"Nada es lo que parece"


- Hola cariño – saludo dejando su bolso en el sillón sentándose junto a su marido que miraba un partido en la televisión.

- ¿Cómo te ha ido en el trabajo? – saludo sin despegar la vista del partido

- Normal. ¿Los niños?

- Ya los he acostado, pero tú sabes como son.

- Si… iré a verlos – le dejo un beso y se marcho a la habitación de sus hijos.

Aun tenia dándole vueltas en su cabeza la idea de ir unos minutos aquel bar donde la fastidiosa de Santana López ganaba un dineral solo sirviendo tragos. Por supuesto que eso le parecía algo totalmente incoherente, ella misma servía café y la propina era un asco. Claro, por supuesto que no podemos comparar alcohol con café, mucho menos una asquerosa mañana con una alocada noche, pero de igual manera no podía ser posible.

Tras ver como las luces del dormitorio estaban apagadas y no se escuchaban los murmullos constantes de sus hijos decidió solo echarles un vistazo rápido, un beso en la cabeza de Emma y otro a Charlie.

- Mami… - susurro el último

- Duerme pequeño, ya es un poco tarde.

- ¿Puedes quedarte conmigo hasta que vuelva a dormirme? Emma me ha contado una historia y tengo miedo – Por supuesto pensó la morena, su hija siempre disfrutaba burlándose de su hermano menor por solo unos minutos según lo registrado en la libreta de nacimiento. A pesar de ser mellizos, Emma tenía un carácter mucho más fuerte, siempre llevándole la contraria a su madre y presentando cierta complicidad con su padre. Lo contrario a Charlie, quien era como un pollito asustado buscando estar bajo el ala de su madre el mayor tiempo que se le permitiese. La morena amaba que su pequeño hombre sea así con ella, de cierto modo necesitaba sentirse protectora o necesaria para él, cosa que no pasaba con Emma. Quizás su idéntica personalidad provocaba que chocaran continuamente y que con sus ocho años ya sea una niña completamente independiente.

- Claro mi amor. Mami se quedara aquí contigo. Ahora duerme – se acomodo junto a su hijo sintiendo como sus pequeños brazos se aferraban a su cintura.

- Mami – volvió a susurrar provocando que la morena volviese abrir sus ojos - ¿Crees que algún día seremos felices?

- ¿No eres feliz? – temió por la respuesta, el niño solo levanto sus pequeños hombros.

- Parece que tu no lo eres, y Brody tampoco.

- Dile papá… y si soy feliz cielo, no pienses lo contrario.

- Si tu lo dices te creeré – sin más la respiración de su hijo comenzó a convertirse más profunda y tranquila dejando a Rachel hundida en sus propios pensamientos.


- Mami despierta – sacudió su cuerpo

- Déjame… - gruño

- Tengo hambre mami. Hazme algo de comer por favor.

- He dicho que me dejes – grito

- Pero me duele la panza y debo ir al colegio.

- Cocínate.

- Pero me quemare, mami. Por favor – pidió subiéndose a la cama de su madre apartando botellas en su camino – Tengo hambre – sollozo

- ¡Maldita sea, Rachel! ¡VETE!

- Rachel… Rach, despierta – pidió su esposo

- ¿Qué sucede? – pregunto sintiendo el sudor en su espalda

- Te has quedado dormida en la cama de Charlie… ¿te encuentras bien?

Asintió aun aturdida sin saber que hacer – Si.

- Ven, vamos a la cama – La tomo de la mano haciendo que abandone la habitación de sus hijos

- ¿Qué hora es?

- Las cinco. Dios Rach, ¿Has estado soñando de nuevo?

- ¿Por qué lo preguntas?

- Tienes la espalda completamente mojada. Ven – la guio hasta el guardarropa sacando su camisón.

- Tengo que contarte algo sobre el trabajo – susurro abriendo la cama tras ser vestida por su esposo

- Lo harás mañana. Ahora dormiremos – aclaro tapando a su esposa - ¿Te encuentras bien? ¿Segura? – la morena asintió – Hasta mañana – beso su frente y se acostó dándole la espalda.


El reloj marcaban las siete en punto de la mañana y una gruñona morena intentaba apagar el despertador que parecía perforarle los oídos con su pitido irritante.

- Quédate un tiempo más en la cama, hoy los llevare yo – hablo su esposo parándose de la cama para comenzar su día.

Ni siquiera se esmero en responderle, tomo las sabanas y volvió a taparse para conciliar el sueño que aun le faltaba recuperar. Ese mismo día no entraba hasta medio día, y agradecía tremendamente aquello.

- Rachel… ¿Dónde has guardado las loncheras de los niños? – la morena suspiro, por más que no tuviera que trabajar esa mañana Brody parecía no hacer ni dos pasos sin la ayuda de ella. Después de todo era su culpa, había mal acostumbrado a su familia a que dependiera pura y exclusivamente de ella las veinticuatro horas del día.

- En el armario de la cocina, tercer compartimiento – murmuro ahogada en su almohada

- Ya he buscado por todos lados en la cocina, no está.

Suspiro cansada - ¿Qué harán el día que yo no esté más en esta casa?

- Simple… te seguiremos – intento bromear para disipar el mal humor matutino de su esposa.

- No tengo dudas de eso – negó con su cabeza levantándose de la cama - ¿Los niños? – pregunto poniéndose su bata

- Están desayunando. Ya les he preparado la comida para el almuerzo pero no pueden llevarla sin su lonchera.

- De acuerdo, ya entendí. Buscar lonchera – dijo como si fuera un robot.

- Hola mami – saludo alegre como todas las mañanas Charlie

- Hola cariño – dejo un beso en su cabeza – Hola princesa – repitió el gesto con su hija

- Hola mamá – saludo con voz ronca

- ¿Qué hay del proyecto de ciencias? ¿Dónde está?

- Papá ya lo ha cargado en el auto, pero no podemos irnos sin las… -

- Loncheras – completo la frase Rachel – Salvo que tengan patas deberían de estar donde las deje – emprendió camino hacia el mueble – Y mis ojos no me dejan mentir al verla justamente donde dije que estaban – levanto su ceja mirando a su esposo – Si fuera perro te mordería.

- Oye, yo busque ahí y esas loncheras no estaban.

- ¿Bromeas? ¿Qué es lo que tengo en mis manos? – frunció su ceño

- No estaban – sin más las tomo y comenzó a guardar el almuerzo de los niños.

- Mami esta tarde tenemos el cumple de Kevin.

- Ya lo sé, pero no podre llevarlos hoy. Quizás bubu pueda.

- ¿Qué hay de los regalos? – Pregunto Emma – No podemos caer así sin más.

- Sabes que no estamos para esos lujos, Emma – hablo Brody

- Pero… - Rachel interrumpió el posible berrinche de sus hijos

- Ya los he comprado. Están en el armario – ambos niños festejaron despidiéndose de su madre para correr hacia el auto

- Sabes que no podemos hacer eso, Rachel.

- Lo sé, tranquilízate – le dio un beso – No es gastado mucho.

- ¿Qué hay de ese trabajo que me has hablado?

- Esta tarde luego de mi turno en el trabajo iré a ver.

- Muy bien, avísame a qué hora iras. Quizás pueda acompañarte.

- Preferiría que lleves a los niños al cumpleaños.

- De acuerdo, pero tenme al tanto – Le dio un beso en la mejilla y tomo una fruta – Cuídate y ten buen día -


- Hola extraña – saludo sentándose en la barra

- Extraño debería llamarte yo a ti – sonrió – Mucho tiempo sin deleitarnos con su presencia, señor Bale – Bromeo - ¿Lo mismo de siempre?

- ¿Por qué cambiar si así estoy bien? – Rachel sonrió y le sirvió una espumante taza de Capuccino junto a un Brownie - Sin embargo tu cada día estas más bella.

- No empieces – negó con su cabeza limpiando parte de la barra con un trapo húmedo

- Nunca me has dejado empezar. Creí que a las mujeres se les debía decir cosas lindas – comento antes de beber su café

- Pero no a mujeres casadas – levanto su ceja

- Son las que más necesitan halagos. ¿Cuándo fue la última vez que Brody te dijo algo lindo?

- Eso no es de tu interés – frunció su ceño

- Al parecer las cosas en el paraíso no están nada bien.

- ¿Recuérdame porque estoy aquí teniendo buena atención contigo?

- No te enojes. Lo siento ¿si?

- Eres un idiota. No has cambiado en lo absoluto, vuelvo a repetir.

- Dime que harás luego del trabajo. Quiero invitarte no lo sé… a ¿pasear? ¿Tomar un helado? – Probo suerte, Rachel solo negaba con su cabeza – Lo que sea.

- No puedo, tengo cosas que hacer.

- Pues déjame acompañarte – Rachel puso sus ojos en blanco. Demasiado insistente para su gusto.

- ¿No entiendes cuando uno te dice que… - su celular comenzó a vibrar en su delantal. Sin más le hizo un gesto con su mano y se marcho a la cocina donde podría hablar en privado. Aquella llamada no le gusto para nada, le había arruinado sus planes completamente. Brody le comunicaba que no podría llevarle el auto ya que había tenido un problema con el mismo, solo escucho las palabras mecánicas e hizo oídos sordos. No entendía nada. Maldita sea su mala suerte que al parecer no quería que pagara la hipoteca y le quitaran su casa.

- ¿Todo bien? – pregunto Christian tras verla aparecer

- ¿Sigue en pie la invitación a pasar el día conmigo? – pensó rápidamente

- Claro. ¿Dónde quieres ir?

- Tengo que ir a ver un nuevo trabajo y mi auto al parecer decidió averiarse justamente hoy. ¿Te molestaría llevarme? Es a media hora de aquí.

- Perfecto. Dime ¿A qué hora sales de aquí?

Rachel miro su reloj pulsera. Vaya, la hora había pasado volando y agradecía no haber tenido que atender a tantos clientes cayendo en la cuenta que es viernes. – En una hora más.

- Bueno, terminare con esta delicia – levanto su brownie – Cargare un poco de combustible y pasare por ti ¿de acuerdo? – la morena asintió

- Muchas gracias.


- ¿Y estarías dispuesta hacer todos los días estos kilómetros?

- Si el trabajo es bueno, sin dudas lo hare.

- Pero gastaras más dinero en combustible que en otra cosa.

- Veré como soluciono ese tema. Quizá haya algún transporte que pueda llevarme.

- Yo puedo ofrecerme los días que este aquí cuidando de mi madre. Creo que me quedare un mes aproximadamente.

- ¿Y tu trabajo?

- Puedo hacerlo desde casa, estarán bien sin mí un tiempo. – Rachel decidió no preguntar más al respecto. Jamás se había puesto a pensar en que trabajaba exactamente y nunca tuvo el interés en preguntarle. Pero ahora que solo tenía ojos en producir dinero, levantándose y acostándose pensando en ello, debía de ser un buen trabajo teniendo en cuenta su forma de vestir y el tipo de vehículo que ahora mismo la llevaba hasta Bluffton. - ¿Qué piensas?

- Nada – la saco de su burbuja – Solo espero que sea el indicado.

- Pues eso lo sabrás ahora mismo – comento llegando a la pequeña ciudad - ¿Tienes la dirección?

- Si – le hizo entrega de la pequeña tarjeta negra

- No queda muy lejos de aquí. Es el centro – comento devolviéndole la tarjeta. Y así mismo fue, nada difícil de llegar. Tampoco era una enorme ciudad como para perderse, pero al parecer la mantenían en condiciones y todos parecían conocerse con todos, como Lima pero más pequeño. «Nada mal» pensó. - ¿Quieres que baje contigo?

- No, está bien. Iré sola – Habían pasado ya casi tres horas desde la ultima vez que se comunico con su marido. Sus hijos ya deberían de estar en su casa cepillándose los dientes cayendo rendidos al sueño.

El pequeño reloj que descansaba sobre un poste en forma decorativa pero útil marcaba las nueve de la noche pasadas. Se acomodo su camisa azul marino junto con su pollera color negra que terminaba debajo de sus rodillas. Se peino un poco el flequillo con sus dedos y se ato su larga cabellera en un simple rodete bajo. No quería dar el look de la típica secretaria, pero si crear una fachada seria y responsable. Christian solo la observaba con una enorme sonrisa en su rostro sin creer lo que sus ojos veían.

Cruzo la calle, saco la tarjeta de su pequeño bolso y toco dos veces la puerta negra de aquel bar con las palabras "Bora Bora" en color purpura sobre ella. Nada parecía ir mal, pero si era un resto-bar como había leído en el anuncio quizás un color más vivo o llamativo ayudaría en su aspecto. No pareció importarle, no por el momento.

Un enorme gorila apareció detrás de la puerta, y no precisamente el animal, pero por su tamaño parecía de la misma especie. Su color de piel era oscura, como la misma puerta que hace segundos atrás había golpeado.

- ¿Qué necesita?

- Vengo por una entrevista de trabajo – el hombre la miro de arriba abajo sin pudor alguno y frunció rápidamente su ceño

- Temo decirle que se ha equivocado de lugar. Tenga buenas noches – sin más le cerro la puerta en la cara. ¿Cómo se atrevía a tratarla de esa manera? ¿Qué había de malo en su forma de vestir? Una vez más cercioro que su vestimenta no estaba desalineada y se giro para mirar a Christian quien estaba tan o más confundido que ella.

Le negó con la cabeza indicándole que todo estaba bien como si pudiese leer su mente y volvió a golpear, esta vez con más firmeza. Así no la dejase entrar le dejaría en claro quién era Rachel Barbra Berry.

- Señorita creo que no… - lo interrumpió

- No. Usted va a escucharme a mí ahora mismo. No tengo idea quien ha tenido la osadía de educarlo, pero debería de saber que jamás debe cerrarle la puerta en la cara a una dama. Debería de darle vergüenza al tratar a una persona así, aun teniendo en cuanta donde trabaja y sabiendo que tiene contacto con clientes todos los días.

- No viene cualquier clientela aquí.

- Me da igual – no le dio importancia a lo dicho por el hombre – No debería de comportarse así. Usted no tiene voz ni voto para decirme a mi si me visto bien o no. No suelo equivocarme, mucho menos con una dirección tan simple como la que está escrita en esta tarjeta, lo cual me gustaría que…- el gesto del hombre provoco que sus palabras se atoraran en su garganta. Sin más se hizo a un lado dejándole el camino libre para que entrara. Claro, ¿Cómo no lo pensó antes? Santana me dijo que mostrara la tarjeta. Levanto sus hombros y paso rozándole el pecho al hombre, indicándole que aquella discusión no había terminado ahí.

La decoración del lugar no estaba dentro de sus posibles ideas tras no poder volver a dormirse esa mañana y divagar pensando como seria el famoso "Bora Bora". Las luces eran cálidas, no habían pistas de baile o cabina de Dj's a la vista. Sin embargo, en el centro del lugar descansaba una enorme barra en forma cuadrada donde dos muchachas acomodaban los vasos. Alrededor de la misma, varias mesas para dos o tres personas, quizás cuatro si añadías una silla mas pero se veía incomodo. Una zona de sillones color mora con pequeñas mesas ratonas creando nuevos espacios. Nada mal teniendo en cuenta la fachada del lugar. «No juzgues a un libro por su tapa» recordó el sabio consejo de su amigo Kurt.

Intento desviar los ojos hacia el segundo piso pero una mujer, o eso creía, apareció en su visión aumentando su repentina curiosidad por saber más del lugar.

- ¿Tu eres? – pregunto amable

- Oh… Rachel Berry – extendió su mano – Me han dicho que necesitaban personal y yo necesito mucho un empleo.

- ¿Te han comentado de este lugar? – levanto su ceja

- Claro – volvió aparecer la llave de sus problemas allí dentro – Vengo de parte de López… Santana López.

La mujer sonrió ampliamente – ¿Como no lo has mencionado antes? – Esta vez sí llamo su atención – San me ha comentado de ti, así que ya puedo ponerle nombre y rostro a la chica misteriosa.

- Vaya… no sabía que… - no sabía que decir ¿Acaso aquella mujer la estaba esperando?

- Mi nombre es Unique y soy la dueña de este bar. Por lo que observe has podido ver un poco el lugar

- Si, la verdad es muy elegante para ser un simple bar.

- La simpleza no va conmigo, cariño. ¿De dónde se conocen con Santana?

- Del instituto, nos hemos graduado en el mismo año.

- Me alegra saber que tienes veintiséis. Ya eres adulta para tomar tus propias decisiones – la morena asintió dudosa – Bien, ¿Cuándo puedes empezar?

Rachel entreabrió su boca como si fuera un pez ahogándose fuera de su pecera. ¿Así sin más? - ¿Disculpa?

- ¿Puedes hoy? – levanto ambas cejas esperando una respuesta positiva

- ¿Eso significa que tengo el trabajo? – la mujer asintió – Pero ni siquiera me has pedido mi curriculum o me has preguntado por mi experiencia – dijo aturdida

- ¿Sabes tratar a la gente?

- S-si… trabajo en una especie de casa de comidas rápidas – comento dudosa

- Perfecto, entonces sabes tratar con clientes y cuáles son sus necesidades.

- Claro, se preparar tragos también. Quizás pueda hacerlo además de atender las mesas.

La mujer rio – Claro… ahora ven. – la tomo de la mano y se dirigió al piso superior – Aquí será tu lugar de trabajo – Nada cambiaba en lo absoluto entre ambos pisos, solo la barra, era lineal y lo suficientemente larga siendo enfrentada por sillones color negro, nada de sillas y mesas, dándole un toque mas privado.

- ¿Qué diferencia hay aquí con la zona de abajo? – pregunto dudosa, aun no sabía porque su personalidad en aquel lugar se encogía queriendo esconderse dentro de su cuerpo sin querer salir.

- Digamos que es mas… reservada.

- Como una especie de V.I.P ¿Cierto?

- Exactamente, tu lo has dicho.

- Entonces…

- Si puedes, hoy mismo me gustaría que comenzaras. Santana no tarda en llegar y si aceptas ella podrá ayudarte esta noche.

- ¿En serio? – Sonó como una adolescente – Es decir… si usted quiere, encantada comenzare esta misma noche.

- Entonces acompáñame, debemos hacer algo con esa ropa de inmediato.


Muchisimas gracias por dale una oportunidad a esta historia. Me gustaría que dejaran sus comentarios para saber si les va gustando o no.

Pronto llegara Quinn, es un fic Faberry… y llegara para quedarse. Solo tengan paciencia.

A partir del próximo cap. Voy a empezar a escribir en primera persona desde el punto de vista de Rachel y será así hasta el final del fic.


DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: Glee y sus personajes no me pertenecen.