibilidad de muerte, se lanzó hacia el otro lado del estudio, entre desapariciones, saltos mágicos y zigzagueos. Dolohov vio la amenaza y escapó por el pasillo, el mismo por el cual se perdió su pelirrojo amigo con un grito en la garganta.

-¡Dolohov!-

-¡Ron!-

Grita el moreno y segundos después, la habitación fue remecida con una poderosa explosión, dejando un forado que abría toda la sala hacia el patio trasero. Un grupo de aurores atacó desde el exterior. Y en medio de inesperado revuelo, Harry corrió tras su compañero.


Continuará =D

Emh… creo que nunca antes había hecho escenas de acción con aurores y peleas (sí, partidos de Quidditch, pero nada como esto), así que no sé cómo están quedando =P pero bueno… [suspiro]

En fin!, ya estamos a la caza detrás de La Cabeza… a pesar de todos los conflictos personales.

Bien, ¿me merezco un comentario? =3

Nos estamos leyendo!