Su amigo acababa de irse a por un vaso de agua en la cocina. Desde "el accidente" Kip había estado muy nerviosa, temblando a cada rato y con problemas para dormir por el estrés. El hecho de que sus compañeros de trabajo la evitasen no ayudaba.
En el salón de su amigo, sobre una mesa de metal alejada, descansaba el cuerpo apagado de Silver. Kip no se había atrevido a encenderla desde el accidente.
"Aquí tienes" dijo su amigo con una voz grave al depositar el vaso de agua frente a Kip.
Era mayor y más alto que ella, tenía la tez morena y su cabello oscuro y ropas informales estaban cubiertos de aceite de motor, ya que le gustaba mucho viajar en la máquina voladora que él mismo había inventado. Todos los que lo conocían estaban de acuerdo en que se podía oler su olor a maquinaria desde diez metros.
"Entonces" siguió él con la conversación "¿Le dijiste que no te obedeciese y empezó a atacar a la gente?"
"Sí…" susurró Kip tras tomar un trago de agua "Fue una estupidez, lo sé"
"Bueno, estabas desesperada" argumentó su amigo "Yo también he llegado a darle patadas a mi máquina cuando no funciona"
"No, no, no digo eso" gruñó Kip "Digo que construirla fue una idiotez. Porque, ¡venga ya…!" gritó "¡¿Un robot domado desde el principio?! ¡¿En qué estaría pensando?! Fui una imbécil, y ahora ya no tiene arreglo. A menos que te saques algún truco de la manga y repares el código, pero…" – Tragó saliva e inspiró hondo – "¿Crees que podrías arreglarla?"
"Tal vez, pero ya sabes que detesto hacer código para robots. Además, estoy bastante ocupado con todo este jaleo nuevo de los cuadrados"
Kip suspiró y, frente a sus ojos, una masa de cuadrados rojos se mostró frente a una ventana.
"¡Ah!" gritó ella temblando "Dios, qué susto… ¿Tienes idea de por qué está ocurriendo eso? He oído que hace dos días se derrumbó medio barrio"
Su amigo sabía la verdad, pero también sabía que esta era demasiado pesada como para colocarla sobre los hombros de una persona común como Kip.
"Ni idea" mintió mientras miraba al suelo.
"Entiendo si no quieres ayudarme" – Kip terminó el vaso – "Nadie quiere saber de Silver ni de mí"
"Bueno, no he dicho eso. Puede que no me guste escribir código como el que tú has intentado hacer, pero creo que podría arreglarlo"
"Arreglarla…"
"Sí, eso" – Su amigo miró hacia la ventana y suspiró – "Creo que empezaré esta misma tarde"
"¡¿En serio?!" exclamó Kip levantándose de la emoción.
Él solo asintió y le dijo que, si no necesitaba nada más, podía irse. Se dieron un abrazo y se despidieron.
