Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
Este fic participa en el reto "Viñetas de emociones" para el foro de La noble y ancestral casa de los Black.
Decepción
Avanzó por las hileras de piedras hasta llegar a aquella que lo había impulsado a concurrir allí en primer lugar. El nombre de su hermano estaba perfectamente tallado sobre la lápida de mármol negro. Unas pocas palabras definían a un hombre que mucho tiempo atrás, había sido su pequeño hermano.
Siempre había dado por hecho que él sería el primero en morir, pero había estado equivocado. Aunque por supuesto, aquello no lo sorprendía, no cuando había llevado una vida equivocándose. No cuando todo lo que había hecho era decepcionar a la gente. A su familia.
Había comenzado incluso antes de que lo seleccionasen en Gryffindor. Había sido un simple saludo a la persona equivocada y su madre había puesto el grito en el cielo. Recordaba a la perfección como lo había sujetado de la oreja y arrastrado por toda la casa, hasta llegar a aquel dichoso tapiz, tan solo para refregarle la cara contra la quemadura mas reciente.
-¿¡Qué te dije!? –Había gritado -¡Respóndeme!
Sirius se había negado por el simple hecho de hacerlo. La verdad no le importaba mucho si su madre se había peleado o no con su prima. A sus inocentes ojos seguía resultándole correcto saludar a alguien. Especialmente si era un familiar y uno tan simpático como su prima. Una de las pocas mujeres en su familia a la cual no le importaban las apariencias. Pero había estado equivocado, obviamente.
Aquello no era lo que se esperaba de él. No era lo que su madre quería que fuese o hiciese su hijo. No, ella quería un niño que comprendiese la diferencia entre los distintos tipos de magos, entre las sangres de estos. Y Sirius, a sus tempranos nueve años, acababa de anunciar la desgracia de no reconocer el linaje como algo importante. Acababa de decepcionar a su madre por primera vez.
Sí, Sirius recordaba aquella primera vez a la perfección. No precisamente por el dolor de orejas, sino por la forma en que su madre lo miró desde entonces. La manera en que siempre lo observaba cuando se le preguntaba algo, cuando se hablaba de la pureza y del estirpe de los magos, como retándolo, como poniéndolo a prueba.
Pero, para desgracia tanto de él como de su madre, las decepciones siguieron llegando. Y quizás la mas importante de ellas, la que hizo un quiebre en la relación con su familia, fue la de aquel 1 de septiembre de 1971. La carta que llegó aquella noche a la residencia de los Black fue, seguramente, lo que terminó de eliminar cualquier posibilidad de mantener alguna clase de relación saludable.
La felicidad por haber sido seleccionado en una casa que lo recibió entre aplausos y gritos de alegría, duró lo que tardó en darse en cuenta que aquello no le haría gracia a sus padres. Había mantenido las esperanzas casi por tres días, hasta que finalmente, transcurrida la primera semana de clases, se dio cuenta que nunca llegarían unas felicitaciones. De hecho, aquel primer año en Hogwarts nunca recibió una carta, salvo el memorándum escrito desprolijamente por el elfo domestico, que decía, de manera cortante y seca, que pasase las vacaciones de navidad en el castillo.
Y así habían transcurrido los años, con veranos insufribles en una casa que no parecía la propia y con una familia que lo trataba como un extraño. Con miradas frías y gestos de desprecio. Y Sirius lo había soportado. Había mantenido la vista fija y la frente en alto cada vez que su madre le gritaba cuanto lo despreciaba, cada vez que le repetía cuán avergonzada estaba de haber traído al mundo a un mago como él. Y también había soportado las miradas de su padre. Eso, cuando su progenitor se dignaba a mirarlo, cuando recordaba que antes del perfecto Regulus había nacido otro niño. Y aún así, cada vez que posaba aquellos grises ojos en él, solo tenía para Sirius una densa expresión de decepción. Tan así, que ni siquiera necesitaba decirle algo para que Sirius entendiese que no había resultado lo que esperaba que fuese.
-¿No puedes fingir un poco? –Había preguntado su hermano aquel verano cuando todo cambió.
Sirius se había vuelto con la varita en mano y lo había apuntado. Estaba cansado, de sus padres, de su familia e incluso de su hermano. Atrás habían quedado los tiempos donde ambos podían pasar las tardes volando y haciendo enloquecer a su madre. Regulus había decidido ser aquello que todos querían. Sirius había elegido un camino muy diferente.
-¿Y hacer qué? –Había respondido, mientras seguía metiendo todo lo que podía en su baúl -¿Ser un idiota como tú?
-Sirius… Yo –Pero las palabras de Regulus habían sido ahogadas por una sarta de insultos que Sirius prefería no recordar, no frente a la tumba de este, y no sabiendo cómo habían terminado las cosas.
Agotado, se dejó caer en la fría hierba. Ahora sabía, aun cuando por años había jurado que era Regulus quien lo había decepcionado a él, que al final había sido él, Sirius, quien había fallado como hermano.
Había jurado que se alejaría de su familia, se hubiese cambiado el apellido si se lo hubiesen permitido, había querido ser tan distinto a ellos, y al final había acabado siendo igual. Le había dado la espalda cuando mas lo había necesitado. Lo había decepcionado.
-¡Sirius! –Aquel no era su hermano, se dijo mirando al hombre demacrado que estaba frente a él, aquel no era quien él recordaba –Necesito que me ayudes, tú sabrás como, yo… Estoy en un aprieto, esta vez sí que me equivoqué.
-Olvídalo, te lo dije esa noche, para mí, todos ustedes están muertos.
Bien, pensó mirando la tumba, ahora aquello se había convertido en realidad. ¿Y qué tenía él? Nada. Y quizás, si hubiese escuchado a su hermano, si hubiese sabido que por ese entonces ambos querían lo mismo, muchas cosas serían diferentes. Quizás ahora estaría con Harry, y no prófugo. Quizás estarían juntos. Quizás no se sentiría tan decepcionado de sí mismo.
