Hola a todos, gracias por sus comentarios y apoyo. Había tenido un problema con la historia al subirla, pero ya fue solucionado gracias a una chica que me dio la pista, o sea no había problemas solo que tenía mal configurada la página, error mío. Bueno ahora pueden comenzar a leer.


3.- MIEDO LATENTE

El cielo cambia de colorido día tras día, de un brillante celeste a románticos rojizos, de fríos violetas a tenebrosos oscuros; el tiempo traspasa indistinto para cada quien, para unos una eterna primavera, para otros tormentosos inviernos o quizás un plácido otoño en contraste con un sofocante verano, de todos modos los minutos pasan sin detenerse, la diferencia es como uno siente la velocidad con la que avanza.

Varios atardeceres de distintas tonalidades habían pasado para Sakuno, y tal como ella lo pronosticó su pequeña ausencia no fue notada ni siquiera los siguientes días que había permanecido encerrada en su departamento, todavía con el miedo que carcomía sus huesos. Quien lo diría, el instante más emocionante en su vida también era el más traumático que sus cortos años han vivido.

Una noche más daba termino, a pesar de permanecer con un temor latente en donde la paranoia parecía aumentar en cada respirar, inhaló profundo capturando hasta la más mínima esencia de energía, debía renovarse y comenzar a retomar el rumbo correcto, lo único que tenía era su negocio de perfumes suficiente estímulo para no decaer.

Después de días optó por dejar que la luz invadiera su sencillo cuarto, cada rayo que traspasaba el ventanal era una sanadora cura para su pálida piel. Se acercó pausada hacia un mueble en donde acomodaba sus ropas y sobre el se hallaban unos cuantos retratos que adornaban aquel rincón. Detuvo su mirar en uno de ellos, alzando una foto enmarcada en un caoba oscuro, suspiró…

-¡Abuela!... no sabes cuanto te extraño – la melancolía era fácilmente detectada en cada gesto – ojalá fuese tan fuerte como tú… no te preocupes, no me daré por vencida… ahora mismo retomaré mi vida… gracias por dejarme la tienda, haré los mejores perfumes que existan – poco a poco cristalinas lágrimas se deslizaban por sus mejillas, pero esta vez su cuerpo se fue revitalizando.

Abandonó la depresión en la cual se había sumido durante los últimos días, enfocándose por entero a su oficio de perfumista, si algo sabía hacer era eso. Haría su mejor esfuerzo para que las perturbadoras pesadillas que la acosaban cada noche, no le impidieran proseguir con su normal vida, a pesar que el temor permanecía arraigado en ella.

Producto de su ausencia tenía bastante que hacer en la tienda de perfumes, mucho polvo que quitar y además, de esencias que crear. Así que se alistó para trabajar amarrando una pañoleta blanca a su cabello con un atuendo destartalado para comenzar la limpieza; no habían sido muchos días lejos, pero la suciedad no dio tregua esparciéndose sin misericordia por cada recoveco del lugar. Le llevó casi toda la mañana acabar con esto, estaba exhausta y empolvoreada de tierra.

Mientras ordenaba varios frascos sintió como la puerta era abierta, un extraño sentimiento surgió al sentir los pasos aproximarse (imaginaba que nuevamente vendrían por ella, casi veía hombres de negro por todos lados y eso que ni siquiera había salido de su casa), un temor la embargó al recordar que había dejado un cartel que anunciaba que hoy estaría cerrado.

Se armó de valor, para decir…

-Lo siento, pero hoy no esta abierto – se excuso con delicadeza sin voltear, ya que en ese momento intentaba alcanzar un frasco que estaba en una estantería.

-Ya lo sé – una petulante voz masculina que la hicieron temblar.

-¿Qué hace aquí? – cuestionó asustada al enfrentar al hombre de ojos ámbar, aunque nuevamente ese impertinente palpitar en su pecho¿por qué al verlo parecía una adolescente¿Qué era lo que no sabía?

-Así que aquí trabajas – observando con detenimiento el lugar y de paso a la chica, que en nada le recordaba a la persona que lo había perturbado ahora llena de suciedad y trapos que la cubrían, pero era la misma sus bellas orbes rubíes se lo decían, prefirió esquivar esos pensamientos y el contacto directo con ella.

Desplazándose con autoridad recorrió el pequeño espacio que contaba de dos estanterías de madera mas un mesón rectangular, todo teñido en tonalidades caoba que contrastaban con el color mostaza de las paredes, lo complementaban unos cuantos adornos alusivos a los perfumes que se vendían o a los ingredientes que usaba para prepararlos. Asimismo una hermosa vitrina que acogían una gran variedad de botellas de perfumes antiguas con distintos diseños y colores.

-Hasta que apareces – rezongó un tanto molesto, hace unos días que la buscaba y ella no se dignaba a salir.

-¿Qué busca acá? – preguntó con recelo, intentando mantener la distancia agradecida de estar tras el mesón.

-¿Ya recordaste algo? – inquirió impaciente.

-Ya dije… que no sé… nada – intentando permanecer tranquila, aunque no se había movido del lugar ni enfrentado nuevamente su mirada.

-¿Cómo conociste a mi abuelo? – exigió respuesta, eso si sin acercarse a ella… era algo que estaba prohibido.

-No… lo conocía – contestó cabizbaja, sorprendiendo al chico que aún deambulaba por el cuarto.

-Entonces¿qué hacías con él? – se apresuró a preguntar, mientras tomaba uno de los frascos para oler la fragancia.

-Nada – dijo levantando su rostro manchado de polvo, ocultando perfectamente su nívea y bella piel.

-No mientas – bufó arrogante.

-No… lo hago – respondió molesta – no sé… quien era su abuelo, yo solo… le lleve el sombrero.

-¿El sombrero? – cuestionó incrédulo.

-Sí, ese día él vino a la tienda – comenzó a relatar angustiada, pero al percibir que sería escuchada prosiguió con mayor confianza – era la primera vez que lo veía; luego recuerdo que hablamos un rato… sobre los perfumes y en eso recibió una llamada, se puso muy serio y salió rápidamente de aquí, sin decir nada – en cada palabra un nudo se formaba en su garganta – fue cuando me di cuenta que se le había olvidado el sombrero, así que salí tras él… le grite, pero no parecía oírme, fue en eso que vi… como doblaba… en el callejón… - las lágrimas que ya habían comenzado a salir ensombrecieron su mente.

Cayó al piso cubriéndose el rostro y temblando aterrada como si recordara horribles escena, se abrazo para darse protección, evadiendo cualquier imagen que pudiese aparecer.

-No… sé… nada más – emitía en un angustiante llanto – váyase… por favor – suplicaba.

-Me voy – expresó mirándola indiferente – esto no termina aquí.

En realidad, esta situación se tornaba extraña ya que no comprendía porque su abuelo vendría a una tienda así, nada era congruente con lo que podían suponer. Así que solo la observó fríamente sin ningún interés en consolarla, aún le quedaba la duda de su versión. No estaba satisfecho con los resultados, pero no había caso insistir; salió sin voltear dejando a una desconsolada mujer de mirar carmesí.

-Y bien Ryoma¿qué averiguaste? – lo interceptó Momo.

-Nada – pronunció frustrado, mientras se rascaba la cabeza.

Todo lo ocurrido era realmente exasperante, ninguna pista que fuera de ayuda existía, la única clave era esa odiosa mujer que parecía no recordar nada. Aunque también estaba esa llamada, pero no era de mucha ayuda pues había sido Mabuchi Atobe quien la hizo y resulta que al igual que su abuelo estaba muerto, quizás si lograban averiguar por que lo llamó podrían saber algo.

-¿Qué harás ahora? – cuestionando con prudencia.

-Vamos – anunció.

-Pero y ella… la dejarás sola, no intentarás…

-Eso esta arreglado – afirmó con seriedad.

-¿Arreglado? – dijo confuso, pero al ver la mirada seria de Ryoma, agregó – como digas, ya estamos retrasados.

Subieron al vehículo que estaba esperándolos aparcado frente a la tienda, bajo la atenta mirada de la chica de ojos carmesí que todavía sollozaba del miedo. Sintió un ligero alivio al verlos marchar, aunque una extraña sensación de soledad nació en ella cuando diviso irse al arrogante hombre que detestaba, por que eso era lo que sentía ¿cierto?

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El clima dentro de la residencia Echizen continuaba enrarecido, principalmente por la falta de información correspondiente a los asesinatos, era casi increíble que ninguna pista sobre el o los culpables hubiese sido averiguada, sobretodo si ambos clanes Seigaku y Hyotei habían movilizado a sus mejores hombres para la búsqueda, la ausencia de señales solo causaba mayor desconfianza entre las familias inculpándose entre sí.

Dentro de la casa principal, en la sala de reuniones estaban discutiendo los cabezas del clan. Un cuarto rectangular con tatamis distribuidos asimétricos por toda el área, que al finalizar tenía una pequeña tarima que realzaba en la pared un gran pergamino con la sigla del clan "Siegaku" y otros artilugios antiguos que identificaban a sus ancestros, principalmente de la familia Echizen, siendo conocidos por haber sido increíbles samurai.

Cada uno de los sujetos estaba acomodado de acuerdo a sus jerarquías. En la cabecera se ubicaba Nanjiro (que esta vez vestía un traje negro) y tras él su fiel sirviente Oishi Syuichirou; a cada uno de sus costados sus dos hijos que eran cubiertos por sus respectivos sirvientes Momoshiro y Kikumaru Eiji quien velaba por Ryoga. Asimismo, más allá estaba Tezuka Kunimistsu cubierto por Fuji Syusuke y por último, Tachibana Kippei acompañado de Shinji Ibu.

Era una solemne reunión en donde deberían darse a conocer los avances en la investigación.

-Entonces Tezuka¿Qué tal la reunión con Keigo? – pronunciaba el jefe.

-Para nada buena – dijo algo inquieto – no confía en que esto no haya sido una trampa de nosotros.

-¡Explícate! – exigió Tachibana, que tenía una cierta rivalidad con él, este solo lo observó con frialdad mientras se acomodaba los anteojos.

-Nanjiro-sama – emitió para retomar, pero en clara forma de ignorar a Kippei – Atobe-san cree que Taro-sama le tuvo una emboscada, pero que su abuelo supo defenderse aunque no salió con vida. Esta convencido que la razón era sacarlo del juego y una vez que Keigo asumiera el mando irían contra él. Ya que es sabido nuestro interés por adquirir los terrenos del muelle 35 de la zona norte; todos sabemos que es un puerto codiciado por la mayoría de los clanes.

-Pero el abuelo ya había desistido de eso – interrumpía Ryoga – luego de que nos quedamos con los dominios de la Yamabuki, casi tan valioso como el muelle 35.

-Sin embargo, para Keigo eso no significa nada, por que a pesar de esto Taro-sama continuó negociando con Mabuchi-sama por el muelle, intentando dividir el mando – complementaba Tezuka.

-Pero cómo, no se supone que el abuelo había desistido – cuestionó confuso Ryoga.

-Lo que pasa es que mi padre no confiaba en que una vez Keigo asumiera el mando, el muelle fuera bien administrado – emitió con tranquilidad.

-¿Y eso que importa? – preguntaba Kippei – si de todos modos no teníamos participación en eso.

-Te equivocas – pronunció con superioridad Tezuka, sorprendiendo no solo Tachibana sino también a los demás.

-¿De qué hablas? – interrogó Ryoga.

-A pesar de no gobernar el muelle, habían unos encargos especiales que desembarcaban allí, solo que este era un acuerdo entre Mabuchi y mi padre, ya que compartían el negocio; pero todo era realizado por la Hyotei, lo único que nosotros recibíamos era el dinero.

-¡Espera viejo! – interrumpió su hijo mayor - ¿por qué nosotros no sabíamos nada y por qué del acuerdo, no es eso extraño? Se supone que el abuelo y ese viejo obeso se odiaban a muerte.

-Yo tampoco sabía de eso, unos días antes de la muerte del abuelo, nos reunió a Tezuka y a mi para contarnos los hechos; aunque no nos dio detalles ni del negocio ni del porque, solo sé que fue un pacto antiguo – aseguraba Nanjiro.

El ambiente se cargaba de incertidumbre, nuevos sucesos aún desconocidos que traían más de un dilema; si existía un pacto entre ambos jefes que al parecer llevaba mucho tiempo, no había necesidad de disputarse entre ellos y si ese era el caso, cabía la real posibilidad de un tercero que deseaba acabar con esto, alguien que tuviese conocimiento de los negocios que realizaban ¿pero quién?

No obstante, el no saber los motivos del pacto inicial, hacía suponer que una de las partes deseaba romper con el trato, lo que llevaba a la misma duda ¿quién de los dos y por qué?... lo más sencillo de aceptar era creer que un grupo minoritario haya preparado todo para debilitar a uno de los dos clanes. Si se pensaba cual quedaría más fracturado, se asumía que la Hyotei debido que el sucesor era muy joven y arrogante como para llevar bien el grupo.

Ya que era conocido que Najiro había asumido el mando y todos sabían que era un viejo zorro muy por sobre Keigo; distinto sería si los regentes hubiesen sido uno de los nietos que se hallaban en la misma situación que Atobe, los tres considerados por muchos unos verdaderos genios, lástima que la experiencia aún era un campo lejano indispensable para manejar un grupo de semejante envergadura.

Así que la principal teoría barajada era suponer que deseaban debilitar a la Hyotei inculpándolos en su totalidad a ellos, lo cual sería fácilmente realizable, pues se sabía de la rivalidad que ambos clanes tenían y el desprecio que declaraba Keigo por Seigaku, en donde su inexperiencia le jugaría en contra para actuar con sabiduría; dando por hecho quienes eran los culpables, con esto tenía la excusa perfecta para declararles la guerra.

Sumado a esto estaba la incógnita de Ruysaki, que aún no existía relación clara con el abuelo, debía haber una conexión para explicar todo esto. Ya que era incomprensible pensar que con su último aliento de vida rogara que protegieran a la chica, en vez de aprovechar ese mínimo instante para revelar quien era el culpable o una teoría de lo sucedido.

-Lo mejor será continuar investigando – propuso el mayor – Kippei encárgate de averiguar sobre los antiguos grupos que dominaban en los terrenos importantes que ahora son de la Hyotei – quien asentía para abandonar el lugar.

-Nanjiro-sama creo que nosotros – señalando a su familia – nos podríamos encargar de la chica, no me parece justo que Ryoma-san se tenga que hacer cargo de esta tarea tan insignificante – proponía sincero Tezuka.

-No es necesario, ya me hice cargo de eso – respondía el aludido, que no le gustaba que le quitaran importancia o decidieran por él; aunque le desagradaba la idea de ser guardaespaldas de esa chica, sabía que ella era la clave y deseaba ser el primero en enterarse de sus recuerdos.

-Es mejor así, pues fue el abuelo quien se lo pidió – comentaba Nanjiro – además, te necesito en la investigación principal, eres el único con la capacidad suficiente para tratar este asunto; mantén vigilado a Keigo, hay que ver que planea estoy seguro que nos traerá problemas – decía con un deje de molestia – has todo lo posible por encontrar al culpable, mi padre confiaba plenamente en ti y tu familia.

-Lo sé, yo apreciaba mucho a Taro-sama, le permitió a mi abuelo convertirse en la segunda familia y nosotros les juramos lealtad eterna; estoy seguro que mi abuelo no descansaría hasta dar con el culpable, pues Taro-sama era su mejor amigo – expresaba con sinceridad y una leve nostalgia se asomaba en sus ojos – haré honor a esa lealtad, traeré al culpable frente a usted.

-Te lo agradezco – pronunciaba Nanjiro – nosotros la primera familia nos encargaremos que los negocios continúen perfectamente, no se notara ningún tipo de flaqueza.

La reunión fue finalizada con algo de malestar al no encontrar una solución al dilema. De todos modos las piezas seguían jugando, tarde o temprano la verdad se dejará ver, por que el objetivo es debilitar a un clan, si es que no a los dos y así apoderarse de sus terrenos.

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La esperanza de que el miedo poco a poco se disipara se hacía cada vez menos posible, casi vivía con el alma pendiendo de un hilo, imaginando que en cualquier instante volverá a venir aquel hombre de mirar ámbar. Se sentía vigilada y extrañamente amenazada, veía caras sospechosas en todo lados, los días se estaban haciendo insufribles y las noches insoportables.

Su único refugio era el trabajo, concentrándose totalmente en la elaboración de nuevas fragancias o la venta de estos, le permitían a su mente un disfrute de paz. La distracción en su oficio era gratificante, logrando deleitarse con los aromas que cubrían el espacio; hasta que sintió que alguien entraba, el sonido de una campanilla al ser golpeada con el marco de la puerta se lo anunciaba, temerosa alzo la vista rogando que ningún sujeto extraño apareciera, sobretodo Ryoma.

Sus titubeantes carmesí divisaron al visitante, un chico de apariencia afable, cabellos rojizos algo alborotados y alegres ojos pardos le saludaban con simpatía. Suspiró al darse cuenta de lo normal que eran sus ropas, llevando unos sencillos jeans en conjunto con una veraniega camisa verde con estampados indescifrables.

-Buen día – reverencio la chica – sea bienvenido.

-Hola – alzo su mano en son de saludo – soy Tooyama Kintarou – diría con un claro acento de Osaka; eso la tranquilizo era un extranjero.

-Mucho gusto, Ryusaki Sakuno para servirlo.

-Ryusaki-san el gusto es mío – sonrió con gracia.

-Tooyama-san, busca un perfume en especial.

-Mmmm… sí, eso mismo – dijo dubitativo.

-¿No viene a comprar?

-O sea sí, es que estaba pensando en que perfume llevarme – respondió distraído observando el lugar con atención.

-Será para usted o para su novia – indagó con precaución.

-¿Para mi novia? – pensó dudoso, luego miró directamente a los ojos caoba y sonrió – por el momento no tengo novia, recién llegue a Tokio y no conozco a muchas chicas – decía pensativo – es más creo que usted es la primera chica con la cual hablo, quizás Ryusaki-san podría convertirse en mi novia – expreso con inocencia, no calculando los efectos que tendría en Sakuno, quien se sonrojo con la propuesta.

-¿C-cómo? – logró articular.

-Perdóneme, no quise ser atrevido y mucho menos incomodarla. Siempre digo lo primero que se me viene a la mente – se excuso con una reverencia.

-No se preocupe – intentó parecer indiferente – dígame entonces¿para quién es el perfume, para usted?

-No… es para… mmmm mi madre – anunció – estará de cumpleaños dentro de unos días, así que le enviare un presente y se me ocurrió que un perfume sería perfecto.

-¿Qué tipo de perfume desea? – cuestionaba con profesionalismo.

-¡Ah!... ¿hay mucho tipos? – preguntó asustado revolviéndose sus cabellos.

-Sí, pero no se preocupe; dígame como es su madre para ver que le quedaría mejor.

El joven de abierta personalidad intentaba describir a su madre, por lo que logró entender Sakuno se trataba de una mujer sofisticada y gustos exquisitos, una serie de detalles más que eran innecesarios, pues terminó por enterarse de la vida de Kintarou desde su niñez hasta adolescencia y considerando lo joven que se veía, solo le faltaban unos escasos años por saber la vida completa del chico.

-Tome, creo que este con esencia de jazmín de España le gustara – pasándole un frasco pequeño en forma redonda y color rosado oscuro traslúcido.

-Muchas gracias – tomando la botellita para oler el aroma – es perfecto, estoy seguro le gustará.

-Entonces se lo envolveré para que se lo lleve – comenzando a guarda la botella en una caja que tenía destinada para eso.

-Te lo agradezco, bueno ya se me hizo tarde – mientras verificaba la hora – fue un gusto conocerla, hasta pronto – despidiéndose con una sonrisa.

-Hasta luego, vuelva cuando guste.

-No tengas duda que lo haré – le guiño el ojo para salir.

Un grato momento que por ratos la hicieron olvidar a los duros instantes pasados; con esto esperaba que su tranquilidad poco a poco volviera a su curso, dejando atrás las pesadillas. Al ver como el joven se iba tan contento y satisfecho, vino a su mente antiguos recuerdos de una persona de su pasado, imaginado lo bueno que sería volver a ver a quienes ya no estaban.

Aunque en esos instante otros personajes hicieron presencia, esta vez para perturbar la recién ganada serenidad… ¿Y ahora qué?

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Las oscuras noches eran signo del nacimiento de un mundo alterno, desconocido e ignorado por la gran mayoría de la gente. Para muchos era el despertar de cada día, viviendo en constante oscuridad bajo la penumbra, donde sus reales personalidades se camuflaban en ambientes estridentes, sórdidos y desordenados, así mientras unos duermes otros se divierten.

Los locales nocturnos son espacios muy populares en la sociedad nipona, existen para todos los gustos y excentricidades. El lugar escogido será directamente proporcional al dinero que se posea y que se quiera gastar. En una céntrica zona de Shibuya estaba el "LoveParadise" un club exclusivo para socios, propiedad de la familia Echizen; un sofisticado centro nocturno que era visitado principalmente por hombre de negocios, políticos o empresarios extranjeros.

Bajando las escaleras de piedra de río, se llega a una enorme puerta tallada en madera con un símbolo identificable del clan Seigaku, una especie de dragón volador con brillantes ojos oro y una larga cola que se enrolla en forma de caracol. En donde un robusto hombre se encarga de recibir a las personas, cada cliente debía presentar su identificación de socio o una invitación especial, únicas formas de ingresar.

Una vez cruzado el umbral, la bulla se apodera del ambiente con una llamativa música de baile. En la recepción son recibidos por bellas mujeres ataviadas en provocativos Kimonos negros, con un dragón rojo que se enrollaba en la cintura descansando su gran cabeza en una parte del busto de la chica. Cada cliente o grupo se le asignaba una anfitriona para atenderlos durante la noche. Si era un cliente VIP, se le permitía escoger a la chica de su gusto.

Designadas a quien atenderían, se lleva al cliente a la mesa entrando a una amplia zona bajo la penumbra, que era interrumpida por intermitentes luces de colores. En el centro un gran escenario semicircular en un nivel más arriba que el área de los invitados, todo el lugar es de color azul profundo en donde los bordes tanto de las mesas como la tarima resaltaban con plateados.

Asimismo, en dos de los extremo había una plataforma cuadrada para show de menor importancia. Por otro lado, existen zonas exclusivas denominadas "privados", que se formaban en los laterales del recinto, espacios semi-redondos para un pequeño grupo de personas y donde solo una cortina aislaba a los ocupantes del público general.

En un de estos cubículos se encontraba Ryoma junto a Momoshiro; debía asistir con regularidad ya que este local estaba a cargo del menor de los Echizen. Aunque no era de su total agrado, el bullicio y las multitudes no encajaban con su personalidad solitaria e indiferente.

-¿A qué hora quedo de venir? – interrogaba Momo – le prometí a Ann que llegaría temprano.

-Luego – como siempre aquellas respuestas tan indefinidas.

En eso la cortina fue abierta, para dejar pasar a una atractiva mujer en su diminuto Kimono, que cargaba consigo una bandeja con una botella de whisky, hielo y vasos.

-¡Ryoma-sama! Por fin apareces – le reprochaba la chica mientras servía los tragos – lamento lo de Taro-sama, todas estamos muy triste por eso – el aludido solo asintió con la cabeza sin ningún otro tipo de gesto - ¿2 ó 3 hielos, Takeshi-kun?

-Que sean 3 – respondió - ¿dime Tomoka, todo tranquilo por aquí?

-Aburrido – dijo con una mueca – si Ryoma-sama no esta, no tiene gracia trabajar.

-Para eso te pagan – le recordó Momo.

-Lo sé… pero no es lo mismo sin Ryoma-sama – abalanzándose sobre él.

-¡Ey! Tomoka, no estoy de humor – rezongaba el chico.

-Yo sé como cambiarte el humor – pronunció con sensualidad.

Acomodándose sobre las piernas masculinas para abrazarlo por el cuello y comenzar a besarlo en sus oídos de forma sugerente, insinuándose descaradamente. Sin embargo, esta vez parecía que sus encantos no tenían efecto, pues el joven permanecía impertérrito con sus caricias.

-¿Qué te pasa Ryoma-sama? – reprochó molesta.

-Te dije que no estaba de humor – bebiéndose su trago.

-¿Por qué no vamos al departamento, ahí pondré animarte? – proponía entusiasta la chica.

-Hoy no…

-Lo siento Tomoka, pero hoy vinimos por nego… - calló al ver la mirada reprobatoria de su jefe.

-¿Negocios? – cuestionó curiosa al comprender que decía.

-Nada que te importe… por que no continúas trabajando – le ordenó su jefe.

-Nunca me cuentas nada, acaso no confías en mí – tomando el papel de víctima – siempre me obligas a irme cuando yo quiero estar contigo, porque no eres como los otros "protectores".

-Si quieres otro protector, búscalo – respondió displicente.

La joven se paro de golpe demostrando su inmenso malestar, cada noche anhelaba que Ryoma la quisiera exclusivamente para él, así como lo hacían los demás protectores que no eran otra cosa que hombres socios del club con gran poder adquisitivo, que tomaban bajo su cuidado a alguna chica del lugar dándole estabilidad económica, claro esta le debían lealtad a quien pagaba por ellas; aunque no podían dejar de trabajar, a menos que la mas afortunada lograra un matrimonio o algún trato especial, de no ser así, no les quedaba de otra que continuar el trabajo, pues siempre existía la penosa posibilidad que apareciera una mujer más interesante para el cliente.

A pesar de que Tomoka era la protegida del menor de los Echizen no era exclusiva para él. Situación que indignaba a la joven que alberga más que un sentimiento de interés por su protector y así como las escasas protegidas, todas soñaban que en algún momento de sus vidas quienes velaban por ellas las sacarían de este oscuro mundo; sin embargo, esto no era mas que una quimera en sus mentes, ya que rara vez o nunca sus deseos se cumplían.

-No he dicho eso – se retractaba como era la costumbre, sabía que no podía enojarse con él sino corría el riesgo de perder sus privilegios, que era mejor que nada.

-¡Hola! – un saludo efusivo se escucho de la entrada - ¿Cómo estás Koshimae-san?

-Kintarou… hasta que llegas – le decía Momo.

-Negocios, Negocios – sentándose rápidamente – Hola Tomoka-chan, por que no me sirves un trago.

-Claro Kintarou-kun – acercándole el vaso y atreviéndose a sentarse sobre él, su intención era provocar celos en Ryoma, pero este permanecía inmutable.

-Bueno Koshimae… hable con Ryoga-san y…

-Tomoka – lo interrumpió Ryoma – ándate.

Aquellas frías palabras le indicaron que no tenía derecho a reclamos, cuando se trataban de negocios no le era permitido participar y si se atrevía a desobedecer no quería ni pensar como podría salir perjudicada.

-Lo siento – se excuso Tooyama, sabiendo la impertinencia que estuvo a punto de cometer.

-Tooyama, continúa…

-Hoy conocí a la princesa – digo con una elocuente sonrisa, cosa que siempre molestaba a Ryoma que no entendía las razones de su optimismo.

-¿La princesa? – cuestionó Momo confundido.

-Sí, Ryusaki-san – afirmó – estuve en su local, no me habían dicho que era tan hermosa.

-¡Ah! – expresaron los dos.

-¿Qué acaso no se dieron cuenta? – dijo asombrado.

Ambos se observaron incrédulos, convenciéndose que Sakuno era cualquier cosa menos hermosa, la chica que ellos recordaban distaba muy lejos de poder llamarla una mujer hermosa; entonces supusieron que como era Kintarou se podía esperar eso. Sin embargo, en un parpadeo Ryoma recordó cuando la chica se iba, en donde había terminado paralizado con sus bellos ojos carmesí.

-Oigan ¿me están escuchando? – los interrumpió en sus divagaciones.

-Mmhm… prosigue – le señalo con la mano.

-Como les decía, es una mujer hermosa… un poco tímida pero es como un ángel – comentaba casi enamorado – creo que la invitaré a salir.

-Ese no es tu trabajo – lo reprendió Echizen.

-Lo siento, lo sé… solo estaba imaginando – emitía avergonzado.

-¿No te dijo nada al verte? – preguntó Momo – o te hecho cuando te reconoció.

-Para nada, fue muy amable conmigo – expresaba contento – aunque debe haber sido por que no sabe quien soy.

-¿Qué quieres decir? – indagaba el de ojos violetas.

Fue entonces que Tooyama les explicaba su encuentro con Sakuno y que para no asustarla había decidido ir vestido como cualquier persona normal, haciéndose pasar por un cliente. Situación que no agradaron del todo a Ryoma que consideraba innecesario esconderse. Sin embargo, cuando concluía su relato se quedo pensativo como considerando o no entregar la siguiente información.

-Hay una cosa más – agregó con una seriedad extraña en él.

-¿Qué cosa? – preguntó intrigado Momo.

-Cuando me marchaba me di cuenta que habían unos sujetos extraños, pero antes de saber quienes eran, otros hombres entraron en la tienda de Sakuno-chan – aquella manera tan familiar de llamarla, fue lo que más atención llamó a Ryoma, debía concentrarse – supe que eran del Yakuza, así que fingí olvidar algo para volver a entrar, como fueron interrumpidos no hicieron nada… solo le dijeron que "Mañana vendremos por su respuesta, considere nuestra oferta"

-¿Y qué dijo ella? – interrumpió curiosos el de ojos violeta.

-Nada, asintió nerviosa… pero cuando yo le pregunte simulo que no era nada, creo que estaba muy asustada y no quiso involucrarme – terminó de contar el pelirrojo – eso sí, esos sujetos pude reconocerlos son de la Hyotei, eso me informó Shiraishi-san.

Unos minutos más estuvieron especulando sobre las posibles razones, aunque nada concreto de lo cual afirmarse. Eso sí, para Ryoma de seguro era un trato entre ella y la Hyotei por haber ayudado a matar a su abuelo, al menos en su tozuda cabeza era la única respuesta aceptable, mientras las pruebas estuviesen encubiertas no habría motivo para confiar en esa mujer.

-Bueno, en estos momento tengo a Yuuji cuidando la zona… - un sonido del celular lo interrumpió.

Al recibir la llamada su rostro se desencajo de horror, pocas veces era sorprendido como para demostrar el temor tan claramente. Una vez colgado el auricular, se paró de prisa para salir sin dar explicaciones.

-Espera¿qué paso? – con autoridad preguntó Ryoma.

-Yuuji…- intentando articular las ideas – está muerto.

Aquella afirmación fue suficiente para permitirle ir, no solo se trataba de unos de sus compañeros sino también que su protegida corría peligro, por que hasta donde ellos sabían era aquel sujeto quien velaba por la seguridad de la pelirroja. Sin necesidad de comunicarse salieron raudamente hacia la casa de Sakuno, esperando que aún nada le pasara.

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El día había terminado de ser agotador en todos los sentidos posibles, al parecer su tan ansiada serenidad no volvería tan pronto, arrastrando su fatigada figura se traslado a su departamento, al menos darse un cálido baño quizás podría aminorar en algo su actual situación. Una extraña atmósfera se dejó sentir al entrar a su cuarto, un frío intenso le caló hasta lo más profundo de los huesos.

Imaginar que ser rociada por una tibia lluvia la relajarían, había sido una completa quimera en su ingenua cabeza. Instantáneamente alojó sus pies fuera de la bañera un gélido escalofrío la sucumbió por entero, haciendo que sus delgadas piernas tambalearan levemente, mientras su lozana piel parecía erizarse sin remedio.

Un tanto turbada por esta reacción se apresuró a colocarse una bata color marengo para secarse un poco, ya que sentía que la temperatura corporal bajaba extrañamente. Suspiró cansada, de seguro sus fantasmas le jugaban una mala pasada, había estado tan asustada estos últimos días que hasta la más ligera brisa la hacía tambalearse.

-¡Vamos Sakuno! – se dijo mirándose en el espejo cubierto de vaho - ¿desde cuándo tan cobarde?... está bien, no soy una súper mujer pero se defenderme – imitando una posición de ataque de sus clases de autodefensa, aunque nunca ha tenido la oportunidad de saber si son efectivas.

Sonrió con valentía para salir del cuarto de baño que conectaba con su dormitorio. Desgraciadamente al cruzar el umbral el hielo en el ambiente la volvió a sacudir, un aura estremecedora la acechaba haciéndola voltear de golpe, con la respiración entrecortada observaba que nada había, rió… los síntomas de la paranoia se intensificaban a cada momento.

Se quitó la toalla que envolvía sus cabellos dejando que cayeran con suave gracia por su espalda, alzo sus brazos con pereza dispuesta a dejarse caer en la mullida cama, fue entonces que su agotada figura fue capturada por unos poderosos brazos, quitando absolutamente cualquier posibilidad de escape. Si anteriormente el miedo la hizo temblar, en estos instantes no tenía palabras para describir en el abismo que se sentía caer.

Continuará...


Listo por hoy, haber que les pareció este capítulo; recuerden que cualquier duda, quejas o aporte siempre es bien recibido. Cuídense nos vemos.