Los personajes del excelso maestro Masashi Kishimoto no me pertenecen.

Espero que disfrutéis de la historia.

Capítulo dos: Ese frío estremecedor.

Hacía tanto frío que Neji podía ver su respiración. Se frotó las manos e intentó pensar en cosas calientes. Sólo le quedaba media hora de guardia, y podría irse a casa.

El problema era si realmente quería regresar a la Mansión Hyuga. Todo el mundo era cortés, y hacían lo posible por que se sintiera cómodo. Pero seguía notando una descorazonadora soledad. A veces lograba disiparla entrenando con su tío, pero normalmente le rodeaba con firmeza, y no tenía posibilidad de escapar de ella.

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Hinata se sopló en las manos para calentarlas. Llevaba media hora esperando fuera a que llegara Neji, dando botes para no sucumbir a la hipotermia. Le había llevado su bata favorita, y tenía un termo de té preparado en el salón, para que tomara una bebida caliente.

Al fin vio la silueta de su primo aproximándose a la casa. Alzó la mano con algo de timidez y saludó.

Neji notó una calidez en el pecho que le logró hacer olvidar un poco el frío. La saludó con una inclinación al llegar junto a ella.

-Pasa, hace mucho frío –dijo ella, poniéndole la bata sobre los hombros. Él la miró sorprendido.

-¿Has estado esperándome? –preguntó. Ella asintió, sonriendo.

-No podía dormir, y recordé que tenías una guardia. La temperatura ha bajado tan bruscamente que pensé que te habías quedado congelado en la torre de vigilancia.

Neji rió con suavidad, profundamente agradecido. Se sentó a la mesa y aceptó complacido la taza de té que le ofrecían.

-¿Tienes hambre? –preguntó ella – He preparado onigiri.

-Gracias, la verdad es que estoy hambriento –dijo Neji, cogiendo una de las bolitas de arroz – Esto... ¿por qué tienen forma de conejito?

Ella se sonrojó y soltó una risita, tapándose la boca con su mano blanca.

-Lo siento, es que son de las que han sobrado para el obentô(1) de Hanabi-chan, ¿hubieras preferido otro animal?

Su risa era una maravilla. Tan delicada como hilos de plata virgen, tan brillante que hería sus ojos sensibles. Neji la miró a hurtadillas cuando se giró para coger una taza para ella, y pensó que sí que era posible huir de la marea solitaria que le rodeaba. Y su salvavidas era Hinata.

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Shikamaru caminaba por la habitación del hotel como una pantera enjaulada, apretando los puños y buscando una maldita solución para el barullo emocional que le estaba conduciendo a la locura.

-Estúpida... Tu misma, si quieres acabar como un premio de feria –masculló. Se sentó en el suelo e intentó leer un poco el libro que había traído.

"La mirada profunda de los ojos oscuros de Hatsune desconcertó al capitán Tôshiro. Nunca había admirado la voluptuosidad de aquella boca, la languidez de movimiento, tanto como ahora, y eso lo estaba volviendo loco.

-Mi padre nunca nos dejará casarnos –dijo Hatsune, mientras las lágrimas le humedecían las blancas mejillas.

-Si no te hubieran prometido con ese señor feudal..."

Shikamaru arrojó la novela contra la pared.

-¡¡INOOOOOOOO!! –bramó. Ella entró en la habitación enseguida, todo sonrisas.

-¿Querías algo?

-¡¡¿Qué hace una de esas novelas tuyas entre mis cosas?!! ¡¡Si tienes la cabeza llena de aire es por leer esa basura!!

Ino respiró con fuerza, deseando matarle. Al final se relajó y se limitó a darle un capón. Shikamaru se agarró la cabeza, con el mal humor por las nubes.

-Itee(2)... –masculló. No hacía nada quedándose en la habitación. O se olvidaba del tema, o hacía lago al respecto. Lo mejor era olvidarse. La vida era bastante problemática, no necesitaba añadirle líos de faldas.

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-Así que Nara Shikamaru, ¿ne? –dijo la chica, rellenando un formulario – ¿De donde proviene, por favor?

-La Villa Oculta de la Hoja –dijo él.

-Bueno, mucha suerte y hágalo lo mejor que pueda. ¡¡Ganbatte(3)!!

-Sí, si, lo que sea...

Por si todo eso no fuera suficientemente complicado, vio a Kankurô a lo lejos, y sospechaba que el marionetista le había visto también.

-Kuso, kuso, kuso(4)...

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Neji caminaba por el corredor de madera oscura que rodeaba el campo de entrenamiento. Acababa de tomar un baño caliente, y se sentía mejor.

Sus primas estaban entrenando, soltando gritos secos destinados a controlar el chakra. Hanabi era escurridiza como una anguila, pero Hinata tampoco se quedaba atrás. Activó el byakugan para comprobar sus niveles de chakra, y vio sorprendido que Hinata había preservado mejor sus reservas que Hanabi.

Se acercó a las chicas con una sonrisa calculadora.

-Ohayô(5), Neji-san –dijo Hanabi, jadeando.

-Estás un poco cansada, Hanabi-sama –dijo él, poniendo cara de preocupación algo fingida - ¿Te importaría que luchara yo con Hinata-sama?

-A mí me parece bien, estoy muerta –dijo Hanabi, dejándose caer en el suelo del corredor y secándose con una toalla - ¡Ganbatte, onee-chan(6)!

Hinata miró a su primo, aterrada por dentro. La situación le recordaba demasiado a los exámenes de chuunin. Sentía que iba a convertirse de un momento a otro en la Hinata torpe y tímida de antes. Neji seguía sonriendo mientras adoptaba la postura.

-Tranquila, no te haré daño –dijo él – No mucho.

Ella tragó saliva y adoptó la postura. El primer embate de Neji la alcanzó en el brazo izquierdo. Notó la sensación hormigueante de la falta de chakra extendiéndose por el hombro. Respiró hondo y decidió dejarse de tonterías.

El siguiente ataque iba dirigido al estómago, pero ella hizo un giro y alcanzó a Neji en el costado. Él se dobló un poco por el dolor y la miró, gratamente sorprendido.

Hinata no le dejó mucho tiempo para seguir maravillado. Sus palmas blancas le pasaron a pocos centímetros de la cara y el pecho, pero consiguió esquivarlas. Sin embargo, cuando se creyó a salvo de las manos de su prima, ésta le sorprendió dándole una patada contundente en la cara.

La miró desde el suelo, tocándose la mejilla, atónito. Ella sonrió, desactivando su byakugan, con la pierna aún alzada.

-¿Necesitas ayuda para levantarte, Neji-niisan?

Él negó con la cabeza, notando una cosquilleante sensación de alegría. Iba a ser un buen combate.

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Kankurô entró en el salón del segundo piso con pasos largos y furiosos. Su hermana estaba leyendo unos informes, bastante concentrada.

-¡Sabía que esto era una mala idea desde el principio! –dijo él.

-Por supuesto. Todos nos dimos cuenta por tus elocuentes comentarios –dijo ella, sarcásticamente - ¿A qué viene que protestes precisamente ahora?

-Mira, una cosa es que una panda de desconocidos pretenda casarse contigo, pero que venga ese tipo, seguramente creyendo que tendrá más oportunidades porque nos conoce...

-No estoy entendiendo nada, Kankurô –ella dejó los informes - ¿Qué carajo ha pasado?

-He ido a ver qué clase de gente se apuntaba al torneo, y me he encontrado a ese niñato de la Hoja –dijo él con desprecio.

-¿Qué... qué niñato de la Hoja? –preguntó ella, notando las manos frías.

-Ese tipo... el listillo. Se llamaba... ¿Nara?

-¿Nara Shikamaru? –preguntó ella, fingiendo indiferencia y volviendo a mirar los papeles -¿Y qué pasa? Tanto si me conoce como si no, tendrá que ganar el torneo para conseguir algo.

-Ya, bueno, aún así... –masculló Kankurô – En fin, tienes razón. Voy a la cocina, ¿quieres algo?

-Tráeme un poco de mochi(7) con salsa de soja – dijo ella. El mochi era en lo último que pensaba, pero tenía que aparentar normalidad.

Ahora sí que no entendía nada. O, más bien, no quería entenderlo de la manera en que lo estaba haciendo. Todo le indicaba que Shikamaru estaba interesado en ella, pero... Era demasiado peligroso empezar pronto a hacer esas cábalas.

Su hermano le trajo la comida. Mordisqueó el pegajoso mochi, pensativa, hasta que le vino una idea a la cabeza.

-Kankurô, ¿podrías hacerme un favor? Tienes que imprimir más carteles.

-¿Vas a cancelar toda esta locura? –preguntó él, esperanzado.

-Ni mucho menos. Pero quiero que des por cerrado ya el plazo de inscripción, y que anuncies que deseo entrevistar personalmente a los candidatos.

Kankurô la miró alzando las cejas. Finalmente se encogió de hombros, suspirando.

-Como quieras. Siempre es como tú quieres, de todas formas.

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Neji se sentó, dolorido. Hinata también soltó un quejido cuando su trasero tocó la madera.

-Ha sido una pelea magnífica –dijo Neji.

-Sí... Me duele todo –dijo ella – Menos mal que siempre tengo por aquí el botiquín. Hanabi suele darme unas palizas memorables cuando tiene un buen día.

Sacó unos cuantos parches térmicos y unas vendas.

-¿Quieres que te cure, Neji? –preguntó. Él sonrió, encantado. Asintió y se abrió el yukata para que ella le vendara los hombros. Hinata acarició un poco su pecho, localizando con el byakugan las zonas dañadas. Neji contuvo algo la respiración cuando ella le puso el parche térmico encima de la clavícula.

-Lo siento, ¿te he hecho daño? –él negó con la cabeza. La situación le superaba un poco. Ella se había arrodillado entre sus largas piernas abiertas, y sus dedos suaves no paraban de deslizarse por su torso, sus hombros, su cuello. Tragó saliva con fuerza y cerró los ojos para abstraerse, pero el aroma dulce de los cabellos femeninos le envolvió como una mano firme.

-Creo que ya está –dijo ella. Alzó la cabeza y le miró con esos grandes ojos cerúleos – Buff... Estoy rendida – dijo, sentándose junto a él y dejándose caer de espaldas en el suelo. Su pelo quedó extendido alrededor de la cabeza, brillando a la luz del sol y destellando con reflejos violetas.

Las manitas blancas descansaban, relajadas, a ambos lados, casi tocándole, y la camisa negra se le había subido, dejando ver una delgada franja de piel pálida como las azucenas. Neji comenzó a sudar. Se negó en redondo a dejar que le afectara de esa manera. Para contrarrestar las sensaciones que le estaba despertando Hinata, decidió atacar a "su manera".

-Tu también necesitas una cura, Hinata-sama –dijo, con una sonrisa malévola. Ella le miró desde el suelo, y sus ojos adormilados le aceleraron el pulso.

-No hace falta, ya se lo pediré a mi hermana.

-¿No quieres que te cure? –preguntó él, con una (falsa) mirada dolida.

-No es eso –ella se irguió apoyándose en los codos. La perturbadora elevación de su pecho le hipnotizó momentáneamente.

-Entonces deja que lo haga –dijo él. Notaba las manos heladas y la cara muy caliente. Ella se desabrochó la camisa, sintiendo algo de su viejo rubor trepándole por las mejillas. Por suerte llevaba el torso vendado.

Neji apoyó con suavidad las yemas de los dedos en la espalda de Hinata, activando el byakugan. Recorrió con las manos gentiles la superficie irregular de las vendas, pero, lamentablemente, él estaba bastante más excitado que ella.

"-Kami-sama, si me está pasando esto con su espalda, no sé qué demonios me va a ocurrir si se da la vuelta...". Para su desgracia, ella se giró.

-¿Ocurre algo? –preguntó, extrañada al ver sus ojos cerrados.

-Tengo el byakugan activado, Hinata-sama –se disculpó él. Ella se miró el pecho, ruborizándose, y se cubrió con los brazos.

-Pe...perdón –él apoyó las manos en sus hombros, haciéndola dar un respingo.

-Sólo gírate, por favor –musitó junto a su oído. Hinata notó todo el vello de su cuerpo erizado. Seguía sintiendo la respiración de Neji en el cabello mientras él le ponía los parches y algunas tiritas. Él estaba... jadeando. ¿Por qué de repente le resultaba tan excitante? Normalmente se hubiera sentido asqueada.

-Creo... que ya estoy bien, Neji-niisan –musitó. Él le tomó la muñeca y elevó su brazo, deslizando los dedos de la otra mano por el interior de la extremidad, tocando esa piel tierna y algo húmeda. Finalmente dio por terminada su tarea poniendo otro parche en el bíceps de Hinata.

-Bueno, creo que es suficiente –musitó. Ambos tenían la respiración pesada.

Y ambos pretendieron ignorarlo.

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Temari contempló hastiada al siguiente espécimen que pretendía ser su marido. Por Dios, es situaciones normales ni le habría dejado espantarle las moscas.

Llevaba ya cincuenta y cuatro entrevistas, y la mayoría eran morralla. Según Kankurô, había sesenta participantes. Shikamaru estaba a punto de entrar.

Sonrió con nerviosismo.

-Muy bien, espero sinceramente que tenga suerte en el torneo –dijo, dando por terminada la conversación.

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Shikamaru no podía parar de juguetear con sus dedos. Los participantes no le habían preocupado demasiado, no eran más que una panda de animales de granja. Había alguno que podía ser peligroso, pero de momento no había empezado a preocuparse por eso.

Delante de él había un chaval de su edad, más o menos. Llevaba la cara cubierta con un turbante negro, pero sus ojos tenían un brillante tono verde oscuro, y eran muy expresivos. Era bastante alto, y su flequillo rubio parecía intencionalmente descuidado.

"-Bueno, está bastante flacucho" –pensó, ácidamente. Por desgracia, su seguridad se fue al traste cuando se echó un vistazo. Él tampoco era una pared de músculos, y era más bajito que el otro.

-Siguiente, por favor –la voz de Temari resonó en los pasillos a través de los megáfonos – Número cincuenta y siete.

El tipo rubio le lanzó una mirada de superioridad antes de entrar al despacho.

"-Gilipollas" –pensó Shikamaru, haciendo crujir sus nudillos.

Salió quince minutos después, con una mirada resplandeciente. Parecía demasiado seguro de sí mismo.

-Siguiente – dijo Temari de nuevo – Cincuenta y ocho.

"-Mendokusai..."

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Ella tenía esa mirada.

Ese tipo de pose que te hace desear no haberla visto nunca.

Era una mirada de "vaya, vaya, mira quién viene arrastrándose".

-Hola –dijo Shikamaru, con fastidio.

-Hola –dijo ella, sonriendo como una gata satisfecha – ¿Vas a sentirte terriblemente molesto si te pregunto la causa de tu participación voluntaria en el torneo para pedir mi mano?

-No creo que sea necesario –le irritó la manera que tuvo de decir "voluntaria".

-Es una cláusula de la entrevista –le enseñó el papel que tenía entre las manos. Él lo miró y asintió, atrapado por la burocracia.

-¿Bien? –preguntó ella, instándole a responder.

"-Lo está disfrutando la muy...", pensó. Decidió que un buen ataque era la mejor defensa.

-Antes de decirte nada, ¿por qué a ti te alegra tanto que me haya presentado?

Temari carraspeó.

-Ni me alegra ni me cabrea. Me da igual. Aunque sí tengo curiosidad por saber qué te impulsó, después de que dijeras aquellas cosas horribles sobre este torneo – dijo ella, apoyando la barbilla en sus dedos entrelazados.

-No he tenido más remedio –ella escuchó con más interés – Mis sentimientos son muy firmes, y no puedo fingir que no los tengo.

Temari notó su corazón latiendo despacio, la sangre circulaba espesa por sus venas. Shikamaru vio su reacción.

-Si dejo que te vayas con alguno de esos, no podré controlar mi sentimiento de culpabilidad. Así que, tengo que sacrificarme.

Temari se sintió como si la hubieran pinchado para que se desinflara. Se irguió, molesta, colocando el taco de hojas que tenía enfrente.

-Vaya, ¿qué te hace pensar que tienes que salvarme? –preguntó.

-Obviamente tú no estás bien de la cabeza. Si lo estuvieras no habrías organizado todo eso. No sólo te expones a acabar con un indeseable, sino que has hecho que los tíos más bestias de todo el mundo hagan una selección natural, para acabar, por tanto, con el capullo más fuerte que quede al final.

-Entiendo –dijo ella, clavándose las uñas en las palmas.

-Así que me esforzaré para que no te hundas en tu propia estupidez.

-¿Crees que no acabaré tan mal si me caso contigo, genio?

Shikamaru parpadeó. Enrojeció súbitamente, pero logró calmarse.

-Creo que soy lo mejor que puede pasarte –comentó, sin intención de presumir. Lamentablemente, Temari le entendió mal.

-Ah, ¿conque esas tenemos? Eso tendré que comprobarlo personalmente.

Él todavía estaba intentando sacar el significado de esas palabras cuando notó el peso ardiente de Temari sobre su propio cuerpo. Ella se sentó firmemente en su regazo, apoyando bien las rodillas en el tatami.

-Ahora estate calladito, ¿eh? –le advirtió en un ronroneo. Shikamaru tragó con fuerza, preguntándose qué maldita estrategia iba a sacarle del lío.

Temari le rodeó el cuello con los brazos, sin dejar de mirarle a los ojos. Se inclinó para besarle rápido, sin detenerse mucho. Sin embargo, tras pensarlo un poco, decidió que no estaría más entretenerse un poco más besando al ninja. Shikamaru se sintió mejor que nunca. Había estado bien besarla, pero era infinitamente mejor la manera en que ella le acariciaba con su boca húmeda y hábil. Además, sus brazos suaves tocándole el cuello eran una maravilla.

Ella se separó, mirando los ojos cerrados de Shikamaru. Cuando los abrió, tenía las oscuras pupilas empañadas. Ladeó la cabeza para mordisquearle el cuello, deteniéndose a aspirar el aroma intenso y especiado que emanaba su piel. Lamió la línea de la mandíbula, regresando a su boca, mientras, con sus manitas hábiles le desabotonaban la camisa, levantando la camiseta de red interior. Los nudillos pequeños y fuertes le rozaron el estómago.

-Al menos estás en forma, ¿ne? –dijo ella, apoyando la mano en el pecho masculino, sintiendo el palpitar bajo la piel. Shikamaru se ruborizó más que antes e intentó abrocharse de nuevo la ropa, pero ella se lo impidió.

Con una sonrisa malévola, la kunoichi comenzó a mover su cadera en círculos sobre la entrepierna de él, mientras le sujetaba los brazos con firmeza.

Desorientado por la brutal sensación, Shikamaru acabó dejándose caer de espaldas en el tatami. Una risa profunda le acarició el oído, conduciéndole a la locura. Sus manos grandes y algo ásperas se movieron solas hasta el cuerpo que serpenteaba sobre él, tocando las formas femeninas con una total falta de dominio.

Temari ahogó un jadeo al notar como él la apretaba más contra sí, y antes de darse cuenta, los labios de Shikamaru se habían apoderado de los suyos, y esta vez el beso no fue estudiado, ni calculado. No era un castigo ni una tortura, era sólo deseo al rojo blanco.

Unos indiscretos golpes en la puerta lo arruinaron todo.

Temari suspiró con frustración, pero se levantó como si nada hubiera pasado.

Shikamaru se quedó un momento tendido, con las manos en la frente, preguntándose qué demonios había pasado. Se levantó y abrochó su camisa con dedos temblorosos. Antes de salir, miró a Temari y se aventuró a hacer una pregunta.

-¿Esto es lo que entiendes por entrevista?

Ella se sonrojó un poco.

-Claro, tengo que ver las capacidades de todos, especialmente este tipo de habilidad –mintió. Se sintió fatal al ver la mirada de despreció que le dirigió él.

-Creo que necesito un baño –musitó el ninja, lleno de rabia, antes de irse.

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wohohoi, lime, lime, lime!! Me ha encantado escribir esta parte. Es tan... excitante. Espero que todo lo que hacen Shikamaru y Temari haya quedado claro, porque con este tipo de escena, ya se sabe, acabas liándote un poco.

En fin, la cosas transcurre deprisa. ¿Qué les deparará el futuro a estas parejillas? Sólo os digo que Hinata y Neji van a ir a una misión juntos (con erótico resultado). Y creo que pondré una de esas charlas Chôji-Shika que tanto me gustan.

Bueno, nos vemos en el próximo capítulo.

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Aclaraciones :

1-obentô: caja del almuerzo.

2-Itee: "duele"

3-Ganbatte: ¡suerte!

4-Kuso: mierda.

5-Ohayô: buenos días.

6-Onee-chan: hermana mayor (cariñoso).

7-mochi: pasta de arroz, es muy pegajosilla, y está muy rica con salsa de soja o con anko (pasta de judía roja). Se suele tomar el día de año nuevo, aunque puedes comerla cuando quieras. La triste historia del mochi es que, cada Año Nuevo, mueren varios ancianos, atragantados por su elástica textura (es como un queso mozarella, pero más fuerte y espeso). Un minuto de silencio por los caídos por el mochi...