Perdonad mi ignorancia en la gramática, ortografía y sintaxis. Estoy aprehendiendo. Espero que les guste. Quizá tarde un poco más en colocar los siguientes capítulos.

Gracias por sus comentarios! De verdad!.

Besos y abrazos

Capítulo 3. La fruta no cae muy lejos.

Dumbledore se hallaba observando el pensadero con detención, indagando, deduciendo. Y de vez en cuando vertía un pensamiento con la varita. Se acarició las barbas blancas y brillosas para luego marcharse tras de su escritorio. Se disponía a escribir sobre pergamino desteñido cuándo la puerta resonó. Pensó en la extrañeza y razón de una visita tan entrada la noche. Después de oír el segundo toque en un eco lejano, habló.

-Adelante-dijo con cordialidad-

-Buenas noches, Profesor-sus labios se curvaron en una dificultosa sonrisa. No era su costumbre sonreír-

-Buenas noches- respondió levantándose de su asiento-¿a qué debo tan grata visita Minerva?- le observó por el ojal de sus lentes ofreciéndole asiento con la otra mano-

-Bueno, verá-se acomodó las gafas antes de sentarse- he venido a dar de conocimiento qué mañana termina el castigo de Hermione Granger -

Dumbledor asintió benevolente y se levantó de su asiento para dirigirse nuevamente al pensadero.

-Siempre me resultó excesivo tal encargo-dijo después de unos minutos de silencio- pero habrás tenido tus razones-

-Oh, bueno. Realmente ha sido Severus quién lo sugirió de inicio-aseveró-

-Sí, lo he sabido también. Severus siempre ha tenido un singular tino para las reprensiones- circunvaló el borde del pensadero con la varita-Sin embargo para mí lo más importante es que los alumnos comprendan el significado de las reglas con otras formas-

-¿Y porque lo ha permitido entonces?-preguntó la profesora McGonagall confundida-

-Comprenderás qué, en las peores circunstancias se puede lograr mucho. Los cambios externos avivan los internos. Sobre todo si provienen de la convivencia con quienes consideramos enemigos -siguió mirando los reflejos en el pensadero un momento. Se giró hacia la profesora-¿Cómo ha visto a Draco Malfoy últimamente?-indagó-

-A decir verdad, ahora que lo menciona. Ese chico se ha metido en menos líos, inclusive parece callado-reflexionó de momento-

Dumbledor asintió comprendiendo. Hubo un silencio largo en qué el director inició un andar en círculos, como gato queriendo buscar dónde dormir. Luego hizo un gesto recordando que tenía compañía.

-¿Preguntó usted a Grenger o Malfoy el porqué de la visita en la zona prohibida?-Dijo Dumbledor con serenidad-

-Malfoy manifestó equivocar la dirección y Granger negaba su participación, estableció su interés en averiguar quién era el intruso que vio escabullirse. Por supuesto no le he creído a ninguno- Se quedó pensante y luego pareció alarmarse- ¡oh será posible lo sepan?-

-No. Espero que no-dijo un tanto pensativo-

-¡Oh Profesor Dumbledor! ..Si se descubriese lo que tenemos escondido allí ..¿Porque no ha elegido alguna bóveda de Gringotts?-

-Ya ha demostrado ser ineficaz en el pasado-dijo sobándose las sienes como si dolieran-..Pero créeme Minerva, estoy consciente, si el pergamino llegase a manos equivocadas no solo el mundo mágico correría peligro-

-¿Entonces, seguirá ahí entre los libros de?-

-No debieras preocuparte tanto. Me he precavido. Hogwarts tiene un millón de escondites aleatorios. El pergamino no está en un solo sitio por mucho tiempo-

La profesora McGonagall pareció relajar los gestos y destensar los hombros. Luego, se levantó acomodándose con ansias las gafas.

-Creo que ya lo he importunado demasiado-se colocó las manos entre las mangas opuestas de su túnica- Buenas noches profesor-Salió-

El director frunció el ceño extrañado por el estrepitoso levantamiento de McGonagall. Después la vió alejarse por las escaleras de caracol, mientras se cerraba mágicamente la puerta en la entrada a su despacho. No le dio más importancia y viró la vista al pensadero.

-Que tengas buenas noches Minerva-murmuró perdiéndose en sí-

Dumbledor observaba apesadumbrado una imagen que apareció sobre su familia. Hace tanto que no recordaba que seguían ahí, en los recovecos más recónditos de su mente. Y la puerta le sacó de sus pensares nuevamente. Miró la madera con detenimiento, creyendo que su imaginación le jugaba broma, pero ahí estaba otra vez el sonido. Habrá olvidado algo Minerva, pensó.

-Adelante-volvió a decir en el mismo tono de antes. Abrió los ojos con sorpresa, luego se irguió por completo para entablarse despacio en medio de su despacho-

-¿A qué debo la grata ..-

-He venido a contarle algo importante, me parece-expresó apresurado con decisión-

-Y mis oídos serán todos tuyos, sea importante o no tal asunto-le sonrió llevándose las manos tras de la espalda-mi querido ..alumno-


Hermione intentaba concentrarse en sus ejercicios de pociones. No lograba esclarecer una fórmula, cosa bastante extraña para sus habilidades. O sería que realmente su concentración estaba en otro lado. Observó por la ventana como el sol se metía en el horizonte por sobre las aguas, o al menos así parecía. Luego otro objeto llamó su atención, la carrosa de los Malfoy dirigiéndose hacia las caballerizas, una visita bastante singular cayendo casi la noche. Frunció el ceño y viró los ojos al libro nuevamente.

-¿Hermione, has podido con la 12?-dijo el chico en su costado derecho-

Ella seguía observando las páginas amarillentas del libro, preguntándose sobre aquél carruaje negro de adornos dorados. El joven le miró preocupado, en esos días Hermione se observaba mas abstraída de lo normal.

-¡Hermione?-volvió a llamarla-

-¡He? A sí, lo siento Harry ¿Me decías?- le miró un tanto adormilada-

-Luces cansada últimamente, además de enajenada. Ni siquiera participas en las clases ¿sucede algo malo? Al principio creí que era la felicidad que te invadía por estar con Ron, pero últimamente pienso todo lo contrario-

-No, claro que no. Ron es demasiado lindo-forzó una sonrisa- Es solo cansancio, como lo has dicho y la presión por los exámenes. Además, no estoy tan segura de ir dónde mis padres este año. Al parecer podría tomar cursos extra-resumió para volver sus ojos a los libros-

-Es demasiado Hermione, necesitas vacaciones. Recuerda que vas terminando con el castigo de Snape, eso ha sido demasiado. Yo creo que..-

-Gracias por tu preocupación Harry pero sé lo que tengo que hacer-sonó irritada. Se levantó del asiento-

Hermione salió de la biblioteca seguida por los ojos sigilosos de la señora Pince, después de aquel mal entendido en el invierno, le vigilaba mas fieramente. Al recorrer los pasillos, se agazapó detrás de un pilar. Lucius Malfoy atravesaba el salón tras abandonar la estancia de visitas. No tardó seguirle su hijo. Draco observó cómo su padre se alejaba, luego miró donde Hermione. Arrugó la nariz y se marchó. Hermione se preguntó qué habría sucedido ahí.


Alzó la mano dudosa un par de veces hasta que tocó la puerta. Se escuchó una voz inexpresiva alentándole la entrada. Era una sala de estar pequeña, con algunos retratos colgando de las paredes, una chimenea encendida en el fondo acompañada de un sillón ancho en el cual descansaba una mano pálida. El dueño le daba la espalda, observando ensimismado el fuego.

-¡Porque has demorado tanto?-dijo sin gesticular, se giró lentamente-

El recién llegado dejó el nerviosismo y se colocó rígido en medio de la habitación. Suspiró y se quedó en silencio observando aquel hombre de traje negro que le estudiaba exhaustivamente con sus ojos grandes y grisáceos- recargado aún en el sillón-. Luego dio unos cuantos pasos cojeando, apoyado en un bastón de empuñadura en forma de serpiente.

-¡Respóndeme Draco!-exigió con el mismo tono colocándose a breves pasos del joven-

-Disculpa padre, he tenido algunos deberes antes y..-una gran bofetada se escuchó-

-¿Quién te crees para hacerme esperar? ¡acaso no sabes que tengo asuntos más importantes que atender?-le dijo con rabia-

-Lo-lo siento- Balbuceó antes de limpiarse la comisura del labio- ..no ha sido mi intención ocupar tu valioso tiempo..-sonó un poco sarcástico-

-¡Y? ¿para qué me has hecho venir con tanto apuro?-cuestionó ignorando el tono de su hijo e hizo un gesto de exasperación- ¿para dejarme esperando?-

Draco miró fijamente a Lucius. Apretó la mandíbula tanto que podría haberse oído rechinar los dientes en el lugar. Después tragó saliva con pesadez y se sintió débil, tan insignificante ante la figura de su padre. Le pareció incluso reducirse en su sitio como una mísera pepita. Volvió la vista al suelo nervioso, el tiempo parecía detenido y la habitación giraba como remolino. El ruido del bastón sobre el piso de madera le trajo a la realidad y parpadeó. Miró de nuevo a su padre.

-¿Y bien?-dijo Lucius sumamente irritado-

-Yo padre..no-no quiero seguir-masculló-

Lucius frunció el rostro con incomprensión. Luego se acercó más a Draco, tanto que el joven podía sentir la respiración de su padre como el bufido de un toro en el hombro derecho.

-Explícate-entornó los ojos-

-No-no quiero pertenecer mas al lado..a.-

Lucius apretó los labios y volvió a dar un golpe tan fuerte al piso con su bastón. Draco casi cae en bato y seguía clavando la vista en el suelo.

-Escúchame bien Draco, no vas a desertar ahora ¿acaso has olvidado el apellido que llevas? ¿la sangre que corre por tus venas? No insultarás el nombre de la familia, ¡no insultarás mi honor!-vociferó- No comprendo de dónde has sacado semejantes ideas, y óyelo bien Draco, si te atreves a desafiarme no me tentaré el corazón para ..-

-¡Para qué padre?-le miró inquisitivo- ¿para matarme? ¡Y qué esperas?, despelléjame, ahógame, mátame a golpes si eso te hace sentir mejor. Total, soy un maldito masoquista. Eso no sería ni lo más mínimo que pudiere sufrir a diferencia de lo que..-acalló, era demasiada información-

Lucius le tomó con fuerza por el antebrazo y lo sacudió tan fuerte como sus fuerzas le permitieron de modo qué Draco fue al suelo.

-Dejaré que te lo pienses mejor Draco-le apuntó con el bastón a la babilla-..no por que seas mi hijo me andaré con consentimientos. Harás lo que yo te ordene. Y por lo otro, no pienses que no estoy al tanto-sonrió con malicia-te voy previniendo, haz lo que tengas que hacer con ello y vuelve a tu verdadero camino. Después de todo, la manzana no puede caer muy lejos de su árbol. Eres un Malfoy y eso nunca cambiará-

-Y si no quiero-soltó con aire de valentía cuando realmente se moría de miedo-

Lucius dirigió su bastón hacia el brazo izquierdo de Draco y marco presión. Un chispazo se observó seguido de un humo blanco. Draco echó un grito ahogado de dolor, se retorció en el suelo, lo arañó, pataleó y suplicó que se detuviera. La piel parecía enardecerle, como si las llamas le carcomieran por dentro. La manga de la camisa de desintegró dejando ver tras de sí un tatuaje de serpiente, la cual se enroscaba y salía por los dientes de un cráneo. Era el tatuaje el qué humeaba. Lucius colocó el bastón de nuevo en el suelo, su rostro se descolocó rígido y airoso. Miró a Draco una vez más con recelo y se dirigió hacia la puerta. La franqueó y se quedó bajo el marco dándole la espalda.

-Eso es solo para recordarte a quién le perteneces. Más te vale que no me desafíes o vas a conocerme en realidad- Salió-

Draco se sentó en el suelo lentamente, abrumado y un tanto mareado. Observó su brazo con la escarificación del tatuaje. Las lágrimas volvían a correrle por las mejillas, no sabía si de dolor, desesperación o impotencia. Golpeó un par de veces el suelo con el puño del brazo sano. Salió de allí. Caminó por los pasillos arrastrando los pies, doliéndole hasta la mismísima raíz del cabello. La poca energía le daba para recargarse en las paredes o pilares. Se detuvo jadeante sintiendo como si cayera por un precipicio y cuando pensaba que iba a desvanecerse, al final del largo pasillo divisó una enorme escalera de caracol. Ya veremos, amado padre pensó con cólera antes de darse dirección.