Capitulo 3.

Robin se estaba preparando su café cargado como todos los días en la mañana. Era muy temprano, recién había amanecido; por lo tanto se hallaba solo en la cocina.

Le gustaba mucho disfrutar de esos pequeños momentos todas las mañanas en que tenía el cuarto principal entero para él solo. No duraban mucho, puesto que Raven también solía madrugar con frecuencia pero para él eran suficientes.

Ya habían pasado 3 días desde la visita exprés de Artemisa. Aún se avergonzaba un poco al pensar que él la había aceptado en el equipo sin preguntarles a los demás que pensaban al respecto; como usualmente haría.

Se había dejado llevar por el hecho de que Artemisa era una vieja amiga y que le había gustado mucho reconectar con ella; además de que le gustaría también volver a ver al resto de sus anteriores compañeros de equipo.

Poco después de que la joven arquera se marchó, Robin preguntó a sus compañeros de equipo que les parecía la idea de que ella se uniera, quizás no solo a ella sino los demás miembros de la Justicia Joven (como se hacían llamar).

Todos comentaron que les parecía una buena idea tener más amigos en la Torre, dejar que los Titanes en Jump City se expandieran. Bueno, casi todos. Raven no había dicho ni una palabra mientras los demás hacían planes acerca de cómo tendrían que modificar la Torre para que todos pudieran vivir a gusto allí, de cómo trabajarían en equipo entre otras cosas.

Entonces el petirrojo impuso el silencio y preguntó a la hechicera que era lo que pensaba. Obviamente, la idea no le entusiasmaba demasiado. Después de ese pequeño gran incidente con Terra, ella siempre se mostraba recelosa a confiar en nuevas personas. Esta no sería la excepción.

Chico Bestia ya estaba protestando acerca de su actitud cuando Robin le pidió directamente que le dijera su opinión.

Raven respondió con una pregunta: - ¿Tú confías en ellos?—.

—Sí— respondió el chico maravilla firmemente, a pesar de que se había sorprendido por el cuestionamiento.

— ¿Te harás responsable de cualquier cosa que llegue a suceder?— al ver la mirada incómoda de los Titanes y como Chico Bestia bajaba la mirada al suelo agregó—Lo siento pero debo preguntar—. Era innecesario que explicara el motivo de su desconfianza.

—Sí, Raven ya lo sabes. Puedes confiar en mí, no lo olvides— replicó Robin mirándola directamente a los ojos.

—Confiar en ti no es el problema—murmuró Raven como si hablara consigo misma y luego dio su aprobación a regañadientes.

Robin de verdad esperaba que la desconfianza de Raven y su usual actitud taciturna no complicaran la integración de los nuevos miembros al equipo. Lo único que el joven quería es que todos se llevaran bien y que formaran un equipo de verdad. Los nuevos amigos con los viejos.

Aún recordaba su época como respaldo de la Liga de la Justicia. Parecía como si todo hubiese sido ayer –vaya cliché pensó el enmascarado-, sin embargo ya habían pasado 5 años desde que había renunciado a esa vida.

Todo había sucedido, como siempre, por un conflicto que tuvo con Batman. Ya llevaba un año en el equipo, con Aqualad al mando. Ambos habían estado charlando, el joven pupilo de Aquaman se estaba cansando del rol de líder. Tanto él como Robin deseaban que este último tomara su correspondiente lugar como el dirigente de la Justicia Joven.

A Batman, sin embargo; no le agradaba la idea. Parecía haberse acostumbrado a tratar con Aqualad todos los asuntos que involucraran el equipo de los jóvenes héroes, y muy en el fondo; el chico maravilla pensaba que el murciélago consideraba a Aqualad como un mejor líder de lo que él podría ser.

El petirrojo admitía que en ese entonces sus habilidades de liderazgo no eran muy buenas. Se ponía nervioso y tenso fácilmente, y su mente se nublaba muy rápido; además de acostumbrado a trabajar solo; solían haber ocasiones en que dejara a su equipo abandonado, sin ninguna orden que llevar a cabo. Aún en la actualidad, él solía decirse a sí mismo que no era tan buen líder en ese entonces debido a la presión que ejercía Batman en él. Si claro, se dijo el joven a sí mismo.

Sus exigencias, su rudeza solían intimidar y frustrar al joven héroe, haciendo que no diera lo mejor de sí algunas veces. Robin solía pensar que esa teoría era cierta, puesto que una vez que se deshizo de Batman y sus miradas frías, se había convertido en un líder bastante bueno, además de modesto claro.

Para probarlo, el líder de la Liga de la Justicia le puso una última prueba. Esa había sido una misión especialmente difícil. Tanto que fue un desastre absoluto; que dejó a Robin bastante molesto consigo mismo.

Mientras consideraba seriamente jamás volver a pedir que le dieran otra oportunidad de liderar; se puso a meditar acerca de lo que la misión había consistido y las circunstancias en que había ocurrido. La misión no había sido solamente difícil; había sido imposible.

Cuando les explicaron en qué consistía la misión en el Monte Justicia; les había parecido como una misión relativamente sencilla. Ellos tenían que llevar un paquete de Ciudad Gótica a Washington. Eran unas 4 horas de viaje de una ciudad a otra.

Un camión llevaría un núcleo de fusión de neutrones construido por Empresas Wayne a un laboratorio científico donde lo integrarían al sistema eléctrico de la Ciudad para crear energía limpia. La misión consistía en ir vigilando dicho núcleo, no perderlo de vista y evitar que cayera en manos equivocadas.

Ya habían tenido una misión así antes, y no había salido especialmente bien al principio. Pero Robin confiaba, quizás demasiado, en que todo saldría bien. Sin embargo, no contaba con que un numeroso y especialmente capaz grupo de ladrones desconocidos aparecieran y decidieran llevarse el núcleo.

Sus apariencias eran extrañas, sin embargo le parecían familiares. Jamás se habían enfrentado a algo así antes, ni siquiera la Liga de la Injusticia representaba una amenaza tan grande como este misterioso grupo. Fueron casi imposibles de derrotar, la batalla duró durante una hora y el equipo fue derrotado después de que se acabaron todas sus fuerzas. Tomaron el camión con el núcleo de fusión, y desaparecieron sin dejar rastro.

Batman había terminado bastante decepcionado y declaró que Robin no estaba listo para ser líder aún, por lo que el mando seguía en las manos de Aqualad. El chico maravilla pasó unas semanas terribles, culpándose de lo ocurrido, frustrado por su fracaso inminente. Pasaba muchas horas al día pensando en el incidente, analizando lo que había ocurrido.

Esos ladrones tan misteriosos no estaban en ninguna de las bases de datos a las que él tenía acceso. Pero no era solo eso lo que le daba mala espina. Con ese tipo de aparato tan poderoso e inestable en sus manos, podrían haber fabricado una bomba nuclear capaz de destruir Washington entera. Sin embargo, desde el día del robo, ellos no habían dado señas de existir.

Además, se suponía que el núcleo era muy importante para el gobierno del país, ya que eso mostraría al mundo los avances en tecnología ecológica en los que se ha estado trabajado en los últimos años. Pero no se había emitido ningún comunicado al respecto y no había nadie buscando a los culpables.

El misterio no lo dejaba dormir tranquilo, por lo que decidió investigar profundamente hasta descubrir la verdad. Sin embargo, no se hallaba preparado para lo que descubrió. Una noche, él se hallaba en la Baticueva solo. Batman estaba en una misión con el resto de la Liga de la Justicia; por lo que el equipo tenía una noche libre.

Usualmente se quedaría en el Monte Justicia a pasar un rato con sus amigos; pero esta vez decidió regresar a la Mansión Wayne. Se fue con la excusa de que no se sentía bien y quería descansar en casa un rato. En ese momento no le importaba lo patética y poco creíble que sonara su excusa, solo quería salir de allí.

Se adentró en la Cueva y empezó a investigar en la computadora central. Batman siempre guardaba información acerca de las batallas y misiones; sin embargo no había absolutamente nada de datos acerca de esa misión en particular y mucho menos datos del robo y de los ladrones.

Extrañado y con un mal sabor de boca, Robin siguió investigando, buscando información acerca del núcleo de fusión y los encargados de integrarlo al sistema de energía de Washington. No encontró tampoco nada de información acerca del proyecto.

Y como si no fuera suficiente; llegó la gota que derramaría el vaso, y que confirmaría todas sus sospechas. Robin rastreó las coordenadas de localización del núcleo, y se encontraba justo donde debería estar. En Ciudad Gótica, bajo tierra. En ningún momento se había movido de allí.

No hubo robo. No hubo misión. ¡Todo había sido falso! Pero eso entonces solo dejaba al chico maravilla con una última incógnita: ¿Quiénes eran esas personas que había simulado robar el núcleo de fusión, y por qué lo habían hecho?

¿Qué es lo que realmente ocurrió? Se preguntó el petirrojo.

Antes de poder responder a esa interrogante, Alfred, el mayordomo de la Mansión Wayne, entró de improvisto a la cueva para limpiarla, y descubrió a Robin indagando en la computadora central. Éste observó detenidamente lo que había en la pantalla, y entonces su expresión cambio de sorpresa y confusión a culpa.

El chico maravilla se puso de pie, y se acercó lentamente a Alfred; sin entender que era lo que había cambiado su expresión de aquella manera. El mayordomo tenía la vista fija en el suelo, sin atreverse a mirar al ''joven'', como siempre solía llamarlo.

Sin decir una sola palabra, Robin lo miró fijamente; esperando que Alfred dijera algo. Y lo hizo. Lo único que pronunció el viejo mayordomo fue:

—Le juro, joven Dick; que trate de convencer al Joven Bruce que no era una buena idea. Usted merecía una oportunidad. Esta no era la manera….—. Alfred dejó la frase sin terminar en el aire.

Entonces era cierto. Batman lo había planeado todo, toda la farsa había sido idea suya. Entonces la pieza faltante por fin encajó. La Liga de la Justicia. Por eso los ladrones le habían parecido tan familiares. Esos extraños poderes que usaron para combatirlos se parecían mucho a los poderes de muchos de los miembros de la Liga de la Justicia. Pero todo había ocurrido tan rápido, que no había tenido tiempo de procesar completamente todo lo que habían visto.

Toda esa farsa fue solo para impedir que Robin fuese el líder. Él no pensaba en eso como si fuera una prueba, porque no la había sido. No solo no le habían otorgado la oportunidad de intentar, sino que le hicieron creer que era un inútil y le habían mentido a la cara. Y lo que era peor: Alfred lo sabía.

El que lo había criado desde pequeño, el que lo había cubierto en sus muchas travesuras de niño, el que había sido su confidente. Él lo sabía y no había dicho nada. No lo había impedido.

Robin jamás se había sentido tan traicionado. Todos le habían mentido, lo habían hecho sentirse como un idiota. La ira creció en su pecho, impidiéndole respirar. Miró al anciano con otros ojos, ya no era su segundo padre, ya no era su amigo; era un extraño.

Sin dirigirle la palabra, el chico maravilla salió corriendo del lugar. Ya no quería estar allí. Ya no quería saber el por qué. No sabía si soportaría esa respuesta, no quería escucharla. Quería alejarse de todos esos sentimientos, de la ira, la vergüenza y la traición, del odio hacia Batman y hacia sí mismo. Quería que todo desapareciera, y lo que más quería era ser lo suficientemente fuerte como para tragarse todos esos sentimientos y hacerlos desaparecer, hacer que dejaran de oprimirle el pecho y que dejasen de impedirle respirar.

Pudo escuchar a Alfred gritar su nombre en la distancia, pero Robin solo lo ignoró. Corrió como si su vida dependiera de ello, y llegó al centro de Ciudad Gótica; sudando y sin aliento.

¿Qué era lo que iba a hacer? ¿Irse, sin nada más que lo traía puesto; dejando a sus amigos y familia atrás? ¿O quedarse dando la cara los que lo habían traicionado, sentir siempre el calor de sus mejillas al recordar la vergüenza que había pasado, recordar que no podía confiar en nadie? Ambos opciones le provocaban nauseas. No podía pensar claramente y lo sabía, necesitaba tiempo a solas.

Esa última sonaba como la mejor opción. Irse, buscar su propio camino, quizás no para siempre pero por un tiempo. Pensar y tranquilizarse, de ser posible mejorar en todos los aspectos en los que tenía fallas y cuando se sintiese listo, volver.

Con la cabeza más fría volvió al Monte Justicia. Aprovechó la oportunidad que le brindaba el hecho de que todos estuvieran en cama para tomar la poca ropa –de civil y uniformes- que tenía en su habitación en el Monte, poco usada ya que casi siempre dormía en la Mansión Wayne.

Sin embargo, no tuvo la oportunidad de irse tan sigilosamente como entró. Al parecer Zatanna seguía despierta a esas horas y al escuchar ruidos; había despertado a los otros temiendo que alguien se hubiera infiltrado en el Monte.

Todos parecían confusos de ver al supuestamente enfermo enmascarado de vuelta tan rápido en la base del equipo, y mucho más se confundieron al ver la pequeña maleta con sus pertenencias en la mano.

A pesar de sentirse más tranquilo, Robin no pudo darles explicaciones. No pudo simplemente ver a los ojos a Aqualad y decirle que todo había sido falso. Sacó su audífono del oído, se quitó su artefacto tecnológico que siempre llevaba en su brazo y les dijo que renunciaba.

Todos exclamaron ¡¿Qué?! Al unísono y empezaron a hacerle preguntas. Él no respondió a ninguna y se limitó a decirles:

—Lamento que todo tenga que ser así pero necesito un tiempo solo. Batman se los explicará.

Y se fue sin decir más. Ni siquiera volteó a verlos. Le era físicamente imposible. Se fue a la estación más cercana y tomó un tren a Manhattan. Afortunadamente él siempre ahorraba esa especie de mesada que Bruce le daba para emergencias; y ahora que la necesitaría, se alegraba de no haberla gastado en esas modificaciones que quería hacerle a su motocicleta. De ese dinero vivió durante casi 6 meses, y al final de éstos el dinero se había agotado casi por completo.

Se estaba planteando tomar un trabajo además del de ser héroe solitario y nocturno cuando, atrapando a un ladrón de bancos de segunda; vio un resplandor verde en el cielo.

Dicho resplandor era el responsable de que él estuviera donde estaba en la actualidad. Robin había encontrado un nuevo equipo después de la invasión de esos extraterrestres/ lagartija que andaba detrás de Starfire. Ellos eran ahora su nueva familia.

Y desde ese entonces habían pasado casi 5 años. 5 años de ser un joven titán. Y no un joven titán cualquiera, sino el líder de los Jóvenes Titanes. Se había demostrado a sí mismo y el mundo lo que valía, y las heridas en su interior habían por fin sanado. Bueno, casi todas. La que involucraba a cierto murciélago enmascarado seguía sangrando; muy de vez en cuando.

Ahora un poco más, después de que había vuelto a ver a Artemisa. Ahora que volvía a recordar a los que habían sido su primera familia. Le ponía incómodo y nervioso el pensar que pasaría si Robin volvía a ver a Batman. Le ponía un freno a esos pensamientos en cuanto se presentaban, pero no podía negar que estaban allí. Rogaba al cielo que no fuera necesario; no quería pensar que fuese un cobarde pero… si podía evitarlo…

La risa de Starfire, junto con la conversación de Chico Bestia y Cyborg lo sacó de su ensueño, ensueño del pasado. Todos estaban muy alegres esa mañana, incluso Raven parecía encontrarse relajada y casi no respondía a Chico Bestia con sus múltiples y divertidos insultos.

Esto era lo que había ganado al salir del equipo, al salir de la Justicia Joven. Y aunque extrañaba a sus viejos amigos, tenía que admitir que en ningún momento, bajo ninguna circunstancia él había añorado regresar. No antes, ni ahora, y de ser posible, nunca.

El tranquilo desayuno fue interrumpido por un llamada entrante en la computadora del cuarto común de los Jóvenes Titanes. Robin dejó su taza de café y su plato de waffles recién hechos por Cyborg a un lado; y se dirigió al teclado para contestar y averiguar qué ocurría.

Jamás pensó que se encontraría cara a cara con Batman. Su expresión monótona y fría, golpearon a Robin de sorpresa en el rostro; pero él no dejó que lo notara.

Su voz grave y fría resonó en toda la torre:

—Robin, necesitamos hablar.