No tenía la intención de iniciar otra historia de Zelda, ya que no son las más famosas en mi cuenta, pero mi cerebro siempre hace lo que le da la gana y yo solo lo sigo.
En esta historia tomare en cuenta la línea de tiempo que cree en mi historia de "One life" donde Zelda resulto ser mitad Gerudo y Ganondorf era su padre. Como recomendación sería mejor leer esa historia para entender algunas referencias. Pero también esta historia la creare para que pueda leerse de forma indiferente y cualquier duda la explicare a lo largo de esta historia, para los que no deseen leerla.
The Legend of Zelda No me pertenece.
Lazos del destino
Capítulo 2: Ordon segunda parte.
Cuando cumplió 10 años, Zelda por fin estaba comenzando a ganar alguna vez en las prácticas de entrenamiento con otros jóvenes de su edad. Llevaba cinco años luchando con incorporarse en con el resto de los niños, pero siempre quedando atrás, la línea había comenzado a disminuir con los meses y ahora era casi invisible.
De no ser por su cabello rubio más brillante, su piel blanca y ojos azules, sería una más del resto.
Pero ella era diferente.
Nuca sería igual.
Por eso ya que destacaba por su apariencia, debía compensarlo con sus habilidades. Mientras otros niños comían o jugaban entre ellos, ella entrenaba el doble hasta que sus nudillos sangraran, hasta que tuviera callos en sus yemas de los dedos y cayera cansada del cansancio.
Frunció el ceño cuando la flecha no llego al centro, si no que unos centímetros más al lado. Se suponía que el arco era su mejor arma, era en lo que destacaba, no tenía permitido fallar ninguna vez.
—El descanso también es importante para un guerrero—hablo Impa a su lado.
La ignoro sin dejar de ver con el ceño fruncido el objetivo, una diana cuarenta metros a la distancia que se movía en el aire.
—No debo fallar nunca, incluso cuando este cansada—musito con furia.
Desde que había despertado inconsciente en el pueblo Sheikah, ubicado en el bosque perdido en la tierra de Farone, había tenido ira. Porque estaba sola, su familia había sido masacrada, el pueblo había sido masacrada, cada vez más Vaati se alzaba con el poder según los conocimientos de los sabios.
Si fallaba cuando luchaba.
Estaba muerta.
No tendría más oportunidades de vivir, había gastado todas aquella horrible noche cuando tenía cinco años.
—Hasta el más hábil guerrero se cansa y falla, por eso tu deber es siempre estar preparada—instruyo dando la vuelta para regresar al pueblo ubicado al lado de ese campo de entrenamiento.
Giro a verla molesta, pero apenas pudo atajar lo que esta tiraba en su dirección. Al abrir el paquete observo un pequeño platillo elaborado, que con olerlo identifico que tenía seta vigorizante, eso le permitiría recuperar fuerzas y entrenar más.
Sonrió alzando la vista, notando que Impa la veía de reojo con cariño antes de seguir su camino.
Ella estaba llena de furia y rencor.
Pero aun así cuando Impa estaba a su lado, todo parecía un poco mejor, tanto para que cada año, su ira comenzara a disminuir de manera que su habilidad iba aumentando.
.
Sus ojos se abrieron cuando sintió unos pasos moverse, se incorporó rápidamente alerta, antes de notar que solamente era el joven rubio que le había rescatado quien entraba en la habitación con calma. Este la vio de reojo, antes de quitar la mirada y hacer de cuentas que no estaba ahí, algo que no comprendía.
Había pasado ya un día en ese lugar, recuperando fuerzas.
La noche pasada cuando había descubierto, una hora después que no era una trampa, cuando el chico había dejado el resto del pan y el agua para que lo tomara, antes de arrojarse en su cama a dormir, dejándola totalmente confundida en la oscuridad del lugar. Se había comido el pan con dificultad, solo porque su estómago suplicaba comida, ya que sabía a tierra.
Sin saberlo se había quedado dormida en una esquina, probablemente cansada y adolorida de su viaje.
La mañana siguiente cuando despertó ante el sonido de pisadas, descubrió el nombre del joven a su lado.
Link.
Su cabeza había palpitado ante el nombre, pero no sabía si por el golpe que recibió de Linebeck o por que importaba en algo, no lo pensó mucho en realidad. El chico le había lanzado una mirada larga cuando se puso de pie, no estaba segura, ya que no parecía decir nada en su expresión en blanco, pero adivinando se encogió de hombros diciendo que si era posible se quedaría ese día, ya que probablemente pronto sonaría la alarma de su escape.
No asintió, no movió los ojos, no parecía feliz o enojado, pero un poco de su cuerpo tenso se aflojo antes de irse.
Aunque tenía hambre y estaba cansada, hizo algunos ejercicios simples de abdominales, se puso de mano algunas horas por aburrimiento y practico parte de Yoga para no perder movilidad.
Hasta ese momento cuando Link había entrado.
—Buen día chico, veo que tuviste un buen día—hablo con burla dejando su complicada pose de meditación, donde estaba de cabeza sobre sus codos con los brazos cruzados y sus pies entrelazados.
Este no se movió o hizo nada.
Tan frustrante.
Aun así era un buen chico, lo supo cuando puso nuevamente el pan y el vaso de agua a su lado, sonrió tomándolos con algo de melancolía. Probablemente era todo lo que le daban al chico para comer en todo el día, pero se lo daba a ella en su lugar.
Con dificultad partió en dos el pan, ofreciéndole una porción al joven sentado ahora en la cama, que solo lo miro fijamente.
—La comida siempre es mejor cuando la compartes—este pareció dudar un momento de sus palabras, antes de tomar el trozo ofrecido viéndolo de forma distante—mi nombre es Sheik, no hablas mucho, así que no te preocupes en presentarte ya que escuche que tu nombre es Link—añadió su presentación de forma alegre.
Este le vio unos momentos, antes de regresar al pan y comerlo con lentitud.
Sonrió para sus adentros.
No parecía un joven muy hablador, algo que ella tampoco era, amaba mucho el silencio y prefería disfrutar de sus investigaciones, historias o escuchar a la naturaleza. Pero después de un día encerrada, la idea de seguir sin hacer nada era tan aburrida.
Incluso había meditado gran parte del día, algo que generalmente era una tortura, lo hizo por propia voluntad.
—Sabes escuche sobre unas chicas sobre que sonaron una alarma por mi ausencia—menciono de forma distraída recordando la única parte del día donde escucho algo.
Además de los olores de la comida de la cocina del lado. Había estado tentada a robar algo, pero al saber que Link estaba tan cerca, temió que fuera el principal culpable por otros, así que resistió la tentación. Sin duda quien lo coloco ahí, probablemente lo hizo para torturar al chico.
—Entonces espero no te moleste si me quedo un día más o dos—hablo viéndolo de reojo, pero este no le vio en ningún momento.
Entrecerró los ojos.
Era tan triste la vida de un esclavo.
Trago con dificultad el trozo de pan.
—En cambio te pagare mi estadía con algo genial—hablo orgullosa de la idea que tenía en mente, aunque este aun no la viera, como si no le interesara lo que diría—historias—añadió de forma teatral como cuando le contaba a escondidas a los niños luego que juraran no decirle a nadie.
Entonces funciono, al igual que los niños en la carretera, este alzo los ojos unos momentos, sin alguna emoción evidente aun, pero al menos con su atención.
Sonrió levemente, era hora del espectáculo.
—La primera historia es sobre la primera rencarnación del héroe legendario y de la diosa Hylia, cuando hace miles de años, los Hylian vivían entre las nubes después de la enorme guerra que azoto la tierra…—comenzó Sheik la historia, mientras ambos eran transportados a una historia siglos de siglos atrás.
Que sin que ninguno supiera, alguna vez sus almas habían vivido.
.
Estaba mal, Link sabía que esto era malo, no debió haberlo hecho, su parte de esclavo le recriminaba cada segundo durante esos tres días. Cuando vio al joven esa noche, había corrido a su habitación rápidamente como un esclavo debe hacer, no, desde ese momento había fallado en no dar alarma, pero había esperado que alguien más lo hiciera, que eso no estuviera en su conciencia, había sido un acto tan natural, que se había reprochado en su habitación, hasta que sintió al joven chocar contra la puerta.
Era él.
Nadie más hubiera hecho eso.
Entonces nuevamente fallo, luego de varios instantes de luchas mentales, había abierto la puerta y dejado entrar al chico, porque una voz en su cabeza (que nunca había escuchado ya que no era un loco) le había susurrado un…
—Ayúdale—
Durante años nunca había escuchado la voz en su cabeza, desde que Vaati lo había roto totalmente en su espíritu, había aceptado ser un esclavo hasta que dejara de respirar. Incluso estaba casi seguro, de que si moría, seguiría siendo un esclavo y su alma jamás estaría en paz.
Por eso no entendía sus acciones, aun cuando el joven estaba frente a él, también confundido y demostrándolo libremente en su rostro, algo que él no tenía permitido, no comprendió lo que hizo. Estaba tentado a salir y llamar a alguien para que vieran que estaba oculto en su habitación. Pero se convenció de que encontrarlo en su habitación, sería un castigo peor para él.
Pero no lo hizo por eso.
Los ojos rojo vino del chico lo examinaron con curiosidad, pero no eran rojo vivo como Vaati llenos de sangre y desesperación.
No.
Eran de un extraño color, que no parecía pertenecer a ese rostro.
Entonces no dijo nada.
Ni ese día.
Ni el siguiente.
Tampoco el que seguía.
Ni en ese que estaban en este momento.
En su lugar alimento al chico con la mitad de su comida, aunque estaba seguro que podría vivir una semana sin comer (ya había pasado), este se negaba a dejarlo sin comer y compartía su comida. Aunque en las noches a veces sonaba el estómago del chico, no acostumbrado a la falta de comida, no decía nada y seguía manteniendo esa sonrisa serena en su rostro.
Luego estaban sus historias.
Se reprochó mentalmente al lado de Makivelo mientras este comía, por suerte el hombre estaba enojado gritándole al resto de sus súbditos por no encontrar al joven, que estaba oculto no tan lejos del lugar, para notar su momento de desliz.
Link no tenía sueños, los había perdido todos cuando se convirtió en esclavo, el señor Vaati le había enseñado eso. El señor Vaati tenía razón, solamente debía obedecerlo, no tenía conciencia y no debía pensar en nada más que hacer feliz a su amo. Nunca se le permitió oír historia, aprender algo nuevo, leer o escribir. Su poca escritura de la infancia estaba oxidada y no sabía si podía recordar cómo hacerlo, sus únicos conocimientos de lectura, era para reconocer el mercado cuando debía ir a comprar lo que el señor Makivelo ordenaba.
Pero ahora.
Ahora en ocasiones pensaba en las historias de Sheik, sobre guerreros, princesas, luchas mortales, aventuras épicas. No solo eso, las grandes historias de Sheik habían logrado, lo que doce años de esclavitud hicieron, sus recuerdos. Vagamente ahora recordaba a sus padres, sobre que eran caballeros, distantes voces que contaban historias también de aventuras, la risa de su hermana queriendo ser una arquera como en las historias.
Saco el pensamiento con fuerza de su mente.
Era un esclavo.
No tenía permitido recordar.
Gracias a la diosa saco esos pensamientos inútiles de su mente a tiempo, ya que cinco segundos después, el ministro Makivelo se giró a él enojado ordenándole que le trajera su bastón. Obedeció de inmediato.
Era un esclavo.
No debía pensar en nada más.
Así viviría siempre.
Entonces un sonido de pasos le alerto, vio de reojo como Táligo le veía de reojo con ojos oscuros, congelándolo en el acto al verlo caminar en dirección a las cocinas. Este casi nunca tomaba ese camino, al menos que hiciera algún entrenamiento a las afueras de las paredes. Pero la mirada que le estaba dando tan intensa, provoco que se hubiera detenido.
Su mente le grito rápidamente solamente una palabra, mejor dicho, un solo nombre.
Sheik.
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Había fallado sin decirle a Link, no había sido mucho, solamente un movimiento de Yoga que se tambaleo por la mala comida cuando unos pasos se acercaron. Se había congelado con temor de que fuera capturada después de tres días de escondite. Aun así los pasos siguieron su curso y no pudo más que suspirar pensando que las diosas le habían dado un día más de vida, había estado un error cuando tres horas después, la puerta se abrió con violencia, mostrando a Táligo con su espada lista.
—Mierda—susurro antes de esquivar la espada que se impactó contra la pared.
Táligo se abalanzo contra ella en el pequeño lugar, lo que le dio la capacidad de maniobrar sobre su cuerpo y saltar al exterior con una voltereta, arrastrándose ágilmente con sus pies por el suelo.
Los gritos de algunas sirvientas alentaron al resto de los residentes, ya que comenzó a escuchar pasos y no le quedó otra opción que salir corriendo.
Como si fuera en cámara lenta al pasar por la que si era la entrada trasera, pudo ver a Link en la puerta, viéndola fijamente, con la primera expresión que reconoció en su rostro, una de preocupación y de que estaban bien jodidos.
Su cerebro trabajo rápidamente, Link era un esclavo, Táligo la había descubierto en su habitación. Pero luego de ver esa expresión, la primera expresión en su rostro algo familiar para ella, supo que no había sido delatada, lo hubiera hecho hace mucho de ser así. Pero eso significaba que pasara lo que pasara, seria fuertemente castigado.
Aun así, aunque ella quería quedarse ahí para protegerle, o llevárselo, no podía, este sería una carga en su estado y en esta situación. Además en ese momento las palabras de Impa estaban en su mente, si hacía algo ahora, no podría protegerlo a la larga.
Así que mordiendo su labio con fuerza, comenzó a correr fuera de la residencia con algo en mente.
Armas.
Un plan.
Y la visita a un viejo conocido que estaba retrasando.
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Linebeck era un viejo negociante que había terminado en Hyrule en un mal momento, ya saben, cuando un tirano domina todo con temor, muerte, sangre y destruyendo su preciado barco. Después de muchas aventuras, desventuras, estafas y gente queriendo matarle, termino en Ordon. Ordon no era tan mal como otros reinos, pero tampoco tan bien como los independientes, pero las Gerudo no le habían dejado entrar, el reinado Zora era complicado de acceder, los Goron y Orni…mucho calor y frio. Lamentablemente para él, se había hecho de mala fama con el líder del lugar.
Pensó que ayudarle a atrapar a ese viajero ayudaría mucho para tener mejor imagen y estafarlo a futuro.
Estaba alistando las cosas del viajero para venderlas, para terminar de pagar su nuevo barco. La mayoría de sus posesiones eran dos mudas de ropa, una gran cantidad de armas y unos cuantos libros de un idioma que no entendía muy bien.
Pero en este pueblo no era buena idea vender esos artículos, así que se estaba preparando para viajar y venderlos en alguna posta, donde los viajeros siempre apreciaban esa clase de artículos.
Claro que no espero que el niño escapara pocas horas después de ser capturado y toda la ciudad comenzara a incrementar sus guardias, dejándolo sin la posibilidad de viajar sin que descubrieran las armas que pensaba vender. Tampoco espero que tres días después, una nueva alarma sonara en la ciudad y mucho menos, que al entrar a su hogar horas después que los guardias por fin se aseguraron que estuviera limpio, un filo apareciera en su garganta.
Trago saliva viendo de reojo, los ojos rojos del viajero Sheik, viéndolo de forma amenazadora.
—Sheik mi amigo—hablo de forma nerviosa dispuesto a gritar por ayuda.
Un nuevo cuchillo apunto a sus partes íntimas, sacándole un chillido de temor.
—Mi buen amigo Linebeck—su voz sonaba fría, cortante y con ese peligro que lo hizo encogerse cuando el filo saco un fino hilo de sangre de su cuello.
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Se limpió sus manos después de hartarse de comida, sentía que en un futuro cercano no podría comer más, mucho menos si quería llegar a tiempo a la ejecución de Link. Linebeck había sido muy colaborativo con un poco de temor, no es que lo fuera a torturar, pero fue divertido verse casi orinar en sus pantalones. Este ahora estaba atado en una esquina de la habitación, de manos y piernas, además de una adorable mordaza en su boca, mientras lo veía enojado.
Al parecer tal y como pensó, Link seria fuertemente castigado por alta traición, siendo ejecutado en la plaza central a las seis de la tarde.
Le había costado tres horas dar con la casa de Linebeck, por estar siendo perseguida, el hambre y cansancio, además de que este lugar era enorme. Así que usando una última opción, en un callejón soltó la magia de transformación que tenía en su cuerpo que aprendió a los once años. Fue extraño tener la piel blanca y ojos azules durante al menos media hora, donde una señora amablemente le había dado la dirección de Linebeck.
Entonces ella había corrido hasta el lugar, entrando de forma fácil y volviendo a usar la magia de transformación para ser Sheik. Recuperando todas sus posesiones que aún estaban en la habitación, incluyendo sus botas por alguna razón.
Nuevamente armada.
Entonces mientras Linebeck llegaba, pensó en sus posibilidades, planes y estrategias. Descarto la mayoría por la cantidad de guardias en la casa de Makivelo, cuando Linebeck comento de forma amable (con un cuchillo en su garganta) sobre la ejecución, nuevos planes llegaron a su mente. La plaza estaría menos restringida en guardias, bueno, probablemente habrían más que en la casa de Makivelo, pero tendría más libertad de movimiento.
Podría llegar a él.
No era difícil.
El problema era escapar.
Antes que le quitaran sus armas, que deseaba recuperar, había una forma de escape muy arriesgada y peligrosa, que dejaría de última opción. Por ahora, la idea de salvar al chico e intentar escapar al bosque, era una opción con pocas oportunidades.
Pero debía intentarlo.
Muchos probablemente le reprocharían, que solamente era otro esclavo más, que no importaba, que no era nadie. Puede que fuera razón, que no fuer nadie al igual que ella, aun así el recuerdo del chico dándole su pan, cuando era todo lo que tenía y escuchando atentamente sus historias.
Apretó con fuerza el cuchillo en su mano, sacándole escalofríos a Linebeck.
No lo abandonaría, aunque muriera en el intento.
.
¿Cuánto fue de su último castigo?
Uno por algún accidente hace tres meses.
Uno donde le hubieran vuelto azotar la espalda con tanta fuerza, cinco años.
Link miro fijamente el suelo de su celda, esperando pacientemente a que fuera la hora de su sentencia final.
Link es un esclavo, lo ha sido durante doce años, siete meses, 13 días, 4 horas, 30 minutos y 7 segundos. Esperar un poco más para morir, no es tan malo en realidad, si no fuera por el insoportable dolor en su espalda y los grilletes en sus manos.
No se arrepiente.
Debería.
Pero no lo hace.
Ayudo a un desconocido, lo alimento y escucho historias, que en realidad lo hicieron sentir un poco una falsa libertad, que se había negado en años. Claro que moriría como esclavo, eso era, eso sería siempre y estaba bien con ellos.
Pero esas ultimas horas, había sido…no sabía que podría significar ese sentimiento, no sabía que podía sentir aun. No fue algo malo, en realidad fue algo muy agradable y era mucho más de lo que espero para sus últimas horas.
La puerta de la celda se abrió.
Se puso de pie sin que ninguno de los monstruos lo guiara, no es como si pudiera hacer algo más. Su cuerpo estaba cansado y débil, solamente quería terminar con esto, sin esperanzas. No importaba que tan hermosas fueran las historias de Sheik, su vida era un asco, lo seria en el final, lo sería más allá.
Eso le enseño Vaati.
Camina tranquilamente en dirección de la plaza, donde una gran multitud ya está en el lugar para observar por obligación. Cada ejecución publica era obligatoria para todo el pueblo, un claro ejemplo del poder del ministro.
Quien estaba frente a la multitud en un trono sentado y observándolo con furia. Táligo estaba a su lado manteniendo el rostro sereno ante una posible intromisión y su verdugo ya estaba listo frente al ministro, con una máscara negra y un hacha en sus manos. No se extrañó cuando fue obligado a colocarse frente a Makivelo arrodillado, moriría en unos momentos. Makivelo le gustaba tener la sangre de sus enemigos frente a él.
—Que desperdicio de esclavo, estoy seguro que el señor Vaati te entreno mejor que esto y tú lo traicionas—manifestó Makivelo con asco.
Su interior se tensó ante sus palabras como no recordaba haberlo hecho antes, no es como antes donde un aparte diminuta se quejaba y la aplastaba con su mentalidad. Algo dentro de él que pensaba extinto, se alzó en su interior alegre de haber desobedecido a Vaati. Después de haberlo asustado de niño con ser un esclavo sexual, se había detenido en la lucha, pero ahora lo había hecho.
Aun así una gran mayoría, también pareció retorcerse de culpa, le había fallado a su amo, al señor Vaati.
Él le pertenecía al señor Vaati, eso le había enseñado a base de látigos y castigos.
—No te preocupes, le enviare tu cabeza de recordatorio…aunque probablemente la arroje a la basura por ser un esclavo inútil—se mofo el hombre riendo de forma desquiciada.
El sonido del hacha levantándose le alerto, tomo un poco de aire.
Todo iba terminar.
Todo iba a terminar.
Se preguntó si cualquier lugar donde fueran, estaría con sus padres o su hermana, pero eso no era posible.
Era un esclavo después de todo, nadie se preocupaba por él.
Pero en lugar de un hacha destrozando su cuello, un sonido ahogado llego junto el sonido de algo cayendo de forma torpe al suelo. Se giró rápidamente ante el sonido, viendo al ejecutor, en el suelo retorciéndose con una flecha en su costado, que parecía irradiar electricidad.
—¡¿QUÉ RAYOS?!—grito Makivelo levantándose en su trono.
La multitud comenzó a moverse asustada, revelando a una persona inmóvil en el centro de la multitud, con un arco apuntando en esa dirección y ojos color vino de forma peligrosa.
Sheik.
El chico tenía una capucha y en su espalda estaban sus antiguas pertenencias, su expresión era la de un cazador por su presa y se veía de forma tan…imponente con ese enorme arco en sus manos. Es como si fuera salido de una historia heroica.
Claro que la impresión no duro mucho cuando Táligo se abalanzo rápidamente entre la multitud, como si hubiera estado esperando su venida. Sheik rápidamente contrajo su arco en una maniobra fácil, como si lo hubieran hecho miles de veces, sacando de su espalda una espada demasiado delgada.
Curiosamente sus recuerdos, aquellos que siempre intento eliminar, le grito que era un florete. Con una voz tan similar a su padre, que casi podía ver la imagen de este enseñándole de armas. A pesar de que era una espada mucho más pequeña que la enorme de Táligo, que también Sheik era diminuto comparado al hombre musculoso, no acabo la batalla con un choque de espadas.
Sheik era ágil, a pesar de sus pertenencias en su espalda, era letal, como pudo ver cuando su florete impacto con gran velocidad y precisión los tobillos del hombre lanzándolo al suelo y era un joven entrenado en batalla. No ocupaba matar, no ocupaba ser justo, lo supo cuando clavo con sus manos una flecha eléctrica en la espalda de gran hombre, paralizándolo contra el suelo en tan solo diez movimientos bien sincronizados.
—¡ATAQUEN!—grito Makivelo a los monstruos.
Flechas comenzaron a llover sobre Sheik, quien con su florete desvió rápidamente la mayoría. Aun así Link vio en cámara lenta, como una de ella atravesaba sin piedad su muslo izquierdo, haciéndolo gemir y detenerse un segundo ante el inminente dolor.
Pero contrario a lo que todos hubieran esperado, en medio de los gritos de la multitud, de los monstruos, del dolor, Sheik puso su pie con firmeza en el suelo y rostro determinado.
Corrió.
Corrió con una flecha en su muslo en su dirección.
Aun cuando otra flecha impacto su hombro, este solo gruño y salto con dificultad a la tarima donde estaba, sujetando con fuerza el florete y reventando la cerradura de sus cadenas. Entonces este lo sujeto del cuello, ignorando como Makivelo comenzaba a tener pequeños destellos azules en su cuerpo.
De pronto un extraño azul oscuro apareció a su costado, sus ojos se abrieron impresionados, algo poco común en él, cuando vio un extraño vórtice negro con borde azulado. Donde Sheik se arrojó arrastrándolo por el cuello, antes que todo se volviera oscuro y diera vueltas por todos lados.
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Sheik conocía la magia, los tres grandes sabios Sheikah le habían enseñado todos sus conocimientos. La tecnología antigua, sus técnicas de batalla y la magia. Entre los Sheikah era normal usar trucos y artimañas para sus misiones, como si fueran ninjas. Era muy raro que alguien tuviera tanta capacidad de magia como ella, por lo cual la gran maga de los sabios, la instruyo pacientemente. Aun así el hechizo de tele transportación, era algo que esta no sabía utilizar bien aun con su avanzada edad. Sheik había intentado utilizarlo algunas veces, pero en todas ellas, su destino nunca fue el esperado.
Era peligroso.
Era estúpido.
Pero había funcionado.
El impacto contra el suelo fue doloroso, pero eso significaba que estaba con vida, con dos flechas incrustadas en diferentes partes de su cuerpo, pero con vida. Sintió un gran calor en su cuerpo al aterrizar, por lo que supuso, estaría cerca de alguna región de Goron o de Gerudo.
Al ver el bosque y el terreno montañoso, además de una enorme montaña de fuego, estaban cerca de la región Goron, pero no lo suficiente para morir de calor. Lo cual era mejor que estar cerca de la región de Farone o en las tundras congeladas.
Giro a ver a Link, quien estaba inconsciente en el suelo.
Miro sus heridas.
—Supongo que tendré que ser médico y enfermero—menciono tomando la flecha sobresaliente de su hombro y arrastrándola fuera sin piedad.
El dolor atravesó como un puñal toda su columna vertebral, pero rápidamente le puso magia encima para cerrar todo lo posible la herida. No mucha. La herida de la pierna era mejor y tampoco es como si tuviera mucha magia después de haber usado un transportador así para dos personas.
Jadeo cuando la herida estuvo casi cerrada.
Sería suficiente por ahora.
En su lugar vio detenidamente a Link en el suelo, había salvado su vida, como él salvo la suya cuando no la entrego.
Pero ahora…
¿Qué haría con ese chico?
Continuara…
Sé que ahora Link no es tan Link como conocemos, el joven valiente que da su vida para rescatar a su reino. Pero cualquiera que fuera capturado de niño, siendo torturado constantemente durante años, pierde su espíritu poco a poco, quedando solamente de forma automática para sobrevivir.
Incluso ahora que no está con sus opresores, no es como si fuera a disfrutar de su libertad de un día a otro. Las personas en los campos de concentración en la segunda guerra mundial, no se recuperaron cuando todo termino e incluso con los años el dolor fue latente.
Pero no se preocupen, Link ira cambiando, poco a poco y de forma razonable. Porque aunque pasara por todo este dolor, en la historia se ira tratando cada vez más su punto de vista y como va ir superando todo para convertirse en el héroe que posee su alma.
Nota:
Por si no lo saben en mi perfil tengo un link de mi página en Facebook donde publico mis actualizaciones y donde chateo con los chicos sobre temas de anime, manga, juegos, libros, series…etc por si alguno quiere comunicarse conmigo o visitar un rato para conocerme mejor.
Sayonara sexys lectores.
