Nota: Pido disculpas por la demora, y subo este pequeño pero significativo capítulo por varias razones:

Porque ya era necesario revivir el fic, tenía pensado actualizarlo en las vacaciones de diciembre, pero la espera se me hacía ETERNA.

Porque hoy sentía que iba a morir con deberes, y necesitaba quitarme tanta presión y frustración de encima, y no conozco otra manera de hacerla si no es ésta; además, iba a tener una diarrea mental si se morían las ideas dentro de mi cabeza, y sinceramente no me apetecía escribir nada oscuro (eso lo tengo reservado para el siguiente capítulo. Así que espérense lo peor de lo peor para la siguiente entrega), y el resultado ha sido este:


Una de las puertas principales del segundo piso se abrió y las bisagras no emitieron ningún chirrido como se esperaría de las viejas casonas, en su lugar, una mujer joven y de cabello obscuro se adentró a la habitación y se detuvo frente al enorme ventanal que se extendía del suelo al techo dando cara a la mañana.

La chica le echó un vistazo a la cama y le sonrió con ternura al "bulto" que se hallaba agazapado entre las sábanas, después arrugó la frente y corrió con ímpetu las cortinas que detenían los rayos del sol y dejaban el cuarto en penumbra. Misaki curvó los labios en una media sonrisa y sus ojos avellana fulguraron ante el anómalo resplandor que el sol emitía a tempranas horas de noviembre.

La luz se coló y comenzó a inundar cada rincón del cuarto. La joven se hizo a un lado y se dirigió a la cama donde reposaba el pequeño cuerpo de Hikari. El halo de luz siguió avanzando iluminando cada centímetro de las sábanas color perla hasta dar de lleno en su bonito rostro. La pequeña apretó los ojos como reacción al ligero escozor que le produjo y se echó una sábana encima, haciéndose un ovillo.

—¡Arriba! —dijo Misaki con voz suave— Es hora de levantarse.

—Hm… —se removió la pequeña Hikari y se dio la vuelta quedando boca abajo— cinco minutos más, Misaki-san —musitó y se volvió a remover hundiendo su rostro en la almohada.

Misaki colocó las manos en jarra y frunció el ceño. Se quedó quieta y una idea se le vino a la mente. Volvió a sonreír relajando los músculos de la frente y desinteresadamente murmuró:

—Muy bien, si quieres dormir puedes hacerlo. Pero le diré al señor Uchiha que estás muy cansada para ir a recibirlo…

Y aquella frase a medio terminar obligó a la pequeña a aguzar el oído y a abrir los ojos de par en par. ¿Había escuchado bien?

—¿Cómo? —dijo exaltada— ¿Papá regresó?

Hikari se levantó de golpe y volvió la mirada hacia la mujer. Hiromi sonrió y asintió con un movimiento de cabeza.

—Sí, hace unos minutos —le comunicó.

—¿Por qué no lo dijiste antes? ¡Haber empezado por ahí! —exclamó la niña deshaciéndose de las sábanas y del edredón— ¡Papá regresó! —dijo con euforia al momento que daba un brinco de la cama, y segundos después, Misaki la observó emprender una carrera desesperada en dirección al enorme vestíbulo del primer piso.

Hikari bajó rápidamente, saltando de dos a tres escalones. Dio la vuelta agarrándose del pomo al inicio del barandal y sus grandes ojos verde berilo se iluminaron al ver el perfil de su padre parado frente a ella, con su porte elegante y característico al final del pasillo.

El corazón le comenzó a latir frenéticamente al verlo enfrascado en su traje de lino oscuro y envolviendo a su madre por la cintura.

—¡Papá! —gritó colmada de júbilo y éste se giró instintivamente.

Al verla corriendo hacia él, esbozó una sonrisa y extendió los brazos, que a la pequeña de cabello azabache le parecieron alas.

Itachi la cargó y Hikari lo abrazó del cuello ocultando su rostro entre el cabello de su padre. Aspiró profundamente y su aroma le produjo una tranquilidad beatífica, añorada durante ese largo mes que había estado ausente. Sakura se acercó a ella y le acarició las hebras negras con suavidad, mientras Itachi la sostenía con una mano y con la otra la rodeaba por la espalda.

Cerró los ojos y se permitió sentir el abrazo aferrado de su hija. Escuchó su sollozo ahogado mojándole el hombro de la camisa y el interior se le oprimió.

—Tranquila —dijo en voz baja, para reconfortarla.

La pequeña apoyó su cabeza sobre el hombro de su padre como para asegurarse que era real, y minutos después se desprendió ligeramente para tallarse con el envés de la mano los ojos y eliminar todo vestigio de lágrimas de sus mejillas. Itachi la observó erguirse serenamente ante él después del momento de debilidad que había tenido, y un orgullo infinito lo embargó.

—Lo siento…

—¿Por qué?

—Y-yo, no quise mancharte la camisa —atinó a decir aún con los ojos vidriosos. Acomodó un mechón de su cabello detrás del lóbulo de su oreja y los ojos oscuros de Itachi la miraron con adoración.

—¿Eso significa que me extrañaste? —Hikari sonrió tiernamente y asintió.

A pesar de tener nueve años era increíblemente inteligente para su edad, desde pequeña había demostrado que no era (ni de lejos) como los demás niños. E Itachi sonrió con suficiencia, como se esperaría de su hija, por cuyas venas corría en su forma más pura la estirpe Uchiha.

Aunque era cierto que había heredado los ojos, la nariz respingada y la piel blanca y tersa de Sakura; el cabello y la personalidad indudablemente eran de él. Y no había nada más que discutir: Uchiha hasta la médula. Y la certeza de ese hecho hacia queItachi sintiera el pecho colmado de inexistente modestia mal disimulada cada vez que decía que Hikari era un versión mejorada de él.

No obstante, se ahorraba los comentarios frente a Sakura, sabía que a ella no le agradaban los comparativos entre familias, su hija era su hija y punto, y las familias nada tenían nada que ver.

Sin embargo, Sakura se daba cuenta, notaba claramente como padre e hija se vanagloriaban de dicha cuando hablaban del otro, y ella sólo rodaba los ojos y se daba la vuelta dejándolos "ser". Así eran felices. Reconociendo cualidades en el haber de otro.

Son unos pretenciosos —había murmurado Sakura meses atrás, con los brazos cruzados y el ceño fruncido detrás de ellos.

Hikari había sido la primera en reaccionar, volteando a mirarla sin comprender; parpadeando reiteradamente, como si sopesase las palabras de su madre con cuidado.

No, mamá, no somos pretenciosos —había contestado la pequeña, con voz seria y segura, para agregar con una sonrisa—: Somos Uchiha's.

El rostro de Sakura se había descompuesto al instante, al ver como la nariz respingona de su hija apuntaba al techo, hinchada de orgullo.

Vámonos, papá. Mamá tiene mucho en qué pensar.

E Itachi increíblemente se había levantado con ella en brazos, totalmente divertido.

Simplemente no puedo —había murmurado en un gruñido, rodando los ojos para después dejarlos solos—, es demasiado para mi.

Sakura guardó silenció y les dedicó a ambos una sonrisa significativa. Mientras Itachi abrazaba a Hikari, ella se internaba a la cocina dispuesta a hacer el desayuno, suponía que ambos tenían muchísimas cosas que decirse, demasiado con qué ponerse al tanto que por un buen rato no haría falta entre ambos, al menos hasta que sintieran hambre y ella volviera a existir.

—Inari, el hijo de los Inuzuka, no deja de verme en clases… —musitó Hikari, con las cejas unidas finamente.

Sakura sonrió, porque a pesar de estar en la cocina, aún podía escucharlos perfectamente.

—¿Eso es lo que tanto te molesta? —había inquirido Itachi.

—Sí, es… incomodo…

—¿Y Tienes algún plan?

—No, bueno… sí, pero no le digas a mamá, ella dice que siempre debemos ser amables con las personas, pero tío Sasuke me dijo que siempre que se acerque me haga la ocupada para ver si así me deja en paz, pero no funciona, y a veces me sonríe…

Sakura movió la cabeza de manera negativa y volvió a sonreír, porque aunque ella no lo aceptara abiertamente, hacía exactamente lo mismo que ellos con todo el mundo: presumía a su familia, y no podía evitar estaba igual o más orgullosa de ambos, porque al final de cuentas, como acertadamente había dicho su hija: eran Uchiha's.

Y era imposible no sentirse orgullosos de serlo.


Si tienen algún comentario, me encantaría saberlo, eso ayudaría a mi desahuciada musa a repeler la frustración de los últimos días. Y sin más, hasta la siguiente, chicas