CAPÍTULO 3: Obsesiva

La sala común era un alboroto insoportable, y yo no tenía ningunas ganas de aguantar todo aquello. La prueba de Gryffindor había durado demasiado rato, y el gran comedor ya no daba comidas cuando regresamos, lo que hizo que los Gryffindor más aventureros y hambrientos se escabulleran hacia las cocinas con el objetivo de conseguir comida. Y por supuesto, eso implicaba a mis primos James y Fred, de la misma edad, y los más alborotadores de todos. Estaba prohibido bajar a que los pobres serviciales elfos domésticos de las cocinas te dieran comida, y yo era prefecta, pero también lo era James, y a él no le importaba, por lo que no me quedaba más remedio que hacer la vista gorda…

Cuando Fred y James llegaron con montones de las más suculentas comidas y más deliciosas bebidas en sus brazos, una gran ovación de agradecimiento se formó en la sala común. La gente les aplaudía como si verdaderamente fueran héroes, cosa que jamás entendí ni entenderé. Me exasperaba ese tipo de actitud pelota. Puse los ojos en blanco mientras me tumbaba en un sofá cercano a la chimenea con actitud pasota, y mordisqueé despacito un trozo de tarta de chocolate.

Pero la tranquilidad duró poco, pues la pequeña Lily llegó como un rayo dispuesta a molestar a su queridísima prima Rose…

Rosieeeeee… ¿en qué piensas?- me preguntó divertida mientras bebía su zumo de calabaza.

En nada Lil- le respondí con tacto. Tenía que disimular, o no me dejaría en paz.- Solo pienso en mi prueba- le dije ágilmente.

Lo hiciste muy bien, no debes preocuparte. Como yo, que ya soy la buscadora oficial del equipo.- me dijo satisfecha.

Pero ¿cómo? ¿James lo ha dicho ya?- le pregunté extrañada.

¿Acaso es necesario que lo diga?- me contestó con una sonrisita satisfecha.- Soy la que mejor lo ha hecho, es más que obvio- me dijo con un deje de autosuficiencia que me dio escalofríos. Me reí, Lily era única. No conocía a nadie en el mundo con mayor autoestima. Le dí un codazo cariñoso y me tumbé de nuevo en el sofá. Volvía a levantarme muy rápido, lo que hizo que me mareara: no podía estar tanto tiempo parada: en ese momento era un manojo de nervios, y lo atribuía a la espera de los resultados, aunque en realidad sabía que el verdadero motivo de mis nervios tenía un color: gris. Algo fastidiada, me acerqué a mi primo James, para lo que tuve que espantar a unas cuantas moscardas que babeaban a su alrededor. Ese tipo de cosas me ponían de muy mal genio.

James- lo llamé con voz seria. ¿Cuándo vas a tomar la decisión? – James me miró mal por haber espantado a las chicas que lo rodeaban, y me contestó con fastidio: Rosie, espérate, no seas tan impaciente… ¿no ves que estoy ocupado?-dijo mientras guiñaba un ojo a dos de las chicas.

Lo fulminé con la mirada, y subí al dormitorio. No podía estar allí abajo, se me estaba poniendo dolor de cabeza. Pero tan pronto como mi rostro rozó la cómoda almohada de mi cama, me di cuenta de que aquello había sido un gran error. El suave tacto de la almohada me hizo recordar con una precisión casi absoluta el sueño de la noche anterior, lo reviví como si hubiese sido real. Un desconocido calor empezó a embargar todo mi cuerpo, esos no tan fríos ojos grises me estaban volviendo loca. No podía concentrarme en nada. En ese momento llegué a la conclusión de que tenía que ver al propietario de esos ojos de inmediato. Me estaba convirtiendo en una adicta sin remedio. Bajé a la sala común con la mente ya algo más despejada. Había decidido ir a ver la prueba de slytherin a escondidas. Después de todo, con el enorme alboroto de la sala común si hacía bien las cosas, nadie tenía por qué enterarse. Bajé despacio los escalones que conducían a la sala común, la cual encontré abarrotada como siempre. Mi primo James estaba en la misma posición que cuando había subido, y lo primer que hice fue buscar con la mirada a Lily: sabía que si me descubría no me iba a dejar bajar tranquila. La encontré riéndose con sus compañeras de curso y con mi hermano, así que aproveche la situación para escabullirme entre el gentío. Me dio la sensación de que unos ojos verdes como los míos se fijaban en mí justo en el momento de salir por el retrato, pero no eché la vista atrás. Corrí a gran velocidad, preocupada por que la prueba hubiera finalizado ya.

Hacía una tarde espectacular, todavía veraniega. Un hermoso sol anaranjado comenzaba a esconderse tras las verdes montañas, mientras una fresca brisilla con olor a verano soplaba suavemente. Iba a la altura del lago negro, cuando se me calló el alma a los pies: Un mar de uniformes con ribetes color esmeralda subían la colina hacia el castillo. Pensé en esconderme detrás del enorme haya en la orilla del lago, pero mi parte de leona rugió impidiéndomelo. Me daba igual lo que me dijeran, fingiría que bajaba hacia el campo porque se me había olvidado algo y ya está.

Las primeras reacciones no se hicieron esperar, y varias miradas de desdén fueron dirigidas directamente hacia mi persona. Pero había algo en mi cara que parecía hacerles cambiar de opinión cada vez que se acercaban. Me estaba volviendo adicta, obsesiva… y tenía que encontrar aquellos ojos grises de inmediato. Sólo quería desvelar su enigma. Me sentí momentáneamente mal al pensar en mi padre: si se enterara de la forma en la que pienso en el rubio, le daría un ataque. Mi familia, odiaba a la suya desde tiempos inmemoriales.

Pasó un rato, y el lugar se quedó solitario, ya atardecía y el Slytherin a quien yo buscaba desesperadamente no aparecía por ningún lado. Escuché unos ruidos sospechosos detrás de mí, y un rápido escalofrío se coló por mi columna vertebral. Algo asustada y desesperada por lo tarde que se estaba haciendo, miré hacia el campo, y pude distinguir luz en los vestuarios. ¿Cómo podía haber sido tan tonta? Si el rubio aún no había aparecido, esa luz en los vestuarios debía indicar que todavía se encontraba allí. Pero… ¿por qué tardaba tanto?

Estuve un momento debatiéndome entre lo malo de violar su intimidad y las ganas que tenía de verlo y averiguar el motivo por el que seguía allí. Ganó la curiosidad: por goleada. Aquellos ojos grises me estaban volviendo débil.

Llegué hasta el umbral de la puerta, y de puntillas y medio escondida, comprobé cómo en efecto, un uniforme de color escarlata se encontraba enfrente de una ducha emanaba cálidos vapores. En ese momento dejé de ser yo. No se lo que me pasó, ni como pude hacerlo, pero en tres largos pasos yo estaba sujetando el uniforme de Quidditch del chico, intentando llenarme de su aroma corporal. Estaba en éxtasis, la cabeza me daba vueltas al recordar el sueño que había tenido con él, cuando me dí cuenta de algo: había sangre. Un enorme manchurrón oscuro y pegajoso se extendía en un costado del traje: el dueño de esos ojos grises debía haberse caído en el entrenamiento. Un sentimiento de locura se apoderó de mí en el preciso momento en el que escuché cómo un grifo se cerraba. Sin pensarlo dos veces, solté el uniforme y corrí veloz hacia la salido y con el corazón en un puño, pero Oh, ¡maldito suelo mojado! Resbalé y terminé a los pies de un muchacho que tan sólo llevaba una toalla.

Me maldije a mí misma todas las veces que pude, sólo quería que la tierra se me tragara de inmediato, ni siquiera me atrevía mirar a esos ojos, que sin duda, estarían burlándose de mí. Pero para mi sorpresa, y aún con mis ojos cerrados con fuerza, una fuerte mano agarró mi brazo, y tiró con delicadeza de él para levantarme. Escuché una sonora carcajada, y la reconocí de inmediato. No me quedó más remedio que abrir los ojos. Me encontré de frente con los grises ojos de Scorpius Malfoy.

-Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí?- rió socarronamente. –Pero si es la Weasley- dijo esto último con desprecio. - ¿Se puede saber qué demonios hacías espiándome? ¿Acaso querías violarme?-dijo riendo por lo bajo.

El momento inicial de hipnosis que había sentido al ver sus ojos se marchó de inmediato al escuchar sus palabras. Con rabia retiré el brazo con toda la fuerza que tuve, e intenté mirarlo con asco.

Más quisieras Malfoy. Por desgracia para ti, sólo vine a recoger algo que me había dejado.- le dije apretando los dientes.

¿A sí? Me preguntó acercándose de nuevo a mí, hasta que sólo nos separaron dos dedos. En ese mismo momento me di cuenta de que sólo iba tapado con una toalla atada a la cintura, lo que dejaba todo sus perfectos marcados abdominales y sus impresionantes pectorales a la vista. ¡Merlín, qué calores me estaban entrando, más sexy no podía estar! Una cortina de fino pelo rubio mojado se adhería a su cara y su cuello dándole aspecto de ángel de pecado. - Pues ¿sabes qué, Weasley? Que no me lo creo. Si fuera cierto, podrías enseñarme ese objeto que te has dejado- terminó haciendo una mueca burlona.

Tragué saliva con dificultad. ¡Mierda! Y ahora… ¿qué le digo?-pensé desesperada mientras revolvía mis bolsillos como una loca sin encontrar nada en ellos.

No es de tu incumbencia lo que yo haya venido a hacer aquí Malfoy. Y ahora, si no te importa, me marcho.

Como gustes, leoncita cobarde… tampoco es que tu presencia me fuera grata- contestó con una mezcla de sonrisa traviesa y gesto de desdén.

Puse toda mi fuerza de voluntad para dejar de mirar sus ojos y su cuerpo, e intentar marcharme con la mayor dignidad de la que fui capaz, y la cabeza bien alta. Justo cuando ya estaba saliendo, volví a oír su voz:

¿Weasley? Te estás volviendo algo… despistada, ¿no crees?- dijo con una petulante sonrisa de suficiencia.

No pude siquiera contestarle, salí corriendo hacia el castillo. El corazón me iba a mil por hora. Me encontraba fatal, y a la vez como nunca. Era tan fuerte la mezcla de sentimientos, que tenía ganas de reír y a la vez de llorar, de gritar, y a la vez de esconderme. Por un lado, no podía dejar de pensar en él, y me estaba volviendo loca por el encuentro que acabábamos de tener. No podía evitar parecer una adolescente extrahormonada soñando despierta con el hombre dueño de los ojos de los que me había quedado prendada.

Por otro lado, no podía dejar de reprenderme a mí misma por estúpida e ilusa. Yo jamás había sido así. ¿Cómo podía estar pensando en él de aquella forma? Yo, Rosalie Jane Weasley, siempre demasiado ocupada entre mis libros para fijarme en ningún chico. Siempre demasiado preocupada con cumplir las normas a rajatabla como para cometer la burrada de encapricharme del tonto de Malfoy. Porque sí, yo sabía perfectamente que todo aquello era un simple capricho, una adicción. No podía ser nada más, me lo prohibía a mí misma.

Oh, ¡por morgana!, Aquellos ojos grises me estaban volviendo obsesiva.

YA VEIS QUE "AQUELLOS OJOS GRISES" HACEN ESTRAGOS EN ROSIE, EH? JAJAJA BUENO, PUES A PARTÍR DE AHORA VAN A HACER MUUUCHOS MUCHOS MÁS ESTRAGOS! :P ESPERO QUE OS GUSTE!

xoxo