CAPITULO 3: REDENCIÓN
La pastelera dispuso un poco de agua y mientras los dos jóvenes enamorados esperaban en el comedor, ella y Todd fueron a la cocina. Eleanor le miro a los ojos con un hálito de alegría.
"Estamos bien, Mr. T" fue todo cuanto pudo decir con una leve y dulce sonrisa en sus labios.
Tomo una toalla, la remojo y con ella limpio esmeradamente el rostro del hombre al que amaba. Eran caricias suaves las que hacía sobre sus mejillas; removía la sangre y de vez en cuando, solo por el placer de hacerlo, deslizaba sus dedos sobre los labios del barbero. Desabotono la parte superior de su camisa y con mucha delicadeza, le limpio el cuello y los hombros, haciendo rulos en su clavícula con mucha paciencia. El barbero, se dejó relajar por las caricias de su vecina. Poso sus manos en las caderas de ella, manteniendo apenas la distancia prudente entre ellos para que pudiera lavarle adecuadamente. Recordemos que ella estaba descalza, por lo que, sin sus tacones, la diferencia de estaturas se hacía más evidente. El verla "más pequeña" de lo habitual, divertía a Sweeney, y también esbozo una leve sonrisa. Le atrajo un poco más cerca de él y la hizo pararse sobre sus zapatos, con lo que se equilibraba más la altura. Dejaron de moverse, solo disfrutaron la calma que era estar ahí, el uno frente al otro, se sentían seguros y mientras ellos estaban así, Anthony y Johanna les miraban desde el comedor, con admiración y ternura, la paz que se irradiaba entre barbero y pastelera, llegaba hasta los jóvenes, brindándoles cierta tranquilidad. Johanna dejo caer una lagrimilla. Después de todo aquel tiempo sola, encerrada con un monstruo, tenía una demostración de cariño verdadera frente a sus ojos.
El barbero deslizo sus manos por los hombros de ella, le quito la toalla y tomo sus blancas manos entre las suyas. Remojo la toalla y esmeradamente, limpio la sangre desde su codo hasta sus dedos. Era una especie de extraña delicadeza de la que alguna vez Eleanor lo creyó incapaz. También limpio el rastro de sangre que abrazar a Toby dejara en su cuello y la marca de sus labios.
Cuando terminaron de lavarse, fueron a la cocina. Llevaron el té y un aperitivo –muy a su estilo– Se sentó lado a lado y un momento que Sweeney siempre temió, llego.
Hubo un silencio extraño en la mesa. Por debajo del mantel, Eleanor tomo la mano de su inquilino y le dio serenidad, una vez armado de valor, él la soltó y comenzó a decir "¿Qué te dijo Turpin sobre tu familia, Johanna?"
"Dijo que mi padre era un criminal, que le habían llevado a la prisión acusado por hurto… dijo que mi madre era una zorra, que era incapaz de cuidarme y que me abandono con él" dijo Johanna con la respiración a un ritmo entre calma y sollozo.
"¡Bastardo mentiroso!" exclamo Eleanor, Todd la contuvo.
"Eso no es verdad, Johanna" repuso el barbero "Yo no robe a nadie. Solo era un barbero con una familia feliz. El juez me arresto sin fundamento para seducir a tu madre y una vez que me tuvo fuera de la partida… la violo"
Anthony y Johanna miraron a Lovett con lastima.
"Yo no soy tu madre" inquirió la pastelera "Lucy Barker, era su nombre. Yo solo era una amiga de la familia. Cuando se llevaron a Benjamin… a tu padre, le ayude a cuidar de ti, y fuiste por un tiempo como mi pequeña hijita. Turpin violo a tu madre y luego ella… se suicidó." Hizo una pausa "Pero yo te cuide como si fueras mi propia hija, te amaba, Johana, tiernamente, pasaba los días y las noches contigo y éramos felices. Sin Benjamin, yo no tenía nada, excepto a ti… y luego un día, Turpin vino y te arrebato de mi lado, ya no volví a verte, pero me quede aquí con la esperanza de que algún día Benjamin regresaría. Pasaron 15 años y Ben ya no regreso. Pero llegó el Señor Todd en su lugar."
El barbero comenzó a hablar entonces. "Tuve que cambiar mi nombre para volver a Londres, conocí a Anthony y cuando necesite ayuda, el me la brindo. Se enamoró de ti nos prestamos a ayudarlo porque mi objetivo era vengarme del juez y si de paso eso iba a hacerte libre, yo era capaz de cualquier cosa…"
Hubo un silencio que pareció eterno. Eleanor miraba en todas direcciones y Johanna tenía los ojos clavados en la mesa sin decir nada.
"Te recuerdo" le dijo Johanna a la pastelera mientras le acariciaba la mano. La chica no puedo hacer nada entonces. Todos los recuerdos de su infancia le cayeron encima, no estaba su padre ni nadie más, solo Eleanor, le recordaba más alegre y vivaz, pero era ella finalmente, recordó la risa, su voz, el tacto de sus manos… Johanna se abrazó a ella y lloro en sus brazos "¡Madre, madre! Tu eres mi madre, cuidaste de mí, te recuerdo muy bien"
Eleanor correspondió al abrazo y con palmadas en la espalda consoló a Johanna, quien después se abrazó al barbero "¡Padre!" Le dijo en el oído y algo en el interior de Todd se rompió para luego suavizarse.
Fue un poco extraño, finalmente los jóvenes entendieron que sí, habían matado al juez y a Beadle, pero no eran malas personas, naturalmente, Sweeney y Lovett no mencionaron nada sobre "su negocio" y la carne o los demás clientes que el barbero atendía. Así era mucho mejor.
Ahora que al menos su hija sabía lo que había ocurrido, dentro del corazón del barbero reinaba una misteriosa tranquilidad que solo lograba exacerbarse con el rostro de su hija a su lado y algo más que en cierto modo le atemorizaba: Eleanor Lovett. Mirarla ahí, le daba paz.
El tiempo pasó rápidamente entre explicaciones y otras cosas, ya no había sonidos en las calles y necesitaban dormir. A Eleanor le punzaba la cabeza por la ansiedad que había vivido apenas unas horas atrás y luchaba consigo misma para poder mantener los ojos ligeramente abiertos. Se sentía muy mal.
Después de recoger los platos, el barbero indico a Anthony y Johanna la habitación perteneciente a Todd, en la que podrían dormir aquella noche, que por cierto, tenía una temperatura completamente helada.
La pastelera, medio tiritando de frío, les acomodo la cama a los jóvenes muchachos, beso la frente de Johanna y esta esbozo una sonrisa.
"Duerme bien, hija" le dijo antes de salir del cuarto y Sweeney la observaba desde el quicio de la puerta sin estar completamente seguro de que debía o no hacer ahora. Lovett, por otro lado, se sentía un tanto inquieta, pero no podía con su cansancio y al cerrar la puerta de la habitación, se volvió al barbero.
"Usted duerma en la cama, Mr. T. Yo dormiré en el sofá" exclamo casi mecánicamente mientras caminaba rumbo a la sala.
"Está loca, morirá de hipotermia si pasa un minuto en esa sala" fue la respuesta de Sweeney que la tomo por el hombro y la dirigió a la habitación.
