¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.

Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Principio 14 para ver y entender Manga: Habla quieto y pilotea un mecha GRANDE.

Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 2: Señales Extrañas.

Santuario de Athena. Star Hill.

Misma noche. 14 de marzo. 2 horas después.

Shion volvió a quitarse los anteojos, se pasó las manos sobre la cabeza y despeinó frenéticamente su cabello. Volvió a repasar sus ecuaciones y a revisar sus notas. Se puso de pie, tomó su libreta de apuntes, y se acercó a su lugar de observaciones, fijándose con particular atención en las estrellas. El hecho que no hubiera luna le facilitaba el trabajo, pero no estaba muy seguro qué era lo que estaba observando. Anotó algunas nuevas observaciones en su libreta y volvió a fijar su vista en la misma dirección. Cerró los ojos y concentró su cosmos.

¡Todo iba tan bien! Hasta hacía unas horas, lo único que había observado en el firmamento habían sido los anuncios de dos nuevos aprendices, uno para la armadura de plata de Perseo y el otro para la armadura dorada de Cáncer. ¡Jeje! Hasta se había reído al pensar en la expresión que Máscara le pondría cuando le dijera que tendría un aprendiz, pero entonces todo se había puesto cada vez más y más turbio. Había sido como si de un momento a otro, los cielos cambiaran de opinión y decidieran anunciar algo de golpe. El cambio había sido muy evidente, tanto que Shion sintió náuseas.

Apretó los ojos. Algo venía… algo se acercaba. Una podredumbre pareció invadirle las fibras, al punto que el Patriarca tuvo que luchar contra la ansiedad y deseos de vomitar que de pronto le invadió el esófago. No echó pie atrás y porfió en encontrar aquello que estaba fuera de lugar, aunque no sin trabajo. Frunció el ceño y apretó los puños: ya había olvidado la última vez en que concentrarse en su meditación le había costado tanto trabajo.

Pero Shion es Aries, y encima de los tercos. Cuando se propone algo, o lo consigue o lo consigue, sin matices grises, y ese día no sería la excepción. Elevó su cosmos y se concentró todo lo que pudo en esta extraña sensación, pese a que ese olor fétido y podrido persistía. Se sintió desfallecer, pero no se la ganaría. Entonces abrió los ojos…

Ahí estaba. Estampado en el cielo, tan claro que no tenía que hacer mucho esfuerzo en detectarlo.

¿Qué era lo que estaba observando? Shion ladeó la cabeza con curiosidad. Quizás tendría que dar aviso al observatorio civil más cercano, si es que no lo hubieran detectado ya. Era un punto rojo, o naranja. No era el planeta Marte, imposible que lo fuera, dada las coordenadas a las que estaba mirando. Tampoco era un punto estático, se movía, pero no como cualquier astro del cielo: parecía tener vida propia. Y emanaba malicia. Una malicia tal, como no la había sentido en siglos. Shion concentró su cosmos, algo molesto, sin descuidar un solo segundo esta extraña señal.

De súbito, sintió un poderoso golpe del cuál estaba desprevenido. Pero no cayó al suelo. Algo pareció oprimirle el corazón al tiempo que era sujetado por otra fuerza sobre sus pies y que la sensación de asquerosa fetidez se hacía todavía más maloliente y persistente.

"¡NO FASTIDIES!" Dijo una voz gutural y estereofónica, que resonó dentro de su cabeza con tanta claridad que hasta estuvo convencido que rebotó en las paredes del templo–observatorio de Star Hill.

Entonces Shion cayó al suelo, desplomado por el esfuerzo, con el corazón a medio detenerse… despertó veinte minutos después, con la sensación de haber sido arrollado por un camión. Fijó su vista en el cielo, al mismo lugar y lentamente se incorporó…

… la cosa esa seguía allí.


Coliseo. Día siguiente.

15 de marzo. 11:00 am.

¡ZAPE!

Máscara Mortal le propinó un repentino zape a Aioria detrás de la nuca, haciendo mutuo el sentir de los demás santos dorados que allí había. El santo de Leo acababa de relatar lo ocurrido la noche anterior en el bosque… y por supuesto casi todos estaban escépticos.

"¡Ustedes Dos Fumaron de la Verde y de la Mala!" Exclamó Máscara molesto. "No me vengan con cuentos que no me los creo: al menos traten de ser más originales la próxima vez."

"¡Maldito seas, Cangrejo!" Gruñó Aioria sobándose la cabeza. "Allá tú si no me crees, pero yo sé bien lo que vi anoche. Aioros también lo vio."

El santo de Leo señaló a su hermano, quien desde la noche anterior parecía estar en otro mundo. En un mundo en donde todo es feliz… aunque a ratos se entristecía, pues no sabía si vería de nuevo a Fantasma.

"¡Por supuesto que la vi!" Exclamó Aioros alegre. "Ella tenía los ojos más bellos que he visto en mujer alguna."

"¿Dijiste ella?" Preguntó Máscara, alzando las cejas, de súbito interesado.

"¿Dijiste ojos lindos?" Preguntó Shura, quien había estado intentando sacarle información a su compadre desde temprano.

"Sí, dije ella. El Fantasma del Bosque es una chica. La más hermosa de todas." Explicó Aioros, sin pensar en lo que decía.

"¡QUE MALA LECHE! Casi siempre hago mis rondas de Santuario en el bosque y NUNCA me he topado ni siquiera con una amazona." Gruñó Máscara.

"Eso es porque te evitan, Máscara." Se burló Aioria. El santo de la cuarta casa lo maldijo entre dientes.

"Anda, hombre, así que lo que te tiene en las nubes es una chica, ¿eh?" Rió Shura de buena gana. "Lástima que no sea real. ¿Le viste bien?"

"Ja. Claro que la vio bien." Dijo Aioria divertido. "La Observó muy de cerca. MUY de cerca y por MUCHO rato, bien fijo a los ojos. La tipa esa es muy real."

"¿Qué tan de cerca?" Preguntó Máscara.

"¿Cómo es la chica?" Preguntó Shura.

"¿Le viste el trasero?" Añadió Máscara.

"Estuve a medio metro de ella." Comenzó Aioros muy relajado. "Es bajita y parece una muñeca de porcelana."

"Es muy fuerte, por cierto." Intervino Aioria. "Esquivó mi golpe y me hizo a un lado de súbito: es hábil y tiene buenos reflejos."

"No quiero ese tipo de datos técnicos: me interesan las características de la carrocería." Gruñó Máscara.

"¡Qué vulgar eres, Máscara!" Protestó Afro, quien hasta ese momento había estado muy callado y ensimismado en la contemplación de una de sus rosas.

"¡Nadie te preguntó, Anchoa podrida!"

"NO interrumpan a mi compadre y dejen que continúe." Protestó Shura.

Aioros estaba como en otro mundo. Fantasma, pese a los escasos minutos en los que habían estado cerca, le había causado una impresión más profunda de la que se imaginaba él mismo, pero que disfrutaba complacido. La chica en cuestión era de su tipo, de todo su gusto. Y aunque hubiera sido una gorda de ciento treinta kilos, con bigotes, mal aliento y un ojo supurante, Aioros la habría creído la mujer más bella de la creación. El santo de Sagitario comenzó a describirles a Fantasma, tal y como él la había visto, lamentándose de no tener muy claros los demás detalles… por ejemplo, sus ropas, que habían estado parcialmente ocultas por su capa.

Mientras Shura, Máscara y Aioria oían la versión de lo ocurrido de boca de un demasiado alegre Aioros, Afro estaba distraído. En sus manos había una de sus rosas normales, la cual parecía brillar de contento. La flor en cuestión era una de las más bellas que el santo de Piscis había cultivado. Si ya estaba orgulloso de sus premiados rosales, no sabía qué pensar ahora: o se ponía a babear de gusto o a llorar de desconcierto.

"¿Algo pasa con tus rosas, Afro?" Le preguntó Shaka de improviso, quien también estaba allí presente desde temprano. Afro casi pegó un salto, ya que no esperaba que Shaka le hablase.

Es más, no esperaba que Shaka hablase en lo absoluto. Al santo de Virgo no le gustaban las rondas de Santuario, pues no podía meditar en paz. Prefería la privacidad de la sexta casa para eso. Así que cuando estaba en estos trámites, por lo general se mantenía callado, a menos que fuera demasiado valiosa su intervención.

"Nada. Eso pasa." Afro suspiró desconcertado. "Es que nunca antes había visto a mis rosas tan… preciosas." Explicó pensativo y orgulloso. "¿No ves que esta rosa se ve distinta?" Le preguntó mientras le enseñaba la PRECIOSA rosa roja que tenía en sus manos. "¡Es una obra de arte!"

"Si tú lo dices." Dijo Shaka sin ninguna emoción. Para él, la rosa no tenía nada de excepcional. Pero en vista y considerando que quien decía tal cosa no era otro que Afro de Piscis, el jardinero más exigente de este lado del mundo, entonces algo de excepcional tenía que tener dicha rosa. "Pero si está tan preciosa como dices… ¿porqué te noto inquieto al respecto? Creí que te esforzabas por encontrar la rosa perfecta."

"No sé si preocuparme." Afro se mordió una mejilla, intrigado. "Es que este año, las cosas están extrañas para mi jardín en general." Explicó muy serio. "Desde el invierno que mis rosales florecen con una ferocidad nunca vista y sin parar. ¡Ni con salitre florecen tanto! Incluso hay veces en que juraría que hay más rosales de la noche a la mañana. Por otro lado… este año los áfidos no han atacado mis flores, y sabes que siempre tengo problemas con esos malditos bichos del averno." Concluyó el santo de piscis, sin dejar de mirar la rosa.

Shaka estuvo a punto de abrir los ojos. Lo que Afro acababa de relatarle parecía como un cuento de ficción… y tendría sus dudas al respecto si no estuviera pasando por una situación similar.

"Qué curioso… curioso que digas eso." Dijo Shaka casi en un susurro. Afro le miró intrigado. "Es que desde enero que mis árboles están… contentos. No sé… están más frondosos y han florecido sin parar y sin que les ponga nada de fertilizantes. Hasta se podaron solos: botaron las ramas que no les servían."

"O es una gran coincidencia o le pusieron algo al agua. Porque el bosque de Athena también está precioso como nunca antes lo había visto." Comentó Afro. "En todo caso no me quejo: estas rosas son tan bellas que llenan el alma."

"Sí, como no… estas rosas son tan bellas que llenan el alma." Imitó Máscara a Afro. "¿Qué les pasa a ustedes dos? ¿Acaso comparten trucos de jardinería?"

"Bah. Prefiero eso a tener que oír como describen a una chica como si se tratase de un pedazo de carne." Gruñó Afro.

"Fantasma no es un pedazo de carne. Es un ángel de ojos azules, bello y delicado." Suspiró Aioros divertido. "Mucho más interesante que un montón de plantas."

"Juraría que acabas de describir a uno de los sirvientes de Artemisa, mi buen amigo." Intervino Shaka.

"¿Por qué los sacas a colación?" Preguntó Shura travieso.

"¿Es que acaso te gustan, Shaka?" Rió Máscara.

"¡Uuh, no me lo habría esperado de ti!" Aioria comentó al aire. Una venita comenzó a inflarse en la frente de Shaka.

"Es que con todo el tiempo que pasa encerrado." Añadió Máscara.

¿Qué es lo que se atrevían a insinuar estos dos? Muy bien, eso fue el colmo. Shaka frunció el ceño, apretó la mandíbula y abrió uno de sus bellos ojitos azules, esos que nunca muestra, a menos que sea para quitar algún sentido. Y en este caso los que se llevaron el premio fueron Aioria y Máscara: de pronto este par descubrieron que no podían hablar. Sin duda el más afectado fue el santo de Cáncer, quien comenzó a agitar los brazos, a proferir mudas amenazas y a desesperarse sobremanera: italiano es al fin y al cabo, y su voz es su medio de expresión, así que imaginen como se sentía el pobrecito. Casi se puso a correr en frenéticos círculos alrededor de sus compañeros cual dibujo animado.

Aioria en cambio, se puso de pie, se llevó las manos a la garganta e intentó por todos los medios intentar sacar algún sonido de sus cuerdas vocales, pero estas se quedaron mudas. Cuando vio que no lograría nada de ese modo (y golpear a Shaka no era una opción), el santo de Leo pasó su mirada desde su hermano, quien nada más se encogió de hombros, a Shaka, que seguía muy enojado y había asumido una molesta posición de meditación, mas era evidente que meditando no estaba, sino intentando calmar sus iras: el gruñido apagado de sus labios, el ceño fruncido y las muchas venitas pulsantes eran testigos de esto.

"Bah. Quizás dentro de dos horas me sienta generoso y les devuelva el habla." Gruñó Shaka, poniéndose de pie, y un ligero tic en un ojo. "No lo sé, tengo que pensarlo mejor."

"Te pido que disculpes a mi hermano, Shaka: ya sabes. Las malas influencias." Rezongó Aioros, divertido con el predicamento de Aioria y Máscara de la Muerte, quienes le miraban suplicantes y ofuscados.

"¡Jo! Que bueno que no les seguí el juego." Suspiró Shura aliviado.

En eso, Camus de Acuario llegó corriendo hasta el coliseo, todavía acomodando su armadura. Esta llegada desvió la atención del grupo al recién llegado: habría regresado al Santuario hacía no más tres días de su luna de miel, y estaba teniendo algunos problemas de adaptación. De hecho, Shura le estaba reemplazando en lo que llegaba. Todos los santos presentes le sonrieron, como anunciando que se lo comerían a bromas de un momento a otro… pero Camus no se dio cuenta a tiempo (tenía la cabeza ocupada en otras cosas). ¡Ay Cómo se Lamentaba Máscara de No Poder Hablar!

"Disculpen la demora, me fue inevitable." Se disculpó mientras aseguraba su capa. "Todavía no me acostumbro al cambio de hora."

"Sí, como no." Shura le dio un codazo a Aioros. "El cambio de hora es un problema."

"Toda la razón. Lo que me extraña es que Camus ya debería estar acostumbrado. Siempre pasa a zonas horarias MUY extremas." Comentó el santo de sagitario, algo burlón.

"Nadie los obligó irse tan lejos. ¿Cuánta diferencia horaria tenemos con Papeete? Ese cambio de hora sí da problemas." Añadió Shaka.

"¡Por Athena, Camus!" Exclamó Afro. "¿Te caíste de la cama y te viniste o es que estás durmiendo muy poco?"

"¿Huh?"

"¿Qué tal está Alsacia?" Le preguntó Aioros. "¿Se acostumbra a Acuario?"

"Cierto. No la vi pasar esta mañana por capricornio." Shura dijo al aire. "Seguro la dejaste muy dormidita en vuestra cama."

"¡Ese es mi vecino!" Exclamó Afro alzando un puño.

"¿Se puede saber qué fue lo que te retrasó, Camus?" Preguntó Aioros, fingiendo inocencia. "Tú solías ser más responsable."

Camus, quien producto del sueño no había respondido nada, aunque ganas no le faltaban, frunció el ceño y se cruzó de brazos. Reprimió un bostezo que le habría granjeado más burlas y carraspeó molesto en su lugar. Si hubiera dependido de él, se hubiera quedado en casa, con su nueva esposa a tener que soportar este tipo de burlas, pero bueno, podría ser peor. Los santos dorados presentes le miraban ansiosos, como esperando algún gesto del cuál sacarle partido para poder reírse a costillas del francés.

"No es de tu incumbencia, Aioros. Me retrasé y punto. No se habla más." Dijo muy serio.

"¡Ese Genio! Ni que estuvieras con la Luna." Rió Shura. "Ese toro enamorao' de la luna…" Una bola de nieve se estrelló en la cabeza del español, quien cayó al suelo, envuelto en risas.

"¡No me busques, que me encuentras!" Gruñó Camus.

"Jejeje, relájate, amigo mío." Rió Afrodita. "No le hagas caso: ocurre que tienen envidia de tus retrasos."

"…"

"Jajaja, Te está pasando muy seguido estos días. Ya me debes tres guardias matinales con esta." Dijo Shura muy tranquilo, sentándose en su lugar. Camus se sonrojó un poco.

"Gracias." Dijo rápidamente: tenía ganas de salir de tan incómoda situación. Luego habría tiempo para responder, pero de momento estaba somnoliento. "¿Empezamos o no las rondas?" Añadió molesto. Aioros asintió.

"Te estábamos esperando." Aseguró Aioros. "Y ya que recordaste que tienes que trabajar… comenzaremos."

"Feh."


Recinto de Amazonas. Armería de Entrenamiento.

"15, 16, 17… no, esta no… 17, 18, 19 y… y… ¡20!" June revisó las actas que tenía con ella. "Con estas tenemos… 180 lanzas. ¡Súper! Creí que habría menos. Y tenemos… 2, 4, 6…12, 14… 18 lanzas inservibles."

June terminó de pasar inventario a las lanzas de entrenamiento. Si bien Athena tenía prohibido a sus santos que lucharan con armas, a menos que el santo de Libra determinase lo contrario, todos quienes estaban a su servicio debían saber usarlas. Estas lanzas que June estaba contando, y desechando, las usaban los aprendices.

La amazona dejó las actas sobre una repisa y tomó las dieciocho lanzas que se iban de baja, las cuáles sacó de la armería. Regresó al cabo de medio minuto, al mismo punto. Tomó las actas y se dispuso a dirigirse a otro sector de la armería: aún no terminaba el inventario, pero al menos tenía tiempo de sobra y ya le faltaba poco. Estaba desde hacía dos días en el mismo trámite. Nunca se hubiera imaginado que había tantas armas en ese sucucho que cariñosamente llamaban Armería.

"Ahora vamos a contar los escudos… ¿Dónde están los escudos? Yo los vi por aquí…"

"¿June?"

"¿Marín? HOLA."

La amazona de camaleón se sorprendió de encontrarse con Marín en ese lugar, a esa hora. La chica dejó lo que estaba haciendo y se acercó a su compañera, quien tenía varios sobres junto a ella, y se entretenía en leer una de esas cartas.

"No esperaba verte. Si hubiera estado un poco más desprevenida, me habrías dado un buen susto. ¿Qué haces?"

"Nada importante." Marín le sonrió, cosa que pasó inadvertida debido a la máscara. June se quitó la suya, revelando una gran sonrisa.

"¿Touma te escribió de nuevo?" Preguntó contenta. Marín negó con la cabeza, al tiempo que se quitaba su máscara.

"No… no es de Touma. Es una carta vieja…"

"¿De las que Aioria te escribía?" Preguntó con entusiasmo. Marín asintió.

"… seeee…"

Se produjo un minuto de silencio. Marín bajó la mirada hacia la carta que tenía en sus manos. June suspiró: desde hacía unos meses que su fría compañera estaba muy melancólica.

"¿Lo extrañas, verdad?"

"…"

"Que tonta soy, eso es obvio." June la miró a la cara, muy seria. "Disculpa que sea tan directa, pero si tanto le extrañas, deberías volver con él y echar el orgullo a un lado."

"…"

"¿Qué me dices?"

"Me muero por volver con él." Si bien a la amazona no se le movió un músculo, sus ojos estaban muy brillantes. "Estoy esperando algo de él… pero se está tardando mucho y eso me mata." Dijo mientras volvía su vista a la carta. "Nada mas… recordaba otras cosas."

June asintió y le puso la mano sobre el hombro. Marín tenía una frialdad muy cálida. Era muy severa y estricta, ¡Daba unas palizas temibles! Y no dudaba en actuar cuando debía hacerlo, con una frialdad asesina y certera, propia de las águilas… pero al mismo tiempo era soñadora y sensible como pocas personas, sólo que no dejaba ver esta faceta suya a nadie. La amazona de camaleón decidió dejarla sola, más por respeto que por egoísmo.

"Estaré dando vueltas por la armería. Tengo que terminar este puñetero inventario. Si me necesitas, ya sabes donde encontrarme."

"Gracias."

Marín observó cómo June se alejaba en busca de los escudos y se puso la máscara, agradeciendo que la dejaran solita. Sólo cuando la chica hubo desaparecido entre los estantes, Marín regresó a su lectura… suspirando.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Una Desafortunada Caída

sencillamente no dejaba de dar vueltas y más vueltas. Ya ni se acordaba dónde quedaba 'arriba' o 'abajo' de tantos tumbos que se pegaba. Estaba por completo desorientando y lo peor de todo es que no dejaba de rodar colina abajo…


PS: Si me porté mal con Shion, lo lamento de a de veras. Pero no se preocupen por él, que no le pasó nada serio, excepto oler la peor peste de la creación por mucho tiempo, y que su corazón le fallara: este ariano es más terco y resistente de lo que creen. Ahora… el que las plantas y árboles el Santuario tengan un comportamiento tan extraño, tiene una explicación. Y sí… en este fic, Camus y Alsacia llevan algunas semanas de casados… no puse la boda, porque mi Musa no encuentra ideas y está tan concentrada en otras que prefiero no molestarla. Espero que este mamotreto les haya gustado mucho. De momento… ¡GRACIAS POR LEER!

Brújula Cultural:

Papeete: Es un lugar real y está en la Polinesia Francesa. Aquí es donde Camus y Alsacia pasaron la luna de miel… ¡Que envidia me da!