Disclaimer: los personajes, lugares, hechizos y todo lo que reconozcan, es parte del fantástico mundo creado por J. K. Rowling. Lo único que me pertenece es la historia, producto de los desvaríos de mi mente.

Capítulo 2: De diarios y Slytherins

Después de un par de semanas en el nuevo ambiente, Hermione ya se había adaptado a cómo funcionaban las cosas en esa época, y particularmente, en Slytherin. No podía precisar si es que la gente era distinta en los '40 o si todo se reducía a que ahora estuviera en la Casa de las serpientes, pero algunas cosas habían cambiado. Todos parecían más reservados y la manera de relacionarse resultaba casi...jerárquica; los alumnos de los cursos más bajos apenas cruzaban palabra con los de años superiores. Sin embargo, a pesar de lo que cualquier Gryffindor hubiera pensado que sucedía en Slytherin, los alumnos verde y plata se ayudaban discretamente entre ellos, puede que por motivos mucho más egoístas e interesados que los que las otras Casas predicaban, pero de manera más efectiva. En cierto punto, y para su completo asombro, estaba empezando a pensar que la perspectiva de estar en Slytherin era mucho menos mala de lo que en un principio aparentaba.

No obstante, si algo se había mantenido en el tiempo, eso era la enemistad entre su antigua y su nueva Casa. No era que se vieran alumnos lanzándose maldiciones en medio de los pasillos (o al menos ella aún no lo había hecho), pero las miradas despectivas y los comentarios ácidos eran moneda corriente. Es por eso que no había sabido qué hacer cuando en medio de una clase de Pociones (clase que compartían con Gryffindor) se produjo una explosión y la mayoría de los presentes comenzaron a burlarse de una chica menuda de Gryffindor, que al parecer había agregado demasiado Acónito a su poción. Lo peor fue cuando uno de sus compañeros, al que luego identificó como Avery, soltó "Gryffindor nunca ha sido demasiado selectivo para admitir gente, pero creo que Robinson ya es un nuevo hito". Hermione se había mantenido estoica, reprimiendo el impulso de saltar sobre él y de consolar a la desgraciada chica. Había ayudado un poco el hecho de que Slughorn no fuera un Snape burlón y ávido de descontar puntos y de que su compañera de mesa, Caroline, no se riera y continuara tranquilamente picando el Acónito sin comentar nada al respecto.

Tenía buena relación con sus nuevas compañeras, que la habían integrado casi inmediatamente. Barbra, que parecía ser la líder del grupo, era la que más se asemejaba al arquetipo de chica Slytherin que Hermione tenía, morena, elegante y refinada, con una lengua viperina y al tanto de todo. Ágatha era su mejor amiga (o más allegada, Hermione no llegaba a comprender del todo las relaciones en Slytherin), en general, solía quedar opacada por Barbra, pero ambas se parecían bastante. Por último, Caroline, más tímida, era la que más agradable le había resultado a Hermione. Aún no podía comprender cómo había ido a parar en Slytherin, pero las apariencias engañaban, y allí estaba ella, persiguiendo al vivo ejemplo de eso, Tom Riddle.

Nada le generaba tanto malestar como el hecho de tener que compartir un ambiente con Tom Riddle. Ahora que lo había identificado, no soportaba pasar más de unos poco minutos en el mismo lugar que él, y los primeros días, cuando la muerte de Harry seguía aún fresca en su mente, el solo hecho de que se sentara en la misma mesa que ella le impedía que cualquier cosa que comiera le sentara bien, recordándole constantemente el cuerpo inerte de su mejor amigo. Se había sentido misericordiosa y altruista cuando estaba cómodamente sentada a la mesa de Grimmauld Place, con sus dos mejores amigos vivos y felices, planeando la mejor forma de ingresar al Ministerio mientras Kreacher preparaba algún manjar; cuando la guerra era algo abstracto y la muerte, algo lejano. Ahora, los rostros de sus seres queridos muertos pasaban una y otra vez por su mente, y no encontraba a nadie a quien culpar, salvo al muchacho de cabello oscuro y piel clara que se sentaba varios lugares más allá, completamente perdido en sus pensamientos. Era una tarea casi titánica recordarse a sí misma que aúnno lo había hecho, que aún quedaba una posibilidad, pero era lo único que había logrado disuadirla de terminar con él y con todo mucho más rápido.

El objeto de sus pensamientos estaba ahora sentado cerca del final de la larga mesa, rodeado de sus "amigos", que encajarían mejor con la palabra seguidores. A pesar de las conversaciones que se desarrollaban a su alrededor, parecía completamente externo a ellas, revolviendo una y otra vez su plato intacto con la vista fija en un punto incierto, sin apenas notar lo que sucedía a su alrededor. Hermione lo observó fijamente. La calma antes de la tormenta, pensó, y es que era curioso cómo parecía haber estado abstraído durante el último tiempo, bastante alejado de lo que se hubiera esperado de un joven Voldemort, siempre al acecho.

Volvió a centrarse en lo que se decía a su alrededor, cuando notó que la charla que hasta entonces habían mantenido sus compañeras parecía haberse detenido. También se percató de que las tres la estaban mirando, como a la espera de que dijera algo, y fue entonces cuando cayó en la cuenta de que lo más probable es que le hubieran hecho alguna pregunta que no se había dignado a registrar siquiera, absorta en sus pensamientos.

-Disculpa, me distraje por un segundo, ¿qué estabas diciendo?- Hermione decidió no precisar a quién le preguntaba, porque tampoco estaba segura de quién era la que había hablado por última vez.

La sonrisita de Barbra, la más avispada, la alertó de que probablemente hubieran notado que estaba muy concentrada en observar a Riddle, lo que para ellas tendría un significado distinto al que verdaderamente tenía.

-Te preguntaba, Hermione, si conocías Hogsmeade, porque si no deberías venir en la próxima salida. -repitió Caroline, mientras colocaba un rebelde mechón pelirrojo detrás de su oreja.

Hermione decidió que lo mejor era fingir desconocimiento total y aceptó la propuesta de visitar Hogsmeade ni bien se presentara la ocasión, lo que derivó en una nueva conversación sobre cuándo serían las visitas al pueblo y qué era necesario comprar en la próxima, en la que Hermione no partició en lo absoluto. Solo interrumpió la cháchara bastante después, cuando eran cada vez menos los que restaban en el Gran Salón, para señalar que quedaban unos pocos minutos para su clase siguiente, Transformaciones. Las cuatro se levantaron apresuradamente y marcharon a paso rápido por los corredores.

Llegaron a la clase con el tiempo justo y tomaron los asientos que quedaban libres; un banco de dos, que Ágatha y Barbra ocuparon casi al instante, un asiento junto a un Ravenclaw al que Hermione no reconocía, que invitó a Caroline a sentarse con él y, finalmente, un asiento junto a Tom Riddle, que parecía ser su último recurso. Vaya suerte la mía, masculló la chica en voz baja, mientras volvía a repasar el aula en busca de cualquier otro lugar vacío. El hecho de que el profesor estuviera a punto de aparecer y de que no quería llamar más la atención, parada ahí, haciendo evidente su disgusto por Riddle, la hizo desistir de cualquier otra tentativa y sentarse con aire de mártir. Eventualmente tendrías que establecer contacto con él si quieres que esto funcione, pensó para sí, mientras una pequeña porción de su mente, que curiosamente sonaba como Ron, consideraba distintas maneras de terminar todo de la manera fácil.

Riddle estaba escribiendo en un cuaderno de tapas negras, extrañamente conocido, que cerró con un movimiento fluido apenas ella tómo su lugar, en el extremo opuesto, lo más alejada posible. Colocó el libro y un cuaderno distinto sobre la mesa, y entonces la observó con ligera curiosidad, estudiándola. Al parecer, no tomó su presencia como algo que debía tomar en cuenta, sino que la ignoró mientras continuaba preparando lo que necesitaba para la clase, como si se tratara de una mosca particularmente molesta. ¿Qué esperabas, una bienvenida? Su indiferencia absoluta rayaba casi la mala educación, pero Hermione no se inmutó y decidió seguir su ejemplo, acomodando sus útiles sobre el banco en silencio.

Fue entonces cuando Albus Dumbledore decidió hacer su aparición en el salón de clases. Cerró la puerta descuidadamente y comenzó una pormenorizada explicación teórica de la transformación humana, mientras Hermione tomaba apuntes, a pesar de estar muy versada en el tema. La chica levantó la vista para mirar hacia su derecha, donde su compañero de banco garabateaba en su propio cuaderno con su letra elegante. Era impresionante ver a Riddle en su faceta encantadora, pretendiendo estar sumamente interesado en lo que los profesores decían, tomando notas y respondiendo todas las preguntas. Sin embargo, no llegaba a ser adulador, Hermione suponía que porque su propio orgullo no le permitía ocupar el lugar de un simple admirador.

La voz de Dumbledore resonó cuando preguntó a la clase cuáles eran los tipos de magia de transfiguración humana. Como todo el mundo esperaba, Riddle alzó la mano lentamente, seguro de ser el único en hacerlo. Casi aburrido, como si resultara obvio, caracterizó minuiciosamente a los metamorfomagos y animagos. Hermione esbozó una sonrisa de suficiencia y a pesar de que hasta ese momento había tratado de mantener un perfil bajo, alterando los acontecimientos lo menos posible, levantó la mano. En vista de que de todas maneras iba a cambiar el futuro, decidió demostrarle al arrogante de Riddle que ella era alguien a tener en cuenta.

Dumbledore asintió ante la respuesta de Riddle, y si se sorprendió al ver otra mano alzada después de la excelente explicación que él había hecho, no lo demostró en absoluto. Solo esbozó su sonrisa característica y le dio la palabra a Hermione.

-De hecho, actualmente -fue necesario un cálculo rápido para estar segura de que no iba a predecir nada aún no descubierto, robándole el papel a Trelawney- existen ciertas diatribas, pero se ha incluido a los hombres lobos en esta categoría, puesto que su transformación, aunque involuntaria, también tiene como objeto el cuerpo humano.

La sonrisa del profesor se ensanchó y cuando Hermione terminó, sumó 5 puntos para Slytherin por las muy precisas respuestas de los dos alumnos. Su compañero de banco apenas la miró con desdén y continuó con su tarea, como si estuviera solo. Supongo que lo de chocar los puños y festejar los 5 puntos queda descartado, entonces, pensó la chica con sorna.

Una tensa hora después, Hermione estaba fuera del aula de Transformaciones dirigiéndose a la clase de Defensa contra las Artes Oscuras. En esta ocasión llegaron temprano, tal vez demasiado, y pudieron elegir sitio, así que Caroline y Hermione se ubicaron en los pupitres detrás de Ágatha y Barbra. A medida que el tiempo pasaba, más gente iba llegando. Mientras Caroline le contaba sobre el Ravenclaw que se había sentado con ella en Transformaciones, un tal Dean Davies, Hermione notó, mirando por el rabillo del ojo, que curiosamente el séquito (como ella había decidido apodar a los seguidores de Riddle) había llegado sin su líder, que llegó al aula con el tiempo justo y se sentó junto a Roger Lestrange con aire frustrado.

Inmediatamente, Galatea Merrythought hizo su aparición y comenzó con su clase. Hermione no podía menos que escucharla, a pesar de ya saber perfectamente el hechizo del que la anciana mujer hablaba, era imposible con su manera amena y atrapante de enseñar. Sus clases parecían pasar volando, completamente absorta en los nuevos contenidos.


Definitivamente algo está pasando con Tom Riddle, algo que se me está escapando.

Y es que efectivamente, Riddle no había aparecido por la Sala Común hoy, y tampoco recordaba haberlo visto en los últimos días. Lo que hizo evidente que algo estaba sucediendo, fue no verlo esa misma noche, rodeado por sus seguidores en el Gran Salón. Hermione siguió revolviendo lentamente la comida, intercalando algunos bocados, cuando una de sus compañeras habló.

-Aún no puedo creer que Dumbledore nos diera de tarea una redacción de diez centímetros de largo-suspiró Ágatha, mientras apartaba su plato, que apenas había tocado.

Barbra se rió entre dientes del aire sufrido de la rubia y le respondió que lo peor de todo era que lo había dicho con una sonrisa, mientras les deseaba un buen fin de semana.

-Un buen fin de semana dijo, ¡cómo si no nos acabara de dar el trabajo más largo de lo que va de año escolar!-siguieron quejándose sus compañeras. A Hermione no le afectaba, había hecho trabajos incluso más largos cuando Snape no tenía un buen día, pero lo dejó estar y soltó algún bufido y exclamación de protesta para no iniciar una conversación que no le interesaba mantener.

Cuando hubieron terminado de cenar, volvieron a la Sala Común, que parecía acogedora y luminosa en comparación a los pasillos de las Mazmorras, siempre oscuros, fríos y sepulcralmente silenciosos. Todas estaban agotadas, así que se retiraron poco después a su habitación; mañana, Viernes, sería una historia totalmente distinta, pero hoy debían descansar.

Hermione se acostó en su cama, la más apartada, y cerró los ojos. Sin embargo, no pudo dormirse instántaneamente, algo la perturbaba y le impedía desvanecerse en brazos de Morfeo, como hubiera querido. Dio vueltas en la cama hasta volver el cubrecama esmeralda y plata y las sábanas de seda un completo desastre. Ni siquiera cuando al fin pudo dormirse logró relajarse; cuadernos antiguos, rayos verdes y serpientes se mezclaron en una espiral de pesadillas que no le permitieron pegar ojo en toda la noche.


No podría precisar de qué habían ido sus pesadillas de la noche anterior, pero aún así, Hermione conservaba el regusto amargo y la sensación opresiva de sus sueños. Estaba en camino hacia los invernaderos y nuevamente no llevaba demasiado el hilo de la conversación, que parecía rondar en torno a los problemas de una pareja de séptimo que no conocía. Había algo que daba vueltas en su mente, sin poder descifrarlo; casi podía escuchar los engranajes de su cerebro funcionando a toda velocidad. Estaba exactamente en el mismo estado taciturno que Riddle...¡ESO ERA, RIDDLE!

Por suerte ya habían alcanzado el invernadero, y estaba a sentada junto a Caroline, porque si no se hubiera quedado estática mientras caminaba. Repentinamente, sus sueños cobraron sentido, y la condensación se hizo evidente. Una sola palabra venía a su mente: Horrorcrux. No podía creer que algo tan obvio le hubiera pasado casi por debajo de las narices y no lo hubiera notado.

Si la escasa información que Harry les había dado sobre Voldemort en su juventud era correcta, y sus cálculos no fallaban, entonces Tom Riddle ya había abierto la Cámara de las Secretos y ya la había cerrado también, en su quinto año. Sin embargo, el recuerdo de Slughorn sobre los Horrorcruxes se ubicaba en sexto año, el período en el que ella se encontraba ahora. Obviamente, Riddle estaba investigando la forma de crear un Horrorcrux, si es que no la había descubierto ya. De hecho, puede que el cuaderno de tapas negras no fuera otro que el diario que Harry había destruido en segundo; aunque no pudiera estar segura de ello porque en ese momento Hermione había estado en la enfermería.

El profesor Beery ya había entrado a la clase, sin embargo Hermione aún seguía envuelta en sus maquinaciones. No tenía idea de cuán avanzado podía estar Riddle ya en la creación de los Horrorcruxes, pero era primordial que se apresurara a averiguarlo y hacer algo al respecto. La historia no podía repetirse de ninguna manera, además de que matarlo cuando ya haya creado un Horrorcrux va a resultar bastante más difícil, sugirió una voz calculadora dentro de su mente. En un estado casi catatónico siguió las intrucciones para tratar con la Mimbulus Mimbletonia, apenas cuidando que el líquido nausebundo que liberaba la planta no la rozara.

El resto de la hora pareció pasarse volando, mientras Hermione repasaba la poca información que tenía sobre el comportamiento de Tom Riddle en sexto año. En vista de que no podía detenerlo de abrir la Cámara de los Secretos o de acabar con la vida de Myrtle, iba a tener que encargarse de que no creara un Horrorcrux. Definitivamente, debía evitar, tanto como estuviera a su alcance, que Riddle tuviera la oportunidad de interrogar a Slughorn sobre el tema. Sin embargo, recordaba que Harry había mencionado alguna vez que solo recurrió a Slughorn como una especie de confirmación de su teoría, para comprobar si era factible la división del alma en 7 partes, pero al parecer había tomado la idea de alguna otra fuente y se había informado sobre el proceso de creación de los Horrorcruxes.

Lo primero que tenía que hacer era rastrear en los libros de la Sección Prohibida aquellos que fueran demasiado ilustrativos sobre el tema y buscar alguna manera de que Riddle no llegara a ellos si no lo había hecho aún, lo que dudaba bastante. También tendría que encontrar algún plan B para detenerlo si ya tenía la información necesaria y, en el peor de los casos, un plan C para destruir el Horrorcrux si es que ya lo había creado.

Muy decidida, aunque sin ningún plan trazado para llevar adelante su misión, Hermione salió velozmente de la clase, con una vaga excusa para sus compañeras relacionada con el informe para Dumbledore. Tenía mucho que hacer.


Mucho tiempo después, vuelvo a aparecer acá, se qué no tengo perdón por dejar tanto tiempo la historia en standby, pero tampoco fui capaz de abandonarla completamente. No les prometo que de ahora en adelante voy a actualizar con regularidad porque sería una espantosa mentira, o un buen propósito que desde ya, todos sabemos que no voy a cumplir.

Me gustaría hacer algunas aclaraciones respecto a la línea temporal, porque a pesar de elegir una pareja bastante lejos del canon, me gustaría que la historia se mantuviera lo más canon posible. Tom Riddle empezó en Hogwarts en Septiembre de 1937, habiendo nacido el 31 de Diciembre de 1926. Según esas fechas, empezaría a cursar sexto año en Septiembre de 1942, fecha en que llega Hermione. Los registros dicen que Tom abrió la Cámara de los Secretos, y en consecuencia, mató a Myrtle, en su quinto año (aproximadamente en Junio de 1942 se expulsa a Hagrid), y a partir de ahí empiezan los desacuerdos. Según la fuente, varía el orden de los Horrorcruxes (si el diario o el anillo) y la fecha del homicidio de la familia Riddle (que algunos ubican en el verano previo a sexto y otros en el verano previo a séptimo). El recuerdo de Slughorn, estaría ambientado en sexto año, lo que nos da la idea de que Tom no creó Horrorcruxes hasta sexto. Por esto, (y para facilitar el desarrollo de esta historia) tomo como primer Horrorcrux al diario, que albergaría una parte del alma de Tom a partir de principios de 1943. Si notan alguna incongruencia o error, o les surge alguna duda, por favor no duden en escribirme.

Los personajes de la época son, algunos (los canon), apenas mencionados por sus apellidos, casos en los que el nombre es completamente inventado, y en otros, sus identidades son absolutamente creación mía.

Por último, y a modo de cierre, muchas gracias a quienes leen esta historia, la comentan o la siguen, gracias por darnos una oportunidad. Espero les haya gustado, nos leemos!