Nota de autor: Estoy de vuelta y retomando este fic. Bien, en este capítulo podrán descubrir más sobre el paradero del resto. No arrojo spoilers. No hay advertencia de por medio, quizá un poco de lenguaje soez, casi nada. Sin embargo, la trama continua y los misterios cambian de color. No los retengo más, los saludo con gratitud.
El pecado de los inocentes.
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Capítulo 3
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Neji despertó de golpe, abriendo los ojos ampliamente.
Mientras dormía, una corazonada atravesó su cuerpo de modo amotinador; fue más bien una fugaz intuición. Por ello se levantó de la cama, dándose cuenta que estaba solo en la habitación. Llevaba puesta la ropa interior, cosa que lo hacía sentir cómodo. Se bajó de la cama y caminó a tomar un cambio de ropa del armario, ignorando las garras que aún seguían dentro de su maleta. Salió de la habitación hacia el pasillo, y notó que la puerta de la habitación de su padre estaba entre abierta. Se acercó un poco, tan sólo para asegurarse que se encontraba bien. Lo vio en la cama, con el televisor encendido, mirando sin muchas ganas lo que ocurría en las noticias. Llevaba la pijama puesta y estaba tapado hasta la cintura con el cobertor. Él no vio a su hijo, así que Neji prefirió no interrumpirlo.
A una puerta de distancia encontró la habitación de Hinata desocupada, con la cama tendida perfectamente y con las ventanas abiertas, que dejaban a el viento entrar sigilosamente y con tranquilidad a la soledad de la recamara, que estaba decorada de colores púrpura y lila. Parecía el lugar de una princesa desheredada. Neji sonrió y cerró la puerta. Bajó las escaleras y allí tampoco encontró a Tenten, lo que le pareció extraño.
Eran las 8 de la mañana, creyó que ella no iría a trabajar. De algún modo, quería que su mujer le dedicara todo el tiempo posible, la extrañaba, por eso había regresado. Pero tenía que ser sensato, el trabajo era prioridad.
Se acercó a la cocina para tomar un vaso con agua, y en ese momento, a través de la cortina, vio a Hinata guardando una caja de cartón en la parte trasera del coche, a punto de abordar aquella vieja Ford Expedition. Neji dejó el vaso de inmediato en la mesa y salió de prisa a detener a su prima.
Hinata llevaba puesto un vestido primaveral, con flores púrpuras de distintos tonos, largo hasta los tobillos. Encima una chaqueta de mezclilla y su cabello negro suelto hasta la cintura. Cerró la puerta trasera y estaba a punto de subir al puesto del piloto cuando escuchó que la puerta de la casa se abrió. Giró con sorpresa, con aquellos grandes orbes de plata, para encontrarse a su primo.
—¿Ya te vas? —preguntó Neji inquieto.
—Oh, sí, quiero llegar temprano —comentó un poco extrañada por el semblante preocupado de su primo. Intuía que quería decirle algo, así que le dio la oportunidad—. ¿Quieres que le de un mensaje a Naruto de tu parte?
Neji no quería eso exactamente. Le gustaba la idea de saber cómo le iba a Naruto entre rejas, saber que estaba yendo todo bien y que no corría ningún peligro, pero en ese momento estaba más interesado por conocer los secretos de su propia familia más que los de otros. Vaciló, antes de sacar a relucir sus verdaderas intenciones. Hinata lo miró en expectativa.
—Quería otra cosa, realmente —dijo por fin—. Es algo que me está matando desde ayer, algo que ocurrió después de la cena —Hinata parpadeó varias veces, Neji lo notó y no se detuvo—. Tenten no ha sido totalmente honesta conmigo, y no entiendo por qué. Nadie me ha dicho nada en realidad. Siento como si hubiera abordado un barco donde todos se conocen y yo soy el extraño, y ella se muestra tan renuente. ¿A qué le teme? Es decir, regresé para apoyarla, si algo malo estuviera ocurriendo debería decírmelo, ¿no lo crees?
—No está ocurriendo nada malo, Neji.
—¿Cómo sabes eso? Es lo único que las dos pueden decirme, pero no es suficiente.
—Lo siento tanto, pero ella es la persona indicada para decirte lo que está pasando. En realidad Tenten tomó las riendas de la casa y del negocio, es la persona que socializa con el mundo y nos mantiene informados. Creo que ha hecho un buen trabajo, pero quizá sus métodos son lo que le preocupa… Dale tiempo, Neji. No debes temer, por favor. No lo hagas.
Neji seguía resguardando un mal presentimiento de todo el asunto familiar.
—¿Ella te ha dicho ya quien le está dando el dinero de la hipoteca del restaurante?
—No, ella lo mantiene muy privado. Pero… —Neji esperaba saber cualquier cosa que pudiera darle una pista, así que miraba a su prima sin parpadear—. Sé que no se está metiendo en problemas. El prestador debe ser alguien de su total confianza, si no fuera así, no lo hubiera aceptado.
No era lo que Neji esperaba escuchar y en ese momento miró hacia otro lado, a un punto muerto. Hinata reconoció que no se encontraba cómodo con esta situación.
—Tenten te lo dirá, me lo prometió —Neji le miró una vez más, queriendo quedarse tranquilo con esa respuesta. Sin embargo, sentía que seguía perdido en el mismo laberinto. De cualquier modo, asintió con el mentón; era mejor mostrar sosiego ante la tempestad. Hinata le sonrió y le acarició un hombro—. Debo irme, el código de visitas en el penal es muy estricto.
—Salúdame a Naruto, dile que lo quiero ver libre ya.
Hinata sonrió de oreja a oreja.
—¡Lo haré!
Subió a la camioneta. Al prender el motor del vehículo, sacó la cabeza por la ventana.
—Volveré temprano para acompañarle a la reunión de bienvenida en casa de Sasuke.
Neji se desconcertó al recordar que tenía una fiesta reservada en la casa de los Uchiha. Se sorprendió más al saber que Hinata ya tenía contemplado asistir. Supuso que Tenten lo mencionó esa mañana. Hinata retrocedió hasta la avenida, sin antes despedirse agitando la mano.
No había pasado lo que esperaba. Por un momento creyó que Hinata le revelaría la verdad, y creía que lo sabía, pero ahora ya no estaba tan seguro. Aún así, no pensaba rendirse hasta saber la verdad detrás de ese préstamo. Si Tenten creía que la esperaría hasta que lo encontrara apropiado, se equivocaba.
Neji regresó a la casa para servirse el desayuno. Tomó un plato de cereal con leche y se lo comió de pie, junto a la ventana. Esperaba que en cualquier momento alguien tocara la puerta, para visitarle y darle la bienvenida, pero no sucedió. Así que terminó el cereal y salió a la calle.
Caminó hasta el pueblo, tranquilamente, observando a su alrededor con más detalle. Pensaba buscar a Tenten, pero antes de eso, quería hablar con una persona en específico. Consideraba que esta persona era la indicada para abordar, a la que podía recurrir si quería sensatez y respuestas. Antes de eso, se dirigió a un expendio para comprar el periódico local para revisar la sección de empleos, pues la necesidad de un nuevo trabajo no era de poca prioridad. Lo leería en el camino, antes de acudir a la casa de Shikamaru, y con suerte tendría un trabajo ese mismo día.
Al entrar al establecimiento, la campanilla sonó, haciendo que tanto el dependiente de la tienda como el cliente que pagaba su caja de cigarrillos, giraran a verlo. Neji se dirigió a la sección del periódico y ojeó unos cuantos más. Las noticias locales no abarcaban mucho, hablaban más de las internacionales. Konoha era un pueblo pequeño, donde las cosas ocurrían lentas. O eso es lo que Neji pensaba. Tomó el periódico y se dirigió a la caja, para pedir además, una cajetilla de cigarros Malboro. Ni Tenten ni nadie ahí sabía de su nuevo vicio, traído desde la milicia. Y el que lo supiera por rumores, no lo creería. Que Neji Hyuga tuviera una adicción por los cigarrillos, un objeto dañino para la salud personal y la de otros, era un chiste. Pero todos cambian, quieran o no, nunca nadie es de la misma forma. Así que Neji no se preocupó al pagar aquel nuevo hábito.
Detrás de él, escuchó la risa de una niña. En cierto momento, el recuerdo de Yuki* cayó sobre su mente, como un relámpago paralizante. Por un segundo se congeló, ahí de pie, frente al dependiente, que le miró esperando a que le alargara el dinero en manos. Pero la mente de Neji estaba escarbando en viejos huecos de la mente, fuera de la realidad, hasta que parpadeó y rompió la imagen ficticia de una niña inexistente, irreal en su cabeza. Tragó saliva y miró al encargado, tratando de sonreírle, pero éste sólo frunció los labios sin encontrar la escena graciosa. Neji le dio el dinero y exhaló el aliento, tratando de relajar los músculos que segundos atrás se le habían tensado de sobremanera; sólo había sido una mala jugada en su mente, se hizo creer. Una jugada cruel, de hecho.
Sintiéndose más relajado, creyendo que lo nefasto ya había pasado, echó un vistazo por su hombro tan sólo para percatarse de que en realidad era una niña la que se había reído. Y cuando lo hizo, quedó más confundido.
En efecto, se trataba de una niña, a la cual podría definir como preciosa, una hermosa creatura de cabellos rubios, largos y lacios. Podía tener tres años o quizá menos, era muy pequeña. Tenía un vestido rojo con manzanas de color verde, y tenía unas botas para lluvia color rosa; peculiar, ya que no era temporada de lluvia. Neji la observó un momento más, sin darse cuenta que sonreía, pero después, se centró en la persona que venía con la niña. Era la única persona que conocía con ese color de cabello, un rojo brillante, de fuego, excéntrico. Entonces tomó el periódico y los cigarrillos, le dio la espalda al dependiente y se detuvo a contemplar la escena frente a sus ojos.
La niña estaba en el suelo, de rodillas, tocando con su dedito una hilera de cajas de cereal, rechazándolas una por una; pero al final, tomó una, de color amarillo, se levantó de un salto y corrió hacia el pelirrojo para mostrársela. Brincó, una y otra vez, como si aquella caja fuera un tesoro encontrado. Él, que parecía distraído, miró la caja y frunció el ceño, sin entender. Pero la niña insistió con más brincos en que quería esa caja de cereal, la de los ositos de sabores. El pelirrojo parecía dubitativo.
—No te has comido la que está en casa, ¿y quieres una nueva? —musitó con aquella voz grave que era su sello, y aún sostenía la caja.
—¡Pero a mí me gusta esta! La ota te la puedes comer tú. ¡Por favor, papi, compamela!
El pelirrojo quedó pensativo. Dejó la salsa de tomate en el estante y se puso de cuclillas frente a la niña. Él vestía ropa informal; jeans color café, una chamarra guinda desteñida y botas militares.
—Si te compro este cereal, ¿prometes que no vas a llorar el miércoles cuando te lleve a revisarte las muelas?
La pequeña rubia se quedó en silencio y miró hacia el techo, como si asimilara la complejidad de realizar esa promesa. Hizo una mueca, torció los ojos y finalmente respondió "¡Sí, no lloraré nada, papi, y abriré la boca, así de grande para tomarme la medicina!". Él sonrió y le entregó la caja de nuevo, para después acariciarle el cabello, mientras la niña volvía a dar saltos y a caminar por todo el pasillo feliz.
En ese momento, Neji supo que no podía ignorarlo e irse. Se dirigió al pelirrojo, que volvía a poner su atención en la salsa de tomate para la pasta. A tan corta distancia, se detuvo.
—Gaara.
El pelirrojo levantó el rostro y posó aquellas profundas y peculiares pupilas turquesas en los ojos de Neji. Por el brillo de sus orbes, se pudo percibir su sorpresa. El pelirrojo parpadeó, y su mirada intensa se suavizó.
—Neji —le dijo cuando pareció emitir una mueca parecida a la de una sonrisa y después le estiró la mano para saludarlo—. ¿Cuándo regresaste?
El Hyuga sonrió y le correspondió el saludo, apretando su mano con fuerza.
—Ayer, por la mañana.
—Claro, había escuchado que volverías pronto —le soltó la mano, se veía aún desconcertado, pero parecía cómodo por volverlo a ver—. ¿Te ha ido bien en el servicio militar?
—Fue complicado, pero pude salir vivo de ahí, y con ambos brazos y piernas —Gaara rió y Neji agregó—. Pensé que estarías en Suna, Hinata me había dicho que estabas por irte.
El pelirrojo frunció el ceño, sin entender, mirando dentro de sus pensamientos, hasta que pareció recordar de lo que Neji se refería, y pareció tomarlo con poca importancia.
—Ah, claro, por la beca, ¿cierto? —musitó—. Eso fue hace mucho tiempo.
—Lo sé, cinco años. Pensé que irías a la universidad de Suna.
Gaara soltó una risa, irónica.
—Cambio de planes.
Neji asintió, aún incrédulo por ver a Gaara No Sabaku en Konoha. Entonces, pensó, ¿Hinata no le había contado muchas cosas recientes de sus viejas amistades? Lo último que supo de Gaara es que su padre lo había desheredado, mientras él estaba de intercambio estudiantil en Konoha. Grandes misterios familiares, discusiones, papeleo legal, hasta que al final decidió no regresar a su casa en Suna. Pero debido a sus destacables buenas notas en el bachillerato de Konoha, la escuela le ofreció continuar sus estudios superiores en su ciudad natal, con una beca completa, cosa que resultaba fantástica, sabiendo lo caro que era aquella universidad y el prestigio que tenía. Es decir, Gaara tenía sellado el éxito para su futuro a tan poca edad.
Neji no se imaginaba qué pudo haber sucedido para que él no hubiera aprovechado esa gran oportunidad.
En ese momento, la pequeña rubia se amarró de una pierna del pelirrojo. Neji dedujo que esta pequeña creatura tenía algo que ver en la decisión de Gaara para abandonar sus estudios.
—¿Ella es tu hija? —preguntó el Hyuga mirando a la dulce rubiecita, que también lo miraba a él con una sonrisa tímida y curiosa.
Gaara asintió, sonriendo y tomando a la rubia en brazos; la alzó, y ella se abrazó de inmediato por su cuello.
—Ella es Junko —le dijo Gaara.
La niña sonrió con menos pudor y le entregó su manita para atrapar el saludo. Neji se percató que el rostro de la nena era idéntico al de Gaara. Tenía una mirada dulce, pero la forma de sus ojos eran felinos y de un intenso color aguamarina, así como los del pelirrojo. Le nacían pecas en los pómulos y sobre la nariz, al igual que su padre. Lo distintivo era el cabello, el cual era rubio, casi blanquecino. Por ese detalle, Neji se imaginaba quien era la madre de aquella mujercita.
—Me llamo Neji. Es un gran gusto conocerte, Junko.
—Puedes decirme Jun —agregó la pequeña con candor.
Neji sonrió.
En la mente del Hyuga pasaron miles de cosas. Ahora no recordaba a quién iba a visitar hace unos momentos. En ese instante sólo quería hablar con Gaara, saber qué ocurría en Konoha, con él, con todos. No fue difícil convencerlo. Gaara le dijo que ese día no trabajaba y que más tarde tenía planeado llevar a Junko a ver una película a la cineteca del pueblo. Neji le pareció una escena inusual, pero reconoció que había algún tipo de encanto en toda ella.
Neji salió de la tienda y dejó que Gaara pagara sus víveres. Sacó su caja de cigarros, pero recordó a Junko y decidió que no era el momento apropiado de estrenar su cajetilla de Malboros. Observó la calle, y en ese momento reconoció un vehículo que transitaba cerca. Era Tenten, que logró reconocerlo desde esa distancia y desvió el volante para estacionarse frente a él. La castaña bajó y miró a Neji con alivio..
—Llegué a casa y cuando no te encontré, salí de inmediato a buscarte.
—Tranquila, sólo salí a comprar el periódico —le dio un beso en los labios—. ¿Ocurrió algo?
—Nada —sonrió—, sólo quería acompañarte a la ciudad.
—Bien, en un momento partimos —explicó el Hyuga y sonrió—. No te imaginarás quien está allá adentro.
En ese instante, Tenten dejó de prestarle atención a su novio, para concentrar su mirada en la niña que salía corriendo del expendio, para lanzarse en un enorme salto a sus brazos. Neji se cautivó al ver que la niña le daba besos a los cachetes a Tenten y hablaba con ella como si fueran muy unidas. Gaara sonrió, como si ya estuviera acostumbrado a ese tipo de encuentros entre su hija y la castaña. Tenten le hacía cariños a la niña con mucho halago y entusiasmo; le preguntaba por su día y le daba un beso en la mejilla. Gaara se ofreció a acompañarlos, ya que la niña parecía feliz al lado de la morena.
Cuando llegaron al restaurante Byakugan, Tenten llevó a Junko junto con ella al interior de la cocina. Gaara sabía que le daría algún postre, y aunque hubiera preferido que no lo comiera, decidió no intervenir.
Últimamente estaba muy pendiente de la salud física y dental de su hija. Sakura le había hecho un comentario inofensivo, dándole a entender que debía atenderla mejor, como se debía, y le hizo hincapié en que si seguía dándole dulces a la niña todos los días, la niña crecería con dientes irregulares. Gaara lo había tomado como un reproche, sintiendo que le quería dar a entender que no era un buen padre, así que de puro despecho, se empeñó en llevar a la pequeña Junko al dentista mínimo una vez al mes. Sakura le dijo después que era muy exagerado, pero Gaara la ignoró. Por eso trataba de que Junko no comiera mucho azúcar, no sólo para restregárselo a Sakura Haruno, sino para confirmarse a sí mismo que era un padre atento y responsable. Sin embargo, en manos de Tenten, él perdía algo de autoridad. Así que no le quedó más que relajarse.
Se sentaron en una mesa, cerca de la ventana. Neji trajo café para ambos y se sentó junto a él. Gaara hizo una mueca de agradecimiento. Neji notó su semblante pasivo. Sabía que Gaara era un hombre introvertido, reservado, cauteloso, pero también era muchas otras cosas. Siempre había sido el chico excéntrico del grupo. Lo recordaba por ser el muchacho que rompía las reglas, que enfrentaba a la autoridad, que no se amedrentaba por la violencia; nunca la causaba, pero tampoco huía de ella. Muchos encontraban la personalidad del pelirrojo compatible con la de Sasuke; la diferencia es que el primero correspondía con afecto a la amabilidad y a la amistad que otros le brindaban, y el segundo, desconfiaba de todos y despreciaba al débil, considerándolo patético.
—No puedo creer cómo han cambiado las cosas en cinco años —musitó Neji con cierta nostalgia—. Tú eres padre, Lee se marchó a otro país. ¿Qué más ha sucedido?
—No te imaginas. En cinco años cambiamos de presidente, el IVA incrementó a 16%, el matrimonio gay se hizo legal en el País del Fuego… tendrás qué elegir por dónde empezar.
—Bueno, para eso iba a buscar a Shikamaru. Quería saludarlo y agradecerle, sé lo que ha hecho por mi padre en este tiempo que me ausenté.
—Tendrás que esperar a que regrese de Kusagakure. Ya tiene casi dos años allá, por lo de su maestría.
—¿Shikamaru no está en Konoha? —Neji volvió a verse sorprendido—. Pero ¿cómo ocurrió?
Gaara sonrió cálidamente y negó con la cabeza mientras vertía más café negro a su expresso doble. Neji se imaginó que estaría amarguísimo, pero el pelirrojo lo bebió sin disgusto.
—Nada lo retuvo en Konoha, ni siquiera el pequeño idilio que tuvo con mi hermana. El idiota le propuso matrimonio, y ella lo rechazó. Claro, tres meses de haberse conocido no le fueron suficientes a Temari. Ahora ella está casada en Suna y es una tenista profesional. Shikamaru huyó, quizá por la humillación o por curar el mal de amor; extendió su carrera de Farmacobiólogo. En navidad le envió una tarjeta a Junko con una fotografía, ya tiene barba, aunque sigue teniendo esa misma expresión de vago en la cara —sonrió y agregó—. La gente está huyendo de Konoha.
—Ya lo veo, llevo menos de dos días aquí y ya me he sorprendido demasiado —Gaara miró hacia la barra del restaurante, allí estaba Tenten y Junko comiendo una dona azucarada. La niña miraba a su padre y sonreía con cierta cautela, pues sabía que él no la dejaría comer demasiada azúcar. Neji percibió la mirada de complicidad entre él y Jun, y de pronto sintió curiosidad—. ¿Cuántos años tiene Jun?
—Acaba de cumplir tres en diciembre —dijo, y le dio otro sorbo a su café.
—Es preciosa, como una princesa de cuento de hadas. Dime, ¿qué ocurrió? ¿Creíste que ser padre antes de cumplir 20 años iba a causarnos envidia? —bromeó. Sin embargo, Gaara sonrió apenas, con un gesto disuelto. Neji quedó un poco perplejo y quiso aclarar su situación antes de cometer una imprudencia—. Si no me equivoco, Ino es la madre de Junko, ¿cierto?
Gaara levantó la vista y conectó sus pupilas a las del Hyuga, sólo breves segundos. Aquella mirada fue fija, serena, sin embargo, estaba seca. Neji no supo cómo definirlo. El pelirrojo clavó sus ojos de nuevo en su hija, que estaba distraída jugando con Tenten con algunos tenedores.
—Sí.
Fue toda su respuesta.
Neji no quiso intervenir demasiado, así que no preguntó más sobre su relación la Yamanaka, pues de primera vista, presintió que no era buena. Por eso cambió de tema.
—¿Escuchaste que Sasuke me tiene preparada una reunión de bienvenida? —dijo como si fuera un chiste.
Gaara mostró su sorpresa en aquella peculiar y felina mirada.
—Con que era para ti, ¿eh? —se rió de pronto—. Escuché un rumor, ayer en la tarde. Una fiesta épica en la mansión Uchiha, fue lo que dijo la mujer que vive en el piso debajo del mío. Pero nadie sabe cuál es la razón de semejante fiesta. Eso sí, todos están invitados. Todos, a excepción de mí, supongo.
—No entiendo, ¿invitó a toda la ciudad? ¿Para qué? ¿Quiere hacer un espectáculo de regreso?
—Sasuke podría querer cualquier cosa. Comprarte con una fiesta es el principio de todo lo que vendrá después.
Neji frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
Gaara apoyó los codos en la mesa y juntó las manos, sin mostrar mucha emoción por el asunto.
—Son las cosas que suceden por aquí, bienvenido a casa —musitó en broma—. Muchos han perdido el criterio o la razón, y no los juzgo, los días son difíciles. Escucharás cosas que te parecerán absurdas al principio, pero las demás personas, si no es que el mismo Sasuke, te hará notar que necesitas tenerlo de tu lado si quieres gozar de buenas oportunidades. También aplica al revés, como lo quieras ver; necesitas estar de su lado para que él llegara a considerarte. Es todo un juego de poder, sutil y eficiente para alguien que vive en un pueblo pequeño y que es dueño de la mitad de Konoha.
—¿Estás diciendo que Sasuke me quiere de su lado? Suena algo absurdo e infantil, para ser sincero. Nunca fuimos amigos cercanos. De hecho, no le caía bien. Terminamos teniendo algún tipo de amistad sólo por Naruto. Era el único que lo soportaba. Pero eso ocurrió hace cinco años, éramos unos mocosos. Ahora tenemos una vida, responsabilidades.
—Parece que has olvidado lo arrogante y egoísta que puede resultar ser Sasuke Uchiha. Adulto o no, es la misma persona.
—¿Qué estás tratando de decir?
Gaara sonrió, como si el tema le resultara cómico.
—Te recomiendo que vayas a esa fiesta, disfruta lo que tiene para ti y dale ese placer también a tu familia. Pronto te darás cuenta de lo que ocurre realmente con Sasuke, y lo que planea hacer con este pueblo. Eres inteligente, Neji, y lo sabrás.
-0-
Hinata se sentó en la banca de metal, frente a la mesa del mismo material. Miró a su alrededor, reconociendo el lugar al cual había asistido por cinco años, cada catorcena, sin excepción. Las paredes eran color beige, el suelo era azul cielo. Miró hacia la puerta del frente, donde estaba un guardia con su uniforme impecable. Le sonrió a la chica y ella devolvió el gesto, tímidamente. A pesar de que se veían desde hace casi dos años, tiempo que el guardia empezó sus labores en ese penal, Hinata seguía siendo penosa con él.
En ese momento se escuchó el sonido de una alarma. Hinata tembló y se puso de pie, nerviosa ante la inminente cercanía. Sabía que aquel era el sonido de la puerta que desactivaba uno de los seguros electrónicos, y por ende, sabía que Naruto estaba por salir de dicha puerta. Se escuchó un segundo sonido de una máquina pitando, y enseguida, un guardia apareció escoltando al rubio, que vestía su traje de una pieza color naranja. Cuando Naruto posó sus pupilas en la figura de su chica, sonrió con anhelo, con ansiedad. Hinata a su vez se mordió todo el labio inferior.
El guardia abría la puerta, con paciencia, a pesar que parecía que Naruto quería darle un codazo y abrir la puerta por el mismo.
—¡Vamos, abuelo, no es una caja fuerte, ábrela ya! —gruño el rubio con desesperación.
—Ya, zorro, estás libre —musitó dejando la reja abierta.
Naruto salió con largas zancadas, directo a ella.
—¡Muñeca!
Le dijo antes de tomarla entre sus brazos. Hinata se amarró de su cuerpo, sintiendo que él se hundía en ella. La apretó a sí, fuerte, que hasta le dolió el torso y el pecho, pero no se quejó, pues quería tenerlo cerca, olerlo, sentirlo. Ella tenía que poner los pies de punta para poder nivelar la estatura de ambos, y él del mismo modo, tenía que inclinarse, sólo un poco, para que sus rostros estuvieran coordinados. Desprendiéndose del abrazo, Naruto no esperó a que ella le dijera una sola palabra y la tomó por la cintura para mantenerla conectada a su cuerpo y así poder propinarle semejante beso en la boca. El acaloro se hizo presente. Hinata abrió los labios y dejó que él se volviera loco en su dulce cavidad. La pelinegra olvidó que dos guardias los vigilaban y se colgó de su cuello. Una risita por parte de uno de los carceleros hizo que Hinata razonara la circunstancia, causando que se separara abrutadamente del rubio Uzumaki.
Naruto giró la cabeza a los dos que vigilaban y les hizo un gesto malhumorado.
—¡Pueden tan siquiera darse la vuelta, viejos pervertidos! ¡Ella vino a verme a mí, respétenla!
Uno de ellos hizo caso, sin dejar de reír, y poco después, el segundo ofreció una disculpa y fingió que no prestaba atención.
Naruto por fin cedió a su asedio. Miró a su novia con una sonrisa deslumbrante. Hinata, con las mejillas manchadas de carmesí, sonrió con cierto pudor. Deseó que aquel beso se repitiera, pero no podía exigir tanto. Tenían sólo 30 minutos para convivir, así que dejaría el beso como premio final.
—¿Te has sentido bien? —preguntó con su delicada y tersa voz.
—¡Sí, mejor que nunca dattebayó! —dijo mientras ambos se sentaban en la banca cromada, quedando frente a frente—. Era un resfriado, ya tomé demasiadas medicinas. Estaba peor que un anciano de asilo, tragaba pastillas rojas, azules, amarillas —decía muy rápido y después levantaba un bolso de piel del suelo—. ¿Qué me gané hoy?
—Te traje un té de gordolobo. Aún sigue caliente —comentó mientras abría una pequeña maletita y sacaba un termo con un vaso adicional.
—Gracias, muñeca, necesitaba tomar algo diferente. ¿Sabes cuántas semanas llevo tomando agua vitaminada? ¡Seis semanas! —expresó sin darle oportunidad a ella de adivinar—. Es asquerosa, sabe a Alprazolam, no la puedo combinar con la comida, pierde el sabor. Y después traen el postre, ¡oh, es un nuevo postre! Ya dejaron de darnos esa gelatina pegajosa y desabrida, ahora nos dan nieve napolitana, ¿no es genial? —sonrió con alegría—. A Jugo no le gusta la nieve y me como su porción en el desayuno.
—¡Oh, me encanta la nieve napolitana! —exclamó y juntó las manos en un puño—. El otro día Tenten compró una caja mediana de napolitano para el restaurante, y agarré un poco para llevármela a casa —rió con complicidad—. Sé que Tenten le da nieve a Jun cuando Gaara no está viendo.
—¡Jun! Oh, muero de ganas de conocer a la hija de ese demonio.
—Falta poco, Naruto. Es tan linda, y cada día se parece más a él.
Naruto se mordió el labio al ver la expresión dulce de la Hyuga, y sin poder reprimirse, la jaló de la cintura para volver a besar sus labios. Ella correspondió al beso, dándose cuenta de la intensidad de su alegría. Al recordar la palabra alegría, recordó a Neji, y eso la obligó a separarse de los labios del rubio.
—No te he dicho la nueva noticia, ¡Neji volvió a Konoha!
Naruto quedó un momento eclipsado por la noticia, inmóvil. Después, parecía confundido. Hinata lo notó.
—¿Estás bien? —le preguntó cuando vio que no decía nada.
—Sí… ¡sí! Claro, es que no esperé que me dijeras eso —entonces sonrió—. ¡Qué bien! Por fin está de vuelta. Ya lo veré pronto, ¡dattebayó!
—¡Sí! Le pediré que venga conmigo la próxima vez.
—No muñeca, no hagas eso, por favor.
El rostro de la pelinegra cayó de conmoción. Sus facciones se entristecieron ligeramente, desconcertadas.
—¿Pero por qué no? —cuestionó con voz delgada.
—Saldré pronto de aquí, Neji no tiene que venir hasta acá para verme encerrado. En tres meses estaré libre. Todo será diferente. Cuando lo vuelva a ver, no sentirá pena ni lástima por mí.
—Neji no…
—Shh, no —la interrumpió el rubio—. Déjalo así, nena, por favor, dile que no venga a verme.
Hinata pareció entender sus razones, creyendo que la situación lo ameritaba. Naruto era un hombre orgulloso, a pesar de todo. Por ello le había pedido a Hinata que no acudiera más a verlo, que él iba a superarlo solo, mientras el deseo de estar en libertad y estar junto a ella lo reconfortaba. Obviamente, Hinata se negó. Le dijo que la promesa que se hicieron después de la tragedia sólo se mantendría vigente si le permitía seguir visitándolo, mes tras mes. Y así ocurrió desde entonces.
Hinata veía como su novio había dejado de ser aquel muchacho despreocupado, ruidoso e irresponsable, para convertirse en un hombre de verdad. Lo veía, y no podía creer que fuera el de antes. Ahora, físicamente era más grande, sus hombros y espalda habían crecido, y sus manos eran más grandes. Pero su rostro, sus bellas facciones de chico occidental que le restaban años, aún eran presentes. Sus ojos felinos eran tan expresivos, que Hinata aún temblaba cuando él la examinaba profundamente, con amor y deseo. Las emociones que despertaban en su ser, simplemente con sólo estar frente a él, la hacían desconocerse, la convertían en una persona diferente. Lo amaba, por sobre todas las cosas. Naruto era el hombre por el que ella daría la vida, sin lugar a dudas.
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Cuando Gaara se había marchado, después de que Junko insistiera que quería ver la nueva película de hormigas bomberas, Neji acompañó a su novia a la oficina del restaurante.
Tenten había contratado a una nueva chica para el puesto de mesera, ya que a veces Hinata no se daba abasto. Aún conservaba al cocinero y al ayudante, y ella servía en la caja. Le había hecho ver a Neji que todo estaba controlado, que no debían preocuparse. Neji no comentó nada al respecto, tan sólo observó la forma en que Tenten se comportaba cuando hablaban de negocios.
Pero no quería hablar de eso ahora, pronto saldría a la luz, o él lo descubriría. Quería hablar de lo sucedido con Gaara.
—Gaara me contó que Shikamaru no vive en Konoha.
—No, tiene dos años que se fue. Después de graduarse de la universidad, se marchó a Kusa. No he recibido muchas noticias de él, pero creo que vive bien, tiene un lindo departamento y un trabajo bien pagado.
—Me alegra… —dijo, mientras descansaba en un pequeño sillón. Tenten se sentó en sus piernas. Neji guardaba dudas—. Por favor, tienes que empezar a decirme qué ha pasado con todos. Dijiste que ellos vendrían a verme, pero no lo han hecho, y empiezo a creer que ya ninguno vive en Konoha, a excepción de Sasuke y Gaara.
—Pues, qué te diré… Sakura trabaja aquí, en el Hospital General de Konoha. La veo muy poco, está totalmente liada a su empleo. A veces pasa los fines de semana aquí en el restaurante para el desayuno y el café, aunque últimamente ha dejado de hacerlo.
—Vaya, la ejemplar Sakura Haruno —sonrió al recordar a aquella pelirosa astuta y corajuda—. ¿Qué ha pasado con Kiba, con Shino, con Choji?
—Kiba no sienta cabeza, cambia de novia cada tres semanas. Tiene problemas con la bebida. Y supongo que sigue idealizando a Hinata, el gran amor de su vida.
—¿Todavía?
—Mínimo ya razonó que nunca será para él, pero se le nota que no superará ese amor, jamás —Tenten rió—. A veces se inventa excusas idiotas para venir a verla aquí o en la casa. Hinata es demasiado amable para ignorarlo. En fin, Shino se graduó de la universidad y trabaja ahora dando clases en el instituto de Konoha. Y Choji se casó, ahora vive en la enorme casa de sus padres con su mujercita extranjera, que habla poco. Se llama Yakumo.
—Parece que a la mayoría les ha ido bien, ¿eh? —comentó Neji, mientras acercaba su rostro al cuello de la castaña, que permitía la caricia con calidez—. ¿E Ino Yamanaka?
Al pronunciar este nombre, Tenten se removió bruscamente de las piernas de él, causando que quedaran en una mala posición sentados.
—¡No me hables de esa mujerzuela!
Neji quedó pasmado cuando escuchó a Tenten expresarse ofensivamente de la rubia. Tente se puso de pie y se dirigió al escritorio, como si fuera a acomodar unos papeles. Neji no entendió la razón de aquel arranque.
—Vamos, Tenten, ¿qué pasa con Ino? —cuestionó incrédulo—. ¿Mujerzuela? ¿Cómo dices?
—Supongo que Gaara no te habló de ella —suspiró, incómoda—. Es tan condescendiente, hasta con quien no lo merece. Pero qué bueno que ni siquiera la sacó a colación, ¿sabes? Ino Yamanaka es un virus terrible, en Konoha y en cualquier lugar a donde vaya, es una ingrata, una traidora.
—Despacio, espera. ¿Qué fue lo que hizo Ino para que hables así de ella?
Tenten se quedó quieta, tratando de calmar su irritación.
—Bien, por qué esperar a contártelo todo —dejó los papeles sobre la mesa y miró a su novio—. Recordarás que Ino y Gaara tuvieron un idilio. Bueno, tuvieron una relación, problemática a mi parecer. Ino es una mujer caprichosa, pero cuando se hizo novia de Gaara, se convirtió en la mujer más celosa del mundo, no dejaba que ninguna otra mujer se le acercara. Hasta Temari pensó que era demasiado posesiva. En fin, poco después de irte, ella quedó embarazaba. Ambos estaban felices, eran la pareja más vista y sonada del pueblo. Todo el mundo esperaba que se casaran de una vez, pero ellos decidieron esperar. El padre de Ino les compró un departamento frente al parque, para los dos, pues en ese entonces ya habían desheredado a Gaara. Él tuvo que abandonar sus estudios, consiguió un trabajo, todo por ella y la bebé.
Neji escuchaba todo sin entender cuál era el verdadero problema con la rubia. Tenten pareció notar el desconcierto en sus ojos, pues se aventuró a contar el nudo y la tragedia de la historia.
—Para no hacerlo más largo, después de que Junko nació, Ino cambió completamente. Sintió rechazo tanto por Gaara como por la niña. Los doctores dijeron que era normal, que algunas madres sufrían trastornos posparto similares, así que nadie se preocupó realmente. Así que Gaara se encargó de cuidar muy bien a sus dos mujeres. Meses después, pareció que Ino ya se había tranquilizado, pero el verdadero problema surgió cuando Sakura vino de vacaciones a Konoha. En ese entonces ella estudiaba Medicina en la universidad de Suna, y trajo consigo a su prometido, Sasori —en los ojos de Tenten se dibujaba el disgusto, la rabia—. Sakura pasó mucho tiempo con Ino, visitando a Junko y llevando a Sasori a todos lados, mientras Gaara no paraba de trabajar en el negocio de su suegro. De esa manera, nadie se dio cuenta en qué momento Ino comenzó a seducir al prometido de Sakura, hasta el punto de lograr que el maldito rompiera con la pelirosa. Un mes le fue suficiente a la infiel esa para robarle el novio a su mejor amiga.
Neji frunció el ceño, ahora sí, sorprendido.
—No puedo creerlo…
—Hay más, espera. Ino le confesó a Gaara que se había enamorado de Sasori y lo dejó. Gaara, destrozado, trató de retenerla, a pesar de todo. Pero Ino ya había decidido que se marcharía con Sasori a Suna, ya que no querían vivir por separado y él no aceptó vivir en Konoha. Te imaginarás el terrible dolor, tanto para Sakura como para Gaara, el ver que sus parejas se iban para estar con alguien más —Tenten se puso de pie, y se percibió el sentimiento reflejado en sus ojos—. Ino quería llevarse a Junko con ella, pero Gaara se lo prohibió y le dijo que pelearía por la custodia completa de la niña. No fue necesario, pues un día antes de irse a Suna, Ino le dijo que podía conservar a Junko, y que ella los visitaría pronto. Así nada más se desprendió de su propia hija. ¿Sabes cuántas veces la ha visitado en dos años? ¡Una vez! Una maldita vez ¿Puedes creerlo?
Neji sintió tristeza por la pequeña Junko. No se imaginaba cómo Gaara pudo lidiar tan bien con esto, o si realmente estaba compuesto de tal incidente.
—Nunca imaginé que me contarías algo como esto.
—Así ocurrió. Sakura cayó en una profunda depresión, no volvió a Suna, suspendió sus estudios universitarios. A veces creo que todavía no se repone. Y Gaara… —suspiró, esperanzada—. Él es fuerte, siempre lo ha sido, y se dio cuenta de la verdadera persona que era Ino Yamanaka. Sin embargo, Gaara tiene una gran ventaja sobre Sakura… él tiene a Junko, la adora, vive para ella, es el mejor padre que he conocido en toda mi vida. Pero Sakura…
La imagen de Sakura sufriendo era difícil de imaginar.
—Vaya, ahora entiendo porqué Gaara no profundizó en el tema de la rubia.
—Ni se la menciones, Neji. Es un libro cerrado. Gaara y Junko nos tienen a nosotros, a todos, no necesitan más a esa mujer.
Es todo por hoy, pero nos leemos en los reviews. ¡Saludos gente guapa!
Miss K
