Pyro POV
Me dediqué el resto del viaje a caminar en círculos. La telequinesis no era tan divertida como la piroquinesis. Con la telequinesis no puedes hacer figuras en el aire. Solo puedes hacer volar objetos entre tus manos, como el cigarrillo que había tomado de Wolverine hacía un rato.
—Quédate quieto —me pidió el Lobo.
—Vete al diablo —repliqué sin darle importancia.
El inmortal se puso de pie al instante, sacando sus garras. Iba a atacarme, en serio. No me lo esperaba, no había hecho nada demasiado malo como para que tratara de matarme.
Aunque el don que estaba manejando era el mismo que el de Jean Grey. Supongo que no le estaba dando buenos recuerdos.
Lástima.
El Lobo terminó estampado en el techo del Ave Negra, antes de que pudiera tocarme. Mientras, yo sonreía divertido.
—¿Puedes bajarlo? —me pidió Rogue, en su usual tono dulce—. Se quedará quieto, lo prometo.
Nunca me llevé mal con Rogue, realmente. Teníamos diferentes ideales y estábamos en bandos opuestos, pero eso no quitaba que siguiera siendo la niña dulce con la que jugaba futbolito en la escuela.
Hice un movimiento desdeñoso con la mano, dejando caer a Wolverine.
—¿Por qué lo controlas tan bien? —me preguntó el Lobo, luego de que Rogue tomara su mano para tranquilizarlo, obligándolo a encender un cigarrillo que lo mantuviera ocupado. Extrañé, por un momento, sentir la conexión con el fuego que sentía con mi don—. Nunca tuviste ese don antes ¿No deberías aprender a controlarlo de nuevo?
—No me llaman Pyro solo por ser pirómano —le respondí desdeñoso—. Es por piroquinesis. —Le di golpecitos a mi sien con la punta del dedo índice—. Es un don de naturaleza mental, como la telequinesis. Si fuese más bien físico, quizás debería aprender. —Volví a mi juego con el cigarrillo. Era lo único que podía hacer.
Pyro POV
—¡Pónganse los cinturones, ahora! —gritó Storm, repentinamente aterrada.
Odio los aviones, odio los aviones.
—¿Qué demonios sucede? —gritó Wolverine.
—¡Perdí el control de la nave!
Comenzó una turbulencia que nos hizo difícil llegar a nuestros lugares.
Apenas llegué y abroché mi cinturón, sentí las nauseas por la turbulencia. Soy un mutante que lucha por la libertad de mi especie y moriré en un avión de mierda. Genial.
Oí chillar a Rogue, quien luchaba con su cinturón.
Esto era un de javu, había vivido algo así antes. Pero aquí no estaba Nightcrawler, ni había jets del ejército atacándonos.
La puerta se abrió de repente, succionando todo desde el interior. Esto era un maldito deja vú.
Rogue salió despedida del asiento, en medio de un grito aterrado.
Ahora no estaba Nightcrawler, pero estaba yo y mi telequinesis aburrida.
Extendí mi mano hacia ella, atrapándola antes de que pudiera salir de la nave y la jalé hacia adentro. Me estaba esforzando demasiado, la succión era muy poderosa y el asiento de Rogue quedaba frente al mío. No sabía si podría dejarla en su lugar, y el Ave seguía con la turbulencia, Storm no podía recuperar el control ¿Qué demonios sucedía?
Logré que Rogue se detuviera sobre el asiento, pero no pude sostenerla más, perdí el control, la solté, dejando que la succión la dirigiera hasta mí. La chica de piel venenosa cayó a horcajadas sobre mí, enroscando sus brazos alrededor de mi cuello, mientras yo rodeaba su cintura con ambos brazos.
—¡Sostente! —le ordené sin que hiciera falta realmente. La chica ya estaba aferrada a mí, sollozando en mi oído.
El Ave Negra caía en picada. Al parecer había sido inútil que salvara a Rogue. Íbamos a morir de cualquier forma.
Cerré mis ojos con fuerza, lamentando que no fuera tan poderoso como Jean Grey. Cuando, de repente, dejamos de caer.
La punta del jet estaba a escasos metros del suelo, formando un ángulo casi recto.
Cuando abrí los ojos, me encontré con la mirada azul y sonrisa arrogante del amo del magnetismo, quien extendía una mano hacia nosotros, sosteniendo el jet con su don. Junto a él, Mystique y QuickSilver. Este último dedicándome una mueca de disgusto al verme abrazando a la chica. No tenía idea de lo que acababa de pasar. Y la sonrisa que surcó mi rostro lo debe haber desconcertado un poco más.
Cuando Magneto enderezó el jet, Rogue bajó de encima mío a tropezones.
Bobby se apresuró a estrecharla entre sus brazos, dándome la oportunidad de dedicarla la sonrisa más arrogante de la que fui capaz. El tipo pudo ser mi mejor amigo, pero era un idiota.
Bobby POV
Dios sabe que detesto a Pyro, por traidor, pero agradecí con toda mi alma que hubiera salvado a Rogue. De cualquier forma, no tuve oportunidad de decirle nada, porque cuando traté de agradecerle, se dispuso a salir del Ave Negra. Todos lo seguimos, sin saber qué esperar ahí afuera.
Magneto, Mystique y QuickSilver esperaban al final de la rampa. Pyro corrió hacia ellos cuando los vio. No comprendí el motivo de tanto entusiasmo, no es como si lo hubiéramos torturado o algo así. Es decir, Logan lo golpeó, pero Pyro pareció divertido jugando con sus nuevos poderes telequinéticos al zarandear al inmortal cuando le parecía.
Admito no esperarme lo que vi. Pyro fue directo hacia QuickSilver, saltando para enroscar ambos brazos en su cuello. El velocista lo tomó de la cintura, girando sobre su eje, haciendo que los pies de Pyro se despegaran del suelo. Acto seguido, con unas enormes sonrisas alegres, unieron sus bocas en un beso.
¡Wow! Pyro es… ¡wow!
—Por favor —el amo del magnetismo les habló con calma—, mantengan las demostraciones de afecto al mínimo.
Ambos se soltaron, sin alejarse, aún tomados de la mano.
QuickSilver levantó la mano que sostenía de Pyro. Y como siempre, la catarata de palabras caía de su boca, sin detenerse a respirar.
—¿Dónde está tu guante de chispa? ¿Lo perdiste? ¿Dónde está? Dime ¿Eh? —se detuvo una fracción de segundo para besar los nudillos de Pyro—. Y antes de que preguntes, Avalancha y Quill están bien, aunque les pateé el trasero por dejarte allá. No me importa que se los hayas ordenado.
El pirómano sonrió ampliamente cuando se acercó al oído del velocista y le susurró.
El tipo desapareció, haciéndome sentir una ráfaga y un ligero pitido. Luego lo vi, de nuevo de pie junto a Pyro, sosteniendo su mano, ahora cubierta por el guante de chispa con el dibujo del tiburón.
Contuve el gruñido, aunque mi mueca de disgusto no pareció querer obedecerme. El tipo era un dolor en el trasero. Y su estúpida sonrisa, sin mostrar un diente, me irritaba aún más.
—¿Qué fue eso de la turbulencia? —murmuró Pyro, arrugando el entrecejo.
—Magneto quería fastidiarte por arruinar la misión y jugar el papel de héroe para salvar a los otros idiotas —le respondió Pietro, divertido. El otro hizo una mueca, pero luego volvió a sonreír.
Tuve que contener mi impulso de congelarlos en un bloque de hielo ¿Casi matan a Rogue, solo para darle un escarmiento a Pyro?
—Creo que deberán pasar un momento aquí, para que hablemos sobre estos mutantes tan interesantes —nos dijo Magneto. Todos giramos a Storm.
—Sí —aceptó, sorprendiéndonos a todos—. El Profesor me lo acaba de pedir —nos explicó.
Genial. Una noche con la Hermandad, en medio de la nada. Era simplemente genial.
—Niños, váyanse de aquí. No es lugar para ustedes —nos dijo Logan.
—¿¡Qué!? —los cuatro X-men chillamos. Por dios, nosotros también éramos parte del equipo.
Oí las risitas de la Hermandad. Esto no podía ser más humillante.
—Chicos —nos dijo Storm—, debemos hablar de esto con el Profesor de por medio. Y pasaremos aquí la noche, seguramente. Vayan a preparar el campamento. Luego les informaremos de la situación.
Comenzamos a arrastrar los pies. No teníamos otra opción que seguir las órdenes de nuestro superior.
—Tus niños deberían irse también —oí a Logan. Se refería a Pyro y QuickSilver que solo sonrieron con arrogancia.
—Estos niños, como tú los llamas —le decía Magneto—. Son soldados que vivieron casi tantas batallas como tú, Wolverine. Se quedarán. Son de mi confianza.
Terminé por marcharme junto a los demás. Esto era humillante, en serio.
Pyro POV
—Esos mutantes, tienen poderes extraordinarios y afectan a los nuestros. Especialmente si caen en manos equivocadas —Magneto explicaba su punto.
—Hay más mutantes tan o más poderosos que ellos, ¿por qué te parecen tan importantes? —preguntó Wolverine.
—Es tan simple, que no lo ves, Wolverine —le dijo despectivamente—. Si usan mal sus dones, dejaran a cuadrillas de vegetales inútiles por las calles, sin contar el peligro de que hagan girar dones entre los nuestros. En el caso de Pyro, sus dones son mentales y pudo controlarlos, pero puede no darse siempre. Desatarán el caos…
Trataba de concentrarme en las palabras, pero un zumbido llegó a mis oídos. Otra vez esa sensación insoportable del frío, el dolor, la debilidad. Mi vista se nubló un segundo, y mis piernas dejaron de soportar el peso.
Pietro me atrapó antes de caer, dándome la oportunidad de recuperarme antes de perder la consciencia.
—Oye ¿Qué sucede? Dime, qué sucede ¿Estás bien? Dime.
—Sí —traté de responderle antes de que siguiera hablando sin parar. Me erguí sobre mis pies, sacudiendo esa sensación de muerte de encima de mí—. Estoy bien.
Objetos que estaban flotando cayeron de repente. Había perdido el control en ese corto lapso.
—Estamos perdiendo demasiado tiempo —sentenció Magneto—. Debes deshacerte de ese don, Pyro.
—¿Cómo, señor?
—Es peligroso —comenzó Pietro con su parloteo, otra vez—. Dijo que es peligroso. Se supone que íbamos a tratar de buscarlos antes, porque es peligroso.
—Si lo prefieres —le respondió su padre—, podemos esperar y dejar que muera.
—¿Estoy muriendo? —le pregunté. Aunque algo en mi interior me daba la respuesta con anterioridad.
—Sí, el intercambio de dones que hace la muchacha es temporal. Debe revertirse o el mutante con el don ajeno muere.
—También puedes morir intentando revertirlo —Pietro se negaba a soltarme desde que me había atrapado.
—Dinos la verdad —me pidió Mystique—. Sientes que estás muriendo ¿verdad?
Yo asentí en silencio. Y mi novio hundió su nariz en mi cabello. Tenía miedo, lo sentía en su abrazo.
—Puedo soportarlo —susurré para él—. Lo prometo.
Pyro POV
La idea era simple: debía exigirle a mi don al límite. A ese límite que te deja inconsciente o con un derrame cerebral. Y en los dones quinéticos, eso era posible.
Considerando que el dueño original de mi don era un debilucho, que apenas soportó el peso de Rogue cuando luchaba contra la descompresión del Ave Negra, supusimos que con suficiente peso mi don me abandonaría o me mataría en el intento. Esperábamos que fuera lo primero. Así que, mi objetivo era el jet de los X-men.
Separé un poco mis pies, buscando un mejor agarre. Extendí ambas manos hacia la nave. Y comencé a intentar levitarla. Los demás, solo veían a un tipo apuntando a una nave totalmente inmóvil. En mi mente, esa porquería pesaba toneladas, que aplastaban mi pecho y cabeza. No se movía, y yo seguía esforzándome más y más. Gruñí enfadado. Enfadado porque no se movía, enfadado porque aún sentía la telequinesis en mi, enfadado porque si me mataba lo tenía que hacer ahora y ahorrarme esta tortura.
Sentí que algo caía de mi nariz, pero me dio igual, no debía detenerme si quería que esto funcionara. El jet comenzó a rechinar. Diablos, se estaba moviendo.
Mi cabeza dolía y mi pecho ya no recibía oxígeno. No se supone que aguantaría tanto.
De repente, lo sentí de nuevo. Sentí el frío que congelaba hasta mis entrañas, la debilidad, la sensación de muerte, la falta de aire y el dolor. Todo se volvió negro otra vez, pero esta vez no sentí el golpe en mis rodillas, sino unos brazos que me rodeaban, dejando caer mi cabeza en algo suave. No sé qué ocurrió después.
—Tiene pulso —oía la voz de Mystique a lo lejos—. Oye, Pyro ¿estás ahí? —Sentí unas bofetadas que me obligaron a abrir los ojos.
—Púdrete… —balbuceé intentando ser hosco, sin éxito. La mujer azul se rió.
—Llévalo a la tienda para que descanse —ordenó Magneto. No lo veía, pero podía oírlo. Mis parpados pesaban. Sentí que el suelo desaparecía debajo de mí, me encontraba entre los brazos de Pietro, con la cara oculta en su cuello.
—No… —balbuceé de nuevo. Maldita debilidad. Cuando encontráramos a Lisie y los demás iba a quemarlos, en serio.
—¿Qué sucede? —Pietro no hablaba rápido. Estaba preocupado.
—Frío… fuego… por favor.
Quizás no estaba helado, pero aún tenía la sensación de mis entrañas congeladas. No escuché nada más, tal vez me sumí en la inconsciencia otra vez, porque cuando me di cuenta, me encontraba frente a una hoguera, cubierto por la chaqueta plateada de Pietro, con él detrás de mí. Yo descansaba sobre su pecho, entre sus piernas. Giré un poco mi cabeza para poder olfatear su cuello, me gustaba hacerlo.
Ya no me sentía tan mal. Por eso me removí para frotarme los ojos con las manos. Me encontré con los X-men más jóvenes del otro lado de la hoguera. Seguro Magneto nos envió ahí para que Pietro no parloteara sobre la mala decisión que fue esforzarme así. No era divertirlo soportarlo enfurruñado.
—¿Cómo te sientes? —me cuestionó, quitando el mechón castaño que caía sobre mi frente.
—Genial —le aseguré, sacando mi mano de debajo de la chaqueta para hacer bailar un poco las flamas. Extrañaba eso.
Él rió un poco antes de tomar mi mentón para obligarme a verlo y darme un beso en los labios.
No salí de mi lugar. Me importaba muy poco cómo los X-men miraban hacia otro lado. Pietro era mi novio, que se acostumbraran.
—No sabía que eras gay —soltó Rogue luego de un rato en silencio. Su sonrisita inocente ocultaba cualquier incomodidad.
—Bisexual —la corregí.
—Aún debo ponerme celoso de las niñas. Eso es injusto —decía Pietro con los labios pegados a mi coronilla—. Yo no tengo senos y esas cosas, no puedo competir. Solo soy divertido.
—Y lindo —agregué, tomándolo de la mejilla para besarlo.
—¿Cómo te das cuenta de que eres…? —Shadowcat dejó inconclusa la pregunta—. Ya sabes. —Se encogió de hombros.
—Orinas en un frasco y te hacen una prueba —le dijo Pietro—. Si eres gay, la orina se pone rosa con los químicos, si eres bisexual se pone azul.
La pequeña morena se sonrojó avergonzada.
—Aunque yo creo que me di cuenta, cuando vi la sensual espalda de Coloso, cuando salía de la ducha —agregué yo. Ahora el gigante era el ruborizado.
Pietro estalló en una carcajada junto a mí. A veces creía que solo mostraba los dientes conmigo.
—Déjenlos, son dos idiotas —Iceman los tranquilizó, serio.
—Lamento bromear para hacer que dejen de hacer preguntas estúpidas —dijo Pietro—. No me simpatizan los comentarios ignorantes sobre mi sexualidad. Ya sabes, creo en la libertad y esas cosas.
Ninguno dijo nada al respeto. Éramos mutantes, todos ahí sabíamos lo que se sentía ser víctimas de la ignorancia.
Bobby POV
La Hermandad y los X-men llegaron a un acuerdo: hablar con los nuevos mutantes que encontramos y convencerlos de recibir ayuda para controlar sus dones, ya sea de Magneto o el Profesor; eso dependía de su elección.
Ninguno estaba feliz con el tratado de paz. Nosotros sabíamos que los miembros de la Hermandad nos traicionarían en cuanto tuvieran la oportunidad.
Por la mañana, abordamos el Ave Negra. Si esto era solo una misión para charlar, no veía el motivo para que participáramos tantos mutantes… si es que no contabas con que la Hermandad estaba formada por traidores, claro está. De cualquier forma, solo fuimos Storm, Logan, Rogue y yo. Los demás fueron enviados a la mansión.
La chica de cabello negro y ojos miel no parecía alegre de nuestra visita, apenas nos vio, dio la orden de levantar la guardia a sus compañeros.
—No necesitamos de su ayuda —nos informó mostrando sus dientes. El miedo solía mostrarse, en los mutantes que encontrábamos, como una faceta peligrosa—. Largo.
—Querida, debes comprender que sus dones son satisfactorios —decía Magneto. Ese maldito tono condescendiente podía ser tan efectivo en algunos mutantes. No pude evitar echar una ojeada a Pyro, quien parecía el mejor estúpido soldado a la derecha del psicópata de cabellos canos—. Solo ofrecemos tender una mano a nuestros hermanos.
—Si vienen en paz —soltó despectivamente— ¿Por qué son media docena, solo para hablar?
—Imagina que somos de diferentes universidades y queremos convencerte para que te matricules con nosotros —habló QuickSilver. Me pregunté si no podía detenerse un momento.
—Vamos —gruñó por lo bajo el chico que se presentó como Martin. En el lugar había más mutantes que los tres que nos interesaban. Era uno de esos sitios en donde se reunían algunos de los nuestros que no tenían suerte en cuanto a las posibilidades de habitación. No era exactamente nuevo. Storm nos pidió a Rogue y a mí que ofreciéramos la posibilidad del Instituto Xavier para ellos. La escuela era un lugar con las puertas abiertas. Aceptamos a regañadientes.
Pyro POV
—Gracias, pero no. Adiós. —Lisie trató de marcharse. Esto era más difícil de lo planeado.
—Oye, niña —habló Logan—. ¿Por qué no le dan una oportunidad a la escuela? Tienen las puertas abiertas para irse, si eso quieren. Sin compromisos.
Qué extraño. El Lobo jamás era tan cortes. Al parecer, ser maestro lo había ablandado con los años.
—¡Código negro! ¡Código negro! —gritó alguien desde lejos, volviéndose un eco antes de comenzar las corridas.
—¿Qué es código negro? —preguntó Wolverine, tensándose para sacar las garras cuando fuera necesario.
—¡Anti mutantes! —nos advirtió Lisie, girándose para escapar junto a los otros dos.
Los X-men comenzaron a disiparse. El ajetreo de la multitud hacía difícil lograr algo más que no sea huir, pero la mirada de Magneto fue todo lo que necesité para comprender que no debía perder a los tres mutantes que nos habían traído aquí en primer lugar (seguramente, él se encargaría de los anti-mutantes). Pietro me siguió sin dudarlo.
Después de algunas calles, habíamos dejado atrás a todos los mutantes aterrados. Mi novio estaba totalmente aburrido por correr tan lentamente. "¡Deja de verte tan tierno, Pietro!... Diablos, Pyro ¡Concéntrate!" —me regañé mentalmente.
—¡Largo! —nos gritó Martin. No nos estábamos esforzando por ocultarnos. Teníamos que convencerlos de seguirnos.
—¡Oigan, estamos huyendo! —protestó Pietro, fingiendo inocencia.
—Bueno, corran hacia otro lado —nos pidió Chuck, de notable mal humor.
—Oh, claro. —Mi novio se detuvo en seco para correr y cortarles el paso— ¿A dónde quieres que vaya? —se burló de él, para luego aparecer junto a mí con una bolsa de patatas fritas—. O quizás quieras venir conmigo. —Apareció justo frente al rubio—. ¿Qué tal Francia? ¿Te gusta Francia? —Iba y venía a su alrededor, molestándolos.
—QuickSilver —lo llamé para que se detuviera. Vi a Martin realmente molesto, esto no era bueno para la misión. A veces era molesto ser el responsable—. Oigan, solo queremos hablar ¿Sí?
—Al diablo con ustedes. —El tipo de pelo verde se giró para seguir corriendo—. Ustedes hagan lo que les plazca —les advirtió a sus amigos, quienes dudaron un segundo antes de seguirlo.
Pietro aprovechó para usar su velocidad y tomar a Lisie del brazo. No me preocupé, nadie podía atrapar a mi novio, la chica iba a terminar con el brazo en la espalda antes de poder usar su don. Así, me recargué en la pared junto a mí, de brazos cruzados. Si él quería meter la pata y arruinar la misión era su problema. Su padre no iba a enfadarse conmigo, él sabía cómo era Pietro.
—Dennos un segundo… —comenzó a hablar, pero se detuvo cuando la chica trató de poner la mano en su rostro, para tomarla por la muñeca y dejarla inmovilizada— y les explicaré las cosas. No quiero… —se detuvo a media frase. Dudé en reaccionar; creí que Pietro estaba jugando; pero Lisie se zafó del agarre y llevó su mano hasta el rostro de mi novio. Cuando reaccioné, noté que los ojos de Chuck brillaban y recordé su don: el chico podía paralizar a alguien, solo pensando en esa persona, además de percibir a presencia de los nuestros a su alrededor.
Esa chica estaba de broma, si creía que iba a permitir que tocara a mi novio frente a mis narices. Por mí, se podían morir con sus dones. Prendí mi guante de chispa y una bola de fuego golpeó a Lisie, quien gritó del dolor. El chico, por otro lado, se llevó otra caricia de mis lenguas de fuego, obligándolo a soltar a Pietro, quien cayó de rodillas, aturdido.
—Oye, mírame —le pedí, cuando me puse de rodillas frente a él, acunando su rostro entre mis manos. No parecía estar comprendiendo lo que sucedía, sus ojos apenas podían enfocarse en mí—. Háblame. Vamos —le supliqué un poco, sacudiéndolo con suavidad. Él no me había respondido, cuando sentí un golpe de calor en mi espalda, no era fuego. Todo se volvió negro luego de eso.
Pietro POV
Cuando recuperé la consciencia, me hallé en el Ave Negra. Mi padre y Mystique se cercioraron de que estuviera bien, antes de regañarme por mi ineptitud y recordarme lo decepcionados que estaban de mi. No me importó demasiado, mi novio estaba sentado con la mirada perdida.
—¿Johnny? —le hablé asustado. Esos tipos estaban más que muertos—. Oye, vamos, habla. Di algo, Johnny. —Le di unas leves sacudidas—. ¡Vamos! —le grité.
—En la mansión, el Profesor puede revisar qué tan mal está —me dijo Storm, en el asiento del piloto.
—Al diablo con el calvo —blasfemé sin importarme que mi padre me golpearía por eso—. ¡Johnny! —le grité nuevamente, con una sacudida fuerte.
Y lo vi parpadeando más rápido, como si intentara despertar. De un momento a otro (que para todos fue solo un momento, pero para mí una eternidad) apartó mis manos de un manotazo y se alejó con una expresión extrañada en el rostro. Mi estómago cayó a mis pies, esto no estaba bien.
Nota: El capítulo se me fue de las manos. Un poco largo, pero no quería cortarlo en cualquier lado.
Ya conocemos los dones de Chuck y Martin... más o menos. Y también sabemos que Pyro debería aprender a esquivar (? XD
En el próximo veremos qué tan grave es lo que está sucediendo, aunque Pietro ya parece notar que no estará bien.
Comentario, crítica, tomatazo, la cajita de comentarios los recibe.
Be free, be happy.
