III
Hinata se encontraba caminando lentamente por un lugar resplandeciente. Cuando se quedó dormida en el vuelo de regreso a Tokio esperó encontrarse nuevamente con el estudio y el pintor de sus sueños. Pero se hallaba completamente sola, en esa nada blanca que parecía no tener principio ni final. Tampoco estaba segura si caminaba o flotaba o si realmente avanzaba. Todo era demasiado similar. Se detuvo, algo desanimada, quería encontrarse de nuevo con esa alucinación suya… tenía algo que decirle.
Hinata soltó un suspiro apesadumbrado y cerró los ojos un momento. Al abrirlos se encontró con una figura a algunos pasos de ella. Era la espalda del pintor.
—O-oiga… disculpe… — exclamó Hinata, caminando en dirección al hombre y extendiendo su brazo para tocarle el hombro. Al contacto, el pintor se giró a verla, lentamente. Clavando su mirada obsidiana en el rostro de Hinata. La Hyūga sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo entero y tuvo que retirar su mano con rapidez del hombro del desconocido.
El pintor se giró a verla, sin decir nada. Simplemente observándola. Hinata supuso que era una invitación para que le dijera lo que sea que le tuviese que decir y luego lo dejara en paz.
—Yo… yo quería darle gracias por… por el consejo que me dio antes…
El pintor enarcó una ceja, claramente confuso. Las mejillas de Hinata adoptaron un rojo carmín profundo. Se sintió tentada a desviarle la mirada, avergonzada, pero no lo hizo. En vez de eso se mantuvo firme.
— Me dijo… — carraspeó, pues la voz le salió chillona — Me dijo que no debía bajar la mirada ante nadie y eso hice. Gracias a eso conseguí un objetivo que sentía muy difícil. — Hinata hizo una ligera reverencia mientras murmuraba un "Gracias por compartir conmigo sus conocimientos, pintor".
Sasuke la observó serio durante unos instantes, en los que Hinata se removía incómoda en su sitio. Pensaba que tras decirle eso despertaría o quizás su sueño cambiaría a algo distinto… al recurrente sueño de la boda con Naruto, quizás, pero no. El pintor seguía ahí. Observándola. Acaparando sus sueños.
—Quiero algo a cambio. — dijo Sasuke, después de un rato.
Hinata le regaló una mirada confusa.
—Por mis conocimientos, quiero dos cosas a cambio.
La Hyūga sonrió y le regaló una enérgica afirmación. Quizás este era el modo que ahora tenía su mente para ayudarle a resolver los problemas que le aquejaban.
—Necesito preguntarte… ¿qué se regala en una boda?
—¿Una boda?
—Sí. Una boda ¿qué? ¿eres sorda?
Hinata decidió ignorar el tono brusco del pintor y meditó un momento. Qué sería un buen regalo para ella, que estaba próxima a casarse…
—Pues… — respondió Hinata — depende de los novios, de sus necesidades y gustos… un buen regalo para mi sería algo para la cocina. Algo para cocinarle su platillo preferido a mi marido.
Sasuke meditó un momento la respuesta de la chica… recordándose con todas sus fuerzas que, en cuanto despertara de su siesta, no debía olvidar ese consejo. Después de un momento, habló de nuevo.
—Mi segunda pregunta… ¿Qué jodido color tienen tus ojos?
Hinata parpadeó algo ofendida.
—¿Perdone?
—Tus ojos, mujer, no son grises, ni blancos, ni rosados, nacarados, ni nada de eso… ¿de qué color son?
La búsqueda por el tono perfecto lo estaba volviendo loco, si bien, había conseguido colores muy parecidos a los ojos de la chica, sentía que había un color que se le estaba escapando. Así que decidió preguntarle directamente a esa… lo que sea que se estaba imaginando.
—Violetas. — soltó Hinata, sonriendo cálidamente. — Todo el mundo cree que son perlados, yo lo creía también. Pero mi madre me decía que son violetas. De un violeta muy tenue. Como el que hace cuando anochece.
—O amanece… — murmuró Sasuke, más para sí mismo que para la mujer frente a él.
Hinata soltó una pequeña risa y el Uchiha le dirigió una mirada molesta.
—¿Qué es tan gracioso?
—Perdone, es que me parece curioso… nunca antes había tenido un sueño así.
—¿Sueño? — preguntó Sasuke, ligeramente sorprendido. ¿Se estaba refiriendo a él como un sueño?
—Pues sí, me encuentro soñando justo ahora. — respondió Hinata.
Sasuke le regaló una sonrisa ladina a la Hyūga. Antes de acercarse a ella y murmurarle cerca del rostro…
—¿Cómo sabes que no te estoy soñando yo a ti?
Los ojos de Hinata se abrieron asombados de par en par.
.
.
.
.
.
.
.
.
—No pude llegar antes, perdona, la cliente tenía demasiados detalles que comentarme.— dijo Sakura, sentándose a la mesa de un café y dejando su bolso en un perchero junto a esta.
—Está bien, no llevo tanto aquí — mencionó Karin, la joven pelirroja sentada frente a Sakura, mientras acomodaba sus lentes desde la montura. — Además, hace mucho que no nos vemos. Hay que ponernos al día con demasiadas cosas, así que más te vale tener algo bueno que contarme sino me largo.
Karin tomó un sorbo a su café negro e hizo una seña a una de las meseras quien, rápidamente, se acercó a rellenar la taza vacía de Sakura.
— El sexo con Sasuke sigue siendo maravilloso, muérete de envidia — mencionó Sakura, con una sonrisa burlona, mientras vaciaba azúcar en su taza.
La pelirroja se soltó a toser ante el comentario de su compañera y le regaló una mirada furibunda que Sakura respondió con una suave risa. Le encantaba molestar a Karin con eso, aunque la pelirroja ya había superado su amor platónico hacia el Uchiha eso no hacia que se sintiese menos celosa de la suerte de Sakura por tener al Demonio Uchiha para ella.
—Esa no es novedad — contraatacó Karin — el sexo con Sasuke siempre es asombroso.
Esta vez fue el turno de Sakura para inflar los mofletes.
—Pues yo sí tengo algo que contarte, en vista de que no respondes mis mensajes — continuó Karin, apoyando los codos en la mesa y su mentón entre sus manos.
—¿Qué será…? — murmuró Sakura, con fingido interés, mientras sorbía suavemente su café.
—Naruto se va a casar. — soltó Karin de golpe, provocando que Sakura escupiera un poco de su bebida.
—¿QUÉ? ¿Con quién? ¿Cuándo? — exclamó Sakura, bajando la taza al instante y observando con los ojos muy abiertos a la chica frente a ella.
—Pues lo que escuchas, Naruto se casa con una Hyūga dentro de algunos meses.
—Una… ¿Hyūga? — susurró Sakura, observando fijamente el café que aún se bamboleaba dentro de su taza. Sintió algo extraño en la boca del estómago y, no supo por qué, de pronto sintió ganas de llorar. — Pues qué bien… — agregó, reponiéndose y sonriéndole a Karin con altivez — Ya era hora de que tu primo superara ese amor infantil que tenía por mi.
Karin le dirigió una mirada plana. Suponía que Sakura reaccionaría de esa manera.
—Yo no creo que lo haya superado — agregó Karin, atrayendo la atención de la pelirrosa. — No me malentiendas, su prometida es una chica… adorable… muy hogareña e inteligente. De buena familia y buenos modales… algo sin chiste, si me lo preguntas. Siempre tan introvertida… muy distinta a Naruto. Buena muchacha y ya… y estoy segura que Naruto la quiere mucho…
—Pero…— le apuró Sakura, escondiendo mal el interés que sentía por lo que salía de los labios de su amiga.
—Se le nota en los ojos, ¿sabes? Naruto sabe que la Hyūga le conviene y ella parece amarlo con adoración. Pero Naruto… Naruto solo la quiere… no sé si me explico.
—Pues qué idiota — escupió Sakura, con acidez— si piensa que casándose con una persona que lo ama ciegamente va a ser feliz también.
—Lo mismo podríamos decirle a Sasuke — soltó Karin al aire, con toda la intención de dañar.
—Lo mío con Sasuke es diferente — se defendió Sakura.
Karin le regaló una mirada preocupada a Sakura. Sabía que su amiga estaba encaprichada con el Uchiha, que ese amor de la adolescencia se había vuelto obsesivo y entendía también que ahora se encontraba viviendo el sueño de cualquier mujer en Japón: vivir con Sasuke Uchiha y ser su… mujer oficial. La llevaba a reuniones, exposiciones, cocteles, pero sólo hacía su entrada con ella. Foto aquí, foto allá, iba y se paraba junto a Sakura en los brindis… pero el resto del tiempo la pelirrosa se las apañaba sola. Revoloteando por el lugar platicando con quien sea con tal de no acercarse a Sasuke para no irritarlo. Al final de la noche salían juntos del lugar y Sasuke le abría la puerta del auto a Sakura entre flashes y paparazis.
—Lo tuyo con Sasuke es un negocio. Aunque él odie admitirlo, se le dan jodidamente bien los negocios. Tú entras de su brazo y él mantiene alejadas a sus acosadoras. Además del sexo.
Sakura le dio un sorbo largo a su café y desvió la mirada. No podía contradecir a Karin… y eso que jamás le había contado de la nula convivencia que tenían el Uchiha y ella en casa. Desde que dejó de resultar… inspiradora… para Sasuke, el escaso contacto se había reducido a desahogos esporádicos.
—Necesito algo más fuerte…
—Apenas va a dar el medio día…
Sakura le dirigió una mirada necesitada a Karin.
—Creo que Sasuke está viendo a otra mujer…
—Estás consciente de que él jamás acordó fideli…
—La está pintando… hoy en la madrugada se despertó desesperado y corrió al estudio a pintarla…
La voz de Sakura se hacía más aguda conforme hablaba. Karin sabía el peso que tenía ese acto en el Uchiha. Podía acostarse con cincuenta, ya lo había hecho mientras estaba con Sakura, pero pintarlas… sólo pintaba inspirado en Sakura. Recordaba claramente sus cuadros: Rojos, rosas, naranjas y pasionales. No pintaba directamente a la pelirrosa, pero era claro que eran los cuadros tenían que ver con ella, eso se sentía. Sin embargo…
—Sasuke jamás me hizo un retrato… — Sakura exteriorizó los pensamientos de Karin.
—Creo que necesitamos ir a otro lugar… — agregó la pelirroja, pensando en algún bar cercano que les vendiera alcohol a las once y cuarenta de la mañana.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
—La vida en casa parece avanzar demasiado rápido, Hiromi querida… Nuestra hija se casará dentro de poco…
—Con un Namikaze, si no mal recuerdo…
Hiashi Hyūga alzó la mirada de la lápida de su esposa y observó sobre su hombro a la mujer recién llegada. Mikoto Uchiha se encontraba de pie tras él, con un ramo de azucenas en la mano y un delicado vestido azul marino ondeando al viento. El cementerio siempre parecía un lugar frío, así que Mikoto desentonaba con el sombrío sitio. Hiashi se hizo a un lado para que la Uchiha pudiese depositar el ramo en la tumba de la ex matriarca Hyūga. La observó hincarse con suavidad y rozar lentamente los kanjis que componían el nombre de Hiromi antes de ponerse de pie y sonreírle a modo de saludo.
—Buenos días, Hiashi.
—Mikoto.
—Recibí la invitación a la boda de tu hija, felicidades.
Hiashi asintió tratado de evitar observar a la mujer frente a él, la mejor amiga de su difunta esposa le recordaba demasiado a los días en que se encontraba felizmente casado. Mikoto notó ese gesto y observó de soslayo la tumba de su amiga, estaba segura que criar a dos niñas solo fue una tarea dura para Hiashi, incluso si al principio tenía conflictos con su dulce hija mayor debido al carácter de esta ahora era diferente. Pese a que el Hyūga era poco expresivo ella podía aseverar que era un padre orgulloso. Se le notaba en el modo que hablaba de sus hijas durante las reuniones, siempre con la frente en alto.
—¿Qué tal las cosas… con Fugaku y tus muchachos? — aventuró el Hyūga.
Mikoto soltó un suspiro al aire.
—Fugaku se encuentra bien, está comenzando a delegar los asuntos de la transnacional a Itachi para prepararle el camino y mi hijo es bueno para eso.
—¿Y el menor?
—Sasuke… tiene mucho que no lo veo.
—Supe que canceló su última exposición.
Mikoto asintió, ausente. Le preocupaba la situación creativa de su hijo.
—También supe que Sai acaba de presentarse en Berlín.
—Le va muy bien, a decir verdad.
—Sí, tiene un estilo muy limpio, muy posmoderno. Es un joven talentoso.
La matriarca Uchiha ya estaba acostumbrada a recibir halagos hacia su sobrino, así que no le sorprendió que Hiashi Hyūga le hiciera uno. El hombre era toda una autoridad en el tema y Sai era talentoso.
—Sin embargo…— la repentina intromisión de Hiashi atrajo la atención de Mikoto — He visto el trabajo de Sasuke y he de decir que puede llegar a ser maravilloso. Solo está mal explotado, le hace falta encontrarse. Tu hijo es brillante, pero aún no lo sabe.
Mikoto le regaló al Hyūga una sonrisa cálida y asintió. Le agradaba que no fuese ajeno al talento de Sasuke. Con una ligera reverencia Hiashi dio por terminado el encuentro y se retiró, dejando a Mikoto observando serenamente el cielo, pensando en la situación de su familia, de sus hijos, decidió que debía ser positiva y confiar.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
—Serían 123¥, por favor.
Sasuke dejó el pago en efectivo a la cajera, que le dirigía miradas indiscretas, y salió del lugar con una bolsa oscura colgando de una de sus manos. El paquete se veía grande y cuadrado así que golpeaba la pantorrilla del Uchiha al momento de moverse. Sasuke se reprendió a sí mismo por el innecesario gasto, pensó incluso que aún tenía tiempo de pedir un reembolso y se quitaría de la molestia de cargar con esa maldita caja.
Sin embargo, simplemente llegó a su auto y la arrojó en la cajuela. Aún no decidía qué haría con el objeto ni si llegaría a su destino final. Mientras encendía el auto seguía preguntándose en qué demonios estaba pensando cuando decidió comprar ese cacharro inútil. Frenó en un semáforo y escuchó el sonido sordo de la caja moviéndose en la cajuela. Resopló.
Estúpido y caro set gourmet para cocinar ramen.
.
.
.
.
.
.
Hola, gracias a todos los que pusieron la historia en alertas y favs. Este es el último capítulo del año, digamos que ayer andaba inspirada y me puse a escribir esto. No es mucho en realidad pero espero que vayan haciéndose a la idea de el desenvolvimiento de los personajes. En fin, en esta ocasión no tengo mucho que agregar (han sido días difíciles). Espero que pasen un bello año nuevo y que el año que viene sea mejor, para todos nosotros, porque muchos lo necesitamos en serio.
Matta-nee¡
