Kagome se hundió en la tina con agua tibia y deseó haber comprado baño. Estaba de humor para un largo y caluroso baño y las burbujas habrían sido perfectas. Le dolía el cuerpo de la tensión. Trató de no pensar en el matón que la había agarrado, y trató de concentrarse en su salvador.

No había sido capaz de disfrutar de sus besos ya que, estaba más preocupada en su lucha con él. Demasiado tarde. Ya lo había arruinado. Los hombres pueden ser como cerdos.

Si ella no hubiese sido tan mojigata, tal vez él habría enviado a sus amigos y a la stripper de viaje... ¡Ah!, ¿qué estaba pensando?

Soñadora. Romántica empedernida.

Hombres magníficos como él, no caían con pequeñas y aburridas auditoras como ella. Y además, estaba demasiado hambrienta por un poco de cariño. Bueno, tal vez mucho. Probablemente no había salido mucho últimamente, bueno, tal vez ni siquiera un poco. Dios, ¿a quién quería engañar? No había estado con un hombre hacía más de un año e incluso antes que eso, apenas y había salido.

¿Por qué un hombre como él estaría interesado en ella? Probablemente tenía todo tipo de mujeres desmayándose por él. Tenía el aspecto de un soltero perfecto. Sí, ya se había percatado de que no llevaba anillo de casado. Y era obvio que así era. Viviendo en una vieja casa con un chofer privado y limusina, sólo olía a dinero, dinero viejo. Incluso no siendo de Tokio, ella sabía que residia en un área muy cara.

Se había dado cuenta de la elegancia de la casa con su rico mobiliario, las pinturas antiguas en las paredes, la cara cristalería en la que había servido el brandy. El cuarto de baño en el que se había cambiado de ropa, había mostrado el mismo estilo elegante. Parecía que había comprado ya sea la casa en excelentes condiciones o restaurado cuidadosamente cada detalle de la época de la misma.

Pero el dinero ni siquiera figuraba en su atracción por él. El hombre expulsaba atractivo sexual de cada poro de su cuerpo. Y a ella le encantaría lamerle cada gota.

¡Genial!

Ahora no sería capaz de dormir toda la noche. Estaría pensando en el Príncipe Azul. Príncipe azul que la había besado, porque pensaba que ella era una stripper. ¿Se habría atrevido a hacerlo, incluso si hubiera sabido que era una simple auditora?

El trabajo. Se había olvidado por completo de él. Quería mirar los archivos que había enviado a su servidor virtual, sin que Hojo se diera cuenta. A regañadientes, Kagome salió de la bañera y se secó. Unas pocas horas de trabajo en la computadora probablemente la cansarían después de todo, para que ella pudiera dormir un poco antes de que regresara a la oficina por la mañana.

Mientras su computadora portátil arrancaba, se asomó al refrigerador. A excepción de las sobras de la cena de anoche, estaba vacío. Metió la caja en el microondas durante un par de minutos.

Kagome se conectó a su servidor virtual y descargó los archivos. Largas filas y columnas de las transacciones, quedaron a su vista. Esto podría tomar un tiempo. Comió de la pasta sobrante, directamente desde el envase.

Tres horas más tarde, ella estaba molida. Sus ojos le dolían e incluso frotándolos cada dos minutos, no los hacía permanecer abiertos por más tiempo. Es hora de acostarse. Pero su merecido descanso no vendría.

Se tiró a la cama.

Se dio la vuelta.

Se acostó de un lado, boca arriba, boca abajo.

No servía de nada. El sueño no estaba destinado a venir. Un sonido la asustó. No podía ver nada en la oscuridad. Pero sentía un gran peso sobre su cuerpo, presionándola sobre el colchón. Unas manos la tocaban. Unos labios la besaban. Una lengua caliente le lamía el cuello. No era desagradable, pero era desconocido.

Un cuerpo manteniéndola abajo, muslos fuertes encerrándola. Una mano apartando su pelo del cuello. Una boca besando su cuello. Hasta que de pronto...

¡No!

Dientes afilados como hoja de afeitar, se aferraban a su cuello y le perforaban la piel. Líquido tibio le corría por el cuello. Pero la sensación no era dolorosa. ¡Era agradable...!

A continuación, un fuerte sonido repetitivo.

¡Bip! ¡Bip! ¡Bip! La alarma. La despertó bruscamente. Ella se levantó. Era de día. Se llevó la mano a su cuello, donde ella había sentido la mordida, pero su piel era suave, perfecta como siempre. Ninguna herida. No había sangre. Sólo otro mal sueño.

Por lo menos había dormido, aunque no mucho. Probablemente sólo tres o cuatro horas en total.

Una mirada al reloj le dijo que ella tenía que llegar a la oficina, y pronto. Finalmente, había encontrado varias operaciones en los archivos que había revisado toda la noche, que no tenían sentido. Quería confirmar su hipótesis accediendo a la documentación original en papel. Tenía el presentimiento de que estaba en lo cierto.

Después de una ducha apresurada, Kagome se vistió rápidamente y echó un vistazo a la ropa con la que había regresado, la de Sesshomaru. Por lo menos tendría una razón para volver a verlo. Bueno, era una excusa. Podía llevarle la ropa. Tal vez él la invitaría a entrar. Intentaría ir por la noche después del trabajo, esperando que estuviese en su casa. Solo, en su casa.

Un vistazo por la ventana le hizo saber que todavía estaba lloviznando. Sería mejor llevar su paraguas al trabajo hoy. Mientras buscaba en el armario del pasillo, escuchó un golpe en la puerta.

—¿Quién es?— preguntó.

—Myoga, del piso de abajo. Tengo una entrega para usted.

A ella le gustaba el hecho de que hubiese un servicio de conserjería en el edificio. Le hacía sentirse más segura, especialmente después del ataque de la noche anterior.

Kagome abrió la puerta y ni siquiera podía ver la cara de Myoga detrás de las dos docenas de rosas de color rojo que llevaba.

—Buenos días, señorita Higurashi.

El fuerte olor casi la abrumaba. Eran hermosas y tan rojas como la sangre.

—¡Guao! ¿Está usted seguro de que son para mí?

Sabía que nadie la conocía. Además, no era su cumpleaños o San Valentín o algún día especial por el estilo.

—Sí, el señor que les trajo me dio su nombre. Y esto.

Le entregó un perchero con ropa envuelta en plástico. Su ropa.

Sesshomaru. ¿Cómo había conseguido limpiar y secar la ropa tan rápido? ¿Sesshomaru estaba abajo? Su corazón se agitó con entusiasmo y sus manos le sudaron.

—Creo que hay una tarjeta con las flores—. Myoga dejó el jarrón con las flores en la mesita de noche en el vestíbulo, antes de irse.

—Gracias.

Después de haber cerrado la puerta y colgado su ropa en el armario, buscó la tarjeta. ¿Por qué él iba enviarle dos docenas de rosas rojas?

La tarjeta estaba escrita a mano, en bonitas letras antiguas.

Mis más sinceras disculpas por lo de anoche. ¿Me harías el honor de ir conmigo al teatro esta noche? ¿Puedo recogerte a las 7:00? SesshomaruTaisho. P.D. Mi asistente Miroku, está esperando abajo por su respuesta.

Las mariposas en su estómago empezaron a bailar. Tuvo que sentarse. Le estaba pidiendo salir.

En una cita.

¡Una cita!

¿Qué debería hacer primero? ¿Ir abajo y hablar con su asistente, o terminar de alistarse para el trabajo? Oh Dios, estaba nerviosa. Las mariposas en su estómago estaban revoloteando. Lo harían durante todo el día, estaba segura de eso.

Un joven estaba esperando pacientemente en el vestíbulo del edificio. —¿Señorita Higurashi?

—¿Es usted el asistente del Señor Taisho? ¿Miroku?— Estaba vestido con un traje formal oscuro de negocios, así como el conductor de Sesshomaru de la noche anterior.

—Sí, señora. Me ha pedido que espere por su respuesta.

Su corazón se agitó. —Por favor dígale al Señor Taisho que estaría encantada de acompañarlo esta noche.

—Él estará feliz de escuchar eso.

Ella asintió con la cabeza y se fue a las puertas dobles para irse camino al trabajo.

—Ah, ¿señorita Higurashi?

Se volvió curiosa por ver qué más quería.

—¿Sí?

—El Sr. Taisho también me ha pedido, que le ofrezca llevarla a donde necesite ir.

—Ah, eso no es necesario. Sólo voy a trabajar. No está tan lejos. Gracias.

—Por favor, permítame. La limusina está afuera.

Galantemente abrió la puerta para ella y la llevó al coche. ¿Por qué Sesshomaru la malcriaba de esa manera? ¿O estaba soñando otra vez? Esto no podía ser real.

Kagome le dio a Miroku la dirección de la oficina y se acomodó para un suave viaje. El ruido de la ciudad no penetraba en el coche. Era casi como un pequeño refugio seguro. ¡Qué lujo! En algún lugar, en algún momento, tendría que pagar por este lujo, de alguna manera. Nada era gratis. No en su mundo.

A pesar de que ya había luz de día afuera, Sesshomaru estaba despierto. Estaba cansado, pero no quería dormir todavía. Tenía que saber si Kagome aceptaría su invitación al teatro.

Después de volver de la oficina del Dr. Jaken, había pasado el resto de la noche revisando los informes de las distintas ramas de su empresa, Shikon-Eien.

Cuando había sido convertido en vampiro en el inicio del siglo XIX, se había dado cuenta muy rápidamente, de que incluso un vampiro necesitaba dinero para vivir. En un capricho, había empezado prestando sus servicios, para proteger a los viajeros de la noche. Resultó que la seguridad, era una empresa rentable. También significó que siempre habría una gran cantidad de maleantes y delincuentes de la que podría alimentarse, mientras al mismo tiempo protegía a un rico viajero o a un cargamento valioso.

Más tarde, había convertido su empresa de un solo hombre en una compañía, y contrató a otros vampiros con ideas afines. Como un vampiro, finalmente alcanzó el éxito que no pudo alcanzar como ser humano. Era irónico que, como un vampiro, él fuese capaz de proteger las mismas vidas que muchos de sus colegas vampiros querían destruir. Fue la forma de Sesshomaru, de preservar su humanidad.

Ahora su empresa extendida por todo el país, proporcionaba los guardias de seguridad y guardaespaldas a corporaciones, celebridades, dignatarios extranjeros y otras personas. Mientras mantuvo la sede de la compañía en Nueva York, decidió retirarse a Tokio para vivir una vida más tranquila y más normal. Tan normal como podría ser la vida de un vampiro.

Muchos de sus empleados eran vampiros, en su mayoría trabajaban como guardias de noche o guardaespaldas. Había preparado varios directivos humanos, que se convirtieron en la cara diurna de la Shikon y así poder tratar con el público. Muy pocos de sus empleados humanos lo conocían o lo habían visto, y Sesshomaru no reconocería a muchos de sus empleados humanos, si se topaban con él en la calle. A él le gustaba de esa manera.

Se mantuvo fuera del día a día del negocio, pero le gustaba estar al día mediante la revisión de todos los informes importantes de las diversas ramas. Sólo intervendría si las cosas empezaban a desviarse. Siempre había pequeños problemas en alguna parte, pero confiaba en sus directores para cuidar de las cosas pequeñas. No le gustaba manejar problemas pequeños.

Kouga, Inuyasha y Akago trabajaban para él. Kouga estaba a cargo de la contratación de vampiros, Inuyasha trataba los bienes raíces y Akago era el jefe de Informática. Su amistad no se interponía en el trabajo; bueno, la mayoría de las veces por lo menos. Bankotsu había comenzado a juntarse con ellos, desde que él y Akago se habían convertido en pareja casi nueve meses antes.

Las cortinas oscuras de la habitación de Sesshomaru, lujosamente decorada, estaban extendidas mientras él se sentó en su cama de cuatro pilares y ojeaba los informes, cada pocos segundos mirando su teléfono celular. Había enviado a su asistente Miroku, al apartamento de Kagome hace más de media hora y todavía no había recibido un mensaje de texto, en respuesta.

Miroku era humano. Era los ojos y oídos de Sesshomaru durante el día; uno de los muy pocos humanos que sabían que Sesshomaru era un vampiro. Sesshomaru había salvado a Miroku de una vida de crímenes, y su protegido le pagaba con lealtad y dedicación.

Souten, que era un vampiro, era su chofer, mayordomo y asistente personal en la noche. Los empleados personales de Sesshomaru, ganaban más que muchos directivos de grandes empresas. No es que fuese extraordinariamente generoso, pero conocía la naturaleza humana y de los vampiros muy bien. Si al personal se les pagaba muy bien y se trataban aún mejor, serían leales. Y la lealtad era primordial para él.

¿Qué detuvo a Miroku tanto tiempo? ¿Kagome no se había levantado aún? Miró el reloj antiguo sobre la repisa de la chimenea. Eran pasadas las ocho de la mañana, y él estaba muy cansado. Como un vampiro, podía quedarse despierto durante el día, pero con una capacidad reducida. Sus sentidos no eran tan agudos, y su energía era más baja que lo normal. Por supuesto que no podía salir a la calle, porque los rayos del sol lo reducirían a cenizas. Pero podía moverse dentro de la casa, siempre y cuando la luz directa del sol no lo tocara.

Un zumbido lo alertó de un mensaje en su celular. Lo vio.

Ella dijo que sí.

¡Sí!¡Sí! ¡Sí!

Sesshomaru no podía recordar cuál había sido la última vez que había estado tan entusiasmado por ver a una mujer. O entusiasmado con lo que fuera. Se aseguraría que fuese perfecto. ¡Cuánto la deseaba! Ya podía imaginar las cosas que haría con ella, la forma en que la tocaría, cómo iba a sumergirse en ella hasta que estuviera completamente gastado. Este sería su real, pero tardío, regalo de cumpleaños.

Kagome negó con la cabeza, tratando de contener su irritación por la renuencia de Hojo a cumplir con su petición.

—No, los registros electrónicos no son suficientes. Voy a necesitar los documentos de respaldo para estas operaciones—, ella insistió y miró a Hojo que rondaba sobre su escritorio, un gesto que interpretó como una intimidación. No funcionaría en ella, además del hecho que ella odiaba cuando la gente que apenas conocía, se acercara tanto a ella.

El entrenamiento que había recibido acerca de cómo tratar con clientes difíciles, le enseñó a no mostrar sus emociones. Mientras ella miraba, el sudor se acumulaba en la frente de Hojo. Su rostro se mantenía firme, tal y como había practicado a menudo frente al espejo. Ella no tenía necesidad de ver su reflejo, sabía exactamente cómo sus músculos faciales se sentían cuando lo hacía bien.

—No los tenemos aquí. Están en un depósito en Osaka.

No era una buena excusa. No cualquier excusa funcionaba con ella.

—Bueno, eso no debería ser demasiado problema entonces. Tráelos esta tarde.

—Voy a hacer la petición, pero no puedo garantizar que los van a enviar esta tarde. Es un proveedor externo que utilizamos para esto, y no tengo ninguna influencia sobre la rapidez con que trabajan—. Se encogió de hombros.

—Está bien. Sólo tráelos aquí. Si no están aquí esta tarde, los quiero mañana por la mañana a primera hora. Mañana ya es viernes, y la verdad es que no quiero pasar mi fin de semana en la oficina. Supongo que usted tampoco.

Ella le dio otra firme mirada, asegurándose de que su máscara inflexible todavía estaba en su lugar. Si ella tenía que amenazarlo con trabajar el fin de semana, así sería. No quería decir que tuviera la intención de trabajar este fin de semana. Ella tenía la esperanza de hacer algo de turismo el sábado y el domingo. El plan era concluir la auditoría el miércoles de la semana siguiente. Estaba segura de que para entonces ya habría resuelto el misterio oculto en los libros. Lo que había descubierto hasta ahora era prometedor. Parecía que alguien estaba manipulando las entradas de la depreciación en los libros. Ella confió en su instinto el cual le dijo que había algo sospechoso. Estaba hecho de forma muy metódica, y parecía que había estado sucediendo durante casi un año.

Sólo un año, extraño. Kagome miró las fechas en su pantalla de nuevo, y confirmó el período de tiempo. ¿Por qué los registros del año en curso y el anterior ya estarían en el depósito? La mayoría de las empresas, sólo enviarían al almacén, los registros de más de tres años.. No le gustaba como sonaba, ni un poco.

La razón por la que le pidió los documentos originales a Hojo, era porque necesitaba saber quien había iniciado y autorizado las transacciones. Las entradas en la computadora, no lo demostraban. Las entradas de los datos, eran hechas por empleados de bajo nivel y las aprobaciones eran otorgadas generalmente por los empleados de rangos superiores.

Kagome era plenamente consciente de que a pesar de que estaba totalmente en contra de la política de la empresa, muchos empleados compartían las claves de inicios de sesión, cuando se encontraban en una crisis y necesitaban que las cosas se hicieran. Por lo tanto, mientras ella sabía cuál usuario había aprobado la transacción en cuestión, sólo los documentos originales confirmarían quién realmente habría sido. Y quien sea que estuviese iniciando y aprobando estas transacciones, tendría problemas una vez que ella escribiera su informe.

—Me voy a comer dim sum en Chinatown—dijo Hojo de repentinamente. —¿Quieres acompañarme?

Kagome recordó que la noche anterior no había llegado a disfrutar de su comida china y ahora sentía un antojo por ella. Le dio una sonrisa de agradecimiento.

—En realidad, eso sería genial. Me muero de hambre.

—Vamos pues.

Tomó la chaqueta del perchero junto a la puerta y siguió a Hojo. A pesar de que ella ya había estado en Tokio durante casi una semana, esta fue la primera vez que Hojo le había pedido que lo acompañara a almorzar. Todos los demás días, siempre le había parecido que tenía prisa a la hora de almuerzo, salía corriendo de la oficina tan pronto como ella salía para su descanso.

Dim sum sería una distracción bienvenida y esperaba que el día pasara más rápido. Ella estaba ansiosa a que llegaran las siete, y su cita con Sesshomaru. ¿Qué se pondría? No había traído nada realmente elegante. ¿Tal vez podría pasar por una tienda después del trabajo y comprar algo adecuado?

Caminó por las empinadas calles hacia el restaurante, al lado de Hojo. Él parecía estar muy en forma, aunque no se veía así.

—¿Has probado dim sum antes?— preguntó él.

—Por supuesto. Lo como todo el tiempo Okinawa. Pero creo que nuestro barrio chino no es tan grande como el de ustedes.

Pensaba que debía mantener una pequeña charla superficial con él.

—Por aquí hay un montón de tiendas, y si vas a unas pocas cuadras hacia el oeste, hay algunas tiendas de comidas bastantes decentes. Aquí abajo, hay sobre todo baratijas, recuerdos y toneladas de turistas.

—Sí, me di cuenta. He pasado por aquí al mediodía, y las aceras estaban tan llenas que ni se podía caminar.

—Estará aún más lleno este fin de semana. Es el Año Nuevo chino, y habrá un desfile el sábado por la noche. Es posible que quieras verlo. Normalmente voy con los niños. A ellos les encanta. Habrá un dragón y todo tipo de cosas divertidas.

—Tal vez le echaré un vistazo.

Ella siguió a Hojo al restaurante chino de aspecto descuidado. Estaba lleno mayormente por clientes chinos, lo que siempre era una buena señal. La anfitriona les condujo a una mesa. El mantel rojo estaba cubierto con una placa de vidrio que limpió rápidamente.

—¿Para beber?— dijo la mesera a manera cortante casi hasta el punto de ser hostil.

—Té—, dijeron ambos al unísono.

—Apuesto a que estás ansiosa de regresar a casa y dormir en tu propia cama.

—Absolutamente— sonrió ella. No. Después de conocer a Sesshomaru, ella deseaba poder prolongar su estancia para ver a qué llevarían las cosas. Pero no estaba en las cartas.

—Debe ser duro tener que viajar constantemente por trabajo.

Kagome asintió distraídamente. Nunca había pensado en eso. En realidad, era una bendición estar fuera tanto tiempo. Al menos no tendría que admitir, lo sola que estaba realmente en su pequeño apartamento en Okinawa. Cuando ella estaba en la carretera y hospedándose en hoteles, podía pretender a otros que llevaba una vida interesante. Nadie podría llegar a conocerla lo suficiente como para ver a través de ella y darse cuenta que no tenía nada por qué volver.

No tenía hermanos o hermanas, bueno, de todos modos ya no podría . Su madre había tenido problemas para concebir, y Kagome le había rogado tener un hermanito o hermanita por años cuando aún era una niña. Cuando su madre súbitamente había quedado de nuevo a la edad de casi treinta y cinco años, toda la familia había estado en éxtasis. Poco más de un año después, su mundo se había derrumbado, y su hermanito había muerto. Su madre nunca fue la misma después de eso.

Su padre era casi diez años mayor que su madre y ahora estaba en un hogar para enfermos de Alzheimer. Él ya no la reconocía, y mientras ella se ocupaba de él económicamente, había dejado de verlo. Ella era una extraña para él, y eso le dolía cada vez que lo veía.

Su madre había muerto dos años antes. Fue una bendición que su padre no lo supiera. El Alzheimer ya había reclamado mucho de su consciente para que él supiera que su amada esposa de más de cuarenta años había muerto de cáncer. Los médicos le mantenían al día de su condición, pero no había nada que pudiera hacer. Parecía cómodo, y la casa que ella había elegido para él fue una de las mejores. Ya no quedaba ningún miembro de su familia, que alguna vez fue feliz.

—Kagome, ¿quiere alguno de estos?— Hojo la sacó de sus recuerdos deprimentes.

La camarera les mostró una bandeja con bolas de masa pequeña.

—Sí, claro.

Ella metió una bola de masa en la salsa de soya y se la comió.

—Esto está delicioso. ¿Vienes aquí a menudo?

—Por lo menos una o dos veces por semana. Es muy conveniente para la oficina. Mi esposa odia la comida china, por lo que normalmente recibo mi dosis durante la semana. Ah, lo que me recuerda que mi mujer me preguntó a qué hora estaría de regreso en casa, para la cena de esta noche. Porque iba a cocinar su plato especial.

Kagome notó la rara y curiosa mirada de Hojo

—Bueno, yo estaba pensando en dejar la oficina a las cinco de la tarde.

Ella probablemente podría comprar alguna ropa en menos de media hora, y después...

—¿A las cinco? ¿Tan temprano? ¿Algún plan?— La pregunta de él fue tan casual, que ella casi no lo escuchó...

Y luego tomar una ducha, afeitarse las piernas, arreglarse las uñas de los pies...

—En realidad, yo voy a ir al teatro.

Tal vez rosa para las uñas de los pies. ¿El color rojo sería muy agresivo?

—Eso suena divertido. ¿Qué irás a ver?

A ella le encantaba el escenario y siempre se emocionó cuando supo que iba a ver una obra de teatro. Pero esta vez la razón de su entusiasmo tenía un nombre diferente.

—No lo sé realmente.

Kagome evitaba sus ojos, por miedo a que reflejaran su entusiasmo por la cita que se acercaba. No le importaba lo que iba a ver, siempre y cuando el hombre sentado a su lado fuera Sesshomaru Woodford.

—¿Qué quieres decir, con que no sabes?— Hojo pareció confundido.

—Saldré con un conocido, y olvidé por completo preguntarle qué obra veríamos.

Un conocido. Ella quería que Sesshomaru fuese mucho más que eso, por lo menos un conocido con quien pudiera tener sexo. Mucho sexo. Cantidades de buen sexo. Si era tan bueno en la cama como su beso prometía, habría montones de buen sexo.

¿Se estaba poniendo caluroso en el restaurante?

—¿Demasiado picante?

—¿Qué?— Kagome levantó su vista para encontrarse con la mirada inquisitiva de Hojo.

—El dumpling—, le contestó Hojo señalando su plato.

—Sí, sí. Creo que le puse demasiada salsa picante.

Probablemente era mejor no pensar más en el sexo, mientras comía con Hojo. O en la oficina durante el resto del día dado el caso, sobre todo porque no había aire acondicionado en el edificio.

Sesshomaru deseaba poder ver su reflejo en un espejo, pero dado a que los vampiros no podían reflejarse en los espejos, tuvo que conformarse con Souten.

—¿Cómo me veo?

—Apuesto—. Souten no era un vampiro de muchas palabras.

Sesshomaru jugaba con el cuello de su camisa. —¿Demasiado? ¿Debería cambiarme a algo menos llamativo?

Llevaba pantalones oscuros y una simple camisa blanca con los dos primeros botones abiertos, sin corbata. Quería verse casual, pero no demasiado. Él jugueteó con el cuello de su camisa nuevamente.

—Si no lo conociera mejor, señor, diría que está nervioso por lo de esta noche.

—¿Me has visto alguna vez nervioso, Souten?— desvió Sesshomaru.

—Nunca, señor. Ni una sola vez en los casi dieciocho años que he estado trabajando para usted. Usted es la confianza personificada, lo que hace extraña a esta ocasión, si me permite decirlo.

Buen punto.

—¿Tanto tiempo ha sido?

—Sí, de hecho.

Sesshomaru recordó muy bien la oscura noche de octubre, cuando tuvo que tomar la fatídica decisión. ¿Salvar a Souten o dejarlo morir?

—¿Te arrepientes de eso?— preguntó Sesshomaru.

En realidad se arrepentía de haber sometido a Souten a la vida como vampiro, pero en aquel entonces, sólo había tenido unos segundos para tomar una decisión. Los atacantes de Souten lo habían dejado herido de muerte. Si no lo hubiera convertido, la vida de Souten se habría terminado.

Souten levantó las cejas. —¿Lamentar que trabajo para un caballero?

Sacudiendo la cabeza, Sesshomaru respondió: —No soy un santo. Ambos lo sabemos.

—Ninguno de nosotros lo somos. Pero usted es un caballero. Creo que su madre, que en paz descanse, estaría orgullosa de usted. Debió haber sido una mujer extraordinaria, habiendo criado a un hijo como usted.

—Te habría agradado—, sonrió Sesshomaru e hizo una pausa—.

—Souten, ¿alguna vez has pensado en hacer algo más? Quiero decir, ¿no deseas iniciar una carrera diferente?

—No hay nada que prefiera hacer más, que trabajar para usted.

—Me alegra oír eso. Sabes, estaría muy perdido sin ti. Mi casa y mi vida serían un desastre si no te tuviera.

—Gracias señor, ¿Nos vamos?— Souten señaló la puerta principal, como siempre, tratando de mantenerlo a la hora prevista.

—¿Estás seguro que me veo bien?— Sesshomaru sintió su frente arrugarse.

—Sí, señor—. Souten asintió con la cabeza y le ayudó con su abrigo, antes de abrirle la puerta principal. Había dejado de llover de nuevo, y parecía que iba a estar seco, por unas cuantas horas al menos.

Mientras Sesshomaru se acomodaba en el asiento trasero de la limusina, se preguntó cómo debería de actuar. ¿Casual y dulce? ¿Agresivo? ¿Sexy? Maldita sea, no tenía idea de lo que funcionaría para ella. Aparte de su nombre y dónde vivía, no sabía absolutamente nada acerca de ella. Bueno, Miroku también le informó donde trabajaba, pero no tenía idea de lo que realmente hacía. El edificio en el que Miroku la había dejado, albergaba a más de veinte empresas diferentes. Tal vez debería haber instruido a Miroku para investigarla un poco más, de esa forma estaría armado con un poco más, que solo su encanto para afrontar la velada, y meterla en la cama. Su cama.

Sabía que tenía que ser cuidadoso, dado a que había arruinado la noche anterior, actuando como un idiota. Tal vez un enfoque dulce y encantador, funcionaría mejor con ella. Trataría eso primero. Una conversación ligera, mucha risa, nada pesado. Era un buen plan. Podría hacer eso.

El viaje fue corto, demasiado corto para que él pudiera ordenar sus pensamientos. Detuvo a Souten para que no saliera del coche.

—Gracias Souten, la recogeré yo mismo.

Sesshomaru entró desde la oscura calle hacia el vestíbulo. Amaba a los meses de invierno, ya que las puestas de sol llegaban temprano, y le daban noches más largas y más oportunidades para estar afuera.

El encargado del lobby lo anunció por teléfono.

Sesshomaru esperaba pacientemente, preparándose para una espera de por lo menos diez minutos. Él sabía cómo eran las mujeres. Ciertamente, las mujeres vampiro con las que había salido, lo dejaban siempre esperando, como si fuera una ley no escrita, nunca estar listas a tiempo. Las mujeres humanas sin duda no eran diferentes.

El vestíbulo estaba decorado con un gran mural, y admiró la obra de arte. No había estado ahí por mucho tiempo. Su empresa poseía un par de condominios en el edificio. Los usaban para asociados fuera de la ciudad, pero él nunca había visitado alguno de ellos por sí mismo. Amaury estaba a cargo de lidiar con todos sus bienes inmuebles.

—Sesshomaru.

La voz de Kagome lo hizo girar sobre sus talones. Le había tomado menos de dos minutos para bajar. ¿Era realmente ella? Se veía aún más hermosa de lo que recordaba. La noche anterior había estado empapada, pero ahora su largo pelo negro colgaba de su cabeza como la seda. Su rostro era claro, y si usaba algún tipo de maquillaje, no era visible. Sus ojos verdes brillaban. Vestía una falda negra con revuelos y una blusa violeta atada a un lado. Estaba deseoso de desatar ese nudo y desenvolverla.

—Kagome—. Tomó su mano hacia su boca, dándole un suave beso. —Gracias por aceptar mi invitación—. Su perfume lo atrapó de inmediato y se envolvió a su alrededor como un capullo.

Ella le mostró una sonrisa encantadora. —Me alegro de verte.

—¿Vamos?— preguntó él, ofreciéndole su brazo izquierdo.

Kagome enganchó su mano. Queriendo sentir más de ella, puso su mano derecha sobre sus dedos, presionándolos suavemente hacia abajo. Ella era suave y cálida. Esta noche esos dedos lo tocarían en todos los lugares correctos, al igual que sus manos memorizarían cada centímetro de su cuerpo.

—¿Qué vamos a ver?

Sesshomaru no tenía ni idea. Le había pedido a Miroku que le consiguiera las mejores entradas a cualquiera que fuese considerado el mejor espectáculo en la ciudad y había olvidado por completo preguntarle de qué se trataba. Había guardado las entradas en el bolsillo sin siquiera mirarlos.

—Es una sorpresa.

—Me encantan las sorpresas.

Tendría muchas sorpresas con él. Esperaba que todas buenas.

Él la ayudó a subir al coche y se dirigió a su conductor. —Estamos listos, Souten.

A medida que la limusina se alejaba de la acera, Sesshomaru abrió el bar en frente de él. Sacó un plato pequeño con sushi y canapés.

—Pensé que probablemente todavía no habías comido.

—Gracias, eso es muy amable de tu parte—. Kagome se sonrojó, y el color se veía bien en ella. Tal vez él podría encontrar otras maneras, para que la sangre llegara a sus mejillas.

—¿Champán?— le ofreció mientras abríala botella. Sirvió dos copas y le dio una. Hicieron un brindis y la miró.

—Puede ser que te cause una mejor impresión que la de anoche.

—Ya lo estás haciendo.

Eso fue inesperado. ¿Podría ahora pasar de dulce y encantador, a sexy y ardiente? Una parte de su anatomía sin duda ponía el voto de un "¡sí!", desde ese momento.

¡Tranquilo chico!

Sesshomaru se movió en su asiento y señaló los canapés. —¿De cuál quieres?

Ella estiró la mano hacia un trozo de sushi. Él asintió con la cabeza, tomó la pieza, y la guió hacia su boca.

—Abre—, le pidió en voz baja.

Ella obedeció al instante, y suavemente colocó la pequeña pieza de sushi en su boca. Brevemente su dedo rozó sus labios mientras lo hacía, y no fue accidental. Ella se lo comió.

—¿No vas a comer?

—No, tuve una cena de negocios temprano—, mintió, —y además, me gusta mucho más alimentarte.

No es que no le hubiera encantado la idea de que ella lo alimentara, pero el sushi no estaba exactamente en su menú. Los vampiros no comen alimentos sólidos. Se dio cuenta del creciente deseo en sus ojos, mientras miraba su boca. Él imaginó esos labios sobre su piel desnuda. ¿Cómo reaccionaría su piel al roce de su boca?

—¿Puedes darme otro?— Su voz era suave, sedosa, tentadora. ¿Acaso ella sabía que se trataba de juegos previos?

Sesshomaru colocó un canapé en su boca y provocativamente dejó su dedo en sus labios, hasta que ella le respondió cerrándolos sobre la punta de su dedo. En cámara lenta, retiró su dedo y dejó que se deslizaran sobre sus labios cerrados.

Ya podía sentir su cuerpo respondiendo a ella. Diez segundos más, y le daría otra furiosa erección.

—¿Te gusta mi elección de comida?

No era la elección de los alimentos sobre lo que quería discutir.

—Podría conseguirte cualquier cosa que quisieras.

La pregunta de -¿qué más?- estaba implícita. Preferiblemente una parte de su cuerpo. De preferencia la que actualmente pedía más espacio en sus pantalones.

—No, esto es absolutamente perfecto—. Sus ojos le recorrieron su cuerpo, enviando un escalofrío de anticipación a sus entrañas.

—¿Más?— ¿Cuánto podría ella resistir antes de colapsar en sus brazos, desnuda, caliente, y exhausta?

—Hoy estoy hambrienta.

Kagome jugaba su juego, y él le gustaba. No había nada tímido en ella. Le mostró lo que quería y no se avergonzaba de ello. Un signo de una mujer fuerte. Estaba ansioso de ver cómo iba a ser en la cama, si es que acaso llegaba alguna vez a una cama, y no le caía encima en algún otro lado. Lo que era una clara posibilidad.

—Creo que tendré que seguirte alimentando. No quiero que nadie empiece un rumor que no alimento a mis invitados. Nadie se va hambriento de nada después de estar conmigo.

Ella reaccionó a sus palabras lamiendo su labio inferior, y parecía que ni siquiera sabía que lo estaba haciendo. Él dirigió su mirada hacia sus pechos involuntariamente, mientras su visión periférica notaba un cambio en ellos, sus pezones se habían endurecido y se presionaban a través de la tela de su blusa. Su pene respondió de la misma manera inclinándose hacia ella.

Cuando le dio el canapé siguiente, ella tomó su mano, y tan pronto como se había tragado la comida, sus labios se abrieron nuevamente. Lenta y deliberadamente, haló uno de sus dedos hacia su boca y lo lamió para limpiarlo. Él contuvo el aliento. Ella lo chupó con suavidad, y sus ojos se clavaron en los suyos.

Ella hizo lo mismo con el dedo siguiente. Sesshomaru sintió que su pene se tensionaba hacia ella, pidiendo ser el siguiente en su línea para sentir esos deliciosos labios. Cuando ella lo soltó, él acarició sus labios con el dedo húmedo.

—Delicioso—. Kagome se movió en su silla, cambiando la forma en que cruzaba las piernas, atrayendo sus ojos hacia sus pantorrillas. Él admiraba las suaves curvas de su piel perfecta.

Él no quería nada más que besarla, pero tenía que esperar. Por ahora quería llevar la temperatura del cuerpo al punto de ebullición y disfrutar de la vista de sus pezones endurecidos. Por desgracia, era su propia temperatura corporal la que iba en aumento. Tal vez debería pedir a Souten que encendiera el aire acondicionado.

El trayecto hasta el teatro era demasiado corto, sobre todo porque se estaba divirtiendo mucho. ¿Cómo iba a hacerlo a través de la actuación de dos horas, no tenía ni idea. Estaba en el estado de ánimo adecuado para regalarle las entradas a cualquier transeúnte que pasara y llevarla de vuelta a su casa inmediatamente. Pero estaba preocupado porque su incontrolable deseo por ella la asustara y la hiciera retroceder. No podía correr el riesgo.

—Señor, estamos aquí—le anunció Souten mientras el coche se detenía.

Kagome miró a Sesshomaru con atención mientras él la ayudaba a salir del coche como un perfecto caballero, como si los pocos minutos de juego erótico no hubiesen ocurrido. Él era mortalmente sexy, y el toque de los dedos en sus labios, la habían excitado más de lo que quisiera que alguien supiera. Si un simple toque le hizo eso, estaría dirigiéndose al abismo en breve.

Apenas podía creer lo audaz que había sido estando en el coche. Ella no era normalmente el tipo de mujeres que va tras un hombre, pero todas sus inhibiciones se habían ido por la ventana tan pronto como él, le dio la primera pieza de sushi. Potencialmente, toda la situación podría haber sido vergonzosa, sobre todo si él hubiese retirado sus dedos. Pero no lo hizo. Había participado.

En la marquesina del teatro, se dio cuenta de que la obra que había venido a ver era el musical Wicked. Había oído cosas buenas sobre el musical y había querido verlo.

Mientras Sesshomaru la guiaba a través de la multitud, puso su mano posesivamente en la parte baja de la espalda. Era un gesto comúnmente aceptado para una cita, pero después de lo que habían compartido en el coche, se sintió más sexual que cualquier otra cosa, y ella no quería cambiar nada al respecto.

Ellos estaban sentados en las filas de en medio de la orquesta con una grandiosa vista del escenario. Su hombro rozó contra el de ella mientras se sentaban uno junto al otro. Le acercó hacia su mano el programa. Sus manos se tocaron cuando ella lo tomó, y sintió una ola de fuego atravesándola hasta su vientre. Nunca había conocido a alguien, que pudiera enviar ese tipo de sensaciones a través de su cuerpo, con un simple toque. Ella no podía mirarlo por el temor a que él viese en su rostro lo excitada que estaba.

—Espero que disfrutes de esto—. Ella sintió el susurro al oído y no estaba segura que se haya referido a la obra. ¿O era la única con una sola idea en la mente? Se volvió hacia él para tratar de leerlo. No, no era la única. El brillo perverso en sus ojos lo confirmaba.

—Creo que lo haré—, respondió ella.

Su boca estaba a tan sólo un par de centímetros de la suya. ¿Qué tan fácil sería besarlo?

—Me aseguraré de ello.

El se aseguraría de cumplir su promesa.

Las luces se atenuaron, y poco a poco las voces en la audiencia, cesaron. Todo quedó en silencio, a la espera. Casi podía sentir el cosquilleo de la electricidad entre ellos, cuando ella de pronto sintió su mano sobre la suya. El hombre más sexy que había conocido, estaba tomando su mano en la oscuridad de un teatro. El toque evocaba imágenes de sexo caliente, y ella sintió la temperatura de su cuerpo aumentar como resultado.

Sesshomaru le tomo la mano durante todo el primer acto y sólo la soltaba en ocasiones para aplaudir. Ella notó que la miraba de lado varias veces, pero ella no le regresaba la mirada. Le preocupada mucho que sus buenos modales la abandonaran, como ratas que abandonan un barco que se hunde, y lo tomaría allí mismo, en el teatro. No necesitaba o quería ninguna audiencia para lo que quería hacerle.

Cuando se encendieron las luces para el intermedio, él soltó su mano.

—Se está poniendo caluroso aquí—. Ella se abanicó la cara con las manos.

—Muy caluroso. ¿Quieres algo de beber?

Lo que ella necesitaba, era salpicar un poco de agua en su cara antes de que espontáneamente se quemara. O tal vez una ducha de agua fría para apagar las llamas que sentía a través de su vientre.

—Eso sería genial.

Se levantaron y se abrieron paso entre la multitud hacia el bar. Sesshomaru estaba justo detrás de ella, con su mano en la cintura guiándola delante de él. Cuando llegó a un congestionamiento en la puerta, ella se detuvo bruscamente, incapaz de ir más lejos. El cuerpo de Sesshomaru de repente se amoldó hacia su espalda. Su pecho se sentía fuerte y duro, y su mano, que había descansado en su cintura, ahora se deslizaba alrededor de su estómago para mantenerla cerca de él.

—Creo que estaremos atrapados aquí por un tiempo.

A pesar de su comentario, él parecía despreocupado por la situación. Su mano estaba íntimamente puesta, bajo su estómago, sus dedos sentían los bordes de la ropa interior a través de su falda. Sutilmente, ella presionó su cuerpo hacia él y sintió la silueta rígida de su erección contra su espalda baja. Sus manos sobre el vientre, la mantenían en su lugar de manera que no pudiera rozarlo más. ¿Se había dado cuenta de lo que ella estaba haciendo?

—Kagome, tendremos que ser pacientes.

Ella sintió su cálido aliento en su cuello y sus labios casi rozarle la piel. Sus palabras le dijeron que había notado sus movimientos traviesos y que sabía exactamente lo que estaba haciendo. ¿Por qué no se sentía avergonzada de su comportamiento descarado?

—La paciencia es sobrevalorada, ¿no te parece?

Su réplica provocó una sonrisa en él, pero no la soltó de la íntima posición en la que la tenía atrapada. Por el contrario, se sentía como si la acercase más a él, ¿o estaba su erección creciendo? Sus dedos parecían deslizarse ligeramente más abajo, provocativamente presionando contra la parte superior de su pubis.

—Disculpa. ¿Te estás poniendo demasiado caliente?

Su voz sonaba casi inocente, cuando sus manos eran todo lo contrario.

—Me gusta el calor—, le dijo ella.

Ninguno de los otros espectadores podían ver la respuesta a su afirmación, pero Kagome podía sentirla.

Sesshomaru lentamente frotó su pulgar contra su sexo, la fina tela de su falda apenas proporcionaba alguna barrera. Su nariz sintió el aroma de ella: el dulce aroma de su excitación. Ella lo sorprendió con lo lejos que lo dejó ir, y si no hubieran muchos testigos a su alrededor, él la tomaría ahí mismo, de pie.

Todo lo que se necesitaba era levantar su falda, despojarla de su ropa interior , y ella sería suya para tomarla. Sin siquiera tocarla, sabía que ella ya estaba mojada, lo suficientemente húmeda para que él se deslizara sin resistencia. ¿Qué haría si la apartaba y encontraba un rincón oscuro en algún lugar del teatro? ¿Estaría dispuesta?

Antes de que pudiera formar un plan, el congestionamiento se disolvió, y tuvo que soltarla de su íntimo abrazo. Se movieron hacia el bar.

—¿Qué quieres?— Tenía problemas para hacer que su voz sonara normal. Sólo podía oír la lujuria y el deseo de su cuerpo, que tenía dificultad para controlar.

—Sólo un poco de agua, por favor.

Mientras ordenaba, Kagome se excusó para encontrar el baño de mujeres y lo dejó en el bar. Sus ojos la siguieron. Ella tenía curvas en todos los lugares correctos. ¿Cómo podría una mujer como ella estar sin ataduras? ¿Estaban todos esos tipos humanos allá afuera ciegos? Como fuera, al menos no tendría que luchar contra la competencia. Sería toda suya pronto. Muy pronto.

—Ilusiones—. La voz detrás de él era la que no quería escuchar nunca más. ¿Debería ignorarla e irse?

—Dije…— ella repitió.

Sesshomaru se dio la vuelta. —Te oí la primera vez, Kagura.

Su voz tenía un borde afilado como una navaja para afeitar, que siempre empleaba cuando trataba con enemigos. Echó un vistazo a la belleza de alta estatura frente a él. Estaba vestida extravagantemente, su largo cabello oscuro reposado artísticamente sobre sus hombros desnudos. El corsé de su vestido acentuaban sus pechos, y el verde oscuro de su vestido, complementaban el color de su cabello y su piel. Era impresionante, pero no él no se dejó engañar, ya no.

—Un poco tenso, ¿no?

—Nada que te importe—, contestó él. —¿No deberías estar de camino hacia alguna fiesta de disfraces en alguna parte del infierno?

Sesshomaru tomó la botella de agua que el camarero le entregó y pagó.

—Definitivamente tenso. ¿Así que es verdad, entonces?

Él le dio una mirada penetrante, negándose a tan siquiera adivinar, a dónde se dirigía ella con su insinuación.

—Vete a jugar tus juegos con alguien más. Ya deberías haberte dado cuenta que no me importa tu compañía.

—Una vez lo hiciste. De hecho, la anhelabas. ¿No te acuerdas?

Oh, él recordó. —No recuerdo mucho de ese tiempo, dado a que yo estaba temporalmente loco en ese entonces. Así que ¿por qué no sigues adelante? Debe de haber un montón de chicos ricos en la ciudad con los que no te has acostado todavía. ¿O has hecho tu camino acostándote con ellos ya?

—Por lo menos a ellos se les levanta.

Su tono suave desmintió el veneno en sus palabras. Tomó un sorbo de su copa de vino, con indiferencia.

Sesshomaru murmuraba entre dientes. ¿Cómo le hubiera gustado romper su pequeño cuello. Casi podía oír el ruido que haría cuando se rompiera.

—Deberías ser cuidadosa con las mentiras que esparces—, le advirtió en voz baja. —Las mentiras puede matar a la gente. Incluso a gente como tú.

—No se llaman mentiras si son ciertas. Así que, parece que te desarmé.

¡Maldito Jakotsu! El realmente difundía rumores más rápido que nadie que él conociese.

—No te hagas ilusiones. No te sienta—. No quería volver a sentir el toque de Kagura de nuevo. La sola idea le repugnaba. ¿Cómo podría haber disfrutado sus malignas manos sobre él, era un misterio.

—Si vuelves a mí te puedo arreglar—, fanfarroneó ella, obviamente, convencida de su poder de seducción.

—No puedes arreglar lo que no está roto.

Verdad. Él había estado así sólo un día atrás, pero ahora, gracias a Kagome, todo estaba funcionando bien.

—Mentiroso.

—No te tocaría ni aunque fueras la última mujer sobre la tierra. Por lo tanto, déjame en paz.

Sesshomaru se dio la vuelta y ella agarró su brazo. Él se volteó y le lanzó una mirada venenosa, sacudiendo su brazo lejos de ella.

—Cariño, lo siento por tardarme tanto—, la voz de Kagome de repente sonó a su lado.

Él sintió su cálida mano sobre su brazo, instantáneamente relajando sus músculos tensos. Agradecido, se volvió hacia ella.

—Aquí está el agua, dulzura.

De reojo, podía ver a Kagura sorprendida. Ella se quedó congelada observándolos , mientras que él ponía su mano en la espalda de Kagome para alejarse.

—Gracias.

Él mantuvo su voz baja mientras caminaban por la zona del bar.

—Parecía que querías alejarte de ella—. Había una pregunta no formulada en su voz.

—Si, lo quería.

—¿Alguien que conoces?

¿Debería de decírselo? No haría ningún daño.

—Ex-Novia.

—Ah. Ella es hermosa—, Kagome le comentó con voz deprimida.

—Sólo en el exterior—. Sesshomaru supo lo ella sintió. Las mujeres, ya sean humanas o vampiros, eran predecibles de una manera: siempre se comparaban con otras mujeres. Él tenía que hacer que ella dejase de preocuparse por eso. La llevó a una esquina, la miró fijamente a los ojos.

—Tú eres más hermosa que cualquier mujer que he conocido. Y si no hubiera tanta gente aquí, yo te demostraría lo deseable que creo que eres.

Sus dedos le acariciaron la mejilla con suavidad. La quería besar, pero no ahí, porque sabía que no sería capaz de detenerse una vez que comenzara. En su lugar, tomó su mano hasta su boca y le besó la punta de los dedos. Su piel era cálida y dulce. Le mordió su dedo índice y lo puso entre sus labios, cerrándolos a su alrededor, dejando que su lengua jugara con él.

—Sesshomaru...— Su voz no era más que un susurro.

La miró mientras ella cerro sus ojos y aspiró profundamente, hasta que se soltó de su dedo. Estaba más que satisfecho con el efecto que tenía sobre ella. Ella respondió a cada uno de sus movimientos seductores, y ni siquiera estaba usando el control mental de los vampiros. Así era, ¡él no lo estaba haciendo! Ni siquiera se había dado cuenta. Cada interacción con ella había sido total y absolutamente carente de cualquier control mental de su parte.

Los vampiros utilizaban el control mental para poner pensamientos en la mente de sus víctimas, que les permitía acercarse y alimentarse de ellos, y luego, para borrar sus memorias, para que no tuvieran ningún recuerdo de los acontecimientos.

Puesto que Sesshomaru no se alimentaba de seres humanos a menos que fuera una emergencia, rara vez tenía la necesidad de utilizar el control mental. Bebía sangre adquirida a través de un banco de sangre y estaba contento con eso. No era exactamente lo mismo que la sangre caliente y palpitante que viene directamente de las venas de un ser humano, pero era suficiente para satisfacer su hambre y nutrir su cuerpo.

Por supuesto, cuando él había sido un vampiro nuevo, y no había tal cosa como un banco de sangre, había tomado la sangre directamente de los seres humanos. A veces, él había tomado demasiado y por esohabía matado accidentalmente a los humanos. Con los años había aprendido a controlarse mejor a sí mismo. Cuando la sangre se hizo disponible en el mercado comercial, se había cambiado a ello.

No había utilizado el control mental desde hace tiempo, y no se le había ocurrido usarlo en Kagome, aunque quería estar absolutamente seguro de tener relaciones sexuales con ella esta noche. Usar el control de la mente le habría asegurado eso.

Pero la respuesta a su toque, le había dado la certeza absoluta de que él no tenía necesidad de utilizar sus habilidades de vampiro en ella.

—Debemos volver a nuestros asientos. No creo que nos queramos perder el segundo acto.

—No, no querríamos perdernos nada—. El tono ronco de su voz, indicó a él, que no estaba hablando de la obra.

Sesshomaru sintió que su pantalón se ajustaba instantáneamente. Este no era el momento de tener otra erección, pero por desgracia, no tenía ningún control sobre él. Mejor era esconderse en la oscuridad del teatro.

Él la miró de un lado, mientras observaban el segundo acto en silencio. La deseaba tanto, que era doloroso esperar. En la oscuridad, le tomó la mano y la encontró con voluntad de aceptar su toque. Necesitaba más. Era una tontería sentirse como un niño, buscando a tientas en la oscuridad, pero no pudo evitarlo. Vacilante guió la mano de ella hacia su muslo donde la dejó. ¿La quitaría de ahí?

No podía seguir la acción en el escenario, cuando había un misterio mucho más excitante, al lado de él. Mientras le soltaba la mano, su cuerpo estaba tenso. Era el momento para que ella se sintiera libre de retirar su mano, o dejarla donde estaba, ardiendo a través de la tela de sus pantalones, enviando ondas de choque de calor a través de su cuerpo.

Kagome no hizo nada, su mano no se apartó, pero no se quedó donde la había dejado. En cambio, su mano se movió suavemente a lo largo de su muslo, arriba y abajo, acariciándolo, ahora moviéndose más arriba. Maldita sea, ¡ella lo estaba matando! Su erección luchaba contra sus pantalones, y no tenía manera de acomodar el espacio reducido para sentirse mucho más cómodo.

Su cálida mano subió a la cima de sus muslos. Él estaba a punto de acabar, y entonces, ¿cuándo se va a acabar esta maldita obra? Sesshomaru contuvo el aliento hasta que se dio cuenta que ella lo miraba. Ella se rió en silencio. ¿Qué era tan gracioso?

Kagome se apoyó en él, y sintió su boca cerca de su oído mientras le susurraba:

—No debes de jugar con fuego si no puedes soportar el calor.

Por todos los demonios, estaba tocándolo como a un violín, convirtiéndolo en puré con sus manos. Y ella lo sabía muy bien. Siempre había pensado de sí mismo como el depredador, pero ella dio un giro al juego, cambiándolo de su papel habitual. No veía la hora de cambiar los papeles más tarde. Él lo disfrutaría mucho.

—La venganza es una perra.

—¡Chh!— lo reprendió una voz detrás de él.

Sesshomaru tomó su mano de nuevo, deteniéndola de acariciarlo más, pero aún así, manteniéndola en su muslo. Él podía manejar eso, solo eso. No había tenido tanta diversión con una mujer desde que había sido un adolescente y humano. Como un vampiro, todo lo relacionado con el sexo, había sido caliente y pesado, sin verdadera diversión y juegos. Bueno, esto era demasiado caliente y pesado, pero al mismo tiempo podía sentir el humor en todo. Se preguntó si ella podía despertar su lado más tranquilo y hacerle sentir despreocupado y relajado de nuevo.

No podía recordar la última vez que había bromeado con una mujer, pero con Kagome, todo parecía tan fácil. Ella no se tomaba las cosas demasiado en serio, hacía casi fácil olvidarse de lo que él era. Lo trataba como un hombre normal. Por supuesto que lo haría. No tenía idea de lo que era. No importaba, no esta noche. Esta noche la llevaría a su cama, y él sería sólo un hombre, un hombre que la deseaba. Olvidaría que era un vampiro.