DE ARDIDES Y MENTIRAS
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CAPÍTULO III
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Breves notas de la autora:
Mismos créditos financieros que en el capítulo I. Gracias a Cuencas Vacías por revisar el fic, aportar ideas y en fin, por todo. También agradezco a quiénes me dejaron un review, un follow o un favorite, en especial a aquellos a los que no les puedo agradecer directamente por no estar registrados. E inclusive doy gracias a quienes no los dejan pero que están siguiendo esta historia. ¡Gracias!
Este capítulo es diferente a los dos anteriores. No hay mucha acción, hay muchas y diversas aclaraciones en la historia familiar de Loki. Espero les guste el cierre del mismo –se ríe malvadamente.–
Cuencas Vacías me ha señalado que mi advertencia no calza con el capítulo pero en realidad la hago en general por todo el fic, no sólo por los títulos en que se divide. Alguna otra advertencia mayor, la haré ya de manera específica.
¡A leer!
ADVERTENCIA: Slash, M, MPreg, AU por todos lados, y demás.
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Capítulo III:
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Antes de partir nuevamente a la guerra en Alfheim, se celebraría un desayuno formal en el que participaría la familia real. El ejército norn–alfh que faltaba por derrotar podía hacer que se prolongara la ausencia del Padre de Todo y de su hijo. Loki acudió con su piel azul. Acompañó a su madrastra Farbauti. Hildetand no estaba presente, tras la boda se había marchado con el resto del ejército para alistarse. Cuando entró al pequeño salón donde se iba a celebrar pensó que algún demonio vengativo estaba haciéndole una mala jugada. No sólo estaban Thor y sus padres, sino también Sif y los progenitores de ésta. Thor le hizo una seña para que se sentaran a su izquierda, ya que a la derecha estaba su otra familia política. Laufey ya estaba presente sentado junto a Odín. El ambiente se tensó de una manera dolorosa, podía cortarse con un cuchillo y servirse como parte del desayuno.
El padre de Sif, Starkag, tenía un rango muy importante en el ejército de Asgard, era general de los berserkir, la caballería conformada de los soldados más aguerridos y temibles a los que pertenecía Hogun. Tenía una presencia segura e imponente y si aquella situación le parecía una broma de pésimo gusto, nada en su faz lo transmitió. Por el contrario, su esposa no decía nada pero sus ojos no callaban. Los jötun podían leer cada mota de desprecio en sus iris claro, que los miraron por un instante antes de decidir que no valía la pena continuar observándoles. Sif sonreía al lado de Thor pero se podía ver en la comisura de sus labios, lo tensa que se encontraba, aun cuando fuera difícil decidir qué le incomodaba. Otro que parecía actuar bastante bien era Thor, que por otro lado podía estarle dando igual aquella puesta en escena porque le guiñó un ojo a Frigga. La reina por el contrario, luchaba por estar seria. Una vez todos en sus lugares, la comida empezó a circular y todos comieron entre breves charlas íntimas. Loki captó el momento en que su padre se acercó un poco más a Odín, a quien además tenía a su izquierda.
–Ya que marchamos nuevamente a la guerra, he pensado que Loki podría regresar a Jötunheim a acompañar a Farbauti –empezó Laufey –ya que su hermano y yo nos encontramos ocupados, como segundo heredero podría ver lo que es necesario para el reino.
–Está bien, comprendo que su presencia sea necesaria en su país –dijo Odín sin que ni siquiera tuviera que insistirle un poco más, posiblemente porque no quería verle rondando más por Valaskialf. –¿Cuándo partirá? –Preguntó.
–Hoy mismo –respondió Laufey. Al aludido le pareció que era en lo único en lo que ambos reyes parecían estar de acuerdo.
–Me parece que ambos están olvidando que Loki ha contraído nupcias, ¿no es una decisión que deberían tomar los desposados? –Intervino Frigga. Como ella era la reina nadie osó contradecirla aunque el semblante de Laufey por un momento pareció perturbarse ante su intromisión, luego debió aplacar sus temores porque su rostro mostró confianza nuevamente. – ¿Loki, Thor? –Les preguntó la mujer.
Thor le miró a él, parecía a punto de decir lo primero que se le iba a cruzar por la mente por lo que Loki le tomó de una pierna apretándolo. Thor carraspeó un poco.
–No estoy de acuerdo. Entiendo que Loki tiene responsabilidades como segundo heredero pero así como mi madre se encarga de Asgard, seguramente Lady Farbauti puede hacerlo en Jötunheim. Si dicen que tengo derechos sobre él, debería estar dónde yo me encuentro. Quizás no ahora, pero me gustaría que nos alcanzara en el campamento –dijo mirando a ambos reyes –y también creo que es decisión de Loki ¿te quieres quedar aquí? –Le preguntó Thor directamente a él.
El dios del trueno no tenía ni idea del placer que le producía responder aquella pregunta.
–Sí, me gusta Asgard –respondió Loki –mi madrastra hace un excelente trabajo en Jötunheim, no quisiera intervenir en su reinado. –Casi podía escuchar como los dientes de Laufey rechinaban por el coraje, ya puestos también los de Odín. Y los de la madre de Sif.
–¿De verdad? ¿Y el príncipe Loki que funciones tiene en la corte? –Preguntó de pronto una voz que no había sonado en todo el desayuno y que era precisamente Lady Olenna –porque me gustaría saber entonces qué papel tiene mi hija –dijo eso con una enorme sonrisa, pero no se traslucía alegría en ella. El general Starkag la tomó de la mano, como si con ello pudiera borrar las palabras de su mujer. Sif en cambió apretó los labios, era obvio que esa plática ya la habían tenido.
–Lady Olenna, ya hemos hablado de esto –respondió amablemente Frigga. A Loki le hubiera gustado saber cómo había sido tal charla.
–Me gustaría que mi hija se quedara en la corte. Su padre la ha consentido permitiéndole entrenarse y apartarse del camino de una verdadera doncella. Su lugar no está en la guerra, y no es secreto que siempre temo que algo malo le pase; le pido por lo tanto a su esposo, que cuide de ella y le ordene quedarse en casa –pidió la mujer. Sus palabras llenas de seriedad parecían más bien una orden, al menos había aprendido del error de Laufey al intentar inmiscuir al Padre de Todo en aquel asunto.
–Siendo justos, Lady Olenna, le preguntaré a Sif si desea ir conmigo a la guerra o prefiere quedarse en Valaskialf –dijo Thor girando un poco el rostro para verla.
–Si intentas dejarme, tendré que vencerte nuevamente en combate –dijo Sif seria. Retando desde luego a su madre aunque pareciera que era a Thor.
Aquel desayuno no podía irse mucho más a pique, pero no podía esperarse un resultado diferente.
–Thor –llamó Odín, quien de momento no había dicho nada y quien podría llegar a tener la última palabra en aquella discusión. Levantó la mano, como si llamara a la razón e intentara calmar los ánimos que se producían en la mesa.
Thor se puso en pie.
–Lo siento padre –se disculpó, bien por interrumpirlo, bien por retarle. –Rey Laufey, Lady Olenna, entiendo la preocupación que sienten por sus hijos, que no desean que se queden en Asgard o por el contrario que partan a la guerra, pero ambos dejaron de ser sus hijos para ser mi pareja. Ustedes decidieron los matrimonios, y cada uno de los detalles, pero creo que ahora nos corresponde, decidir cómo haremos funcionar esto –les dijo. Tocó en el hombro a Loki, quien no tardó en aceptar aquella salida, junto con ellos Sif se puso en pie también. La chica se colgó del brazo de Thor mientras les hacía una seña de despedida cortés a los presentes; y a él, Thor lo alcanzó de una mano. Nada más salir de la estancia, los tres soltaron un suspiro.
De inmediato escucharon que se hizo un barullo en la estancia recién abandonada.
–Me has impresionado con tu discurso –dijo Loki.
–Menuda pareja estamos hechos –comentó Sif. La mujer se giró entonces a Loki, no habían hablado ni una sola ocasión anterior a esa, pero tarde temprano tendrían que cruzarse –Thor es el peor en el manejo de los modos de la corte. Soy Sif, hija de Starkag –dijo presentándose y estrechándole la mano.
–No es mi culpa –se defendió Thor.
–Loki, hijo de Laufey –dijo apretando su mano por igual. Ella no pareció afectada por su tacto frío.
–Thor no ha dejado de hablar de ti desde hace unos días, tanto, que pensé en acuchillarte para ver si eso lo silenciaba –dijo riendo. Una broma que podía sonar a reclamo pero a Loki le pareció que la mujer más bien era sinceramente directa. –Mejor movámonos, no quiero que me salpique la sangre de alguno de nuestros padres cuando salgan de ahí. No eres el único que tiene un padre que no deja de insistir en meterse en tu vida –añadió la mujer. Eso había quedado en claro.
Apenas habían dado unos pasos, cuando apareció Hogun que deseaba hablar con Thor. Éste se alejó unos metros para atender a su amigo, pero fue suficiente para que ellos dos se sintieran solos.
–Thor es mi mejor amigo, siempre me apoyó en el asunto de que una doncella podía ser una fiera guerrera. También es muy confiado con las personas a su alrededor, y no duda de nada de lo que dice, siente o piensa –dijo Sif sonriente –la que no es para nada confiada, soy yo –y en ese momento su semblante cambió por completo a uno totalmente serio. –Jamás lo había visto actuar como lo está haciendo, está prendado de ti Laufeyson. Si lo lastimas, te juro que te asesinaré y lanzaré tu cuerpo al vacío del Bifrost –dijo.
Su mirada y boca tensa demostraban que la amenaza era real. Loki le creyó, sin embargo su semblante no se perturbó. Le sonrió, de esa manera tan característica suya que hacía irritar a los demás.
–No olvidaré lo que me has dicho –respondió Loki pero no estaba dispuesto a dejarse amedrentar, no estaba en su naturaleza. –No son celos los que escucho, ¿es verdad que no lo amas? –Le preguntó directamente, ya que ambos decidieron tácitamente hablar sin rodeos.
–¿Quién te dijo eso? Seguramente fue Thor –masculló Sif, quien miró al aludido –las demás damas de la corte dirán que estoy loca pero es casi un hermano para mí. La boda fue predecible, el hecho de que resto se convirtiera en un trío fue la sorpresa –dijo, y luego ella misma negó con la cabeza. – ¿Y tú que sientes por él? –Preguntó.
–Apenas lo estoy conociendo –respondió Loki. Luego decidió que eso no podía ser todo lo que dijera. Él tampoco confiaba en Sif, no iba a contarle como si fueran confidentes lo que pasaba por su cabeza respecto al dios del trueno pero tampoco quería parecer un ente de hielo; sabía que no le convenía hacerse su enemigo –pero es fácil encariñarse con él –añadió. Las palabras salieron fácilmente, quizás porque no eran mentira.
Sif miraba hacía donde estaba Thor charlando con Hogun, por un momento pensó que miraba al rubio pero Loki se sorprendió al notar los ojos de la mujer posados sobre el compañero de batalla. No es que la guerrera fuera transparente, no dejaba traslucir casi nada en su expresión corporal pero como Loki sabía, los ojos eran el espejo del alma. Y precisamente porque él no la conocía, podía mirarla con atención. Desde luego que no podía amar a Thor si veía a alguien más. Y es que en los ojos de Sif, no había amor pero había tristeza. El breve encuentro entre los compañeros de batalla se terminó, y Thor volvió a su lado.
–Todo está listo para nuestra partida. Loki, estarás al lado de mi madre, como la vez anterior. Sif, tu caballo está listo, Hogun dijo que lo traería. –La muchacha asintió.
–Voy a ponerme la armadura. Loki, un placer conocerte y suerte en la corte, es peor que la batalla –dijo Sif. Se despidió de Thor dándole una palmada en el brazo. De pronto Loki tuvo la morbosa curiosidad de saber si ellos dos estaban acostándose, pero desde luego no lo preguntó.
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Se colocó al lado de Frigga, quién estaba muy seria. La conversación después de que ellos se fueran parecía no haber terminado bien, a pesar de que Olenna también estaba entre los nobles que despedían al ejército, Loki notó lo tensas que ambas se mostraban. Menos mal que Farbauti no se quedaría en Asgard, porque menuda delicia de habladurías hubieran creado las tres sin proponérselo, aunque era un favor decir que Farbauti era reina de Jötunheim, ya que su padre jamás la dejaba tomar ninguna decisión, la consideraba una bestia inútil. Laufey no se despidió de él, nunca lo hacía ni aunque los modales de la corte lo indicaran. Odín sólo tuvo ojos para Frigga. Sif se detuvo ante él, ambos se tomaron de las manos para dejarse deseos. Si es que alguien de la corte esperó que se asesinaran el uno al otro, lo habían defraudado. Por último Thor se paró frente a él, Loki lo escrutó con sus ojos rojos y adivinó que tenía deseos de besarlo pero se abstuvo de hacerlo.
–Diviértete –le dijo. Mientras Frigga le había deseado salud y que tuviera cuidado en la guerra, él le pedía que la pasara bien en una actividad que disfrutaba. Thor se rió. Lo tomó del cuello y lo aproximó tanto a sí, que pensó que había reconsiderado el besarlo. –Golpea a algunos alfh de mi parte, si puedes a algunos jötun, igual –le susurró en confidencia.
–¿Me estás pidiendo que golpee a tu padre o a tu hermano? –Preguntó Thor.
–Yo no he pedido nada explicito, si tú lo has entendido así, ha sido meramente accidental –dijo Loki.
La mano de Thor resbaló de su rostro, recibió una palmada en su hombro y en sus ojos una extraña promesa que Loki no alcanzó a descifrar. Thor se reunió con el ejército, justo detrás de su padre y de Laufey. Ayudó a Sif con cariño a montar una yegua blanca antes de subir a su propio corcel.
Llamaron a las armas a los soldados. El ejército respondió con un bramido, luego todos los oficiales y soldados desenvainaron sus armas y comenzaron a golpear rítmicamente contra los escudos inundando el patio de un estruendo ensordecedor. Avanzaron con un solo paso, como si se tratara de un solo hombre a través del Bifrost. Antes de que Thor se alejara más, le dirigió una última mirada.
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Por la mirada de la reina comprendió que deseaba hablar con él. Recordó las palabras que le dijo Sif, que la corte era aún más dura que la batalla. El ejército se había marchado nuevamente así que ellos entraron al palacio de nueva cuenta. A Loki no se le olvidó pedir que sus amigos Vill y Ull fueran trasladados un poco más cerca de él, pues estaban en alas totalmente opuestas y los jóvenes jötun ya le habían recriminado que se olvidara de ellos. Frigga prometió que lo arreglaría, pero eso no ocupó demasiado sus pensamientos, pues sólo hasta que estuvieron a buen resguardo en uno de los jardines, expresó sus reflexiones.
–¿Es verdad que han hablado entre los tres del futuro? –Le preguntó Frigga. Había algo en la mujer, en la manera en la que preguntaba sin ser perentoria, que daba paso a hablar. Si había alguien en quien confiar en ese palacio, esa era ella.
–En realidad no. Ha sido poco el tiempo que hemos tenido, y Lady Sif y yo no habíamos sido presentados –respondió Loki.
Frigga sonrió, su tensión se evaporó por un instante.
–Sí, estando en el desayuno recordé eso, pero no había fórmula de cortesía que se me ocurriera para tal encuentro. Lo lamento, debí haberlo previsto –dijo la mujer mirando hacía una cascada artificial que se encontraba a unos edificios de distancia –para aplacar a Olenna, y dicho sea a tu padre, se les recordó que hasta que Thor no ascienda al trono, ustedes no tendrán ninguna función en la corte más que la de consortes. Él es el protector del reino y apoyarlo es lo único que deberán hacer por ahora. Eso al menos calmó un poco la discusión –le contó Frigga. –Por unos segundos, hasta que tu padre hizo mención del primer heredero. Te pido sinceridad Loki, tengo que hacerte la misma pregunta que le hice a Sif en cuanto llegó del campo de batalla, bueno no será la misma porque ustedes sólo tienen días de casados. ¿En verdad puedes… concebir un hijo?
La pregunta a Sif posiblemente fue si estaba ya embarazada. La respuesta debió haber sido una negativa, o su madre hubiera impedido por cualquier medio que su hija partiera a la guerra.
–No lo sé –se sinceró Loki –mi madre no era Jötun, era de Vanaheim, donde existen poblaciones de hechiceros. Mi abuelo fue quien la trajo al mundo –le explicó, eso es lo que él sabía. –No lo conocí, lo que sé fue lo poco que me dijo mi padre, que a su vez le fue narrado por mi madre.
–Dijiste que podías hacerlo, es por esta ascendencia. ¿Y sabrías el momento en que esto ocurriera? –Indagó. No era de extrañar que insistiera en el tema, eran las mismas preguntas que Loki se había hecho.
–No estoy seguro –más ambigüedades pero su fuente de información había sido Laufey y él no era precisamente comunicativo con Loki, ni en este ni en ningún tema. –Según sé, lo envolvería con mi magia para que tome forma y pueda vivir –dijo Loki. Había hecho un experimento hacía tiempo, con un ave muerta que encontró y pudo revivir, manteniéndole con vida siempre y cuando le diera parte de su poder, al final cuando se cansó de ella, sólo tuvo que dejar de hacerlo.
–Significa eso ¿qué puedes decidir el momento en que quieras concebirlo?
–No creo tener demasiado control sobre ello, como expliqué la primera vez, sé que puedo hacerlo, no lo he hecho antes y desconozco el funcionamiento de esta magia –dijo, y eran todas las respuestas que tenía. No había olvidado que Laufey parecía saber más que él, y ya que no podía interrogar a su padre tendría que averiguarlo de otra manera.
–Está bien Loki. Sólo te pido que si llegaras a sospechar que lo estás, me lo comentes de inmediato –dijo. La expresión de Frigga se suavizo hasta el punto de una sonrisa reconfortante.
–No lo dudaré –respondió Loki. Si llegaba a suceder, era la persona a la que más fácilmente podría acudir ¿o es que pensaron que podría ir con Farbauti? Le alegró haberse deshecho de la mujer de su padre porque no le agradaba en lo más mínimo y haber trastocado al menos uno de los planes de Laufey al no marchar con ella. –Reina Frigga, quisiera pedirle permiso para viajar a través del Bifrost –le pidió.
Frigga se mostró confundida.
–¿A Jötunheim?
–No, a Vanaheim.
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El permiso no le fue negado, como Asgard no estaba en guerra con Vanaheim, al menos se presumía que el viaje sería tranquilo. Para su protección y por insistencia de Frigga, no viajaría solo, Ull iría con él. Y eso era mucho más discreto que la guardia que la reina había querido darle por ser miembro de la familia real. Partieron al día siguiente porque no le placía quedarse en la corte a recibir los fríos tratos de Olenna. Loki había tomado uno de los sementales de Thor, Tanngrijos, mientras que Ull iría a pie, a los gigantes nunca se les dio bien por su tamaño, poseer caballos. Cuando se detuvieron en el Bifrost, notó la mirada escrutadora de Heimdall.
–Este es otro al que no le gusto –se dijo Loki. Al menos tenía razones para desconfiar, esos círculos de privacidad no debían agradarle en lo más mínimo.
–¿Conoces las montañas nubladas en Vanaheim? –Le preguntó Loki. No quería que le dejara en cualquier sitio del reino, y según recordaba, su madre provenía de esa zona.
–Las conozco, príncipe Loki –dijo el guardián. –Lo que usted está buscando, jamás lo he visto –le dijo.
–No son un pueblo que le guste ser observado. Posiblemente estén ocultos –razonó Loki. Pero estaba seguro que a pesar de ello podría encontrarlos con magia.
–Si es así, se les da bien –en sus palabras pudo percibir una nota de reproche. A Loki le dio lo mismo. –Cuando necesite volver, sólo debe llamarme –le indicó el portero. Le vio sacar su espada y colocarla sobre el Bifrost para activarlo.
Era la tercera vez que usaba el Bifrost y aún no se acostumbraba a la gama multicolor que prácticamente estallaba frente a sus ojos. En cuanto la luz se evaporó quedó ante una imponente cadena de montañas, el viento alborotó sus cabellos, proveniente del valle a sus espaldas. Ahí había verdor y vida. Al menos eso no fue una decepción como lo había sido Nornheim.
–¿Ahora qué? –Preguntó Ull. Se había mantenido callado durante el traslado, porque no le agradaban del todo los asgardianos, ellos también habían conocido el filo del desprecio. Y eso era nuevo para los gemelos.
–Pasaremos desapercibimos. Dos jötun explorando Vanaheim son demasiado llamativos –dijo Loki. Su forma aesir le era grata y fue la que tomó, mientras que a Ull le confirió otra más corpulenta aunque su tamaño se mostró algo disminuido.
El jötun se miró, se repasó las manos y la larga barba roja que caía de su rostro.
–Soy Volstagg –dijo molesto. Aquella barba era reconocible.
–¿Prefieres ser Fandral? –Le preguntó burlón. Le cambió el tono del cabello a negro para qué sólo fuera el hermano incómodamente parecido a Volstagg pero no el gigante compañero de Thor. Pensó sin quererlo en él, le había mandado una misiva para comunicarle dónde estaba antes de que alguien más se lo dijera.
Miró nuevamente el entorno antes de decidir hacía donde viajar. Respiró tranquilo, estar lejos de Asgard, de Jötunheim, de Laufey y de Thor, le confería serenidad para pensar. Su última acción había sido como una bofetada para su padre pero no era con bofetadas como se ganaba una guerra, debía pensar con frialdad para adelantarse a las jugadas de Laufey y devolverle cada pulla; y no podía si perdía el norte cada vez que Thor posaba sus ojos o sus manos encima de él.
Se concentró, sabía poco de su madre pero algo le habían contado de ese valle, así que lo mejor sería acercarse a la base de la montaña.
–Así que buscamos familiares de tu madre –dijo Ull. Empezaron a andar por un camino que hallaron, y si lo había era porque alguien lo transitaba –siempre se dijo en Jötunheim que estaba loca por haber aceptado trasladarse a un país de inviernos eternos. Ya sabes, no se les da bien aclimatarse –le comentó.
–Sí, seguro. Igual de loca debió de haber estado tu madre para parirte.
Ull se rió, el comentario le daba lo mismo.
–Fue por esto que te elegí en vez de a Hildetand. Tienes sentido del humor.
–¿Ah sí? Siempre pensé que fue porque Hildetand intentó matarte en ese combate de entrenamiento –masculló Loki –silencio, te juro que tengo bastante con mis propios pensamientos –le mandó a callar.
El gigante obedeció tal como le pidió aunque caminaba con una sonrisa que se burlaba todo lo que sus palabras no hacían. La montaña no estaba lejos, Heimdall los había dejado en un buen sitio pero al llegar a la zona encontraron que, aunque había algunas construcciones, éstas mostraban signos de encontrarse deshabitadas desde hacía años. La madera estaba casi podrida, la tierra árida y un permanente sentido de abandono y podredumbre reinaba en el ambiente. Loki se giró para mirar el camino, estaba en buen estado, por lo que no creyó lo que sus ojos veían. Podía ser una ilusión bien planificada. Ull caminó entre aquellas viviendas mal paradas mientras él intentaba encontrar el hechizo que rompiera aquella barrera, hizo que el caballo se moviera hasta que comprendió que no había ningún hechizo, eso lo desconcertó. Recordó las palabras del guardián, ¿sería que se habían extinguido?
–¿Por qué mi madre se casó con Laufey? –Le preguntó a Ull. No es que Loki no conociera la historia pero prefería que fuera otro el que la dijera en ese momento para poder escucharlo desde otra perspectiva que no fuera el del odio por su progenitor.
Si Ull decía que había elegido a Loki por su sentido del humor, él lo había aceptado porque no era tan corto de mente como los demás.
–Un Laufey joven, ávido de gloria, viajó a Vanaheim con intenciones de conquista. Hreyfingin, la fortaleza del rey Audün, era difícil de tomar desprevenida pues estaba protegida por magia vanir. Ideó atacar a través del paso de las montañas nubladas, y tomarla por la fuerza. Luego que sus fuerzas se agruparan a la sombra de la cordillera, empezó su marcha y el sitio al que llegó primero, fue una población al pie del camino. Como sus intenciones eran claras, la arrasó con hielo a pesar de que no encontró ningún habitante en ella. Continuó sólo para descubrir que había rodeado la montaña y estaba exactamente en la misma población que había arruinado. Dio tres vueltas más antes de intentar tomar otra vía pero no halló otra forma de salir –hizo una breve pausa –entonces usó el frío para hacer salir a la persona que estaba ocasionando aquella ilusión: tu madre. Intentó matarla pero desde luego que no lo consiguió porque ella al igual que el poblado, se desvaneció. Entonces Laufey decidió utilizar otra estrategia, prometió abandonar Vanaheim si ella iba con él –el relato tocaba su fin –aún no había usado el cofre de los antiguos inviernos y ni siquiera ella era tan poderosa, así que aceptó.
Loki pensó que Laufey jamás le habría perdonado a su madre aquella humillación sufrida en el campo de batalla.
–No le doy tanta veracidad a la historia –continuó Ull –si era tan fuerte, no entiendo cómo es que murió después.
Se decía que pereció en una pelea con Laufey poco después del nacimiento de Loki, y que la causa había sido ese hijo pequeño y débil.
–Porque cualquier enemigo cuando te da la espalda, es vulnerable –contestó Loki. Su madre jamás habría tenido la fuerza para pelear cuerpo a cuerpo con Laufey, y eso, debía saberlo su marido.
–Ah sí, cierto –dijo Ull. –Tu hermano planea usar ese dicho próximamente.
–¿De qué hablas?
–Del brindis en la boda. ¿No recuerdas que tu, ahora esposo, brindó por Hildetand y su incidente con la montura? El cual es muy obvio que tú le contaste, pues, tu hermano se lo tomó a personal. Dijo que iba a abrirle la garganta durante la batalla a la mínima oportunidad –le contó.
Le había advertido a Thor acerca de su hermano, más no podía hacer aunque por la sonrisa de Ull, notó que su amigo estaba de acuerdo en que eso sucediera.
–¿Qué más ha dicho? –Le preguntó. Tras la boda no había vuelto a hablar con Hildetand.
–Que debimos haber dejado que Asgard se pudriera en su guerra con Nornheim y Alfheim. No les debemos nada ¿y ahora somos sus aliados? Tu boda fue un insulto para todos los jötun, como si necesitáramos de ellos –Ull escupió en el piso, maldiciendo Asgard. –Nunca he confiado en tu magia Loki, aunque he tenido la desgracia de padecerla en mis carnes pero –dijo mirándolo –es poderosa. ¿Es verdad que le has hechizado? ¿Qué a una palabra tuya el hijo de Odín hará lo que gustes? –En la mirada de Ull adivinó cierto regocijo. ¿Y por qué no? Thor era el epítome de lo que se odiaba de Asgard. Guerrero, noble, apuesto, feliz. –No lo hubiera creído de no haberlo visto –añadió y se quedó callado. Loki no preguntó así que aguardó hasta que él hablara de nuevo. –Ayer, cuando se despidió de ti, parecía tan devoto. ¿Le ordenaras que asesine a Odín? –Le preguntó.
Loki sabía cómo funcionaban los chismorreos de la corte, y que estos a diferencia de sus portadores, no solían ser racistas, a todos atañían y todos prestaban atención.
–Ya veremos que sucede –dijo Loki sin esclarecer nada.
Laufey no habría hecho participe a nadie más de sus planes, no habría pregonado por todo Jötunheim que su interés estaba en que Loki le diera un nieto de sangre aesir para sus retorcidos propósitos, sonaba mejor la idea de infiltrar guerreros, en traicionar por dentro al reino de Asgard ¿y quién mejor que aquel al que llamaban serpiente?
De la historia narrada por Ull decidió invocar un halo gélido, las construcciones se cubrieron de escarcha y el suelo empezó a congelarse, Loki miró con atención hasta que descubrió que finalmente en un punto se unía el viento y seguía de largo. Detuvo su magia, haló las riendas de Tanngrijos para que avanzara y le indicó a Ull que caminara. Aquel poblado no era más que un señuelo para que quién lo buscara se desalentara y diera media vuelta. Si su madre había accedido a ir con Laufey significaba que nadie de la urbe había muerto, sólo debieron haberse trasladado. Se introdujeron en un camino secundario que les hizo rodear la montaña, estuvieron a punto de seguirlo sino fuera porque el ambiente le produjo desazón a Loki. No fue un presentimiento, al contrario, literalmente notó un brillo tornasol cerca de un árbol, abandonó el camino hasta acercarse a él. Era una barrera de protección, la hubiera pasado por desapercibida si no la hubiera estado buscando y posiblemente le hubiera pasado lo que al joven Laufey, dando vueltas por las montañas.
–Es aquí –señaló Loki.
Levantó la mano para dirigirla a la barrera, de inmediato se mostró el borde tornasol y al apretar su puño, ésta se rompió. Al otro lado, aunque no inmediatamente, se adivinó la ciudad y Loki sonrió. Al entrar, la barrera volvió a levantarse de inmediato. Los pobladores se alarmaron y entraron a sus casas. Algunos de los hombres desaparecieron para volver con armas. Ull se preparó para el combate, tenía las manos desnudas pero podía crear la espada de hielo. Loki levantó la mano para calmarlo.
–No buscamos conflicto –les dijo, aun así les apuntaron con picas y lanzas –sólo queremos hablar –pidió.
–¿Quién eres extranjero? –Preguntó uno de los hombres. –¿Y cómo es que lograste encontrarnos?
–Porque también tengo magia, como ustedes. Soy Loki, hijo de Járnsaxa –se presentó con el nombre de su madre.
Un anciano apareció al fondo de los guerreros y colocó una mano sobre uno de ellos. Miró al joven jötun, sin duda estaba buscando alguna semejanza física con Járnsaxa. Lo que vio de ella en los rasgos de Loki debió dejarlo satisfecho.
–Déjalos, quiero hablar con el chico –pidió.
El nombre de aquel anciano era Rurik, y estaban en el poblado de Lundr. A Ull lo llevaron aparte, donde le dieron algo de beber junto con un poco de comida, los aldeanos se apostaron con él y Loki le lanzó una mirada de advertencia acerca de lo que dijera, si estaba ahí era para obtener respuestas no para hablar de su vida privada. Él entró a una pequeña casa, que era de Rurik. Todo ahí olía a madera pero tenía cierto encanto que no se podía encontrar en ninguno de los palacios donde vivía, quizás era únicamente el sentimiento de nostalgia que se produjo dentro de él.
–El hijo de Járnsaxa. La última vez que la vi, iba al lado de Laufey, el Rey de Jötunheim, así que él debe ser tu padre ¿cierto? –No tuvo caso mentir así que Loki asintió. –No pareces un gigante de hielo. –Los rasgos de Loki recuperaron sus colores originales por un momento antes de que los ojos volvieran a ser verdes y la piel pálida. –Ah ya, ¿cómo está ella? –Preguntó.
–Murió –respondió sin entrar en detalles. Rurik cerró los ojos, bajó la cabeza y mostró signos de dolor, fue la única vez que Loki observó que a alguien de verdad le pesaba la muerte de su madre. En Jötunheim le hablaban poco de ella. No podría decir que la añoraba porque nunca la había conocido pero la reacción de ese anciano tan ajeno al mundo del que venía lo empujó a preguntarse si ella le habría amado. –No quiero hablar de ella –aquellos sentimientos se evaporaron –vine porque quería saber de mi abuelo y de cómo es que la trajo al mundo –comentó.
Rurik pareció recuperarse, le señaló un banco de madera y él empezó a prepararse un té.
–Tu abuelo –dijo Rurik aunque no habló de inmediato. Loki miró la espalda del anciano esperando que dijera algo más. –Era un foreldrar. Un hechicero con el apreciado don de manipular la vida. En ese tiempo era normal que la población flaqueara. Las guerras, la hambruna y las enfermedades nos dejaban con pocos infantes. No había mujeres, las habían raptado, habían muerto o todavía no habían madurado para tener hijos. El resto de la población eran ancianos que pronto morirían; y hombres. Los foreldrar decidieron usar su magia para engendrar hijos. Tu abuelo se llamaba Hósdagur y tu otro abuelo se llamaba Donderdag, aunque éste no tenía magia. Hósdagur murió durante el alumbramiento –comentó encogiéndose de hombros, como si eso fuera muy normal.
Aunque viendo las condiciones de vida, comprendía que fuera lo habitual.
–No entiendo, ¿cómo es que decidieron hacerlo? ¿Con un hechizo? –Preguntó.
–No, lo que decidieron fue tomar cónyuges varones. Este tipo de magia es instintiva e indomable. Pasa una vez que el hechicero que la porta yace con otro hombre. Su magia nutre el infante o mejor dicho, el infante se nutre de su magia pues no es un vínculo que se pueda cortar –le explicó –sin embargo, sólo los foreldrar poseían esa bendición.
–¿Bendición? ¿La de quedarse preñados? –No pudo evitar decir Loki con una mueca.
–¿Lo encuentras abominable? Poseer esa magia es un honor. En Muspellheim y Niflheim la magia se basa en maldiciones y pactos demoníacos. En Asgard, Alfheim y Svartálfheim se basan en canalizarla para crear cosas materiales. En Jötunheim la magia es solo de hielo. En Midgard la magia es débil, apenas un truco. Sólo los norn se han acercado con su dominio de la naturaleza. Pero nadie posee este poder, tal fuerza se ha dado solo en los hechiceros de Vanaheim –explicó Rurik con orgullo.
–¿Cómo sabían si estaban esperando un hijo?
–Su magia y luego sus cuerpos se debilitaban. Después se volvía obvio –respondió Rurik moviendo las manos, dibujando imaginariamente un vientre hinchado. Loki pestañeó intentando unir cabos. Su madre debió de haberle contado esa historia, la de Hósdagur a Laufey, quien obvió el detalle de que no cualquier hechicero tenía esa magia. Se precipitó al hacer planes, pensó. –¿El joven que viaja contigo es tu pareja? –Le preguntó el anciano.
–No –respondió Loki pero seguía perdido en sus pensamientos.
–¿Temes estar gestando un hijo suyo? –Rurik no era tonto, por algo Loki había acudido a buscarlos. –El infante tomaría lo mejor de ambos. De ti, la magia. De él, parece un hombre fornido, seguramente sería su fuerza –dijo como si no hubiera escuchado la contestación de Loki.
–Si llegará a suceder ¿No hay manera de detenerlo? –Tenía que haber un contra hechizo o algo parecido.
–No. La vida se abre camino –respondió Rurik –no te atormentes hijo de Járnsaxa, no eres enteramente vanir, un foreldrar jamás se ha dado fuera de este reino, y menos entre los jötun.
–¿Tú eres uno? –El viejo negó. –Me gustaría hablar con ellos.
–No queda ninguno por lo menos en Lundr. Todos murieron al nacer sus hijos –se quedaron callados pero el anciano continuó –ahora debo preguntarte ¿cómo es que nos hallaste? –Rurik bebió de su propio brebaje.
Loki no tenía ganas de responder. Pensó que él tenía figura de jötun así que los genes de Laufey mellaron parte de la magia, nunca imaginó que podría llegar a agradecerle algo a su padre.
–Porque existe la historia de la derrota de Laufey a manos de una hechicera vanir y porque pude ver la barrera en la que se esconden.
–Esa barrera es mía –presumió aquel anciano. Tenía razones para hacerlo, ya que Heimdall no podía verlos. –Nunca nos han gustado los altercados, ni somos proclives a participar en las guerras, hemos perdido mucho y a varios de los nuestros. No nos interesan los sucesos en otros reinos, ni siquiera en el nuestro, por lo que debo hacerte jurar que no hablarás de nuestra localización. Tu amigo no me interesa, él no puede ver la barrera y aunque recuerde el sitio, jamás podrá entrar –dijo seriamente Rurik –si te niegas, deberás quedarte a vivir aquí –advirtió.
Loki no tenía ningún interés en quedarse en Lundr.
–Lo juro –dijo. Rurik estiró la mano para que cerraran el trato y Loki estrechó la del anciano. Al hacerlo notó cierto destello azul y fue como si quedara unido a él, en algo. Loki apartó la mano de inmediato.
–Tranquilo, sólo era para asegurarme de tu promesa –le calmó Rurik. El anciano se levantó y fue hacía un estante que estaba a su espalda, de él sacó un libro. No era un volumen lleno de polvo, se veía que le habían hojeado con frecuencia y usado más de un par de manos. –Un libro de hechicería. Tu madre sabía cada página. Puedo prestártelo, siempre y cuando prometas devolverlo –dijo el anciano y luego rió –y está vez no te pediré que me des la mano, confiaré en tu palabra.
Salió de la casa de Rurik, con el libro bajo el brazo y la certeza de que lo del nieto era una pantalla y Laufey tenía otro plan. Ull se unió a él, los guerreros le despidieron con risas, al parecer el gigante se había ganado su buena voluntad, no estaba mal, pero jamás se volverían a ver. Loki no tenía intenciones de regresar.
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Aun cuando pasaba sus días al lado de Frigga, se dio tiempo de estudiar el libro de hechicería que le dieron en Vanaheim. Le había contado algunas de las cosas que Rurik dijo y le confió que la posibilidad de que el tuviera vástagos era casi nula. Una perdida terrible sin duda para los reinos de Jötunheim y Asgard, aunque a Loki le hacía inmensa, y secretamente, feliz.
Aprendió nueva magia con el libro. Como Rurik dijo, en Jötunheim no eran normales los magos por lo que no había demasiado conocimiento de ellos, en Asgard en cambio había mucho más comprensión de la magia pero no era la misma que se aplicaba en Vanaheim.
Logró convocar objetos siempre y cuando supiera su localización de antemano. A que sus ilusiones fueran tan amplias como un ala del castillo. Y a hacer su figura de aesir una segunda piel que le era tan natural como respirar y que conservaba incluso dormido. Desde que volvió de Vanaheim no había recuperado su forma de Jötun. Frigga se había llevado una sorpresa la primera vez que le habló con ese nuevo rostro pero después le halagó la sutileza del hechizo. Ull sólo lo miró frunciendo el ceño, él no había querido permanecer como un Volstagg pelinegro.
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Era una tarde aciaga, con un enorme sol rojo que parecía presagiar el infortunio. El Bifrost se abrió de pronto. Loki, que se hallaba con Frigga en sus alcobas, le vio desde el balcón pero fue la reina la que se levantó velozmente de su asiento como sí pudiera anticipar lo que sucedía. Sólo unos minutos después, entró un heraldo que hizo el anuncio de que Lady Sif y varios soldados, habían vuelto. Loki notó al mensajero serio pero en sus ojos leyó temor, así que salió a la saga de Frigga a recibir a los recién llegados. Durante el trayecto fue escuchando voces de sirvientes que habían presenciado la escena antes que ellos, cuchicheaban con miedo, a más de una doncella le vio derramar lágrimas detrás de una columna. Tuvo la certeza de que algo malo sucedía cuando, en vez de ir al salón de Hliöskjálf, se desviaron a las casas de curación.
Los sanadores se movían de un lado a otro atendiendo a decenas de soldados. Sif estaba de pie, estoica aunque podían leerse los acontecimientos de la batalla en su piel, mirando sin ver a nadie en realidad. La vio sobresaltarse al encontrarse con ellos de frente, no notó cuando entraron.
–Hija, ven conmigo –la llamó Frigga.
La valkiria asintió. Tomaron una habitación privada. Loki dudó en entrar con ellas pero finalmente lo hizo, fue él quien cerró la estancia. Frigga hizo que Sif se sentara sobre una de las camas. La estudió sin encontrar ninguna herida de gravedad. No parecía lesionada y sin embargo temblaba cual hoja ante el crudo invierno. Sus pensamientos no se encontraban en Asgard, parecían haber quedado atrapados en los acontecimientos de la batalla y su silencio, no hizo más que angustiarlos. Su piel gris por la tierra se mostró fría al tacto y finalmente reaccionó cuando los miró a ambos a los ojos.
–¿Qué ha pasado? –Demandó saber Frigga.
Sif tragó saliva, abrió la boca un par de veces como si buscara las palabras que le habían robado. De pronto Loki tuvo la terrible desazón de que algo le había pasado a Thor.
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CONTINUARÁ…
