Capitulo 3
Amarse sin medida
-Candy, déjame enseñarte a amarnos, créeme, no te arrepentirás jamás de confiar en mí,
Candy muy excitada, sin poder controlarse dijo - Albert. Este menciono su nombre - ¡Candy! en esas palabras la beso y la hizo estremecer, estaba excitado, extasiado ante esa bella dama que se le entregaba sin saber nada de él, la acariciaba y besaba con desesperación, se acomodo a ella, la hizo suya, haciendo de ese amor, algo irrompible, al hacerla su mujer, él se entregaba a ella y ella solo a él por primera vez, sabía que es amar, Candy no quería separarse de él, sentía una necesitad de cubrirlo de que la tocará, que no la soltará, se sentía mujer, pero a la vez temerosa, de lo que había hecho, los movimientos se hicieron más continuos, ella se sentía explotar en deseos, ambos se entregaban a la pasión, él estaba enamorado de esa linda mujer, que se le había entregado por primera vez.
Por la madrugada seguía sin poder dormir, el placer que los embargaba, era tal que se volvían a amar, se deseaban y se apasionaba con ella en sus brazos, sus deseos llegaban al clímax y ambos en ese trance se quedaban desnudos, abrazados. Amanecía, ella estaba cubriendo con su cuerpo el de él. El se despertó la vio en sus brazos, le empezó a dar pequeños besos, se despertaba, - Albert, buenos días – Candy, mi amor, buenos días, dormiste bien, bajaba la vista un poco apenada por lo sucedido, a la vez sonriente porque se sentía muy feliz.
- Candy, no tienes porque apenarte, eres mi novia, te amo, me gustas mucho, eres muy hermosa, sabes que te amo Candy.
– No Albert, no lo sabía, la abrazaba y se apasionaba de nuevo con ella,
- Candy eres la mejor mujer del mundo, te amo, nada me gustaría más que compartir mi vida a tu lado, me gustas Candy, creo que te demostré lo mucho que puedo amarte, dime que me puedes amar también.
– Albert, claro que puedo amarte, si me da mucha pena llegar a tener relaciones cuando llevamos unos días de novios, nos estamos conociendo apenas, como crees que me siento, nunca antes había estado así con nadie, me da mucha pena, ya vivimos juntos. John dijo que no era correcto y ahora, esto, créeme, me gustas mucho Albert, no me arrepiento de habernos amado, solo que no me imagine, que nos sucediera esto tan pronto. No estaba preparada para algo así,
- Candy el amor no se prepara, es una entrega, créeme, me encanta que me hayas aceptado como tu novio, ahora que me hayas aceptado y entregado tu amor, me haces el hombre más feliz del mundo Candy.
– También me siento muy feliz Albert, la verdad, jamás había sentido ser tan amada. Entre besos se hacían el amor de nuevo, por la mente de Albert corría todo un mar de emociones y responsabilidades, ahora la tenía a ella, eso no era cualquier cosa, se le ocurrió casarse, sin avisar a nadie, que ella fuera su pareja para toda la vida, ella no estaría jamás sola él la tendría siempre a su lado. Sabía que ella era una huérfana, que no tenía familia, aunque ella no sabía mucho de él, se sentía muy seguro, pues ellos se amaban con un amor imprevisto, sin doble intensión. Como todo lo que lo rodeaba en su mundo a él.
– Candy sabes me gustaría que nos casáramos, te gustaría ser mi esposa.
– Albert es muy pronto para casarnos, apenas nos conocemos, bastante arriesgado es nuestra situación ya, no te parece, sabes me encanta pensar que trabajas en oficinas, que eres un empleado, que te gustan los animales, pero el estar juntos en muchas cosas, ya nos está comprometiendo más, no quiero que te sientas así, solo somos novios.
- Candy, te amo, me gustas, nos conoceremos en nuestra vida, poco a poco, sin presión, claro que no te voy a forzar a ello, pero me gustaría que sepas que te amo, no eres una aventura es lo que deseo de todo corazón Candy.
– Albert eres muy lindo, no creo que seas de las personas que se burla de las mujeres, pero si eso me llegará a pasar, nada me haría olvidar este momento tan bello, con un hombre como tú, si me gustaría mucho casarme y que nos conociéramos.
– Se levanto Albert a bañar, lo vio desnudo, volteo a verla, vio como ella lo deseaba, le ofreció la mano, ella se apeno, se levanto, lo acompaño a bañarse con él, la vio, como ese hermoso cuerpo se había entregado a él sin ataduras ni compromisos, aun así, veía que le gustaba y él le hizo sentir lo mucho que le gustaba ella. Ambos, se bañaban, se entregaban de mil maneras ahora distintas en amarse, ella se sentía por fin que pertenecía a alguien, no había sido adoptada, estaba siempre entregada en su trabajo, en ser la mejor y no esperaba que el amor lo fuera a encontrar en una playa. Con este pensamiento se reía, él le dijo
– De que te ríes mi amor, le daba un beso, suave y la admiraba, mientras se secaban.
- De que nunca me imagine que el amor, me lo traería el mar, que sería novia, de alguien tan guapo.
– Gracias, eres muy hermosa, pude ver que el actor Terry, le gustabas en Florida, vi como te veía, me imagine que como todas las chicas, se enamorarían del muy guapo y famoso actor.
—Albert, sabes antes de encontrarte, me robo un beso, salí corriendo, me asuste, también pensé en lo que dices, que las mujeres se enamoran, ellos tal vez se convierten en conquistadores de mujeres, me dio mucha pena, tal vez me confundió con alguna amistad de Ann, sin saber que era una huérfana, enfermera, no una dama, de dinero, Ann, tu sobrino y él son personas muy buenas, pero sus familias tienen mucho dinero, lo ven como prioridad en la vida, en su nivel social, pero me imagino que tener familia con dinero no te han hecho menos, por lo pronto te prestaron un avión para que viajaras, sonreía.
- Candy no debes menos preciarte, eres muy hermosa, nada me gustaría que compartir mi vida con una mujer tan sencilla, amable, tan linda y servicial que confía en mí ciegamente.
– Albert, tu eres un oficinista que trabaja con animales de hobbies y que no eres como ellos de una sociedad a la que el dinero es muy importante, siento que somos un poco iguales, solo que tu si tienes familia. Albert al escucharla, confirmo que no sabía quién era el realmente, que estaba con una mujer que lo amaba por ser un hombre, no un Andrew, se enamoro más de ella, que si se daría cuenta de quién es él realmente jamás se casará con ella, ella se irá de su lado, lo pensaba, buscaba solucionarlo.
-Candy, te gustaría ir a montar a caballo,
- Tengo mucho de no hacerlo, me ayudarías, porque solo lo hice con mi hermano Tom, que me invitó en una ocasión a su casa, es un rancho, me enseño un poco de montar, pero no sé como se monta bien, fue hace tanto tiempo, que me daría un poco de temor.
– Candy tu novio estará contigo, pronto tu esposo, espero, si lo deseas
– Albert, ya te lo dije es muy pronto pero cuando tu desees formar una familia conmigo, aceptaré.
– De verdad Candy, cuando yo lo desee. – Si Albert, no tengo una familia, nada me gustaría más que tener una, que mejor que tú seas mi familia, aunque no conozco a tu familia Albert,
- Candy mis padres ya murieron, tengo tres sobrinos y son mi familia.
– Que lindo, son chiquitos. – No, uno de mis sobrinos es el novio de Ann. Candy puso cara de sorpresa, se reía nerviosamente,
- Albert no te ayudare a cuidar a tus sobrinos, Albert se reía, por el tono en el que lo decía, sus sobrinos podían ser hermanos de él.
Salieron a montar, Albert, tomo los papeles de Candy y los envió a un registro junto a los de él, después de pasar todo un fin de semana adaptando a Clean a su nuevo hogar en el bosque, pues Candy entraría a trabajar pronto al hospital, conoció a Pupé un animalito blanco y negro que hacía correr a medio mundo, pero a Candy no, ella lo acariciaba, ya había entrado en varias ocasiones, jugando con ella, ahora Albert se la presentaba formalmente y ella se reía, le enseño el bosque, la casa era pequeña, muy cómoda, solo contaba con una recamara. Candy pensaba que si ellos algún día se casaran, tendrían que poner otra habitación para sus hijos.
– Albert, si vienen a visitarte tus sobrinos donde se quedarán, requerirá una habitación, pero si vives con tres sobrinos donde están ellos, donde se quedarían si llegan a venir.
– No mi amor, este lugar es solo nuestro, aquí no vendrían nunca ellos, llegarían a la casa principal, tu y yo estaríamos mejor aquí, te lo puedo asegurar. Se besaban, Albert estaba feliz, ella pensaba en tener una familia, pero no se lo quería decir abiertamente, es muy claro, tienen tan poco de conocerse. Fue por el auto, lo acerco a su casita en el bosque, dejo los caballos, se acercó de nuevo a la casa y se fueron en el auto.
– Albert me encanto tu casa, es muy hermosa y acogedora, pero es mejor el departamento, quedará cerca de nuestros trabajos, no dependeríamos de la chimenea, la ciudad es más práctica. Albert se reía. Llegaron al pueblo de Lakewood, Candy vio a Tom y Jimmy, ambos hermanos adoptados de ella y Albert sonrió,
-Tom, Jim miren les presento a mi novio él es Albert, ambos somos hermanos. Albert lo saludo, con abrazo ambos lo saludaban, muy efusivos, sencillos como Candy.
-Que gusto Candy, nunca habías tenido novio, ahora vienes a Lakewood, paseas con tu novio, dijo Tom y Jimmy dijo
– Creo que lo conozco de otro lugar, Albert viendo que ambos lo reconocerían les dijo
– Candy y yo vinimos a casarnos al pueblo, les gustaría ser nuestros testigos, ambos se rieron, aceptaron, pasaron al registro civil. Candy estaba sorprendida, nunca pensó que tan pronto se casaría con Albert pero se sentía muy emocionada, porque ahora ya tendría su familia, la que tanto había anhelado. Pasaron al registro, para sorpresa de Candy estaban sus papeles, sonrío en complicidad con Albert, asiendo ciertas muecas por lo que había hecho, pero él no la iba dejar ir, no sabiendo quien era, jamás podrían estar juntos.
– Eres un tramposo, no me avisaste, lo bueno es que mis hermanos estaban de paso. Ambos se reían.
– Los declaro marido y mujer, puede besar a la novia, un hermoso beso hubo en aquel registro civil, sus hermanos estaban muy emocionados por verla casarse. Tom agregó,
- Cuando se casarán por la iglesia. Albert le dijo
– Espero que sea pronto. Ambos se reían.
-Mi amor a donde te gustaría ir de luna de miel, se reía Albert.
– A nuestro departamento, recuerda que pronto iré a trabajar. Albert puso una carita triste y le dijo
– Yo que quería estar más tiempo contigo, además ahora puedo mantener a mi esposa y ambos se reían.
– Albert no lo había visto así, pero será muy largo el día mientras trabajas, podría ayudarte a trabajar en el hospital me pagarán bien,
- Candy gano muy bien para mantenernos a ambos, además si tenemos familia, crees que como enfermera podrás cuidarte y cuidarme a mí también. Sonreía.
– Albert eres un tramposo, entonces cuidare de nuestro hogar e iré a trabajar en algún lugar de manera de apoyo, para que no entre en turnos, pueda cuidar de ti, si algún día tenemos familia, también cuidar de ellos. Albert estaba muy sorprendido de sus habilidades de convencimiento para con su nueva esposa Candy Andrew, lo pensó y lo dijo
– Oye Candy, te gusta ser la señora Candy Andrew
- No lo había pensado, pero que no quedamos que tu serías el señor de White, se reían a carcajadas por como se lo había dicho. Albert estaba fascinado, con ella definitivamente, se la llevaría de luna de miel, antes que se dieran cuenta que se había casado sin avisar a nadie.
Llegaron al apartamento. Albert corrió antes que ella abriera la puerta, la tomo en sus brazos, para entrar, ella se sintió conmovida por como la trataba y la hacía sentir su esposo,
- Albert que bueno eres conmigo, se le salían las lágrimas de emoción, realmente su ahora esposo, la amaba, a pesar de conocerla tan poco tiempo.
-No mi amor, soy como un esposo debe ser, con su hermosa esposa, al llegar a su hogar por primera vez, ambos, se entregaban a una serie de besos y caricias, entraron a bañarse, después de un juego de pasión, volvían a entregarse en la habitación, ese día Albert estaba embriagado de su mujer. Se sentía muy feliz, recordaba mientras su esposa estaba a su lado, cansada por la pasión que ambos tenían. Y pensaba, que hace que Tanya andaba quedando bien y su padre compraba acciones para comprometerme, Sofía andaban invirtiendo en los Andrew tal vez para comprometer a Anthony, si él no me lo hubiera mencionado, no lo creería, pero tenía razón, cuando su padre fue a hablar conmigo porque parecía que ambos estaban iniciando una relación Anthony dijo que eso era completamente falso, como muchas personas los quieren comprometer, el comprometió a una dulce mujer sin que supiera nada de su fortuna y ahora era su esposa, el intento frustrado de secuestro. Candy ahora como mi esposa, no correrá ningún riesgo, tendré que hablar con mis sobrinos hoy.
Amor, tenemos que levantarnos, deseas acompañarme a la oficina, para que conozcas el lugar donde trabajo,
- De verdad, me dejarán entrar contigo, pregunto Candy, este le dijo
– Claro mi amor, a ti te dejarán estar siempre a mi lado, porque ese es el lugar que te he dado desde que nos casamos,
- Amor si deseas puedo trabajar contigo, solo que tendría que aprender,
- Eso es bueno, además así te cuidaría y me cuidarías, ambos se besaban, se arreglaban.
-– Amor, que talla de ropa usas,
- Siete, mi amor. ¿Por qué la pregunta?,
- Me gustaría comprarte ropa, para que si vas a ir conmigo, tengas más de donde escoger,
- Como desees, mi amor.
– Realizó unas llamadas y tenía un guarda ropa hermoso a la puerta y le decía,
-Que te parece si usas este, combinamos ambos, se reían,
- Me encanta la idea, ser parte de tu complemento, el amorosamente le dijo
– Tú, me complementas a mí, amor. Se arreglo y aunque no se pintaba como enfermera mucho, ahora con ese traje, tenía que verse mejor, se maquillo un poco se recogió de lado su cabello haciéndola ver muy hermosa, lucir mucho muy bella, él la vio, dijo
— ¡Mi cielo! no querré llevarte así, estas demasiado hermosa
– Estas bromeando conmigo verdad Amor, Albert la abrazó, la beso quería desvestirla pero lo imagino en su oficina y sonrió maquiavélicamente,
