Saludos!!! Pues bien, he aqui el tercer capítulo. Espero les guste. De nuevo una disculpa por no actualizar la otra historia pero mi hermana anda algo loca con la escuela y no ha tenido tiempo. ¿Por qué no la actualizo yo?...mmm, porque la historia es originalmente de mi loca hermana y yo no tengo ni idea de lo que piensa su loca cabezita (y siendo sincera no me gustaría saberlo). Por lo pronto les dejo este capítulo. ¡Que lo disfruten!

TERCERA PARTE:
'LA HUÍDA'

Cuando Haruka llegó a casa la mañana siguiente, se topó con una agradable sorpresa, su madre ya estaba ahí. Traía el cabello peinado y tenía puesto un vestido nuevo. La mujer apoyó la mano sobre el hombro de Haruka y lo abrazó.

- ¿Estás mejor? Te ves como un muchacho distinto.
- Un muchacho distinto. Sí- pensó Haruka- Sí, lo soy

Después de quince días de paz y tranquilidad, sin tensiones, las campanas que sonaban en su cabeza se habían reducido a un mero zumbido ocasional.

- Preparé la comida- dijo su madre alegremente- Siéntate, Haruka. ¿Te parecen bien frijoles cocidos?

Por un momento Haruka cerró los ojos. Se le hizo un nudo en la garganta. ¿Cómo decirle que aún veía la cacerola caliente llena de frijoles cayéndosele de las manos... que aún recordaba la expresión en el rostro de El Hombre cuando se le echó encima?

Se sentó y sonrió.
- Frijoles cocidos está bien.

Mientras tanto, El Hombre tenía más motivos para guardar rencor. En el juzgado lo seguían molestando cada semana con la multa que tenía que pagar a plazos. El sargento de la policía lo molestaba por lo de la sentencia suspendida y estaba pendiente de que no le pusiera otro dedo encima al joven Haruka. La gente del servicio social lo molestaba por su conducta hacia su esposa.

No era justo. No iba a tolerarlo, pero según el sargento de la policía, si no lograba soportarlo iba a tener que pagar un montón de dinero.

Al día siguiente en el hospital, le ocurrieron cosas maravillosas a Haruka. Comenzaron con un diapasón que los doctores golpeaban y le acercaban a los oídos. Cuando él sonrió y asintió ante el extraño sonido vibratorio ellos le sonrieron a su vez y fueron escribiendo algo en un expediente.

Le colocaron audífonos en la cabeza y reprodujeron toda clase de ruidos: campanas, silbidos y voces. Luego también le pusieron un poco de música. El rostro de Haruka estaba tan lleno de incredulidad y gozo que los doctores se miraron unos a otros con expresión de triunfo.

- No hay duda de que eso sí lo escuchó- dijo uno.

Los médicos también descubrieron algunos hechos perturbadores. Por ejemplo, los lunes, Haruka al principio nunca podía escuchar nada. Se ponía los audífonos, pero su rostro no reflejaba ninguna expresión, no hacía ningún gesto. Por la tarde del lunes las cosas mejoraban. Hacia finales de semana comenzaba otra vez a reconocer muchos sonidos.

- Así que en parte es un bloqueo emocional- dijo uno de los doctores.
- Eso es claro. Y las presiones del fin de semana en casa lo vuelven al punto de partida.

A menudo invitaban a Sayaka a aquellas sesiones iniciales de exploración.

- ¿Tiene alguna idea de cuándo comenzó todo esto?- le preguntaron a Sayaka.
- Me temo que no lo sé con exactitud- revisó sus notas- Al parecer Kira Soun se escapó con Retsu Hiroshi, llevándose a Haruka cuando el niño tenía seis años.
- Eso significa que hasta ese momento el niño escuchaba y hablaba perfectamente bien.
- Sí. Es posible que por eso en la escuela no se dieran cuenta del problema. Realizan la primera revisión para detectar si hay sordera a los seis años. Entonces él era completamente normal y ya leía bien. Seiya me contó que él siguió aprendiendo a leer por su cuenta con las lecciones que se escribían en el pizarrón. Ahora lee mucho.
- Así que su vocabulario debe ser amplio, pero su pronunciación tal vez tenga defectos.
- ¿Qué es lo que sabe de su padre?- preguntó uno de los doctores.
- Sólo que estaba fuera mucho tiempo y que la muchacha se sintió sola. Aparentemente conoció a El Hombre Hiroshi en un café en el que trabajaba como camarera. Sospecho que en ese entonces su jactancia le imprimía un cierto encanto, antes de que se volviera un bebedor. Ella huyó con él sin decir a dónde.
- ¿Con cuál de los dos está casada?

Sayaka se mostró perpleja.
- No estoy segura.
- ¿Y qué pasa con Haruka?

Sayaka suspiró.
- Está inscrito como Soun... El nombre de soltera de su madre. Lo verifiqué en el acta de nacimiento. ¿Qué es exactamente lo que está mal con el oído de Haruka?- preguntó Sayaka. El doctor procedió a explicar.
- Bueno- comenzó-, es obvio que Haruka ha recibido una buena cantidad de golpes en el oído, lo que le provocó la ruptura de la membrana del oído, esto es, del tímpano. Además, por las radiografías que le tomamos pudimos observar que ha sufrido varias fracturas menores en los huesos de la base del cráneo. Tiene lo que llamamos lesiones traumáticas en algunos de los pequeños huesos del oído medio.
- ¿Puede arreglarse todo esto?- preguntó Sayaka ansiosa.El doctor sonrió.
- Si no arreglarse, por lo menos mejorarse mucho. Verá, ésta es sólo una parte del problema. Hay otra clase de sordera llamada sensitiva, que a menudo también es provocada por golpes. Este tipo de sordera incluye agudos sonidos como de campanas que repican y ruido en la cabeza. Cualquier ruido fuerte y repentino o cualquier vibración pesada puede causarle al muchacho un dolor intenso- contestó el doctor. Sayaka suspiró.
- ¿Puede usted...?- . El médico negó con la cabeza.
- No podemos curarlo, no. Pero sí ayudarlo.. Llegaré a eso en un momento.
- No me diga que aún hay más- dijo Sayaka.
- Me temo que sí. Está el aspecto psicológico. Los niños a menudo levantan un muro y se rehúsan a escuchar. También es posible que no puedan escuchar a causa de un terrible miedo. Es evidente que Haruka puede oír mejor cuando se siente tranquilo y seguro- le dirigió una mirada a Sayaka- ¿No dijo usted que el señor Mizuno comentó que Haruka parecía escuchar mejor en el parque, cuando estaba dibujando?
- Sí- Sayaka tragó saliva- Díganos lo que hay que hacer.
- En términos prácticos- explicó el doctor- pordemos operarlo para reparar algunos de los huesos pequeños que están dañados, y podemos limpiar las trompas de Eustaquio para que queden libres de mucosidad. Eso ayudará a que escuche más claro. También podemos ponerle a Haruka aparatos para la sordera. Por supuesto, tendrá que asistir a una escuela especial para sordos por una temporada, para aprender las distintas técnicas de comunicación. Pero, sobre todo, necesita de un ambiente tranquilo y descansado. Si lo tiene, es muy probable que su sordera nerviosa pueda disminuir por sí sola.

Y otro doctor añadió con tono de voz molesto y de manera tajante:
- Y simplemente no puede volver a un hogar en el que se le golpea.
- Veré si puedo obtener permiso de la madre para la operación- replicó Sayaka cansadamente- Tal vez después pudiera entrar en un período de convalecencia muy largo, mientras nosotros pensamos qué hacer.

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Cuando Haruka regresó del hospital esa tarde, su madre estaba cocinando. La habitación se veía más limpia que de costumbre.

Kira se volvió desde la estufa y lo miró ansiosa.
- ¿Qué es lo que te hacen allá¿ya puedes oír mejor?

Haruka entendió lo que le preguntaba. Su madre tenía la conmovedora idea de que los doctores podían obrar milagros de un día para otro.

- Todavía no- contestó y se sentó a la mesa.

Comieron y cuando terminaron de cenar, Haruka se levantó para recoger los platos sucios, pero su madre lo detuvo.

- No. Tú quédate ahí un poco más. Yo me encargaré de limpiar todo.

Comenzó a recoger los platos y a lavarlos. En ese momento entró El Hombre. Permaneció de pie en la puerta tambaleándose. Llevaba una botella abierta de whisky en la mano. Kira se quedó inmóvil.

- Todo muy acogedor- dijo El Hombre- ¿Y quién pagó por todo esto?
- La beneficiencia, Retsu- la voz de Kira sonó aterrorizada.
- La beneficiencia- gritó El Hombre- Te dije que ya no los dejaras entrar. Yo te daré tu beneficiencia- se dirigió hacia Kira.

Haruka sintió que una extraña ola de valor lo invadía. Kira era su mamá. Él era responsable de cuidarla y protegerla. El Hombre no iba a intimidarlos nunca más.

- Tu cena está en el horno- intervino tratando de hablar con claridad- ¿Quieres que te la sirva?
- ¡Ah! De modo que ahora puedes hablar¿no es así?- el tono de voz de El Hombre parecía cada vez más sarcástico- Es una pena que esos doctores no puedan hacerte un poco más listo mientras te curan- una pesada mano golpeó a Haruka en el oído.
- ¡Detente!- exclamó Kira- ¡Deja en paz a Haruka!
- ¿Quieres que lo deje en paz?- El Hombre comenzó a rodear la mesa, moviendo la botella. Kira permaneció en su sitio.

Haruka vio que El Hombre levantaba el brazo con la botella en alto, lista para golpear el rostro de su madre.

Como un rayo se interpuso entre El Hombre y Kira.

- ¡No!- gritó y extendió ambas manos para empujar al hombre y alejarlo. La botella le pegó a Haruka en la cabeza, pero el golpe no le dio de frente sino de lado. Haruka parpadeó y sintió que un repentino hilillo de algo pegajoso y tibio le corría cerca de los ojos.

No reparó en que El Hombre se tambaleaba ya, con una mano levantada cerca de la cabeza y una expresión descompuesta en el rostro. No escuchó los gorjeos que venían de su garganta. Solamente levantó otra vez la mano para evitar que El Hombre golpeara a su madre.

Pero El Hombre giró sobre sí mismo, perdió el equilibrio, tropezó con la mesa y se estrelló de cabeza contra el piso. La botella de whisky se hizo añicos en las manos, y él cayó de frente, sobre los afilados fragmentos. Luego se quedó tendido en el suelo.

Kira se quedó absolutamente inmóvil, contemplándolo. Haruka también lo miraba. Luego lo invadió el pánico, atravesó la cocina y la sala corriendo hacia afuera de la casa, y huyó por las oscuras calles, con el sonido del vidrio y la madera que se rompían haciéndole eco en los dañados oídos.

Una vez que se encontró fuera de la casa, la razón se le impuso. "Debo buscar ayuda", pensó.

Una cabina telefónica se hallaba al final de la siguiente calle. Sin aliento corrió hasta allá. Nunca había usado un teléfono. Pero tenía que intentarlo.

"Debo recordar, debo recordar, el número de emergencias... debo recordar". Marcó el número. Una voz le dijo algo al oído.

- ¡Auxilio!- exclamó- ¡Auxilio!
- ¿Dirección?- preguntó la voz. "¿Dirección?". Logró oír eso.
- Yokaito, número 20- contestó- ¡Auxilio¡Ambulancia!- y luego escuchó su propia voz ronca- ¡Policía!

No había nada más que hacer. Salió de la cabina telefónica y corrió en la oscuridad. No podía volver al sitio donde yacía aquella horrible figura, ni ver la mancha que lentamente oscurecía el suelo. "El parque", pensó. Ya estaría cerrado, pero había un barrote torcido con un hueco lo suficientemente grande como para que un niño pudiera entrar.

No se había dado cuenta de que llovía; su suéter estaba empapado, y la cortada que tenía en la cabeza le había enredado el cabello, por lo que una mezcla de agua de lluvia y algo más pegajoso se le metía en los ojos. "El kiosko donde toca la banda", pensó. "Estará seco debajo del techo del kiosko".

Subió por la adornada herrería, trepó por un lado y se dejó caer sobre el suelo de madera. Se arrastró debajo de una vieja lona y se quedó ahí, jadeante. Silbidos y campanadas le retumbaban sin piedad en la cabeza. Parecía que todo a su alrededor estallaba en fuegos artificiales.

- Pensar- se dijo- Tengo que pensar.

"Fue culpa mía. Debo haberlo matado. Vendrá la policía. Si regreso, me encerrarán en la cárcel. No podría vivir en la cárcel... sin cielo, sin parque al cual huir. Pero¿qué será de mi mamá? La señora Miyamoto se encargará de que esté bien. Podría escribirle una carta... pedirle que la cuide. Pero no puedo regresar. No puedo."

Poco a poco el cansancio lo venció y logró sumergirlo en un profundo sueño, salpicado de pesadillas.

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Por la mañana Haruka recordó que el hombre del periódico le debía una semana de sueldo. Si lograba cobrar su dinero podría tomar un autobús a cualquier parte. Tal vez alguien lo llevaría. Pero¿a dónde ir? No lo sabía. Entonces recordó a Seiya diciéndole: "Cuando seas mayor podrás ir a buscarlo".

Buscaría a su papá. El norte, le dijo Seiya, el mar de Ojotsk. Aún conservaba el mapa en el que estaba dibujado Japón y el mar de Ojotsk y la fotografía de los hombres enfundados en las gruesas chaquetas.

Con cuidado se arrastró fuera del kiosko. Todo estaba muy tranquilo; no había nadie por ahí. Volvió a pasar por el barrote. "Adiós, parque", pensó Haruka con tristeza.

Llegó al taller de periódicos cuando el señor Omura se encontraba acomodando los diarios para los repartidores.

Haruka no sabía cómo se veía, pero el señor Omura estaba consternado. El rostro de Haruka tenía surcos de lluvia y había una oscura mancha a un lado de su rubia cabeza. Su ropa estaba totalmente arruinada.

Atsumichi Omura sabía lo del juzgado y el problema con El Hombre. Todos en el distrito lo sabían. Todo parecía indicar que Haruka había tenido otro enfrentamiento.

- Vaya, Haruka, pasa. Estás completamente empapado.
- Por favor, señor Omura- dijo Haruka- ¿Mi dinero?- Atsumichi Omura asintió y sonrió.
- Acabo de abrir la caja en este momento. ¿Te gustaría desayunar algo, Haruka?

Haruka estaba hambriento, pero sabía que no debía quedarse. Cuando movió la cabeza, la habitación giró y el rostro del señor Omura pareció desaparecer en una espesa niebla.

Volvió en sí sentado en una silla del señor Omura en el cuarto posterior. Muy pronto Atsumichi comenzó a limpiar la herida de la cabeza del niño con agua tibia y una esponja y luego la cubrió con una venda.

- Quédate quieto- ordenó Atsumichi- Terminaré antes de que cante un pollo.
- Un gallo- corrigió Haruka con claridad. Atsumichi le sonrió.
- Eso es, un gallo- le dio a Haruka un poco de pan con mantequilla de maní y una rebanada de queso.

Sus ojos tropezaron con el suéter empapado por la lluvia que Haruka llevaba puesto.

- ¡Santo Dios! Tenemos que quitarte esto de inmediato. Te voy a prestar el otro que tengo.

El cuello de tortuga del suéter color café le lastimó la cabeza herida. Cuando tuvo puesto el suéter, Haruka sacó de los bolsillos de sus pantalones dobladas y empapadas hojas de papel para dibujar.

- ¿Quieres escribir algo?- preguntó Atsumichi. Haruka asintió.
- Escribo- dijo- una carta.

Atsumichi Omura lo comprendió al instante.

- Está bien. Te traeré un sobre y una hoja de papel. ¿También quieres una pluma?

Haruka le mostró un trozo de lapiz que siempre traía consigo. El señor Omura cloqueó como una gallina.

- No, no. Eso sería muy sucio. Es mejor una pluma. Come mientras la traigo- Desapareció en el taller y regresó con unos pantalones color café, más sueltos que los de Haruka, pero que no le quedaban demasiado grandes- Aquí tienes un cuaderno y una pluma. Estaré en el taller.

Haruka escribió cuidadosamente en el cuaderno del señor Omura: Por favor, cuide a mi mamá. Luego dibujó un par de audífonos como los que había usado en el hospital y debajo escribió: Gracias. Comenzó a rotular el sobre: Señora Sayaka Miyamoto. Pero no conocía su dirección.

Atsumichi Omura regresó.
- ¿Puedo ayudar?- preguntó.
- La señora Miyamoto- dijo Haruka lentamente.
- ¡Ah, sí!, la señora Sayaka Miyamoto. ¿Quieres que se lo dé a ella?- Haruka se le quedó mirando.
- ¿Darle?
- Viene todos los días por su periódico. Me encargaré de que reciba tu carta.

Haruka cerró la solapa del sobre confirmeza y lo puso en la mano de Atsumichi Omura.

- Gracias- dijo Haruka. Tenía ganas de agradecerle por la ropa y por el sándwich, pero todo lo que pudo decir fue "Gracias".

El señor Omura vió partir al muchacho. Luego recordó algo y salió corriendo del taller detrás de Haruka.

- ¡Espera¡Tu dinero!- lo llamó- Me olvidaba de tu dinero. Toma- le dijo Atsumichi, con dos billetes en la mano- Te daré algo extra esta vez. Creo que eres un buen muchacho.

Haruka tomó el dinero. "¿Un buen muchacho?", pensó. Aún podía ver la figura derribada en el piso.

- Gracias- volvió a decir y se alejó caminando por las calles vacías a aquella temprana hora de la mañana.

Al llegar a las afueras del pueblo, Haruka se detuvo a pensar. Había oído que existía un camino principal a kilómetro y medio más o menos, un poco más adelante. ¿Pero hacia dónde quedaría el norte? Había una gasolinera a un lado del camino. Decidió que allí preguntaría.

Haruka se encaminó hacia las bombas de gasolina. "¿Para dónde queda el norte?" Practicó decirlo en voz alta, no dirigiéndose a nadie en particular, sólo para saber como se oía.

- ¿Para dónde queda el norte?
- Para allá, hijo- respondió una voz a sus espaldas.

Haruka escuchó la voz, pero no las palabras. Se dio vuelta y vio a un enorme y fornido conductor de camión en overol, que le señalaba una dirección.

- ¿Por allá?- preguntó Haruka. El hombre lo miró de arriba a abajo.
- ¿A dónde quieres ir, hijo?
- A ver a mi papá- respondió Haruka mirando al conductor del camión.
- Eres muy joven para andar solo¿no crees?- preguntó el hombre. Haruka se enderezó.
- Tengo doce- explicó- Tengo que ir a ver a mi papá. Es importante. ¿Puede llevarme?- El conductor dudó.
- ¿Nunca te dijo tu mamá que no pidieras a cualquier desconocido que te llevara?

Haruka lo miró con sorpresa.
- ¿Desconocido?- replicó y de repente esbozó una sonrisa.

El conductor dio un paso atrás, como si algo lo hubiera golpeado.
- Por favor- pidió Haruka- Es importante.

La mirada del muchacho lo conmovió profundamente. De improviso accedió.
- Está bien- dijo el hombre- Sube- y señaló un pesado camión con la parte posterior abierta y cargada con cajas y embalajes de madera.
- ¿Va al norte?- indagó Haruka.
- Exacto, al norte- dijo el conductor, y trepó de un salto a la cabina. Haruka subió y se colocó a su lado.
- Gracias- le dijo el chico.